La Biblia que está escrita más en un lenguaje coloquial, propio de la cultura semita, que en un lenguaje conceptual, propio de la cultura griega, nos presenta una variedad tropológica interesante. Dentro del universo del metalenguaje bíblico, analizamos una muestra que nos indica la riqueza de los diferentes géneros literarios y de modo más concreto la parábola. Permítanme presentar la exégesis de la parábola del BUEN SAMARITANO y la historieta narrada por Natán al rey David. Una y otra representan el lenguaje metafórico tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
a. LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO, LC 10, 25-37
Ante las preguntas capciosas de un jurista, a saber: ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Y ¿Quién es mi prójimo? Jesús no responde conceptualmente, sino metafóricamente. Este lenguaje es evidente por sí mismo e impacta mucho más que una explicación gnoseológica de la Ley. El letrado plante
87
la pregunta en términos de religiosidad deuteronomista: para vivir hay que cumplir la ley (Dt 4, 1; 5, 33; 8, 1; 16, 20; 30, 16); cambia el horizonte que es ahora una vida perpetua en el mundo nuevo. ―Heredar‖ es término técnico en el AT y su objeto es la tierra. La pregunta tiene su respuesta explícita en la ―ley‖, por eso Jesús hace que responda el que pregunta; él no legisla, sino que urge el cumplimiento. El letrado responde sintetizando todos los preceptos (seiscientos trece en la cuenta de los rabinos) en dos, el amor a Dios y al prójimo (Dt 6, 5 y Lv 19, 18; síntesis que hace Jesús según Mateo 12, 28 y 22, 27-29). La respuesta, dice Jesús, es correcta, la síntesis está bien hecha; siguiendo la religiosidad de la ley, toca cumplir lo dicho219.
10, 29. El letrado lo escucha como reproche y busca una escapatoria en la casuística: lo simple y claro se problematiza, neutralizando su validez. Prójimo en el contexto del Levítico es el israelita; el Deuteronomio reserva el título de ―hermanos‖ para los israelitas. υara Jesús no hay escapatoria. En vez de discutir y polemizar propone una parábola ejemplar. Prójimo es todo ser humano. Para el autor sagrado es especialmente prójimo el indefenso y es especialmente indefenso el huérfano, el extranjero y la viuda. Estos expresan el prototipo del indefenso.
10, 30-γι. υodemos observar los personajes y estudiar su relación. ―Un hombre‖ cualquiera, anónimo, sin indicación de patria, ni oficio, víctima indefensa de salteadores; yace medio muerto en un camino de revueltas y barrancos. Un
―samaritano‖220, un ciudadano de segundo rango, según la cultura judía, es
justamente quien es ―prójimo‖. El término griego πζ δοθ, significa ―vecino‖ (υrov
25, 17; 27, 14) o amigo (Prov 27, 9; 17, 17; Ecclo 37, 1-6).‖υrójimo‖ es concepto de relación recíproca, que incluye dos correlativos: uno considera y trata al otro como prójimo = amigo. Esto explica el desplazamiento de la respuesta respecto a la pregunta: ¿quién es mi prójimo? La respuesta la da Jesús desde la vida, no desde el raciocinio. Obviamente la parábola exige la razón, si no, ¿cómo se interpreta?221. Uno de los secretos por qué Jesús llegaba tanto a la gente, era
porque les hablaba desde su experiencia, en su propia cultura. La respuesta de Jesús indica cuál ha de ser la conducta del verdadero discípulo222.
219 Véase Biblia del Peregrino, NT, Edición de Estudio, Tomo III, Verbo Divino, Bilbao, 2000, p. 186. 220―Samaritanos‖ eran considerados extranjeros. Samaria cayó en poder de los asirios hacia el año
721 a. C. Treinta mil habitantes fueron sustituidos por colonos extranjeros. Samaria fue la capital del reino del Norte. Fue fundada por el rey de Israel Omrí en una antigua colonia cananea. En el año 331 a. C. fue helenizada por Alejandro Magno, pocos años antes de Cristo fue tomada por los romanos. De modo que los samaritanos estaban muy influidos por las culturas paganas. Véase, Diccionario de la Biblia, Ed. Herder, Barcelona, 9ª. Edición 1987, pp. 1780-1784.
221 Biblia del Peregrino, p. 187.
88
b. PARÁBOLA DE NATÁN Y PENITENCIA DE DAVID: 2 S 12, 1-6
El profeta Natán no necesitó de grande discursos para hacerle ver a David sus pecados. La parábola fue mucho más elocuente que largos discursos. Este relato es otra muestra evidente del universo de las parábolas bíblicas. Esta sencilla y hermosa parábola de la corderilla hace que David se coloque en una posición insostenible (vv. 5-6). Cuando David ha mordido el anzuelo, suenan las palabras acusadoras: ―Ese hombre eres tú‖. Al parecer David ya había hecho suyo el harén de Saúl (v. 8), y ahora ha arrebatado la mujer de uno de sus soldados223. El Salmo
50 que se le atribuye a David, es probablemente producto de este pecado. Este episodio es una muestra de la grande responsabilidad que tienen los cristianos de ser profetas y de modo preeminente quienes tienen dentro de la Iglesia, un ministerio de capitalidad. La parábola muestra por otra parte, cuánta gente está tan familiarizada con el pecado que no se da cuenta la gravedad de las faltas que cometen. Por eso hacen falta profetas que denuncien. Sin Natán, David será tan descarado que se atreve a condenar el pecado de los demás y ni siquiera percibe el suyo. Lo mismo ocurre con los pecados de Ajab, tuvo que aparecer el profeta Elías para que le enrostrara los pecados a él y su malvada esposa Jezabel (1 Re 21).
Cuando los hombres callan, la palabra de Dios se alza para acusar. Los hombres tienen motivos para callar: por complacencia cortesana, por miedo de los subordinados, por falta de autoridad moral. Quizá corrían por Jerusalén comentarios maliciosos, reprobatorios o indulgentes, de la conducta real. Lo más grave es que la conciencia de David también calla. Al profeta que pronunció la promesa dinástica, le toca ahora pronunciar la acusación y condena, en nombre de Dios. Es encargo arriesgado, y el profeta prepara el oráculo con una parábola. La parábola es breve y eficaz. Ritmo y sonoridad están muy estilizados, sobre todo en binas paralelas y opuestas. Todo es anónimo, reducido a tipos elementales: el hombre rico, el hombre pobre, el hombre viajante; anónima es la ciudad. Y el ―uno, uno, uno‖, repetido en el texto hebreo, culmina la cuarta vez en ―una sola
corderilla‖224. Tan claro y evidente es el mensaje que David se arrepiente
inmediatamente. El profeta no se casa con el éxito. Así fracase debe anunciar la palabra.
223
Véase, Comentario ―San Jerónimo‖ Ed. Cristiandad, Tomo I, Antiguo Testamento I, Madrid,
1971, p. 482.
89