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Una narrativa ocupacional: mi ser y llegar a ser profesor universitario

2. EL DIÁLOGO ENTRE LA REALIDAD PRÁCTICA Y LOS REFERENTES TEÓRICOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS EN EL

2.1. Una narrativa ocupacional: mi ser y llegar a ser profesor universitario

Mattingly (1994) afirma que a través de la creación de narrativas podemos encontrar sentido a las experiencias de nuestras vidas. Esta es, en resumen, la narrativa ocupacional que me ha llevado hasta las aulas universitarias, y que ayuda a comprender mi hacer actual en las mismas. Una de las facetas con las que estoy más satisfecho en mi vida es que hasta la actualidad he ido cumpliendo los sueños que brotaban de mi alma. Llegar a la universidad era una meta, verbalizada ya desde pequeño. Meta que no me obsesionaba, en la vida creo que todo tiene su momento. Al finalizar mi educación como terapeuta ocupacional tuve que tomar una gran decisión. El ser el segundo de mi promoción me permitía hacer sustituciones en el Hospital Miguel Servet, en Zaragoza, lo cual implicaba empezar a hacer currículum, y un buen sueldo. La alternativa era volver como voluntario a los campamentos de refugiados de Bosnia, donde ya había estado en el verano del segundo curso de Terapia Ocupacional. La razón me decía que debía ir al hospital, pero el

corazón y la intuición me llevaron de vuelta a los campamentos de refugiados. En aquel momento parecía que me alejaba de mi carrera universitaria, pero el tiempo me demostró todo lo contrario.

Tras mi segundo proyecto en Bosnia, se sucedió un proyecto con una comunidad de refugiados Mayas, durante seis meses en Guatemala (Simó Algado, 1997; Simó Algado y Kronenberg, 2000; Simó Algado y Cardona, 2006 I), y posteriormente un proyecto en Kosovo (Simó Algado y col. 2002; Simó Algado y col. 2003 I; Simó Algado y Burgman, 2006 II), con los niños supervivientes del conflicto bélico, junto a proyectos en Zaragoza con las comunidades de personas inmigrantes y reclusas (Simó Algado y col., 2003 II). Las experiencias en el ámbito social, pero especialmente en el ámbito de la cooperación internacional fueron las que me llevaron a la postre a las aulas universitarias, pues despertaron el interés de la comunidad internacional de Terapia Ocupacional. Empezaron entonces una serie de viajes al extranjero para impartir seminarios y estudiar, en especial a Canadá, donde ya he estado cinco veces, trabajando con la Dalhousie University, en Halifax, la Université

d'Ottawa, la University of Toronto e invitado por la British Colombia Association of Occupational Therapist; en Suecia, con la Linpöking University y el

prestigioso Karolïnska Institut; en Inglaterra, con la Oxford Brookes University; en Estados Unidos, en el Meryl Palmer Institute, así como universidades de Bélgica, Holanda, Portugal, Dinamarca, Guatemala o Méjico. Estas experiencias docentes en el ámbito internacional, unidas a publicaciones en revistas como la Canadian Journal of Occupational Therapy, (Simó Algado y col. 1997, 2002), junto a mi experiencia práctica, configuraron un currículum que me permitió acceder a la universidad.

En España mis primeras experiencias docentes fueron en seminarios o cursos, de 12 a 70 horas, en la Universidad de Zaragoza, Universidad Complutense, Universidad Rey Juan Carlos, Universidad A Coruña o en la Escuela Universitaria de la Creu Roja de Tarrasa. La culminación de este proceso fue mi contratación como profesor por la Universitat de Vic, en el año 2000. La vida fluye y te lleva a los puertos ansiados, en el momento preciso. Por aquel entonces mi padre afrontaba la enfermedad de Alzheimer y yo había decidido cesar mi trabajo en el ámbito de la cooperación internacional, pues acababa de llegar de Kosovo. Entonces llegó la oferta de la Universitat de Vic, donde tuve la libertad para diseñar mis asignaturas, como Terapia Ocupacional

(T.O.) en Comunitaria, T.O. Psicosocial, T.O. en Drogodependencias, así como participar en las asignaturas básicas de la formación del terapeuta, como Fundamentos Teóricos o T. O. Aplicada II.

El sentido de llegar a la universidad

Según Hasselkus (2002), los terapeutas ocupacionales somos guardianes de significado. Parece pertinente reflexionar sobre cual ha sido el significado que ha tenido para mí el llegar a la Universidad. Siempre he sentido un especial cariño y respeto por la institución de la Universidad, que para mí simboliza la escuela de la vida. Sinceramente creo que es una de las instituciones más hermosas e importantes que existen. Mi llegada a la Universidad como estudiante no sació mis expectativas, pues me encontré con una Universidad donde se nos transmitían conocimientos técnicos, pero donde los aspectos de índole filosófico, existencial o social, casi no se abordaban.Un compañero y buen amigo, Alberto Ballester, me recordó hace tiempo como estuve a punto de abandonar mis estudios de Terapia Ocupacional en el segundo año de carrera, y que si no lo hice fue por terminar lo que ya había empezado, no por ver mi futuro profesional ligado a la Terapia Ocupacional. Mi decepción se basaba en especial, en que en nuestra formación no se contemplaba el ámbito de la cooperación internacional, y el ámbito social se abordaba desde una perspectiva médica. Era normal, nuestra formación estuvo basada en el segundo paradigma de la Terapia Ocupacional, un paradigma mecanicista, médico, un paradigma mucho tiempo atrás superado en el resto del mundo. Un paradigma que no entendía que lo que legitima la intervención del terapeuta ocupacional es el riego y/o existencia de una disfunción ocupacional (Kielhofner, 1992) y que está puede ser debida a causas físicas, psicológicas o sociales.

Mis viajes al extranjero supusieron el redescubrir, o más bien descubrir, la grandeza y la belleza de la Terapia Ocupacional, que aúna el arte y la ciencia, la filosofía con la excelencia científica. En especial mis viajes a Canadá, o a Suecia, para cursar estudios con el profesor Kielhofner, me hicieron comprender el paradigma actual de la Terapia Ocupacional, que integra el paradigma mecanicista con la filosofía inicial de nuestra profesión. Poder aprender junto a Elizabeth Townsend, Mary Egan, Rachel Thibeau, Liz Cockburn, Barry Threntham, Anitha Unruh o Reg Urbanowsky, sólo por citar

mis maestras y maestros canadienses, fue un placer y un honor, toda una revelación. Con ellos y ellas no solo aprendí el Modelo Canadiense del Desempeño Ocupacional (CAOT,1997), sino lo que significa la Terapia centrada en el cliente, conceptos como ocupación significativa, privación y justicia ocupacional, estrategias de investigación como la Investigación acción participativa... la existencia de la Ciencia de la Ocupación, de la que entré a formar parte. Un mundo fascinante.

Así un objetivo claro para mí, era poder compartir en las aulas lo que había aprendido en el extranjero. Pero sobretodo lo que había aprendido con mis otros maestros, los ancianos mayas en Guatemala, los niños supervivientes de conflicto bélico en Bosnia y Kosovo, las comunidades inmigrantes o reclusas... Lo que había aprendido del espíritu de supervivientes. Mis experiencias como terapeuta ocupacional han marcado mi ser, hacer y llegar a ser. Uno no olvida lo visto en los valles del sufrimiento, pero sobretodo no olvida su fortaleza, y su profunda dignidad. Son nuestros maestros. Poseen un verdadero Espíritu de Supervivientes.

Todos tenemos sueños, visiones de cómo anhelamos que fuera la realidad. Mi visón al entrar en la Universidad era aportar mi grano de arena en crear una Universidad al servicio de la sociedad, dejando atrás la imagen de la torre de marfil, de una universidad elitista, ajena a las problemáticas sociales y humanas contemporáneas. Recobrar la visión de Newman (UNESCO,1998) para quien la finalidad de la Universidad era educar ciudadanos cosmopolitas comprometidos con su realidad (Cortina, 2005), conscientes que la Tierra es su patria y matria común (Boff, 2000).

Siempre he creído que la Universidad debe jugar un papel clave en la sociedad y que en tiempos de aporofobia, de rechazo al débil, al pobre, al discapacitado, debe mostrar sensibilidad especial por los colectivos más desfavorecidos. Un ejemplo claro es la investigación: ésta no sólo se puede orientar a conseguir patentes para las empresas. No es moralmente tolerable que la mayor parte de los recursos económicos en investigación médica se dediquen a estudiar una pequeña parte de las enfermedades, pues afectan a los países desarrollados. La investigación debe responder a los nuevos retos que enfrenta la humanidad: el cambio climático, los refugiados, la violencia, la inmigración... El principal objetivo de la ciencia debe ser paliar el sufrimiento humano.