1. PRIMER CAPÍTULO: MUJER Y MODERNIDAD
2.2 URBANIZACIÓN
El sociólogo francés Manuel Castells, experto teórico sobre temas urbanos, plasma en su obra “La cuestión urbana” (1974),una ruptura trascendental y necesaria para entender los problemas que atañen a las ciudades. Donde explica el desarrollo exacerbado del capitalismo industrial y así también, la eclosión de movimientos sociales de luchas urbanas en todo el mundo. Lo que hace Castells, es presentar un nuevo esquema de análisis de tendencia estructuralista, es decir, el sistema urbano. En su texto la Cuestión Urbana, realiza un análisis histórico sobre el proceso de urbanización, donde señala que, la problemática sociológica relacionada con la urbanización debe considerarse como un proceso de organización y desarrollo y, en consecuencia, partir de la relación entre fuerzas productivas, clases sociales y formas culturales.
El autor se esfuerza por plantear teóricamente los problemas de la urbanización, partiendo de ciertas definiciones:
El término urbanización se refiere a la constitución de formas espaciales específicas de las sociedades humanas, caracterizada por la significativa concentración de las actividades y poblaciones en un espacio restringido, como a la existencia y difusión de un particular sistema cultural, al cual denominará la cultura urbana. En una discusión propiamente teórica, para hablar de urbanización, el autor se va a referir a la producción social de formas espaciales.
Para explicar la producción social de formas espaciales, el autor hace una delimitación de la problemática de la organización del espacio en las sociedades capitalistas avanzadas, refiriéndose específicamente a las áreas metropolitanas. Lo que distingue esta nueva forma de las anteriores, además de su dimensión es la difusión de las actividades y funciones en el espacio y la interpretación de dichas actividades según una dinámica independiente de la contigüidad geográfica. En dicha área hay lugar para todo tipo de actividades básicas, ya sean de producción, consumo, intercambio y gestión.
Así mismo, se da la evolución de la técnica, la cual es un elemento del conjunto de las fuerzas productivas, las cuales son, ante todo, una relación social, por lo tanto, también un modo cultural de utilización de los medios de trabajo. Esta conexión entre espacio y tecnología es, el lazo material más inmediato de una articulación existente entre el conjunto de una determinada estructura social y esta nueva forma urbana. La dispersión urbana y la constitución de las zonas metropolitanas están ligadas al tipo social de
capitalismo avanzado que recibe la denominación ideológica de “sociedad de masas”.
Entre todos los grandes cambios que esto trajo enfatizaremos en la cuestión del transporte público e individual, al respecto de esto, Castells señala que, al formarse las grandes metrópolis uno de los aspectos que irrumpe en la conformación de la ciudad y tanto las relaciones sociales como económicas es la difusión de los transportes individuales, como el automóvil, el cual desplazó al ferrocarril, y contribuyó mucho a la explosión urbana. Así también, el automóvil pareció ser la respuesta técnica socialmente condicionada bajo su forma de uso individual, a una necesidad de transporte. Castells (1974) entiende que, tanto las formas espaciales, como el proceso de reproducción de la fuerza de trabajo, llevan a cabo su articulación en lo que denomina como lo urbano. Por lo tanto se derivarán dos acepciones del término urbano: la primera como concentración espacial desde ciertos límites de población y densidad y la segunda como difusión del sistema de valores, actitudes y comportamientos bajo la denominación de cultura urbana.
En nuestra investigación enfatizaremos constantemente sobre el proceso de conformación de la cultura urbana, lo cual dará pasó a la necesidad del análisis de los distintos imaginarios urbanos. A continuación ahondaremos sobre dicho tema.
2.2.1 Imaginarios Urbanos
Nuestro interés es enfatizar sobre la importancia que tienen los imaginarios urbanos en el momento en el que los urbanitas constituyen ciudad y experiencia de ciudad, dado que al acercarnos a nuestro tema de investigación buscamos analizar las experiencias de ciudad
de las mujeres que se movilizan en bicicleta en Quito y lo haremos desde sus subjetividades y sus experiencias personales. Por lo tanto buscamos demarcar la relación empírica pero también las interacciones sociales y culturales que se crean en los espacios urbanos, de tal manera que señalaremos algunos puntos fundamentales de la obra
“Imaginarios Urbanos” de García Canclini para aproximarnos al análisis.
Consideramos esencial comprender que en las ciudades modernas existe una convivencia diaria donde se articulan diversos modos de vida, los mismos que se expresan en la amplia variedad de imaginarios urbanos, la ciudad que ha sido programada mediante planos y otras herramientas de la política y la arquitectura entre otras, se verá desbordada en las ficciones que cada ciudadano y cada grupo realiza en su diario transitar y vivir en la ciudad. La literatura, el cine, y las distintas formas de documentar los cambios en las ciudades, juegan un papel fundamental para la elaboración y construcción de los imaginarios. Lo imaginario comprendido como un conjunto de símbolos con los que una sociedad legaliza y sistematiza las imágenes de sí misma y la actitud que tendrá hacia lo diferente (Canclini, 2010). Sin embargo no podemos pensar que existe una sola forma de articular un imaginario urbano, dado que en las ciudades coexisten formas socioeconómicas y socioculturales muy distintas, por lo tanto existirá también la misma abundancia de saberes y experiencias que articulen los imaginarios urbanos.
No solo hacemos la experiencia física de la ciudad, no solo la recorremos y sentimos en nuestros cuerpos lo que significa caminar tanto tiempo o ir parado en el ómnibus, o estar bajo la lluvia hasta que logremos conseguir un taxi, sino que imaginamos mientras viajamos, construimos suposiciones sobre lo que vemos, sobre quienes se nos cruzan, las zonas de la ciudad que desconocemos y tenemos que atravesar para llegar a otro destino, en suma, qué nos pasa con los otros en la ciudad. (Canclini, 2010, p. 91)
Al hablar de los imaginarios urbanos, es necesario recalcar que muchas de las cosas que surgen en la ciudad son un imaginario ya que no nacen de una interacción real, sino más bien de las interacciones evasivas y fugaces que nacen en las grandes ciudades. Uno de los ejemplos que incumbe a nuestra investigación es el espacio de las travesías o tiempos de viaje que realizan los ciudadanos y de manera más específica las mujeres, diariamente para
llegar a sus lugares de trabajo, estudio u otras actividades. Dichas travesías son formas de apropiación del espacio urbano como también un lugar propicio para la elaboración y vivencia de los imaginarios. Decimos propicia debido a que los viajes por la ciudad, pueden proveernos una forma de relación y de encuentro con lo distinto y lo desconocido de otros modos de vida. Los viajes dentro de la ciudad nos alejan del entorno que hemos elegido para vivir y de esta forma obligan a los ciudadanos en tránsito a confrontarse con sectores distintos a los acostumbrados revelando las distintas prácticas que tienen lugar en la ciudad. Así también los conflictos que enfrentamos al momento de movilizarnos construyen interpretaciones de los cambios en la ciudad y muchas veces las motivaciones a buscar alternativas de transporte.
Los imaginarios que surgen en la ciudad se posicionan como parte del patrimonio urbano intangible e inmaterial, el mismo que es más difícil de determinar si lo comparamos con el patrimonio tangible. (Canclini, 2010)
Este patrimonio constituido con leyendas, historias, mitos, imágenes, pinturas, películas que hablan de la ciudad, ha formado un imaginario múltiple, que no todos compartimos del mismo modo, del que seleccionamos fragmentos de relatos, y los combinamos en nuestro grupo, en nuestra propia persona, para armar una visión que nos deje poco más tranquilos y ubicados en la ciudad. Para estabilizar nuestras experiencias urbanas en constante transición. (Canclini, 2010, p. 95)
De esta manera se expone la necesaria relación entre cultura urbana y patrimonio. Dicho patrimonio intangible juega con la producción y reproducción de identidades, de memorias, y provee a los individuos de cierta manera algunos signos de posicionalidad y orientación en la ciudad. De tal manera que no se utiliza el concepto de patrimonio como algo del pasado, solidificado o que ya está dado, más bien se lo utiliza como la imagen de lo que se está reinventando y renovando constantemente. Se establece una similitud con el concepto de Pierre Bourdieu sobre capital simbólico. Pero también se establece un marco de acción y omisión a partir de los imaginarios y que se derivan de cómo se perciben los espacios urbanos, problemas de consumo, tránsito y contaminación y de cómo se imaginan las explicaciones a dichos problemas. (Canclini, 2010)
Entendiendo que el patrimonio tiene una relación cercana con los imaginarios, no podemos olvidar que será distinto para cada urbanita, tal vez se compartirá algunos elementos en las experiencias comunes pero logrará evidenciar las disputas simbólicas entre clases, géneros, etnias y demás disimilitudes, todas ellas enmarcadas en el escenario de la ciudad. Por esta razón al momento de pensar en los imaginarios, no podemos dejar de plantearnos la pregunta sobre ¿quiénes tienen acceso a los medios de difusión y de elaboración de la memoria de la ciudad?, para así poder evidenciar que muchas veces es una sola voz la que elabora y se apropia de estos recursos, y así, replantear e investigar el resto de voces e imaginarios que se articulan en la ciudad.
A partir del estudio sobre los imaginarios urbanos, Canclini concluye que el abordaje de ciudad que tenemos los urbanitas es fragmentario y posicional, es decir, responde a la inmediatez de nuestro entorno, barrio o requerimiento. Argumentando que se ejecuta una cultura preestructural y prepolítica que se reduce a pequeños espacios.
Al respecto del tema, Armando Silva (2006), explica que existen varios elementos que nos permiten armar el imaginario de la ciudad, a partir de las prácticas cotidianas, de nuestro transitar. Así por ejemplo, señala que nombrar el territorio, en tanto que recorrerlo, pisándolo, marcándolo en una u otra forma, es darle identidad física pero también es extensión mental, es imaginado. Silva denomina al borde visual o limite imaginario, como elementos que contribuyen a reconocer la existencia de dos tipos de espacios en la ciudad: uno el espacio oficial, el diseñado por los gobernantes y urbanizadores, y el otro el espacio no-oficial, el espacio transgredido o imaginado, construido en el ámbito de la cultura del habitante. Por lo cual el autor señala que habrá una cantidad variada de croquis, con este término se refiere a:
Croquis de la sexualidad, una ciudad masculina y una ciudad femenina; croquis de la ciudad rica y de la ciudad pobre; croquis de los desplazamientos, qué recorridos tengo que hacer para llegar a un sitio, cuál es el paisaje que tengo que ver o soportar en una ciudad para llegar del sitio de mi trabajo al sitio de mi vivienda. (Silva, 2006, p.98)
De tal forma que para el estudio y el desarrollo de la ciudad actualmente, serán pertinentes los estudios locales y parciales que no pretendan englobar una compresión homogénea de ciudad ni de ciudadanos, justamente lo que intentamos fomentar en nuestra investigación.