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3. Antecedentes

3.2. Otros impactos del sistema alimentario en el medio ambiente

3.2.3. Uso de tierra y deforestación

En el decenio de 1990, la superficie forestal mundial se redujo unos 94.000 kilómetros al año, superficie equivalente a la del Portugal. La mayor parte de las tierras desbrozadas y quemadas se destinaron al cultivo y al pastoreo. Particularmente en América Central y América del Sur, la expansión de los pastizales para la producción ganadera ha sido una de las causas de esta enorme destrucción (FAO,2010).

La deforestación causa daños ambientales incalculables, porque libera miles de millones de toneladas de CO2en la atmósfera y causa la extinción de miles de especies todos los años.

Comúnmente, el proceso de deforestación comienza con la construcción de carreteras que atraviesan los bosques y los abren a la tala y la minería. Una vez desbrozado el bosque a lo largo de la carretera, llegan los agricultores comerciales o de subsistencia y comienzan a producir cultivos. Pero el suelo de los bosques tiene muy pocos nutrientes y es demasiado frágil para sustentar los cultivos durante mucho tiempo. Al cabo de dos o tres años, los suelos se han agotado, la producción disminuye y los agricultores dejan crecer la hierba y se van a otra parte. Entonces llegan los productores de ganado (FAO,2010).

La ganadería utiliza el 70 % de las tierras agrícolas en general y un tercio de las tierras cultivables y, como tal, desempeña un papel destacado en la liberación de CO2y la pérdida de biodiversidad causada por la

deforestación. Por ejemplo, la ganadería y la producción de soja (destinadas a la alimentación animal) son los principales impulsores de la deforestación en la frágil región amazónica (Garnett,2013), (Greenpeace, 2009).

La soja y la pastura son productos prioritarios relacionados con la deforestación (Mekonnen et al., 2015). Entre 1994 y 2004, la superficie destinada al cultivo de la soya en América Latina se duplicó con creces y superó los 39 millones de hectáreas. Esta tendencia obedece sobre todo al gran incremento de la demanda de productos pecuarios, que hizo triplicar la producción mundial de carne entre 1980 y 2002 (FAO, 2010).

3.2. OTROS IMPACTOS DEL SISTEMA ALIMENTARIO EN EL MEDIO AMBIENTE CAPÍTULO 3. ANTECEDENTES

El exceso de pastoreo y la pérdida de nutrientes convierten las tierras del bosque lluvioso, que antes eran un depósito de biodiversidad, en terrenos estériles. La conversión de las tierras deforestadas en pastizales a menudo agrava el daño.

Las repercusiones ambientales de la deforestación y la conversión en praderas son las siguientes (FAO, 2010):

• Emisiones de CO2: todos los años, la tala y la quema de bosques libera en la atmósfera miles de millones de toneladas de GEI. Como los árboles absorben el carbono de la atmósfera y lo convierten en tejido leñoso, la deforestación también contribuye a la acumulación de gases al destruir valiosos “sumideros de carbono”. Las praderas en las que sólo crecen pastos nativos y donde pastan los bovinos absorben considerablemente menos carbono que casi todos los demás sistemas agrícolas, incluidos los pastizales en los que se producen pastos muy vigorosos o arbustos y árboles para proporcionar forrajes.

• Pérdida de biodiversidad: en los bosques tropicales viven más de 13 millones de especies distintas, que representan más de dos tercios del total de las plantas y los animales que hay en el mundo. Los expertos estiman que en el curso de un decenio se extingue entre el 2 por ciento y el 5 por ciento del total de las especies de los bosques lluviosos, debido en gran parte a la pérdida de su hábitat por causa de la deforestación. Los monocultivos de pastizales son inhóspitos para muchas especies de aves e invertebrados, que necesitan hábitats distintos.

• Degradación del suelo: los frágiles suelos forestales pueden sustentar una vida abundante porque las hojas y las ramas que caen proporcionan nutrientes, el follaje forestal les brinda protección contra el sol y las lluvias, y las estructuras de las raíces evitan la erosión. Cuando no hay árboles, el suelo se agota rápidamente. Los pastos nativos ofrecen pocos nutrientes y escasa protección al suelo, y el exceso de pastoreo acelera la pérdida de nutrientes y la erosión.

• Contaminación del agua: los bosques suelen funcionar como purificadores naturales del agua al filtrarse ésta a través del suelo que mantienen firme las complejas estructuras de las raíces de diversas capas de árboles. Sin la protección del follaje y las raíces, el suelo pierde la capacidad de mantener el agua, que a menudo se escurre hacia las corrientes y los ríos.

Urgen políticas eficaces para desalentar la expansión de la ganadería en las zonas boscosas y promover sistemas sostenibles de pastoreo que frenen el ciclo de degradación y abandono de los bosques talados.

Aceite de palma

El aceite de palma es un aceite de origen vegetal presente en la mayoría de los productos ultra- procesados y en platos preparados. En total, se producen anualmente decenas de millones de toneladas de aceite de palma, lo que representa más del 30 % de la producción mundial de aceite vegetal. Es el segundo tipo de aceite con mayor volumen de producción, siendo el primero el aceite de soja39.

Este aceite vegetal se encuentra en aproximadamente 40-50 % de productos para el hogar en muchos países desarrollados. El aceite de palma puede estar presente en una amplia variedad de productos, incluyendo productos horneados, confitería, champú, cosméticos, agentes de limpieza, detergentes para lavar y pasta de dientes.

La palma aceitera es uno de los cultivos ecuatoriales más rápidamente en expansión del mundo. Los dos mayores países productores de palma aceitera, Indonesia y Malasia, están ubicados en el sudeste asiático, una región con numerosas especies endémicas y forestales (Koh y Wilcove,2008), juntos representan el 85 % de la producción mundial de aceite de palma.

El cultivo de la palma aceitera tiene varios beneficios para países como Indonesia o Malasia, debido a su alto rendimiento, proporción de empleo y variados usos (en cocina, cosméticos y biocombustibles), que la convierten en un negocio lucrativo. Sin embargo, ha sido criticado por su impacto medioambiental, que

CAPÍTULO 3. ANTECEDENTES 3.2. OTROS IMPACTOS DEL SISTEMA ALIMENTARIO EN EL MEDIO AMBIENTE

incluye deforestación, pérdida de hábitats naturales de especies en peligro y por su contribución a la emisión de GEI.

En Indonesia, el principal productor de aceite de palma, las plantaciones de palmas aceiteras a menudo reemplazan los bosques tropicales, exterminan especies en peligro de extinción (como el orangután o el tigre de Sumatra), desplazan comunidades locales y contribuyen a la emisión de gases responsables del calentamiento global (Worldwatch Institute,2009).

En muchas ocasiones las plantaciones de palma se implantan tras la destrucción de grandes extensiones de selvas tropicales, en Malasia al menos el 56 % de la expansión es a costa de bosques (Koh y Wilcove, 2008). Esta destrucción acelera el cambio climático y lleva a especies amenazadas, como el orangután o el tigre de Sumatra, al borde de la extinción. La conversión de bosques primarios o secundarios en palma aceitera puede dar como resultado pérdidas significativas de biodiversidad, mientras que la conversión de tierras de cultivo preexistentes resulta en menos pérdidas (Koh y Wilcove,2008).

Las plantaciones de palma aceitera soportan menos especies que los bosques ya menudo también menos que otros cultivos arbóreos. Otros impactos negativos incluyen la fragmentación del hábitat y la contaminación, incluyendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Con el aumento de la demanda de aceites vegetales y biocombustibles, y la fuerte superposición entre las áreas adecuadas para la palma aceitera y las de mayor importancia para la biodiversidad, sólo se evitarán pérdidas sustanciales de biodiversidad si la futura expansión de la palma aceitera se gestiona para evitar la deforestación (Fitzherbert et al.,2008).