En sus ediciones del 17 y del 24 de abril, La Cultura en México reunió a un grupo de especialistas de las más variadas corrientes ideológicas para discutir en torno al arte y la crítica literaria en México.
Para el primero de estos números, titulado “¿Arte de vanguardia, arte de retaguardia?”, Eugenia Caso preparó una Encuesta sobre las posibilidades de expresión artística, en la cual participaron los críticos Ida Rodríguez y Juan García Ponce, los pintores Manuel Felguérez. David Alfaro Siqueiros, José Luis
28Casi al terminar este ensayo, Paz incluye una interesante nota a pie de página en la cual refiere, de un plumazo, sus preferencias entre los narradores mexicanos del momento. La reproduzco in extenso: “Después de Juan Rulfo, autor de una de nuestras pocas ‘obras maestras’, la mayoría de los novelistas y cuentistas mexicanos prefieren explorar el tema de la ciudad. Al menos los más osados. Pienso en Carlos Fuentes, cuyos grandes dones me harían recordar el genio extenso de Diego Rivera si el autor de La muerte de Artemio Cruz no fuese también el de Aura y otros admirables retratos y cuentos; en José Revueltas, no menos dramático e intenso que Orozco —y más lúcido—; en Juan García Ponce, al que unos cuantos personajes le bastan para suscitar un mundo; en Sergio Fernández, el más riguroso, el más afilado también; en José de la Colina, pasión e imaginación; en Jorge López Páez, Juan Vicente Meló, Sergio Galindo... Y sin embargo, en los últimos años han aparecido dos novelas notables con tema provinciano. Una de ellas es La feria, de Juan José Arreola, creación verbal que no me parece inferior a las invenciones de Quenau. La otra novela es una obra de verdad extraordinaria, una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea: Los
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Cuevas y Juan Soriano y el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez. Entresaco algunas preguntas y respuestas que podrían reflejar cuál era, aproximadamente, el espectro ideológico del arte mexicano en aquel momento.
Primera pregunta: ¿Qué se entiende por arte de vanguardia?
GARCÍA PONCE: La definición de vanguardia es que no acepta
definiciones.
FELGUÉREZ: Arte de vanguardia y arte son la misma cosa.
IDA RODRÍGUEZ: La verdad es que este concepto de plástica está
liquidado.
CUEVAS: Vanguardia, tal como su nombre lo indica, es adelantarse a su
tiempo.
SIQUEIROS: Es un arte de retaguardia porque se ha producido desde
mediados del siglo XIX y ha caído en el individualismo más desaforado.
SORIANO: Vanguardia no es nada, es una etiqueta.
SÁNCHEZ VÁZQUEZ: Se trata de un concepto histórico [...] que se
enfrenta a una tradición artística agotada.
Segunda pregunta: ¿Todo arte de vanguardia rompe con lo establecido?
SÁNCHEZ VÁZQUEZ: Lo que caracteriza de un modo peculiar a las
vanguardias es la radicalidad de esa ruptura e innovación, su actitud crítica hacia el pasado.
FELGUÉREZ: Romper es la forma más fácil, pero no la única.
SIQUEIROS: El arte es continuidad ascendente; en su afán experimental el
pintor contemporáneo ha perdido el sentido del arte.
IDA RODRÍGUEZ: La pintura actual no es gran arte, sólo es una búsqueda
experimental de formas, colores, etcétera.
CUEVAS: Romper con lo establecido, exactamente...
Tercera pregunta: ¿Existe una vanguardia artística en México?
CUEVAS: Hablar de vanguardia en México es completamente erróneo
[...] El abstraccionismo que se hace en México es una creación completamente caduca.
IDA RODRÍGUEZ: Sí hay vanguardia artística en México: Candela, Pañi en
Tlatelolco y en el arte de galerías, Cuevas, al cual yo considero el artista mexicano más grande después de Posada y Orozco.
GARCÍA PONCE: Por fortuna en México no hay vanguardia artística. SIQUEIROS: El arte de vanguardia es el que hacemos nosotros.
SORIANO: Para crear hay que estar solo. Yo no me considero de
vanguardia.
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SIQUEIROS: El llamado arte de vanguardia le habla a un pequeño círculo
de enterados, no le habla a la gente; un arte de masas tiene que ser un arte claro.
IDA RODRÍGUEZ: Todo lo que se ha producido en el llamado arte de
vanguardia es estetizante, no logra comunicarse con el pueblo.
FELGUÉREZ: El arte, para serlo, tiene que ser de vanguardia.
Quinta pregunta: ¿La comunicación con el pueblo enriquece la visión plástica de un artista o son más importantes otros medios de aprobación estética?
FELGUÉREZ: Si pinto un mural con sentido político, no soy tan ingenuo
para creer que estoy educando al pueblo, lo hago con el criterio de que el pueblo se inquiete.
SIQUEIROS: ¡El único país del mundo en donde el arte es multitudinario
es México!
SORIANO: Yo nunca me he considerado fuera del pueblo.
CUEVAS: El arte no es de mayorías, ni es mi preocupación que lo sea.
Sexta pregunta: ¿Tiene vigencia todavía la polémica entre muralistas y pintores no realistas?
SIQUEIROS: Estamos entrando a un periodo de gran polémica entre
quienes creemos en un arte público con contenido político y los que son partidarios de un arte subjetivista, sin mensaje.
IDA RODRÍGUEZ: ¡Ay, no, por Dios! Ya no; es café frío. SORIANO: No.
FELGUÉREZ: No.
CUEVAS: A mí no me molesta el contenido político de estos artistas, ni
mucho menos. Me molesta que no lo hagan en formas mucho más novedosas.
Séptima pregunta: ¿Se comunican los artistas mexicanos con el pueblo?
SÁNCHEZ VÁZQUEZ: La paradoja de nuestro tiempo es que entre más
poderosos son los medios masivos de comunicación, tanto más terrible es la incomunicación entre el artista verdadero y el público.
FELGUÉREZ: No a base de hacer arte a la altura del pueblo, sino tal vez
una artesanía que le llegue; darle al pueblo los derivados del arte y conservar puro el arte.
GARCÍA PONCE: La mejor forma que el artista tiene para comunicarse
con el pueblo es entregándole lo mejor de sí mismo; de lo contrario es un insulto.
CUEVAS: Al realizar mi mural efímero, entró en contacto con el pueblo el
artista, no la obra... No se puede decir que Siqueiros llegue al pueblo, les llega mucho más lo que yo les digo; después de todo soy un espíritu de mi
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tiempo; yo soy avanzado y revolucionario y estoy con Juan XXIII y con De Gaulle.
SIQUEIROS: Una cosa es el cartel y otra cosa es la pintura profesional,
seria. No solamente carteles, no, ¡gran pintura a la calle!
Octava pregunta: ¿La vanguardia artística debe estar separada de la vanguardia política?
IDA RODRÍGUEZ: El arte no puede separarse de la vida y por lo tanto
tampoco de la política.
GARCÍA PONCE: Considero verdaderamente revolucionario el arte en
cuanto tal, en tanto arte.
SÁNCHEZ VÁZQUEZ: Cuando ambas vanguardias pierden el contacto se
produce, en lo que se refiere a la vanguardia artística, el escapismo y el conformismo político y social.
FELGUÉREZ: No, no se puede; las dos vanguardias están
indisolublemente unidas.
SIQUEIROS: La vanguardia política son los comunistas, ésa es la
vanguardia política y son precisamente los pintores comunistas a quienes más conoce, aplaude y sigue el pueblo.
CUEVAS: Son dos actitudes completamente distintas.
Novena pregunta: ¿El arte de vanguardia deja de serlo cuando se incorpora a la cultura oficial?
GARCÍA PONCE: No tiene nada de malo que el gran arte se incorpore a la
cultura oficial si se le incorpora como tal, sin pretender cambiar sus valores.
CUEVAS: Me considero el único artista independiente que existe en
México.
SIQUEIROS: El muralismo no fue permitido de buena gana por el
gobierno mexicano, sólo nuestra militancia revolucionaria, nuestra continua lucha permitió que pudiéramos realizarlo.
Como nota al pie, cabe señalar que, en 1967, a iniciativa de Octavio Paz, embajador mexicano en la India, numerosos artistas plásticos habían participado en la bienal de Nueva Delhi, resultando premiados Cuevas, Felguérez y Vicente Rojo.
Los nombres de los contendientes en este diálogo fingido eran bien conocidos por el público aficionado al arte de aquellos años y su presentación se hace casi innecesaria.
Juan García Ponce es una de las figuras más polifacéticas de la llamada generación de Medio Siglo. A los 36 años había sido ya secretario de redacción
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de Universidad de México y de la Revista Mexicana de Literatura, de la cual asumió posteriormente la codirección al lado de Tomás Segovia, para luego intentar una tercera época encargándose por su cuenta de la dirección. Crítico de arte y de literatura, novelista y cuentista de prestigio, García Ponce parecía resumir a su generación. Profundo conocedor de la cultura alemana, era también un polemista brillante. Su juventud, llena de incontables relaciones amorosas y de experimentos sexuales, nutrió considerablemente los temas de sus obras. Sin embargo, hacia 1968 comenzaba ya a padecer los primeros síntomas de la esclerosis múltiple que lo llevaría a una silla de ruedas por el resto de su vida.
De su misma edad es Manuel Felguérez, uno de los pintores jóvenes más importantes del momento. Al lado de Cuevas, aunque sin la megalomanía de éste, había renovado la plástica mexicana en contra de las bases sentadas por la llamada escuela mexicana de pintura. Por su parte, Cuevas no sólo era el mejor dibujante de su generación, sino un hombre fascinado por la vida pública y sus conmociones. Junto con Siqueiros y Tamayo, Cuevas era, quizás, uno de los artistas más conocidos del país.
Continuador y antagonista de Rivera y Orozco, estalinista durante mucho tiempo, autor de un malogrado atentado contra Trotsky, Siqueiros era un símbolo del artista revolucionario, casi una estatua viviente del intelectual engagé. Hacía poco tiempo que, gracias a un indulto presidencial, había salido de la cárcel de Lecumberri, donde fue condenado por su activismo político.
Miembro intermedio de las generaciones de Siqueiros y Cuevas, Juan Soriano parecía encarnar los valores contrarios. Artista solitario, autor de un extraño nacionalismo sin aspavientos, representaba una opción de autonomía individual en el seno de la intelectualidad del momento.
Por último, participaron también la crítica Ida Rodríguez Prampolini y el filósofo español, nacionalizado mexicano, Adolfo Sánchez Vázquez, del cual ya se habló anteriormente.
El primer rasgo que salta a la vista al revisar la encuesta es que las actitudes de los involucrados resultan altamente contrastantes. Mientras los pintores jóvenes siguen obstinados en demostrar a toda costa el valor de su empresa renovadora —Cuevas, Felguérez—, el representante de la vieja guardia muralista —Siqueiros— insiste en defender las tesis que lo hicieran famoso en los años treinta, descalificando a priori cualquier idea contraria; mientras tanto, Soriano se refugia en un escepticismo individualista que parece alejarlo de todos los demás.
Por su parte, los críticos se dividen igualmente: mientras García Ponce resalta los logros de sus contemporáneos, Ida Rodríguez pretende conciliar la ideología y el arte, y Sánchez Vázquez parece más preocupado en ofrecer sus
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propias ideas estéticas que en dilucidar los problemas que se le presentan. En cualquier caso, vale la pena observar que los conceptos centrales de la discusión son la posibilidad de la vanguardia en México en 1968 y la conveniencia del compromiso político del artista.
Muy en el tono de la crítica de arte marxista derivada de Lukács, los temas a debatir continúan centrándose en la función social del artista y del arte. Aun los más jóvenes, García Ponce, Cuevas y Felguérez, a pesar de su relativa indiferencia política, no hacen sino traspolar los términos de estos puntos de vista. Que García Ponce afirme que el arte es revolucionario por sí mismo, aunque parezca una negación de la necedad de Siqueiros, no hace sino confirmar el viejo anhelo vanguardista sólo que desprovisto de la arcaica ideologización del muralismo.