Análisis y propuestas para la acción de los gobiernos locales en la seguridad de las mujeres en las ciudades
1 VIOLENCIA DE GÉNERO Y SEGURIDAD CIUDADANA
La violencia de género —término que es traducción del inglés gender- based violence o gender violence, difundido a partir de la Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing en 1995 bajo el auspicio de las Naciones Unidas— remite a una de las más frecuentes violaciones a los derechos hu- manos, ligada al solo hecho de haber nacido con cuerpo femenino. Vinculada a la relación desigual entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida social, cultural, económica y política, es un fenómeno que ocasiona daños irreparables a las mujeres que la padecen. De acuerdo con datos del Banco Mundial, este tipo de violencia causa la pérdida de 5 por ciento de los días de vida de las mujeres, sobre todo entre los 14 y los 49 años de edad.1 El Informe mundial sobre la violencia en el mundo (2002), elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que según encuestas de todo el mundo, entre 10 y 69 por ciento de las mujeres manifi esta haber sido agredida físicamente en algún momento de su vida.2
La violencia de género se basa en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres en detrimento de las últimas, lo cual determina que una signifi cativa mayoría de sus víctimas sean mujeres. Esto explica que se utilice el término ‘violencia de género’ como un sinónimo de vio- lencia contra las mujeres; sin embargo, también se da —aunque en menor número— violencia de género ejercida contra hombres, como la que afecta a hombres homosexuales y transgénero, o el abuso infantil hacia hombres menores, por ejemplo. La violencia de género contra los hombres es ejercida también mayoritariamente por hombres, y es producto de ese modelo de masculinidad autoritario y dominador hacia mujeres y menores, que se 1 Véase sitio de información sobre violencia intrafamiliar en cimacnoticias, sitio de Comu-
nicación e Información de la Mujer (Cimac), en http://www.cimacnoticias.com. 2 Este informe se encuentra en la página http://www.redfeminista.org (Red Estatal de
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siente cuestionado ante otros modelos de masculinidad u otras opciones sexuales.3
Se ha propuesto distinguir conceptualmente entre violencia de género y violencia doméstica (o intrafamiliar) para evitar equívocos, puesto que no toda la violencia contra las mujeres ocurre en el ámbito doméstico, ni toda la violencia que ocurre en este ámbito es contra las mujeres. Se critica la homologación entre ambos, dado que el término ‘violencia doméstica’ tiene una connotación de problema privado dentro del ámbito privado, lo que oculta el carácter público y político del problema. En cambio, se considera y señala que la violencia de género existe tanto dentro del ámbito doméstico como fuera de él.4
Quienes sostienen el concepto de la violencia doméstica (o familiar), como Jiménez (2002), enfatizan el entorno donde ocurre y el hecho de que abarca sus modalidades cotidianas crónicas: mujeres golpeadas, niños maltratados, personas ancianas o minusválidas violentadas, a través de variadas formas de agresión psicológica, física y sexual. La violencia sexual incluye a su vez delitos como violación, abuso sexual a menores, estupro y hostigamiento. Dado que al interior de la familia, o del espacio doméstico de convivencia, se reproducen las jerarquías asignadas a los roles de géne- ro, edad y preferencia sexual predominantes en la sociedad, las actitudes agresivas y violentas van del «fuerte» hacia el «débil» del grupo. La repro- ducción de jerarquías sociales en el entorno doméstico hace que el agresor sea predominantemente un hombre y las víctimas, mujeres. El enfoque de violencia doméstica o familiar (también intrafamiliar) es el que predomina en las políticas y acciones de los gobiernos locales sensibles a los problemas de violencia que sufren las mujeres.
La costumbre social hace que se identifi que como violencia de género tan solo aquellas formas límite de violencia física que pueden ser visibles, como heridas, marcas y fracturas; o aquellas que atentan contra la vida de las mujeres, como el asesinato consumado. Sin embrago, la violencia de género se ejerce y manifi esta de diversas maneras:
• Como coacción, cuando se intenta obligar o impedir a la mujer, me- diante alguna forma de chantaje, una actuación determinada. Por ejemplo, privarla de determinadas relaciones o vínculos con amista- des o familiares; obligarla a mantener relaciones sexuales ejerciendo la fuerza física o cualquier otro tipo de coacción; obligarla a ejercer la prostitución o a guardar silencio para encubrir los malos tratos de que es objeto.
• Como violencia psicológica, para tratar de perturbar y denigrar la imagen y la autoestima de la mujer ante el entorno social empleando insultos y comportamientos que la humillan en público o en privado. Por ejemplo, cuando el agresor le impide hablar u opinar; cuando subestima o ridiculiza sus opiniones, aspecto o comportamiento; le 3 La violencia de género y la violencia contra las mujeres, en http://www.americalatina-
genera.org/alcaldia.
4 Esta discusión se encuentra en las páginas http://www.singenerodedudas.com, http:// www.generourban.org y http://www.e-leusis.net.
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impide disponer de un patrimonio común o le exige detalles de sus actos u omisiones.
Es habitual que en la violencia de género se den conjuntamente varias formas de violencia, además de la física, pues esta casi siempre se acompaña de actos coercitivos, violencia psicológica y emocional. Asimismo, incluye factores estructurales, como la feminización de la pobreza, la discriminación salarial, la segregación sexual del mercado de trabajo, el tráfi co de mujeres, la esclavitud y la violación como arma de guerra.
Cualesquiera sean las formas y lugares, la violencia de género aten- ta directamente contra la ciudadanía de las mujeres y la igualdad de oportunidades de ejercer sus derechos, participar en la vida pública, gozar de las libertades democráticas y contribuir al desarrollo local y nacional. Si la ciudadanía de las mujeres es todavía más formal que efectivamente real —considerada de «segunda categoría»—, la vio- lencia que las afecta, tanto en el ámbito privado como en el público, inhibe y erosiona los derechos y los espacios conquistados a lo largo de innumerables luchas, manteniendo la «normal» supremacía de la ciudadanía masculina.
Lamentablemente, un nuevo término hay que agregar al problema público y político de la violencia de género: el feminicidio,5 que está adqui- riendo atroz notoriedad en América Latina por el caso de las asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez, estado de Chihuahua, México, pero que se está extendiendo a otros países, como Guatemala.
El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condicio- nes históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres. En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por cono- cidos y desconocidos, por violentos, violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas. No todos los crímenes son concertados o realizados por asesinos seriales: los hay seriales e individuales, algunos son cometidos por conocidos: parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, familiares, visitas, colegas y compañeros de trabajo; también son perpetrados por desco- nocidos y anónimos, y por grupos mafi osos de delincuentes ligados a modos de vida violentos y criminales. Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables. Y, desde luego, todos coinciden en su infi nita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres. Para que se dé el feminicidio concurren de manera criminal, el silencio, la omisión, la negligencia y la colusión de autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes. Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo, de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con efi ciencia sus funciones.
5 Sobre los conceptos de «femicidio» y «feminicidio», véase Lagarde (2006), y también el documento elaborado con motivo de la Audiencia «Feminicidio en América Latina» ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, marzo de 2006, en http://www.isis. cl/Feminicidio/doc/doc/Informe%20Audiencia%20CIDH.doc.
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Con más de trescientas muertas y un estimado de seiscientas desapa- recidas, Ciudad Juárez es el paradigma de la inseguridad pública de las mujeres y el feminicidio en la vida urbana. Ocupa el primer lugar entre las ciudades mexicanas con mayor violencia del sistema urbano de ciudades de más de 50 mil habitantes, y es también el paradigma de la insensibilidad, negligencia y hostilidad de las autoridades municipales ante el problema de la violencia de género y los reclamos de justicia.6
El Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso de Ciudad Juárez señala que casi al mismo tiempo que aumentaba la tasa de homicidios, funcionarios encargados de la investigación de esos hechos comenzaron a emplear un discurso que, en defi nitiva, culpaba a la víctima por el delito. Según declaraciones públicas de autoridades de alto rango, las víctimas utilizaban minifaldas, salían a bailar, eran «fáciles» o prostitutas, y la respuesta de las autoridades pertinentes frente a familiares de las víctimas osciló entre indiferencia y hostilidad (Comisión Interameri- cana de Derechos Humanos2002).
La violencia contra las mujeres en sus diversas formas es la causa principal de la sensación de inseguridad en ellas. El miedo está arraigado en esa realidad, queno queda refl ejada en las estadísticas ofi ciales que emplean las administraciones públicas y los medios para establecer la tasa de criminalidad. La inseguridad con la que conviven las mujeres está más bien relacionada con las «cifras negras» de la criminalidad, es decir, con todos aquellos actos de violencia que no son objeto de denuncia ofi cial (CAFSU 2002).
Actualmente, más que de «seguridad pública» se enfoca y discute sobre «seguridad ciudadana». Esta última se asocia a la recuperación de las insti- tuciones democráticas en América Latina, a la defensa de los derechos ciu- dadanos ante las arbitrariedades de las fuerzas del Estado, la criminalidad, la corrupción, y a la exigencia hecha al Estado respecto de las garantías de una convivencia pacífi ca. Según Gomáriz y García (2003), se le atribuye a la seguridad ciudadana una connotación sociopolítica, para distinguir entre la seguridad interna de las democracias y la seguridad interior de los regímenes militares o autoritarios, generalmente relacionada con la idea de represión del «enemigo interno». Por esa razón, el término ‘seguridad ciudadana’ se encuentra ligado al debate sobre la gobernabilidad democrática, pero reconociendo que «la transición hacia una gobernabilidad democrática en América Latina sucede en medio de una paradoja sobre seguridad: al tiempo que tiene lugar un cambio conceptual y práctico que refi ere a las necesidades de seguridad de la ciudadanía, la inseguridad ciudadana se incrementa notablemente» (Gomáriz y García 2003: 19).
El debate sobre la seguridad ciudadana también se encuentra vinculado a las problemáticas de género en las democracias latinoamericanas. Giulia Tamayo (2003) destaca que el enfoque de género aplicado a la seguridad ciudadana brinda información sobre esferas que no se limitan a la violencia 6 En el Plan de Desarrollo Municipal del gobierno local de Ciudad Juárez se ignora por completo el problema de la violencia contra las mujeres y ni aparece como uno de los retos que se propone atender y resolver. Véase http://www.juarez.gob.mx.
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que tradicionalmente han ejercido los hombres hacia las mujeres; también da pistas sobre la infl uencia de ciertas construcciones sociales de género en la adopción de comportamientos violentos, en las prácticas de exposición y las ubicaciones de hombres y mujeres en la perpetración de delitos. Enfatiza que la noción de seguridad centrada en las personas no puede ignorar las desigualdades de poder que permiten, justifi can e incluso alientan el ejercicio de la fuerza como fuente de prestigio o, al menos, como recurso legítimo y disponible. Siempre según Tamayo, la socialización masculina y femenina infl uye sobre la percepción de los resultados de la agresión: mientras en los hombres opera una suerte de «economía de la violencia», basada en la autoafi rmación y evaluación costo-benefi cio —con una limitada percepción sobre las consecuencias lesivas de sus actos violentos sobre la otra persona—, en las mujeres se fomenta una percepción de interdependencia, de asumir responsabilidad por la otra persona, con predominio de la culpa y el temor a resultados adversos frente al ejercicio de la fuerza.
Respecto de la infl uencia de la socialización masculina y femenina, Gomáriz y García (2003) señalan la desconexión entre los estudios de las masculinidades y los estudios de género relacionados con el tema de la se- guridad. Si bien el consenso teórico es que el análisis de género no se limita a las mujeres, advierten que tal consenso no siempre se traduce de forma correspondiente al plano técnico de los instrumentos y herramientas para la incorporación de la dimensión de género en las acciones destinadas a asuntos de la seguridad, centradas sobre todo en las mujeres. Agregan que los estudios y trabajos sobre masculinidades pueden realizarse de forma paralela a los que se hacen con y para las mujeres, sin que signifi que una «corresponsabilidad compartida».
Principales núcleos temáticos sobre género y seguridad desde la perspectiva de género/mujer
Participación de mujeres en FF.AA. y Policía Mujeres y confl ictos armados (actoras y víctimas) Mujeres y procesos de paz
Mujeres y violencia doméstica Mujeres e inseguridad ciudadana
Mujeres en los espacios de toma de decisión (Seguridad, RR.EE.) • Defensa
• Sistemas de paz y seguridad • Seguridad interna y policía
Fuente: Fundación Género y Sociedad (GESO) e International Develpment Research Center (IDRC), Proyecto sobre Género, Seguridad y Consolidación de la Paz. En Gomáriz y García (2003).
Finalmente, cabe la pregunta: ¿qué entendemos por «seguridad de las mujeres»? La respuesta de Mujeres y Ciudades Internacional (2006: 5), desde Montreal, dice lo siguiente:
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Las iniciativas en materia de seguridad de las mujeres tratan generalmente del desarrollo de estrategias y de políticas de prevención para reducir la violencia, el riesgo de violencia hacia las mujeres y el sentimiento de insegu- ridad en los espacios públicos y privados. Logran esto mediante la creación de entornos (sociales, físicos e institucionales) más seguros para las mujeres y las niñas, promoviendo la participación de estas en la vida comunitaria, procurando asociaciones entre las organizaciones comunitarias locales y los gobiernos locales, y haciendo participar a mujeres y niñas, en toda su diversidad, en procesos de toma de decisiones a nivel local.
2 SEGURIDAD DE LAS MUJERES EN LAS CIUDADES Y ACCIONES