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Xavier Sánchez-Vila

In document aguas continentales csic.book_109_com.pd (página 37-47)

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a Tierra es el Planeta Azul. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas no tienen acceso de modo regular a agua potable.

Esta aparente contradicción tiene una explicación clara. El primer problema es la escasez de agua dulce. La gran mayoría del agua en la Tierra se encuentra en los mares y los océanos, por lo que presenta una alta salinidad. Del total de agua dulce, más de

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2.1.

Las zonas áridas

Figura 2.1.1.Total agua

De toda el agua existente en la Tierra sólo una fracción pequeña puede aprovecharse como recurso para la población. Este agua se encuentra en lagos y ríos o bien en forma de agua subterránea.

97,5% Agua salada 2,5% Total global agua dulce 68,9% Glaciares y hielo 29,9% Agua subterránea 0,3% Lagos y ríos renovable 0,9% Otras

dos tercios se encuentra acumulada en los polos. Así pues, sólo una pequeña fracción, del orden del 1%, del total de agua de la Tierra se encuentra accesible en los ríos o en los acuíferos.

El segundo problema corresponde a que el agua dulce está mal repartida en el espacio y en el tiempo. En concreto, se encuentra muy irregularmente repartida entre las diferen- tes regiones del mundo, y sujeta a enormes irregularidades entre estaciones del año, así como a grandes fluctuaciones entre un año y otro. Por lo que respecta al agua superficial, en algunas partes del planeta las lluvias son poco abundantes y en algunos casos de carác- ter violento, concentrándose en pocos días o semanas al año, seguidas por largos meses o años de sequía. Esto ocurre por ejemplo en los países del Mediterráneo y en el sur y sudes- te asiático.

Climáticamente se distingue la superficie terrestre en diversas zonas a partir del Índice de Aridez (IA), que se define como el cociente entre dos valores, siendo el numerador la preci- pitación media anual en un punto y el denominador la evapotranspiración potencial (UNEP, 1992). Esta última es la suma de la evaporación y la transpiración que tendría una planta que dispusiera de una cantidad de agua ilimitada. En función de este índice se definen las siguien- tes zonas: hiperáridas (IA < 0.05), áridas (0.05 < IA < 0.20) y semi-áridas (0.20 < IA < 0.50).

El total de zonas con un Índice de Aridez bajo (< 0.50) es de poco más del 37%, y sin embargo acumula el 49% de la población mundial. En este punto es importante remarcar

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Figura 2.1.2.Países áridos y semiáridos

Mapa de los países áridos y semi-áridos (marcados en colores cálidos) (Fuente: http://www.wri.org). Las zonas hiperáridas (en marrón ocupan el 7,5% de la superficie terrestre; las zonas áridas (en rojo), el 12,1%, y las zonas semi-áridas (en amarillo), el 17,7%.

que el concepto de país árido o semi-árido incluye tanto a países como Chad o Afganistán, como a Estados Unidos, Israel o Australia. Es evidente que los problemas en unos u otros países van a ser muy distintos, y las soluciones que han adoptado los diversos gobiernos para hacer frente al problema, también.

GESTIÓN DE RECURSOS HÍDRICOS EN ZONAS ÁRIDAS Y RECARGA ARTIFICIAL DE ACUÍFEROS

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El Planeta presenta zonas de aridez extrema. Algunas se encuentran poco habitadas (desiertos), pero otras están altamente pobladas (El Cairo).

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na gestión integral de los recursos de agua dulce empieza por entender las necesidades y cómo deben priorizarse. A nivel mundial se considera que el 70% del agua consumida se destina a la agricultura. El 30% adicional se reparte entre usos industriales y domésticos. Sólo una pequeña fracción del agua consumida se destina a otros usos, como serían los recrea- cionales. Sin embargo estas proporciones varían país a país, y así por ejemplo el consumo de agua para usos recreacionales se convierte en importante en países en los que la economía depende de modo importante del turismo.

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2.2.

Gestión de recursos hídricos

convencionales

Diversos usos del agua: suministro a la población (arriba izquierda), agricultura (arriba derecha) y recreativo (abajo).

En segundo lugar es importante conocer de qué recursos se dispone para satisfacer las necesidades de agua de un país o región. Los recursos hídricos suelen agruparse en conven- cionales y no convencionales. Los recursos convencionales incluyen las aguas superficiales y subterráneas.

Las aguas superficiales que forman parte del sistema acuático continental se encuentran distribuidas en ríos, lagos y embalses. Estas aguas pueden provenir de la precipitación, el des- hielo o bien proceder de la descarga de los acuíferos. Una parte de estas aguas superficiales puede llegar a explotarse, constituyendo, por tanto, un recurso hídrico.

Las aguas superficiales tienen unas características específicas, que se pueden resumir en: 1. Tener una distribución espacial discontinua y jerarquizada, concentrada en unos

puntos concretos que reciben el agua de toda la cuenca de drenaje.

2. La distribución de los volúmenes de recursos está muy condicionada por la climato- logía y, por ese motivo, presenta variaciones estacionales muy importantes.

3. La movilidad de los recursos en los ríos es muy elevada, por lo que debe procederse a obras de ingeniería de alto impacto ambiental (embalses) para conseguir retener los recursos y evitar que se pierdan al mar.

4. El caudal en los ríos sólo será estable si están conectados y alimentados por embalses subterráneos de gran capacidad (acuíferos).

El agua subterránea se encuentra en los huecos que deja el material granular que forma el subsuelo, constituyendo formaciones denominadas acuíferos. Un acuífero es un embalse subterráneo don- de el agua infiltrada (por ejemplo, pro- cedente de la lluvia o de un exceso de riego) se almacena y circula. Si se conec- ta el acuífero con la superficie, mediante un pozo o una galería, se puede realizar una captación de un volumen importan- te, por lo que constituye un recurso hídrico ampliamente utilizado en el mundo.

El agua subterránea se renueva muy lentamente si se compara con el tiempo necesario para renovar los lagos o los cursos de agua superficial. El tiempo de residencia (el periodo necesario para renovar por completo un depósito a su tasa de renovación natural) es muy largo.

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De modo equivalente, la velocidad a la que se mueve el agua subterránea es muy pequeña en comparación con la velocidad del agua en los ríos.

En las zonas áridas existe un problema de disponibilidad de recursos hídricos convencio- nales para satisfacer las necesidades. A este problema se añade el de la calidad de dichos recur- sos. La calidad de los recursos hídricos puede degradarse de manera natural, cuando el agua circulante lava terrenos muy salinos o con minerales que ceden al agua compuestos tóxicos. Sin embargo, la degradación de la calidad se debe en la mayoría de casos a la contaminación producida por la actividad humana. Esta contaminación puede deberse a los vertidos direc- tos procedentes de los núcleos de población o de las actividades industriales o mineras, así como al efecto de los vertederos de residuos. La contaminación agrícola (por el uso de ferti- lizantes y pesticidas) y ganadera es la fuente básica de contaminación de las aguas subterrá- neas en los países semi-áridos. Un último tipo de contaminación se produce como conse- cuencia directa de algunos recursos, lo que produce la movilización de aguas de menor calidad que se mezclan o desplazan las aguas de mejor calidad. Un ejemplo se produce en la explotación de los acuíferos en zonas costeras, que favorecen la entrada subterránea de agua de mar, con la pérdida de calidad asociada.

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Los ríos de carácter permanente lo son por estar controlados bien por un acuífero, bien de modo artificial mediante embalses.

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n esas condiciones, tomando en cuenta el crecimiento de las necesidades para los diver- sos usos, la gran competencia entre esos usos (que deben por tanto priorizarse) y la posi- ble contaminación de estos recursos, el agua corre el riesgo de convertirse en muchas regio- nes en un factor limitante del desarrollo futuro y en el objeto de disputas entre sus potenciales usuarios.

La gestión de recursos hídricos en condi- ciones de escasez supone un equilibrio entre oferta y demanda. Por este motivo una correcta gestión debe actuar sobre estos dos puntos simultáneamente. Una correcta ges- tión sobre la demanda implica el compromi- so de los diversos agentes que intervienen. El punto fundamental es la realización de polí- ticas de ahorro. En las grandes ciudades hace años que se realizan campañas de informa- ción y sensibilización del público. Como ejemplo, una intensa campaña realizada en Copenhage consiguió reducir entre 1989 y 1997 el 22% del consumo doméstico, a pesar de que en ese intervalo se produjo un aumento de población.

Prosiguiendo con la demanda urbana, otra manera de reducir la misma consiste en reducir el porcentaje de pérdidas en las redes de agua potable, que en algunas ciudades supera ampliamente el 20%. En Barcelona en el intervalo 1988-1994 se consiguió una importante reducción por la modernización de la red de suministro con motivo de los

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2.3.

Gestiones en condiciones de escasez:

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