Función testimonial e hibridez genérica en Redoble por Rancas de Manuel Scorza

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Texto completo

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U

niversidad de Sonora

División de Humanidades y Bellas Artes

Departamento de Letras y Lingüística

Función testimonial e hibridez genérica en

Redoble por Rancas

de Manuel Scorza

T E S I S

Q U E P A R A O B T E N E R E L

T Í T U L O D E M A E S T R Í A E N

LITERATURA HISPANOAMERICANA

PRESENTA

DIANA VANESSA GERALDO CAMACHO

DIRECCIÓN: DRA. MARÍA RITA PLANCARTE MARTÍNEZ

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Índice

Introducción ... 3

I. El indigenismo ante la crítica ... 8

1. El indigenismo: una realidad social ... 8

2. El indigenismo Literario ... 19

2.1. La representación del indígena en la colonia... 19

2.2. El siglo XIX ... 24

2.2.1. Clorinda Matto de Turner ... 26

2.3. El indigenismo: Siglo XX ... 28

2.3.1 José Carlos Mariátegui y el marxismo ... 31

2.3.2. El proceso literario indigenista: una realidad representada ... 36

2.3.3. Arguedas y el indigenismo en el Perú ... 38

3. El Neoindigenismo ... 41

II. La obra de Manuel Scorza y el neoindigenismo ... 45

1. El contexto de “La guerra silenciosa” ... 45

2. La rebelión comunera: una propuesta temática ... 46

3. La historia no oficial en la obra de Scorza ... 48

4. La ficcionalización de la realidad peruana en el Neoindigenismo ... 54

5. “La guerra silenciosa”: un acercamiento panorámico ... 58

III. La función testimonial en la literatura y su repercusión en Redoble por Rancas ... 64

1. Las peculiaridades de la forma testimonial ... 66

1.1 El debate sobre el testimonio ... 68

1.2. La historia popular ... 75

1.3. La representación verdad-ficción ... 77

1. 4. Componentes del discurso testimonial ... 80

1.4. 1. El testigo ... 80

1.4.2. El editor, gestor, intelectual, letrado, mediador ... 82

1.5. El propósito del testimonio ... 85

2. Redoble por Rancas: un discurso híbrido ... 86

2.1. La Noticia y el Epílogo: discursos testimoniales... 88

2.2. Los componentes del testimonio en Redoble por Rancas ... 96

2.3. La forma discursiva del habla, de la voz, del diálogo ... 98

2.4. La mediación: un rasgo discursivo e ideológico ... 107

IV. La novela en el desarrollo del género testimonial en Hispanoamérica ... 118

Conclusiones ... 138

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Introducción

La intención de mi trabajo es triple: presentar una revisión histórica de la evolución literaria indigenista y de la forma testimonial; analizar Redoble por Rancas con base en el repaso preliminar y por último ofrecer una propuesta de reflexión sobre la hibridez genérica de la narrativa social en el ámbito hispanoamericano.

Mi propuesta de análisis ha sido planteada de manera que pueda ser entendida y razonada en el ámbito académico. Mi ejercicio de reflexión entiende el objeto literario como un complejo sistema de redes interconectadas, el cual debe ser desentrañado por las propuestas y visiones críticas sobre el fenómeno literario en toda su concepción. Más que localizar la obra literaria ajena a un contexto histórico-social, la investigación académica busca estudiarla como un objeto de conocimiento. El conocimiento de los fenómenos sociales y de las repercusiones que produce la literatura en la esfera nacional es parte también de ese esfuerzo por conocer el hecho literario.

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Las distintas formas de concebir y entender el objeto literario, ponen en debate diferentes perspectivas y concepciones. En ese choque de enfoques y rutas de estudio también está implícita la construcción de la expresión estética.

Por lo mismo, es importante señalar que la literatura y la investigación sobre ésta, se ubican en una cultura y en una sociedad con particularidades propias. La institución literaria es también condicionadora de la literatura y de su estudio, es eje directriz del conocimiento artístico. Mi trabajo busca integrarse a la investigación literaria siguiendo los parámetros de las formas académicas.

Mi tesis se divide en tres capítulos, aunque en realidad son cuatro los puntos que dirigen mi investigación: Los estudios sobre el indigenismo, la conceptualización de la novela testimonial, mi propuesta de análisis y una reflexión sobre la poética histórica de Redoble por Rancas.

En el primer capítulo se hace una revisión histórica sobre el indigenismo visto en primer término como un estudio antropológico y social sobre el funcionamiento de las clases sociales y de sus problemáticas relaciones; en segundo, se revisa la aportación que los intelectuales hispanoamericanos han dado a este estudio. La novela indigenista se integra como una forma de discernimiento y apoyo a las minorías indígenas.

En este primer capítulo se hace una revisión panorámica sobre la novelística de Manuel Scorza, tratando de puntualizar sobre los elementos más representativos de su propuesta estética. Este repaso servirá como contexto de mi propuesta de análisis.

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He tratado de establecer un contacto entre las posturas críticas y mi propia visión sobre el debate. Seguido a esto he planteado mi propuesta estética sobre la obra. He presentado un análisis que parte del texto mismo. Trato de reconocer los elementos comunicantes entre la novela indigenista ejemplificada por Redoble por Rancas con las peculiaridades de la forma testimonial, tratando de conformar una visión significativa sobre las coincidencias entre ambas. Esta significación está asentada en una perspectiva comparativa que busca desentrañar los comunes lazos de producción y dirección de estos dos tipos de novela.

El objetivo de esta comparación no sólo pretende destacar los elementos de cada tipo de novela, sino de reconocer que entre ambas producciones existe un inminente parentesco narrativo, discursivo e incluso de intención representacional.

Para la comparación y análisis de la novela parto de la idea de que el texto novelesco está inserto en una tradición literaria, se constituye como un fenómeno reciente pero con raíces en una línea evolutiva de configuración estética. Ubicada en ese desarrollo la obra cobra sentido histórico y por lo tanto social, en la medida en que tiene correspondencias claras con ese proceso.

Con este trabajo propongo una lectura más abierta de las formas tradicionales de construcción novelística. Busco también ofrecer una interpretación de la obra que pueda servir para futuras investigaciones que se interesen en la elaboración discursiva y social de esta novela.

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Las visiones utilitarias de la literatura como producto social con fuerza comunicacional son puestas en reflexión con el debate escritura-oralidad.

Por último, el tercer capítulo trata de enlazar la tradición literaria y mi propuesta de análisis. Se hace una reflexión genérica de Redoble por Rancas buscando remarcar las aportaciones de la heterogeneidad, la transculturación y la hibridez genérica. Estos procesos de producción son parte insoslayable del estudio genérico y formal del indigenismo, puesto que permiten comprender, y al mismo tiempo explicar, el ejercicio constructivo de la literatura dentro de una sociedad mestiza con castas indígenas como lo es la sociedad peruana donde vivió Manuel Scorza.

Esta cavilación sobre poética histórica es múltiple. Da cuenta de los componentes que construyen el texto literario como un producto híbrido en correlación con un ambiente social. También, subraya las implicaciones genéricas de creación de formas textuales. Pone en reflexión las distintas representaciones literarias que entran en contacto en Redoble y de sus implicaciones narrativas.

Lo anterior implica también que mi propuesta tiene una visión expansiva porque trata de comprender la poética misma de la obra. Mi análisis propone que la esencia constructiva de Redoble se sustenta en la hibridación de formas y funciones literarias interconectadas. La forma indigenista se fusiona con las funciones testimoniales de tal medida que Redoble por Rancas es el resultado coherente de dos construcciones discursivas que interactúan armónicamente. La significación de la obra está determinada por las correspondencias entre los dos discursos y por los elementos estructurales que resultan de tal interacción.

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arquitectónica narrativa, discursiva e intencional como parte de un grupo más extenso de texto: la narrativa social.

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I. El indigenismo ante la crítica

1. El indigenismo: una realidad social

Las sociedades hispanoamericanas se distinguen del resto de las sociedades del mundo por constituir un grupo heterogéneo de culturas, lenguas, costumbres y mentalidades. En América Latina conviven variadas castas sociales en una misma nación (con excepción de Argentina que prácticamente no tiene población indígena), lo cual deriva en un conflicto intercultural entre sistemas nacionales con diferencias no sólo raciales, sino culturales. La presencia indígena ha marcado de manera permanente a la sociedad hispanoamericana. La convivencia de grupos indígenas en el seno de las naciones de mayorías mestizas ha sido detonante de diversos conflictos sociales. El indígena ha marcado la gran diferencia entre una sociedad europea y una hispanoamericana. Más que sólo ser una clase social el pueblo indígena se ha visto, y en cierto sentido ha llegado a ser, un problema para América Latina. Se ha considerado así, no porque el propio indígena sea en sí un problema, sino por las dificultades que ha tenido el ciudadano urbano, educado con una mentalidad occidental, para convivir con él. Ha tenido lugar, pues, un proceso cultural signado por la discontinuidad, la heterogeneidad y el conflicto entre los diferentes grupos sociales que interactúan en el interior de las sociedades latinoamericanas.

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conflictos, irresueltos desde hace siglos, han marcado nuestra formación como naciones no unitarias, dado que su conformación supone la presencia de diversos componentes culturales, cuya relación se ha sostenido sobre un proceso de dominación-subordinación.

Mayor ha sido el conflicto cuando ciertas clases intelectuales o ciertos gobiernos han intentado integrar a los indígenas al desarrollo de la sociedad. Estos intentos han evidenciado que el problema entre la clase urbana (blanca) y la indígena es más que una diferencia económica o social, es una diferencia cultural y lingüística.

Durante mucho tiempo el indígena ha sido visto como un legado de las viejas clases tradicionales de los nativos que contribuyeron a la formación del mestizaje, es decir, son un componente primordial del origen del hispanoamericano. Sin embargo, este valor ha sido más bien una visión idealizada de nuestra población nativa. Son vistos como valores autóctonos de América pero sólo en un sentido ideal que vive en nosotros como sustento histórico. Pero la realidad es muy diferente. Si los tenemos idealizadas como figuras importantes es únicamente como una representación imaginaria. En la vida real el indígena vive en la pobreza y la ignorancia.

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La sociedad hispanoamericana es mixta, y en esa mezcla de culturas reside su problemática. La falta de integración de los pueblos indígenas ha dado cabida al surgimiento de corrientes artísticas, científicas, y sociales que tiene como meta reflexionar sobre el comportamiento de los nativos con miras a integrarlos a la sociedad.

Las corrientes que han reflexionado sobre la problemática social han sido denominadas indigenistas, puesto que su objetivo es el pueblo indígena. El contexto más amplio donde se agrupan las corrientes indigenistas es precisamente en el escenario de las naciones hispanoamericanas que no han logrado asimilarse como grupos diversos en convivencia, sino por el contrario en conflicto constante.

El indigenismo, como corriente de pensamiento, ha sido una tendencia política, antropológica, económica, cultural que se encarga del estudio de los grupos autóctonos de América con la finalidad de atender y dar solución a sus problemas.

Para tratar de explicar el rumbo que han tomado dichos estudios haré un pequeño repaso panorámico sobre el indigenismo como movimiento encaminado a atender los problemas de los indígenas desde el marco social, ubicando en lo posible a los investigadores y a sus proyectos sociales. Inmediatamente después repasaré el carácter que han tomado esos problemas en el marco de los estudios literarios, subrayando la aportación de los pensadores hispanoamericanos y de los escritores de la generalmente llamada Novela Indigenista, incluido entre ellos Manuel Scorza, autor que me interesa localizar en este horizonte.

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problemática social. La misma palabra indígena le hereda la carga conflictiva. El término indígena está sobrecargado socialmente de diversas connotaciones que se activan dependiendo del contexto social e intelectual en el que se maneje el término. Sin embargo, no se puede negar que generalmente los valores semánticos referidos en el discurso cotidiano remiten a aspectos de carácter negativo.

Diferentes asociaciones y pensadores han definido este estudio. El Instituto Indigenista Interamericano, uno de los principales promotores de los estudios referentes al indígena americano, lo define como “una formulación política y una corriente ideológica, fundamentales para muchos países de América, en término de su viabilidad como naciones modernas” (“Instituto Indigenista Interamericano” (1991: 63). Alejandro Marroquín, uno de los estudiosos más dedicados al asunto, en su libro Balance del indigenismo. Informe sobre la política indigenista en América (1972) define al indigenismo como una política que se encarga de resolver y atender los problemas de los pueblos indígenas, así como el proyecto que se encarga de su ubicación social.

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Esta visión del indio como un obstáculo para el desarrollo del Estado no se encuentra en todas las reflexiones sobre el problema del indio. Mientras una parte de los estudios conciben al indio como un “individuo económica y socialmente débil”, I Congreso Indigenista Interamericano Pátzcuaro, México, 1940, otras posturas fueron presentadas en el II Congreso Indigenista Interamericano Cuzco, Perú, 1949, las cuales lo conciben como un descendiente de los más antiguos pueblos precolombinos y, por lo tanto, como fundamento de la nacionalidad hispanoamericana. Las diferentes conclusiones que han sido leídas y debatidas en los dos congresos internacionales han dejado ver que la discusión sobre la concepción del indio sigue vigente en la sociedad contemporánea.

Esta doble concepción del indígena en realidad tiene una larga historia. En el siglo XIX las sociedades hispanoamericanas se vieron en la necesidad de conformar las nuevas naciones. En la formación de éstas se crearon las élites económicas que dirigirían y dominarían a los demás grupos. Por supuesto la estratificación social se hizo de manera inmediata. En el marco de dicho proceso surgieron las clases sociales más altas, luego las clases medias, y finalmente las clases bajas o populares. La población indígena quedó catalogada en las clases más bajas de la escala económica. Sin embargo, fueron colocados en este nivel por no dejarlos fuera del espacio nacional, pues evidentemente su clasificación dentro del programa de nación moderna que dicho proyecto tiene es una mera suposición: jamás han gozado de los beneficios de la pirámide económica.

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sociedad dio como resultado esta doble visión que refiere Aubry. Una parte de la sociedad, la que tenía en mente una sociedad moderna, ignoró la presencia nativa dejándola fuera de sus proyectos de desarrollo. La otra parte la concibió como un legado, pero su visión era un enfoque en parte utópico, pues abogaban por una integración del grupo indígena que era prácticamente imposible. Esta visión idealizada se encuentra en muchas de las reflexiones que los intelectuales han aportado. Esta doble perspectiva hace evidente que en el pensamiento indigenista existen proyectos ideológicos en pugna.

Esta doble visión es sin duda el gran conflicto social: ¿el indígena se debe o no integrar a la sociedad? Si se le integra estará perdiendo lo que tiene de propiamente indígena, pues asimilará las formas occidentales, pero si no se le integra entonces seguirá en la pobreza y la marginación. De esta interrogante parten y derivan las reflexiones sobre el indigenismo.

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El indigenismo contemporáneo se ha apoyado en las ciencias sociales para estudiar al indio, una de éstas ha sido la antropología, la cual, sin duda, ha contribuido de manera invaluable con su método de investigación; dicho método acerca al investigador al mundo indígena y lo pone en contacto con las formas de vida de los pueblos americanos. Esta participación directa del antropólogo con el pueblo nativo evidenció la complejidad cultural y sobretodo la necesidad de proteger a los pueblos indígenas como las bases de la nacionalidad- Marroquín en su libro Balance del indigenismo. Informe sobre la política indigenista en América ahonda sobre este aspecto-. La interacción entre la antropología y el pensamiento indigenista revitalizó los posteriores estudios sobre los pueblos indios, tanta fue su aportación que incluso muchos estudiosos consideran que la antropología contribuyó en la formación de la imagen nacional.

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indígena, como Perú y México, se vieron en la necesidad de revalorar al indígena y de incluirlo en sus programas de desarrollo social; como ejemplo se encuentra el Vasconcelismo con sus reformas educativas y sociales, las cuales pretendían integrar a las clases populares, incluida la india, en los nuevos proyectos nacionales.

Las distintas posiciones políticas han tenido, sin duda, su inclinación y preocupación por los grupos indios. Mientras la derecha siempre ha considerado al indígena como un retraso para el Estado, cuya misión sería occidentalizarlo, aunque nunca de manera expresa lo haya reconocido así; la izquierda, por el otro, lo ha defendido e incluso ha sustentado su ideología en el apoyo a las clases populares, incluidas la casta indígena.

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Los países con mayor población indígena son los que han aportado más propuestas metodológicas para solucionar los problemas sociales. Estas metodologías incluyen formas de acercamiento y de contacto intercultural. Las ciencias sociales y la literatura forman parte de estas estrategias. No es arbitrario que dos de los congresos más importantes del Instituto Interamericano se hayan realizado en México y Perú, países en que suponen sociedades heterogéneas conformadas por diferentes grupos poblacionales. México ha contribuido en el pensamiento indigenista con sus propuestas antropológicas; Perú, por otro lado, también ha contribuido en la reflexión con la novela indigenista, cuyo nacimiento se dio con los escritores peruanos, quienes, además, son considerados los mayores exponentes de la corriente. También el ensayo político prosperó en este país. Dos de los más grandes ensayistas hispanoamericanos son peruanos, me refiero a José Carlos Mariátegui y a Manuel González Prada, cuyas reflexiones han tenido el mérito de ver al indio como un problema más inmediato, más real, más nacional, valorando sus condiciones de vida como resultado de diversos enfrentamientos de los cuales el indio es víctima.

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lingüística y cultural contribuyó a la desaparición de las lenguas autóctonas y de sus tradiciones. Los movimientos comuneros de los años 60 y el levantamiento del grupo guerrillero Sendero Luminoso en los 80`s son consecuencia de los problemas agrarios y de los latifundios, principalmente.

Los últimos censos del Perú marcan un descenso de la población indígena y de sus lenguas, pues mientras en años que van de 1960 (década de los levantamientos comuneros) al 2000 un 39% de la población hablaba una lengua aborigen, el quechua mayormente. Para la década de los noventa comenzó el descenso y sólo un 28% eran quechuhablantes, de los cuales 16% eran bilingües de español y quechua. Para el 2005 sólo el 16.5% de la población habla quechua, lo que equivale a una tercera parte de la población indígena.

En la actualidad las poblaciones rurales, incluidas las indígenas, sólo comprende un 27.7% de la población peruana, mientras la población urbana equivale a un 72% aproximadamente. El desuso de las lenguas aborígenes y la inmigración de las poblaciones rurales a la ciudad, han sido causantes de la desaparición de los idiomas indígenas. La urbanización, la asimilación de la carga mestiza y los nuevos factores socioeconómicos han sido los causantes de que el español se haya impuesto como idioma oficial, a costa, por supuesto, de la desaparición de las lenguas indígenas. A continuación expongo los datos brindados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), de acuerdo a los datos recabados por el censo de 2006:

Población del Perú

Población (2006) 27.219.264 hab.

Ruralidad 27,7%

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Regiones más pobladas Lima, Arequipa, La libertad, Cajamarca, Piura, Cuzco, Puno, etc.

Idiomas más extendidos Español, quechua, aymara, asháninka, aguaruna

Lenguas aborígenes

(1960-2000) 39%

Quechuahablantes

(2005) 16.5% ( 7.5 millones)

Bilingües

español-quechua 16%

Religiones Cristianismo:96% (católico: 89%; protestante:7%); otros:4%

Estos datos resultan importantes porque muestran la degradación que ha tenido la población y la lengua indígena a partir de los años sesenta, que como dije anteriormente, es un momento de confrontación social y económica en el Perú, y cuya manifestación literaria está expuesta en la novela indigenista de Scorza.

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2. El indigenismo Literario

2.1. La representación del indígena en la colonia

Durante el período colonial surgió entre los conquistadores y los religiosos un interés por denunciar y combatir, mediante la escritura, la explotación y aniquilación de que era objeto el indio. Aunque muchos de ellos se manifestaron contra el régimen de opresión que había impuesto España, algunos de los defensores del indígena mantenían la suposición de que el indio era un ser de status inferior y de escasas facultades intelectuales. La América colonial y su metrópoli eras sumamente clasistas.

Cabe aclarar que la defensa del indígena se manifestó de manera escrita pues estaba siguiendo el código heredado por España. La escritura se concebía como una forma de legitimar el valor de la palabra, por ello los defensores de los indios lo hicieron con base en sus textos y documentos. La escritura tenía finalidades particulares, y estaba dirigida a un público conocedor del código. Desde ese momento la escritura sería considerada una forma de valor y de verdad superior a la oralidad. La literatura fungió un papel primordial al ser la herramienta retórica que los cronistas tenían para exponer sus argumentos en auxilio de los indios. Sin embargo, de poco o nada sirvieron las argumentaciones ingeniosas y las apologías escritas que los defensores de los indios hacían, finalmente las leyes protectoras no ayudaron a los indios ni los salvaron de la esclavitud y la vejación.

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y sobre todo de una piedad cristiana que los misioneros pretendían establecer en el Nuevo Mundo.

El indigenismo colonial difundido por los religiosos y posteriormente por los españoles radicados en la Nueva España nunca fue realmente un indigenismo humanitario. En realidad lo que predominó por entonces fue la necesidad de presentar al Nuevo Mundo como una riqueza mayor, necesaria para España, y no tanto el deseo de conocer y defender la vida indígena. Los criollos tenían el mismo prejuicio hacia los indios, y si en algún momento demostraron simpatía por el mundo indígena fue sólo para demostrar a la Corona que América era tan rica como España y que por lo tanto el grupo criollo era igualmente valioso. Los criollos eran despreciados por los peninsulares, por ello toda vez que los criollos exaltaban al Nuevo Mundo y sus riquezas era sólo para hacer evidente que ellos formaban parte de una gran riqueza cultural e intelectual.

El indigenismo colonial expuesto en los términos anteriores es considerado como segregacionista y paternalista: defendían al indio pero jamás le ayudaron a integrarse en sociedad. Esta defensa no pudo cambiar el carácter cruel y explotador de España, y fue tan grande el daño que después de la colonia el indio quedó relegado como casta inferior, despojado de sus propias formas políticas y religiosas como unidades culturales que eran, y fue desplazado por las castas invasoras hasta culminar como pueblos de condición inferior, en la ignorancia y la extrema pobreza.

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Comentarios Reales del inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) como una defensa del legado indígena frente al español poniendo como ejemplo su propia condición de mestizo; Garcilaso de la Vega estuvo en contacto íntimo con la cultura andina por dos razones: la primera por ser hijo de la palla Chimpu Ocllo, de hecho, sus primeros años de infancia los vivió entre los indios; la segunda, porque para escribir su libro realizó una investigación meticulosa sobre las costumbres y leyendas del grupo indígena que los viejos incas recordaban y que le transmitieron oralmente. En Comentarios reales hay una labor documental y antropológica. Su obra resumió la grandeza de la cultura andina, su gran variedad, su misticismo. Mariátegui al referirse a la literatura de la colonia ve en Garcilaso “una figura solitaria en la literatura de la Colonia. En Garcilaso se dan la mano dos edades, dos culturas. Pero Garcilaso es más inca que español, más quechua que español. Es, también, un caso de excepción. Y en esto residen precisamente su individualidad y su grandeza” (211).

Podrían enumerarse otros ejemplos de cronistas que, de alguna manera, contribuyeron en la construcción de la imagen del indígena o que abogaron en la defensa de los pueblos autóctonos. Quizá, la gran aportación de la crónica es que inició el debate sobre la imagen del indígena. Las crónicas son el primer intento de concebir una imagen del indio. Por supuesto la construcción de esta imagen, por parte de los cronistas, fue una visión idealizada, exótica y basada en intereses particulares: religiosos, políticos. La construcción del indio hizo evidente que existía otro ser difícil de concebir, por ello los cronistas lo explicaban en términos occidentales, salvo las construcciones de Guamán y Garcilaso de la Vega.

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marcado de manera puntual. Los textos de los cronistas, y en general todos los textos de la Colonia que abarquen el tema del indígena, no son propiamente “indigenistas”, en el sentido en que es entendido en la literatura - aunque denuncien la opresión del indígena o busquen su idealización como lo hicieron otras posteriormente-, ya que en opinión del crítico no es el referente el que hace a la novela indigenista, sino su intención representacional de una problemática social. Por lo tanto, a este grupo de textos tanto coloniales como decimonónicos se les debe agrupar bajo el rubro de “indianistas”, es así como deben entenderse novelas como Enriquillo (1882) de Manuel Galván o Cumandá (1879) de Juan León Mera, toda vez que tienen en común una imagen idealizada y ajena sobre el mundo indígena narrado en sus obras.

La literatura indianista ve al indio como un personaje exótico y distante del hombre europeo. Su ignorancia respecto al mundo autóctono de América se tradujo en una desvirtualización del indio, lo cual derivó en la percepción proteccionista de la literatura decimonónica. Después de esto el indio fue considerado un individuo indefenso que necesitaba la ayuda del hombre blanco, sin considerar que la solución del problema de su condición social no sólo proviene de afuera, sino del seno mismo del pensamiento indígena: Esta visión responde fundamentalmente a las descripciones imaginadas que se hicieron en la conquista, y posteriormente al Romanticismo europeo, francés, a través de la influencia de las obras de Chateaubriand […] El indio es transformado y presentado con aspectos europeos como resultado del desconocimiento de la cultura indígena. (Huamán 32)

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cambiar su imagen. El resultado fue la imagen deseada por el grupo blanco: el referente sólo fue el motivo para la representación, pero no el verdadero objeto de estudio.

Desde el siglo XIX la representación del indio será la gran problemática de la novela, sobretodo de la indigenista del siglo XX, ya que por no nacer en el seno mismo del mundo indígena, y por mantener en muchos de los casos la visión citadina, ajena al ambiente rural, cae en una representación motivada por la perspectiva de la esfera occidental, y no propiamente por el mundo indígena que intenta describir. Debido a esto la novela indigenista consiste en la conflictiva distancia entre el autor y el mundo representado, la “heterogeneidad narrativa” como la ha llamado Antonio Cornejo Polar.

Es así que debe entenderse que la verdadera vertiente indigenista se caracteriza por haber surgido en el centro de la problemática relación del estado moderno y sus nuevas concepciones socioeconómicas, entre ellas el capitalismo. La novela indigenista sería una respuesta cultural e intelectual y trataría de representar los cambios socioeconómicos de la sociedad a través de la novela, por lo cual no sería solamente la presentación del indio como un ente exótico y desamparado de la sociedad, sino como un individuo en conflicto con el progreso social.

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Indianismo

Indigenismo

Visión exótica y paternalista sobre el indio. Descripciones imaginadas derivadas de la conquista.

Visión más centrada en la idea del Estado moderno.

El enunciador hace una recreación alejada de la realidad social del indígena, lo concibe con caracteres europeos.

El narrador concibe al indígena en términos más inmediatos a la realidad indígena. Trata de explicarlo en su situación más concreta sin las concepciones europeas.

Conciben al indio no en términos económicos o sociales, sino en sentido moral y ético.

Es una respuesta cultural e intelectual a los problemas socioeconómicos de las sociedades modernas.

Son textos cronísticos y novelas decimonónicas.

Son las novelas y ensayos surgidos entre la década de los 20´s y los 60´s del siglo XX.

2.2. El siglo XIX

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blanco ejerce sobre el nativo. Sin embargo, el hombre blanco a pesar de ser poderoso no deja de ser un ignorante, es a la clase intelectual a la que le corresponde luchar por la causa nacional. La tarea de revalorización y solución social le corresponde al pequeño grupo ilustrado de González Prada y sus compañeros, quienes en su opinión son los únicos verdaderamente educados y libres que pueden eliminar la ignorancia del hombre citadino y corregir la marginación del indio.

Fue en su libro Páginas libres (1894) donde expresó de manera pública su filiación con las causas indígenas, defendiendo incluso la posición social del indígena como el nuevo cimiento de la sociedad moderna.

La obra crítica de González Prada ha sido muchas veces considerada desde su aspecto social o antropológico, aunque además de sus reflexiones fue un excelente escritor, ya que sus defensas del indio se ven teñidas de lirismo y nostalgia, algo inconcebible en un texto antropológico. Ya lo dijo Mariátegui al hablar de él:

El estudio de González Prada pertenece a la crónica y a la crítica de nuestra literatura antes que a la de nuestra política. González Prada fue más literato que político. El hecho de que la trascendencia política de su obra sea mayor que su trascendencia literaria no desmiente ni contraría el hecho anterior y primario, de que esa obra, en sí, más que política es literaria. (231)

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Mariátegui, considera su discurso “panfletario y retórico”. Sin embargo, esto es comprensible si se recuerda que González Prada se educó en la cultura francesa y en la filosofía positivista del siglo XIX y que su crítica siempre fue más europea que hispanoamericana, aunque siempre afiliada a las causas de ésta.

Con sus dos libros se inicia el largo trayecto de valoración del indio, sus propuestas de educación impregnarían a las nuevas generaciones. El mismo Mariátegui (228) lo considera el gran pensador peruano, el símbolo del espíritu nacional, el filósofo moderno. Alrededor de González Prada se comenzó a reunir un grupo de escritores que apoyaban su defensa del indio, entre ellos destacan Clorinda Matto de Turner y Abelardo Gamarra. Esas mismas reflexiones que circulaban en su época sobre el mejoramiento del indio serán las que seguirán en el siglo XX y concluirán en la novela indigenista.

2.2.1. Clorinda Matto de Turner

La verdadera manifestación de defensa que después de tres siglos vendría a denunciar la opresión de los latifundistas y gamonales surgió a finales del siglo XIX en el Perú con la publicación de la novela Aves sin nido (1889) de Clorinda Matto de Turner, quien de acuerdo a Vargas Llosa sería la obra que “inauguró una larga sucesión de libros comprometidos en lo que se trata, desde diversos ángulos, la vida campesina, denunciando las injusticias y reivindicando las costumbres y tradiciones indígenas hasta entonces ignoradas por la cultura oficial” (21).

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civilización, y su visión del indio tiene mucho de la perspectiva europea del “buen salvaje” que necesita ser rescatado por el hombre, es claro que Matto de Turner había sido educada en la cultura francesa y en las corrientes positivistas, de ahí que su interpretación de la presencia indígena tome estos matices.

Su novela está en la línea de transformación de novela indianista a indigenista. Por un lado mantiene la mentalidad paternalista e idealizada del indígena de la novela decimonónica; pero por otro lado, es el primer acercamiento a la concepción del indígena como ciudadano, como ente nacional. Por tener características de ambos tipos de novela es que la crítica se disputa su ubicación en el proceso literario americano: no se resuelve si es indigenista o indianista. En mi opinión creo que es más indianista, porque su recreación está muy alejada de las representaciones de la novela indigenista, no es sólo la situación en la que coloca al indio, sino la forma de construcción narrativa de una imagen indígena la que diferencia ambos tipos de novela. Sin embargo, sí creo que es la primera novela decimonónica que se aproxima a la construcción de una imagen del indígena como presencia nacional en conflicto social, cultural y económico, aunque sin duda le faltan muchas más particularidades para ser propiamente indigenista.

Para Matto de Turner ayudar al indio es más que un acto patriótico o nacional, es una labor filantrópica. Su obra permite advertir que los hombres blancos ayudan al indio porque responden a la caridad y a la benevolencia, por ello son, principalmente, los personajes femeninos los que se toman esta labor humanitaria. A este respecto opina Ana Peluffo:

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ante los cuales las clases más altas debían, según Matto, asumir un rol proteccionista y a-culturador. (Peluffo 104)

El problema del maltrato y explotación del indio es comprendido por Matto de Turner como un problema moral y no tanto socioeconómico, como lo planteará más adelante Mariátegui. Para la autora la reivindicación social del indio debe comenzar con su adopción al seno nacional, entendiendo adopción como concepto ético: debe ser protegido de la vejación y la injusticia.

A pesar de que Matto de Turner fue una de las primeras intelectuales en acoger el problema andino, su visión del indígena es indiferente al mundo representado, incluso su imagen es imprecisa. Los personajes indígenas llegan a sentir y a expresarse como los occidentales, y en muchos casos ni siquiera tienen voz propia, más bien están apartados de la escena y son básicamente manipulados por la voz de la autora. Me parece importante historiar su propuesta porque se encuentra en un momento determinante del contexto nacional, debe ubicarse en un momento de transición social en el que el pueblo peruano buscaba eliminar la vieja barbarie representada por el indio con el fin de entrar en la modernidad. Matto de Turner se enfrentó a esta deshumanización siendo así la primera en considerar al indio dentro del país como un sujeto nacional y no como un lastre para la civilización.

2.3. El indigenismo: Siglo XX

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Arguedas, con respecto a los primeros cuarenta años del siglo. Las reflexiones de Ángel Rama y otros ensayistas en las décadas posteriores también han aportado explicaciones sobre el contacto cultural entre varias entidades, incluidas las sociedades con problemas de convivencia entre la sociedad moderna y la población indígena.

En este momento conviene aclarar las diferentes extensiones del término literario de novela indigenista, pues mucho se ha debatido sobre su concepción. José Carlos Mariátegui es quien ha hecho una división óptima sobre la novela indigenista al considerar que no es indígena por no nacer en el grupo representado.

La novela indigenista es aquella que nace en el seno de la cultura occidental y no en el mundo indígena. Cornejo Polar ha explicado que el referente de la novela indigenista es un individuo ajeno al ambiente social y cultural en el cual se gesta la novela indigenista, de ahí que considere que la gran contradicción de la novela indigenista sea precisamente el tratar de resolver un problema nacional desde una categoría discursiva:

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Vista desde esta perspectiva, la novela indigenista es más que un problema del indígena, un problema del grupo mestizo hispanoamericano que busca su propia reivindicación, la solución a su problemática social, incluido, la posición del indígena. A este respecto, Ángel Rama en su libro Transculturación narrativa en América Latina expone una idea similar a lo apuntado por Cornejo Polar. El crítico uruguayo considera que el discurso mestizo que busca dar vida y solución a los problemas del indio es un fracaso desde el principio de su defensa, pues al buscar la solución de la problemática indígena en realidad están buscando darle voz a sus propias problemáticas: el indígena sólo es el motivo para retomar su vieja inconformidad, pero no la esencia del problema. El indígena, en estos términos, sólo es utilizado en provecho de un discurso.

Esto puede entenderse muy bien si se ve que muchos de los escritores indigenistas en realidad están hablando desde una perspectiva demasiado alejada del mundo representado. En muchos casos, la versión de los narradores sobre la realidad indígena deviene en una cultura imaginada. Comprendiendo cultura imaginada como lo explica Ricardo J. Kalimán: “cultura imaginada, en cambio, es la relación entre una comunidad y los elementos extraños que definen la heterogeneidad, que participan de sus prácticas discursivas pero que se reconocen como ajenos” (95), opuesta a lo que sería cultura vivida como la “relación que se establece entre una comunidad y los factores que conforman sus literaturas homogéneas. En un terreno práctico, es aquello que el miembro de la comunidad siente como propio y que lo es en la medida en que es compartido por todos los miembros de la comunidad.” (94)

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pretexto para retomar problemas propios del grupo mestizo), es que se puede pensar que el nuevo camino que debe tomar el indigenismo literario. Este será, por supuesto, mucho más eficaz en su objetivo representacional será, siguiendo la propuesta de Rodríguez –Luis, el testimonio, para así cobrar nuevo sentido a la luz de la novela:

Emplear el género novela para tratar al indígena es problemático, emplearlo para la denuncia no sólo choca con la sensibilidad estética contemporánea, sino que parece innecesario habida cuenta de que la denuncia resulta más efectiva en el artículo periodístico y, en un plano más cercano al de la novela, en el testimonio. (Rodríguez- Luis 49)

Con el testimonio no se buscará representar una realidad objetiva, como pretendió la novela indigenista, sino en dar voz al grupo oprimido a partir del enfoque testimonial, pues en todos los casos anteriores el escritor indigenista no pasa de ser un espectador del acontecer indígena. El testimonio, por supuesto, se verá combinado con matices ficcionales, pues no dejará de ser una novela, pero será una vía mucho más efectiva para revalorar el discurso indígena. El enfoque testimonial permitirá que la voz del indígena permee el discurso narrativo. Esta nueva estrategia de representación salva al autor y al representado de las idealizaciones y de las visiones inexactas sobre el mundo narrado.

2.3.1 José Carlos Mariátegui y el marxismo

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Como intelectual fue el promotor de uno de las revistas literarias más importantes de su país a principios del siglo XX: Amauta, revista vanguardista con marcadas inclinaciones indigenistas. En dicha revista se buscaba revalorar la cultura indígena y expresar, por medio de la literatura y la pintura, un viejo legado que había sido relegado por la élite literaria. No sería, sin embargo, hasta la aparición de su más controvertido libro titulado Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), cuando se consolidaría su enorme valor en el pensamiento intelectual peruano.

Dicho libro profundiza sobre la problemática de la realidad peruana desde un punto clave: el marxismo. La concepción marxista del pensamiento de Mariátegui impregna toda sus reflexiones sobre los problemas peruanos, con especial énfasis en el “problema del indio” que, en su opinión, no es un problema racial o cultural, sino económico. Así se reduce la marginalidad: a la injusta repartición de la tierra.

El pensamiento de Mariátegui representó un momento crucial en el ámbito intelectual peruano e hispanoamericano al fundir una concepción ideológica concreta, política y, sobretodo, crítica con el problema de identidad y nacionalidad que circulaba en Hispanoamérica, es decir, su concepción marxista revitalizó la visión socioeconómica que se tenía de la sociedad peruana. De ahí su gran impacto en el escenario intelectual. Al fusionar el marxismo con las reflexiones sobre los Andes y sus habitantes Mariátegui conformó una nueva forma de entender los problemas sociales, pero más que nada los problemas indígenas. Es por eso comprensible que José Antonio Matesanz considere que el marxismo de Mariátegui es “un marxismo indígena” (Matesanz 163).

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virtudes: ser “laborioso, disciplinado, panteísta y sencillo”. El imperio español destruyó todo lo que conformaba su forma de vida, su organización económica y social al expulsarlo de su tierra. Es así, que Mariátegui ve en el problema del indio el problema agrario. El indígena es el más afectado y su alejamiento es una marginación económica:

Los conquistadores españoles destruyeron, sin poder naturalmente remplazarla, esta formidable máquina de producción. La sociedad indígena, la economía incaica, se descompusieron y anonadaron completamente al golpe de la Conquista. Todos los vínculos de su unidad, la nación se disolvió en comunidades dispersas. El trabajo del indígena cesó de funcionar de un modo solidario y orgánico (16-17) El viejo comunismo indígena es destruido y deviene en un pobre vasallaje, lo que era una admirable administración económica finaliza subordinada a la economía semifeudal de la Colonia. Es así como inicia el deterioro social del indígena, como deviene de dueño de la tierra a ser simple esclavo de las ambiciones españolas.

Esta interpretación de la realidad indígena es más que una explicación del origen y la posible solución del problema del indio. Es una revalorización del indio como un ser social. La defensa de Mariátegui va más allá de la posición nacional del indígena; abarca también concepciones humanitarias, pues nos presenta a un indio virtuoso y no al paria que siempre fue considerado durante la Colonia. No es exagerado entonces decir que Mariátegui fue un defensor del indio en todos los aspectos. Su defensa transciende los límites del antropólogo objetivo que busca conocer al otro, al indio. Mariátegui es un intelectual comprometido con sus ideas. Ya en su Advertencia al lector leemos:

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Esta sincera declaración de ideales y ambiciones demuestra, una vez más, el compromiso que tenía con su país, pero sobretodo, la fuerza de sus convicciones ideológicas, y si defendía con tanto ahínco al indígena es porque consideraba que reubicarlo en el ámbito social sería resolver gran parte del problema nacional.

Otra de las grandes aportaciones de Mariátegui son, me parece, sus reflexiones sobre “El proceso literario” como él lo llama. Sus ideales políticos y económicos vienen a ser una vez más el modelador de sus reflexiones literarias, él mismo declaró:

Para una interpretación profunda, la mera erudición literaria no es suficiente. Sirven más la sensibilidad política y la clarividencia histórica. El crítico profesional considera la literatura en sí misma. No percibe sus relaciones con la política, la economía, la vida en su totalidad (221).

Esta concepción del estudio literario está motivada por su visión marxista del arte, ya que todo marxista ve en la literatura una posibilidad para entender el desarrollo social de un pueblo. Sin embargo, me parece una apreciación certera que luego repercutirá también en los novelistas indigenistas, quienes con Mariátegui veían a la literatura no como un espacio de idealización e imaginación de la realidad, sino como una forma de repensar, revalorar y de entender la realidad humana.

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“La nueva peruanidad es una cosa por crear. Su cimiento histórico tiene que ser indígena” (227).

El segundo es su división de las tres concepciones literarias que han existido en América: el periodo colonial, el periodo cosmopolita y el periodo nacional. Es a esta última a la que le corresponde partir de un presente inmediato, de una situación social presente, el mundo indígena, y no de una vieja tradicional española. Toda buena literatura nacional, afirmará más adelante, tiene sus cimientos firmes en el presente, y ese presente debe ser al mismo tiempo político, social, cultural y económico para ser netamente nacional.

El tercero es su reflexión sobre la novela indigenista. Para Mariátegui la “novela indigenista” es la concepción novelística, con apreciación occidentalizada, del mundo indígena, una mirada ajena al propio espacio donde nace y vive el indio, es enfático cuando afirma que la literatura por parte del indio vendrá después. Lo interesante de esta reflexión es que inicia la discusión sobre un asunto que luego será crucial para entender el movimiento: la representación manipulada, a veces desconocida, del espacio indígena:

La literatura indigenista no puede darnos una versión rigurosamente verista del indio. Tiene que idealizarlo y estilizarlo. Por eso se llama indigenista y no indígena. Una literatura indígena, si debe venir, vendrá a su tiempo. (306)

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se demuestra que el movimiento no está desconectado de los demás ámbitos sociales y para Mariátegui ese es un gran atributo.

La novela indigenista como movimiento literario tampoco debe entenderse, dice, como la única manifestación artística del país, al contrario, debe ser comprendida en el círculo de las otras manifestaciones:

El desarrollo de la corriente indigenista no amenaza ni paraliza el de otros elementos vitales de nuestra literatura. El “indigenismo” no aspira indudablemente a acaparar la escena literaria. No excluye ni estorba a otros impulsos y otras manifestaciones. Pero representa el color y la tendencia más característicos de una época por su afinidad y coherencia con la orientación espiritual de las nuevas generaciones, condicionada, a su vez, por imperiosas necesidades de nuestro desarrollo económico y social. (306)

Esta cita me parece que aclara el punto de vista que tenía Mariátegui sobre el movimiento indigenista, al mismo tiempo que expresa su visión de lo que considera el espíritu de las nuevas generaciones; aunque hoy no es el mismo debe valorársele que lo haya apreciado en su momento, cuando el marxismo era una fuente de crítica y estimulación de las creaciones artísticas.

2.3.2. El proceso literario indigenista: una realidad representada

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estas novelas es una representación literaria de esa realidad. Es así, que para poder comprender el verdadero propósito del movimiento literario indigenista debe aclararse la posición del escritor respecto al mundo representado.

La novela indigenista ha sido considerada durante mucho tiempo un movimiento estético que se interesa mucho más por su temática que por su forma, dejando de lado los recursos estéticos de las novelas, razón por la cual la mayoría de los estudios que se han hecho sobre este grupo novelístico sean, básicamente, temáticos.

Resulta preponderante que la literatura hispanoamericana del siglo XX se haya caracterizado por las concepciones de cambio que atañen a los procesos estéticos relacionados con las propuestas del realismo en sus diversas facetas. El realismo es una tendencia importante en la narrativa hispanoamericana, corriente que responde, me parece, a una problemática importante de las sociedades hispanoamericanas: su interés por mostrar una conciencia respecto a la situación actual del sujeto americano. En este punto la literatura jugó un papel protagónico, lo interesante es que el interés por mostrar una realidad directa no es nuevo, ni su manifestación tampoco.

Desde la Colonia el ámbito intelectual ha mostrado cierta insatisfacción por las circunstancias negativas que producen los regímenes autoritarios y opresores que han gobernado en Hispanoamérica. Denuncia que siempre fue acallada por la fuerza enviando a sus integrantes al exilio, y desintegrando los grupos emancipadores. Es, a pesar de ello, una constante que jamás ha sido silenciada por completo.

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La literatura cumplió funciones similares a la sociología al convertirse en el principal medio de crítica de la realidad, y lo llegó a hacer en tal grado que hoy es imposible conocer la situación real de diferentes países de América si no se acude a ensayistas como José Martí, González Prada, Mariátegui, José Vasconcelos, José Enrique Rodó, Faustino Sarmiento, entre otros, en el ensayo; además, claro, de aquellos que se dedicaron a la crítica con la poesía, la novela y el teatro.

El pensamiento intelectual trajo de nueva cuenta la cuestión indígena al campo de debate, fueron los intelectuales los que revaloraron el problema del indio que había sido olvidado por las clases dirigentes. La literatura se convirtió en un escenario importante para la crítica indigenista, incluso para la crítica social y política. El proyecto literario indigenista conjugó la visión antropológica, social y política del problema al grado de darle una nueva dimensión crítica: el problema del indio era un problema nacional.

Esta situación resulta ilustrativa cuando se estudia un caso concreto como el de la novela indigenista, movimiento literario que puede ubicarse dentro del marco de pugna y manifestación política de la literatura, su ejemplo resulta paradigmático si se le considera proyecto sociológico y político que busca la reivindicación social y económica del indígena. La gran aportación de la novela indigenista es que fue la primera en denunciar la explotación y marginación socioeconómica en que vivían los grupos indígenas dentro del marco del estado moderno, y su gran problemática es respecto a los recursos que utilizó para representar una realidad partiendo de puntos de vista ajenos al mundo indígena.

2.3.3. Arguedas y el indigenismo en el Perú

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rumbo no sólo de la novela indigenista, sino de las reflexiones en torno al indígena, pues no sólo se afilió a la causa india en la literatura, también en el orden político y cultural, y llegó a ser tan primordial que hoy el indigenismo peruano tiene su cumbre en él.

La literatura peruana tiene una fuerte filiación con los asuntos indigenistas probablemente porque una gran parte de su población es de raza indígena. El propio Arguedas vivió dentro del seno quechua, su primera lengua fue la quechua, su verdadera lengua materna, ya que el español lo aprendió cuando era un niño mayor. Sus primeras concepciones de mundo, se puede decir entonces, son las que pertenecen al grupo indígena. De ahí que toda su vida de intelectual se dedicara a la reflexión y defensa del gran legado que se le había transmitido. La obra de Arguedas no puede entenderse en su plenitud si no se le concibe con su antecedente quechua, eso marcó su labor.

Arguedas es el único de los escritores indigenista peruanos que miró el mundo indígena desde adentro, con ojos de quechua, por eso su obra logra transmitir con mayor precisión ese mundo indio, algo que no lograron hacer los otros novelistas indigenistas: Icaza, Alcides Arguedas, Alegría y otros que no cumplieron su prometido de representación verosímil del mundo indígena precisamente en lo que Arguedas hacía mejor: presentó la vivacidad que sólo un indio puede sentir y percibir de su propio ambiente.

Precisamente por ser ese punto medio entre el mundo quechua y el occidental la obra de Arguedas se presenta como un discurso heterogéneo entre ambos mundos. Cornejo Polar al referirse a la heterogeneidad de la obra arguediana dice:

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No es en la forma novelesca donde reside la singularidad de Arguedas, pues sus novelas carecen de las técnicas novelísticas que circulaban en la época. Es en el mundo representado donde radica la particularidad de su obra, es en la fusión de misticismo y oralidad quechua, en el sentir y percibir la vida. La voz de los personajes busca ser la voz del indio, su discurso es mucho más indígena que occidental a pesar de estar en castellano. La mayor contribución de Arguedas a la cuestión indígena es haber retomado la más vieja raigambre andina y haberla expresado desde una perspectiva que sólo un miembro del grupo nativo podía dar. Bien ha dicho Cornejo Polar cuando habla de sus novelas: son formatos que median entre la canción, la antigua canción que hacía danzar a los zorros andinos, y la novela occidental; es el mundo oral que atraviesa la obra de Arguedas, piénsese solamente en Los ríos profundos y sus semejanzas con el discurso oral. En esta novela, precisamente, el discurso está modelado no sólo por la sintaxis del español, sino por la forma oral del quechua que se trasluce detrás de cada diálogo del joven Ernesto. A esta forma y al sujeto que lo transmite es al que Cornejo Polar llama plurales, pues conviven en ambos diversas realidades y concepciones de mundo.

El mismo Arguedas manifestó que se sentía ajeno a las grandes innovaciones novelescas de su siglo, se reconocía como un autor de pocas lecturas y de menos experiencias literarias. Declaración que debe tomarse, creo, sólo a medias, pues aunque la obra de Arguedas no siga la línea del proceso creativo novelesco de América es una obra de profundísimas cargas indígenas, que no es decir poco. Vargas Llosa dice al respecto que la sensibilidad y la intuición suplen esa falta de técnica.

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encuentran las obras que van desde “Agua” hasta Los ríos profundos. El segundo aunque sigue llamándose indigenismo no es una filiación con el indigenismo tradicional, sino una ruptura con éste, pues ahora se persiguen nuevas geografías, un lenguaje más adecuado para la expresión indígena, en este momento se encuentra Todas las sangres; y por último el momento que se encuentra fuera del rubro del indigenismo sin ser tampoco Neoindigenista, en este momento se revelan diversas pluralidades culturas y lingüísticas, intertextualidad y oralidad entre el pasado y el presente, El zorro de arriba y el zorro de abajo es la obra que caracteriza esta etapa.

Aunque Huamán no llega a concluir en qué etapa se encuentra la obra posterior de Arguedas reconoce que lo importante de estos momentos de creación es su incesante búsqueda y revolución del carácter literario de sus novelas, cuyo objetivo –según el mismo autor- es dotar de un carácter universal al mundo andino.

3. El Neoindigenismo

En su tesis doctoral titulada La narrativa indigenista peruana, Tomás G. Escajadillo propuso estudiar los textos indigenistas desde distintos ángulos críticos, pues en opinión del especialista existen tres tipos de textos sobre el indígena: el indianismo, el indigenismo ortodoxo y el Neoindigenismo.

Conviene enumerar los tres rasgos principales que marca Escajadillo para el indigenismo ortodoxo, y de esta manera poder distinguirlo con más claridad del Neoindigenismo.

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1.- Un sentimiento de reivindicación social del indio que en las novelas indianistas no se había considerado, pues éstas seguían viendo al indio como un ser exótico incapaz de ser considerado igual a los demás seres de la sociedad.

2.- Una ruptura con el pasado romántico que presentaba al indio como un ser idealizado, acartonado e inmóvil.

3.- En el indigenismo se da una “suficiente proximidad” entre el mundo del indio y los Andes, es decir, hay un mayor acercamiento entre el mundo tratado y la perspectiva del autor. El indianismo concebía al indio como un ser ajeno, y por lo tanto, siempre mantuvo una imagen distante y borrosa de la verdadera vida indígena, con el indigenismo el indio se volvió, en palabras del crítico, un ser “de carne y hueso”. (Escajadillo 51)

Retomando estos factores y complementándose con nuevas técnicas, las obras del tipo de las de Manuel Scorza -a las que se hace referencia más adelante- se integrarían en la tercera división. Aunque siguen teniendo al indígena como motor de sus narraciones ahora lo hace desde una concepción renovada de la propia tradición indigenista. Las nuevas características de su estética y particularmente del neoindigenismo se definen de la siguiente manera:

1.- El empleo de la perspectiva del realismo mágico, que permite revelar las dimensiones míticas del universo indígena sin aislarlas de la realidad, con lo que obtiene imágenes más profundas y certeras de ese universo.

2.- La intensificación del lirismo como categoría integrada al relato.

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4.- El crecimiento del espacio de la representación narrativa en consonancia con las transformaciones reales de la problemática indígena, cada vez menos independiente de lo que sucede a la sociedad nacional como conjunto. (Cornejo Polar 547)

Es sobre todo en la última característica donde el Neoindigenismo difiere del indigenismo ortodoxo. Las nuevas narrativas indigenistas se caracterizan por integrar los problemas indígenas en el acontecer de toda la nación. Ubicar al indio en su contexto nacional produjo una transformación vital en el propio género de la novela indigenista. El indigenismo ortodoxo falló al ver al indio sólo en su espacio (regional, laboral, etc.), pues era necesario una visión más abierta sobre toda las dificultades que la vida indígena padecía. Con un enfoque cerrado el indio no era expresado como un problema social de la propia nación, era necesario considerarlo parte de ella para poder liberarlo de la explotación. Esta labor la realizó el neoindigenismo.

Aparte de las características antes dadas, hay quien además considera que existen otras particularidades del neoindigenismo, que vistas a profundidad son muy válidas. Esta nueva característica es propuesta por Teresa Smotherman, quien ve a la filosofía de la liberación como una postura ideológica expresada en las novelas. Las nuevas narrativas neoindigenistas ya no se conforman con mostrar al indígena, sino que al denunciar las injusticias anuncian la posibilidad de que el indígena reconozca su humanidad e igualdad social y que esto le permita recuperar su antigua condición, es decir, dejar de ser un marginado:

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liberación a partir de 1968 ha proporcionado a la nueva novela indigenista (la autora llama nueva novela indigenista a la neoindigenista) un sistema de pensamiento en torno a la situación de marginación que no puede más que aumentar la expresión novelística de la cuestión. (Smotherman 157)

La pentalogía de Scorza es, quizá, la mejor expresión de esta peculiaridad. En todas las novelas se revela una conciencia indígena que explora su mundo interior y redescubre los derechos y valores de su propia raza, es decir, reconocen su humanidad y por ello la lucha es vista como una necesidad. El indígena deja su estado de ser acrítico y se fortalece con su nuevo conocimiento. La educación parece ser en muchos casos la que despierta esta conciencia.

Manuel Scorza es uno de los más importantes exponentes del neoindigenismo, no sólo porque en su obra se aglomeran todas las características que Escajadillo y otros críticos le han atribuido a esta nueva forma de novela indigenista, sino también porque logró fusionar la temática indigenista con nuevas estrategias literarias. En Scorza se conjugan técnica y temática, y no únicamente temática como sucedió con muchas de las primeras novelas de esta corriente.

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II. La obra de Manuel Scorza y el neoindigenismo

1. El contexto de “La guerra silenciosa”

Los años cuarentas son un período importante para la novela hispanoamericana. Se caracteriza, entre otras cosas, por el interés de varios autores que han abierto la posibilidad de situar a la narrativa hispanoamericana en un plano universal. Entre dichas aspiraciones se encuentra la toma de conciencia representada por la novela indigenista, la cual plantea la problemática del indio en su contexto americano. La finalidad de estos escritores es reivindicar la posición del indígena en la sociedad hispanoamericana. Dicho posicionamiento sólo puede darse con una agresiva denuncia de la injusticia, la ignorancia y la marginación en que se tiene a los grupos indígenas del continente.

El estudio de la novela indigenista, que retoma con mayor fuerza la temática del indio, ha ido avanzando. En la actualidad existen muchos trabajos sobre el grupo de escritores que conforman este movimiento. Sin embargo, el estudio sobre la novelística de Scorza, que también puede integrarse a este grupo, ha sido postergado por la crítica hispanoamericana y resulta un tanto escasa la bibliografía al respecto.

El ciclo novelístico en el que se han incluido todas las novelas de Scorza (1928-1983)1 es llamado La guerra silenciosa, el cual gira en torno a la misma temática: la rebelión comunera.

Las novelas ponen de manifiesto que dicho movimiento armado es sofocado y relegado por las autoridades de la región, quienes maltrataban y abusaban de los indios. Las novelas pretenden ilustrar el padecimiento de Perú en los años sesenta del siglo XX, época

1 Escritor, poeta y periodista peruano que intercaló sus actividades literarias con la política. Fue miembro

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en la que tiene lugar la rebelión comunera, así como mostrar la opresión que las autoridades y los caciques ejercen sobre los nativos. Las novelas son una denuncia de la situación andina.

En las novelas de Scorza podemos descubrir cómo aparece la temática del indio que ha prevalecido en la novelística hispanoamericana, pero matizada con una serie de innovaciones artísticas. Entre las innovaciones realizadas por la obra scorziana se encuentran algunas provenientes de las estrategias utilizadas por la nueva novela hispanoamericana. Entre éstas destacan las modificaciones a las perspectivas del narrador, el uso del tiempo y el espacio, la nueva conformación del personaje, la voz narrativa, entre otras. Estas experimentaciones corresponden a las preocupaciones estéticas que definen la novela contemporánea desde mediados del siglo XX no sólo en Hispanoamérica, sino en el mundo.

2. La rebelión comunera: una propuesta temática

Durante la década de los setenta del siglo pasado Manuel Scorza se integró a la larga lista de escritores de tendencia indigenista, al adentrarse en el mundo del indio peruano a través de su ciclo novelístico; cuyo tema principal es la denuncia de la rebelión comunera que se lleva a cabo en los Andes centrales del Perú contemporáneo.

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Las cinco novelas tienen como escenario los Andes centrales de Perú, más específicamente la zona del Departamento de Cerro de Pasco, Junín y el valle de Mantaro. Las ciudades de Pasco, Rancas, Yanahuanca y Yanacocha son las principales áreas geográficas donde se desarrolla la acción.

En estas novelas se relatan eventos referidos a la sangrienta lucha que padecieron los indígenas peruanos en las cordilleras andinas en los años sesenta del siglo XX. Más que textos de fantasía e invención, las novelas son el testimonio de los acontecimientos violentos que vivieron muchas comunidades indias. El ciclo constituye la confrontación entre la historia oficial y la historia de los seres marginados, la historia de los vencidos. Scorza re-escribe la historia peruana desde una perspectiva nueva: como protagonista de la lucha y como vocero del movimiento comunero.

Como protagonista Scorza participa de dos maneras con el Movimiento Comunero: primero al integrarse al Partido Comunista Peruano y segundo al combatir junto a los indígenas en los levantamiento de 1962, por ello las novelas son el testimonio vivencial del autor. Como vocero del movimiento Scorza redactó panfletos y artículos periodísticos donde difundía las noticias de la lucha, pero fueron, sin duda, sus novelas las que mejor dieron voz a los indígenas y las que expresaron con mayor fidelidad los motivos de la rebelión. En una entrevista con Manuel Osorio el autor del ciclo explica los pormenores de su obra, resaltando que sus novelas no son historias de fantasía, sino crudos relatos de la vida real:

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olvido. Porque el “planeta indio” se va de la historia sin haber dicho una palabra. Nosotros hubiéramos querido tener testigos. (56-57)

Un asunto importante que se refleja en las novelas es la valorización de las luchas campesinas, todas ellas parten de una revolución campesina, el proceso revolucionario es el detonante de todas las acciones. Los Andes peruanos reviven sus luchas en la obra de Scorza. El tiempo estancado y relegado en que se desenvolvieron las rebeliones es reproducido de forma escrita, y, los miles de muertos y las iniquidades que los hechos bélicos ocasionaron en la vida indígena son, al fin, revividos en las novelas de “La guerra silenciosa”. El eje temático de la obra parte de un referente histórico real, el cual se expresa en las novelas desde diversos matices estéticos.

3. La historia no oficial en la obra de Scorza

Como muchas de las novelas indigenistas, la obra de Scorza asume la tarea de contar la historia de una población indígena, que por lo general, ha sido marginada. Uno de los grandes atributos de su pentalogía es haber funcionado como textos históricos. Fueron los primeros documentos que relataron la vida campesina que había sido olvidada por la historia peruana oficial, cuya perspectiva centralista hacía imposible que la otra historia peruana –la marginal- saliera a la luz. En este sentido, manifiesta ciertos ecos de las crónicas de conquista.

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considerada, al mismo tiempo: un texto literario, un texto histórico, un texto documental y social.

Las novelas de Scorza relatan la historia que ha sido silenciada por el poder oficial. Por ello muchos críticos las estudian como textos de tipo histórico y cronístico. Así las analiza Consuelo Hernández la cual lo explica de la siguiente manera:

Crónicas ficcionales, que abandonan los esquemas de la historia oficial y sistemáticamente rechazan de manera implícita los postulados del pensamiento histórico, para hacer una historia distinta de la que se nos ha contado. (156)

Mediante una narrativa cuyo núcleo se funda en una doctrina netamente social y humanitaria, se problematiza la versión oficial de la historia peruana. La obra de Scorza se debatió contra la historiografía gubernamental, y resultó ser un detonante de movimientos sociales y políticos, al grado de que la lectura de sus obras fue capaz de modificar la visión que se tenía-en el centro-de la organización económica y social de las entidades indígenas. Dejaron de ser degradados y adquirieron valor nacional.

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Resulta sugerente poder estudiar la obra de Scorza como una nueva forma de la novela histórica, asunto que no detallaré en este trabajo, pero que quiero dejar anotado para posibles disertaciones que desean partir de este punto.

Volviendo al caso específico de mi análisis, resulta interesante identificar la posición de Scorza como sujeto intelectual, pues se sabe que es un escritor-cronista urbano, su nacimiento, su medio de desarrollo y su horizonte cultural se encuentran en la ciudad. Con la escritura de Scorza, merece recordarse, sucede lo que Cornejo Polar reconoce como heterogeneidad narrativa: es la escritura de un autor urbano, ajeno al mundo indígena representado en la obra, y por lo tanto su visión del mundo siempre estará subordinada, se quiera o no, a ciertos códigos del mundo occidental. Por lo tanto, la práctica de escribir sobre un mundo ajeno al materno, pese a que la madre del autor hablaba una lengua nativa y que de niño, y posteriormente de adulto, convivió con el mundo indígena, siempre será una representación sesgada e incompleta, sin que se entienda con esto erróneo o inverosímil. La narrativa de Scorza cede la voz a los sujetos subalternos y pone la escritura al servicio del indígena con una forma de discurso testimonial que se explicará más adelante.

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del texto” (Amar 454), precisamente porque sus preámbulos constituyen y reiteran la ideología, e incluso, el propósito de la obra en cuestión.

La Noticia de Redoble por Rancas, su primera novela, es de suma importancia porque revela la finalidad de su obra, y de su Ciclo novelístico también, al poner en relieve la nueva interpretación de la historia de los marginados:

Este libro es la crónica exasperadamente real de una lucha solitaria: la que en los Andes Centrales libraron, entre 1950 y 1962, los hombres de algunas aldeas sólo visibles en las cartas militares de los destacamentos que las arrasaron.

[…] Más que un novelista, el autor es un testigo”.

[…]Los excesos de este libro son desvaídas descripciones de la realidad. (11) Su Ciclo trata, entonces, de la historia real de un pueblo indígena. Parte de un espacio real, de una situación bélica y de una etapa histórica real de su país. Sus novelas son, al mismo tiempo, textos de historia y textos ficcionales. Los referentes de sus novelas son comprobables y verosímiles, para prueba se encuentran los pocos documentos que periodizaron el movimiento comunero, como son periódicos y diarios peruanos de la década de los setentas. Marta L. Nesta en su tesis doctoral sobre Scorza asegura que el orden cronístico en que ocurren los hechos en las novelas coincide con el orden en que sucedieron los eventos reales, al grado de que es posible rastrear los sucesos de las novelas en los documentos oficiales para corroborar que Scorza narró la historia indígena ateniéndose casi de manera fiel a la realidad.

La segunda Noticia se encuentra en Garabombo, el invisible donde una vez más el autor reitera su posición y su filiación al grupo rebelde:

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