La ciencia sublime : historia cultural de la divulgación de la astronomía en Colombia, siglo XIX inicios del XX

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LA CIENCIA SUBLIME: HISTORIA CULTURAL DE LA DIVULGACIÓN DE LA ASTRONOMÍA EN COLOMBIA, SIGLO XIX INICIOS DEL XX.

JUAN SEBASTIAN RUIZ REYES

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

DEPARTAMENTO DE HISTOTIA

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LA CIENCIA SUBLIME: HISTORIA CULTURAL DE LA DIVULGACIÓN DE LA ASTRONOMÍA EN COLOMBIA, SIGLO XIX INICIOS DEL XX.

JUAN SEBASTIAN RUIZ REYES

PONTIFICA UNIVERSIDAD JAVERINA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

DEPARTAMENTO DE HISTORIA

TRABAJO DE GRADO PARA OPTAR PARA EL TITULO DE HISTORIADOR

DIRIGIDO POR: STEFAN POHL VALERO DOCTOR EN HISTORIA DE LAS CIENCIAS UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA

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DEDICATORIA

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AGRADECIMEINTOS

A la primera persona que quiero agradecer la realización de este trabajo es al profesor Stefan Pohl, puesto que gracias a todas sus sugerencias y acertados comentarios hicieron que esta tesis tomara forma, y por incentivar en mi el estudio hacia la historia de la ciencia. También quiero agradecer de manera especial a mis compañeros de la carrera de Historia Adriana Peña y Wilson Rivera que siempre estuvieron pendientes en el transcurso de esta investigación aportando ideas y acompañándome en ella.

 

Por último también agradezco a las instituciones que me permitieron investigar para hacer esta tesis como La Sociedad Colombiana de Ingenieros, La Biblioteca Nacional, La Biblioteca Luis Ángel Arango y la sala de libros valiosos de la Pontificia Universidad Javeriana.

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TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCION  6 

1.  DIVULGACION DE LAS CIENCIAS: PANORAMA GENERAL  16 

1.1.  PANORAMA GENERAL  16 

1.2 PRINCIPALES Y TRABAJOS Y DIVULGADORES  25 

1.3 LOS DIVULGADORES PROFESIONALES  29 

1.4. EL CONTEXTO DE AMÉRICA LATINA  35 

2. EL OBSERVATORIO, LAS INSTITUCIONES Y LA DIVULGACIÓN DE LA

ASTRONOMÍA EN EL SIGLO XIX  39 

2.1 MARCO GENERAL  39 

2.2 EL OBSERVATORIO, LA CIRCULACIÓN Y LA COMUNICACIÓN DE LA

ASTRONOMÍA  40 

2.3 LA SOCIEDAD COLOMBIANA DE INGENIEROS  51 

2.4 LA OFICINA DE LONGITUDES  59 

3.  LA ASTRONOMÍA COMO ARTEFACTO CULTURAL (1880-1920).  62  3.1 JOSÉ MARIA GONZÁLEZ BENITO Y EL OBSERVATORIO FLAMMARION.  62  3.2 LA ASTRONOMÍA Y LOS VALORES CULTURALES  66 

3.3 ASTRONOMÍA POPULAR  74 

CONCLUSIONES  78 

FUENTES PRIMARIAS  81 

BIBLIOGRAFIA  82 

 

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INTRODUCCION

 

La astronomía en Colombia para el período que se extiende desde el siglo XIX hasta inicios del XX se halló inmersa dentro de un esfuerzo por incorporarse a la comunidad científica internacional1, a la vez que hizo un gran esfuerzo divulgativo para presentar esta ciencia como una herramienta que desde el punto vista práctico era de vital importancia para el progreso y la industrialización de Colombia.

En cuanto a la divulgación científica, para la segunda mitad del siglo XIX, esta actividad se intensificó considerablemente en todo el mundo, puesto que se vió en el avance científico un elemento fundamental para el progreso material de las naciones en el marco de la industrialización y el sistema capitalista. Esto se vio reflejado en la realización de las grandes Exposiciones Universales, y de exposiciones nacionales, incluso en países con incipientes procesos de industrialización como Colombia.2 La divulgación científica tenía como premisa fundamental la idea de la aplicación de las ciencias a las artes industriales. Por ejemplo en Estados Unidos, distintos personajes consagrados a la ciencia, se dedicaron a la difusión de conocimientos científicos con el ánimo de contribuir al desarrollo de la economía industrial emergente. Adicionalmente, la divulgación se puede considerar como un elemento en el que se creaban unas “retóricas de popularización” que se basaban esencialmente en cuestiones que tenían la finalidad de convencer a las audiencias de que la ciencia era útil, práctica, popular, divertida y recreativa, y a través de la cual, se transmitían unos valores determinados.3 En el caso colombiano y también el de muchos países de América Latina, los principales divulgadores eran hombres asociados a la ciencia por su práctica profesional, en nuestro caso fueron los médicos y los ingenieros quienes se

       

1 Para profundizar en este tema véase: Quintero, Camilo, La Astronomía en Colombia, 1867-1949 (Bogotá:

CESO Universidad de los Andes, 2002). Y, Quintero, Camilo, “Bajando las estrellas a la tierra: la astronomía colombiana entre lo global y lo local, 1868-1920,” Saber y Tiempo 5, no. 19 (2005): 51-71

2

 MARTÍNEZ, Frederick. (2000), ''¿Cómo representar a Colombia? De las exposiciones universales a la exposición del centenario, 1851-1910'', en (ed.), Museo, memoria y Nación. Memorias del Simposio internacional y IV cátedra anual de historia Ernesto Restrepo Tirado. Bogotá: Ministerio de Cultura, pp. 315-333. 

3 J. Bowler e Morus. Iwan Rhys (2007). Panorama general de la ciencia moderna, Ed. Crítica, Barcelona,

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encargaron principalmente de ello, ya que sus profesiones eran las más prestigiosas y practicadas de la época (dentro la ingeniería se encontraba la práctica de la astronomía). En la gran mayoría de los casos, estos divulgadores habían estudiado en los países europeos e intentaban reproducir modelos externos. En muchas ocasiones, redes de comunicación científica trasatlántica, fueron los instrumentos de transferencia de saberes científicos. Por ejemplo, en este trabajo vamos a ver como el intercambio epistolar entre José María González B. (1843-1903) director del Observatorio Astronómico y de Camille Flammarion (1842-1925), uno de los más eminentes divulgadores de la ciencia en Francia, sirvió para que se diera una transferencia de saberes de manera mutua y constante, mediante el envío de prensa y bibliografía referentes a temas científicos de la época.

Con respecto al estado de la astronomía, se puede decir que en el siglo XIX no era vista como una ciencia exacta tal y como la concebimos en nuestros días. En el contexto occidental –en especial en Francia- la astronomía era asimilada como una ciencia popular, en el sentido de que era un conocimiento para a un público no especializado y se desarrollaba en muchos ámbitos de forma independiente a la academia por un círculo de principiantes, y se usaba esencialmente para fines prácticos como la ubicación de puntos geográficas y para la observación de cuerpos celestes. La astronomía, fue desarrollada específicamente por autoridades científicas como Raspail, Flammarion, Meunier, etc., quienes a pesar de trabajarla dentro del ámbito institucional, también se encargaron de constituir unos espacios de popularización en el que esta ciencia pudiera ser divulgada.4

En Colombia se puede decir que desde comienzos del siglo XIX, José Celestino Mutis (1732-1808) –bajo la autorización del virrey- dio inicio a la construcción del Observatorio Astronómico Nacional en el solar de la Casa de la Botánica, sede de lo que se conoció como la Expedición Botánica. Desde ese momento, se le prestó más atención a los estudios astronómicos y a su divulgación. Así, aparecieron periódicos como el Semanario de la Nueva Granada, en el que se publicaron trabajos de Francisco José de Caldas referentes a Observaciones de eclipses y tablas de efemérides. Además, a lo largo del siglo XIX

       

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aparecieron calendarios, almanaques, periódicos, revistas, poemas, conferencias públicas e iniciativas de enseñar la astronomía en las escuelas primarias en donde se le dio importancia al desarrollo de la ciencia astronómica. Tal vez, los trabajos más destacables son los que publicó Andrés Posada Arango en el periódico La Caridad de Bogotá después de la mitad del siglo XIX acerca de astronomía popular, los que se encuentran en el Papel Periódico Ilustrado a finales del mismo siglo, y los de El Gráfico de Bogotá en los inicios del siglo XX. Lo relevante de todos estos medios y trabajos de divulgación, es que no sólo se interesaron por presentar los conocimientos astronómicos de manera desinteresada, sino que tras de sí traían toda una serie de discursos que pretendían ejercer un control social e inculcar unos valores determinados a la sociedad. De manera simultánea, a lo largo del siglo XIX se gestó una élite intelectual en Colombia en torno a las ciencias, entre estas la astronomía, que se proclamó como la portadora y hacedora de los conocimientos, y desde esta instancia quiso inculcar unos valores morales y de identidad nacional alrededor de sus principales figuras y a partir de la creación de instituciones.

Para el año de 1880, José María González Benito fue nombrado director del Observatorio Astronómico, año en el que se dio comienzo a la tarea de trabajar arduamente en el desarrollo teórico de la astronomía en Colombia de la mano de varios centros internacionales y del observatorio privado de González Benito que llevaba el nombre de Flammarion, en honor al astrónomo francés Camille Flammarion, uno de los principales divulgadores de la ciencia a finales del siglo XIX y, con quien tuvo una gran amistad y correspondencia durante largo tiempo. En terminos generales, durante la dirección de González Benito, se le apostó a un reconocimiento internacional de nuestra astronomía, propósito que se logró, ya que muchos de los trabajos realizados en Colombia fueron publicados en L´Astronomie5, órgano de la Sociedad Astronómica de Francia y medio de la divulgación científica de la época. Además, reconocidas figuras nacionales –además de

       

5L’Astronomie se convirtió en el órgano de la Sociedad Astronómica de Francia y sigue publicándose en la

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González Benito- como Julio Garavito (1865-1920), el general Rafael Reyes (1849-1927) y el doctor Luis Zea Uribe (1872-1934), hicieron parte de aquella sociedad.

Hay que decir que para la mitad del siglo XIX, Colombia era un país en donde había un bajo índice de exportaciones e importaciones, de la misma manera que era un país en el que alrededor de sus tres cuartas partes de su territorio estaba deshabitado. Y a partir de los últimos tres decenios de este siglo fue cada vez más necesario el establecimiento de un complejo sistema de comunicaciones, ya que por un lado los grupos dominantes empezarían a percibir la importancia que tenía el mejoramiento del sistema importaciones y exportaciones para la economía nacional; y de otro, la apertura de las fronteras agrarias proveniente, entre distintas formas de colonización, de lo que se conoció como la colonización del café en la mayor parte del occidente de nuestro país, esto denotó claramente la tendencia hacia la producción del café, tabaco, quina y añil.6

Por otro lado, en lo referente el papel del Estado en la divulgación del conocimiento astronómico, primero hay que decir que ante la relativa lentitud en la empresa modernizadora de las sociedades periféricas, como fue el caso de América Latina, la mayoría de gobiernos en Colombia de esa época, sin tener en cuenta sus filiaciones políticas –radicales o regeneradoras-, vieron en la construcción de medios de comunicación, transporte y otros medios, uno de los aspectos más importantes para el desarrollo del país y se concentraron fuertemente en ello. Y, es en este punto, en el proceso de modernización, donde en algunos sectores de la opinión, cuestiones como el progreso, se empezaron a asociar con la ciencia y la tecnología. Según Camilo Quintero:

Actividades como la determinación exacta de la hora local en algún lugar específico del planeta, la ubicación de puntos geográficos específicos o el levantamiento de mapas, eran actividades claves a la hora de construir ferrocarriles o mejorar el sistema de transportes y comunicaciones colombiano, estaban relacionadas directamente con la astronomía.7

       

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De esta manera, bajo el gobierno de Rafael Núñez y la supuesta coalición entre liberales moderados y conservadores, se dio inicio a lo que hoy conocemos como el periodo de la Regeneración, que trajo consigo una nueva apertura al capital extranjero, apoyo a la minería y a la construcción de ferrocarriles. Adicionalmente, se crearon políticas con las que se buscó asignar los baldíos a ciertas instituciones para la agricultura exportadora, se creó el Banco Central y se iría tras una política de proteccionismo.8En este punto se puede decir entonces que el Estado más que interferir en la ciencia y en su divulgación, lo vio como un elemento práctico, y en especial útil a la hora de modernizarse.

Bajo las circunstancias mencionadas, para el año de 1890, se empezó a poner en tela de juicio la labor de González Benito en el Observatorio, puesto que era un personaje que no se acomodaba a los fines prácticos del uso de la astronomía en Colombia. Entonces para el año de 1892 hasta 1920 se nombró a Julio Garavito Armero9 como director del Observatorio, quien a los ojos de la opinión le daría un enfoque práctico y útil a la ciencia astronómica en Colombia, ajustándose a las necesidades del país. Su nombramiento como director del Observatorio Astronómico puso de relieve el debate entre teoría y práctica a la hora de divulgar la ciencia en un país periférico como Colombia. Como señala el autor Agustí Nieto Galán:

….en los países menos desarrollados, o en contextos periféricos en general, las élites locales, educadas bajo la misma óptica que las élites científicas de la metrópolis suelen considerar que, a pesar de las dificultades, la transferencia de saberes desde el centro a la periferia son útiles y necesarios, por lo que suelen producir una divulgación científica hagiográfica, acrítica y tecnofílica.10

La postura de Julio Garavito ante la ciencia puso en evidencia un debate particular en torno a la recepción de la ciencia en nuestro país a fines del siglo XIX, puesto que se vio

       

8 BUSHNELL, David. (1996). Op. Cit, p204

9 Julio Garavito, es una de las figuras más sobresalientes de la historia de la ciencia nacional, fue director del

observatorio desde 1892 hasta 1920. Su aporte para la astronomía estriba en que tomo una posición estratégica frente a este debate: para él, el enfoque práctico estaba ligado de manera estrecha al enfoque teórico, cuestión que lo llevo a aplicar muchos postulados científicos a necesidades locales. Por último, su papel como divulgador de la ciencia, se vio influida por su posición católica y conservadora, que lo hicieron rechazar algunos postulados científicos que para su momento ya no eran debatibles. Ver: PATY, Michel y MARTINEZ-CHAVANZ, Regino. (2004) “Formación y desarrollo de la cultura científica en Colombia: La Física de 1880 a 1940. En Formación de Cultura Científica en Colombia. Ensayos sobre Matemáticas y Física. Obra colectiva. Editores Luis Carlos Arboleda y Michel Paty. Cali. Artes Gráficas del Valle.

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permeada por una fuerte adhesión a la física newtoniana y un discurso epistemológico basado en las ideas de Poincaré y, en un menor grado, en Bacon, Descartes, Kant, Comte y Spencer que lo llevaron a convertirse en el primer anti-relativista militante de nuestro país. Pero su autoridad científica fue tan relevante que sus puntos de vista no fueron lo suficientemente estudiados y fueron tomados como postulados verdaderos e inmutables11.

La hipótesis bajo la que se sostendrá este trabajo apunta a que lo largo del siglo XIX y, en especial para finales de éste y comienzos del XX, se llevó a cabo una labor divulgativa de la astronomía en Colombia por parte de una elite intelectual entre la que se encontraban autoridades como Francisco José de Caldas, Andrés Posada Arango, José María González Benito, Julio Garavito Armero, entre algunos otros, que con su trabajo y con el apoyo de medios impresos como libros, periódicos y revistas, además de presentar a esta ciencia como un elemento relevante para el progreso y la industrialización de Colombia, se preocuparon por crear un espacio público para esta, en el que la divulgación no era un componente pasivo para las audiencias a las que llegó, sino que transmitió y reconfiguró unos valores determinados dentro de la sociedad de la época. Así pues, el presente trabajo tendrá el objetivo principal de analizar cuáles fueron esos mecanismos que se crearon para llevar a cabo este proceso de comunicación y divulgación de la astronomía y cuales fueron esos valores que entraron a hacer parte de dicho proceso.

Desde el punto de vista historiográfico, el estudio histórico de la astronomía en Colombia no es algo nuevo, desde finales del siglo XIX se han realizado trabajos breves y con carácter de reseña, en donde se ha resaltado la importancia del Observatorio Astronómico Nacional y de los estudios astronómicos en nuestro país12. A pesar de estas tentativas, estos estudios han resultado tener un enfoque bastante esquemático y con un marcado carácter biográfico. Los estudios que se han aproximado de manera más crítica a la astronomía son

       

11 Paty, Michel y Martinez-Chavanz, Regino. (2004) “Formación y desarrollo de la cultura científica en

Colombia: La Física de 1880 a 1940”. En: Formación de Cultura Científica en Colombia. Ensayos sobre Matemáticas y Física. Obra colectiva. Editores Luis Carlos Arboleda y Michel Paty, Artes Gráficas del Valle, Cali.

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los realizados, primero, por Jorge Arias de Greiff13, en los que pretende presentar un panorama general del desarrollo de esta ciencia en Colombia como saber y práctica, analizando su desarrollo institucional, desde la época precolombina hasta el comienzo del siglo XX. Como tesis central, de Greiff muestra cómo la astronomía no se desarrolló solamente como una práctica científica independiente, sino que hizo parte de todo un entramado social, político y cultural a la que estuvo supeditada. Ello, bajo la premisa de que el desarrollo astronómico en Colombia siempre ha estado vinculado a las políticas estatales vigentes. Un segundo estudio destacable y, que ha servido de base para este trabajo, es el que ha venido desarrollando Camilo Quintero en la última década. Este autor aborda la historia de la astronomía en Colombia bajo la idea de que para el período que va desde 1867 hasta 1949, es un caso representativo en lo tocante a las relaciones centro-periferia en ciencia, así como del problema de la producción de conocimiento científico en los llamados países subdesarrollados o periféricos. Un aspecto importante, es que Quintero presenta el impacto de las reformas liberales dentro del avance astronómico en Colombia a fines del siglo XIX y el aporte de Julio Garavito Armero dentro de la astronomía y la ciencia nacional.

Este trabajo nace de la curiosidad de darle un enfoque distinto del que se le ha venido dando a la historia de la astronomía en nuestro país, prestando mayor importancia a cuestiones como la comunicación, la circulación y la configuración de valores y conceptos a partir de una práctica científica en un contexto local específico. Esto se llevará a cabo mediante la revisión de fuentes primarias, como libros, periódicos, revistas y discursos de la época. Y también, por medio de la revisión bibliográfica de autores contempéranos que han desarrollado estrategias teórico-metodológicas que servirán de soporte para el desarrollo de la investigación.

Este trabajo se adhiere metodológicamente a las nociones desarrolladas en torno a la historia de la ciencia, que abordan los contenidos científicos como producto de una actividad humana, que tienen detrás, toda una serie de prácticas que sustentan la actividad científica y se emplean para realizar representaciones del contexto social del que hacen

       

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parte. También se inscribe en la historia cultural de la ciencia, en la que se perciben las teorías científicas como artefactos culturales, es decir, y como lo concibe Stefan Pohl:

La idea de concebir cuestiones como teorías, revistas científicas y textos de divulgación, exposiciones, mapas, instrumentos de medición, enfermedades, representaciones del cuerpo, entre otros, como artefactos culturales es un intento por destacar que todos estos elementos son el producto de relaciones colectivas que incluyen personas, instituciones y cosas. Que los significados que ayudan a producir sobre el mundo natural y el mundo social, no son sólo discursivos, sino que se desprenden de múltiples prácticas, y que deben pasar por procesos de negociación cultural y de estabilización. Los artefactos culturales producen significados y efectos de poder variados que van más allá de la intención de sus productores originales y que debido a su materialidad, estos significados y prácticas circulan y se modifican en contextos particulares. Esta perspectiva, en mi opinión, ofrece ventajas metodológicas para el análisis histórico y crítico de la ciencia toda vez que ayuda a superar historias disciplinares y difusionistas de la ciencia y aporta poder explicativo a la hora de analizar los vínculos entre ciencia, cultura y poder.14

Se ha tomado esta postura metodológica para desarrollar este trabajo, puesto que en el desarrollo de la astronomía en Colombia en el siglo XIX los intelectuales, las instituciones científicas, los medios divulgativos y los productos científicos mismos pueden ser vistos como artefactos culturales, que además de arrojar una serie de discursos, también se presentan como elementos detrás de los que se articulan conceptos como modernidad, identidad nacional y valores morales.

Con el ánimo de darle respuesta a la hipótesis planteada y de limitar esta investigación, se hará uso de las siguientes categorías conceptuales para facilitar mi trabajo y el de los lectores. El primer concepto que se empleará será de Divulgación15. A partir de la postura de Agustí Nieto Galán16, se entenderá y se hará alusión a esta categoría, entendiéndola como un elemento en el que se crean unos espacios, unos discursos y unas prácticas en los que la ciencia se comunica a un público amplio. Las prácticas de divulgación se basan esencialmente en cuestiones que tienen la finalidad de convencer a unas audiencias del

       

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POHLVALERO, Stefan. “Diálogos entre la historia de la ciencia y la historia cultural”, en Historia Cultural en Colombia: Prácticas, Imaginarios y Representaciones, editado por Max S. Hering y Amada Carolina Pérez. Bogotá: Universidad Javeriana / Universidad Nacional de Colombia. [En prensa].

15 En algunas ocasiones términos como comunicación, circulación y popularización servirán como sinónimo

de esta categoría, puesto que diferentes autores le han dado estas nominaciones. 16

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carácter útil y práctico de la ciencia, además, de transmitir y crear unos valores determinados no solo en el ámbito científico, sino también en el cultural y el social.

Una segunda categoría es la de Esfera Pública tomada en un principio de Jurgen Habermas, se debe decir que aunque ésta se encuentra un tanto distante de los estudios de la ciencia, se trabajara acorde a lo que Agustí Nieto entiende por ésta:

“ha enriquecido el debate sobre el problema de la ciencia y sus públicos. Formulada en el año de 1962, donde explicaba la emergencia de la democracia en occidente desde el siglo XVIII a través de un conjunto de fenómenos culturales nuevos : la proliferación de libros, periódicos y revistas, la aparición de nuevas instituciones , la crítica y la discusión pública, la importancia del discurso racional critico y las conexiones entre el estado y el individuo a través de la mediación de nuevas instituciones, en definitiva un fenómeno urbano y burgués que se encontraría en la base de la propia modernidad occidental. En este contexto la esfera burguesa capaz de integrar la discusión, la crítica y la controversia, emergía progresivamente entre la esfera privada familiar y la esfera pública del estado y la administración. La imprenta, la crisis del hermetismo y de la alquimia, la autoridad del experimento o de la conferencia pública, el debate y la controversia en torno al contenido de la propia ciencia constituyeron ese nuevo ámbito de la cultura ilustrada”.17

 

En este sentido, se adaptará al estudio de la divulgación científica, (especialmente para el contexto colombiano y latinoamericano de fines del siglo XIX y comienzos del XX) y se entenderá por Esfera Pública como un espacio en el que se consolidaron unas elites intelectuales portadoras y regidoras del conocimiento científico, que en su mayoría estaban agrupadas en asociaciones, y que con sus actividades comunicativas y divulgativas, favorecieron la creación y la consolidación de un espacio público para la ciencia desde distintos medios de difusión.

La última categoría, que he articulado para el desarrollo de esta investigación es la de Discurso. Se entenderá por esta, un conjunto de enunciados escritos, que reflejan una serie de valores sociales y culturales propios del lugar de enunciación del discurso, y que intentan arrojar el estatuto científico de sus contenidos a través de relaciones de autoridad. Es decir, no son un conjunto de escritos inmóviles, sino que evidencian las prácticas de una comunidad científica determinada, y trasmiten una serie de valores específicos a unas

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audiencias, con el ánimo de persuadir a éstas del carácter útil de la ciencia, así como otros valores culturales.

Este trabajo se divide en tres capítulos. En el primero se presenta un contexto general de lo que ha sido el desarrollo de la divulgación científica en el contexto occidental, haciendo énfasis en Francia, mostrando las principales obras y divulgadores que surgieron en el siglo XIX, y en la parte final se muestran algunos de los mecanismos de divulgación que también se dieron América Latina. En el segundo, se hace un recorrido por la astronomía en Colombia en el siglo XIX, desde de la fundación del Observatorio Astronómico Nacional hasta la creación de la Oficina de Longitudes, y se mira la divulgación, para mostrar que alrededor de la astronomía y de las ciencias se gestó una élite intelectual que reivindico ciertos valores y legitimó el quehacer científico con la creación de dichas instituciones. En el tercero se examina la astronomía en Colombia a finales del siglo XIX y comienzos del XX, bajo la idea de que las instituciones como los observatorios, los intelectuales y los productos científicos son artefactos culturales bajo los se crean ciertos modelos de control social y se transmiten determinados valores.

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1. DIVULGACION DE LAS CIENCIAS: PANORAMA GENERAL

 

La divulgación de la ciencia como actividad en la cual se transmite a un público no especializado y relativamente amplio, una gama de conocimientos producidos por científicos o personas consideradas como especialistas en un campo del saber determinado, se puede rastrear desde el mismo momento en que la ciencia moderna surgió. Acercarse a esta temática de manera histórica no solamente permite hacer un análisis de la racionalidad científica y de las comunidades que la comprenden en sí mismas, sino que puede ayudar a entender e interpretar diferentes contextos del mundo social, político, religioso y moral en el que la ciencia se ha hallado inmersa, ya que no se debe olvidar que está es un producto social y se ve permeada y supeditada a los contextos socioculturales en los que se produce.

1.1. PANORAMA GENERAL

 

La historia de la divulgación científica es una herramienta que permite entender por qué, para quién y cómo una ciencia específica en un momento determinado se popularizó en un contexto social y cultural; además, para ver qué personas y mediante cuales mecanismos se apropiaron de un conocimiento científico para transmitirlo a unas audiencias determinadas.

Tradicionalmente, en el marco de la divulgación científica hay una tendencia a hacer una distinción entre los productores del conocimiento y sus consumidores. En donde la transmisión de la ciencia la hacen unas autoridades letradas hacia unas masas carentes de conocimientos, como si estas últimas jugaran un papel pasivo a la hora de dicha transmisión, y, dejando de lado la idea de que en la asimilación del conocimiento científico el papel de los públicos es indispensable. Al respecto Agustí Nieto Galán dice:

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que nace, crece y se desarrolla, y ha favorecido la separación entre los grandes actores de la historia y las masas pasivas de ignorantes.18

Visto de esta manera, hay que entender la producción del conocimiento científico y su proceso de comunicación, no como un elemento aislado y diferenciado, sino como un componente más de la sociedad en la que se inscribe. Así pues, puede tomarse como punto de inicio la revolución científica del siglo XVII y en particular la obra de Galileo como uno de los primeros esfuerzos que se hicieron para divulgar la ciencia de manera sistemática, especialmente en lo tocante a la física y a la astronomía. Para autores como Luisa Massarani e Ildeu de castro Moreira esta labor divulgativa en sus comienzos tuvo:

“un carácter propagandístico y de difusión de nuevos métodos y formas de pensar y experimentar.

La distinción social entre ciencia y público empezaba con la formación de la comunidad científica

y con la institucionalización de la ciencia como una actividad con reglas y practicantes distintos a

los de otras actividades”19

Es importante decir que para estos tiempos la ciencia fue transformándose paulatinamente en una fuente de interés para las clases aristócratas y las clases medias en el mundo europeo. Cuestiones tales como la propagación de libros hechos con el ánimo de explicar las ideas de Newton, las demostraciones de la electricidad, los gabinetes de historia natural dejaron patente la existencia de una ciencia popular y un público cada vez más considerable. Como lo resaltan Peter Bowler e Iwan Rhys, una característica sobresaliente de la revolución científica de los siglos XVI y XVII fue que una gran parte de la filosofía natural dejó de centrarse solamente en las universidades para estarlo en un contexto más cívico, generalmente dentro de las elites. Para el pensador Francis Bacon, los filósofos naturales deberían brindarle su trabajo al mundo y no dedicarse exclusivamente al mundo académico, para de esta manera promover un nuevo espíritu de la ciencia basado en la

       

18 NIETO-GALAN, Agustí. Op. Cit, p 2.

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cultura cívica. Desde esta perspectiva, los filósofos naturales emprendieron la búsqueda de nuevos públicos.20

Para el autor Antoni Malet se pueden percibir tres elementos esenciales para la consolidación y creación de estrategias de divulgación científica en Europa para el contexto del siglo XVIII. El primero es, que desde la mitad del siglo XVII con el surgimiento de la filosofía natural y la formación paralela de distintas sociedades científicas, obras tales como las de Principios Matemáticos de la Filosofía Natural (1687) y La Óptica de Newton, las investigaciones en lo referente a la física fueron tomando cada vez un papel más preponderante en lo que se conoce como la ciencia experimental moderna, puesto que se pudo hacer una distinción clara entre ciencia o filosofía natural y otras maneras de filosofía y conocimientos humanísticos; el segundo es que, la ciencia experimental y matematizada fue bien acogida dentro del ámbito ideológico de la Ilustración, que la vio como un canon epistemológico y se baso en ella para crear nuevas líneas de pensamiento político, estético y moral. Esto se vio reflejado en varias obras de divulgación de científicos de la calidad intelectual de Fontenelle, Voltaire, Euler, D´alembert, Diderot y Buffon; y el tercer elemento, - ya mencionado líneas más arriba de este texto- es que en el siglo XVIII se constituye la Clase Media, aunque no de manera completa como tejido social, sin embargo, esta clase rápidamente se va a transformar en el público representativo de la divulgación científica. En contextos como Francia y sobretodo en Inglaterra, la clase media además de tomar las ideas de Isaac Newton, se interesara por aprender y tomar cursos para introducirse en la mecánica experimental y en el aprovechamiento de conocimientos útiles.21

En las primeras décadas del siglo XVIII, los filósofos naturales empezaron a realizar una serie de presentaciones científicas que llevaban el nombre de conferencias y que se celebraban principalmente en los cafés, que fueron en aumento en la medida que avanzaba

       

20 J. BOWLER e IWAN RHYS Morus. “Ciencia Popular”. En: Panorama general de la ciencia moderna.

Barcelona. Ed. Crítica. 2007. Pp. 463-492.

Capitulo. 16.

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el siglo. Estas prácticas en los cafés fueron constituyendo y dándole forma a lo que se puede llamar Esfera Pública, y desde el ámbito histórico hicieron que diversas instancias como los artefactos, prácticas y espacialidad tomaran cada vez más importancia, como innovadoras herramientas de discusión con las nuevas y emergentes audiencias, que con el pasar de los decenios iban a adquirir y a ganar prestigio propios.

Todo esto se debió a que este tipo de recintos y espacios como las plazas lograran erigirse como lugares de difusión informal rápida y de intercambio de información, cuestión que se hizo más notoria desde la segunda mitad del siglo XVII, y en especial para lo referente a cuestiones de trasfondo económico. Allí, se podían encontrar comerciantes, banqueros, gacetilleros y empresarios de distinta estirpe, que se reunían en estos lugares con el ánimo de informarse de las noticias más recientes en lo se relacionaba con la economía, o para llamar la atención de los mecenas para convencerlos de la utilidad de un artefacto, invento o producto determinado. También asistían los obreros que en un primer momento pasaban con la intención de leer el periódico, pero paulatinamente se transformarían en un público importante.22

Los filósofos naturales que formaban parte de estas conferencias hicieron diferentes tipos de charlas y cursos que tocaban temáticas referentes a los rudimentos de las tesis de Newton y la filosofía mecanicista, y para atraer la atención de los asistentes, adornaban y recreaban sus presentaciones con un carácter de espectacularidad, que en muchos casos se reflejaba con demostraciones y experimentos en los que empleaban los artefactos e instrumentos más sofisticados como máquinas eléctricas, bombas de aire y hasta hubo algunas, ya para el contexto del fin del siglo XIX, en las que se hicieron demostraciones de rayos X. De hecho hay autores que resaltan el factor espectáculo como una de las principales estrategias retóricas de la divulgación, y con el pasar del tiempo los filósofos consideraron que este tipo de presentaciones eran inherentes a la práctica científica, ya que este tipo de popularización de la ciencia se convirtió en una forma viable de comunicación

       

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entre filósofos y científicos, y al mismo tiempo, entre los científicos y un público más amplio.23

Cuando se mira de manera detenida el siglo XIX, se percibe un proceso de transición en el que la ciencia y su producción deja de ser atribuida y realizada exclusivamente por un círculo de profesionales y expertos, y empieza a ser tomada en cuenta desde la concepción “para todos”. Esto se debe a que se dieron y se consolidaron los mecanismos de información pertinentes para que el conocimiento no se quedara solamente dentro de unos tantos, sino también para que hiciera su incursión en escenarios culturales, políticos, religiosos y morales más amplios. Y es que la fuerza de la actividad científica y el desarrollo de la tecnología –por ejemplo el desarrollo de nuevas tecnologías de impresión- hacen que tome forma la idea de progreso y de las potencialidades que éstas traen para desarrollo de la humanidad.

Para los comienzos del siglo XIX, en ciudades como Londres, las conferencias públicas sobre ciencia ya se habían consolidado y tenían un público cada vez más considerable. Paulatinamente, instituciones científicas como por ejemplo la creación de la Royal Institution, marcó los lineamientos de la divulgación de la ciencia en las que -además de las conferencias- las demostraciones públicas, libros y revistas incentivaron aun más la popularización. También espacios culturales, como los Institutos de Londres o Surrey, ofrecían variados ciclos de conferencias populares. En las provincias, el surgimiento de sociedades literarias y filosóficas dio pie para realizar conferencias y disertaciones sobre ciencias naturales. En lo que tiene que ver con los Estados Unidos, desde el siglo XVIII, antes y después de la revolución se dio un fenómeno parecido al de charlas científicas y a mediados de siglo se creó la Sociedad Filosófica Americana alrededor de Benjamin Franklin, producto de la fusión de un círculo de filósofos entusiastas. Por otra parte, el

       

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Instituto Franklin fundado ya en el siglo XIX, ofreció conferencias de tipo popular para los trabajadores.24

Para autores como la profesora Bernadette Bensuade-Vincent25, la segunda mitad del siglo XIX se constituye como el momento en que por excelencia emerge la divulgación científica en todas sus manifestaciones. Nociones de este tipo son corroboradas por otros autores como Vladimir de Semir cuando dice:

Conferencias, Libros, revistas, exposiciones, planetarios, museos, observatorios, jardines botánicos y zoológicos…, las iniciativas florecen y se multiplican en muchos países al mismo tiempo. El período comprendido entre 1870 y 1900 puede ser considerado como la edad de oro de la divulgación científica en la que coincide un deseo de mostrar y un deseo de saber. 26

Algo importante que hay que decir es que en el siglo XVIII la popularización de la ciencia tuvo una tendencia a enaltecer al científico, mostrándolo como un hombre sabio y único por sus conocimientos e inigualables capacidades. Mientras que en el XIX hubo un interés particular por atraer a las masas con las “extrañezas” de la ciencia, y que de esta manera se constituyera un elemento de enaltecimiento político y moral no solo del científico, sino también de las personas a quienes les llegaban los conocimientos, por medio de la promoción de unos valores regidos por la industrialización y el progreso material.

Otro punto que no hay que dejar de lado es que para la segunda parte del siglo XIX la actividad de divulgar la ciencia aumentó, también gracias a la esperanza que se empezó a tener en torno a la ciencia, debido a que se vio en el avance de lo científico y lo tecnológico como una de las principales fuentes para llegar al progreso material y social, y en especial la aplicación de estos conocimientos al mundo industrial naciente. Como el modelo de los Estados Unidos, en el que varios científicos se dieron a la tarea de difundir sus conocimientos para dar su aporte a la economía industrial que estaba emergiendo. Y es que con el paso del tiempo la ciencia va cambiando su carácter, y para este momento

       

24 J. BOWLER e IWAN RHYS Morus. Op. Cit, pp. 465-471 25

Bernadette Bensuade-Vincent es profesora de historia y de filosofía de las ciencias de la Universidad de Paris X. Entre sus publicaciones más importantes en lo referente a la popularización de la ciencia se encuentra el libro: “L´opinion publique et la science”, Institud d´Édition Sanofi-Synnthélabo, París, p 200

26 De Semir, Vladimir. (2004) “Aproximación a la historia de la divulgación científica” En. Revista Quark,

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asistimos al surgimiento de las modernas disciplinas científicas, en donde ámbitos generales de la ciencia se fueron separando progresivamente hasta convertirse en disciplinas más especializadas, autónomas y propias. La imagen del filósofo natural que se ocupaba de un sinnúmero de saberes se fue desdibujando para poner en su lugar al científico, que solo se dedicaba a una especialidad del conocimiento. Producto de esto, se fue conformando un selecto grupo de profesionales que aumentaron notoriamente la producción científica. Además, no solamente en este siglo emergieron nuevas ciencias, sino que el acceso a la educación jugó un papel fundamental en lo que tiene que ver con los cambios políticos, económicos y sociales. La capacidad para leer y escribir del sector urbano fue considerable en la mayoría de los países europeos, sobretodo en Inglaterra y Alemania, hasta llegar al punto de la inexistencia del analfabetismo.27

Para Marco Panza y Albert Presas éste fue el elemento principal para que la divulgación de las ciencias aumentara en el periodo mencionado. Esto permitió que los medios de comunicación impresos se constituyeran en la última parte del siglo en el mecanismo más relevante para la divulgación del conocimiento. Agustí Nieto resalta con respecto a esta cuestión lo siguiente:

El cambio de siglo significaba un crecimiento cualitativo y cuantitativo de las estrategias, audiencias y medios de popularización: enciclopedias, diccionarios, libros, manuales, misceláneas, literatura juvenil, conferencias o cursos, artículos en revistas generales, reseñas, y revistas o publicaciones periódicas dedicadas exclusivamente a la divulgación científica…. Y era precisamente esa multiplicidad de estrategias junto con el crecimiento de las audiencias lo que había de proporcionar nuevos y más complejos criterios de autoridad científica. La esfera pública en toda su extensión se acrecentaba de manera muy importante.28

Con lo anteriormente dicho es claro el papel vital de los medios impresos a la hora de divulgar la ciencia. Pero fue tal vez el libro y las revistas los instrumentos que por excelencia en la segunda mitad del siglo XIX se convirtieron en el medio más influyente para llevarles a los públicos nuevo conocimiento de manera clara y sencilla. Comprar y vender libros científicos y tener acceso a las revistas se convirtió en un gran negocio y

       

27 PANZA Marco y PRESAS Albert. La divulgación de la ciencia en el siglo XIX: La obra de Flammarion.

En: [en línea] http://www.raco.cat/index.php/quark/article/viewFile/54960/65462. Consultado en Marzo 2010.

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como muchos autores apuntan: la cultura científica se sustentó en una nueva y amplia industrialización de la comunicación científica, que además tenía a su favor el papel activo de los lectores. Más adelante en este capítulo se hablara de qué libros y de qué temáticas se nutrió la divulgación en este período.29

Ya para el siglo XX, y luego del final de la Primera Guerra Mundial los autores Massarani y Moreira resaltan que se da un nuevo tipo de divulgación científica puesto que científicos de la envergadura de Einstein y Curie fueron tomando una imagen particular frente al público, puesto que se dieron cuenta de la importancia de la divulgación y de la educación de la ciencia dentro de la sociedad de su tiempo. La característica principal de la divulgación de la ciencia en este periodo es la defensa de la “ciencia pura”. Los nuevos medios de comunicación como la radio y el cine se empezaron a emplear y a explorar en la difusión científica. De esta forma, en Europa, se dan a conocer los primeros museos de ciencia interactiva30. Es en este punto donde se hace más evidente la herencia de una divulgación científica del mundo anglosajón, ya que la ciencia se difunde bajo la idea de sus valores de objetividad y racionalidad.

Otro punto para tener en cuenta en el contexto del siglo XX es que la ciencia y la tecnología experimentaron profundos cambios no solamente en lo que tiene que ver con el desarrollo del conocimiento en sí, sino también en las formas y manifestaciones en las que se realizaba la actividad científica. Cambiaron los objetivos que perseguían, los actores que la involucraban y la manera en que se financió fue diferente. Además, se da un fenómeno de vital importancia: se replantea la relación entre ciencia y sociedad de manera conjunta, cuestión que se reflejo en las formas de popularización. Para el autor J. Echeverría de manera general se pueden percibir tres momentos esenciales en el desarrollo científico en el siglo XX31: el primero, que abarca la primera mitad del siglo, y que se puede denominar con el nombre de small science o ciencia pequeña. Este primer momento se caracteriza por llevar la herencia del siglo XIX y por estar cimentado bajo presupuestos

       

29 NIETO-GALAN (2003) p. 11

30 MASSARANI Luisa y DE CASTRO MOREIRA Ildeu.(2004) “Divulgación de la ciencia: perspectivas históricas y dilemas permanentes”. En. Revista Quark, Núm. 32, p32

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epistemológicos que buscaban presentar a la ciencia como la portadora de la verdad y en la búsqueda del conocimiento por el conocimiento. Este periodo está marcado fundamentalmente por lo que la autora Mónica lozano percibe como:

Un individualismo metodológico, y el trabajo investigativo gira en torno a la figura del investigador que tiene su laboratorio y bajo cuyo nombre aparecen los descubrimientos. Éstos son difundidos y se discuten en las comunidades de pares, y existe una autonomía de los científicos en determinar que se pública. El advenimiento del proceso de industrialización de la economía hace que se establezcan lazos de doble vía entre la ciencia y la tecnología; sin embargo, la ciencia es preponderante en este proceso”32

El segundo momento se da en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y se denomina

Big Science o macrociencia, en donde el enfoque de la producción científica se empieza a ver permeado por los intereses gubernamentales y el impulso de las agencias militares en el desarrollo de grandes proyectos científicos enfocados hacia la investigación militar; y por último, el tercer momento se da en el comienzo de la década de los setenta con la incursión del modelo científico instaurado por Silicon Valley, y de los ochenta con el surgimiento de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología, este momento lleva el nombre de tecnociencia, en la que su existencia depende casi exclusivamente de las políticas de ciencia y tecnología y no solo se da en lo que conocemos como los países centro, sino que estas ideas, discursos e instituciones son impuestas como condición necesaria para desarrollarse en países periféricos. No me detendré a explicar en detalle este momento, ya que este trabajo se concentra en el período que va desde 1880 hasta 1920. Lo que sí hay que dejar claro es que en estas tres fases que se han mencionado se dieron distintas formas de popularización de la ciencia y de relacionar ésta con la sociedad, el progreso y el desarrollo.

De esta manera se ha brindado un pequeño esbozo histórico de lo que es la divulgación de la ciencia y de su desarrollo primordialmente en el mundo occidental que fue donde se gestó y se consolido como una profesión. Esto servirá para entender más adelante en este trabajo el rol de esta temática en otros contextos, y por qué su impacto se da de manera diferente, por ejemplo en América Latina y más aun en un estudio de caso como lo es el

       

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proceso de la popularización de la astronomía en Colombia para el período comprendido entre 1880 y 1920.

1.2 PRINCIPALES Y TRABAJOS Y DIVULGADORES

 

Tratar de ubicar de manera exacta las primeras estrategias que se emplearon para divulgar la ciencia no es algo fácil, puesto que al intentar abordar esta temática nos encontramos frente a una serie de problemas, que tienen que ver, esencialmente, con la ausencia de consensos sobre su abordaje.

Para algunos autores como Sergi Cortiñas, la primera tradición científica que se dedicó a divulgar la ciencia la podemos encontrar en la Italia del Renacimiento, que surgió al mismo tiempo que el advenimiento del Humanismo integral alrededor del período que va desde finales del siglo XVI y comienzos del XVII. El principal exponente de esta corriente es Galileo, puesto que además de poseer un intelecto sobresaliente, fue uno de los primeros intelectuales que dejó de emplear el latín en sus escritos, para hacerlo en lengua vulgar o italiano antiguo.33

Uno de los ideales de Galileo era poder ser entendido no solo por científicos, sino también por los ciudadanos y los miembros de la corte que eran sus patrocinadores. Hay concordancia en que una de las obras precursoras de la divulgación fue i due massimi sistema del mondo, tolemaico e Copérnico (1632), y que fue escrita en lengua vulgar y en forma de dialogo, en donde el autor defiende el copernicanismo revolucionario en contra del dogma de la iglesia, en un momento histórico en el que el latín era el idioma empleado para este tipo de textos. Sin embargo este texto generó una fuerte reacción por parte de la iglesia, por lo que Galileo comenzaría un proceso con la inquisición y se vio obligado a renunciar a sus convicciones y a pasar el resto de su vida confinado en su casa.34

       

33 CORTIÑAS, Sergi. (2005) “Un recorrido por la historia de la divulgación científica”. En: Revista Quark.

Núm. 37-38. Septiembre, p59

34 Nieto-Galán, Agustí. (2006)”Libros para todos: La ciencia popular en el siglo XIX. En: Revista Quark.

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La temática por excelencia de la tradición del Renacimiento es la astronomía, de la misma forma que otras ramas de la física, y de manera menos amplia se tratan temas como las matemáticas y las ciencias naturales, y en palabras de Sergi Cortiñas:

“Esta escuela, con centro geográfico en la Toscana, más que una tradición completa, organizada y articulada es un primer hito en la historia de la disciplina. Los divulgadores ítalo-renacentistas ayudaron a la consolidación de método científico y aplicaron satisfactoriamente determinadas técnicas retóricas –texto en diálogo, experimentos de pensamiento, analogías, ironía, …-, que después serán imitadas por el resto de las tradiciones.” 35

Sin embargo, casi medio siglo después de la aparición del libro de Galileo, aparece el texto de Isaac Newton que se considera como aquel que pone fin a la Revolución Científica y da comienzo a otra manera de pensar el mundo: los Principia mathematica. Lo más seguro es que en un comienzo este texto no fue leído por más de cien personas y entre esas, muy pocas tenían la suficiente formación intelectual como para entenderlo. La nueva manera de pensar el mundo, que se llevo a cabo en los siglos XVI y XVII, enfocó su atención en lo matemático y en lo cuantitativo, temática que para la gran mayoría de los públicos era incomprensible, independientemente de que fueran educados. Como resultado de esto, se publicaron gran variedad de libros de carácter divulgativo que explicaban las tesis newtonianas, aun cuando este científico seguía con vida.

Y es que se puede considerar el newtonianismo como una moda intelectual, que a mediados del siglo XVIII tuvo su esplendor en la Europa continental, y se difundió con obras que llevaban títulos como Il newtonianismo per le dame (1737) realizada por Francesco Algarotti, otra obra de gran difusión fue Letters a une princesse d´Allemagne sur divers sujets de physique et de philosophie de Leonhard Euler (1768). Y es que con el newtonianismo los ilustrados conocieron el orden objetivo de la naturaleza y vieron en el modelo newtoniano de ciencia, el modelo paradigmático para lograr la emancipación intelectual y una nueva comprensión de la realidad natural y social.36

Un segundo período que se puede identificar en el marco de la divulgación de la ciencia es el que se encuentra en el siglo XVIII y XIX. Para el contexto de la Ilustración, la ciencia

       

35 CORTIÑAS. (2005) Op. Cit, p59 36

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experimental fue bien acogida y la vio como modelo epistemológico y la tomó como punto de partida para moldear nuevas perspectivas de pensamiento moral, estético y político. Esto se vio expresado en un número variado de obras de divulgación, que se pueden enmarcar básicamente dentro de una tradición francesa de intelectuales de gran trayectoria. Para el caso de Inglaterra, el papel de las sociedades científicas fue muy importante. Con la organización de las conferencias científicas en las que además de demostrar las teorías matemáticas y algebraicas, se pretendía ponerle un componente experimental enfocado hacia la comprobación de dichas teorías mediante experimentos que ejemplificaban los posibles usos de estas teorías en la vida cotidiana.37

Para el caso de Francia, la inclinación hacia este tipo de temáticas tuvo su esplendor en los últimos años de Luis XIV. En este caso, la ciencia y los últimos descubrimientos científicos captaron la atención de gran número de personas. De este modo, en lugares como los salones, las mujeres estudiaban mecánica y anatomía. A este tipo de tendencias se vincularon personalidades como Moliére, Voltaire y Fontenelle.

Uno de los autores más reconocidos y mencionados de esta tradición es Bernar le Bouyer de Fontenelle (1657-1757), cuya obra Entretiens sur le pluralité des mondes (1686) es considerada por algunos como el primer gran clásico de la divulgación de la ciencia38. En esta obra los hallazgos astronómicos de los siglos precedentes se organizaban acorde con los principios físicos del mecanicismo cartesiano. Por otro lado, el texto brinda una visión mecánica de la naturaleza, junto con reflexiones acerca de lo relativos que pueden llegar a ser los juicios humanos sobre temas como la realidad y el devenir de la humanidad. El tipo de divulgación de Fontenelle se puede denominar como una divulgación cartesiana que traía consigo lecciones morales que se derivaban de la mecanización y la infinitud del universo y de la multiplicidad de mundos que lo conforman. De otro lado, este autor aludía a la necesidad de buscar un lenguaje explicativo que satisficiese no solo al círculo letrado, sino también a la gente del pueblo. En otras palabras, Fontenelle fue un vocero de la academia, pero que transformaba la ciencia producida por el mundo intelectual, de tal

       

37 LOZANO. (2005). Op. Cit, p30.

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forma que pudiera ser entendida tanto por la gente culta, galante e ilustrada, como para los servidores políticos de la monarquía absoluta y la gente del común.39

Tal vez el éxito de la obra de Fontenelle radicó en que en el momento de la publicación de su libro, y a pesar de que había pasado más de un siglo y medio de la publicación de la obra de Copérnico De Revolutionibus, eran pocas las personas que sabían que la Tierra giraba alrededor del sol. Y es que la revolución copernicana fue asimilada de una manera muy paulatina. De esta manera el libro de Fontenelle les permitió a muchas personas tener acceso a una nueva visión de mundo y de su lugar en el universo.

Otra obra de gran impacto fue la Enciclopedia (1751-1765), que fue dirigida por Diderot y D´Alembert. Esta obra se hizo con la intención de realizar un gran diccionario en donde se pudieran encontrar de manera ordenada todos los conocimientos prácticos que estaban en poder de los artesanos en sus variados oficios, siguió la clasificación del conocimiento ideada por Bacon y se basó en dos ideas que estaban vinculadas a la teoría del progreso intelectual, que eran la solidaridad de las ciencias y la popularización del saber. Así, se dio origen a una confianza no solo en la razón y la ciencia, sino que la gran mayoría tenía una idea medianamente considerable acerca de lo factible que sería un avance de la humanidad hacia la perfección. Fue tanta la acogida de esta obra que:

“Las múltiples ediciones piratas de las que sería objeto la Enciclopedia dan cuenta de la capacidad de marcar el tenor de una época, del interés que despertaban el conocimiento y la confianza en el hombre, y su capacidad para transformar al mundo a través de la ciencia.” 40

Así pues, se consolidó un enciclopedismo ilustrado que partía de la premisa de la infinita maleabilidad y progreso de la naturaleza humana mediante la educación y las instituciones.

Dentro de este panorama, el papel fundamental de la ciencia y su divulgación en la constitución y desarrollo del hombre se fortalecería aun más en el siglo XIX, que es considerado como el siglo de la ciencia por excelencia. Como se ha dicho, dentro de éste se lograron avances considerables en cuestiones como la profesionalización de diferentes disciplinas científicas como la biología, la geología, la química y la etnología, entre

       

39 MALET. (2007). Op. Cit, pp2-3 40

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algunas otras. Y junto a estos grandes avances se dieron importantes procesos de popularización como la adhesión del estudio de la ciencia a currículos escolares, se institucionalizaron las conferencias científicas, y el elemento tal vez más importante para la divulgación de la ciencia fue el crecimiento de su público, donde no solo las clases preponderantes tenían acceso a ella sino también sectores más amplios de la sociedad como ya se dijo anteriormente. Todo esto se vio aunado a la idea de progreso que trajo consigo la economía industrial emergente. Y no se debe dejar de lado que la divulgación de la ciencia es un elemento tanto sociológico como político que dentro de una concepción burguesa se vio en la ciencia y en el acceso a la información un elemento de liberación ante la aristocracia dominante, y por otro lado sirvió para la democratización y la modernización. Así como para inculcar los valores que la burguesía entendía como idóneos para esa modernización y progreso.

     

1.3 LOS DIVULGADORES PROFESIONALES

 

Se puede decir entonces que el período que va desde 1870 y 1900 se cataloga como el momento en que la divulgación de la ciencia se profesionaliza, y dentro de éste, se inscriben personalidades como Raspail, Flammarion, Figuier, Meunier etc, que tuvieron en mente proyectos concretos para popularizar la ciencia, por lo que se pueden considerar como los primeros divulgadores profesionales dentro del contexto europeo41.

Tal vez uno de los autores más relevantes de esta tradición que es esencialmente francesa de profesionales es Camille Flammarion (1842-1925), que en el año de 1862, siendo muy joven aun, publicó su libro La pluralité des mondes habités y en 1882 fundó la revista,

L´Astronomie como el principal órgano de la Sociedad Astronómica de Francia, que para comienzos del siglo XX vendía alrededor de 100 mil ejemplares y aun hoy en día se sigue publicando. No obstante, su obra más importante fue la Astronomie Populaire (1879), en la que el público percibió de manera clara, entretenida y con alta calidad, una astronomía

       

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que jamás se había divulgado. Flammarion alcanzó gran acogida por parte de los lectores debido a que con su estilo lograba despertarles la imaginación y tenía un carácter entretenido que incentivaba aun más la curiosidad de la gente.42

Para este autor el avance del saber se encontraba en la paulatina aproximación entre ciencia y opinión. Desde su perspectiva, la divulgación de la ciencia no solamente consistía en presentar esquemáticamente los principales alcances científicos. Él iba más allá, la cuestión era la de favorecer la divulgación del amor por la ciencia, y en su caso el de la astronomía. Y si para alcanzar esto era pertinente hacer una distinción de un aspecto descriptivo por encima de uno más técnico, también lo era no confundir el aspecto técnico con un entramado de fantasías alejada de la base científica y experimental. El trabajo divulgativo no podía ser independiente de las rigurosas observaciones de los cielos, y la pasión por el conocimiento al que se quería llegar, no debía esconderse en estructuras que por su índole popular, dejaban de lado a las herramientas técnicas pertinentes para el rigor intelectual y el quehacer científico.43

Por otra parte, Flammarion en sus distintos viajes realizó todo un programa de investigación astronómica, que permitió que se diera una interacción importante entre profesionales y amateurs. Sus eventos a nivel internacional como congresos y reuniones, le dieron fuerza a la proyección de una gran cantidad de asociaciones astronómicas que dentro de sus delineamientos internos le daban un espacio preponderante a la astronomía amateur. De esta forma, promovía la constitución de nuevas agrupaciones astronómicas, observatorios populares, premios, cursos, conferencias públicas, en donde los amateurs tenían puntos comunes con los expertos, pero al mismo tiempo con el público en general; esto los convertía tanto en públicos de la ciencia, como divulgadores en general. Este tipo de circunstancias hicieron que los astrónomos amateurs se sintieran a gusto con su estatus. Actuaban de manera conjunta, compartían instrumentos, disertaban en torno a los resultados de las observaciones de estrellas y planetas, todo en función de sus necesidades, hacían uso de la literatura –como Flmmarion-, o la fotografía y el dibujo astronómico; en

       

42 CORTIÑAS. (2005). Op. Cit, p60

43 PANZA, Marco y PRESAS Albert. La divulgación de la ciencia en el siglo XIX: La obra de Flammarion.

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algunos casos emplearon también la escultura para representar de una manera más detallada protuberancias observadas en la superficie de un planeta etc. 44

Se ve entonces que la astronomía fue uno de los principales temas de la divulgación dentro del contexto del siglo XIX, y ya se venía trabajando antes de Flammarion. Agustí Nieto señala que los valores republicanos de la Francia de éste siglo incentivaron nuevos intentos de comunicación científica que no le exigían al público formación o conocimientos sobre los temas que se trataban. Un ejemplo que se puede mencionar al respecto es el de la

Astronomie populaire del Físico Francois Aragó (1786-1853), que en la introducción de su texto reproduce el mismo discurso que el de su curso de astronomía popular en el Observatorio de París en el año de 1841. Aragó tenía la intensión de enseñar astronomía a un gran público, sin que estos necesariamente tuvieran conocimientos en matemáticas y física. Al respecto alegaba ante sus colegas que su curso era solo elemental en la forma pero no en el fondo, ya que no dejaba de comunicar ningún concepto fundamental en la astronomía de la época, y además, promovió la noción en contra de la tesis de la inevitable degradación de los contenidos en el proceso de divulgación.45 Y a pesar de las críticas que recibió este autor en su época por parte de sus colegas, su texto fue un verdadero éxito y se vendió bastante.

Otro autor de gran importancia dentro de la tradición francesa fue Francois-Vincent Raspail (1794-1878) quien fue un autodidacta con ideales republicanos, además participó en las revoluciones de 1830 y de 1848 de manera activa. Este autor trabajó de manera continua en la prensa diaria, debido en gran medida a su gran cantidad de juicios y fuertes encuentros con la medicina oficial francesa. De otro lado hizo aportes para la química orgánica, la teoría celular, la microscopía o la parasitología, a pesar de nunca haber tenido estudios universitarios. Para la mitad del siglo XIX sus almanaques de salud se constituyeron en éxitos editoriales y también sus farmacopeas domésticas para el alcance de todo el mundo. En su Manuel annuairede la santé pour (1864) que se vendió

       

44 NIETO GALÁN, Agustí. (2010) “Profesionales y amateurs a través de la historia”. Marcial Pons.

Barcelona.

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prácticamente durante un siglo, postulaba que toda práctica médica que no estuviese cimentaba bajo una idea entendible para el público en general era una práctica irracional. Además pensaba que: “…la circulación de una enfermedad sería más rápida con una medicina menos elitista y más próxima a los saberes de las clases populares”46

Raspail estaba a favor de lo que se puede llamar una democracia médica, en donde el paciente, y especialmente el de las clases menos favorecidas tomaban una dignidad y un papel notable. La sabiduría popular debía ser tenida en cuenta y aportar al enriquecimiento cultural de las masas y a su progreso en los ámbitos moral y social. Raspail no era partidario de divulgar los conocimientos científicos desde la esfera académica, sino darle relevancia a otro tipo de saberes que hasta ese momento no se habían tenido en cuenta por la monarquía de la época, en donde los pacientes jugarían un papel fundamental dentro de la práctica médica y dentro de la reforma “desde abajo” que se planteaba como una integración de experiencias que se llamaba “sistema Raspail”. Su programa tuvo éxito esencialmente entre un pequeño círculo de la burguesía de las profesiones liberales, las clases medias y las élites obreras, más no dentro de los aristócratas o las clases bajas.

Ahora bien, al lado de Flammarion y Raspail se encuentra Louis Figuier (1819-1894), otro de los importantes divulgadores de la ciencia de la segunda mitad del siglo XIX, quien después de doctorarse en medicina, se traslado a París para ampliar sus estudios y dedicarse a la carrera de profesorado. Para el año de 1846 fue nombrado catedrático en farmacia en Montpellier y para 1850 se doctoró también en ciencias físicas. Llamó la atención del público por su variedad de artículos en diversos periódicos de ciencias. Ya como divulgador desde 1857, empezó a publicar su Année scientifique et industrielle, algo semejante a un almanaque en el que se mostraban los avances científicos anuales, que se había de convertir en una publicación periódica de gran acogida en toda Europa. Después llegaron las Vies des savants illustres (1866), Les merveilles de la science (1867), Les merveilles de l’industrie (1873), Connais-toi toi-même: notions de physiologie (1879), o los Feuilletons scientifiques en la prensa.

       

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