El Periodismo
en Antioquia
Selección y prólogo de
Juan José Hoyos
079-86126
P445p El Periodismo en Antioquia : Selección y prólogo de Juan José Hoyos / José Félix de Restrepo … [et al] ; ilustrador Guillermo Gómez Pérez ... Medellín : Alcaldía de Medellín, Secretaría de Cultura Ciudadana, Biblioteca Pública Piloto de Medellín. 2003. Vol. 119 Fondo Editorial BPP 504 p. :
il.--ISBN: 958 - 9075 - 91 - 6 © 2003
Primera edición Alcaldía de Medellín
-Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín-Concejo de Medellín
Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina Esta publicación obedece al Acuerdo No. 45 de 2002 del Concejo de Medellín Asesores del Proyecto:
Concejala: Martha Cecilia Castrillón Soto Jorge Alberto Velásquez Betancur, Secretario de Cultura Ciudadana Coordinación del proyecto editorial: Gloria Inés Palomino Londoño, Directora General
Biblioteca Pública Piloto de Medellín Carátula: Guillermo León Gómez Pérez "Sin título". Óleo sobre lienzo, de la serie "Verdeazul", 2000.
Revisión: Claire Lew Impreso por:
Índice
Juan José Hoyos
Dos siglos de Periodismo en Antioquia 13
José Félix de Restrepo
Clausura del curso de Filosofía en el
Colegio de San Bartolomé 23
Francisco Antonio Zea
Manifiesto 27
José Antonio Benítez (El Cojo)
El presbítero homicida 30
José Manuel Restrepo
Diario que hice de la ciudad de Rionegro en la provincia de Antioquia, a la de Kingston, en la Isla
de Jamaica 33
José María Salazar
Bosquejo político de la América antes española 40
María Martínez de Nisser
Diario de los sucesos de la revolución en la
provincia de Antioquia en los años de 1840-1841 45
Mariano Ospina Rodríguez
Probabilidades sobre la marcha de la
civilización en Hispanoamérica 51
Camilo Antonio Echeverri
Francisco de Paula Muñoz (Mingrelio)
El crimen de Aguacatal 59
Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos)
Una aventura en el Magdalena 79
Juan de Dios Uribe
La muerte de Lázaro Escobar 88
Camilo Botero Guerra
Los petardistas 93
Manuel Uribe Ángel
Una paila histórica 103
Demetrio Viana
Una noche de angustias 108
Jorge Isaacs
La asamblea trepida 113
Fidel Cano
La ley de los caballos 117
Rafael Uribe Uribe
La guerra de 1895 121
Lucrecio Vélez Barrientos (Gaspar Chaverra)
El camino de Palonegro 125
Romualdo Gallego
La hazaña de Lajas 132
Enrique Gaviria Isaza
Crimen, capilla y ejecución de Tamayo 139
Carlos E. Restrepo
Luis Latorre Mendoza
El aeronauta Antonio Guerrero 159
Antonio José Restrepo (Ñito Restrepo)
Recuerdos sobre Medellín 161
José Velásquez García (Julio Vives Guerra)
Vegetarianos de camama 166
José Luna
El vuelo de ayer 170
Marco Fidel Suárez
La paciencia 173
Tomás Carrasquilla
Del Medellín colonial 179
La Dama Negra
El ventaneo 182
Una venganza 185
Luis Tejada
En el pueblo 189
Horacio Franco
Por el apique de abajo 194
Ricardo Uribe Escobar
Llamaradas y humoradas 196
Adelfa Arango Jaramillo
La exposición de arte francés en Medellín
y las escuelas de pintura 198
Blanca Isaza de Jaramillo
Coronel José Ignacio Forero F.
Así se viajaba en avión a Medellín 209
María Cano
Una visita a la Colombiana de Tabaco 215
Libardo Parra Toro (Tartarín Moreira)
Sorianita 218
Alejandro López
Vías de Trasportes 220
Libardo López
Cruz de oro 226
Baldomero Sanín Cano
Viaje a pie, de Fernando González 229 Juan de Dios Uribe 236
Jaime Barrera Parra
Despedida a Rendón 244
Luis Cano
La responsabilidad de la victoria 248
Tulio González Vélez
Rafael Arredondo 252
Fernando González
La Universidad, políticos y periodistas 262
Enrique Echavarría
El cementerio San Pedro 266
Lino Gil Jaramillo
Jaime Barrera Parra 271
Eladio Gónima
El Papa de Barbosa: cómo vive y qué piensa 277
Lisandro Ochoa
Primer Tranvía de Medellín 283
Otto Morales Benítez
Rodrigo Arenas Betancourt 287
Alfredo Lamus Rodríguez
Visión del Ártico 295
Jesús Tobón Quintero
Destrucción ferrocarrilera 297
Emilio Jaramillo
Antonio J. Cano 300
José Restrepo Jaramillo
Argonauta de mis venas 302
Carlos Escobar
Lo que fue el barrio del Contento,
antes de ser Gerona 306
Miguel Ángel Osorio (Porfirio Barba Jacob)
Murió el presidente Harding 311 Un criterio personal 318 El estudio de las matemáticas 320
José Gerardo Ramírez Serna (Jóse Gers)
Se “suicidó” una casa 322
León de Greiff
De la campaña de 1813 y de cómo era el
caserío de Nare en 1826 324
Fernando Gómez Martínez
Magda Moreno
Tiranía de la moda 345
Nelly Posada (Susanne Ibero)
Amparo Uribe, nueva soberana
de la belleza en Antioquia 347
Adel López Gómez
Gabriel Cano, héroe de tierra firme 349
Manuel Mejía Vallejo
Mi general Somoza 351
Uriel Ospina
Montparnasse, un recuerdo melancólico 364
Julio César García
La Universidad de Antioquia 372
Sofía Ospina de Navarro
Una noche en Tierradentro 375
Gabriel Cano
El tesoro del pirata 380
Rocío Vélez de Piedrahita
Los que van a morir te saludan 383
Guillermo Cano
Mi personaje inolvidable 390
Mario Escobar Velásquez
Fernando González, el hombre y el mito 404
Clemencia Hoyos de Montoya
Recuerdos de la muerte de Eva Perón 409
Antonio Panesso Robledo
Rogelio Echavarría
Alberto Ángel Montoya: una entrevista a ciegas 427
Oscar Hernández Monsalve
Maturín 433
Antonio Mesa Jaramillo
Pedro Nel Gómez: genio críptico 434
Alfonso Upegui Orozco (Don Upo)
Por ser tan lindo el amor se hizo matar
de su cuñado 438
Jaime Sanín Echeverri
Cristos, Bolívares y dioses indígenas en
Rodrigo Arenas Betancurt 440
E. Livardo Ospina
Descubrimiento, conquista y población
del Valle de Aburrá 449
Juan Zuleta Ferrer
Clodomiro Ramírez y su tiempo 460
José Mejía y Mejía
Medellín, ¿la capital del crimen? 468
Gonzalo Arango
El poeta Mario Rivero de Envigado, Antioquia 471
Javier Darío Restrepo
La muerte feliz de Julián Ocón 479
Dos siglos
de Periodismo en Antioquia
Cuando acepté hacer una selección de los mejores escritos de los periodistas de Antioquia, no pensé que ésta fuera una tarea tan grata y tan importante. Soy periodista y me he dedicado durante varios años a estudiar la historia del periodismo en Colombia, sobre todo la historia del periodismo narrativo. Sin embargo, nunca me había dedicado a examinar con detenimiento la del periodismo de nuestra región, con excepción de un solo autor: Francisco de Paula Muñoz, el inolvidable escritor de El crimen de Aguacatal, el libro que inauguró el reportaje en nuestro país.
La labor fue un poco apresurada, atendiendo la voluntad del actual Concejo Municipal de mi ciudad y de la Biblioteca Pública Piloto de recuperar la obra periodística de quienes forjaron en el pasado este periodismo vigoroso, combativo, bien escrito, que luchó por la Independencia, por la libertad de los esclavos, por la libertad de expresión, por retratar la vida cotidiana de la región y que dio figuras tan disímiles como Francisco Antonio Zea, Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos), el Indio Uribe, Luis Tejada, Fernando González, Rafael Uribe Uribe, Fidel Cano, Antonio J. Restrepo, Emilio Jaramillo, Juan Zuleta Ferrer, Fernando Gómez Martínez, José Velásquez García (Julio Vives Guerra) y hasta el propio don Tomás Carrasquilla.
periodismo, ni en historia política, ni en historia de la literatura de nuestro país. Es una selección de algunas de las mejores páginas de nuestros periodistas y escritores más destacados.
Luego de una búsqueda inicial llevada a cabo en las principales bibliotecas de Medellín, con la ayuda de la estudiante de periodismo de la Universidad de Antioquia Zahira López Quintero, fue para mí una sorpresa encontrar que hasta hoy sólo existe una antología del periodismo en Antioquia: la de Juan José Molina, publicada en 1878 y llamada Antioquia Literaria. Como el título de la obra lo indica, la selección de los autores y de los textos estuvo orientada hacia el periodismo literario.
* * *
El periodismo de las últimas décadas ha elevado a un pedestal casi inalcanzable el concepto de actualidad noticiosa. En esta selección, por el contrario, he tratado de rescatar aquellos textos a los que el tiempo parece no haber tocado y que aún hoy, después de muchos años, continúan teniendo valor periodístico, literario e incluso histórico, porque fueron escritos por hombres de talla mayor que comprendieron su época, su región, la cultura de su pueblo. Antes de que existieran los reporteros, que comenzaron a aparecer en nuestros periódicos a fines del siglo XIX y comienzos del XX, los periodistas eran casi todos hombres de letras, de ciencia, historiadores, líderes políticos. Por esto no fue una casualidad que los partidos políticos en Colombia se incubaran y definieran sus programas y hasta su misma estructura en las redacciones de los principales periódicos de la década de 1840 a 1850.
Mosaico. Muchas de las tempranas novelas publicadas en Antioquia aparecieron también en periódicos y revistas de Medellín.
* * *
El primer gran periodista de Antioquia y primero en esta selección es José Félix de Restrepo, un filósofo y hombre de ciencia que como educador formó a algunos de los principales líderes políticos e intelectuales del movimiento de Independencia, por lo cual se le llamó "Maestro y plasmador de gigantes". Fue además, el principal promotor de la primera ley de libertad de los esclavos en el Congreso de la República. Francisco Antonio Zea, el segundo autor en esta selección, fue no sólo uno de los pioneros del periodismo colombiano, al lado de Antonio Nariño, Francisco José Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Joaquín Camacho, sino que fue además uno de los precursores del movimiento de Independencia en Colombia. Por su participación en este grupo de intelectuales que se convirtió con el tiempo en la vanguardia de la revolución de Independencia, fue con Nariño uno de los primeros periodistas perseguidos en nuestro país. En 1795 las autoridades españolas lo condenaron al destierro en Cádiz, donde estuvo preso durante tres años.
El último autor es un periodista de hoy: Javier Darío Restrepo. Esto no quiere decir que Antioquia no tenga hoy más periodistas de valía, sino que Restrepo es el mejor representante de una generación de reporteros que solo quisieron ser eso: reporteros, tal vez la labor más noble y sacrificada del periodismo. Además, su relato "La muerte feliz de Julián Ocón" es una muestra del arco que va desde el nacimiento de nuestro periodismo hasta el periodismo contemporáneo. Quiero decir que los discursos de José Félix de Restrepo, los manifiestos de Francisco Antonio Zea y las crónicas de José Antonio Benítez son el nacimiento de un estilo que tiene su culminación en el siglo XX en reportajes como el de Javier Darío Restrepo y Gonzalo Arango.
Entre estos autores, podemos encontrar una gran variedad de periodistas, de estilos, de propósitos y de géneros periodísticos, desde el panfleto partidista hasta el ensayo más erudito. Desde los relatos de viaje, los cuadros de costumbres, las semblanzas y los artículos del siglo XIX hasta los reportajes del siglo XX.
El cronista más antiguo de esta selección es José Antonio Benítez, "El Cojo", quien fuera un escribano oficial de Antioquia desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. La causa de que sea el más antiguo es simple: nuestro periodismo se inició con la crónica, aunque todavía no existían los periódicos. Su libro El Carnero de Medellín es una obra singular que por momentos se parece a otro libro fundacional de la literatura y el periodismo de nuestro país: El Carnero, de Juan Rodríguez Freyle.
motivo su punto de vista narrativo es muy similar al de un periodista.
El diario de doña María Martínez de Nisser, en el que ella cuenta los sucesos de la Revolución de los Supremos y dice cómo se vistió de soldado, se rapó la cabeza después de la muerte de su esposo y se fue a la batalla a luchar en reemplazo de él por su patria, nos da una idea de la fuerza que a lo largo de dos siglos han tenido en Antioquia los relatos testimoniales.
* * *
El abanico de géneros empleados en el periodismo en Antioquia es bastante amplio: va desde las crónicas coloniales hasta las diatribas incendiarias del Indio Uribe. Desde los artículos editoriales que marcaron una época, como "La ley de los caballos", de don Fidel Cano, que precipitó el cierre del periódico El Espectador, hasta las crónicas delicadas de mujeres como Nelly Posada o los deliciosos relatos de doña Sofía Ospina de Navarro.
El periodismo en Antioquia también ha abarcado temáticas diversas y hasta opuestas. De esto dan cuenta las crónicas judiciales de Alfonso Upegui (Don Upo), de un lado, y de otro las crónicas evocadoras de viejos tiempos de Medellín, como las de Eladio Gónima, Lisandro Ochoa, Luis Latorre Mendoza y Carlos Escobar.
Algunos relatos son impresionantes, aún leídos un siglo después de ocurridos los hechos. Por ejemplo, "El camino de Palonegro", un testimonio sobre la crueldad de la Guerra de los Mil Días, en especial de su última batalla. Éste fue escrito por Lucrecio Vélez Barrientos (Gaspar Chaverra). También se pueden mencionar "Crimen, Capilla y Ejecución de Tamayo", de Enrique Gaviria Isaza, un relato conmovedor sobre la ejecución de un condenado a muerte y "La hazaña de Lajas", de Romualdo Gallego (José María Castells).
* * *
Como puede notarse a primera vista la contribución de los escritores al desarrollo del periodismo en nuestra región ha sido antigua y profunda. La lista de escritores y los poetas vinculados al periodismo es casi interminable. Entre ellos pueden mencionarse a Juan de Dios Restrepo, Camilo Antonio Echeverri, Manuel Uribe Ángel, Camilo Botero Guerra, Antonio José Restrepo, José Velásquez García, Marco Fidel Suárez, Tomás Carrasquilla, Luis Tejada, Baldomero Sanín Cano, Tulio González Vélez, José Restrepo Jaramillo, Porfirio Barba Jacob, Manuel Mejía Vallejo, Óscar Hernández, Rocío Vélez de Piedrahita, Gonzalo Arango...
detallados y profundos, como la crónica, la entrevista y el reportaje.
Los periodistas de nuestra región nos dejaron semblanzas inolvidables de algunos de los grandes personajes de Antioquia, como Tomás Carrasquilla, Juan de Dios Uribe, Ricardo Rendón, Rodrigo Arenas Betancur, Antonio J. Cano, Pedro Nel Gómez, Clodomiro Ramírez y muchos hombres y mujeres más.
* * *
Los periodistas de Antioquia han sido en algunas ocasiones pioneros en Colombia de géneros y formas de relato que en otras regiones aparecieron muchos años más tarde. Un ejemplo de esto, como ya dije antes, es el reportaje de Francisco de Paula Muñoz, El crimen de Aguacatal, con el cual se inaugura este género en Colombia. El relato testimonial de doña María Martínez de Nisser, Diario de los sucesos de la revolución en la provincia de Antioquia en los años de 1840-1841, no tiene antecedentes, por lo menos en la literatura colombiana: ella fue la primera escritora del siglo XIX y una de las pocas mujeres-soldados de la época.
Antioquia también dio al periodismo colombiano algunos de los más grandes cronistas, como Luis Tejada y José Velásquez García (Julio Vives Guerra). Y el que se ha considerado el más grande crítico literario y ensayista de nuestro país, Baldomero Sanín Cano.
* * *
según la mayoría de sus biógrafos; Juan Roca Lemus, nacido en Ocaña; Otto Morales Benítez, nacido en Riosucio; o los de Adel López Gómez, nacido en Armenia, Lino Gil Jaramillo, nacido en Pereira, y José Gerardo Ramírez (José Gers), nacido en Aranzazu. Otros, como Jaime Barrera Parra, nacido en San Gil, trabajaron para periódicos nacionales como El Tiempo y murieron en Medellín.
Algunos fueron al mismo tiempo que periodistas, grandes líderes políticos como el general Rafael Uribe Uribe, Mariano Ospina Rodríguez, Carlos E. Restrepo, María Cano, Marco Fidel Suárez. Otros, grandes historiadores como José Manuel Restrepo. Otros, hombres de ciencia como Manuel Uribe Ángel. Otros, grandes poetas y escritores, como Tomás Carrasquilla, Juan de Dios Restrepo (Emiro Kastos), Luis Tejada, Miguel Ángel Osorio (Porfirio Barba Jacob), Camilo Antonio Echeverri, Camilo Botero Guerra, Antonio José Restrepo, Fernando González, Blanca Isaza de Jaramillo, Libardo Parra Toro (Tartarín Moreira), Manuel Mejía Vallejo, Rogelio Echavarría, Adel López Gómez, Rocío Vélez de Piedrahita, José Restrepo Jaramillo, Mario Escobar...
Algunos de los más grandes polemistas de la prensa también se formaron en el periodismo de Antioquia como Juan de Dios Uribe (el Indio Uribe), quien murió en el destierro por esta causa; Fidel Cano, Rafael Uribe Uribe, Emilio Jaramillo, Guillermo Cano...
* * *
Como dice Juan Luis Panero en su libro Poesía colombiana, sé de sobra que una selección de esta clase es como un crimen. Uno puede arrepentirse antes o después, pero una vez cometido -quiero decir: una vez terminado el libro- no queda sino esperar la inexorable condena.
-aclaro que ésta no es una antología sino una selección- es perpetrar un atentado a la justicia". Según Jiménez, esa injusticia se manifiesta tanto por omisión como por exaltación y amor excesivo a ciertos autores.
Espero que estas palabras ajenas me sirvan para decirle a todos los lectores de El periodismo en Antioquia que con este libro solo he querido recoger una obra dispersa, perdida en hemerotecas y archivos que nadie visita y que a veces las mismas bibliotecas abandonan en un rincón.
Con la excepción de Javier Darío Restrepo, Mario Escobar Velásquez y Rogelio Echavarría, amigos de los que me enorgullezco por la calidad de su obra, no he incluido en ella a ningún periodista que sea mi amigo personal.
Creo que para esta clase de trabajos, se necesita tomar distancia, dejar que pasen muchos años para que el tiempo muestre la verdadera importancia de un artículo, una crónica o un reportaje en la historia. Si esos escritos logran sobrevivir al tiempo, es porque sus autores se la jugaron toda a la hora de crearlos, y al mismo tiempo lo hicieron con calidad literaria, con honradez intelectual y siendo fieles a sus ideas, a sus propias emociones y a su época. Con razón dice el escritor irlandés Bernard Shaw: "El hombre que escribe sobre sí mismo y sobre su propia época es el único que escribe para todos los hombres de todos los tiempos".
Espero que los textos seleccionados en este libro tengan ese destino anunciado por Bernard Shaw y que, como lo ha querido el Concejo de Medellín, nutran el alma colectiva de las presentes y nuevas generaciones.
Juan José Hoyos
J
OSÉF
ÉLIXDER
ESTREPOClausura del curso
de filosofía en el
Colegio de San Bartolomé
Nada hay más importante al bien de la sociedad como el establecimiento de colegios y cuerpos literarios, donde se instruya a la juventud en el estudio de las ciencias, de las artes, y de las bellas letras. Son los jóvenes la parte más preciosa del género humano, y pueden compararse a unas plantas tiernas en que están encerradas las semillas del heroísmo y de la virtud que fomentadas con el riego de la enseñanza, deben algún día producir frutos abundantes en beneficio de la religión y de la patria. Todos los padres de familia, que estiman a sus hijos con un amor sólido y juicioso, están persuadidos de que no pueden hacerles mayor beneficio, que procurarles la perfección del espíritu con el estudio de las ciencias: ellos depositan gustosos esas tiernas prendas de su cariño en los colegios con el mismo designio con que el labrador encomienda el fértil grano a la tierra en la esperanza de abundantes frutos.
que debió más a su pluma que a su espada, y que en medio de los combates jamás olvidó el cuidado de las estrellas. Las repúblicas más poderosas del universo, Grecia y Roma, no llegaron al mayor grado de esplendor y gloria sino cuando cultivaron las ciencias. Tan cierto es, que para lograr la protección de Marte es preciso haber obtenido primero el favor de Minerva. En fin, sea que consultemos la historia de los siglos pasados o que volvamos la vista a los presentes, quedaremos convencidos de la verdad de esta máxima importante:
"La Nación sabia está destinada a mandar, y la ignorante a obedecer".
pero goza los bienes más preciosos de la naturaleza, instituciones liberales, costumbres humanas y libertad racional. El infame tormento, la tenebrosa Inquisición y la infernal esclavitud, han huído lejos de su recinto, con la celeridad con que los animales nocturnos desaparecen delante de los primeros rayos de la aurora.
Yo os felicito, pues, República de Colombia, nacida como el Fénix de las cenizas del despotismo español. A vosotros hablo, Jefes de Colombia; a ti, Libertador ilustre, que rodeado de amarguras, riesgos y dificultades sinnúmero, concebisteis y llevasteis al cabo la grande obra de arrancar vuestra patria a la tiranía española; obra que habría parecido imposible a otro corazón menos valeroso o menos amante de la felicidad de sus compatriotas. Ojalá que fuera concedido a la juventud de este Colegio manejar las riendas del carro de Febo para detener el curso de vuestros preciosos días. A ti, benemérito vicepresidente, que por medio de los trabajos de gabinete, a veces no menos difíciles que los de la guerra, habéis consolidado la majestad de las leyes y el imperio de la libertad. A vosotros, militares generosos y humanos, que después de haber arrojado de su seno a los enemigos, empleáis vuestra espada en defender su Constitución. A vosotros, legisladores sabios, de cuyas luces y desvelos espera su última perfección. A vosotros, pastores vigilantes y virtuosos que enseñáis la religión y dirigís la moral de los pueblos. A vosotros, magistrados firmes, ilustrados y justos, en cuya integridad encuentra la inocencia su apoyo y el crimen su castigo. A vosotros, ciudadanos de todas clases, profesiones y oficios, que por vuestra aplicación y trabajos simultáneos, contribuís a la felicidad general; recibid el homenaje que os tributa la juventud de este Seminario, deseosa de imitar vuestros ejemplos y de sacrificarse por el engrandecimiento y perfección de la obra que con tanta gloria habéis comenzado.
F
RANCISCOA
NTONIOZ
EAPresidente del Soberano Congreso, Vicepresidente de la República.
Manifiesto
¡Pueblos de Colombia!
Un grande acto de Política, vanamente solicitado por hombres superiores, capaces de calcular la gloria y el poder à que debeis elevaros, reunidos baxo un Gobierno representativo y enérgico: este acto divino, ya desde la eternidad decretado en vuestro favor, ha venido en fin à realisarse en medio de las antiguas selvas y vastas soleadas del Orinoco, baxo los auspicios paternales del Todo-Poderoso. Su mano se está viendo en toda obra. Es en el seno mismo de la Naturaleza que se ha formado la REPÚBLICA DE COLOMBIA; y el sello de la creación está impreso sobre la Ley Augusta que la ha constituido.
¡Pueblos de Venezuela, que os formasteis baxo el puñal de Boves, intrépidos Patriotas!
¡Pueblos de Cundinamárca, que en la atroz escuela de Morillo habeis aprendido à ser libres!
¡Pueblos de Quito, que Ruiz de Castilla, aquel precursor horrible de Morillo en sangre y en perfidia, impelió tan violentamente hacia la Independencia!
del Sur, y os constituye en una fuerte y sólida Potencia que en el acto mismo de levantarse puede hacerse respetar. No solo vuestra elevacion política y vuestra existencia en cuerpo de nación; sino que aún la vanidad misma de los individuos se halla interesada en esta Union. Es gloria pertenecer à un grande y poderoso Pueblo, cuyo solo nombre inspire altas idéas y un sentimiento de consideración. "Yo soy Inglés" se puede decir con orgullo sobre toda la tierra, y con orgullo podrá decirse un día "Yo soy Colombiano", si vosotros todos adherís firmemente à los principios de unidad y de integridad proclamados por esta Ley, y consagrados por la experiencia y por la razon.
Seria ciertamente una prueba de cortas miras y ningun conocimiento de la marcha de las naciones querer dividir en pequeñas y débiles Repúblicas, incapaces de seguir el movimiento político del Mundo, pueblos que estrechamente reunidos formarán un fuerte y opulento Estado, cuya gloria y cuya grandeza refluirá sobre todos ellos.
toda ella por caudalosos rios, que en todas direcciones descienden de los Andes, y á veces los cortan, y á veces se encadenan unos con otros, y estenderán un dia nuestra navegación interior desde las costas opuestas hasta el centro de la República, y aún hasta los nuevos Estados del Sur, desde Guayana hasta el Perú, desde Quito y Cundinamárca hasta el Brazil, y tal vez hasta el Parraguay, y quien sabe si hasta Buenos Ayres. Ciertamente si en un pais, por la mayor parte desconocido de sus propios habitantes, se han encontrado tantas y estensas comunicaciones, ya mas ó ménos expeditas, ya mas ó ménos difíciles -¡quantas otras no serán descubiertas por el Genio de la Libertad! ¡Asombran las que reconoció ó inquirió en sus excursiones geológicas y botánicas el ilustre CALDAS, aquel sábio laborioso y modesto que Morillo sacrificó a su furor estúpido de extinguir en vuestra sangre todas las luces y las virtudes de Colombia, que él tiene por enemigas. ¡Malogrado Naturalista! las ciencias le habian erigido un monumento, y el bárbaro ¡le erigió un cadalso!
Pero !quanto realce; pero ¡quanto valor no dá à tantas ventajas la posesion de ese Istmo precioso designado por la Naturaleza para el gran mercado del Universo! -Este es el centro de atracción política, ea que todas las relaciones y todos los intereses vienen à adherirse, y consolidar la República. ¿Y qué será cuando el Comercio, ese fundador magnífico de Tyro y de Cartago, levante allí populosas Ciudades, à que concurra el Mundo, abierta una vez, y facilitada la comunicacion de los dos mares?- ¡Honor à la memoria del magnánimo CORRAL, que tanto facilitó esta empresa -a la de CALDAS, que formó el plan -à la de URIBE, que verificados los reconocimientos y nivelaciones necesarias, levantaba ya la carta hidrográfica para la execucion, quando arribaron à nuestras costas la Inquisicion, y Morillo con su nueva caxa de Pandora derramando fanatismo, ferocidad, barbarie, todos los horrores del Despotismo, y su odio profundo à toda idèa grande y liberal!
J
OSÉA
NTONIOB
ENÍTEZ(E
LC
OJO)
El presbítero homicida
Convento de San Diego por cinco años en ejercicios humildes y mecánicos.
El Padre Juan Sánchez siguió su fuga desde el día de la desgracia, hasta la Corte de Roma; se presentó al Santísimo Padre, el Señor Clemente Undécimo, y su Beatitud lo acogió benignamente, le absolvió de la censura en que había incurrido y dicen le permitía celebrar, si se quedaba en los Estados Pontificios, y el padre no quiso, quien después de haber recibido la absolución solemne, y sacado el Decreto del Perdón de la Dataria o Penitenciaría, se volvió a esta Villa, vistiendo siempre los hábitos talares o clericales, pero suspenso de todos los Divinos Oficios, y trajo la reliquia de un hueso de San Félix. Estos despachos de la Curia Romana, no constan en la Causa, y juzgo los presentaría en la Curia de Popayán para que constase a su Ilustrísima; pero se sabe por tradición cierta, que trajo los tales despachos, según dicen los viejos que trataron con el padre, después que vino de Roma. La sentencia del Doctor Burgos, no tuvo efecto aunque el Obispo siguió su dictamen, porque el Despacho de Roma prevalecía al del Obispo que para definitiva consultó al expresado Doctor Burgos; últimamente ni aun en la causa consta que se le notificase.
Por estos tiempos siguió dicho Vicario Molina otra causa contra el Presbítero Jerónimo Facundo de Acevedo, por haber este violentado una noche con la espada en la mano, a Jacinto de Cortés Dávila, y casándolo con una muchacha que había criado el Padre en su casa, y en ella en un cuarto fue que lo casó, y al siguiente día del casamiento puso la querella el novio para disolver los tales esponsales.
nuestros prójimos, me encomienden a Dios tanto en vida como en muerte; y a mis amados, y queridos hijos encargo vivamente no se olviden de su Padre, sino que como buenos hijos en todos los ejercicios devotos, pidan al Padre de las Misericordias, la tenga de este vil gusanillo de la tierra; y no dudo que conservaran en su Poder esta pequeña memoria, para despertar del letargo del olvido que ofrece este mundo inconstante; sobre todo, les encargo el amor de Dios y obediencia a su Santa Ley, la caridad con los prójimos, la lealtad al Soberano y respeto a sus Ministros, la cortesía y moderación con toda suerte de personas, la honesta ocupación y el amor a la Patria y Dios sobre todo. José Antonio Benítez. [Al Margen:] Con motivo de mis ocupaciones no me ha sido posible formar este libro Becerro de memorias con el orden de fechas seguidas que se requería; por eso unas noticias van adelante, otras después, así como las iba consiguiendo, y agregando después otras que copiaba. Vale.
J
OSÉM
ANUELR
ESTREPODiario del viaje que hice de la
ciudad de Rionegro en la
provincia de Antioquia, a la de
Kingston, en la
Isla de Jamaica
Habiendo las armas del rey de España ocupado la Nueva Granada en mayo de 1816, después de una revolución de seis años, todos los hombres que habían figurado en ella fueron sepultados en los calabozos. El 5 de julio comenzó el degüello, por don Antonio Villavicencio, y le fueron sucediendo todos los demás jefes de la revolución, de modo que Santafé, la capital, y todas las demás provincias tuvieron que vestirse de luto, y murieron en un patíbulo, con la ignominia de criminales, hombres en quienes todo el mundo respetaba la virtud y la ciencia. ¡Funestas consecuencias de las discordias civiles!...
que la ocupó, sin embargo de la aspereza de su carácter y de las órdenes de los generales Morillo y Enrile, no quiso enviar ningunos de sus habitantes al cuartel general, sin embargo de que se le remitieron listas de los que se juzgaban más criminales entre los revolucionarios. La misma conducta observó don Vicente Sánchez de Lima, a la cual debo sin duda el no haber muerto fusilado. Según los empleos que obtuve en la revolución, si voy al cuartel general de Santafé me habría tocado una suerte tan desgraciada. Allí murieron hombres que figuraron menos que yo.
Persuadido de semejantes ideas pasé los meses de julio y agosto en las mayores ansiedades, esperando por momentos el que me pusieran preso. Una de las cosas que me daba mayor cuidado era el que en Santafé se seguía la causa de don Dionisio Tejada, último gobernador revolucionario de Antioquia, de quien yo había sido secretario; debía temer justamente que se me complicara en algo.
Me hallaba en tales circunstancias, cuando en 20 de agosto me comunicó el gobernador Lima la orden de que siguiera a Sonsón a dirigir el nuevo camino que se estaba abriendo de esta parroquia a la ciudad de Mariquita. El gobernador me decía que era por orden de don Pascual Enrile, jefe del estado mayor general del ejército expedicionario, y las palabras con que se expresaba me hacían algún honor a pesar de contener la frase de que "estuviera en el camino hasta su conclusión, sin permitirme que me separara por motivo alguno".
aquel día pero me presenté al mencionado oficial que era joven y me trató bien. Habiéndome hecho algunas observaciones y preguntas sobre el nuevo camino, él me dejó volver a él. En Mariquita estuve dos horas, y allí supe que las muertes y los suplicios continuaban en Santafé; que ya habían muerto Tejada, Davilla y la mayor parte de mis amigos.
Afligido mi corazón e inquieto más que nunca sobre mi suerte, me volví al camino. A mi regreso hallé defectos gravísimos en lo abierto, los que era preciso enmendar. Mas los peones se me desertaban, no había víveres con qué mantenerlos y los puentes sobre los ríos Moro y Miel estaban difíciles. Yo me fijé en la mitad del camino que es en el Moro; mi compañero don Manuel Antonio Jaramillo iba a los puntos en que se necesitaba dar órdenes, etc. mi vida era llena de cuidados, de trabajo y de incomodidades, pues comía muy mal y estaba viviendo en un rancho miserable. Con todo, la idea de que aquel destierro era probablemente el castigo que me daban los españoles, me hacían llevaderos mis trabajos.
Me hallaba en tal situación apurando que se construyera el puente de río Moro, cuando el 6 de octubre me dicen unos peones que llegaron del río Miel, que atrás venía un coronel español que decía estar nombrado de gobernador de Antioquia por el señor Morillo y que llegarían al siguiente día muy temprano. Un nombramiento tan repentino quitando al señor Lima me dio mucho cuidado. Se me fijó la idea de que enviaba el general a semejante gobernador para que hiciera las prisiones y remisión de reos a Santafé que no habían verificado los señores Lima y Warleta.
Allí permanecí lleno de amargura con tantas ideas fúnebres que me ocurrían acerca de los suplicios de Santafé, hasta que a los ocho días supe que el señor Lima se había denegado a entregar el mando a Díaz, sin primero consultar al virrey de quien también dependía. Semejante noticia me llenó de gusto lo mismo que a toda la provincia consternada con la venida del nuevo gobernador. Lima estaba empeñado en que sus habitantes no padecieren tanto como el resto del reino.
El 15 de octubre me hallaba en río Moro cuando recibí orden del señor Lima para que dejando el camino bajo la dirección de don Manuel Antonio Jaramillo me presentara en Medellín a dar cuenta de mi comisión. Si al mismo tiempo no hubiera recibido otra carta de mi mujer doña Mariana Montoya, en que me decía no tuviera cuidado por aquella orden, me habría sorprendido algún poco, juzgando ser otra cosa. El 16 emprendí mi marcha para Rionegro. En cuatro días llegué a Sonsón con un tiempo muy malo; allí me detuve el domingo 20 y el 22 llegué a mi casa de Rionegro, a los dos meses completos que faltaba de ella.
Estando el gobernador Lima ausente, no me detuve más que la noche y el 23 llegué a Medellín. Bajando la cuesta de Santa Elena me puse a meditar la situación critica en que me hallaba, si volvía al camino de Sonsón, sobre todo si se recibía de gobernador don Sebastián Díaz el que era muy probable trajera instrucciones de enviarme a Santafé. Yo me hallaba persuadido que perecía en un cadalso si caía en manos del señor Morillo. No porque yo hubiera cometido algún crimen en la revolución, sino por mis opiniones políticas.
en la otra comisión de levantar el mapa, comenzando por el Cauca, desde Cáceres hasta Nechí. Consiguiendo esto me podría ir a Cartagena a presentarme al virrey quien yo sabía que estaba más benigno que Morillo. Esto en el caso de que recibiera Díaz.
Luego que llegué a Medellín consulté mi proyecto con varios amigos, los que lo aprobaron y me dijeron que el mismo Díaz había dicho que mi padre y yo éramos los primeros que debían ponerse presos con más de 40 de los vecinos principales de la provincia. Con tal noticia me afirmé más en mis designios de venirme a Cartagena. En efecto hablé al gobernador Lima y convino en darme la comisión que yo pedía. Yo le di cuenta del estado del camino de Sonsón y aprobó mis procedimientos, lo mismo que algunos proyectos que le propuse para su conclusión.
Sabiendo que mi padre debía ser víctima del gobierno de Díaz, le hice un peón a su mina del Cauca llamándolo para que habláramos. Como debía tardar cuatro o seis días, permanecí encerrado en mi casa de Medellín hasta el lunes 28 de octubre, en que alas 6 de la mañana fui a ver a mi padre en la otra banda en casa de mi tío don José Antonio Restrepo. Este fue uno de los momentos más amargos de mi vida, al ver a mi anciano padre lleno de las más sencillas virtudes, amenazado a los sesenta años, de ser conducido a un calabozo como un criminal. ¡Ah!, ¡qué cosa tan horrible! Y esto por hombres que se juzgan humanos...
Tuve que revestirme de toda la firmeza de alma para salir de aquel lance con alguna serenidad. Allí convinimos en que nos vendríamos a Cartagena lo más pronto que fuera posible, sobre todo si don Sebastián Díaz tomaba el mando, y que si yo no me detenía en Yarumal lo esperaría en Cáceres
porque iba mi seguridad. Como se pasaron tres días sin venir la comisión, tuve que despachar un extraordinario a Antioquia, a donde había seguido el gobernador a los seis días no había regresado el peón y yo pasé aquel tiempo en las mayores agitaciones. La idea de separarme de mi familia acaso para siempre dejándola con poco dinero y expuesta a mil miserias, afligía mi corazón, principalmente hallándose mi mujer muy próxima a parir; pero mi seguridad era sobre todo y el libertarme de las humillaciones que muchos españoles querían hacerme sufrir.
Ya me hallaba resuelto a seguir para Cartagena aun sin pasaporte, cuando el 8 de noviembre lo recibí. En él se decía que se me comisionaba para levantar un plano del Cauca y que después entrara por el Atrato, y que levantara otro igual de este río. Podía irme a Cartagena sin que nadie pudiera impedirlo.
Como yo estaba pronto, salí el 9 a las cuatro de la mañana. Una multitud de ideas, las más tristes, se agolparon en aquellos momentos para afligir mi corazón, pero yo me resistí con toda la fuerza que un hombre daba manifestar en semejantes casos. Tomé el camino de Guarne para salir a Hatogrande; a las 4 de la tarde hice alto para dormir al pie de la cuesta del Zarzal en una casa pequeña de un pobre.
Allí estaba durmiendo para seguir a Yarumal el día siguiente, cuando a las 2 de la mañana tocan a la puerta y preguntan si yo me hallaba en aquella casa. Dije que sí y entró un peón de Rionegro con una carta de mi esposa incluyéndome otra de don Rafael Caro que se hallaba de secretario del gobernador, diciéndome que éste me aguardaba sin falta en Medellín el 10, que era el siguiente día domingo. Semejante orden no dejo de sorprenderme y sentí mucho que se me detuviera mi viaje. Mas habiendo meditado la materia me resolví ir a Medellín cumpliendo con la orden del jefe.
con el peón que vino de Rionegro. A las 9 llegué y todavía el gobernador no había arribado de Antioquia. En el camino hallé a don Manuel Puerta, el que me manifestó una proclama del señor Lima en que decía a los pueblos de la provincia que eran falsos los rumores que se habían esparcido, de que el coronel Díaz iba a hacer prisiones en ella. Que el general en jefe era muy piadoso y que no derramaría la sangre de su moradores. Como yo le había oído lo contrario en conversación familiar, no pude combinar lo uno con lo otro.
De Autobiografía. Año de 1816
J
OSÉM
ARÍAS
ALAZARBosquejo político de la
América antes española
America seems again díscovered; not to geography but to commerce, to social intercourse, to inteligence, to civilization, and to liberty. (Mr Webster´s speech in Fareuíl hall.)
Tantos han sido, tan varios y tan importantes los acontecimientos de la América antes española, desde que trató de existir por sí misma en el orden político estableciendo un gobierno propio, que si hubiera de medirse por ellos el tiempo que los ha traído, no parecerían el resultado de tan corto período, sino la obra de un siglo. La posteridad, ansiosa de saber los sucesos de los antepasados, y en particular nuestros descendientes, herederos del bien y del mal de sus padres, leerán con interés la historia de esta época, ya para evitar los errores que se hayan cometido, ya para seguir los ejemplos que merezcan ser imitados.
La primera cosa digna de su atención será la identidad de sentimientos y de ideas en todas las secciones de nuestro vasto continente acerca de su independencia y de sus instituciones fundamentales. Todas han obrado de concierto, sin comunicarse, como por un impulso de la naturaleza; los efectos han sido iguales a las causas que los han producido, y el sentimiento de la opresión y la común desgracia unido al deseo natural de la felicidad, han excitado en todas la misma reacción.
francesas, y cautivos los reyes de su dinastía, paso falso que causó con otros la caída de Bonaparte, parecía llegado el momento propicio a las colonias para mejorar su condición, gobernándose por sí mismas; la debilidad de la madre patria y el estado político de la Europa no hacían problemático el buen éxito de la empresa; mas no se creyó generoso añadir aflicción al afligido, rompiendo en aquel tiempo la unidad nacional; ya no se habló de agravios pasados, sino de nuevos sacrificios; se remitieron muchos millones de pesos fuertes a la Península y fue reconocida la Junta de Sevilla, que había tomado la voz de la nación, mas cuya autoridad fue luego disputada por la de Asturias, alegando en su favor una carta del rey, que le confería el mando supremo.
Siendo cada día más adversa la faz de la nación, ocupada en su mayor parte por el enemigo, la América, que era por derecho una parte integrante de ella, y no colonia en el sentido que ha dado a esta palabra el mundo comercial desde el siglo décimosexto, creyó indispensable para su régimen interior y para ponerse a cubierto de los males que la amenazaban, crear gobiernos propios que supliesen el gran vacío de autoridad y de confianza que faltaba a las audiencias y virreyes. Seguía en esto el ejemplo de algunas provincias españolas que habían establecido sus juntas en conformidad de una ley del reino, y que las autorizaba "en los casos arduos y dificultosos". No se disolvía por esta medida la unidad nacional, los mutuos servicios y las relaciones quedaban subsistentes y en nombre del rey era el vínculo que ligaba las partes de un mismo todo.
de benevolencia que debe estrechar a los miembros de una sociedad, y se carece de previsión para pesar las consecuencias de pasos inconsiderados.
Los diversos gobiernos que se sucedieron en la península desde la cautividad del Monarca siguieron el mismo plan de hostilidad hacia las posesiones ultramarinas; representación desigual cuando eran llamadas a los congresos nacionales, para que su voz fuese nula; manifiestos y arengas en que se les ha insultado atrozmente, faltando a la común decencia del lenguaje; decretos y declaraciones imperiosas, consecuentes a estos discursos, y, para añadir el desprecio a la injuria y excitar a la vez indignación y risa, indultos y amnistías que no sientan bien a la virtud y al heroísmo.
Los americanos pensaron seriamente sobre su destino, y ventilaron con libertad cuestiones delicadas que antes hubiera sido peligroso discutir; la naturaleza y efectos legales de la conquista de América; la bula y singular donación de Alejandro VI; las antiguas leyes y privilegios concedidos a los primeros pobladores y sus descendientes; los límites de las potestades espiritual y temporal; el origen de la autoridad pública y las formas de los gobiernos; lo más conveniente a la América en su presente estado de población, luces y riqueza; las constituciones de los diferentes estados y el admirable invento del sistema representativo, que es en política lo que la atracción en la física; los derechos individuales y sociales, y los recíprocos deberes de los gobernantes y gobernados: todos estos objetos y otros muchos enlazados con ellos fueron materia de libre discusión.
satisfacción del impuesto, eran casi siempre mayores que la producción: y todo era atraso y miseria; tan cierto es que si todo prospera con el aliento de la libertad nada medra bajo un sistema de trabas y de restricciones.
M
ARÍAM
ARTÍNEZDEN
ISSERDiario de los sucesos de la
Revolución en la Provincia de
Antioquia en los años de
1840-1841
Día 18. -Toda la tarde me he estado en el camino de Rionegro esperando á mi esposo, i á la oración me he vuelto desconsolada i sin la mas pequeña noticia. Ninguno de los desterrados parece, lo que me hace presumir que tal vez los han cojido á todos, i si no fuera por este tormento, miraria estos días como los mas placenteros de mi vida. Nada ha habido particular, todo están en movimiento preparándose para la marcha: se estan haciendo muchas lanzas, se ha recojido el plomo que podia encontrarse en el lugar para hacer balas, las señoras todas estan cosiendo blusas, i estas tres noches pasadas he estado cosiendo en compañía de dos hermanas hasta las dos de la mañana; pero la inquietud de ir cada momento á la plaza á ver si hay alguna novedad, no me deja estar constantemente ocupada en la costura.
preferido estar mas bien en los montes, que bajo el dominio de los traidores. Yo corrí á la plaza á encontrarlo, i mi primera pregunta fue por mi esposo. El P. Restrepo me respondió: don Pedro estaba desgraciadamente en Medellín el día que llegó allí la noticia de que se acercaban tropas del gobierno; lo iban á prender, i don José M. Uribe logró esconderlo en su casa, en donde está seguro; pero U. no lo espere porque ya no es fácil pasar. No podré pintar la alteración que me causaron estas palabras, i mas cuando no era posible persuadirme fuese cierto lo que escuchaba; pues me parecia estar viendo preso á mi esposo. Por la tarde llegó don Pablo Londoño (otro de los desterrados,) i estando aun á caballo, me le acerqué i con la mayor prontitud le dije: é quién fue el que cojió á Nisser? ¿Todavía la tienen con grillos? Entonces me respondió: "No se si le han puesto grillos, ni quien lo cojió: solo sé que mas acá de Rionegro estando ya en camino para este lugar, fue detenido i conducirlo preso. ¡Qué ideas tan tristes me rodean! No se que partido tomar en este momento que será la una de la mañana. Mi ternura me aconseja que vaya á Rionegro á acompañarlo en su prision, pues mi presencia se la hará mas llevadera; mas el bien público en general, me dice que no; por que allí é de qué utilidad puedo ser para mi patria ó para mi esposo? Mañana me presentaré á Braulio, le pediré una lanza; marcharé en compañía de dos hermanos i demás patriotas de este pueblo, i contribuiré de este modo á la libertad de mi suelo.
suficientes fusiles, pues solo por el interes de estos debe ser que se busca á Isidro. En donde esté este traidor no se sabe. Dicen que ya no está en Positos, i por esta razon el P. en lugar de ir á buscarlos, se ha ido esta tarde para Abejorral.
saber cual habia sido el parecer de mi padre, i con el mayor consentimiento supe que se habia opuesto abiertamente, diciendo que mi juicio en el estado de debilidad en que se encontraba á consecuencia de mis largos padecimientos i enfermedad, no podría resisitir las fatigas de una campaña, i menos en un tiempo tan lluvioso.
Entonces me valí de uno de sus amigos patriota exaltado, i este logró desvanecer sus temores ahora que serán las doce de la noche, he concluido mi blusa i me la he medido, i una de mis hermanas que creía hasta ahora que todo era chanza ha llorado mucho al verme cortar el pelo i ponerme en traje de hombre. Resta decir, que esta tarde ha llegado por la via de Aguadas el C. Díaz con ochenta hombres: no lo he visto porque ya era de noche; me aseguran que son iguales á los primeros, á saber todos reclutas; pero no importa han traido algunos fusiles i esto es lo que se necesita.
plaza como á las tres de la tarde. Como á las cuatro llegó un posta mandado por Vezga, i á las ocho de la noche estuvieron á visitarme el comandante Enao i el capitán Jaramillo, los cuales han tenido la bondad de manifestarme la carta que el supremo Vezga dirijió al primero, aconsejándole que abandone su temeraria empresa, i que haga retirar á su casas á todos aquellos que tiene alucinados. Que de no, será responsable de la sangre que se va á derramar, añadiendo otras ridiculeses semejantes. ¡Miserable! Pronto va á conocer el valor del que trata de intimidar. En presencia han convenido en que la única respuesta que debe darse es, que se recibió, i nada mas. Este acto de desprecio tanto de los consejos, como de las amenazas del supremo, me ha gustado mucho.
M
ARIANOO
SPINAR
ODRÍGUEZProbabilidades sobre la
marcha de la civilización
en Hispanoamérica
Supuesto que el progreso de la civilizacion, o su paralizacion o retroceso en estos paises dependerán de la marcha que en ellos siga el estado político; para juzgar de lo primero es necesario ecsaminar las probabilidades de órden, o de anarquia i despotismo que el estado de las cosas ofrece. Si lo mas probable es que cese la fiebre de revueltas i desórdenes que han aflijido el país, i que empiece una era de paz i de seguridad, que restablezca la confianza en todos los ánimos, i haga nacer el crédito en el esterior, es fuera de duda que el vuelo de la civilizacion será rápido i seguro; por que el país encierra copiosos i ricos elementos de prosperidad. Si por el contrario las probabilidades están en favor del desórden, de ¡a violencia i de la anarquia, es tambien de suponerse que creciendo la corrupcion e inmoralidad con tal órden de cosas, los ecsesos serán de día en dia mayores, crecerán la inseguridad, el descrédito i la desconfianza, i la civilizacion retrogradará, como ha retrogradado ya en Buenos-aires, en Montevideo i en otros puntos sujetos a la delecterea influencia del despotismo militar o demagójico,
años ántes; i por lo mismo no debe esperarse que por sí misma se cure. Los pueblos detestan las revueltas, i aman la paz, pero están a oscuras respecto de la marcha de los negocios políticos; no pueden juzgar de los hechos que comprometen el órden, o que violando los fueros nacionales substituyen la fuerza a la le¡, i ponen el país en la anarquia, o lo someten a la arbitrariedad; i así lo único que los saca alguna vez de su apatía son los atentados directos e inmediatos contra sus personas i propiedades. Para que el espíritu público lustrado i recto animara a los pueblos sería necesario instruirlos, tomar un interes vivo en vencer su indiferencia í apatía; pero como los hombres del gran partido moderado i pacífico no han hecho nunca, ni ha¡ apariencias de que hagan el menor esfuerzo para ello; al paso que la secta terrorista tiene un espíritu activo de procelitismo, es mas probable que se estienda ¡a inmoralidad que el que se anime el espíritu público en favor de las vías de legalidad i de justicia.
Respecto de las instituciones, como su debilidad e ineficacia no dependen de su naturaleza i forma sino de la indiferencia i apatia de los pueblos, no ha¡ reforma que pueda curar este mal; lo mas que podrá hacerse será atenuarlo con variaciones que satisfagan los deseos de los pueblos.
ántes de que se desarrolle la reaccion que deba anonadarle, no es fácil calcularlo aunque con probabilidad se prediga que aquel es el curso natural de los hechos. El círculo corruptor es haí poderoso en muchos estados, no tanto por su propia fuerza sino por los ausiliares, que causas diversas le han dado accidentalmente. Ecsisten en todas partes círculos o pequeños partidos rivales, que se juzgan incompatibles, i al unirse uno a las filas de alguno de los grandes bandos que luchan, el otro se arroja en las filas del opuesto sin consultar sus principios; así es como obran en las elecciones i en otros actos, en un sentido enteramente opuesto a sus deseos e intereses jenerales, una multitud de fracciones, Hai tambien una especie de partidos mecánicos que sin consultar los principios de un bando le siguen solo por el nombre que lleva. Por esta razon es que la secta violenta ha reunido en algunos estados fuerza suficiente para dominar, a pesar de lo reducido del número de sus verdaderos secuaces. Pero como estos ausiliares no tienen con ella comunidad de principios ni de intereses, sino que en realidad los tienen opuestos, es seguro que cuando los ecsesos de ¡a ecsaltacion e inmoralidad del círculo que los domina les abran los ojos, lo dejarán solo.
De estas consideraciones se deduce que la causa de la civilizacion en la América española antes de adquirir la pocision ventajosa que necesita para su fácil i rápido desarrollo, tiene que correr muchos azares; i no será difícil que entronizándose en muchos estados el despotismo demagójico, se perpetue, como en Buenos-aires, en cuyo caso la civilización tendrá que retrogradar mucho del punto a que ha llegado.
el espíritu de violencia i de anarquia han de dar en tierra con las instituciones protectoras de seguridad, de la libertad i de la propiedad; i llevar el país al estado de Santodomingo, de Buenos-aires i de otros pueblos entregados despotismo feroz de la demagojia, tornen un interes vivo i enérjico en la buena marcha de órden legal, i en la conservacion de los principios i doctrinas que sirven de base a la sociedad: se unan, se comuniquen, i se persuada cada uno que, mientras esté calculando que los otros harán lo que él debiera hacer, nada se hará.
¿Pero hai seguridad, hai probabilidad siquiera de que los amigos del órden hagan lo que sus intereses i el bien de la sociedad ecsije de ellos? Lo dudamos; mientras se trate únicamente de no hacer daño, de respetar las leyes, de obedecer a las autoridades, en todas partes este gran partido llenará su deber; pero esto no es bastante, las circunstancias ecsijen mas actividad, mas union, mas enerjía, i no vernos en ninguna parte, sino es en Chile, ese vigor. Así pues, lo mas probable es que los hábitos de indiferencia, de apatia i de division no se curarán sino con el réjimen del terror. Es seguro que en él perecerá lo mas escojido de la porcion civilizada, pero la juventud hará entonces en América lo que hizo en Francia, le que está haciendo en Venezuela; i una jeneracion honrada i mas activa que la actual salvará la civilización.
C
AMILOA
NTONIOE
CHEVERRIEl murciélago
La alcoba está oscura
¿Qué fue eso que medio sonó, y que pasó por mi frente como el cierzo que atraviesa las naves abandonadas de una iglesia que amenaza ruina?
¿Por qué he sentido, gran Dios, eso que sentirán los moribundos cuando bate sus alas sobre ellos el ángel alevoso de la muerte?
Y otra vez, y otra, y otra, oigo el ruido mudo, parecido al del velo negro que flota en la capilla del condenado a muerte. Tengo miedo, algo como miedo. Prendo la luz y escucho. Todo pasó. Gracias a Dios, durmamos.
¡Ah! ¡murciélago maldito! ¡Eras tú!
¡Fuiste tú! Tú, monstruo físico. Tú, plagio, remedo, copia o parodia de todas las monstruosidades humanas.
Entre los misterios que ofuscan mi imaginación; entre los problemas que confunden las reglas de mi cálculo; entre los imposibles que me asedian, hay uno, pequeño, pero muy grande:
Es el murciélago.
El murciélago hizo delirar a Aristóteles; el murciélago hizo un tonto de Escalígero; el murciélago ha jugado con todos los naturalistas, desde el primer albor del mundo hasta nuestros días; e, incógnita incomprensible, el murciélago jugará con todos, cuando la última partícula del Cosmos ruede a confundirse en el seno del Creador Eterno.
El murciélago es una ecuación de mil incógnitas, sin datos; no hay a, ni b ni c en él: todas son xx.
Lo siento algunas veces cruzar mi estancia y batir mi frente con el mur mullo de cierto viento misterioso, mudo, incomprensible.
¿Es el vuelo del alma que, llorando mi ilusión perdida, viene a refrescar mi frente calcinada?
¿Es el lampo de un tizón maldito que viene a requemar mis sienes bajo el falso soplo de un aliento frío?
¡Murciélago! Te lo confieso: te tengo miedo.
Entras a mi alcoba, callado y pavoroso como el remordimiento; visitas mis estancias como alevoso ladrón. Llegas, haces el daño, silencioso, y sólo el día que sigue dejas ver los rastros de tu alevosía.
***
El murciélago es la imagen viva de todas las maldades, de cuando hay grande en el delito y de pequeño en la sutil astucia. ¡Amante que sueñas con el amor de una mujer! Tú que vestiste de luces de arrebol y azul a aquella en quien confiaste, ¿por qué la miras hoy fría y desgreñada y ojerosa y flaca? Es que el murciélago de un amor oculto, chupa calladamente la sangre del corazón en que creíste!
Avaro, ¿Por qué tiemblas? ¡Es porque sientes que el murciélago del robo bate su ala helada en las cerraduras de tus arcas!
¿Por qué lloras, madre que acabas de besar a tu hijo recién nacido? ¡Es porque adivinas en el calor de sus sienes el batir frío del murciélago de la muerte!
¡Sepultura anónima! ¡Revuelto osario! ¡necrópolis callada! ¡templo solitario! ¡bosque sin ruidos! ¡caverna sin murmullos! ¿qué es eso que sin ruido suena y que habla sin voz entre vosotros? Es el ala del murciélago; el viento frío que apaga los calores de la cuna; es la representación de ese hielo que, de los albores de la infancia, vuela a perderse en la soledad del cementerio! ¡Maldito seas! Murciélago; pero no: ¡bendito seas!
Si tu ala traidora dejara un rastro en su camino; si en tu volar silencioso imprimieras en el alma humana la línea gráfica de tus evoluciones, el alma de los poetas líricos guardaría las tristes huellas de tu volar medroso.
¿Quién, sino tú, pudo llenar de luto y de resplandeciente hielo las almas de Ovidio y Byron, de Espronceda y Campoamor?
¡Murciélago! El murmullo sordo que siento cuando pasas, entre sombras, junto a mí, me da al par que miedo, una esperanza, y por eso te perdono a veces.
Yo adivino en tu lúgubre volar mil voces escondidas que mi desgarrado corazón levanta.
¿Qué suena? Nada
Pero yo oí algo que sonaba.
¿Es el alma del hijo pequeñuelo que murió? ¿Es el alma de la madre que se fue?
¿Es el alma de la esposa que viene a acompañarme? ¿Es el hermano que viene a repetirme sus consejos y a recordarme su ejemplo?
¿Es el ángel que visita mi alma?
Es la imagen del escritor anónimo que roba los frutos de la prensa y deja sólo, junto al excremento, las semillas que ha roído; es el fullero que juega con gabela; es el espía que teme al sol; es el traidor escondido; es el hombre de partido de quita y pon.
Segundo. Declaro que el murciélago no fue creado intencionalmente por Dios. De sus manos salió en definitiva, es cierto, porque ¿qué cosa existente no salió de allí?; pero tengo para mí que él no tuvo intención de hacerlo y que, talvez, hasta ignora su existencia.
Animal formado de recortes, como ciertos sobrecamas y como ciertos partidos y programas, presenta contrastes y especialidades bien curiosos.
Dije que jamás está de pie, y ahora agrego que no solamente se para de cabeza siempre, sino que jamás camina; pero si no anda, vuela, ¡más qué volar! en las tinieblas. Así son algunos escritores de artículos políticos; no andan en el camino de la investigación filosófica, porque no la conocen; mas, como es necesario escribir sobre algo para hacer ruido y crearse un nombre, se echan a volar por los extremos de las exageraciones y a cruzar las sombras de las utopías más descabelladas.
El murciélago es omnívoro. Después de chupar sangre, hace sobremesa con frutas. Es todero como ciertos hombres que viven de destinos y a quienes se ve siempre con sueldo: hoy están en una oficina, y mañana estarán en otra distinta y aun opuesta. De este modo jamás emprenden cosa alguna; pero maman sueldo, que es lo que importa. Estos han sostenido, sostienen y sostendrán a todos los Gobiernos y a todos los partidos. La idea buena es la que está en moda, aun cuando no la comprendan: hoy la encomian hasta los cielos, sin perjuicio de llenarla de contumelia al primer ceño, a la primera seña oficial. Y es regular, porque ellos se llaman siempre a sí propios "los más firmes y leales apoyos del Gobierno".
***
Pero comienzo a divagar, que es mi manía. Y como quiero que no me traten de maníaco por la milésima vez, suspendo este artículo, si acaso lo comencé, que de ello no estoy seguro.
F
RANCISCODEP
AULAM
UÑOZ(M
INGRELIO)
El crimen de Aguacatal
La noche del martes 2 de diciembre de 1873 fue una noche sumamente clara. Era la antevíspera del plenilunio y nada turbaba la habitual tranquilidad de las campiñas, tranquilidad más solemne, tal vez, por lo más silenciosa, en donde, como en Aguacatal, los campos son praderas, sin más árboles que los muy escasos que con los agavos y las zarzas, fortifican los vallados contra las invasiones del ganado del vecino. El viento corre libremente sin el murmullo que en las selvas produce por la agitación del follaje.
A causa del aislamiento de la habitaciones no se sabe generalmente por las familias lo que sucede en la casa del vecino. No obstante, en la noche del 2 de diciembre sintió Manuel Antonio Botero,que dormía con su familia en una casa a cien metros de distancia de la señora Echeverri, y del otro lado del camino, como si en esta casa se golpeara la puerta a los muebles y creyó percibir al mismo tiempo un quejido. Como Botero había dormido ya por algún tiempo, no pudo precisar la hora en que esto sucediera; pero habiendo estado en la tarde y en la noche del martes en la casa de la señora Echeverri y habiendo sabido que Virginia estaba sufriendo de una muela, supuso que ésta era la del quejido, no hizo caso del incidente y volvió a dormirse.
porque creyéndolos dormidos temió ocasionarles una molestia. Los lamentos continuaban, sin embargo, y el mismo silencio contestó a otro llamamiento hecho por él a Sinforiano. Entonces se dirigió a la otra ventana,la de la alcoba, que estaba abierta, se asomó por ella "y vio como gente acostada en la sala, sin poder determinar su número porque la ventana y puerta del frente estaban cerradas" y la luz era escasa. Botero se retiró entonces, dirigiéndose a Medellín, sin hablar con nadie sobre lo que había visto y oído por no haberle llamado la atención. Sin embargo, observó en la puerta de la casa "una manchita de sangre como untada con el talón o con la planta del pie", manchita que se explicó a sí mismo, suponíendose que habían sacado la muela a Virginia y que alguno, por haber pisado en la sangre, hubiera apoyado el pie en la puerta.
El segundo hombre que se acercó a la casa fue Tomás García que llegó "apuntando el sol" y que debía ejecutar un trabajo relativo a la construcción de la casa nueva. Notando que la casa no estaba abierta y que ninguno se había levantado, llamó en voz alta a doña Juana y a Sinforiano, que no le respondieron; y estando cerradas aún la puerta y la ventana del frente, se asomó por la ventana lateral que estaba abierta, y por allí distinguió el cadáver de doña Juana y a María Teresa, a la cual se le notaba aún un resto de vida, por el movimiento de la respiración. Por la casa vagaban dos niñitos, uno negro y de uno a dos años de edad, ambos llorando y llamando a sus mamás. García se dirigió a la casa más vecina a dar aviso; y a continuación, por sí mismo y por medio de los cinco o seis niños que habían concurrido ya a la escuela y a quienes encontró a su llegada llorando en el corredor de la casa nueva, puso en alarma al vecindario.
Echeverri. Muy sorprendido, se dirigió a la otra ventana que estaba abierta y halló en ella, llorando y gritando, a un niñito de tres a cuatro años, hijo de Virginia Álvarez.
Este niñito hacía esfuerzos como para salirse por entre los balaustres de la ventana. Álvarez distinguió dos o tres cadáveres más de los que estaban en la sala. Cada vez más asustado se dirigió inmediatamente a la puerta, le aplicó dos dedos, se entreabrió ésta y al propio tiempo el niñito que hemos dicho llama Manuel Salvador saltó a una tarima, y de ésta por sobre los cadáveres para asirse a las piernas de Álvarez y escaparse corriendo por la puerta entreabierta.
Otro niño como de un año de edad, el hijo de “Marucha”, estaba sentado junto al cadáver de su madre. Después de abrir más la puerta, y de observar el número de cadáveres cuya posición explicaremos luego, tomó este otro niño, retrocedió y volvió a cerrar la puerta. Álvarez notó que al entreabrirla cedió un poco el brazo derecho de Virginia, que era la más inmediata a la puerta, brazo que la obstruía en parte.
Aterrorizado con aquel espectáculo de desolación y de sangre, comenzó a pedir socorro en voz alta con los que habían concurrido ya, y se hallaban en la parte de afuera. Se tomó la precaución de no dejar penetrar a nadie en la casa, hasta que no estuviera presente la autoridad más inmediata que era el señor Inspector de policía de Aguacatal; pero antes de que éste llegara se presentó el presbítero Francisco Naranjo, capellán de la pequeña iglesia de San Blas, para cumplir con los deberes de su ministerio si aún había necesidad de ellos.
El presbítero Naranjo preguntó a Teresa varias veces si quería confesarse y ella no hizo ningún movimiento; la movió tocándola por el hombro y continuó en la misma impasibilidad. Ayudado por los dos testigos presentes la enderezaron para ponerla de espaldas, le aplicó la extremaunción, le hizo dar al principio agua y después agua de panela, que ella tragó, reanimándose un poco y moviendo la mano izquierda. Por orden del sacerdote fue trasladada a la tarima de la sala en que dormía Melitón Escovar y allí murió pocos momentos después, sin haber pronunciado una palabra, y llevando a la tumba el secreto de la horrorosa escena cuyos restos estaban diseminados por toda la pequeña estancia. Si, como parece, estaba presente uno de los asesinos, cuando Teresa expiró, el último suspiro de Teresa debió inundar su alma de una alegría infernal. Álvarez (Carpio) sacó entonces al niño de pechos que dormía en la cuna de suspensión; y llegó al teatro del suceso el señor Inspector de Aguacatal.
Este importante testigo notó también, lo mismo que el presbítero Naranjo, la mancha de sangre sobre el ala de la puerta; fue el primero que penetró en la casa en aquella mañana; y está seguro de que nada se extrajo de ella, hasta la llegada del señor Inspector. Fue también el que reparó en un hacha ensangrentada, puesta debajo de la tarima en que acostumbraba dormir Melitón. Esta hacha que era de la casa, como se comprobó después, estaba situada a algo menos de un metro de distancia de los cadáveres de Melitón y Sinforiano, con el cabo hacia el sur y el filo de la pala hacia la pared respectiva, es decir, hacia el oeste.
No había ninguna otra arma de que pareciera haberse hecho uso en aquella atroz canicería.
comprender la verosimilitud de las hipótesis que enervaron al principio la acción de a justicia, haciéndole perder las horas más preciosas de la investigación.
III
No había ninguna señal de fractura en ninguna de las ventanas ni en la puerta de la casa, ni rastros exteriores que señalaran la presencia de personas extrañas en la noche del día 2. La puerta estaba ajustada y el regatón que servía para atrancarla se hallaba sobre el suelo de la sala, con la pala hacia la salida y en dirección de ésta. Sobre el suelo, que no estaba enladrillado, no se notaba ninguna depresión que revelara movimientos exteriores hechos para forzar dicha puerta.
entreabierta manifestaban la sorpresa y terror de sus últimos momentos, a la vez que lo instantáneo de su muerte".Estaba cruelmente herida con un instrumento cortante y contundente a la vez, tal como el filo de un hacha. De sus heridas, la una estaba situada sobre la cima de la cabeza y otra en la porción escamosa del temporal izquierdo (un poco encima y detrás de la reja izquierda) ambas acompañadas de fractura directa del hueso; otras dos se hallaban en la línea media antero-posterior del cráneo, pero solo interesaron el cuero cabelludo, y eran hechas con instrumento cortante, y sin fractura; y sobre cada una de las regiones témporo-occipitales una herida hecha con un instrumento cortante y contundente a la vez, y con fractura. Además tenía en la parte derecha de la espalda, debajo del omoplato, una grande equimosis con enfisema y crepitación de las costillas, golpe que, según uno de los peritos, pudo haber sido dado con el lomo o parte opuesta al filo de un hacha.
La situación general del cadáver de Virginia era en línea oblicua dirigida del punto en que descansaba su cabeza hacia la puerta de la alcoba.