www.oratoriaynegociacion.com.mx
ORATORIA Y LITERATURA O DE LA RETÓRICA Y SUS FIGURAS
© Alexei León
1. Origen y destino de la palabra
2. Definiciones y finalidades de la retórica y sus figuras 2.1 Definición de retórica
2.2 Finalidades de la retórica
2.3 Definición y finalidades de las figuras de retórica 3. Retórica y alfabeto
3.1 La teoría fenicia 3.2 La teoría egipcia
4. Figuras de retórica y mitología 5. El sentido figurado de las palabras
6. El uso adecuado de las figuras de retórica 7. Las figuras de dicción
7.1 Definición de Figuras de Dicción
7.2 Figuras de Dicción por adición o supresión 7.3 Figuras de Dicción por repetición
7.4 Figuras de Dicción por combinación de palabras análogas por el sonido
7.5 Figuras de Dicción por combinación de palabras análogas por los accidentes gramaticales
8. Figuras por traslación (Tropos) 8.1 Definición de Tropos 8.2 Tropos de Dicción 8.3 Tropos de Sentencia
8.3.1 Por semejanza 8.3.2 Por oposición 8.3.3 Por reflexión 9. Figuras del pensamiento
9.1 Definición de Figuras del pensamiento 9.2 Figuras Pintorescas
9.3 Figuras Lógicas 9.4 Figuras Patéticas 10. Perito en el decir 11. Nota bibliográfica
ORIGEN Y DESTINO DE LA PALABRA
de supervivencia, las cuales generalmente las realizaba en sociedad. En un principio, el hombre se comunicó por medio de gestos y señas, mismos que en la noche no se podían ver, por lo que le fue necesario inventar un sistema de comunicación nocturno. Ese sistema fue precisamente la palabra hablada.
Así, ya no era necesaria la claridad meridiana para ver los aspavientos con los que tal vez se describía a un mamut, bastaba expresar verbalmente el sonido equivalente a nuestra palabra
mamut para que, en la oscuridad de la noche, apareciera representado ese mastodonte en la mente
de los escuchas.
Esta teoría contrasta con la que expone el libro bíblico Génesis, en cuyo capítulo 11, leemos:
“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras…”
Pero, continúa el pasaje, al querer los hombres edificar una torre cuya cúspide fuera tan alta que les diera fama y prestigio, Dios los confundió, introduciendo entre ellos tal diversidad de lenguas y palabras, que no pudieron ya entenderse, por lo que se vieron obligados a abandonar la obra y a agruparse cada cual con su respectivo grupo lingüístico y a dispersarse, como un castigo por su orgullo y su soberbia.
En realidad, la teoría de la torre de Babel no explica el origen del lenguaje, pues implícitamente presupone que ya existe un lenguaje, el mismo para todos, sino que explica la razón por la que surgió la diversidad de idiomas.
Todas las culturas tienen sus hipótesis acerca del origen de la palabra. Todas, también, tienen sus teorías acerca del origen de la palabra bella, de la palabra hermosa, de aquella que añade fuerza, valor, estética, arte y elocuencia a las proposiciones, esto es: de la Retórica, que es el arte del bien decir.
Particularmente atractiva es la teoría de nuestros ancestros mexicanos acerca del origen de la Retórica, a la cual ellos llamaron In Xochitl in Cuicatl, que significa Flor y Canto, o también: En la Flor, el Canto.
En los antiguos mexicanos, al igual que en la tradición judeocristiana, había la creencia de que existía una especie de paraíso terrenal. Este paraíso terrenal, en su particular concepción, era un lugar de abundantes aguas, vegetación exuberante, árboles frondosos, flores y aves multicolores. A ese lugar lo llamaron Tamoanchan, en cuyo centro se erguía un árbol mitológico: El Árbol Florido. El misionero e historiador español Fray Bernardino de Sahagún (1500-1590), en su monumental obra Historia General de las Cosas de la Nueva España, afirma que Tamoanchan es una expresión
compuesta de tres voces: Tic-Temoa-Tochan, que significan: buscamos nuestra morada. Este paraíso terrenal fue situado por el imaginario colectivo de los antiguos mexicanos en las
regiones sureñas, tropicales, de nuestro país.
Y es que en la altiplanicie mexicana, en donde a veces las tierras se tornan amarillentas y resecas, los mexicanos de antes, al igual que los de ahora, soñamos con ese tipo de regiones. Carlos Pellicer, poeta tabasqueño, seguramente pensaba en esto último cuando escribió en su poema Discurso por las flores, el siguiente verso:
“El reino vegetal es un país lejano, aun cuando nosotros creámoslo a la mano.”
Para nuestros antepasados aztecas, el origen del arte del bien decirtuvo lugar precisamente en
Tamoanchan, ya que entre las hojas de verde profundo y flores fragantes del Árbol Florido libaban
la miel los pájaros más variados: las guacamayas, los quetzales, los colibríes y muchos otros, de muy vistosos plumajes. En la concepción precolombina de los antiguos mexicanos, esas aves y pájaros del paraíso del dios de la lluvia eran los verdaderos inventores de la palabra bella, de la palabra hermosa, que es el tema que nos ocupa.
“Xochincuahuitl inelhuayocan A ichan in teotl
Oncan cueponticac In quetzalmiahuayocan. Hualaci anzacuan yehco xiuhquechol
Mahuiqui in quetzaltotol.”
“De donde arraiga el Árbol Florido, desde donde nacen sus preciosas espigas,
venís acá, aves áureas y negras, venís, aves pardas y azules,
y el maravilloso quetzal.”
La palabra bella, la Retórica, La Flor y El Canto, como ellos la llamaban, la entendían como un reflejo en la Tierra del Paraíso Florido y, al mismo tiempo, como lo único verdadero que existe y permanece en esta vida. Así se desprende de sus poemas:
“Ah tlamiz noxochiuh Ah tlamiz nocuic.”
“¡Antle notleyo yez in quenmanian! ¡Antle noitauhca yez in tlaltipac! ¡Ma nel xochitl, ma nel cuicatl…!”
“No acabarán mis flores, No acabarán mis cantos.”
“¡Nada de mi fama será algún día! ¡Nada de mi nombre quedará en la Tierra!
¡Al menos flores, al menos cantos…!”
“O ayoppa tihua in tlalticpac Zan titolanehuia: Ye nelli, ye nelli tihui.
Ye nel tic ya cahua in xochitl in cuicatl Ihuan in tlalticpac.”
“Oh, no por segunda vez venimos a la Tierra… Solamente estamos prestados.
Es verdad, es verdad que nos vamos… Con certeza, sólo dejamos las flores y los cantos,
y la Tierra también…”
Me parece que los aztecas tenían razón en que lo único que queda de los pueblos y de los hombres es la palabra bella, la palabra hermosa: sus flores y sus cantos.
Para comprobar esto último, cuando expongo este tema en público, me gusta preguntar en los auditorios si alguien recuerda la defensa de Termópilas, por ejemplo. Es muy raro que alguien la recuerde aun cuando se trata de uno de los hechos más heroicos de la Grecia antigua.
Termópilas es un estrecho desfiladero en el que Leónidas, rey de Esparta, con un ejército de tan sólo 300 hombres, defendió exitosamente a Grecia de 20,000 persas que iban a invadirla en 480, a. C. Como las leyes de Esparta prescribían que la única manera de abandonar el puesto de militar era con la muerte, la lucha sólo terminó cuando cayó el último espartano.
Éste es el epitafio que más tarde fue colocado en el punto del desfiladero en el que cayó Leónidas y que era uno de los pasos obligados para llegar a Grecia:
“Caminante: ve y dile a Esparta que aquí hemos muerto obedeciendo sus sagradas leyes.”
Hecho tan heroico normalmente no es recordado.
Pero cuando pregunto si alguien del auditorio ha oído hablar de Homero, entonces sí son muchas las manos que se levantan.
¿Quién fue Homero? ¿Un jefe militar? ¿Un político? ¿Un estadista? No. Fue un cantor de palabras bellas.
¿Cómo empieza La Ilíada?
“Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males
a los aqueos y precipitó a los infiernos las almas de muchos valerosos héroes…”
Éstas son las primeras palabras del primer canto de La Ilíada, la cual, por cierto, no se divide en capítulos sino en cantos:
“Canta, oh diosa…” En Roma.
¿Nos acordamos de Cincinato?
Lucio Quinto Cincinato fue un romano célebre por la sencillez y austeridad de sus costumbres. Años después de haber sido cónsul, Roma atravesó por un momento de mucho peligro al haber sido derrotado un ejército romano por los sabinos. Comprendiendo el senado lo crítico de la situación y conociendo la inteligencia y las virtudes del ex cónsul decidió nombrarlo dictador con facultades ilimitadas.
Cuando la delegación del senado lo fue a buscar para entregarle las insignias de tan elevado cargo, lo encontró empujando su arado.
En tan solo dieciséis días, Cincinato derrotó a los sabinos y aunque su nombramiento duraba seis meses, consideró que ya había desaparecido el peligro, por lo que inmediatamente después de los honores del triunfo renunció a la dictadura y se retiró nuevamente a trabajar sus tierras.
Cuando muchos siglos más tarde, los Estados Unidos de América del Norte tuvieron necesidad de sostener su independencia, instituyeron una orden militar entre los oficiales de mar y tierra, quienes ostentaban una condecoración de oro con la efigie de aquel insigne romano y que se llamaron Los Cincinnati.
Aun con todo esto, no nos acordamos de Cincinato.
En cambio, si pregunto por otro romano, Virgilio, nuevamente se levantan las manos.
Al igual que Homero, Virgilio fue un cantor de palabras bellas. ¿Cómo empieza La Eneida? ¿Cuáles son las primeras palabras?
“Canto las empresas bélicas, canto al héroe que,
prófugo por disposición del hado, fue el primero en llegar, desde las costas de Troya, a Italia, a las riberas de Lavinio…”
Pues no, no estaban equivocados nuestros antepasados aztecas: lo que queda de los pueblos y de los hombres efectivamente sonsus cantos.
El Cantar de los Nibelungos de los alemanes;
El Cantar del Mío Cid, de los españoles;
El Cantar de Roldán de los franceses;
El Cantar de los cantares, de los hebreos…
¿Quiénes son los autores de estos Cantares?
Excepción hecha del sabio Salomón, a quien la tradición le atribuye El Cantar de los cantares, en los demás autores tiene vigencia la idea contenida en el poema náhuatl:
Nada de sus nombres ha quedado en la tierra, nada de sus famas ha llegado a nuestros días, únicamente sus flores, únicamente sus cantos…
Son las palabras de estos autores, algunos de los cuales se nos han extraviado ya en la noche de los tiempos, las que los han hecho trascender y perdurar.
Son sus palabras, para concluir con la idea magnífica de Horacio Zúñiga, las que eternamente vibran, las que eternamente cantan, las que hacen estallar los ecos de sus notas, traspasando así a las tinieblas rotas, como un beso infinito que va buscando a Dios…
DEFINICIONES Y FINALIDADES DE LA RETÓRICA Y SUS FIGURAS
DEFINICIÓN DE RETÓRICA
Como ya lo mencionábamos en nuestro primer capítulo, la Retórica es el arte del bien decir. Debemos entonces, explicar qué significa decir, para que, a partir de esta explicación, podamos conocer las disciplinas en las que se divide la Retórica.
Decir, viene de la palabra latina dico que significa anunciar públicamente. La palabra dico tiene a
su vez una raíz más antigua: la expresión en sánscrito dicati, que significa mostrar. Entonces decir
es: mostrar, anunciar. Se puede mostrar o anunciar mediante la palabra hablada o mediante la
palabra escrita. Por lo cual, cuando se dice que la Retórica es el arte del bien decir, se debe entender que es el arte del bien hablar y también es el arte del bien escribir. Por esto, la Retórica comprende tanto al arte de la Oratoria como al arte de la Literatura.
De lo anterior se colige que la Retórica es el género y la Oratoria y la Literatura son las especies.
FINALIDADES DE LA RETÓRICA
Los primeros tratadistas del arte de la Retórica consideraron que, puesto que el fin primario de la Retórica es la persuasión, entonces “La Retórica es el arte de hallar en cada cosa lo que sea más apto para lograr su fin, que es la persuasión”.
Sin embargo, Quintiliano y otros estudiosos del tema, se apartaron de esa definición y consideraron que “La Retórica es el arte del bien decir, embelleciendo la expresión de los conceptos para dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para enseñar, deleitar, persuadir o
conmover”. Nos inclinamos por esta última definición, por considerarla más completa que la
primera, pues le reconoce a la Retórica cuatro finalidades, mientras que la primera sólo le reconoce una, la persuasión.
Estos últimos preceptistas reconocen que la Retórica no es el arte mismo, sino más bien la teoría del arte, es decir, una colección de reglas que nos enseñan lo que debemos hacer y lo que es preciso evitar, para conseguir el fin o los fines (enseñar, persuadir, conmover y deleitar) que nos proponemos por medio de la palabra hablada o escrita.
DEFINICIÓN Y FINALIDADES DE LAS FIGURAS DE RETÓRICA
Las Figuras de Retórica son aquellas expresiones que recrean la imaginación e impactan los sentimientos y emociones del que escucha o lee, al añadir: fuerza, gracia, sentimiento, belleza, y cualquier otra cualidad al lenguaje humano.
Al englobar la Retórica, tanto a la Oratoria como a la Literatura, las Figuras de Retórica se utilizan tanto en el arte de hablar como en el arte de escribir.
Por ello, cuando me refiera en este trabajo al que hace uso de la Retórica o de sus Figuras, utilizaré preferentemente el término retórico, pues de esta manera quedan comprendidos conceptualmente tanto el orador como el escritor.
RETÓRICA Y ALFABETO
“¿Quién fue ese Cadmo sapientísimo que enseñó a la humanidad a valerse de unas cuantas docenas de signos, en los cuales se condensan todos los sonidos y que sirven para expresar todas las ideas?”José López Portillo y Weber
Como la Retórica no sólo comprende a la Oratoria, sino también a la Literatura, será provechoso comentar algo acerca de la invención del alfabeto.
LA TEORÍA FENICIA
El padre de la Historia, Herodoto, es el primero que da una información respecto de la invención del alfabeto:
“Entre muchas enseñanzas que introdujo Cadmo a Grecia, están las letras. Yo mismo vi letras cadmicas en el santuario de Apolo Ismenio en Tebas…”
Coincide con Herodoto otro historiador de la Antigüedad, Nono de Panópolis, quien informa:
“…Cadmo, llevando a toda la Hélade dones provistos de razón y de palabras, fabrica los
instrumentos (visuales) que corresponden a los sonidos del lenguaje, une vocales y consonantes;
coherente y ordenadamente dibuja los signos de la escritura…”
Con base en estos historiadores, tradicionalmente se le atribuye a Cadmo, fenicio, la invención del alfabeto.
Siendo aquélla una época en la que los hombres destacados podían ganarse un sitio entre las divinidades, Cadmo entra a la mitología griega. En efecto, en ella encontramos que Cadmo se casa con una hija de Afrodita, llamada Armonía, en una boda excepcional, pues asistieron a ella los doce dioses olímpicos.
Afrodita hizo la presentación de la novia y su regalo de bodas fue un collar, en el que estaban enfrentadas un águila y una serpiente.
Esta imagen del águila y la serpiente, tan emblemática para nosotros los mexicanos, es un símbolo que existe en varias culturas.
A reserva de profundizar, en el capítulo siguiente, en la importancia e influencia que sobre el ser humano han ejercido y ejercen los mitos (arquetipos simbólicos) y que son las Figuras de Retórica por excelencia, aquí mencionaremos algo a propósito de esta figura del águila y la serpiente.
Podemos decir que este símbolo es una constante filosófica que se halla presente en algunas de las principales culturas y literaturas.
En la tablilla XII del texto se habla de un árbol mitológico en cuyas raíces anida la serpiente “que no descansa nunca”, y en la copa del árbol anida el águila, “el ave de la tempestad”.
En la cultura griega también aparece el símbolo. Los versos 195 al 211 del canto XII de La Ilíada, nos narran cómo aparece encima y a la derecha del ejército troyano “Un águila de alto vuelo, llevando en las garras una enorme sierpe sangrienta, viva, palpitante, que no había olvidado la lucha, pues encorvándose hacía atrás hirióla en el pecho, cerca del cuello. El águila, penetrada de dolor, la dejó caer en medio de la turba, y chillando voló con la rapidez del viento. Los troyanos
estremeciéronse al ver a la manchada sierpe…”
Al respecto, Polidamante, el consejero de Héctor, le diceque el hecho de no haber podido vencer el águila a la serpiente significa el peor augurio para ellos.
Este pasaje, íntegro, lo repite Platón en el Diálogo Ion o de la poesía.
También el latino Virgilio, en La Eneida (versos 751 al 754 del canto XI), hace uso de este simbolismo: “Cual rojiza águila, se remonta llevando clavada en sus garras apresada serpiente, la cual, herida, se retuerce y enrosca, eriza sus escamas y silba, irguiendo la cabeza, sin que por eso la atarace menos el águila con el corvo pico, mientras bate el éter con las alas.”
El águila devorando a la serpiente, es un tema clásico; es la lucha del ser que vuela contra el ser que se arrastra; es el combate entre el bien celeste y la maldad terrena, entre la luz y la sombra, entre lo espiritual y lo material.
Por supuesto, a los héroes civilizadores de los diferentes pueblos se les identifica comúnmente con el ave solar. Ejemplo de esto es Horus, el hombre con cabeza de halcón de los egipcios y a quien le atribuían su civilización. Quetzalcoatl, quien es el civilizador de los aztecas (Cuculcán para los mayas), es la Serpiente Emplumada, es decir, la fusión de lo terrenal con lo espiritual.
Para mí, el modelo perfecto del acto civilizador a través del conocimiento, está precisamente en
Quetzalcoatl, en cuyo simbolismo se logra inmejorablemente la síntesis filosófica, dialéctica, entre lo
terrenal (coatl, la serpiente) y lo espiritual (quetzal, el ave). Es decir, el símbolo de Quetzalcoatl, enseña que hay que estar -como la serpiente- firmemente asentados en el mundo en el que vivimos, que es un mundo material, imperfecto y peligroso. Pero, no por ello, dejar de tener siempre a la vista, luchando por alcanzarlas, las altas metas del mundo espiritual, simbolizadas por el ave, por el quetzal.
Me parece que es la misma idea contenida en el consejo que Jesús les da a sus discípulos en
Mateo 10.16:
“He aquí que yo os envío como a ovejas en medio de lobos;
sed pues, prudentes como serpientes
y sencillos como palomas.”
Finalmente diré que este símbolo en el que hemos profundizado a partir del collar de la esposa de Cadmo, es unaAlegoría, que es uno de los tipos de las Figuras de Retórica, y es precisamente
la Alegoría de la lucha entre el bien y el mal. Es curioso que el dinero y el poder, que son los
principales instrumentos para hacer el bien, pero también para hacer el mal, tengan en nuestro país, como sello, esta Alegoría.
LA TEORÍA EGIPCIA
“Cuarenta siglos os contemplan…”
Es ésta una de las Figuras de Retórica más famosas de la Historia, y es la que les dice Napoleón a sus soldados, señalando a las pirámides de Egipto, antes de la batalla. En ese momento, no nada más es el jefe militar el que está hablando, sino el orador, el psicólogo de la masa, capaz de entusiasmar fogosamente a sus hombres.
A bordo de los 328 buques de la flota francesa de desembarco, no solamente llevaba Napoleón 38,000 soldados y 2,000 cañones; también llevaba una biblioteca con casi todos los libros que se habían escrito sobre el país del Nilo, así como 12 grandes cajas con aparatos científicos e instrumentos de precisión. Astrónomos, geómetras, químicos, minerólogos, técnicos, orientalistas, pintores y poetas, lo acompañaban. Entre ellos también viajaba un hombre desconocido, recomendado a Napoleón como dibujante por su esposa Josefina: Dominique Vivant Denon.
Si Napoleón conquistó Egipto con las armas, Denon, quien todo lo que vio lo dibujó, conquistó el país de los faraones con su lápiz de dibujante y lo conservó para la posteridad.
Cuando después de un año, el ejército es repatriado a Francia, el barón Denon, con sus numerosas láminas se lleva a casa un botín más precioso que el de los soldados enriquecidos con las joyas de los mamelucos. Es principalmente con base en este material de Denon con el que surge la obra, de veinticuatro gruesos tomos, en la que se funda toda una ciencia, La Egiptología, y que se llamó Description de l‟Egypte.
Sin embargo y pese a la gran abundancia de descripciones, dibujos y copias, cuando los investigadores se referían a ellos, se limitaban a mostrarlos y no explicaban nada, pues nada sabían de ellos. Todos los monumentos presentados en las láminas permanecían mudos. Y parece que habría mucho que decir, pues todos esos monumentos estaban cubiertos de jeroglíficos. “¡Cuántas cosas se sabrían si se lograran descifrar los jeroglíficos!”, Exclamaban los eruditos. Pero, ¿sería posible tal cosa? De Sacy, el mayor experto de París, declaró: “El problema está muy confuso y no tiene solución.”
Mas, ¿no había hallado un soldado de Napoleón una piedra de basalto, negra, que originó que todos los sabios que la vieron afirmaran que en ella estaba la clave para descifrar los jeroglíficos? ¿Dónde estaba el hombre que fuera capaz de ello?
Jean-Francois Champollion, erudito francés que dominaba más de una docena de idiomas antiguos, fue quien finalmente descifró las palabras contenidas en esa piedra, que había tomado el nombre del lugar egipcio en el que fue descubierta: Rosetta.
Al descifrar lo escrito en esta piedra, Champollion no solamente descubrió la clave para entender un idioma extraño, sino la clave para abrir todas las puertas, para conocer todos los secretos del milenario Egipto, el país de los Tres Imperios.
¿Por qué, a pesar de conocer los jeroglíficos desde muy antiguo (los romanos habían entrado en contacto con los egipcios hacía por lo menos 2,000 años), nadie había conseguido, hasta Champollion, traducirlos?
Cuando se conoce la verdad buscada que resuelve el enorme problema, las equivocaciones que extraviaban el camino correcto, parecen absurdas. Ya teniendo claro el principio anhelado, todas las ideas falsas, parecen una obcecada necedad. Veamos:
Los historiadores Herodoto y Diodoro, así como el geógrafo Estrabón (todos ellos pre cristianos) habían viajado por Egipto y se habían referido a los jeroglíficos como “una incomprensible escritura de imágenes”. Horapolo, otro historiador del siglo IV, él sí d. C., había dejado una descripción detallada del significado de los jeroglíficos. Es lógico que ante la falta de un punto de referencia más seguro, el trabajo de Horapolo fuera tomado como clave de todos los estudios. Sin embargo, el gran error estaba en que este autor, al igual que los arriba mencionados, consideraba los jeroglíficos como una escritura de imágenes, por lo cual, durante cientos de años, todas las interpretaciones se hicieron buscando el sentido simbólico de tales imágenes.
Esta falsa idea, que durante tantos siglos había confundido a los eruditos, fue destruida por Champollion cuando se le ocurrió colocar debajo del nombre de PTOLOMEO, que estaba plenamente descifrado, el que supuso era el de CLEOPATRA, y entonces ¡los signos 2, 4 y 5 de
ésta, concordaban con los signos 4, 3 y 1 de aquél!
Así, hizo el gran descubrimiento: los símbolos egipcios no representan imágenes, sino letras.
Como la piedra de Rosetta constaba de tres textos correspondientes a los lenguajes jeroglífico,
demótico y griego, no tuvo sino que traducir el texto griego para, por analogía, descifrar los otros
dos, entendiendo de esta manera las claves para descifrar toda la escritura egipcia.
Por otra parte, es de hacerse notar que los egipcios le daban al que sabía escribir, al escriba, la máxima jerarquía social.
En el antiquísimo papiro llamado La Suma, decían los egipcios que un escriba, cualquiera que fuera su función, no podía ser infeliz. En otro, llamado La sátira de los oficios, un padre le dice a su hijo: “Quiero hacerte amar la escritura, tanto como a tu propia madre, pues es el más grande de todos los trabajos. Todos los oficios tienen un jefe, excepto el del escriba: él es su propio jefe.” Era tal el respeto que los egipcios le profesaban al escriba, que se solía representar al faraón consultando los papiros y los archivos en las bibliotecas, ya que esto le confería al monarca el mayor de los prestigios, pues lo convertía en el “escriba de los escribas”.
Cuando Howart Carter hizo el que probablemente sea el hallazgo arqueológico más sensacional de la Historia, la tumba de Tutankamón, encontró entre los objetos funerarios los utensilios del escriba.
Uno de los textos, ahora clásico, del antiguo Egipto, titulado Diálogo de un hombre con su alma, afirma que la obra escrita es más duradera que las tumbas funerarias, puesto que es “más duradera
que el hierro”. En este orden de ideas, le aconsejaba al que quisiera preservar su recuerdo que
escribiera un libro, pues “sólo lo escrito, conserva el recuerdo…”
En mi libro Preceptos Formales y Fundamentales de la Oratoria destaco el hecho de que, para los tiempos Homéricos (hace unos tres mil años), la Oratoria como materia de estudio ya se encontraba fundada, pues en el canto IX de La Ilíada, el viejo Fénix le dice a Aquiles: “tu padre me
mandó a enseñarte a ser hacedor de discursos”. Aquí puedo decir que la Oratoria habría sido
fundada todavía unos mil años antes de Homero, es decir, hace cuatro mil años. En efecto, en el papiro titulado Enseñanza del rey Khety para su hijo, leemos:
“Vuélvete un artesano del lenguaje y triunfarás. La lengua es la espada de los reyes, las palabras valen más que todos los combates…”
“Artesano del lenguaje”, bonita y precisa definición de orador.
De lo hasta aquí mencionado, se desprende que los egipcios se preocupaban por cultivar tanto el arte de la palabra escrita, como el de la palabra hablada, es decir, por cultivar la Retórica.
Pero a todo esto, ¿qué hay con los fenicios, a quienes tradicionalmente se les atribuye la invención del alfabeto?
Me parece muy probable que los egipcios inventaran el alfabeto. Sin embargo, esa sensación de inmovilidad, de pesadez que se refleja en todo su arte, así como la idea obsesiva de una vida ultraterrena, se tradujo en el poco interés que tuvieron ellos por el mundo exterior.
Por su parte, los fenicios fueron los grandes navegantes de la Antigüedad. Todavía hoy, es posible ver en algunos murales acuáticos el clásico barco fenicio. Entonces, en el comercio con Egipto los fenicios aprendieron el alfabeto; luego, también comerciando, lo introdujeron a Grecia y de ahí, al mundo occidental.
FIGURAS DE RETÓRICA Y MITOLOGÍA
Maquiavelo sabía que quien tiene la información tiene el poder.
El signo de nuestro tiempo, que ha cerrado ya el segundo tomo de los milenios, para abrir el tercero, es el de la información instantánea. Cada día, desde que despertamos, empezamos a ser bombardeados con toda clase de mensajes que buscan influir en nosotros para que consumamos, actuemos, digamos, sintamos, queramos, necesitemos...
En su libro Seducción Subliminal, que hoy es referencia obligada en los estudios de mercadotecnia, Wilson Bryan Key, basándose en los estudios de Freud y Poetzle, informa que los ojos de una persona adulta hacen cerca de 100,000 fijaciones diariamente. Muchas de esas fijaciones son sobre objetos publicitarios. A esto hay que agregarle los estímulos que todo el tiempo nos llegan a través de los oídos: estamos oyendo por todas partes.
la información que no le atrae, que no le es útil, que es poco placentera o que la considera potencialmente dañina.
Pues bien, una de las principales virtudes de las Figuras de Retórica, es precisamente la de traspasar la Defensa de la Percepción. Esto es posible por el efecto extraordinario que la estimulación de la imaginación tiene en la percepción humana.
No se diga si este estímulo de la imaginación se hace a través de las Figuras de Retórica por excelencia: las que provienen de la mitología.
Karl Gustav Jung, célebre psicólogo suizo, no sólo fue junto con Freud el creador del psicoanálisis, sino que también descubrió que el inconsciente fluye a perpetuidad dentro de la conciencia del hombre a través de los Arquetipos Simbólicos, representados principalmente por los mitos.
En sus libros Arte y Revolución y Las obras de arte del futuro, Richard Wagner (1813-1883) músico alemán de extraordinaria fuerza artística, vislumbraba el nacimiento de un arte donde la música y el drama habrían de fundirse para exponer el sentimiento con intensidad.
El tema ideal de estos dramas musicales, como les llamó a sus óperas, debían ser los mitos, que constituyen siempre la materia prima del sentir colectivo. Una vez que sentó las bases de su teoría, estudió la leyenda de Sigfrido y los otros mitos nórdicos, y comenzó a escribir los libretos de su extraordinaria tetralogía El anillo de los Nibelungos, compuesta por: El oro del Rhin, Las
Walquirias, El joven Sigfrido y El ocaso de los dioses. No es raro que Hitler utilizara la música de
Wagner en sus actos multitudinarios, pues esta música que fue compuesta con base en los mitos nacionales de Alemania, se fusionaba perfectamente con el discurso hitleriano, también basado en el principal mito alemán: el de la superioridad racial.
En el libro Así hablaba Zaratustra, del también alemán Federico Nietzsche (1844-1900) y que influyó decisivamente en el nazismo, Zaratustra dice lo siguiente:
“El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el Superhombre… ”El hombre es un puente, un tránsito, no una meta, no un final…
”Ved: yo soy un anuncio del rayo, y una pesada gota procedente de la nube. Ese rayo se llama el Superhombre.”
Como los alemanes suponían (¿suponen?) que ellos eran la raza más adelantada y evolucionada de la humanidad, entonces a ellos les correspondía completar ese “tránsito” y ser los primeros en llegar al extremo del “puente” y convertirse en los Superhombres que, en la visión de Zaratustra, es la meta última de la humanidad.
Éste fue el mito sobre el que Hitler basó toda su ideología.
La Oratoria, lo dije en otro libro, pero vale repetirlo aquí, es un medio, un instrumento, que por sí mismo, como un bisturí, no es bueno ni malo. Su bondad o su maldad dependen de quien la usa. La verdad es que Hitler, ni siquiera Nietzsche, tergiversó la doctrina de Zaratustra.
La doctrina de este filósofo ario (¿660-583? a. C.), contenida en el Zend-Avesta, se funda en la existencia de dos principios, dos potencias eternamente en lucha, implacables y enemigas: Ahura
Mazda, el creador del sol, de la luz y de la bondad, rodeado siempre de seis ministros que
simbolizan la buena intención, la rectitud, la fuerza, la humildad, la salud y la obediencia. Angra
Mainyu, el dios del mal, de la oscuridad y de las tinieblas, está rodeado por el furor, la ambición y la
venganza. Este dios del mal sólo piensa en combatir a Ahura Mazda, diseminando el mal entre los hombres. El universo entero no es otra cosa que el escenario de esta lucha eterna. El hombre es un soldado más en este grandioso combate y que, por su libre albedrío, puede decidir en que bando pelea.
En esta lucha el Superhombre es “el que es activo, limpio, industrioso, cultiva la tierra, conserva su cuerpo en perfecta salud, dice la verdad, es escrupulosamente honrado, cumple las promesas, es generoso con los pobres y bueno con los animales domésticos; está dispuesto a ayudar a las
personas que sufren aflicciones y desgracias…” Ésta era la manera como Zaratustra proponía que
el Superhombre librara la lucha contra el mal.
caso- las ignora, el diablo hasta las puede citar mal y adaptarlas a su conveniencia, como lo hizo Hitler.
A este manejo perverso que hizo Hitler del mito alemán hay que sumar el fenómeno de
Psicología de masas, tema que estudiamos acuciosamente en una de las sesiones de nuestro
curso y por lo cual únicamente expresaremos aquí dos ideas fundamentales al respecto.
Gustave Lebon, uno de los autores clásicos en esta materia, piensa que “en una multitud se borran los rasgos psicológicos individuales, desapareciendo así la personalidad de cada uno de los que la integran. Lo inconsciente colectivo surge en primer término y lo heterogéneo se funde en lo homogéneo. Así, la superestructura psíquica, tan diversamente desarrollada en cada individuo, queda destruida, apareciendo desnuda la uniforme base inconsciente, común a todos”.
Esa uniforme base inconsciente, que es común a todos son precisamente los mitos colectivos, representados en el inconsciente colectivo con imágenes.
Freud, en su Psicología de las Masas afirma que “La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo da libre curso a su imaginación.”
Por lo anterior e independientemente de la habilidad que el orador adquiera para construir imágenes verbales y cuyos diferentes tipos estudiaremos al detalle en el presente libro, es indispensable que esté ampliamente versado en las diferentes mitologías de la cultura humana y que comprenda los notables puntos de contacto que tienen entre sí pues, como dijimos, ésta es una manera muy eficaz para traspasar la Defensa de la Percepción, de la que hablaba Poetzle.
No creo necesario insistir en que estos y los demás instrumentos de la Persuasión deben ser utilizados por el orador con toda responsabilidad e integridad, sin apartarse nunca de los valores trascendentales y elevados que deben guiar su conducta. De conducirse de otra manera, tal vez sí logre despertar la admiración de cuantos le escuchen, consiguiendo aplauso y liderazgo; pero a la larga, no tendrá derecho, como hoy no lo tienen Hitler y otros, de ser inmortalizado en el bronce duro de la estatua o en el oro claro de la estrofa.
EL SENTIDO FIGURADO DE LAS PALABRAS
Es tiempo ahora de adentrarnos en la construcción de las Figuras de Retórica.
Las palabras pueden tener dos sentidos. Las palabras se toman en Sentido Primitivo cuando significan la idea para la que fueron inventadas; y se toman en Sentido Figurado, es decir son
Figura de Retórica, cuando son transportadas de su propia significación a otra, que no es
precisamente la suya, pero con la que guardan una cierta semejanza.
Por ejemplo, cuando usamos la palabra aviación, en realidad estamos utilizando una Figura de Retórica pues en estricto sentido, esta palabra se refiere a las aves, pero como su significado guarda cierta semejanza con el concepto que se quiere expresar, es transportada a ese nuevo concepto.
Los hombres, por falta de palabras con las cuales expresar diferentes objetos y conceptos, se vieron precisados a emplear una palabra destinada ya a cierta idea, a otra idea, en la que advirtieron semejanza con la primera. De la penuria del lenguaje, pues, resultaron necesariamente comparaciones, metáforas, alusiones y todas las demás Figuras de Retórica. Es decir, las Figuras de Retórica enriquecieron y enriquecen la lengua, haciéndola más abundante y armoniosa, siendo capaces de poner a la vista las ideas más abstractas.
Marco Tulio Cicerón, el gran orador romano, en el libro tercero de su obra El orador describe el origen de las Figuras de Retórica y su propagación con las siguientes palabras: “Es muy extenso el uso de las palabras figuradas; a la necesidad derivada de la escasez y aridez de las lenguas, deben su origen, y si se propagaron después, fue porque agradaban a la imaginación.”
Aristóteles, por su parte, dice en su tratado sobre Retórica: “Nosotros vemos una cosa en otra y esto agrada maravillosamente a la imaginación, porque nada le agrada tanto como la semejanza de los objetos en las comparaciones.”
edad de la belleza, de la alegría y de las risueñas esperanzas. Vemos también que la primavera es la estación en que por todas partes brotan hierbas y flores y todo lozanea y se colorea y parece que la naturaleza sonríe en la tierra y en el cielo. Sin buscarlas se nos ofrecen juntas ambas ideas:
primavera y juventud, y con gran propiedad decimos: “La juventud es la primavera de la vida.”
Con el mismo objetivo de comunicarnos por medio de relaciones que agraden a la imaginación, llamamos a un hijo que sustenta a su anciano padre “El báculo de su vejez”; a la ignorancia, “La
noche de la inteligencia”; a la cronología y a la geografía, “Los ojos de la historia”.
Por otra parte, las Figuras de Retórica recuerdan a la memoria mayor variedad de circunstancias que la principal, por la siguiente razón: el pensamiento funciona con imágenes. La verdad es que no recordamos palabras o cifras, sino que recordamos imágenes. Cuando alguien dice “árbol” el que escucha se representa mentalmente un tronco, unas ramas y unas hojas verdes, en la forma particular en la que él tenga preconcebida la idea de árbol, y no se le ocurriría evocar una montaña rugosa que camina, esto es, un elefante.
Además, las Figuras de Retórica bien logradas son capaces de impactar el corazón y el espíritu del que escucha con mucha más energía que las palabras simples y llanas. Y es que, como se decía en la Antigüedad, El lenguaje de las Figuras de Retórica es el lenguaje de la pasión y de la
imaginación. Este lenguaje es precisamente el que tiende el puente entre las emociones del que
habla y las emociones del que escucha, situación esta última, de mucha importancia, pues lo que impulsa, lo que “avienta” al auditorio a obrar como el orador quiere, son las pasiones, las emociones que el orador puede conmover, mover con su discurso.
En efecto, el dominio de las Figuras de Retórica le dan al orador no sólo la llave de entrada a la
percepción del público, como lo vimos en el capítulo anterior, sino que le permiten expresar y
transmitir sus ideas, sus emociones y sus sentimientos; dándoles a estos el carácter, el colorido, los diversos grados de extensión y de fuerza; pudiendo expresar plenamente sus alegrías y sus tristezas, sus fobias y sus filias, sus creencias y sus querencias, sus afinidades y sus diferencias; así como toda la gama de emociones y sentimientos que conforman el alma humana.
EL USO ADECUADO DE LAS FIGURAS DE RETÓRICA
Como se lee en el capítulo precedente, fue por la escasez de palabras, en la llamada infancia del
lenguaje, que el hombre tuvo que enriquecer su vocabulario poco a poco, con el uso de Figuras de
Retórica.
Pero esto no sólo aconteció en la infancia del lenguaje, sino que también acontece en la infancia misma de las personas.
Se cuenta que cuando Álvaro Obregón era muy niño, al oír los truenos de una muy fuerte lluvia, le dijo a una de sus hermanas:
“Me gustaría conocer la pistola
con la que Dios dispara sus rayos.”
Curiosamente, cuando José de León Toral decidió cambiar su vida por la del general Obregón, matándolo a balazos, no faltaron algunos católicos que expresaron esta otra Figura de Retórica:
“Fue el rayo de Dios el que mató a Obregón.”
Las madres tienen muy marcada la costumbre de dirigirse a sus hijos con Figuras de Retórica, aún cuando estos ya no sean tan niños:
“Qué bueno que m‟hijo hoy sí se va pa‟l cielo.”
Dejando a un lado estos hechos históricos, debemos advertir que todos nosotros, desde la más tierna edad y durante toda nuestra vida, hacemos uso de las Figuras de Retórica, pero no todos las usamos con la misma habilidad.
Para usar las Figuras de Retórica con arte, lo primero que hay que conocer es la medida con la que las debemos usar.
Aún cuando se conozcan muchos tipos de Figuras de Retórica, se debe tender a la mesura en su uso. El abuso de las Figuras puede alejarnos del fin que buscamos con la disertación.
Lo importante es saber si el empleo de una Figura de Retórica en concreto, será oportuno y producirá belleza al conseguir que el pensamiento experimente cierto giro, con el que se grabe más profundamente la idea en el ánimo del que escucha o lee.
En esto radica el saber usar las Figuras de Retórica: en conocerlas y dominarlas bien, pero aplicándolas con medida, para que el gusto del público o el de nuestro interlocutor o lector, se vea complacido y agradado, sin haberlo llevado al empalago, ni mucho menos.
El estudio del arte de las Figuras de Retórica sirve para aprender cómo dirigir el rumbo de la fantasía humana, pero también para ponernos a la vista los derrumbaderos en los que nos podemos despeñar, si no vamos fuertemente sostenidos por el buen gusto, por la crítica y por la autocrítica.
Por otra parte, la Retórica no se debe limitar a conmover profundamente la imaginación y el corazón del público, removiendo en él las más vivas y enérgicas pasiones; además de esto, requiere que los momentos de más entusiasmo y emoción, sean sucedidos por otros, en los que domine cierta serenidad que revele el imperio de la razón en el retórico.
Asimismo, el conocer con tanto detalle las Figuras no nos debe hacer perder la necesaria espontaneidad que les debemos dar siempre a nuestras Figuras. No olvidar que el artificio de suyo es frío y estéril y que no puede suplir la falta de sentimiento y de calidez.
Las Figuras de Retórica pueden también estar presentes en la conversación cotidiana, pero para el uso cotidiano resultaría una afectación reprensible poner el mismo cuidado, cantidad y calidad de Figuras que en las disertaciones públicas.
Como ya dijimos antes, las Figuras de Retórica tuvieron su origen en la necesidad, madre fecunda de invenciones; se generalizaron por conveniencia y las estudiamos y reglamentamos como un poderoso auxiliar de la Elocuencia. Tanto les debe la Elocuencia, que sin ellas apenas se puede concebir su eficacia. Y no sólo en la tribuna, sino en cualquier conversación las encontramos, siempre que algún sentimiento apasionado, bueno o malo, conmueve al que habla. En tal caso, la plenitud y el calor del espíritu hablan naturalmente con términos figurados, expresiones gráficas, dolorosas o felices; presentando los pensamientos como de relieve, llenos de animación y de vida. Sin embargo, si abandonamos a la naturaleza a sí misma, mezcla en todas sus producciones lo bueno y lo malo, lo bello y lo deforme, rosas y zarzas, por cuyo motivo el arte, que intenta depurarla siempre, se esfuerza en distinguir el acierto del error, procurando favorecer el uno y evitar el otro. Por último, la finalidad de las Figuras de Retórica no debe ser el lucimiento del retórico, ni darle lustre a su personalidad, sino en hacer más claro, comprensible y duradero el mensaje.
El que es considerado, al margen de cualquier consideración religiosa, el discurso más importante y trascendental de la Historia, por los efectos que tuvo en el devenir histórico y que es precisamente “ElSermón de la Montaña”, está confeccionado a base de Figuras de Retórica. En él, Jesús quería que todos entendieran su mensaje, desde el más culto y letrado, hasta el más humilde y sencillo.
Es por medio de Figuras de Retórica, elaboradas en la más alta jerarquía de la Elocuencia, como
el Orador de la Montaña pronuncia un discurso intemporal, transmilenario, que ha resonado en las
almas de tantos hombres con la mayor sencillez y al mismo tiempo, con la mayor vitalidad.
LAS FIGURAS DE DICCIÓN
DEFINICIÓN DE FIGURAS DE DICCIÓN
Las Figuras de Dicción consisten en la adición, supresión o repetición de alguna palabra o frase; o en la combinación de palabras análogas por el sonido, por los accidentes gramaticales o por el sentido de las mismas.
Los ejemplos siempre serán presentados en letras cursivas y en algunos casos se subrayarán la o las palabras que sean constitutivas de la Figura respectiva.
FIGURAS DE DICCIÓN POR ADICIÓN O SUPRESIÓN
Disfunción o disolución. En esta Figura se suprimen las conjugaciones, comunicando rapidez a la enumeración y al estilo. Nótese en el ejemplo propuesto que no hay una sola conjunción:
“Llamas, dolores, guerras, tribulaciones, muertes,
asolamientos, fierosmales; sufrimos en tu nombre.”
Conjunción. Esta Figura, al contrario de la anterior, multiplica las conjunciones, presentando los objetos como aislados y, por ello, con más energía:
“Y el guerrero abrió su mano y los dejó caer y cayeron en el despeñadero el carro y el caballo y el caballero.”
“Digno es el fiel de recibir virtud y divinidad y sabiduría y fortaleza y gloria y bendición.”
Epíteto. Es un adjetivo o participio que se junta con el sustantivo, no para determinar la idea principal sino para caracterizarla, presentándola así con más gracia o con más energía. De suprimirse el Epíteto, quedaría íntegro el sentido de la oración, pero se perdería el efecto buscado. Los Epítetos han de ser muy significativos. Esto es, han de caracterizar enérgicamente los objetos a que se aplican, o hacer resaltar una cualidad sobre la que convenga fijar mucho la atención. Por consiguiente, son defectuosos los Epítetos impropios, vagos o inútiles.
Por otra parte, no deben acumularse muchos Epítetos sobre un mismo objeto, porque distrayendo la atención con ideas accesorias, lejos de pintar con mayor viveza la idea principal, la ofusca y la debilita.
“Juárez, firmando con su morena mano india la justa sentencia de muerte del invasor:
del ario Maximiliano…”
Pleonasmo. Se comete con demasía de palabras que la Gramática desecharía por superfluas, pero que la Retórica acepta para dar más fuerza a una expresión.
“Lo vi con mis propios ojos.”
“En política, hay que saber cuando callar; y cuando seguir callando.”
FIGURAS DE DICCIÓN POR REPETICIÓN
Repetición.
“¿Qué trabajo no paga el niño a la madre? Cuando ella le tiene desnudo en el regazo,
cuando él juega con ella, cuando la toca con su manecilla,
cuando la mira risueño,
cuando se le anuda al cuello y la besa.”
Complexión.
“Todas las cosas tenemos en la fe en Dios, y todas ellas nos es Dios:
Si deseas ser curado de tus llagas, médico es; si ardes con calentura, fuente es;
si te fatigan la carga de los pecados, justicia es; si temes a la muerte, la vida es;
si quieres huir de las tinieblas, luz es; si deseas ir al cielo, camino es.”
Epanadiplosis.
“Crece su furia y la tormenta crece.”
Hipérbaton. Consiste en invertir el orden gramatical de las palabras de la oración, colocándolas según conviene a la intención del que habla o escribe. Límites: la claridad y la naturalidad. Faltando una o la otra, deja de ser elegancia y se convierte en defecto.
“Tú, de virtudes mil, de ilustres hechos, fecundo manantial, a quien consagran
su vida alegre los heroicos pechos…”
Retruécano. Consiste en volver de cierto modo una frase al revés, repitiendo las palabras de que se compone, pero con orden y régimen inverso.
“El silencio es la sombra del sonido, como sombra es el silencio de la luz.”
“Todo por servir se acaba y acaba por no servir.”
Concatenación. Consiste en ir desarrollando una idea a partir de las conexiones que se dan entre las últimas y las primeras palabras de cada frase.
“Si un político dice „sí‟, es quién sabe; si dice „quién sabe‟, es que no; y si dice „no‟, entonces no es un político.”
FIGURAS DE DICCIÓN POR COMBINACIÓN DE PALABRAS ANÁLOGAS POR EL SONIDO
Aliteración. Figura que consiste en emplear palabras en las que se repiten las mismas letras.
Asonancia. Es la repetición por la que dos o más incisos de la cláusula terminan con palabras idénticas.
“Hay alcalde que de balde, por sólo hacer de alcalde, me pondrá como San Lorenzo.”
Equívoco. Es cuando una o más palabras equívocas para la Gramática son admitidas por la Retórica para darle con ella o con ellas un significado especial a la expresión.
“Tú eres de los que primero ajusila y luego virigüa.”
Paronomasia. Figura por la cual se reúnen palabras que, sin ser equívocas, sólo se diferencian en alguna letra o sílaba.
“Para orador, te faltan más de cien; para arador, te sobran más de mil.”
FIGURAS DE DICCIÓN POR COMBINACIÓN DE PALABRAS ANÁLOGAS POR LOS ACCIDENTES GRAMATICALES
Derivación. Se reúnen en la cláusula palabras derivadas de un mismo radical.
“El que sabe perdonar, la victoria conserva, pues mientras vive el vencido, venciendo siempre está el que venció.”
Polipote. Consiste en repetir un verbo en diferentes tiempos.
“Por Ana muere José,
cuando ella vive sin necesidad de él. Él quiere que Ana quiera,
y ella quiere no querer.”
Conjugación. Es la aplicación que se hace a ciertos tiempos del verbo de una significación que rigurosamente no es suya:
- Se toma el futuro por el imperativo: Me respetarás ahora mismo. En lugar de: respétame.
- El presente por el futuro: El mes entrante voy a Veracruz. En lugar de: El mes entrante iré a
Veracruz.
- El presente por el pretérito: Cuando voy a Tlaxcala, siempre frecuento el volcán de la Malinche. En lugar de: Cuando he ido a Tlaxcala, siempre he frecuentado el volcán de la Malinche.
Adjudicación. Aquellos períodos en que un mismo verbo, colocado al principio, medio o fin, rige varias sentencias con igual significado, sin necesidad de repetirlo en cada cláusula:
“Alá quiera, enemiga mía, que te aborrezca y le adores,
y de día no reposes y en la mesa le fastidies y en la cama le enojes.”
Similicadencia. Cuando se terminan dos o más incisos o miembros de la cláusula con verbos puestos en un mismo tiempo y persona.
“Te puncen y te sajen, te tundan y te golpeen; te martillen, te acribillen, te dividan, te corten…”
Sinonimia. También llamada Metábola. Consiste en combinar palabras análogas por su significación.
“Fue un hombre íntegro, honrado, probo, sin tacha en su conducta e irreprochablemente virtuoso.”
FIGURAS POR TRASLACIÓN (TROPOS)
DEFINICIÓN DE TROPOS
Tropo viene de una palabra griega que significa vuelta. Los Tropos consisten en trasladar o
transportar el sentido de una palabra o de una frase a otra, que no tiene su propia significación, pero con la que guarda cierta semejanza. Hay Tropos de Dicción y Tropos de Sentencia.
TROPOS DE DICCIÓN
Están fundados en la conexión de las ideas, en su correlación o en su semejanza.
Sinécdoque. Esta palabra significa comprensión, y consiste en designar un objeto tangible o intangible con el nombre de una de sus partes; o al contrario, en designar una parte de dicho objeto con el nombre del todo; o la materia con la que esta hecha una cosa, por la cosa misma. Son ocho las especies de Sinécdoque.
1. De la parte por el todo.
En lugar de decir mil personas, decimos mil cabezas o mil almas. En lugar de cien buques, cien velas.
El nombre de un general o del jefe militar, por el ejército: La victoria fue de César. En lugar de decir quince años, decimos quince primaveras.
La providencia, la justicia divina, en lugar de Dios.
2. Del todo por la parte.
Resplandecieron mil picas. Cuando de las picas sólo resplandece el metal.
3. De la materia por la obra.
El acero por la espada; el bronce por el cañón o por la campana.
4. Del número.
Se toma el singular por el plural o viceversa. Por ejemplo, la frase “El hombre es el lobo del
hombre”, dice hombre en singular, pero en realidad se está refiriendo a la pluralidad de hombres. En
la generalidad de veracruzanos. Viceversa: En “La patria de los Cicerones y los Virgilios”, se está tomando al plural por el singular.
5. Del género por la especie.
Cuando, por ejemplo, con los nombres genéricos de animal o bruto, designamos ideas especiales y específicas en un caso concreto, como toro o caballo. Y también cuando decimos mortales por hombres; animal por animal irracional.
6. De la especie por el género.
En la cláusula “El hombre es mortal”, el concepto hombre incluye también a la mujer. En esta otra: “Nunca supo ganarse el pan”, el último concepto se refiere a toda clase de alimentos.
7. De lo abstracto por lo concreto.
La juventud, la magistratura, la nobleza, por los jóvenes, los magistrados, los nobles,
respectivamente.
8. Antonomasia.
Es cuando se toma el nombre propio de un individuo con características tan sobresalientes que dicho nombre equivale a un apelativo con el que se pueden generalizar esas características. Cuando decimos: Es un Cicerón o Es un Homero o Es un Nerón, damos a entender que alguien es un excelente orador, o un poeta sublime, o un hombre cruel, respectivamente.
Viceversa: también en La Antonomasia el apelativo puede equivaler al nombre del individuo: El
Cartaginés, por Aníbal; El Macedonio, por Alejandro Magno; El Estagirita, por Aristóteles.
Metonimia. Consiste en designar un objeto con el nombre de otro en cuya existencia o manera de existir haya influido. Al igual que la Sinécdoque, la Metonimia consta de ocho tipos diferentes.
1. De la causa por el efecto.
La causa puede ser activa, ocasional, instrumental, tradicional, etc. En esta frase: “Tláloc se puso
en mi contra y me impidió llegar a tiempo”, estamos tomando a la supuesta causa de la lluvia (el
dios Tláloc), por la lluvia misma. Cuando dice alguien: “Leí en Homero el mitode la manzana de la
discordia”, está designando al efecto (la obra), con la causa de la misma (el autor).
2. Del efecto por la causa.
Virgilio llama a Helena “El crimen, La infamia”; “Es mi alegría”, dice alguien de su hijo. “Es mi
tormento”, dice otro de su esposa.
3. Del instrumento por la causa activa.
“Fue el pincel insuperable del Renacimiento”, refiriéndose a Leonardo de Vinci. “Es la mejor
pluma de Inglaterra”: Shakespeare.
4. Del continente por el contenido.
Una expresión tan cotidiana como ésta: “Me tomé un vaso de agua”, se encuadra perfectamente en este tipo. “En 1910 se levantó México en armas”, es otro ejemplo.
“Valen más el Burdeos y el Champagne, que elMálaga y el Jerez.” Todos estos vinos toman su nombre del lugar de donde proceden. En “La lucha de Ginebra y Roma”, se refiere la Historia a la lucha entre el calvinismo y el catolicismo.
6. Del signo por la cosa significada.
Consiste en decir, por ejemplo, “El Laurel” o “La Oliva”, por la gloria o la paz, respectivamente.
7. De lo físico por lo moral.
Se logra esta Figura siempre que designamos nuestros afectos o nuestras cualidades morales en general, con el nombre de las partes físicas del cuerpo a las que solemos referirlas; o que están estimadas como su verdadero principio y asiento. “Perdió el seso”; “No tiene corazón”; “Es un
hombre sin entrañas”; “Es esclavo de su estómago”; son algunos ejemplos.
8. Del dueño de una cosa o de un lugar, por la cosa o el lugar mismo.
Por esta razón, con los nombres de Lares y Penates, que eran sus dioses domésticos, se referían los antiguos romanos y etruscos a la casa u hogar. Todavía hoy podemos escuchar “¿Qué andas haciendo por estos lares?”
Tanto las Metonimias y las Sinécdoques han de estar autorizadas por el uso. Los griegos decían
“Cabeza querida” por persona querida. El latín y el francés adoptaron esta Sinécdoque, que sería
muy defectuosa en español.
Metáfora. Por esta Figura se transporta el sentido de una palabra o idea a otra, con la que guarda analogía o semejanza, mediante una comparación mental. Son cuatro los tipos de Metáfora.
1. De lo animado a lo animado.
“En el campo de batalla, Aquiles era un león.”
“Esos maleantes son unas hienas.”
2. De lo inanimado a lo inanimado.
“Por las mañanas, me gusta caminar por el campo, por que admiro las perlas del rocío.”
“Con mano firme, ha sabido gobernar la nave del Estado.”
3. De lo inanimado a lo animado.
“Los fusiles hablaron.”
“Su crimen fue su verdugo.”
4. De lo animado a lo inanimado.
“Su hermano es su mejor escudo.”
Unos ejemplos más sutiles de este último tipo de Metáfora son los siguientes: “Fue devorado por
las llamas”, “Soltó la rienda a sus vicios”, en los que está implícita la animación de lo inanimado.
Las Metáforas deben realzar el pensamiento y ennoblecerlo, por lo que deben ser exactas y coherentes.
Las palabras figuradas que la conforman, deben guardar una relación idónea. Si decimos “Un
buen gobernante es el piloto que guía la nave del Estado”, está bien dicho; pero si decimos “Un
buen gobernante es el piloto que guía el edificio del Estado”, resultarán incongruentes los términos
metafóricos, pues los pilotos no guían edificios, sino naves. Si quisiéramos poner edificio, entonces deberíamos decir “El buen gobernante es la firme columna que lo sostiene”, quedando establecida así la necesaria relación de las diversas partes.
Catacresis. Los Tropos de Dicción así llamados consisten en emplear palabras en sentido distinto al propio, por carecer el idioma del vocablo preciso que traduzca literalmente la idea que se quiere expresar. Es decir, se expresan por necesidad y pertenecen al fondo común del idioma. Estos son algunos ejemplos: los brazos del sillón, el cuerpo del delito, la hoja de la espada, el labio de la copa.
Silepsis. Por medio de esta Figura se establece la concordancia de la frase con arreglo al sentido y no a las reglas gramaticales. Por ejemplo, la frase “La mayor parte murieron”, entraña una Silepsis de número, pues en estricto apego a las reglas gramaticales, debería conservarse el singular en toda la frase. En esta otra frase: “Vuestra Majestad está equivocado”,descubrimos una Silepsis de género.
También se llama Silepsis cuando una misma palabra se toma en sentido propio y figurado:“Este accidente le atajó los pasos.”
Los Tropos de Dicción, que acabamos de ver, deben su origen a la necesidad. No es posible que ningún idioma poseyera el inmenso caudal de voces que se necesitaría para dar nombres especiales a todas las ideas, ni tampoco sería fácil denotar las ideas metafísicas y abstractas sin el auxilio de palabras que por sus cualidades o relaciones permiten dichas denotaciones.
Pero además de los Tropos introducidos y conservados por la necesidad, se emplean otros voluntariamente, sin más objeto que comunicar a la expresión dignidad, belleza, gracia, honestidad, concisión, energía y, sobre todo, claridad; estos son los Tropos de Sentencia.
TROPOS DE SENTENCIA
En los Tropos de Sentencia, se traslada el sentido de una frase a otra. La relación entre el sentido figurado y el literal se funda a veces en la semejanza, otras en la oposición (o contraposición) y otras en la reflexión.
TROPOS DE SENTENCIA POR SEMEJANZA
Alegoría. Símbolo o símbolos que al presentarse al pensamiento, despiertan en el mismo pensamiento la idea de un concepto completo. La balanza, la espada y la venda, son la Alegoría de la Justicia; la venda y las alas de Cupido, son la Alegoría del amor; el esqueleto armado con una
guadaña es la Alegoría de la muerte.
La Alegoría que es algo oscura, se llama Enigma. Por ejemplo, el sueño del Faraón en el que ve siete vacas gordas y siete vacas flacas, es un Enigma que sugiere que en la vida hay unas épocas de bonanza y otras de escasez, debiendo en las de bonanza prepararse para las de escasez.
Prosopopeya. Consiste en atribuir cualidades propias de los seres animados y corpóreos (particularmente el hombre) a los seres inanimados, a los incorpóreos y a los abstractos. “El amor
TROPOS DE SENTENCIA POR OPOSICIÓN
Preterición o pretermisión. Por esta Figura fingimos pasar por alto lo mismo que estamos diciendo, con la intención de hacerlo resaltar con mayor energía que si lo dijéramos claramente:
“No quiero hablar de los crímenes de Claudio; no de su maledicencia, no de sus tropelías,
atropellos ni bajezas; no. Únicamente de sus usuras…”
Asteísmo. Alabanza delicada que se hace bajo el aparente carácter de reprensión o vituperio.
“La gente estaba incómoda de ver que un joven y principiante capitán hubiese tenido tan poco respeto a unos generales antiguos y llenos de canas, tomándoles tantos cañones y haciéndoles huir tan vergonzosamente.”
Permisión. Dar licencia a otro para que haga aquello mismo de lo que nos estamos quejando con cierto despecho amargo.
“Segad esta garganta, que no temo a la muerte, ni me espanta.”
Ironía. Decir en tono de burla todo lo contrario a lo que se está expresando literalmente, por ejemplo, decirle santo al idólatra o sabio al ignorante. Parece que sólo debería ser propia de la alegría y del estilo jocoso, sin embargo, la cólera, el desprecio, la desesperación misma, se valen de ella y, por consiguiente, la encontramos en los discursos más vehementes y apasionados.
Cuando tiene carácter sangriento y es amarga irrisión con la que insultamos a nuestros contrarios, o a una persona abatida por la tristeza o a un objeto digno de compasión, en este caso recibe el nombre de Sarcasmo.
Y ¿por dónde conocemos la intención del que habla? Por el tono de la voz, por el gesto, que se hallan en intencionada contradicción con las palabras.
TROPOS DE SENTENCIA POR REFLEXIÓN
Hipérbole. Consiste en exagerar las cosas más allá de sus naturales términos. La producen la viveza de los sentimientos y de la imaginación. Por este motivo la hallamos con más frecuencia en los países cálidos que en los fríos; y en la juventud, más que en la ancianidad. Los árabes e hindúes la emplean con mucha abundancia, y no escasea en nuestra mexicana forma de hablar:
“Te lo he dicho mil veces”;“Me estoy congelando”;“Era un mar de lágrimas.”
Decían Cicerón y Quintiliano: “Es preciso exagerar en la cátedra, sin que esto perjudique a la verdad.”
Atenuación. También llamada Lítote. Figura por medio de la cual, en vez de afirmar positivamente una cosa, se niega la contraria o se disminuye más o menos, dejando que el interlocutor interprete la intención del que habla. Aminora la fuerza del pensamiento y sirve para presentarlo sin dureza, aunque dejándolo entender perfectamente, bien por el tono con el que hablamos, bien por lo que precede y sigue en el discurso.
“No puedo felicitar tu conducta.”
“No estoy seguro de estar de acuerdo contigo al 100%.”
Los hechos históricos, los mitológicos, los dichos célebres, las costumbres, es decir, todas las cosas de las cuales deben tener noticia las personas a quienes se dirige la palabra, pueden ser objeto de Alusión.
Los objetos deben ser muy conocidos, pues de otra manera no se comprenderá la intención del retórico y no tendría esta Figura la transparencia que debería tener. En este consejo: “Para evitarte
problemas, simplemente dale al César lo que es del César...” hay una Alusión a la conocida máxima
bíblica.
Metalepsis. Consiste en tomar el antecedente por el consiguiente, o viceversa; o en dar a entender una cosa por medio de otra que necesariamente la precede, la acompaña o la sigue. El ejemplo
“Este enfermo morirá al caer la hoja”, significa que la persona morirá en el otoño.
Reticencia. Consiste en omitir uno o más pensamientos que fácilmente suple el interlocutor, atendiendo las circunstancias del discurso. Usamos esta Figura cuando parece que el silencio ha de ser más expresivo que la palabra.
“Sale de la corte, entra a la iglesia y llega hacía él su verdugo: con el odio en el alma, el fuego en los ojos, el hierro en la mano y sin el menor respeto a los altares de Jesucristo ni a sus ministros…ya sabemos.”
Asociación. Decir de muchos lo que sólo debe aplicarse a algunos o a uno solo.
“A veces vemos la paja en el ojo ajeno, y no la viga que tenemos en el nuestro.”
Paradoja. También llamada Antilogía o Endíasis. Es cuando con cierto enlace artificioso se juntan dos ideas al parecer inconciliables y que realmente encerrarían un absurdo si las palabras se tomasen al pie de la letra.
“Es recomendable evitar la estéril abundancia de ciertos autores.”
“El historiador es un profeta del pasado.”
El verso de Santa Teresa de Jesús, en el que ya se quiere morir para ir a la Vida Eterna, es paradójico:
“Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero…”
Parábola. En esta Figura, se narra un pasaje completo, real o imaginario, del que se deducirá una enseñanza moral o una verdad importante. La siguiente es una de las muchas Parábolas de Jesús que consigna Mateo en su Evangelio, y que podríamos denominar La Parábola del Orador, pues el orador, como el sembrador, arroja sus palabras al viento en busca de oídos fértiles para que germinen en ellos:
“He aquí que el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había casi tierra; y brotó pronto, pero no tenía profundidad de tierra; y al salir el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio frutos…”