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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

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Academic year: 2019

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Shades

Of

Midnight

A Midnight Breed Novel

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Gracias a Elizabeth Rose por permitir la traducción

de este proyecto y todas la chicas que dedicaron un

poco de su tiempo en hacer este proyecto posible,

especialmente AndreaN, Lizeth y Sheilita Belikov que

pusieron toda su dedicación en él, también gracias a

todos los lectores de nuestras traducciones que

hacen que el esfuerzo valga la pena.

Staff de Traductoras

Aletse AndreaN Anna Rose

Cuketa_luminosa Darkgirl

Laura Lizeth Lorena

LorenaVargas1985 Marie Annabeth Melo

Sheilita Belikov **Liseth_Johanna18**

Staff de Corrección

Andy Parth Anjhely Caamille

Gemma Ginabm Ynexiz

Diseño

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Sinopsis

una salvaje tierra helada sumida en la oscuridad, la línea entre el bien y el mal y el amor y el odio nunca volverá a ser la misma. Algo inhumano está acechando los salvajes y fríos territorios de Alaska, dejando una horrible carnicería tras de sí.

Para la piloto Alexandra Maguire, los asesinatos están avivando recuerdos de un horroroso episodio que presenció en su infancia, y evocan en ella la inexplicable sensación de que pertenece a otro lugar que siempre la ha perseguido y que nunca ha podido explicar... hasta que un oscuro y seductor extraño que también esconde sus propios secretos entra en su mundo.

Enviado desde Boston en una misión para investigar los salvajes ataques y parar la matanza, el vampiro guerrero Kade tiene sus propios motivos para regresar al helado y olvidado lugar de su nacimiento. Obsesionado por una secreta vergüenza, Kade muy pronto se da cuenta de la auténtica amenaza a la que se enfrenta, una amenaza que pondrá en peligro la frágil unión que ha formado con la valiente y decidida mujer que despierta en él profundas pasiones y primitivas necesidades. Y cuando introduzca a Alex en su mundo de sangre y oscuridad, Kade deberá confrontar no sólo sus propios demonios, sino al mal que mejor podría destruir todo lo que le es querido.

Séptimo libro de la Saga Razas de Medianoche.

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Indice

Prólogo

... 7 Capítulo 1

... 17 Capítulo 2

... 32 Capítulo 3

... 45 Capítulo 4

... 53 Capítulo 5

... 65 Capítulo 6

... 72 Capítulo 7

... 85 Capítulo 8

... 98 Capítulo 9

... 116 Capítulo 10

... 130 Capítulo 11

... 140 Capítulo 12

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Capítulo 13

... 159 Capítulo 14

... 171 Capítulo 15

... 185 Capítulo 16

... 200 Capítulo 17

... 210 Capítulo 18

... 222 Capítulo 19

... 232 Capítulo 20

... 243 Capítulo 21

... 256 Capítulo 22

... 274 Capítulo 23

... 277 Capítulo 24

... 289 Capítulo 25

... 301 Capítulo 26

... 312 Capítulo 27

... 318 Capítulo 28

(7)

Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Capítulo 29

... 328 Capítulo 30

... 345 Capítulo 31

... 358 Capítulo 32

... 373 Capítulo 33

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Prólogo

Traducido por: LORENAVARGAS1985 Revisado por: Sheilita Belikov

Corregido por: Andy Parth

jo el cielo de Alaska durante el oscuro invierno, los lobos aullaban majestuosamente en la noche. El aullido mostraba la belleza pura y salvaje que se escuchaba a través de los densos árboles del bosque y subía por las inclinadas paredes rocosas cubiertas de nieve que se levantaban a lo largo del Río Koyukuk. Cuando el lobo envió su llamado inquietante de nuevo, fue alcanzado por una carcajada, luego una voz aguardentosa respondió desde el otro lado de una pequeña fogata.

—¡Ow-ow-owwoooo! ¡Owwoooo! —era uno de los tres chicos de un grupo que habían salido a una fiesta esa noche en una región remota de la tierra. Se llevó una de sus manos a la boca para poder aullar en respuesta al lobo, que había oído a distancia—. ¿Oyes eso? —dijo el chico que había aullado—, Nos estamos comunicando, —él cogió la botella de whisky que había llevado a la reunión, y dijo— Annabeth, ¿alguna vez te dije que soy muy fluido en el idioma de los lobos?

Al otro lado de la fogata, una chica rió suavemente a través de la capucha de su chaqueta —A mí me sonó más como si te estuvieras comunicando en el idioma de los cerdos.

—Ooh, eso es duro, cariño, en serio muy duro. —Tomó un trago de la botella y pasó el Jack Daniel's a la siguiente persona—, Tal vez quieres que te

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de una pequeña demostración de mis habilidades orales en algún momento. Te prometo que soy muy talentoso.

—Eres un imbécil, Chad Bishop.

Tenía razón, pero su tono no quiso decir eso, volvió a reír coquetamente, el sonido femenino hizo que la entrepierna de Teddy Toms se pusiera apretada y caliente. Se movió hacia una roca fría para tomar asiento, tratando de no ser muy evidente cuando en ese momento el interés se desvió hacia Chad que grito que tenía que ir a mear, Annabeth y la otra chica empezaron a conversar.

De repente Teddy recibió un codazo en el lado derecho de su caja torácica; —¿Vas a sentarte y babear toda la noche? Mueve ese culo cagado y anda hablar con ella, por el amor de dios.

Teddy hecho un vistazo al tipo alto y flaco sentado a su lado en la roca y sacudió la cabeza.

—Vamos, no seas tan maricón. Tú sabes que ella te desea. Ella no te va a morder, bueno, no, al menos que ella quiera, —Skeeter Arnold había sido el que trajo a Teddy a esta reunión, también había sido el que le había suministrado whisky, algo que Teddy, a su edad de diecinueve años, solo había probado una vez en su vida.

El alcohol estaba prohibido en la casa de su padre, pero esta noche Teddy había tenido la botella en la boca más de diez veces. Teddy no le vio lo malo a consumir alcohol. De hecho, al contrario le gusto la manera que lo hacía sentir, se sentía más adulto, mas hombre.

Un hombre que quería más que nada ponerse de pie y decirle a Annabeth Jablonsky lo que sentía por ella.

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Teddy no estaba seguro de lo que le iba a dar, y tampoco le importaba mucho en ese momento. Estaba fascinado con Annabeth, quien en ese momento se había quitado la capucha para mostrarle a su amiga algunas de las nuevas perforaciones que se había hecho. Tenía el pelo teñido de blanco polar a excepción de una franja de color rosa brillante, a pesar de que Teddy la recordaba castaña, ya que la había visto bailar en la primavera pasada en un club nocturno en Fairbanks, donde Annabeth Jablonsky era más conocida como Amber Joy, ese pensamiento hizo que Teddy se sintiera excitado y que su entrepierna se pusiera dura, lo que había estado tratando de evitar, en ese momento le era realmente difícil de contener.

—Aquí —dijo Skeeter, dándole otra cosa en que pensar mientras Annabeth y su amiga se levantaban de la fogata y caminaban hasta la orilla congelada del río—. Toma prueba esto, mi hombre.

Teddy tomó la pequeña pipa de metal y acerco el cuenco humeante hasta su nariz para olerlo. Una pepita de algo pálido y calcáreo quemado en el cuenco, emitía un fétido olor químico, que avanzó rápidamente hasta su nariz. Hizo una mueca, deslizando una mirada dudosa a Skeeter. —¿Q-q-qué es?

Skeeter sonrió dejando ver sus dientes feos y torcidos, —Sólo una pequeña dosis de valentía, adelante, fuma, te va a gustar.

Teddy acerco la pipa a su boca y tragó el humo agridulce. Tosió un poco y le dio otra probada a la pipa.

—Es bueno, ¿verdad? —dijo Skeeter y se acerco para que le devolviera la pipa—. Tranquilo, amigo, deja un poco para el resto de nosotros. Ya sabes que te puedo conseguir más de esto y de alcohol si así lo quieres. Por una buena cantidad de dinero, te puedo conseguir cualquier tipo de mierda que te guste. Ya sabes dónde encontrarme ¿verdad?

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odiaba a este chico. Le había prohibido a Teddy juntarse con él, y si su padre se llegase a enterar que se había escapado esta noche, especialmente cuando estaban esperando una entrega de suministros en casa por la mañana, él patearía el trasero de Teddy de aquí a Barrow.

—Toma —dijo Skeeter y le dio la pipa a Teddy—. Ve y ofréceles a las señoritas de mi parte.

Teddy se quedo boquiabierto. —¿Quieres decir, q-que le o-ofrezca a-a-a Annabeth?

—No imbécil, llévaselo a su madre.

Teddy rió nerviosamente ante su torpeza y Skeeter le devolvió una sonrisa más amplia haciéndolo ver más desagradable y con la nariz más larga.

—Para que no digas que nunca te hice un favor, —dijo Skeeter mientras Teddy sostenía la pipa en su mano y miraba en dirección a Annabeth y su amiga que se encontraban conversando cerca del río congelado.

Había estado buscando la manera de entablar una conversación con ella, y esta era una muy buena oportunidad, por no decir la mejor oportunidad que jamás podría conseguir.

Skeeter rió un poco mientras Teddy comenzaba a acercarse a las mujeres. El suelo se sentía desigual bajo sus pies. Sus piernas parecían de goma, no estaban totalmente bajo su control. Pero por dentro estaba volando, podía sentir los latidos de su corazón y su sangre pasando por sus venas.

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—¿Qué pasa? —dijo Annabeth, con una mirada burlona en su rostro—. Teddy, ¿no? Te he visto unas cuantas veces, pero en realidad no hemos tenido la oportunidad de hablar antes. ¿Alguna vez has ido a la taberna de Pete en Harmony?

Sacudió su cabeza trabajando duro para procesar la idea de que realmente había oído que Annabeth se había fijado en él antes de esta noche.

—Tienes que venir en algún momento, Teddy, —añadió con alegría—. Si estoy trabajando en el bar, no voy a cobrarte. —El sonido de su voz, el sonido de su nombre en sus labios, casi hizo que colapsara. Ella le sonrió, dejando al descubierto levemente sus dos dientes delanteros que Teddy encontraba totalmente adorables.

—Um, toma. —Le dio la pipa a Annabeth y retrocedió un paso. Quería decir algo interesante, quería decir algo, cualquier cosa, que lo hiciera parecer de algún modo no tan nativo de una región apartada y menos inexperto.

Sabía algunas cosas, mejor dicho él sabía muchas cosas. Sabía que Annabeth era una buena chica, que en el fondo era decente y amable. Esto lo sabía en su corazón y estaba dispuesto a jugarse su propia vida en eso. Ella era mejor que su reputación, y era mejor que cualquiera de los perdedores con los que ella había salido. Probablemente, incluso mejor que él.

Era un ángel, un ángel puro y hermoso, y ella necesitaba a alguien que le recordara eso.

—Bien, bien, gracias, —dijo Annabeth y dio un golpe rápido a la pipa. Se lo pasó a su amiga, y ellas comenzaron a alejarse de Teddy.

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Su amiga contuvo la risa detrás de su mano mientras Teddy hablaba, pero no Annabeth, ella no se reía. Ella lo miró fijamente, sin hablar, sin parpadear. Algo brillaba en sus ojos, confusión, tal vez. Su amiga se seguía burlando, pero Annabeth seguía escuchándolo y no se burlaba en absoluto.

—Creo que eres la chica más increíble que he visto en mi vida, tú eres... eres increíble, lo digo de verdad, increíble en todos los sentidos.

Mierda, se repetía a sí mismo, pero a él no le importaba el sonido de su propia voz y se sentía libre de la tartamudez que normalmente le salía al hablar, algo que le sorprendió de forma positiva. Tragó saliva y respiró profundamente, dispuesto a decir todo lo que había pensado acerca de ella desde que la vio bailar en ese bar con poca luz, en un destartalado escenario. —Creo que eres perfecta, Annabeth. Mereces ser respetada y… y querida... ¿sabes? Eres especial. Eres un ángel y mereces ser honrada. Por un hombre que se ocupe de ti y te proteja y... y te ame…

El aire se agitaba junto a Teddy, llevando el hedor de whisky y la especia de la colonia abrumadora de Chad Bishop. —Be-be-bésame, Amber Joy. ¡Po-po-por favor! ¡Permíteme to-to-tocar tus pe-pe-perfectas te-te-tetas!

Teddy sentía que le subía la sangre a la cabeza cuando Chad se acercó a Annabeth y la envolvió en sus brazos posesivamente sobre los hombros. Su humillación se agravo cien veces cuando presenció el beso descuidado y de abundante lengua que Chad le dio a Annabeth en la boca, beso que no fue rechazado, a pesar de que ella parecía menos que acogerlo.

Cuando Chad finalmente la soltó, Annabeth miró a Teddy, y luego le dio a Chad un débil empujón en el pecho. —Eres un retrasado, pero eso ya lo sabes ¿verdad?

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—Cállate. —Las palabras salieron de la boca de Teddy antes de que pudiera detenerlas—. Ca–ca-cállate de una puta vez, No... no le hables a-a-a ella así.

Chad lo miro a los ojos fijamente —Sé que no me estás hablando a mí, idiota. T-t-tu-tu no estás parado allí, pidiéndome que t-te-te-te pateé en el culo, T-T-Teddy T-T-Toms.

Cuando empezó a impulsarse hacia adelante, Annabeth se puso delante de él. —Deja al pobre chico solo, no es culpa suya hablar así.

Teddy deseaba desaparecer, toda la confianza que había sentido hace un minuto, había desapareció con las burlas de Chad Bishop y la piedad hiriente de Annabeth. Teddy oyó las risas de Skeeter y de la amiga de Annabeth unirse a las de Chad. Todos estaban riéndose de él. Todos ellos burlándose de su tartamudeo.

Teddy se dio la vuelta y salió corriendo. Saltó sobre su máquina de nieve y la encendió, al instante el viejo motor comenzó a sonar, Teddy aplasto el acelerador y se puso en marcha, alejándose de la reunión, de la humillación e ira que sentía.

Nunca debería haber ido con Skeeter esta noche. Nunca debió haber tomado el whisky o fumado esa mierda que Skeeter le había dado. Tendría que haberse quedado en su casa, debería haber escuchado a su padre.

Sus lamentaciones fueron en aumento a medida que se acercaba a su casa, la ira y la humillación de Teddy cedieron para dar paso a un extraño sentimiento de miedo.

Su padre estaba todavía despierto.

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

tenía que saber que Teddy no estaba en casa. Y tan pronto como entrará se daría cuenta que había estado en una fiesta, iba estar en un serio problema.

—M-ma-maldita sea —murmuró Teddy, entonces apago las luces de la máquina de nieve y condujo fuera de la pista principal, apagó el motor y se bajó. Se quedó quieto por un minuto, mirando en dirección a su casa, mientras se acostumbraba al mareo que sentía por el alcohol y las drogas que había ingerido.

Nada de lo que diga o haga lo sacaría del problema en el que se iba a meter con su padre, sin embargo trató de encontrar una excusa razonable de dónde había estado y qué había estado haciendo las últimas horas. Él era un hombre adulto, después de todo. Claro, él tenía la responsabilidad de ayudar a su padre lo más que pudiera, pero eso no significaba que no tuviera una vida propia fuera de su casa. Si su padre le decía algo acerca de esto, él tendría que actuar firme ante su posición.

Pero a medida que se acercaba a la casa, su valor comenzó a abandonarlo. Cada paso que daba sobre la nieve se escuchaba muy fuerte, amplificado por el silencio absoluto que flotaba en el aire. Comenzó a sentir que el frió pasaba por su cuello y bajaba por su columna vertebral hasta hacerlo temblar. Una ráfaga fría recorrió el lugar, un viento helado golpeó en el rostro a Teddy que comenzaba a sentir un profundo sentimiento de horror, que hizo que los vellos en la parte posterior de su cuello se erizaran.

Hizo una pausa y miró a su alrededor al no ver nada siguió caminando hacia su casa. Miró hacia adelante, tratando de determinar si podría haber una manera de entrar a la casa y pasar desapercibido. Su respiración estaba entrecortada y era el único sonido que Teddy podía percibir.

Todo parecía muy tranquilo. Sin vida, extrañamente tranquilo.

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y horrible mancha, era sangre. Más sangre derramada de la que Teddy había visto alguna en su vida.

Había más a unos cuantos metros. Tanta sangre.

Entonces vio el cuerpo.

A su derecha, situado cerca del borde de la línea de árboles. Conocía esa forma grande. Conocía el peso de los hombros voluminosos debajo de la camiseta térmica, que estaba desgarrada y oscurecida con más sangre.

—¡Papá! —Teddy corrió y se arrodilló para ayudarle. Pero no había nada que hacer. Su padre había muerto, su garganta y su pecho habían sido destrozados—. ¡Oh, no! ¡Papá! ¡Oh, Dios, no!

El horror y el dolor lo ahogaban, Teddy se apresuró para ir a buscar a su tío y sus dos primos mayores. ¿Cómo no sabían lo que pasó aquí? ¿Cómo era posible que su padre haya sido atacado de esta manera y lo hayan dejado desangrándose en la nieve?

—¡Ayuda! —grito Teddy. Corrió al lado y llamó a su tío para despertarlo. Sólo el silencio contestó. El silencio reinaba en todo el grupo de cabañas—. ¡H-h-hay alguien! ¡Cualquier persona! Ayúdenme, ¡p-p-por favor!

Cegado por las lágrimas, Teddy levantó el puño para golpear a la puerta y gritar de nuevo en busca de ayuda, pero se moría de frío, dentro de la casa vio el cuerpo de su tío destrozado y desangrado igual que el de su padre. Teddy miró en la oscuridad y vio las formas arruinadas de su tía y primos.

No se estaban moviendo, los habían asesinado también. Él los amaba. Y a todos a los que amaba los habían asesinado.

¿Qué demonios había pasado aquí?

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Teddy no se podía mover, no creía lo que estaba viendo. Esto no podía estar pasando, esto no podía ser real. Por una fracción de segundo, se preguntó si la mierda que le había dado Skeeter lo había hecho alucinar, tal vez nada de esto estaba sucediendo, tal vez lo que veía no era real.

Estaba desesperado y eso fue una esperanza fugaz, pero la sangre era real. El hedor que llegaba a su nariz y a la parte posterior de su lengua, lo hizo querer salir corriendo de ahí.

Teddy cayó sobre sus rodillas en la nieve. Lloró, incapaz de contener su sorpresa y dolor. Gritó y golpeó la tierra helada, la desesperación lo envolvía.

No oyó los pasos que se acercaban. Habían sido demasiado ligeros, tan sigilosos como un gato. Pero al instante siguiente, Teddy supo que no estaba solo.

Y él lo supo, incluso antes de que volteara y viera los ojos ardientes y desorbitados de un depredador, que estaba a punto de unirse a sus familiares en la muerte.

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Capítulo 1

Traducido por: LORENAVARGAS1985 Revisado por: Sheilita Belikov

Corregido por: ynexiz

veintiocho mil pies de altura sobrevolaba un pequeño avión por encima de la amplia franja del río congelado Koyukuk que brillaba bajo la luz de la luna por la mañana como una cinta de diamantes aplastados. Alexandra Maguire seguía la larga extensión de hielo atascado, el agua cristalina al norte de la pequeña ciudad de Harmony, la parte de atrás de su avión estaba cargada con suministros para ser entregados ese día.

En el asiento de al lado estaba Luna, el mejor copiloto que había tenido, además de su padre, quien le había enseñado todo lo que Alex sabía sobre pilotear. Este perro-lobo con pelaje blanco con gris había sido suplente de Hank Maguire desde hace un par de años, cuando la enfermedad de Alzheimer se había comenzado a apoderar de él.

Era difícil de creer que había estado ausente durante seis meses, aunque Alex a menudo sentía que lo había perdido antes de eso, ya que la enfermedad le carcomía la mente, la memoria y también le puso fin a su dolor, una pequeña misericordia para ser honestos.

Ahora solo estaban Luna y su vida en la vieja casa de Harmony y también realizar ciertas entregas a Hank y una pequeña lista de clientes en el monte. Luna estaba junto a Alex, sus orejas puntiagudas hacia adelante, sus penetrantes ojos azules constantes sobre el terreno montañoso de la cordillera de Brooks, la oscuridad agazapada llenando el horizonte noroeste. Al cruzar el Círculo Polar Ártico, el perro se removió en el asiento y soltó un pequeño gemido ansioso.

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—No me digas que puedes olfatear los alces de Pop Toms desde aquí, —dijo Alex, sobando la cabeza peluda del perro. Continuaron hacia el norte a lo largo de Koyukuk‘s Middle Fork, más allá de los pequeños pueblos de Bettles y Evansville—. El desayuno no está, todavía faltan unos veinte o treinta minutos, si esas nubes de tormenta sobre el cielo de Anaktuvuk nos permiten volar.

Alex miró el oscuro nubarrón que se avecinaba a unos pocos kilómetros por encima de su ruta de vuelo. Más nieve en el pronóstico, y desde luego nada inusual para noviembre en Alaska, pero no eran exactamente las condiciones principales para su ruta de entrega en la actualidad. Exhaló una maldición, cuando el viento que venía de las montañas se aceleró y se escabulló a través del valle del río para darle paso a un camino lleno de baches.

Lo peor de todo ocurrió cuando el teléfono celular de Alex comenzó a sonar en el bolsillo de su chaqueta. Cogió el teléfono y respondió la llamada sin necesidad de saber quién estaba en el otro extremo de la línea.

—Hola Jenna.

En el fondo de la casa de su mejor amiga, Alex podía escuchar una radio del Servicio Forestal hablando acerca de las condiciones meteorológicas y de un deterioro en los factores de sensación térmica. —La tormenta va a tu ruta en un par de horas, Alex. ¿Ya aterrizaste?

—No del todo —montaba a través de otra ronda de baches mientras se acercaba a la ciudad de Wiseman y el avión volvería a la ruta que la llevaría a la primera parada en el calendario de entrega en el día de hoy—. Estoy a unos diez minutos del lugar de Tom ahora. Tres paradas más después de eso, que no me debe tomar más de una hora cada una, incluso con el viento en contra. Creo que la tormenta va a pasar justo en ese momento.

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de retraso debido al mal tiempo, la hacía sentir irresponsable si dejaba pasar más tiempo debido a unos cuantos copos de nieve o de vientos huracanados que le impedían la entrega de los suministros a la gente en los lejanos confines del interior, que contaban con ella para que les llevara alimento y combustible.

—Todo está bien aquí Jenna, tu sabes que yo tengo cuidado.

—Sí —dijo—. Pero los accidentes suceden, ¿no?

Alex le podría haber dicho a Jenna que no se preocupara, pero eso no iba a cambiar la preocupación que sentía su amiga por ella. Su amiga sabía tan bien como cualquiera o tal vez —mejor que la mayoría—, que la religión no oficial de un piloto era más o menos la misma que la de un oficial de policía: Tienes que salir, pero no sabes si volverás.

Jenna Tucker-Darrow, era una ex policía de una larga línea de policías y viuda de uno.

Alex sabía que su amiga estaba recordando acerca de los momentos difíciles por los que había atravesado por lo que Alex intento llenar todas esas pausas que se hacían durante la conversación.

—Hey, cuando hablé con Pop Tom ayer, me dijo que sólo se había comido un lote grande de carne de alce. ¿Quieres saber si puedo convencerlo para que me regale un poco de carne de alce para ti?

Jenna se echó a reír, pero sonaba como si sus pensamientos estuvieran a un millón de millas de distancia. —Claro si es que Luna no se lo come antes, entonces sí, me gustaría eso.

—Está bien. La única cosa mejor que un alce de Pop son sus galletas y su salsa. Estaría de suerte si me llevo todo.

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que le gustaba mantener, incluso si el precio de la gasolina de aviación superaba con creces el precio de las comidas sencillas de Pop. Pero a Alex le gustaba el viejo y su familia. Eran buenas personas, Vivian bajo viejas tradiciones que las pasaban de generación en generación.

La idea de sentarse frente a un desayuno caliente hecho en casa y ponerse al día en los eventos de la semana con Pop Toms hizo que cada bache valiera la pena. A medida que se acercaba y comenzaba su descenso hacia la pista de aterrizaje improvisada detrás de la tienda de Pop, Alex imaginaba el olor de la carne ahumada y galletas de mantequilla, que ya deberían estarse cocinando.

—Oye, será mejor que me vaya —le dijo a Jenna—. Voy a necesitar las dos manos para aterrizar…

Las palabras se atraparon en su garganta. En la tierra abajo, algo extraño le llamó la atención. En la oscuridad de la mañana de invierno, no podía distinguir la forma abultada, cubierta por la nieve, pero lo que sea que estaba viendo hizo que se le erizaran los vellos de la parte posterior de su cuello.

—¿Alex?

No pudo responder en un primer momento, toda su atención estaba arraigada en el objeto extraño que veía. Algo frío bajo por su columna vertebral, tan frío como el viento que golpeaba el parabrisas.

—Alex, ¿estás ahí?

—Estoy, uh... sí, aquí estoy.

—¿Qué está pasando?

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—¿Qué quieres decir?

—No puedo decirlo exactamente —Alex se asomó a la ventana de la cabina cuando el avión estuvo más cerca de la tierra—. Hay algo en la nieve. No se está moviendo. Oh, Dios mío... creo que es una persona.

—¿Estás segura?

—No sé —murmuró Alex en el teléfono móvil, pero por la forma en que su pulso se aceleraba, no le quedaba duda de que lo que estaba viendo era una persona cubierta por nieve fresca.

Un ser humano muerto, que estaba en la fría nieve lo que no habría pasado desapercibido.

Pero, ¿cómo pudo ser? Eran casi las nueve de la mañana y a pesar de que no saldría el sol hasta el mediodía cerca de este extremo norte, Pop habría estado despierto hace un par de horas. Además había otras personas en el lugar, su hermana y su familia habrían tenido que estar ciegos para no darse cuenta de que había un hombre muerto.

—¿Estás ahí? dime algo, Alex —dijo Jenna con su voz de policía, la que exigía ser obedecida—. Dime lo que está pasando.

Al bajar para comenzar su aterrizaje, Alex se dio cuenta de otro cuerpo que yacía en el suelo cerca de la casa de Pop Toms y cerca de los árboles del bosque. La nieve que estaba encima del cuerpo estaba empapada en sangre, las manchas oscuras se filtraban a través de la capa blanca con una intensidad terrible.

—Oh, Dios mío —susurró en voz baja—. Esto es malo, Jenna. Algo terrible ha sucedido aquí. Hay más de una persona muerta. Han sido heridos de alguna manera...

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—Están muertos —murmuró Alex, la boca seca la hizo estar completamente segura de lo que estaba viendo—. Oh, Dios, Jenna... hay sangre. Una gran cantidad de sangre.

—Mierda —Jenna susurró—. Está bien, escúchame, Alex, quiero que te quedes en el teléfono conmigo ahora. Date la vuelta y regresa a la ciudad. Voy a llamar a Zach por la radio mientras te tengo en el teléfono conmigo, ¿sí? Lo que ha sucedido, creo que debemos dejar que Zach lo maneje. No te acerques a…

—No puedo dejarlos solos —exclamó Alex—. La gente que ha sido herida allí. Puede necesitar ayuda. No puedo darme la vuelta y dejarlos ahora. Oh, Dios. Tengo que ir allí y ver si puedo hacer algo.

—Alex, maldita sea, no…

—Tengo que ir —dijo—. Estoy a punto de aterrizar.

Alex continuó haciendo caso omiso a las órdenes que le daba Jenna acerca de esperar a Zach Tucker —el hermano de ella—, que es oficial de policía y se encontraba a unos cien kilómetros a la redonda. Alex cortó la llamada y aterrizo. Realizo un aterrizaje brusco sobre la nieve fresca, no era su estilo, pero no estuvo nada mal teniendo en cuenta que todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo estaban gritando del pánico. Apagó el motor y apenas abrió la puerta Luna salto fuera del avión y echó a correr hacia el centro del grupo de casas.

—¡Luna!

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como el perro lo amaba a él. No había ni rastro de la hermana de Pop, Ruthanne, ni de su marido, ni de sus hijos, quienes por lo general se encontraban despiertos desde mucho antes del amanecer cuidando de las cosas alrededor del establecimiento. Todo el lugar estaba tranquilo y silencioso, totalmente sin vida.

—Mierda —murmuró Alex, sentía que su corazón latía tan rápido que se le iba a salir del pecho.

¿Qué demonios ha pasado aquí? ¿En qué tipo de situación peligrosa se estaba metiendo desde que salió de su avión?

Al llegar de nuevo a la bodega de carga para agarrar su rifle cargado, la mente de Alex se pegó a la más horrible posibilidad. En medio del invierno en un lugar remoto, alguien se volvió loco y atacó a su vecino o se hizo daño el mismo. No quería pensar que en este grupo de personas tan unidas, alguien, ni siquiera el hosco de Teddy, de quien Pop estaba preocupado recientemente por que andaba en compañía de malas personas, podría hacer eso.

Fusil en mano, Alex bajó del avión y se dirigió en la dirección por la cual Luna había corrido. La capa de nieve fresca de anoche fue polvo suave bajo sus botas, amortiguando el sonido de sus pasos mientras se acercaba con cautela a la tienda de Pop. La puerta trasera estaba abierta y la nieve comenzaba a acumularse. Nadie había estado aquí por lo menos hace un par de horas.

Alex comenzó a sentir el miedo que iba subiendo por su garganta. No se atrevió a llamar a nadie, apenas se atrevía a respirar mientras se acercaba a las cabañas. El perro lobo estaba sentado a varios metros de ahí. Alex tropezó con una de las formas sin vida que había visto desde el aire. Luna ladró una vez más.

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inmóvil, cubierto con nieve en el suelo—. Buena chica. Estoy aquí ahora. Déjame echar un vistazo.

Dios se apiadara de ella, no tenía necesidad de llegar muy cerca para darse cuenta que era Teddy en el suelo, con sus pantalones vaqueros negros y su camisa de franela roja que sobresalía, estaba ensangrentado. Su cabello castaño oscuro estaba helado sobre el lugar donde se apoyaba su mejilla, su piel de color oliva estaba congelada, tomando un color azul, pero que realmente se podía ver muy poco ya que estaba todo empapado en sangre, tenía abierta la laringe, realmente estaba desgarrada.

Alex se balanceó sobre sus talones, respiro profundo para no desmayarse. Teddy estaba muerto. Un niño, por Dios, y alguien lo había matado y lo dejaron allí como un animal.

Y no fue el único que sufrió el mismo destino, más adelante estaba su familia también brutalmente asesinada. Conmoción y miedo es lo que sentía Alex, se alejo del cuerpo de Teddy y giró la cabeza para mirar a los alrededores y las casas. Una puerta estaba rota, más adelante había otro cuerpo inmóvil estaba fuera de una de las cabañas. Y otro, justo debajo de la puerta abierta de una camioneta que estaba aparcada junto a un viejo cobertizo de almacenamiento de madera.

—Oh, Dios... no.

Y luego estaba el cuerpo que ella había visto en su descenso, que se parecía tanto a Pop Toms, muerto y ensangrentado cerca de los árboles del bosque.

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Shades of Midnight Raza de la Medianoche Lara Adrian

Alex sentía que su corazón y su estómago se retorcían con cada paso que daba. Ella no quería ver a Pop así como estaba, no quería ver a nadie que le importará brutalmente asesinado... nunca más.

Sin embargo, no podía dejar de mover sus pies, tenía que ver al hombre que estaba boca abajo, un hombre que siempre la saludó con una sonrisa y con un cálido abrazo. Alex dejó su arma en la nieve roja junto a ella.

Ella quería gritar pero el grito se quedo estrangulado en su garganta, estiró la mano y envolvió cuidadosamente el hombro de Pop. Podía ver la expresión de terror congelada en la cara de Pop. Alex no podía ni siquiera empezar a imaginar el horror de lo que debió de haber vivido en los instantes antes de morir.

Entonces otra vez...

Los recuerdos del pasado saltaron a ella desde la oscuridad, encerrados en una esquina durante mucho tiempo. Alex sintió su mordedura aguda, oyó los gritos que había dado esa noche y que marcaron su vida para siempre.

—No —sé dijo Alex.

No quería revivir ese dolor. No quería pensar en esa noche, y menos ahora. No cuando estaba rodeada de tanta muerte y tan sola. No podía soportar desenterrar ese pasado, eso que había sucedido hace dieciocho años atrás y a miles de kilómetros de distancia.

Sin embargo, esos recuerdos se arrastraron a su cabeza como si hubiera sucedido ayer. Como si estuviera sucediendo de nuevo, esos mismos sentimientos de horror que ella y su padre habían podido sobrevivir hace mucho tiempo atrás en la Florida, que de alguna manera había venido a visitar a una familia de inocentes en las selvas aisladas de Alaska.

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El gruñido de Luna a su lado rompió los pensamientos de Alex. El perro estaba excavando en la nieve cerca del cuerpo, el hocico enterrado en la nieve. Avanzó, olfateando una pista que conducía a los árboles. Alex se levantó para ver lo que Luna había encontrado. No pudo ver nada al principio, pero cuando logro ver, sus ojos no creían lo que veía.

Era una huella de unos pies ensangrentados, parcialmente oscurecida por la nieve recién caída. Una huella humana, de una persona realmente grande, realmente de alguien muy grande y alto, pero lo más raro es que no era la huella de un zapato sino de un pie, lo que es casi imposible con este frío. —¿Qué diablos?

Aterrorizada, Alex agarró a Luna por el cuello y la abrazó rápidamente antes de que el perro siguiera las huellas más lejos. Miró hacia donde rápidamente acababan las huellas, lo que no tenía sentido. Nada de esto tenía sentido en la realidad.

Desde la dirección donde se encontraba su avión, oyó el timbre de su teléfono celular, acompañado por la voz de un hombre desde la radio, —Alex, ¡maldita sea! ¿Me oyes? ¡Alex!

Se alegro por la distracción, cogió su fusil y corrió hacia el avión, Luna mantenía el ritmo a su lado como su perro guardaespaldas que era en realidad.

—¡Alex! —gritó Zach Tucker por la radio de nuevo—. Si me oyes, Alex, ¡contesta ahora!

Ella se inclinó en el asiento y tomó la radio. —Estoy aquí —dijo, sin aliento y temblando—. Estoy aquí, Zach, y todos están muertos. Pop Toms. Teddy. Todo el mundo.

Zach maldijo con dureza en voz baja. —¿Y tú? ¿Estás bien?

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—Yo me encargo de todo —le dijo—. En este momento, necesito que me digas todo lo que puedas acerca de lo que viste, ¿de acuerdo? ¿Te diste cuenta de cualquier tipo de armas, cualquier explicación de lo que podría haber sucedido ahí?

Alex lanzó una mirada por encima de la miserable carnicería, encima de todas esas vidas truncadas de manera violenta. La sangre se podía oler en el viento helado.

—¿Alex? ¿Tienes alguna idea de cómo estas personas podrían haber sido asesinadas?

Ella cerró los ojos frente a la avalancha de los recuerdos que la asaltaron, los gritos de su madre y de su hermano pequeño, el angustioso llanto de su padre, mientras ella estaba abrazada a su padre, tenía nueve años, Alex logró huir junto a su padre esa noche antes de que los monstruos hubieran tenido la oportunidad de matarlos a todos. Alex se sacudió la cabeza, tratando desesperadamente de desalojar aquellos horribles recuerdos... tratando de negarse a sí misma que los asesinatos de aquella anoche fueron marcados con el mismo tipo de brutalidad que estos.

—Háblame —le dijo Zach angustiado—. Ayúdame a entender lo que pasó si puedes, Alex.

Las palabras no llegaban a su lengua. Se quedaban atrapadas en su garganta, como hielo frío que se derramaba en el centro de su pecho.

—No sé qué paso —respondió ella—. No puedo decirte lo que podría haber hecho esto. No puedo...

—Eso está bien, Alex. Sé que debes estar trastornada. Acabo de llegar a casa. Ya llamé a Roger Bemis, él me va a llevar allá más o menos dentro de una hora y nosotros nos vamos a encargar de los Toms, ¿de acuerdo?

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—Todo va a estar bien ahora, te lo prometo.

—Muy bien —repitió, sintiendo otro derrame de lágrimas por sus mejillas.

Su padre le había dicho las mismas palabras hace muchos años atrás, él le prometió que todo iba estar bien. Ella no le creyó. Después de lo que había visto hoy aquí, la hizo sentir que algo realmente malo se acercaba a ella, Alex se preguntó si alguna vez realmente todo iba estar bien de nuevo.

*****

Skeeter Arnold pateó de nuevo ese sillón de terciopelo azul, la mejor pieza de mobiliario que tenía en su apartamento de mierda atrás de la casa de su madre en Harmony. Sosteniendo el humo en sus pulmones, cerró los ojos, mientras escuchaba la radio de onda corta en el mostrador de la cocina. Él había hecho un buen negocio al comprar esa radio, ya que sabía dónde estaban los policías y también de los patanes locales que eran demasiado estúpidos como para mantener el culo fuera de problemas.

Y sí, tal vez a él le gustaba escuchar las desgracias de otras personas, era como un placer perverso y también le ayudaba recordarse que él no era el perdedor más grande en todo el estado de Alaska. Skeeter exhalaba lentamente un fino humo enroscándose en una maldición que murmuró cuando oyó el chirrido y el gemido de las viejas tablas debido a las pisadas fuertes por el pasillo de su habitación.

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te dije que a primera hora fueras a recoger algo de arroz y frijoles en lata? ¿Qué diablos estás esperando, el deshielo de primavera? ¡Mueve tu culo flojo y haz algo útil!

Skeeter no se molestó en responder. Tampoco se movió de la silla, ni siquiera se inmutó cuando su madre toco la puerta y comenzó a gritar. Dio otro golpe a la pipa y saboreó el humo, a sabiendas de las molestias fuera de su habitación, finalmente se cansó de hacer caso omiso a lo que decía su madre y se dio media vuelta para ver la televisión que le pertenecía a la perra de su madre.

Para ayudar a despejar su mente, Skeeter agarro la radio que estaba a unos pocos metros y alzo el volumen. —Harmony… atento sólo policías, agente Zachary Tucker —sonaba como si tuviera su ropa interior metida en el culo, pero algo muy grande estaba pasando.

—Stanley Arnold, crees que puedes ignorarme, ¡ya vas a ver miserable mal hijo! —su madre llamó a la puerta de nuevo, y salió corriendo, vociferando todo el camino hasta la sala—. Eres igual que tu padre. ¡Nunca has valido la pena y nunca lo valdrás!

Skeeter se levantó del sillón y se acercó más a la radio, estaba escuchando como Tucker les daba el informe a los otros policías del estado en Fairbanks, recitó las coordenadas de la escena de un aparente homicidio o varios homicidios probablemente.

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dirección de donde habían ocurrido los asesinatos y cómo hablaban los policías tenía que ser la familia del chico.

—No puede ser —susurró Skeeter, preguntándose si podría estar en lo cierto en eso. Sólo para estar seguro, se anotó las coordenadas en la mano, entonces hojeó un montón de facturas impagadas y otro tipo de basura hasta que encontró un mapa de la zona manchada por cerveza, que había estado utilizando durante estos últimos dos años. El trianguló el punto en el mapa, la incredulidad y una especie de asombro enfermizo deslizándose a través de sus sentidos.

—Mierda —dijo, dejando a un lado la pipa para más tarde, en ese momento estaba demasiado sorprendido como para seguir fumando, también lo invadió una curiosidad morbosa y salió rápidamente de la habitación.

¿Había sido Pop Toms o el hermano del viejo quienes habían sido asesinados? ¿O quizás había sido Teddy que finalmente se volvió loco?

Tal vez el chico había ido a su casa y perdió la cordura después de lo que él le había dado, a eso aumentándole las burlas de todo los que habían estado ahí.

Él sabía lo que esto significaba, Skeeter se lo imaginaba. Siempre había querido ver a una persona muerta de cerca. Tal vez si salía a la tienda por los frijoles y el arroz que su madre quería, pero obviamente haría un pequeño desvío. Sí, y tal vez molestaría al joven que atiende en la tienda, para que hiciera lo que él quisiera.

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Capítulo 2

Traducido por: LORENAVARGAS1985 Revisado por: Lizeth Corregido por: Caamille

oston, Massachusetts.

La calefacción del Range Rover estaba encendida, Brock aumentó la temperatura unos pocos grados más. —Maldita sea, esta noche está muy fría —el gran macho de Detroit se llevó las manos delante de la boca y sopló en ellas—. Odio el invierno, compañero, tengo la sensación de que estoy en Siberia.

—Ni siquiera cerca —respondió Kade detrás del volante de la camioneta estacionada, su mirada fija en la casa de piedra rojiza que habían estado vigilando desde hace un par de horas. Incluso en la oscuridad de la medianoche, con una manta de nieve fresca que cubría todo el lugar, le seguía pareciendo una mierda total desde el exterior. No es que eso importara, cualquier cosa que hubiera allá dentro —tráfico de drogas, sexo, o una combinación de ambos—, estaban atrayendo a una gran cantidad de seres humanos a la puerta. Kade miró como un trío de jóvenes vestidos con los colores de una hermandad Universitaria y un par de mujeres jóvenes a medio-vestir en piezas relativamente cortas entraban.

—Si esto fuera Siberia —añadió Kade una vez que la calle se tranquilizó de nuevo—. Nuestras bolas1 estarían tintineando como campanillas de un trineo

y estaríamos meando cubitos de hielo. Boston, en noviembre es un día de campo.

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—Lo dice un vampiro nacido en el puto glaciar de Alaska —Brock lo dijo arrastrando las palabras, sacudiendo la cabeza mientras sostenía sus morenas manos frente a las rejillas de ventilación, tratando de alejar el frío—. ¿Cuánto tiempo crees que tenemos que esperar aquí antes de nuestro hombre decida mostrar su horrible cara? Necesito empezar a moverme antes de que mi trasero se congele en el asiento.

Kade gruñó más que soltar una risita, tan impaciente como su compañero de patrulla. No era por los humanos que Brock y él estaban en esta dirección en una de las zonas más peligrosas de Boston, sino por aquel sujeto detrás de lo ilegal y por si sus sospechas de inteligencia probaban ser ciertas —que el vampiro que administraba el lugar era también negociante de mercancía prohibida—, por lo que la noche terminaría muy desagradable, y probablemente manchada de sangre.

Kade apenas podría esperar.

—Él está ahí —dijo mientras observaba un par de faros daban la vuelta en la esquina y un Mercedes negro con asientos de cuero y resplandecientes rines, se estaba parqueando en la acera.

—Tienes que estar bromeando —dijo Brock sonriendo mientras el espectáculo continuaba.

La música brotaba desde dentro del sedan, el ritmo bajo y el seguir de las letras vibraban increíblemente fuerte mientras el conductor del auto se bajaba y daba la vuelta para abrir la puerta del pasajero de atrás. Un par de correas sosteniendo unos pitbulls blancos fueron los primeros en salir del auto, seguido por su amo, un varón de Raza muy alto, tratando de lucir como un cabrón2, a pesar de que ya estaba envuelto en un largo abrigo de piel de zorro

y tenía como 10 libras más de los límites aceptables en bling–bling3.

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—Olvídate de la mierda de Gideon, mira lo que lleva este cabrón —dijo Kade— Estaríamos en todo el derecho de matarlo sólo por salir en público vestido así.

Brock sonrió, mostrando la punta de sus colmillos. —Si me preguntas, creo que deberíamos matarlo, sólo por tenernos aquí congelándonos las bolas mientras lo esperamos.

En la acera, el vampiro dio a sus perros un fuerte tirón de sus correas de cuero cuando se atrevieron a dar un paso por delante de él. Pateó a uno que se encontraba más cerca de él mientras avanzaba hacia la puerta de la casa de ladrillo a la vista, riéndose por el aullido de dolor que dio el perro. Cuando él y su chofer y su par de malditos perros habían desaparecido en el interior del edificio, Kade apagó del todo el motor de la Rover y abrió su puerta.

—Vamos —dijo—. Encontremos una manera de entrar por la parte de atrás mientras el dueño de la casa está ocupado haciendo una entrada triunfal.

Entraron por detrás del edificio y encontraron una ventana de bajo nivel obstaculizada por la nieve y por la basura de la calle. En cuclillas, Kade sacó el hielo y la suciedad, luego abrió la bisagra de vidrio y se asomó en el espacio oscuro del otro lado. Era una bodega en ladrillo, que contenía un par de colchones podridos, preservativos, jeringas usadas, y un olor combinado con orina, vómito, y varios otros fluidos corporales que asaltaron los agudos sentidos de Kade como un fuerte golpe a su cabeza.

—Jesucristo —dijo entre dientes, sus labios curvándose hacia arriba y dejando ver sus colmillos—. El ama de llaves del dueño de casa olvido limpiar por completo esta bodega.

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en una esquina oscura de la habitación donde había una cadena corta y un par de grilletes. Una liga plateada para el pelo había sido arrojada cerca, con varios pelos largos de color rubio claro enredado.

Brock encontró la fuerte mirada de Kade en la oscuridad, su voz era más parecida a un gruñido que palabras. —Comerciante de piel.

Kade asintió con gravedad, asqueado por toda la evidencia que había tenido lugar en esta prisión húmeda y oscura. Estaba a punto de dirigirse a las escaleras y acabar con la fiesta, cuando Brock susurró una maldición en voz baja que lo hizo detenerse.

—No estamos solos aquí abajo, mi hombre —Brock señaló la puerta de barrotes, estaba oscuro excepto por las sombras y puerta oxidada que se sostenía ligeramente contra el marco—. Humanos —dijo—. Son mujeres, y están justo al otro lado de esa puerta.

Todo estaba silencio, respiraba entrecortado, y sintiendo la corriente de dolor y sufrimiento sobre el aire fétido, Kade se trasladó con Brock hacia el rincón sin luz de la bodega, a continuación, Kade levantó la gruesa barra de metal que cerraba la puerta desde el exterior.

—Santo Infierno —Brock susurró en la oscuridad. Avanzó en la pequeña habitación donde tres jóvenes estaban sentadas juntas en una esquina, temblando y muertas de miedo. Cuando una de ellas comenzó a gritar, Brock se movió más rápido que cualquiera de los drogadictos que pudieran atacarlos. Pasó la mano sobre la frente de la hembra, la puso en trance, con solo un toque—. Está bien, Están a salvo ahora. No vamos a hacerles daño.

—¿Alguien las ha mordido? —preguntó Kade, mirando como Brock ponía a las otras dos en estados similares de tranquilidad.

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compañeras de raza —añadió, haciendo una revisión rápida a la piel expuesta de las mujeres y de las extremidades, en busca de la lágrima-y-media luna, una marca de nacimiento que diferenciaban las mujeres mortales de sus hermanas genéticamente más extraordinarias. Brock soltó suavemente el brazo pálido que tenía, se puso de pie—. Por lo menos ninguna de éstas tres es una compañera de Raza.

Un poco de misericordia que apenas exoneraba a la escoria de vampiro que había estado haciendo negocios de trata de mujeres, al mejor postor.

—Dame un minuto para borrar los recuerdos de lo que han vivido y llevarlas a un lugar seguro fuera de aquí —dijo Brock—. Estaré detrás de ti.

Kade le dio una señal de captación y vislumbre de sus colmillos. — Mientras tanto, voy hacia arriba para tener una conversación privada con el anfitrión.

Con la rabia subiendo y quemando por sus venas como el ácido, Kade subió por las escaleras hasta la planta principal del edificio, por encima de la orgía que tenía lugar abajo y la nube de humo de estupefacientes, la música tecno, y luces estrambóticas.

En una oficina por el pasillo, escuchó el desagradable murmullo de malicia de quién estaba buscando.

—Tráeme a la mujer que acaban de traer con aquella maldita Ivy League, no la rubia, la otra. Si es pelirroja de verdad, vale el doble.

Kade se quedó atrás, aguardando mientras el chofer y a la vez musculosa guardia personal del anfitrión salieron de la oficina y lo vieron allí en mitad del pasillo. El macho era, también, uno de Raza, y la amenaza parpadeó en el brillo ámbar de su iris cuando vio la amenaza frente a él.

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Lanzó la daga en el instante en que el chofer alcanzaba su propia arma, clavándolo en la garganta del gran vampiro. El cuerpo voluminoso cayó al suelo haciendo un gran estruendo que se escuchó encima de la música y fluyó por el vestíbulo. Kade saltó alrededor del cadáver para dirigirse a la oficina del dueño del lugar.

Los dos perros pitbulls blancos arremetieron más rápido que su amo en la ridícula chaqueta, antes que pudiera reaccionar. Los perros le gruñían y ladraban a Kade. Él no retrocedió, llamó la atención de sus salvajes ojos con una mirada intensa de superioridad que llevó a ambos perros acostarse en silencio en la alfombra que estaba delante de sus botas.

Todos los de la Raza nacían con talentos únicos o maldiciones, en algunos casos, además de la inmortalidad, fuerza y sed de sangre eran los rasgos de su especie. En Kate, su talento era la capacidad de conectarse síquicamente con los animales salvajes y dirigir sus acciones con un simple pensamiento. Era un poder que había perfeccionado desde que era tan solo un niño que había vivido la mayor parte de su vida en la congelada y salvaje Alaska, y con animales más peligrosos que éstos.

—Quietos —dijo con calma a los perros, y luego miró hacia el macho de Raza que lo miraba boquiabierto a través de la pequeña habitación—. Tú te quedas, también.

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—Información —respondió Kade, mientras daba un paso dentro de la habitación y cerraba la puerta detrás de él, haciendo una pequeña pausa para acariciar a uno de los dóciles pitbulls detrás de la oreja—. Hemos escuchado algunas cosas inquietantes acerca de este negocio. Queremos saber más.

El vampiro se encogió de hombros e intentó parecer desconcertado. —¿Qué quiere decir con eso? La verdad es que estoy metido en varios negocios.

—Sí, me doy cuenta, sobretodo acerca del peculiar negocio que tienes allá abajo en el sótano de este antro. ¿Cuánto tiempo has estado traficando mujeres?

—No sé de qué estás hablando.

—Ahora, mira, hacer que repita las cosas no es algo inteligente —Kade se agachó e hizo señas al par de pitbulls que estaban a su lado. Estaban sentados a sus pies como dos gárgolas, mirando a su antiguo maestro y esperando las órdenes de Kade simplemente porque quería que lo hicieran—. Apuesto a que si les ordeno a estos dos perros que te arranquen la garganta, no tendría que ordenarlo dos veces. ¿Qué crees? ¿Deberíamos averiguarlo?

El vampiro tragó saliva y dijo. —No lo he estado haciendo por mucho tiempo, aproximadamente un par de meses, creo. Al principio les vendía drogas y les conseguía prostitutas, luego empecé a recibir pedidos más específicos... —él jugueteaba con uno de los muchos anillos de oro que brillaban en sus dedos—. Ya sabes, servicios de naturaleza más importante.

—¿Y quiénes son tus clientes? —dijo Kade mientras tomaba una postura más amenazante—. ¿Quiénes son?

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—Pero les prestas este tipo de servicios —dijo Kade entre dientes mientras las palabras iban más allá de sus colmillos—. A los miembros de la Raza, también.

No era una pregunta, y el vampiro lo sabía. Hizo otro encogimiento de hombros, mientras su abrigo de zorro rozaba su oreja cubierta con diamantes.

—Hago tratos con dinero en efectivo, es simple oferta y demanda, ya sean de la Raza o humanos, el dinero es el mismo.

—Y por lo visto es un buen negocio —Kade añadió.

—Bueno ahora quiero saber. ¿Por qué la Orden está tan interesada en mis negocios, finalmente? ¿O acaso estás buscando otro tipo de acción? —dijo evasivamente, su sonrisa era poco más que una simple curvatura de labios—. Podría darle un buen precio a Lucan, si de eso se trata. Soy un hombre de negocios, después de todo.

—Lo que eres es una escoria —dijo Kade indignado pero no sorprendido de que esa mierda que tenia al frente pudiera pensar que él o alguno de sus hermanos estuviera interesado en participar en este tipo de negocio—. Y si le dijera a Lucan lo que me acabas de decir, él te haría trizas abriéndote desde el mentón hasta las pelotas. ¿Y sabes qué? A la mierda con eso. Voy ahorrarle el problema…

—¡Espera! —dijo el vampiro mientras levantaba las manos—. Espera. Te diré lo que quieres saber.

—Está bien. Vamos a empezar con esto. ¿Cuántas de las mujeres que has encerrado en ese sótano y has vendido eran compañeras de Raza?

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la Especie. El hacerle daño a una compañera de Raza era hacerles daño a todos los machos de la raza, ya que no había muchas mujeres en el planeta que pudieran llevar a las nuevas generaciones de la Especie en su vientre. El hecho de lucrar en base al dolor o la muerte de una compañera de Raza, era según Kade la cosa más atroz que podría hacer.

Kade observaba al vampiro que estaba frente a él cómo lo haría con un insecto, de hecho, valoraba más la vida del insecto que la de este vampiro.

—¿A cuántas, maldito hijo de puta? ¿Más de una? ¿Una docena? ¿Veinte? —tenía que esforzarse para contener el gruñido que subía por su garganta—. ¿Las vendes sin saber que son compañeras, o te pagan más por el sufrimiento de ellas? ¡Responde a la maldita pregunta!

Con el repentino arranque de ira de Kade, el par de pitbulls se levantaron, sus músculos se tensaron, tanto que gruñían de manera amenazadora. Los perros estaban en sintonía con la ira de Kade. Utilizó su talento para controlar mentalmente a los perros, sabiendo que si el vampiro que tenía en frente tuviera alguna información de valor, él estaba en la obligación de sacársela como fuera posible.

Luego podría matarlo con la conciencia tranquila.

—¿A quién has estado vendiendo compañeras de Raza? Responde la maldita pregunta. No voy a esperarte toda la noche para que me respondas con la verdad.

—Yo… Yo no, no lo sé —tartamudeó—. Esa es la verdad. No lo sé.

—Pero admites que eso es lo que has estado haciendo —Dios, quería despedazar a ese pedazo de mierda—. Dime con quién has estado traficando, antes de que te corte esa maldita cabeza.

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Kade no estaba dispuesto a irse de ese lugar sin ninguna respuesta. —¿Fue más de una persona la que vino a ti para comprar a las compañeras de Raza? ¿Y el nombre de Dragos te suena?

Kade entrecerró los ojos para mirar al vampiro, esperando que mordiera el anzuelo. Pero el nombre que Kade le lanzó al parecer le era desconocido. Cualquiera que tratara con uno de los más antiguos de la Raza conocido como Dragos, quien había sido descubierto recientemente por los esfuerzos realizados por la Orden, seguramente si lo conociera reaccionaría a la mención de aquel nombre.

El vampiro dueño del lugar, sin embargo, no tuvo ninguna reacción. Exhaló suavemente y le dio una lenta sacudida a su cabeza. —Sólo trataba con un tipo que no era de la Raza, tampoco era realmente humano. No por lo menos cuando lo conocí.

—¿Un Subordinado, entonces?

Las noticias no fueron exactamente del agrado de Kade. Aunque la creación de los subordinados iba en contra de la ley de la Raza, por no mencionar que también estaba contra toda moralidad, sólo los más poderosos de la Raza podían crear a los esclavos de mente. Agotado casi hasta el punto de muerte, los subordinados eran exclusivamente leales a su maestro. Dragos era de la segunda generación de la Raza y siempre se mantuvo por encima de cualquier ley, ya sea la de la Raza o de cualquier otra. No era una novedad que Dragos mantuviera Subordinados, sino cuántos y qué tan profundamente involucrados estaban en la sociedad humana.

—¿Reconocerías a ese Subordinado si lo vieras de nuevo?

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cuatro meses. Durante un tiempo, fue uno de mis mejores clientes y después no supe nada de él.

—Debiste de haberte quedado muy decepcionado —Kade tuvo que arrastrar las palabras—. Descríbemelo ¿Cómo era el Subordinado?

—A decir verdad, nunca tuve la oportunidad de verlo con claridad. Podría decir que era un Subordinado, y el fulano pagaba en grande. No me importaba saber nada más acerca de él.

Las venas de Kade sobresalían de pura hostilidad y rabia apenas contenida al escuchar la mierda de sus palabras. Había matado a muchos otros por ofensas menores que éstas, mucho menores, y el impulso de rasgarle la cabeza por esta estúpida excusa era feroz. —Así que, lo que estás diciendo es que en varias ocasiones le vendiste mujeres inocentes que estaban demasiado drogadas para defenderse y que no tienes ni el más mínimo arrepentimiento de lo que le estabas haciendo y que no te importó ni en donde terminarían. ¿No le hiciste ninguna pregunta al respecto?

—Supongo que se podría decir que mi negocio se basa en no preguntar, no decir.

—Sí, se podría decir eso —Kade estuvo de acuerdo—. O podría decir que llevas a cabo tu negocio como un cobarde y que mereces morir lenta y dolorosamente.

La preocupación invadió al vampiro mientras veía a Kade. —Ahora, espera un minuto. Déjame pensar un segundo, ¿bien? Tal vez pueda recordar algo. Tal vez recuerde algo que te puede ayudar…

—Lo dudo —dijo Kade, viendo la mirada de pánico en su rostro por lo cual no iba a sacar nada más útil en esta conversación.

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Se agachó para levantar la barbilla de los perros en sus manos, los miró a los dos a los ojos de manera intensa. Dándoles una orden silenciosa que se reconocería con una pequeña señal. Los pitbulls saltaron sobre la mesa y se sentaron frente a su antiguo maestro, sus ojos fijos en el objetivo, sin pestañear, mostrando sus dientes afilados goteando saliva.

—Buenos chicos —dijo Kade, y se dio la vuelta para salir.

—Espera, así que... ¿Eso es todo? —el vampiro preguntó vacilante, ante las dos babeantes gárgolas que ahora se alzaban ante él—. Quiero estar seguro de que estamos a mano, ahora. Quiero decir, ya te dije todo lo que sé. Eso es todo lo que querías de mi, ¿verdad?

—No exactamente —dijo Kade sin mirar hacia atrás, mientras ponía su mano en el picaporte—. Hay una cosa más que quiero.

Cuando salió de la oficina y cerró la puerta, oyó a la pareja de pitbulls lanzarse al ataque. Kade se detuvo allí, cerrando los ojos y disfrutando de la violencia del momento a través de la conexión mental con los animales. Sentía cada hueso rompiéndose, cada pedazo de carne que los perros le arrancaron al comerciante de mujeres. Dentro de la habitación, el vampiro gritaba y lloraba, su dolor era una agradable música y todavía continuaba gimiendo cuando alcanzó la otra parte de la instalación.

Brock caminaba por el pasillo mientras Kade pasaba al lado del cadáver del guardaespaldas.

—¿Te encargaste de las mujeres? —preguntó cuando él y su compañero de patrulla se encontraron a medio camino.

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—En realidad, resultó que no era más que un maldito aficionado a los perros —dijo Kade mientras se seguían escuchando los gritos desde la oficina.

La boca de Brock se curvó en las esquinas. —Eso oí ¿Algo más?

—Sí, desgraciadamente. El maldito estaba traficando con compañeras de Raza, justo como lo sospechábamos. Su cliente era un Subordinado, pero él no sabía nada más que eso. Nunca vio al esclavo de mente de cerca y no pudo describírmelo para nada.

—Mierda —dijo Brock, mientras se pasaba su gran mano sobre la parte superior de su cabeza—. Así que supongo que el vampiro tuvo un final muy sangriento ¿eh?

Kade sacudió su cabeza mientras el último de los gritos se apagaba detrás de él. —Ahora sí.

Brock exhaló una risa en voz baja. —Limpiemos este desastre y salgamos de aquí. Recibí un mensaje de Gideon, dice que nos comuniquemos en cuanto podamos. Alguna complicación en el norte.

—En el norte. ¿Hacia el norte del Estado? —Preguntó Kade.

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Capítulo 3

Traducido por: LORENAVARGAS1985 Revisado por: AndreaN Corregido por: Gemma

ade entendió incluso antes de que él y Brock llegaran al recinto de la Orden que la noticia, que le estaban a punto de dar, no podía ser nada bueno. El hecho de que Lucan, el fundador y líder de los guerreros, por no hablar de que era un Gen Uno de la Raza y tenía aproximadamente unos novecientos años, haya pedido hablar específicamente con Kade, era solo una señal de que lo que ocurría en Alaska era algo muy grave.

Kade se rompía la cabeza imaginando que podía haber pasado, y lo único que llegaba a su mente eran acontecimientos horribles que lo ponían cada vez más preocupado, lo que hizo que sintiera como la bilis amarga subía por la parte posterior de su garganta. Mantuvo ese mal presentimiento desde que él y Brock estacionaron el Rover en el garaje del recinto de la Orden, luego tomaron el ascensor y descendieron unos trescientos metros bajo el suelo hasta llegar al centro de operaciones subterráneas de la Orden.

—¿Estás tranquilo, Kade? —Brock preguntó, mientras Kade salía del ascensor y se dirigían por el corredor de mármol blanco que conectaba con las muchas habitaciones que tenía el recinto.

—Sabes que si esto tuviera algo que ver con tu familia, Lucan te lo hubiera dicho. Estoy seguro de que esto no tiene nada que ver con ellos. No te preocupes, ¿Estás tranquilo?

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—Sí, estoy tranquilo —respondió Kade, las palabras salían de su boca, pero su mente estaba en piloto automático. Había dejado a su familia en Alaska hace casi un año para unirse a la Orden en Boston. Había sido una abrupta despedida, impulsada por la urgente convocatoria que había recibido por parte de Nikolai, un guerrero de la Orden, a quien había conocido hace algunas décadas atrás, cuando uno de sus viajes lo llevaron en dirección hacia la congelada Alaska.

Había algunas cosas que Kade había dejado sin terminar en Alaska. Esos asuntos pendientes lo seguían persiguiendo sin importar los meses y la distancia que lo separaban de Alaska.

Si algo malo sucedió y no estuve allí para impedirlo, no me lo perdonaría…

Kade empujó esos pensamientos fuera de su cabeza, mientras él y Brock caminaban por el corredor que los llevaría al laboratorio de alta tecnología.

Lucan, el Gen Uno de cabello oscuro, estaba esperando frente al ordenador con Gideon, el macho de la Raza rubio con apariencia desaliñada, que era un genio en el campo de la tecnología. Los dos estaban parados frente a uno de los monitores de pantalla plana que había en el laboratorio. Lucan pasó sus dedos por su mandíbula con severidad, Kade los pudo observar porque el laboratorio tenía puertas de vidrio que permitían ver todo lo que se encontraba dentro.

Mientras Kade y Brock entraban, Lucan les preguntó, —¿Cómo les fue en la guardia? ¿Qué hicieron esta noche? ¿Encontraron algo importante?

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