Portadilla Legales Introducción
Un poco de historia ¿Qué es meditar?
Preparándonos para meditar El proceso de la meditación La relajación
La práctica de la meditación Otros tipos de meditación La sonrisa
Bibliografía Dedicatoria
Meditación
Guía práctica de técnicas
orientales
Stella Ianantuoni
A traves de la observación es posible descubrir quiénes somos en realidad y percibir el sentido total de cada una de
Ianantuoni, Stella
Meditación. - 1a ed. - Buenos Aires : Agama, 2013. - (Cuerpo y alma) E-Book.
ISBN 978-987-1088-32-4 1. Acupuntura. I. Título CDD 158.12
© 2008, Stella Ianantuoni
Los contenidos vertidos en este libro son de exclusiva responsabilidad del autor. Queda totalmente excluida la responsabilidad de la editorial por daños físicos, materiales o
patrimoniales.
Agama es una marca registrada de Editorial Albatros
Meditación
Copyright © 2008 by EDITORIAL ALBATROS SACI
J. Salguero 2745 5º - 51 (1425) Buenos Aires - República Argentina E-mail: [email protected]
www.albatros.com.ar
Primera edición en formato digital: abril de 2013
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
ISBN edición digital (ePub): 978-987-1088-32-4
Introducción
"Cuando el gorrión hace su nido en el bosque,
no ocupa más que una rama.
Cuando el ciervo apaga su sed en el río,
no bebe más que lo que le cabe en la panza.
Nosotros acumulamos cosas
porque tenemos el corazón vacío."
Anthony de Mello Desde que nace, el hombre vive en una búsqueda continua de felicidad y de plenitud. En el mundo moderno, esa búsqueda se ha orientado cada vez más
hacia lo material de manera que el objetivo de la vida es tener cada vez más dinero y, gracias a éste, más cosas. El consumismo nos impulsa a acumular multitud de variados objetos que nos proporcionan comodidad y lujo, como si en el tener cada vez más cosas
pudiésemos encontrar la felicidad. Así, confundidos el ser con el tener, nos dedicamos a buscar la felicidad en los objetos y luego en el poder, buscando la felicidad en el dominio de las personas a las que tratamos como objetos. Al final, comprobamos que todo ha sido en vano, que seguimos tan vacíos como al comienzo.
necesidades vitales básicas, como la comida y el techo, y la necesidad de seguridad física y afectiva, se hace evidente que cada nueva posesión es seguida por una decepción. Soñamos con una casa más grande y pensamos que allí vamos a ser felices. Pero cuando la conseguimos, no somos tan felices como lo soñamos. Entonces pensamos que si tenemos un auto nuevo, o un trabajo mejor, un nuevo amante, o esa ropa onerosa que promocionan por televisión, seremos felices... Y sin entender dónde está el error proseguimos la búsqueda haciéndola infinita, agotadora y
frustrante, porque al final, siempre se siente que no importa cuántos logros económicos, profesionales, sociales o
afectivos se consigan, existe siempre una íntima insatisfacción.
"Hasta dónde se desarrolla depende de si el ego está dispuesto
o no lo está a escuchar el mensaje del "sí mismo."
Marie-Louise von Franz Esto es lo que Carl Jung denominó el "llamado del sí mismo", cuando observó en sus pacientes la necesidad de
encontrar un sentido espiritual a la vida. En todo hombre existe esa necesidad, tan importante como las mencionadas anteriormente, que por lo general es postergada siempre para más tarde, para cuando tengamos un tiempo que puede
no llegar jamás. Esa necesidad propia del ser humano es el conocimiento y el crecimiento del ser interior, y también la búsqueda de trascendencia, ese afán que no se satisface con nada que no sea con lo divino.
En una ocasión en que un sabio gurú de la India daba una charla durante un encuentro de ejecutivos les dijo: "Así como el pez muere en la tierra seca, ustedes morirían si quedaran enredados en los asuntos del mundo. El pez debe volver al agua, allí es donde vive. Ustedes deben volver a su propio corazón".
"El cuerpo es como una pared, la conciencia o mente es como una
pintura."
Dalai Lama Los ejecutivos se asombraron ante la propuesta y uno le replicó: "¿Quiere decir que debemos abandonar nuestros negocios y entrar a un monasterio?".
"No, no", dijo el gurú. "No dije entrar a un monasterio. Dije: continúen con sus negocios y vuelvan a su corazón".
La palabra "trascendencia" nos habla de ir más allá de los límites de la vida sensible y cotidiana, nos habla de buscar una realidad más profunda, de buscar aquello que nos sustenta y constituye nuestro verdadero ser. Y eso sólo es posible cuando, aunque sea por un
y llevamos la mirada hacia nuestro interior. Si calmamos el cuerpo y le damos un descanso a nuestra mente razonadora, si estamos dispuestos a escuchar en el silencio, ese silencio que no es ausencia de ruido exterior sino ausencia de parloteo interior, podremos encontrarnos con nuestro centro, con nuestra verdadera naturaleza, con lo que le da sentido a nuestra vida; ese lugar donde reina la verdadera paz.
Hay una clásica pero muy explícita comparación. Imaginemos el océano amplio y profundo. En la superficie todo es movimiento. Las olas se multiplican constantemente y chocan en la orilla dejando estelas de espuma blanca. Si
nos atrevemos a bajar, comprobaremos que en las profundidades no hay
movimiento. Allí siempre reina la calma. Cuanto mayor es la profundidad mayores son la calma, la tranquilidad y el silencio. En nuestra mente sucede lo mismo. En la vida diaria, los objetos y sucesos externos atrapan nuestra
atención y la mente queda aprisionada y se identifica con ellos. Así vivimos inmersos en una realidad exterior que no es la propia, sino la del mundo
cambiante que nos rodea. En cambio, cuando entramos en nuestro interior, encontramos el lugar de nuestro verdadero ser, el lugar donde nos encontramos y encontramos a Dios y donde ya no nos sentimos separados
sino Uno con el Otro; ésa es la Plenitud. En el silencio, y sobre todo en la
escucha dentro de ese silencio,
encontramos la Paz, la Sabiduría y el Amor desde los cuales podemos volver otra vez al mundo, pero distintos,
centrados, en armonía, equilibrados en cuerpo, mente y espíritu.
Encontrar nuestro centro, escuchar y amar es el eje de la meditación.
"Mi corazón me dice que soy todo, mi mente me dice que no soy nada;
entre ambos discurre mi vida." Nisargadatta
Un poco de historia
Si buscamos los orígenes de la práctica de la meditación, debemos remontarnos a miles de años atrás y llegar hasta la civilización que se desarrolló al pie del Himalaya, en el Valle del Indo
aproximadamente 3.000 años a.C. La llamada "civilización del Indo" se conoce especialmente por el
descubrimiento de sus dos ciudades más importantes: Mohenjo-daro, a orillas del Indo y Harappa, en el Punjab. Como de esta cultura avanzada sólo nos han quedado los restos arqueológicos, sólo podemos suponer las ideas religiosas o filosóficas de la civilización que habitó esas ciudades; pero entre el ajuar de los
habitantes se han encontrado pequeños sellos de estearita. Por lo general, son cuadrados con una protuberancia perforada en la parte posterior para sostenerlos o colgarlos. Muchos contienen tallas de animales como elefantes, tigres o rinocerontes pero, y ésas son las que particularmente nos interesan; en algunos aparecen figuras humanas y entre ellas una que se
encuentra un figura sentada en postura de meditación.
Aproximadamente 1.500 a.C. con la cultura aria ya instalada en la India, son los Vedas, las escrituras sagradas más antiguas que se conocen, las que
expresan las verdades espirituales. La tradición hindú se refiere a los Vedas
como "Sruti", palabra que significa "lo que se ha visto" indicando que quienes los escribieron eran videntes que recibían esas verdades a través de la revelación que surgía de su propio interior. El hinduismo se distingue de esta manera de las demás religiones del mundo, ya que no proviene de un único fundador sino de la multitud,
desconocida y esparcida en el tiempo, de los autores de los textos védicos. Así, también de una manera única, el verdadero hinduismo, no el fanático, deja abiertas las puertas para reconocer y aceptar en su seno a los profetas de otras tierras.
importante de esos textos, se plantea el sentido de la existencia humana y ya se encuentra la idea de que todo lo que existe se remonta a un único principio y que el Absoluto es inmanente y a la vez trascendente al mundo real. Inmanente, porque la divinidad se encuentra unida de modo inseparable a la esencia de cada ser; y trascendente, porque a su vez está siempre más allá de todo lo que podamos conocer e imaginar.
Más tarde, alrededor del 800 a.C., son las sagradas Upanishads (1) las que mencionan específicamente las prácticas relacionadas con la meditación.
"Si un hombre sabio mantiene su cuerpo con sus tres partes rectas, el pecho, el cuello y la cabeza, y dirige
sus sentidos junto con la mente hacia el corazón, entonces en el barco de
Brahman (2) cruzará todos los
torrentes que provocan el miedo."
(Svetasvara-Up.II,8)
Entre el 300 a. C. y el 300 d. C., es probable que se hayan escrito las dos grandes obras épicas: el Mahabharata y el Ramayana. El Mahabharata encierra la obra más popular del hinduismo: el Bhagavad Gita. En este poema, que ha sido libro de cabecera de grandes hombres como Mahatma Gandhi, se presentan los interrogantes de todo hombre sobre la vida, la muerte, el dolor y la lucha entre el bien y el mal. Enseña que lo esencial es el alma e
indica los posibles caminos para llegar a conectarse, no con un Absoluto
supremo, sino con Krishna, el dios de bondad que se hace guía del hombre cuando éste lo necesita.
No se tienen la fechas exactas, pero se cree que entre los siglos II a.C. y IV d.C. se escribieron los "Yoga Sutras" de Patañjali, que representan la
sistematización escrita de la tradición de la filosofía yoga que hasta ese momento se había transmitido en forma oral. En ellos se define el yoga como "la
supresión de los
"Lo que es, es Uno; los labios lo nombran de formas diversas."
1. Libros sagrados de la India cuyo tema es la descripción de la realidad, el individuo y la conciencia, tratados en forma de diálogos entre maestro y discípulo.
2. El barco de Brahman (Dios) es el mantra Om, que nos ayuda a llegar a Él.
torbellinos" o "modificaciones de la mente". Allí se insiste en que sólo si detenemos esos torbellinos o procesos mentales podremos ver con claridad la realidad de lo que somos. El sistema que proponen los Yoga Sutras es denominado "El Óctuple Sendero"
porque consiste en ocho pasos o grados. Los dos primeros, Yamas y Niyamas, son diez reglas que proponen una vida ordenada y moral sin la cual no puede pretenderse ningún otro avance hacia planos superiores. Los siguientes pasos son las asanas o posturas correctas, el pranayama o control de la respiración y el pratyahara o retracción de los
tres pasos constituyen el yoga propiamente dicho: dharana o
concentración, dhyana o meditación y el samadhi o percepción supraconsciente. El Óctuple Sendero es el camino que conduce a la liberación de la ignorancia en la que los hombres viven inmersos. Para Patañjali, todas las experiencias psicológicas se originan en la ignorancia de la verdadera naturaleza humana y sólo cuando se elimina esa ignorancia el hombre descubre su verdadero ser: "el poder de la Conciencia pura reposando en su verdadera naturaleza".
Podemos preguntarnos entonces: ¿cuál es esa verdadera naturaleza a la que se refiere Patañjali y que no es nuestro cuerpo, los aspectos físicos y mentales
que percibimos y sentimos?
"El espíritu es quien estudia al espíritu."
Vivekananda
Un poco de filosofía india
Durante toda la historia humana, el hombre ha estado haciéndose preguntas de difícil respuesta. ¿Cuál es la causa de la existencia? ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? Todas estas preguntas tienen que ver con la esencia del hombre mismo y es un conocimiento de tal importancia que, si se ignora, afecta toda nuestra vida ya que la visión que tenemos de
nosotros mismos se refleja en la visión y la comprensión del mundo que nos rodea y también en cada una de nuestras
acciones.
Mientras en Occidente, sobre todo en la Grecia clásica, la filosofía se inicia a partir de las explicaciones sobre la vida y el universo, basadas en la observación de la naturaleza, y a partir de allí se da origen así a todas las ciencias, la
filosofía de la India se desarrolla a partir del descubrimiento del ser interior, de la valoración del silencio que revela el Ser. Por eso, las distintas filosofías de la India se denominan "darshanas", palabra que significa "punto de vista" o "espejo". Un espejo refleja la realidad, revela la verdad de
la realidad de quien se mira en él sin descartar las otras miradas que podría recibir. Así constituyen distintos
caminos dentro de una única tradición. Y aunque algunas de estas escuelas apelan al razonamiento, la mayoría insiste en señalar que el verdadero conocimiento viene del interior del hombre, de "ver" la realidad a través de la intuición y la interiorización. En Oriente, la filosofía no pretende información sino que trata de ser un instrumento, una verdadera herramienta de transformación y de evolución.
Mediante la filosofía, el hombre logra la liberación, es decir, deja de estar
universal y se conecta con el Absoluto. "Todo está animado por una
esencia sutil; ella es la única realidad, el Atman, y tú eres Eso."
Chandogya Upanishad 6,9 Si quisiésemos explicar de una manera muy simplificada la visión que la
mayoría de las filosofías (3) de la India tienen de la naturaleza del hombre y de todo el universo que lo rodea podríamos resumirlo así: en la eternidad existe el Brahman, el Absoluto, aquel que no podemos nombrar o pensar sin limitarlo. Él es el único que existe de una manera plena. Tiene Ser y nada existe fuera de él. Por alguna razón que desconocemos,
el Ser "emana" de sí todo lo existente. No es una creación, como la entendemos los occidentales, ya que es su propio ser el que se transforma en el universo
visible. No tiene necesidad ni motivos para hacerlo y por eso lo llaman "lila" que podríamos traducir como "juego divino" porque tiene un sentido de diversión y falta de exigencia. Hay una imagen hermosa del dios Shiva
danzando, es el Shiva Nataraya, el danzarín cósmico que explica un poco esta cuestión. En una de sus manos derechas, pues tiene cuatro brazos, sostiene el tambor, símbolo del poder creador; con la otra levantada, Shiva dice:"Yo protejo". De una de sus manos izquierdas surge el fuego creador y
transformador y mientras la otra, que señala hacia la tierra está revelando la esencia del cosmos. Cuando el dios danza, son sus movimientos los que crean la danza que es el universo
visible; la danza y él son una sola cosa. Si el bailarín deja de bailar, la danza cesa.
Todos somos la danza de Dios. En todos los seres y en todas las cosas está Él como una chispa divina oculta,
disfrazada a los ojos de los que los contemplan. Todo participa de la
naturaleza divina y allí radica el Ser del hombre y del universo. Cada uno con un diferente grado de conciencia y cada uno participando de esa naturaleza divina de
una manera particular y única. Un planeta, una flor, una mariposa, un hombre, encierran a la divinidad,
encierran el Todo. No es panteísmo sino ver a Dios obrando y manifestándose en todas las cosas.
Shiva Nataràjà. Imagen de bronce del siglo XI.
profundo de cada ser existe un "lugar" de felicidad completa, eso que podemos llamar el "centro", la "esencia misma del ser" que es la divinidad. En India se llama a esa esencia “Sat-Chit-Ananda”, es decir, pura Existencia, pura
Conciencia y eterna Beatitud. Cuando el hombre se comunica con ese centro descubre allí a Dios.
"Un solo Ser, ¡Oh adorada Unidad!, fue esto (el mundo), en principio, solo uno, sin un segundo (4)".
En el cristianismo y en otras religiones monoteístas, como el judaísmo y el islamismo, no se acepta esa postura. Dios es el creador y el hombre su criatura, no son uno sino dos siempre. Pero Dios le ha dado su "aliento", el
alma humana y la gracia, que es la vida de Dios en nosotros. Son dos, unidos por el amor.
San Pablo dice "...ya no hay pagano ni
judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos (5)" . San Juan de la Cruz lo expresa de una manera maravillosa cuando dice: "Allí el alma
le ama tan fuerte y perfectamente como por Él es amada, estando las dos
voluntades unidas en una sola voluntad y un solo amor de Dios (6)".
"Todos los místicos se expresan en la misma lengua, porque todos provienen de la misma comarca."
Louis-Claude de Saint Martin En el islamismo, el místico persa
Hallaj proclama: "Me he convertido en
el que amo, y el que amo se ha
convertido en mí. Somos dos espíritus fusionados en un mismo cuerpo, verme a mí es verlo a Él, y verlo a Él es
vernos a nosotros mismos."
Y la sabiduría hebrea enseña:"Cuando
usted aumenta la meditación, la penetración en el pensamiento, la liberación de la mente, entonces su alma se le revela expandiendo algunas chispas de su luz... entonces usted unifica todo, sin odio, celos o
rivalidades. La luz de la paz y una gran audacia se manifiestan. El esplendor
de la compasión y la gloria del Amor brillan a través suyo, el deseo de actuar y trabajar, la pasión de crear y restaurar su ser, la añoranza del
silencio y del grito interno de la alegría, todo eso se funde en su
espíritu, y usted se vuelve santo (7)" . Podríamos analizar muchas otras
tradiciones, pero siempre encontraremos que, sea cual sea la creencia que profese cada uno, nadie puede negar la
existencia de ese oasis de divinidad que existe en nuestro interior.
Ahora bien, por lo general no somos conscientes de ese oasis. Por el contrario, vivimos atentos a nuestros recuerdos del pasado y a nuestras preocupaciones por el futuro, creyendo
que el "ego", nuestro pequeño yo, es nuestra única realidad. A eso en la India se lo denomina "maya", que podría traducirse como "ilusión", como "falta de conciencia". Maya no quiere decir que el mundo no sea real, sino que somos nosotros los que caemos en la ilusión de creernos otra cosa que lo que realmente somos. Y esa ilusión nos deja sumidos en el cambio, en el dolor, en la sensación de separación, de estar solos y abandonados a un destino incierto que termina con la muerte. Para liberarnos de ese error, de ese engaño, los textos védicos (8) enseñan: "Tat Tuam Asi": Tú eres Eso, tú eres el Absoluto. Eso mismo que buscas está dentro tuyo y allí
puedes encontrarlo. Afirma el sacerdote y filósofo Raimond Panikar: "El primer deber de un espíritu sinceramente
religioso es amar y vivir su propia fe y trascenderla en muchas ocasiones. La palabra correcta para expresarlo, a pesar de las muchas mistificaciones que ha sufrido, es con-versión que significa volver al centro y al ser propio de cada uno, y de su propia religión; descubrir la verdad eterna de la dimensión mística de la propia existencia y de la propia religión y surgir o, mejor dicho, ser elevado desde este nivel hacia la religión auténtica y personal, que no excluye la adhesión a la religión externa existente" (9).
"Y habrás de buscarme, y me encontrarás cuando me busques de
todo corazón."
Jeremías
Despertar
Cuentan en la India que un día una tigresa dio a luz a su cachorro y luego murió. Cerca de allí pastaba un rebaño de ovejas que, al encontrar al pequeño cachorro, lo adoptó como a una de ellas. Así, el pequeño tigre comenzó a crecer sin conocer otra cosa que las ovejas y creyéndose él también una oveja balaba como una oveja y pastaba con ellas. Un día pasó por allí un tigre adulto y se
asombró con lo que veía. Se acercó al joven tigre y lo llevó hasta la orilla del río. "Mírate y compara tu cara con la mía —le dijo—. ¿Ves que eres un tigre como yo?". Pero al joven la evidencia no lo hizo cambiar de parecer, él era una oveja y nada en el mundo parecía poder convencerlo de lo contrario. El tigre mayor le llevó entonces un trozo de carne y, aunque al principio se resistió, cuando el joven tigre probó la sangre, su instinto felino surgió, dejó de comer hierba y de balar y comprendió por fin que no era una oveja sino un tigre.
Con ese relato, el santo Ramakrishna enseñaba que el alma humana es hija de Dios pero, mientras no lo conoce, el hombre vive como un simple mortal.
Cuando llega a conocer su verdadera naturaleza, se libera del temor y alcanza la perfección.
Despertar, encontrar la iluminación, es darse cuenta de que en nuestro interior está la divinidad, no racionalmente, porque pensarlo no nos soluciona nada, sino vivirlo y experimentarlo en todo momento.
Pero ¿cómo hacerlo? La tarea no es fácil pues en cuanto nos preguntamos por lo que somos, en general, todo nos lleva hacia fuera, a crear imágenes falsas formadas por conceptos, deseos e imágenes que tienen su origen en lo que quisiéramos ser o en aquello que los demás piensan o esperan de nosotros.
Una persona no se define por su nombre, ni por su sexo, ni por su profesión.
Tampoco se define por su estado civil o sus relaciones: "esposa o marido de este", "hijo o madre de aquél"... Cuando vamos quitando esas capas, como si pelásemos una cebolla, la respuesta se hace cada vez más difícil y precisamos desconectarnos con lo exterior para conectarnos con el interior del propio ser.
"Quien cobra conciencia del Absoluto por medio del conocimiento se convierte en el
Absoluto."
Por eso, para buscar una respuesta a ese interrogante crucial ¿Quién soy yo?, se han originado a lo largo de los siglos determinadas técnicas que nos ayudan a explorar nuestro interior, que nos llevan al único lugar en donde podemos
encontrar respuestas a nuestros interrogantes: ese lugar es nuestra propia mente. Todas esas técnicas se engloban bajo el amplio nombre de "meditación".
La búsqueda interior a veces puede llevarnos por caminos equivocados. El músico de jazz, John Mclaughlin, relata en una entrevista: "La primera vez que consumí LSD fue como abrir una pequeña caja de Pandora. Fue genial.
No es que quiera alentar a cualquier cosa, pero lo digo, la sensación es igual a abrir el espíritu, a ser repentinamente consciente de todo aquello que uno ignoraba antes. Fue genial. Por ello es que luego de seis meses ya no quería volver a consumirla”. Y continúa. “La meditación sustituyó todo aquello. ¡Por fin! Qué maravilloso esto de poder alcanzar otro estado de conciencia sin necesidad de tomar nada.” (10)
Según la práctica que elijamos,
utilizaremos una técnica diferente, pero el resultado será semejante en todos los casos. De cada una se pueden leer muchos libros, pero lo fundamental es que la meditación se construye sobre la práctica y no sobre la teoría. De nada
sirve leer muchos libros sobre
meditación si no practicamos con una actitud abierta y receptiva sobre lo que se nos ofrece como experiencia, como conciencia del presente y de la vida. Por eso, cada uno de nosotros recorre la meditación como un espacio personal y único, y como tal será personal y única cada respuesta, el fruto de una
experiencia irrepetible.
"Nosotros somos seres humanos, no etiquetas."
Krishnamurti
3. Lo que aquí exponemos concuerda en general con el Vedanta Advaita, una de las
filosofías más difundidas en la que la Realidad última es una sola. Entre una y otra filosofía existen diferencias al considerar al Principio Universal (Dios en nuestro lenguaje) y al alma individual como uno o como dos, aunque coinciden en aceptar los Vedas y las Upanishads como fuentes del verdadero conocimiento.
4. Chandogya Up. 6,2,1.
5. Colosenses 3, 11.
6. Cántico espiritual 38.3.
7. Abraham Isaac Cook, Orot ha Kodesh.
8. Chandogya Upanishad.
9. Panikar, R: Religión y religiones, Madrid, Gredos, 1965, pág. 185.
10. Mamando, Francis: “Hombre de todos los caminos”, en Clarín, lunes 17 de noviembre de 2003.
¿Qué es meditar?
"El discípulo quería un sabio consejo. Ve, siéntate en tu celda, y tu celda te enseñará la sabiduría —le dijo el Maestro.
—Pero si yo no tengo ninguna celda. Si yo no soy monje...
—Naturalmente que tienes una celda. Mira dentro de ti." (11)
La palabra "meditar" tiene en nuestra cultura variados significados.
Etimológicamente proviene del latín
meditari que significa "reflexionar",
"pensar en algo", "estudiar". Por eso, por lo general, cuando hablamos de
meditar sobre algo, estamos señalando que reflexionamos sobre una idea, sobre una lectura, etc. Pero en Oriente, el concepto es distinto. La meditación allí se refiere a algunas prácticas formales cuyo objetivo es observar la mente llevándola paulatinamente a la
concentración en un solo punto ya sea en un objeto o en los propios contenidos (los pensamientos) de la mente.
"Cualquiera que se dirige a Mí por cualquier senda que sea, Yo llego
a él."
Bhagavad Ghita Por lo general, confundimos la mente con sus contenidos. Nuestra mente no es
lo que pensamos. Los contenidos de la conciencia, los recuerdos, los deseos, los valores, las explicaciones sobre la vida y el cosmos pueden ser observados por el mismo "órgano", la mente, que los origina continuamente. Muchas personas creen que no se puede dominar el
pensamiento. Les parece inevitable que los pensamientos vengan y se hagan "cargo" de la mente. En cambio, lo primero que debemos comprender es que todos esos contenidos de la conciencia que expresamos en los pensamientos no son otra cosa que nuestras propias creaciones y, como tales, puedo observarlas de la misma manera que puedo observar las palabras que acabo de escribir. Y también,
cuando aparezcan desde ese lugar desconocido que llamamos
"inconsciente", pueden ser observados las imágenes y los símbolos universales que proceden de nuestra propia cultura y la memoria ancestral que guarda las experiencias de toda la especie humana.
Meditar, para las tradiciones orientales, no es pensar en algo sino que por el contrario, es dejarnos estar en perfecta calma para poder observarnos a
nosotros mismos. Es la experiencia de observar nuestro cuerpo y nuestra mente sin juzgarlos. Por eso, meditar no es
algo que se aprende sino que es dejar surgir libremente lo que somos sin interferir en ello. Dejar que las cosas
sean como son. Meditar es dejarse ser. "En vez de eliminar el ruido para
extraer el mensaje, el meditador apaga el mensaje para ocuparse
del ruido."
Joanna Macy ¿Qué significa “dejarse ser”? Es difícil de explicar racionalmente, pero
podríamos decir que, así como nuestra mente constantemente separa y divide, analizando las cosas que percibe para poder conocerlas, para poder
comprenderlas, cuando meditamos, el conocimiento que encontramos es totalizador, parte de la experiencia de conocer con todo nuestro ser. No sólo
con la inteligencia. Y esto no puede expresarse con palabras porque es "la" experiencia de ser.
Meditar es lograr que los aspectos positivos y negativos de la mente se vuelvan neutros, es decir, salir de la polaridad en la que nos encontramos cotidianamente. El universo material se basa en la polaridad: el día y la noche, el frío y el calor, lo femenino y lo
masculino, lo bueno y lo malo, la acción y la reacción, etc. Sólo si trascendemos esa separación y división en la que nos sumerge la polaridad, podemos llegar a alcanzar un estado de unidad y totalidad. Esto es posible simplemente porque los dos hemisferios del cerebro, el lógico y el intuitivo, se armonizan durante la
meditación y se sincronizan de tal manera que el meditador descubre su realidad existencial. Así, podemos concluir que el verdadero conocimiento se alcanza cuando hay un equilibrio entre el pensamiento lógico-analítico, que usamos en la vida cotidiana, y el pensamiento intuitivo. Ese estado de equilibrio es el que se logra durante la meditación.
"El camino del Buda es conocerte; conocerte es olvidarte; olvidarte es estar abierto a todas las cosas."
Dogen Resumiendo, meditar no es, como algunos creen, un escape, sino por el
contrario es ir hacia nuestro centro, hacia nuestro origen y de esa manera enfrentarnos como si nos viésemos en un espejo, con lo que somos. Meditar es estar atentos, despiertos, y obtener una visión más clara de lo que somos y de las cosas que dan sentido a nuestra vida. Este aspecto de la meditación es muy importante porque no estamos aislados de la realidad, ni es sano aislarse sino, por el contrario, somos parte de lo que sucede en el mundo. Y como no somos espectadores sino participantes, somos también responsables de por lo menos la parte de la realidad que nos rodea. Si nuestra vida tiene sentido y está en armonía, esa armonía se refleja en el ámbito que me rodea. Adonde vaya, mi
presencia comunica lo que soy. Si estoy lleno de resentimiento, comunico
resentimiento. Si tengo paz, lo que comunico es paz.
Como hemos dicho, ese mirar dentro de nosotros mismos, que indicaba el sabio del comienzo como camino hacia la sabiduría, puede hacerse de tantas diferentes maneras como tradiciones orientales u occidentales podríamos estudiar. Lo cierto es que cada uno de nosotros debe buscar la forma que más se adecue con su personalidad y, al encontrarla, hay que mantenerla sin cambiarla. Por una simple cuestión de eficiencia no debemos cambiar el estilo de meditación, salvo en pocas
ocasiones. Si queremos llegar a una ciudad determinada, debemos tomar la ruta que nos conduce a ella y no probar una y otra vez diferentes caminos
volviendo siempre al punto de partida. De la misma manera, cambiar
constantemente nuestra forma de meditar podría llevarnos a pensar en la
inutilidad de la práctica ya que de esa manera nunca veríamos sus resultados.
Los beneficios de la
meditación
Desde hace ya varios años en Occidente se escucha hablar cada vez más de la meditación. La recomiendan los médicos
para calmar el estrés y las enfermedades que de él se generan. La recomiendan los artistas más famosos del cine y la música, como una manera de conservar la juventud y alcanzar el éxito, y en el otro extremo, los sacerdotes la enseñan como una forma de mejorar la oración y lograr un mayor avance espiritual.
También las grandes empresas han comenzado a implementar cursos y espacios para que sus altos ejecutivos aprendan a meditar o utilicen otras técnicas de trabajo psicofísico para mejorar su rendimiento y efectividad.
Esto es lógico ya que cada vez más se reconoce la íntima relación que existe entre la mente y el cuerpo. La vida vertiginosa y exigente del mundo
moderno hace que cada vez más
personas se vean afectadas por el estrés. El estrés se produce cuando frente a numerosos estímulos externos
generamos reacciones que se acumulan en nuestro cuerpo y que han sido
vinculadas a muy variadas enfermedades, sobre todo a la
hipertensión, a los trastornos digestivos y a las afecciones cardíacas. Los
músculos se tensan, se irritan por
cualquier cosa y se sufre, en el mejor de los casos, de dolores en el cuello, la espalda y la cabeza...
"La meta no es encontrar algún tipo de verdad cósmica fuera de la
necesita para ser libre."
Shinzen Aunque la meditación haya nacido como una práctica espiritual, con los avances en la investigación en la última mitad del siglo XX, comenzó a ser estudiada en otros aspectos que influían sobre la salud física y mental de quienes la practicaban. Cuando gracias al
electroencefalograma se descubrió que los hemisferios cerebrales tenían
diferentes ritmos vibratorios, se pudieron identificar claramente los estados de la conciencia. Las ondas cerebrales se nombran, según su
frecuencia, con las letras griegas alfa,
predominan las ondas beta, estamos despiertos o en estado de vigilia. Mientras estamos dormidos, las ondas cerebrales son más profundas y
pausadas, delta durante el sueño profundo y theta en la somnolencia o sueño ligero.
“Soledad al alba” de Johann Heinrich Füssli.
En cambio, cuando meditamos, el área estimulada es la cortical prefrontal izquierda del cerebro, relacionada con las emociones y la felicidad, y en este caso, las pautas de las ondas cerebrales son propias y diferentes de las del sueño profundo y de la hipnosis. Son las ondas
alfa, que indican que estamos relajados,
pero atentos, y pueden estar acompañadas por otras pautas de
actividad mental. Durante la meditación, a diferencia de los otros estados, ambos hemisferios cerebrales funcionan en armonía, activan regiones que por lo general se mantienen inactivas y se experimenta una sensación de profunda relajación y al mismo tiempo gran
claridad y alerta mental.
En los últimos años se han estudiado también los efectos en la psiquis y en la fisiología de la persona que medita. En primer lugar, se observa que el ritmo respiratorio y el cardíaco disminuyen durante la meditación provocando una disminución en el consumo de oxígeno en el organismo, pero al mismo tiempo, una disminución del anhídrido
carbónico, lo que significa una reducción general de la actividad celular del organismo. Así, el ritmo metabólico es más bajo y las células "descansan" y se regeneran mientras se medita. El Dr. Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica para la reducción del Estrés de la Universidad de
Massachussets, aplicó este particular aspecto en sus estudios sobre el estrés y su relación con la psoriasis (12)
comprobando que los pacientes que practicaban meditación lograban
mejorar cuatro veces más rápido que el grupo que no lo hacía.
"Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros
pensamientos. Con nuestros pensamientos hacemos el mundo."
El Dhammapada Es ya sabido que, cuando una persona debe enfrentar cambios, como una mudanza, un divorcio o situaciones de riesgo, como una enfermedad propia o
de un ser querido, que superan su capacidad, se producen en ella efectos negativos del estrés. Los estudios realizados sobre el tema determinaron que el lactato arterial, que se eleva en situaciones de ansiedad y tensión, disminuye durante la meditación cuatro veces más que en una persona en reposo y tres veces más que durante el sueño y, además, al terminar de meditar se
mantiene en niveles inferiores que los que la persona poseía antes de meditar. Durante la meditación, el lactato arterial disminuye porque hay un aumento del flujo sanguíneo muscular que es el que produce la sensación de relajación en todo el cuerpo. El Dr. Kabat-Zinn tiene en su clínica un programa de ocho
semanas en el que se dedican 45 minutos diarios al yoga, a la relajación y a la meditación. Así sus pacientes
disminuyen hasta el 50 % de los
síntomas que los aquejan y aprenden a manejar eficazmente las situaciones de tensión.
En Sausalito, California (EE.UU.), el profesor Dr. Larry Scherwitz, director del Instituto de Medicina Preventiva, aplica el yoga y la meditación para reducir en sus pacientes el estrés y prevenir los bloqueos en las arterias coronarias. Afirma que la práctica de las posturas, las visualizaciones y la relajación profunda que se producen con la práctica de la meditación logran un
descenso en los niveles de colesterol, sin que influya la alimentación que en ese momento esté realizando el paciente.
Otros estudios hallaron también que la meditación actúa eficazmente contra la hipertensión y, como afirma el Dr. Deepak Chopra (13), puede ayudar a abandonar adicciones, como el alcohol, el tabaco o las drogas, a aumentar la creatividad y a mejorar el aprendizaje.
En los Estados Unidos, la práctica de la meditación se está aplicando también, a partir de los mismos principios, en el tratamiento del cáncer (14), de la enfermedad de Alzheimer y de los
trastornos en la memoria producidos por el envejecimiento.
estudios realizados en ese mismo país, por varias compañías de seguros de salud, sobre más de dos mil meditadores (15). Al comparar los resultados con un grupo semejante en edad, sexo y
profesión se encontró que quienes
meditaban necesitaron un 87% menos de atención hospitalaria por problemas coronarios, un 55 % menos por cáncer y un 87 % menos por desórdenes
mentales.
"La mayor tentación es
conformarse con demasiado poco." Thomas Merton
En la antigua Grecia, arte era "saber hacer", por eso, cuando hablamos de arte, en principio nos estamos refiriendo a la habilidad o a la destreza que alguien tiene para hacer algo. Y para hacer bien ese algo hay que conocer toda una serie de técnicas y practicarlas el tiempo suficiente para llegar a la perfección.
"Si esperamos hacer algo con facilidad, debemos aprender antes
a hacerlo con diligencia." Samuel Johnson Por eso, el primer aspecto en el que debemos insistir es la continuidad de la práctica. Si alguien cree que es preciso saber toda la teoría y lee libros y más
libros sobre meditación, al final, cuando crea que lo sabe todo, se dará cuenta de que ese conocimiento no tiene ningún resultado. Esa persona puede ser un estudioso de la meditación, pero no es un meditador. El cuerpo y la mente no usarán ese conocimiento si la práctica no se realiza. Pensemos en la música, la danza o la pintura. Cualquiera de ellas requiere de un ejercicio continuo. El músico ejecuta una y otra vez la misma partitura hasta lograr la perfección. Lo mismo sucede con la meditación. Si hoy me siento a meditar y mañana no lo hago, no sirve porque nos encontraremos con que debemos empezar cada vez desde el principio. Desde el primer momento debe haber una decisión firme
que debe ser mantenida durante largo tiempo. Eric Fromm dijo: "el amor es un arte que requiere esfuerzo, práctica y determinación". De la misma manera, parafraseándolo, podríamos decir que la meditación es una arte que requiere esfuerzo, práctica y determinación. Hay que ser paciente para tener resultados. Cuando se siembra la semilla del
bambú, aunque se la cuide y se la riegue, parece que no sucede nada durante siete años. Al cabo de ese tiempo, la planta crecerá en un mes y medio casi 30 metros. En el tiempo en que parece que no sucede nada, la planta está formando las raíces que la sustentarán en el futuro. Los efectos de la meditación se ven
mucho más rápido, pero es muy
importante cultivar la perseverancia y la paciencia... Hay días en los
11. De Mello, Anthony, S. J.: ¿Quién puede
hacer que amanezca?. Santander, Sal Terra,
1993, pág. 27.
12. Bernhard, J.; Kristeller, J. y Kabat-Zinn, J.:
Efectiveness of relaxation and visualization techniques as a adjunct to
photochemotherapy of psoriasis. J. Am. Acad.
Dermatol., 1988.
13. Chopra, Deepak: Cómo crear salud. México, Grijalbo, 1990, pág. 234.
14. Massion, A. O.; Teas, J.; Herbert, J. R.; Wertheimer, M. D. y Kabat-Zinn, J.:
Meditation, melatonin, and breast/prostate cancer: Hypothesis and preliminary data.
Medical Hypothesis, 1995.
personas que practicaban MT (Meditación Trascendental).
que se siente que todo fluye con
facilidad, pero también hay otros en los que "no pasa nada", en los que uno se distrae por cualquier cosa, en los que parece imposible lograr la más mínima concentración. No importa. La
meditación no es ni buena ni mala, ni mejor ni peor un día que otro. Los resultados no importan. Si alguna vez tenemos la sensación de haber ido un poco más allá de lo habitual, no esperemos que al día siguiente eso mismo se repita. Cada vez que nos sentemos a meditar debe ser como si fuese la primera vez. Y debemos hacerlo sin esperar nada porque lo que importa es la práctica. Los maestros dicen que la
práctica y el desapego por los
resultados son las dos alas para llegar a la iluminación.
El segundo aspecto del arte de meditar es la unidad entre el artista y su obra. Como cuando hablábamos del bailarín y la danza, uno no existe sin el otro. Por eso decimos frente a un lienzo: "Es un Rembrandt" o "un Picasso". El artista está en la obra. Así, el meditador y la meditación son una sola cosa. No hay dos sino uno y por eso no podemos comentar ni analizar lo que meditamos. Algunos confunden esa actitud con esoterismo y suponen que hay cosas ocultas que no se pueden contar. Lo que sucede en realidad es que "lo que me sucede a mí, cuando medito, no es lo que
necesariamente le sucederá al otro". No puede contarse porque cada uno debe experimentarlo por sí mismo y porque ninguna experiencia es igual, mejor o peor que otra.
El tercer aspecto es que el artista "ve" en la materia prima la forma que se esconde en ella y descubre la belleza en el aspecto más burdo de las cosas.
Miguel Ángel pudo extraer de un bloque de mármol la imagen del David, y Van Gogh nos mostró la belleza en una silla y un par de zapatos viejos. Ellos vieron lo que iban a mostrar, antes de realizar su obra. De la misma manera, quien comienza a meditar puede intuir y desea liberar esa esencia divina que hay en su
interior.
Por último, podemos decir que en el arte encontramos satisfacción y deleite. La meditación no debe ser tomada como un trabajo sino como una diversión, una actividad que nos da placer y nos
Preparándonos para
meditar
Aunque la meditación es una pura experiencia personal, hay aspectos que pueden ser compartidos y es
conveniente conocer las indicaciones que vienen avaladas por prácticas milenarias de diferentes tradiciones que coinciden en aconsejar una determinada postura, una actitud o alguna forma especial de encarar esta tarea de adentrarnos en nosotros mismos.
"Por la voluntad te pierdes, por la voluntad te encuentras. Por la
voluntad eres libre, cautivo y esclavo."
Ángelus Silesius
El Maestro
Cuando el maestro Fukakusa no Gensei ordenó a su discípulo Seiko, le puso por nombre Jinin, que significa “compasión” y “paciencia” y le dijo: "Cuando un maestro enseña a los demás, es pura compasión y cuando practica para sí mismo, es pura paciencia. Si no tienes compasión no puedes practicar la paciencia y si no tienes paciencia no podrás ser compasivo. Si tienes
paciente te vuelves compasivo".
En el capítulo anterior hemos insistido en que el aspecto fundamental de la meditación es la continuidad de la práctica. Por eso, y a pesar de que siguiendo las indicaciones básicas cualquiera puede iniciarse en la meditación, sobre todo al principio, trabajar con un maestro nos facilita el aprendizaje y tendremos a quien recurrir ante cualquier duda.
El maestro es el instrumento más útil para iniciarse en la técnica de la meditación, es una guía y también una contención para aquellas personas que se arriesgan y que se lanzan de lleno por caminos desconocidos sin medir las consecuencias. Si uno decide practicar
solo, debe estar muy atento. La meditación debe hacer que el que la practica se sienta mejor y debe ayudar a que la vida cotidiana también mejore. Si no es así, esa técnica debe ser
abandonada.
"Si sigues trabajando con la luz de que dispones encontrarás a tu Maestro, ya que también él estará
buscándote."
Ramana Maharshi Encontrar un maestro de meditación no es fácil porque éste debe ser una
persona competente, tanto en sus
conocimientos como en la práctica, para poder ayudar y corregir al practicante.
Hay algunos maestros realmente muy buenos, pero no todos lo son. La elección del maestro no debe estar
condicionada por los títulos que ostente, ni por la popularidad o la riqueza que pudo haber obtenido por lo que cobra para entregar sus enseñanzas. Son las cualidades personales, como el
altruismo, la pureza, el amor, la
benevolencia y, como decía el maestro de zen, la compasión y la paciencia, las que deben marcar la elección. Encontrar un maestro de meditación lleva tiempo y hay que analizar su estilo de trabajo. Sobre todo debe respetar al alumno, darle libertad y no crear dependencia. En una conferencia dictada a maestros occidentales de meditación, el Dalai
Lama expresó: "Uno está tratando de formar un ser humano bueno,
eventualmente un Buda, y no alguien para que le haga a uno los mandados". La devoción por una persona nos hace muy vulnerables, y si por seguir un
camino espiritual se termina destruyendo a la familia, se abandonan los amigos y se cae en la dependencia personal, se ha equivocado la ruta. Mucho más grave es cuando la situación deriva en abuso de poder o de tipo sexual.
Un maestro espiritual no trata de cambiar o dominar a las personas. No exhibe "poderes" (siddhis), no le
interesan los cambios de religión, no le interesa la cantidad de sus devotos ni
acepta honores y mucho menos dádivas. Hoy en día hay cantidad de "gurúes" que están dispuestos a entregar su sabiduría sólo si uno les paga sumas importantes, cobran "iniciaciones" secretas y venden mantras.
El verdadero maestro es el que,
básicamente, nos enseña la observación de nosotros mismos, es el que nos
enseña a ver la realidad.
Aquel Maestro predicaba sentado a la orilla de un río. Un día se le acercó un hombre para preguntarle en qué
consistía su misión. Él contestó: “Yo sólo me siento en la orilla y vendo el agua del río”.
El maestro nos muestra lo que está frente a nuestros ojos y no podemos ver. Cuando lo vemos ya no necesitamos al maestro.
Es bueno tener presente que el maestro de meditación, en Occidente, no es un ser divino, no es el sad-gurú (16) al que en Oriente se debe obediencia total, sino una persona igual que el resto de los mortales. Esperar demasiado del
maestro y ser demasiado crédulo lleva generalmente a la decepción ya que éste tiene virtudes, pero también defectos como cualquiera. Comprender esto es también parte del crecimiento espiritual. Si el maestro habla como si fuese Dios, no hay que creerle, pero si habla como si fuese un Maestro, aunque tenga buenas intenciones, tampoco hay que creerle. Cuando quisieron entronizar a
Krishnamurti, como maestro máximo, dijo estas palabras: "No me podéis
seguir a mí, ni a nadie. El día que sigáis a una persona, dejará de existir la verdad".
"El creer en la autoridad pone en peligro la capacidad de
percepción."
Anthony de Mello Ambos, maestro y alumno, están en una misma búsqueda, crecen el uno junto al otro y deben también ayudarse
mutuamente. El amor por lo que hacen los une y los enriquece.
Es evidente que si nos comprometemos a concurrir a un centro de meditación para practicar en grupo, esto nos ayudará a mantenernos tenaces en nuestro propósito y, como debemos meditar todos los días, podremos
intercalar las prácticas individuales con las prácticas realizadas con el grupo. Pero esto tampoco será necesario cuando la práctica de la meditación se
convierta en parte de la rutina diaria. Para finalizar, hay algo que debemos tener presente, y es que el maestro es externo e interno. A mi entender, si uno se aferra a un maestro externo, por excelente que éste sea, llegará el
momento en que ya no se podrá avanzar. Swami Vivekananda enseñaba:"Qué
puede hacer un maestro externo?
Quitar algunos obstáculos; allí termina su deber. (17)" Hay que estar atentos y escuchar la voz interior, el maestro interno es el que nos dice qué camino debemos seguir.
"Cada uno llegará con el tiempo a conocer la verdad más elevada,
hombres deben ser sus propios maestros."
Swami Vivekananda
El lugar y los ritos
Los rituales que comúnmente acompañan a la meditación no son imprescindibles, pero establecen una rutina que nos ayuda a entrar con facilidad y sencillez en la práctica. Cada uno debe tratar de construir sus propios rituales. Al principio es conveniente meditar
siempre en el mismo lugar y a la misma hora porque esto ayuda a no distraerse. Antes de comenzar hay que avisar a los demás o colgar un cartel en la puerta
indicando que por un rato no debe haber interrupciones y no debemos olvidar que hay que desconectar el teléfono.
También se puede prender un sahumerio o un hornillo que aromatice el ambiente, ya que la mente responde a los estímulos de los sentidos. El aroma de la lavanda, por ejemplo, purifica y da equilibrio emocional, y el del incienso facilita la respiración profunda. Se pueden colocar flores y la imagen de nuestro maestro espiritual. No es recomendable poner música, pero si el lugar no es lo suficientemente silencioso, la música suave, que generalmente se comercializa para ese fin, puede ayudar a que la
mente no se distraiga con los sonidos que vienen del exterior. Es conveniente
oscurecer la habitación y mantener una luz tenue para que no moleste. Por último, es importante usar ropa suelta, que no dificulte la relajación y
preferentemente de tejidos naturales, como el algodón o el lino; y dejar los pies descalzos.
Todo esto es adorno y a veces espectacular complemento, las velas arden y el gong suena, pero no es
meditación. En muchos casos nos ayuda al comenzar, pero poco a poco debemos ir liberándonos de él. Cuando aprende a caminar el niño deja el andador, y
cuando aprendemos a mantener el equilibrio le sacamos las rueditas a la bicicleta. Así también, cuando la
práctica se ha hecho firme y constante, comprobamos que somos capaces de meditar en cualquier lugar y en cualquier condición. Así la meditación se
convierte en un verdadero espacio de libertad y no una cárcel en la que estemos confinados o que nos impida llevar una vida activa. Si nos
acostumbramos a meditar en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, el silencio brota naturalmente desde
nosotros mismos y no tenemos necesidad de exigirlo al mundo exterior.
El tiempo
Establecer de antemano un tiempo que diariamente usaremos para meditar nos
ayudará a vencer la apatía y la falta de docilidad de la mente, y a no ponernos excusas para dejarlo para otro momento. Hemos insistido ya, y no nos cansaremos de repetirlo, que sólo obtendremos
Por lo general se aconseja meditar un mínimo de diez a un máximo de treinta minutos dos veces por día. Los horarios más convenientes son: por la mañana, en primer lugar, después de levantarse e higienizarse y antes de desayunar, ya que siempre es aconsejable tener el
estómago vacío, y el segundo momento al atardecer, al concluir las tareas diarias y antes de cenar. La horas
tempranas de la mañana están llenas de energía y el atardecer es el momento de mayor tranquilidad. No es conveniente meditar antes de dormir ya que puede producir inconvenientes para conciliar el sueño. Descartado éste, cualquier momento del día es bueno para meditar
y el tiempo que se dedique debe estar, sobre todo, de acuerdo con los ritmos de la vida de cada uno. Si sólo es posible estar diez minutos todos los días, es lo que debe hacerse. Esos diez minutos mejorarán el resto de la jornada. No se debe estar más atento al reloj que a lo que se experimenta en el interior, aun si parece que no pasa nada.
Como se ve en estas recomendaciones y en las que le siguen, en la preparación hay reglas, pero éstas no son
inquebrantables. Como decíamos antes, la meditación debe llevar
indefectiblemente hacia una mayor libertad. Si alguien enseña que sólo hay una forma de meditar correctamente, no es un buen maestro. La humanidad ha
meditado de muchas y diferentes
maneras a lo largo de los siglos. Cada uno debe encontrar la que se adapte mejor a su carácter, a su formación y a su cultura.
"Tan pronto como un hombre se encuentra plenamente dispuesto a estar a solas con Dios, se queda a solas con Él sin importar dónde
esté."
Thomas Merton
La postura
Es evidente que en la parte física del cuerpo se ponen de manifiesto las
emociones y sentimientos internos. Es muy difícil decir palabras de amor con los puños cerrados y los hombros tensos como también es difícil albergar
sentimientos de furia con las rodillas flexionadas y las manos juntas en el centro del pecho. Por eso es tan importante lograr una buena postura. Ésta nos permite aquietar el cuerpo y suprimir los estímulos externos que nos distraen y llevan la mente "hacia fuera". Una buena postura es el instrumento más efectivo para lograr éxito en la
meditación ya que cuando logramos que el cuerpo esté en calma, inmóvil durante largo tiempo, comenzamos a olvidarnos de él, a dejar de "sentirlo". Se logra así el primer paso que nos lleva a aquietar y
a poder observar la mente. Cuando el practicante gana en experiencia, también la postura, como el resto de los rituales que mencionamos, se puede descartar y la meditación se puede realizar en cualquier postura, momento y lugar. Pero en tanto estemos comenzando, y por un largo tiempo, debemos darle importancia a este entrenamiento.
Patañjali, el sabio que sistematizó las técnicas del yoga, dice que la postura debe ser "estable y cómoda" (18), con lo cual cualquier postura que tenga esas características es aceptada. La
estabilidad tiene que ver con la
posibilidad de estar mucho tiempo sin tener necesidad de moverse o de
acomodarse, logrando la inmovilidad. La comodidad, por su parte, tiene que ver con la falta de molestias o dolores. Si trata de estar inmóvil, pero no se logra la comodidad, se crearán tensiones y no podrá concentrarse. Si usted está cómodo sentado en una silla con la espalda recta y el cuerpo relajado medite así.
Las posturas clásicas de meditación, que describiremos a continuación, se recomiendan especialmente porque en ellas el triángulo formado por las nalgas y las rodillas da al cuerpo una base muy estable. La circulación se reduce en las piernas y se incrementa en la parte
superior del cuerpo, sobre todo en la cabeza. Además, al mantener fija la pelvis, el tronco se mantiene recto sin tensión, con mayor comodidad y dejando que la energía fluya libremente desde la base de la columna hasta la coronilla.
"Apresúrate lentamente y llegarás más pronto."
Milarepa Padmasana o "la postura del loto" es la más clásica de las posturas de
meditación. En ella, el pie derecho apoya sobre el muslo izquierdo y el pie izquierdo sobre el muslo derecho con las rodillas apoyadas en el piso. Si las rodillas no tocan el piso, la postura será
inestable y generará tensiones y dolores. La postura perfecta requiere que los talones queden apoyados en el abdomen. Así el cuerpo está equilibrado y en simetría, lo que nos permite mantener la espalda recta sin esfuerzo ni tensiones durante largo rato, pero para la mayoría de las personas, es difícil de conseguir.
Más fácil es Siddhasana, "la postura del sabio" o "del adepto", en la cual flexionamos la pierna izquierda y colocamos el talón tocando el perineo. Luego flexionamos la derecha y
colocamos el pie entre la pantorrilla y el muslo con la planta del pie hacia arriba y el talón en la pelvis. Como esta
postura es asimétrica, hay que cuidar que la columna no se descentre y los
hombros estén a la misma altura. Otra posibilidad, si los empeines y tobillos son flexibles, es Vajrasana o "la postura del rayo" en la que nos sentamos entre los talones y la tensión del cuerpo va hacia la parte baja del abdomen.
"La postura se vuelve perfecta cuando el esfuerzo por lograrla
desaparece."
Yogabhashya La más común y fácil de las posturas de meditación es Sukhasana o "la postura cómoda", que también recibe el nombre de "postura del sastre" porque es la que adoptan en Oriente quienes deben
ella, se flexiona la pierna derecha y se coloca el talón debajo del muslo
izquierdo. Luego se flexiona la pierna izquierda y se coloca el tobillo contra la derecha. Los hombros deben estar
relajados con los codos cerca de las ingles, y el mentón levemente hacia adentro para que no exista ninguna tensión en el cuello. Las manos se colocan sobre las rodillas con las palmas hacia abajo. A pesar de su sencillez, esta postura nos otorga una base sólida para el tronco y la cabeza, logrando que la columna esté recta y el flujo nervioso no tenga impedimentos. Con el tronco relajado, los pulmones pueden respirar libremente.
El loto es el símbolo del yoga, de la pureza que surge impecable del
fango en el que crece. Para que estas posturas sean más cómodas, se puede colocar debajo de las nalgas un pequeño almohadón
llamado "zafu" que se usa en Japón para la meditación zen y tiene la
característica de ser más alto atrás que adelante. También puede reemplazarse por una manta doblada o una banqueta de meditación que eleve la zona del sacro y ayude a las rodillas a estar más abajo. De esta manera, la columna se mantiene recta y sin tensiones durante mucho tiempo.
Siddhasana o postura del sabio En todas las posturas debemos tener en cuenta que la columna siempre debe
estar erguida pero no rígida. Si las piernas están cruzadas, las rodillas deben estar más bajas que la pelvis y ésta levemente basculada hacia delante de tal manera que la nariz quede
alineada con el ombligo. El abdomen debe estar relajado, los hombros nivelados y flojos, los brazos y las manos sueltos y pesados, la nuca estirada con el mentón levemente recogido de tal manera que la cabeza quede un poco inclinada hacia delante. El rostro relajado, los ojos entreabiertos o cerrados. Los labios levemente
separados, y si se coloca la punta de la lengua apoyada sobre el nacimiento de los incisivos superiores, el rostro
pueden colocarse sobre las rodillas haciendo con ellas algunos de los
mudras a los que nos referiremos más
adelante.
Una vez que se ha tomado una postura, se deben dedicar unos minutos a
observar el cuerpo y a tomar conciencia de él. Nunca dejar que la espalda se encorve ya que esto generará tensión y dolor en el cuello.
"Si nos sentamos en una postura que es "perfecta", es cierto que es
más fácil sosegar la mente y el cuerpo y ello implica una
conciencia alerta."
Shinzen Una última recomendación es la autoinvestigación del cuerpo en la
postura. Como cada cuerpo es diferente, la mejor manera de aprender la postura
correcta es dedicar un tiempo a la observación minuciosa y al registro de las sensaciones. Si los hombros, la
espalda y los lados del tórax están libres de tensión, la postura es la correcta.
Sukhasana o postura cómoda
Los Hastha Mudras
Cuando hablábamos de la postura,
hicimos referencia a los hastha mudras, un grupo especial de mudras o gestos-símbolos que realizamos con las manos. La palabra mudra tiene su origen en la raíz sánscrita mud que significa
"regocijarse", pero tiene varios
significados, de acuerdo a su uso. Entre ellos el más común usarla para designar un "gesto" realizado con el cuerpo o con las manos y también se la usa en el yoga como "signo", "cierre" o "sello",
indicando que con determinadas
cierres energéticos.
Postura de meditación con zafu A través de los mudras realizados con las manos se trata de expresar la actitud
que en ese momento se quiere enfatizar, ya que en el hombre existe una íntima relación entre las manos y el cerebro. En la vida diaria, las manos nos indican el estado emocional de quienes nos rodean. Unos dedos que tamborillean sobre una mesa nos hablan de inquietud y
nerviosismo; dedos que se entrelazan y retuercen indican angustia; y las manos relajadas reflejan tranquilidad y paz. Las manos tienen su propio lenguaje conocido por todos; el pulgar apuntando hacia abajo nos indica derrota desde la época del Imperio Romano. Los dedos índice y mayor en alto y los demás dedos flexionados hacen la V de la victoria. El chasquido del dedo pulgar contra la yema del mayor está indicando
que se desea que las cosas se hagan con mayor rapidez. Si queremos interrumpir lo que otro está diciendo o haciendo, mostramos la palma de la mano; es el gesto que también usa la policía en todo el mundo para detener el tránsito.
Si al estar sentado durante un tiempo con las piernas cruzadas se siente dolor o mucha incomodidad, conviene estirar las piernas y seguir meditando, pero cada vez que se pueda debe volverse a la postura ya que poco a poco las
articulaciones se irán flexibilizando y se podrá estar cómodo durante toda la meditación.
"Sentado en silencio, el cuerpo quieto, la boca callada, la mente
en paz, deje ir y venir sus pensamientos, sus emociones y todo lo que surja, sin aferrarse a
nada."
Sogyal Rimpoche Quienes no pueden sentarse en el suelo pueden hacerlo en una silla sin apoyar la espalda en el respaldo, porque si se apoya, será más difícil mantener la espalda recta. La postura correcta en este caso es sentado en el borde del asiento, con las piernas separadas el ancho de las caderas, los muslos formando un ángulo recto con las
pantorrillas y los pies con la planta bien apoyada en el piso. Los hombros y brazos relajados con las palmas de las
manos sobre los muslos.
Estamos acostumbrados a ver hastha mudras en las imágenes religiosas de todos los credos. En la India, las manos de los dioses indican con su postura la actitud que le es propia, ya sea de bendición, protección, ofrenda, calma, recepción, etc. Existen numerosísimos mudras que se utilizan en los rituales de todas las religiones, en la danza y en el yoga. Nosotros nos limitaremos a
describir aquellos que se emplean para acompañar las posturas en la meditación con el fin de cerrar los circuitos de energía. Los mudras son símbolos, pero también producen lo que simbolizan. Se los puede realizar con una sola mano o con ambas a la vez.