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,igg GBIrBBta$ orrB SYALúAN t.n rc.

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(2)

"Entre tanto, la apelmazada luz vespertina se EXFOLIÓ en los vitraies

y

vino

a

derramarse, sobre el cuerpo yacente del señor, un zigzag de pequeñas esferas ígneas".

CERDAN TAT0:Todos los enanos del mundo.

Sección 1:- Ontoloaías coordinables con la TC: Positivismo.

Sección 24- Ontologías coordinables con la TC: Fenomenología.

I .

Sección 34- Ontologías coordinables con la TC: Dialecttca.

(3)

3rl

cArfn rc{,

,igg GBIrBBta$ orrB SYALúAN t.n rc.

Intrúucción:

En el libro I hemos qucrido mostrar el proyccto global de Thom tanto en

. :

su vertiente científica (cap. 29), .crmo en lq filosófica (cap. 3e). enmarcado en una disciplina la Filosoffa Nat-ugl (cap. lo)r que define esa conjugación entre ambos y que pcrtcnece a una de nucstras- tradicionc¡ genuinas: la filosoffa.

Pero la filosofía es un saber constiruido hace mucho tiempo y posee sus propios requsos conceptuales: las ldeas.r ldeas que no han de ser armónicas, que cam.bian, que se transforman en isu relación cr¡n la socieda4 la historia. la ciencia, y umbién en su crítica mutua.

Desde la TC {ue no es propiamentc una filosofía- sc ha tenido el "arrojo', la valentía de filosofar: cabc cntonc€s la recfproca: lcómo aoogcn la TC las filosofías clásicas?

Quisiéramos contestar ahora a esta pregunta: cómo responde ella misma al análisis crítico al que se sometcn las filosofías, qué caminos perrnite recorrer más comodamenle, qué re-estructuraciones ha provocado o puedc provocar presumiblcmente, qué caminos le están vcdadoq cómo oras filosoffas también pueden fertilizar la TC.

Con la a¡rda de otras ldeaq qpizá sca mcjor comprendidq a la vez que las filosofías clásicas pucden iluminar algunos de sus p'roblemas oon nueyas pcrspcctivas.

' En u¡ sntido már ropli,o qw c¡ dc Phtoo, Dcsc¡rtcs o Ka¡r. Aqrd cntcndcnq l¡s l&rs, cooo füwlcnus, b crepc FoÉ¡ & l¡ li¡ooft¡. Vé.rc inlro, út 45 & cstc cap&ulo.

(4)

Foülamg rc$¡nir a¡f n¡ noncnu:

(¡) l¡ TC rp a b dq{e ni siquiera r¿n¿ cicnci¡, sino una tcorfa natcmáücq r¡n dcsanollo do h teorh de la¡ Ogt¡Iaridado y la tcorla dc ta bifitrcacióu E¡to lmpddc r¡n¡ reflcrión om la ksndsna sob,ro la Ffsica dc Ncwton, rcorfa quc suplió dc m¡ncn definiüv¡ l¡ flsica a¡istotélica

(b) Al scr una par¡G dG l¡¡ m¡tcmáüca* pccc un carrpo restringido por lo quc cs más fácil cncontrar aplicrdoncs gl¡G Gnoontrar su eüldo.

(c) Sin embargo, sc presenta en el ¡funbito filosófico (ontotógico y gfroscológico). capacitada pora crlarecei la o¡estión de las cüetorías lo quc le coloca al nivel de las grandcs filosoffas dcl conocimicnto oomo la aristotélica o la kanüana (d) l-a filcoffs, por otra pañc, sc ha se¡nrado (desde Hegel) de la ciencia y se ha vuelto hacia cuestiones más centradas en el sujeto (sea psicológico o social).

Hay una difiarlta4 cada vez mayor, para tratar filosóficatrcile la ciencia desde criterios internos a la ciencia rnisma: dc ahí el triunfo del Positiüsmo y la exigencia de una Dialéctica de las Ciencias.

(e) Req¡rrimos a las grandes corrientes filosóficas de nuestro siglo:

Positivismo, Fcnomenologfa Di¡léctica para cúntrÍrstar cuál ha sido su posición frente a la ciencia y comprobamcs que la TC, en tanto en cuanto tcoría científica,

mantiene u¡la conexión íntima con las tres, sea de rechazo, de aceptación o de cautela.

Relación que no es gratuita a menos que sc defienda el solipsismo dc las mónadas, donde cada filosofla cada pensamiento, rec?ee el mundo desde sí, sin considerar ningún otro criterio, desde un mundo cerrado e incomunicable.

(f) Estas investigaciones particulares, locales, abren pers¡rectivas de reflexión que pueden scr muy fértiles. [¿ TC puede reeibir de las filosofías clásicas componentcs muy interesantes dotándosc de rigor epistemológico. espesor ontológico, o compromiso moral. Así el Positivismo gue exige una basc empírica. experimental, somete a las teorías a un criterio de demarcación inexcusable impidiendo la vuelta a una'"Naturphilosophie" incontr¡lada. [.a Fenomenología ofrece un marco ontológico:

las ontologíus regiomles (ontologí¡rs no formales), en el quc sc puede rcorganizar o recomponer la mera aplicación de la TC, y un proyecto de eiütica dercriptriw que permite comprender la significación racional de la TC. l-a Daléaica constituye el maroo apropiado para estudiar los proútsos dinámicos. las tansformaciones en su contexto social y general.

Pero a la vez la TC aporta conccplos e ideas que rectifican a las filooofías clásicas y permiten otros desarrollos. El Pmitivismo ha dc replantearse el

(5)
(6)

argurnont¡lcs:'tógf@í aritméü6q, pdcobdoo$ biológiu.- ¡óto resulun intcligiblcs dcsdc'una esüatcgia ci . corrb la guc' a ontinr¡¡ción proctranrco poncr cn rnovimien¡o.

' ' " '' En cl capltulo ¡iguicntq stn cmbrrgo un¡ vqz guc hcmc ompobado ta omplcliüd do los srgurncntoc en ontologf& y tederúo a égos sicmpre Weüas -tr¡cs lc cntc¡dd¡nos oomo su marso crfüco progio-, po¿rq¡rs tratar lc pnoüilcnr¡g filosóficos de la'TC en su dimensión gDccológca, dc manera casi-autónoma

Autonomía que es resi¡ltado, no sólo de' la cautela kantiana respecto de las pretensiones dc aquclla'ciencia primcra'y do su consiguicntc exigencia de una crfüca de la Razón. sino de la materialidad propia de las cicncias: en primer lugar porque la realidad a la que sc refieren es el faknm de las cienciag y no la totalidad de lo real.

En segundo lugar, porque en las diversas ciencias se han alcanzado verdades necesarias, categoriales, sin remonürse a principios absolutos. De esta manera sc explica que los teóricos de la ciencia hayan @ido scntine desvinculados de una ontologfa identificada con la metafísica (en su sentido de ciencia del universo considerado.corio un tdo y resultado de la susnncialización de alguna de sus partes) y hayan desarrollado una disciplina. la epistemología que se ha confundido. por ab,s,orción, crrn la filosofía misma.

Srcción Io.- Ontologíaq cnrdinabl¿s con la TC: Positivismo.

lilr@cfar:

El Positivismo, ya lo hemos ido contrastando, es punto de referencia para la definición de "casi" to<Jas las filosofías relcvantes de los siglos XIX y XX. Aceptada como reemplazo del ldealisnro Especulativo alemán, scguido con entusiasmo por los científicos en cl momento de su má¡imo esplendor y atacado, finalmente, no sólo por quienes nunca sc plegaron a suli tesiq fenomenólcryoq dialécticoq o nihitistas, sino por los positiüstss mismoñ, sc ha ido transformando, ha corregido algunos "dogmas"

ccntrales -por scguir la terminologla de Quinc- pero sigue teniendo mucho crédito, sobre todo en los ámbitos de la investigación o enscñanza cientfficas y fundamentalmenre en la versión crítica de Popper.2

¡ Cfr. not¡ 4 & c¡tc crfltulo.

(7)

401 A E¡d¡s plcdc crtrrü¡r, Gnton6 grr 18 acog¡da dol pooiüvismo a la TG nn bcligcranto on ct redrrcdoni¡mo pos¡drbt¡, haya sido muy ncgntiva, y rcaaionara oü :ürulcd¡ ontr¡ un¡ fonn¡ ftr¡nrrardcnto quc ponc cn tcl¡ de iuicio srs clecncias y conv¡dfom y dcsrffr $¡¡ púesntr¡c¡toq cs, por lo dsmá$ pcrfcctamcntc lcgfüma por ¡mbü psttcr. , r' ' :'. ''

criterio'paraidfucrlmfuür'lo quc es cicncia dc lo quc no lo eq y si se acopla entoncos se le da el üsto bueno y,si no, sc le deniega su legitimidad de cientffico. Hasta aquf nada extraño. El criterio verifbrcbnista ha dado paso al lalwionistd de Popper quc cs el que sc utiliza m¡ts o mcills matizado en el ómbito dc la filcoffa positivista.'

Eite criterio ha llegndo 8 crrnvcrtiñe en un criterio'an¿si-neutral", accptado qut tale por los científicos. El respeto quc impone consigue que el mismo Thom trate de no quedar enÍ entado en demasla al falsacionismo, temeroso de no scr acogido bajo

I PC)PPER,X.:ta lbgica dc la imrstigrción cictrtlfbo,cd. Tccnoq Mrdri{ lyt3.

t Po¡rr s fomó y cntró cn rcl¡ció¡r cn ámtitoc muy acrcaooo rl cm¡irismo lógico, y cs bo*entc diflcil dcsvincularlc dc kr qrr lhm¡rl¡mcn en gerrral b filcdl¡ Po6¡üüsb. En un inlcres¡ntc libro, J.

U¡RfiXf,Z: (ie¡ria y dt4trrrltistrut, ql. (ltcdr¡, Medrid, lqil, h¿ Frcsto cn ¡ch de juicitr csa crnsidcr¡cióo y lc ha colrrc¡do mrrcbo nlr ccrq! dcl pcnsrmicoto di¡léctico, '-.d. quc l¡ vcrüd v:a i¡lc¡l rcguladc, t¡l cooo b cnti:odco Poppcr y h dieléctic¡, re dcspr,cadc qrc crde paro adelante dcl prcso cs felso cn curnto glE oo cscl prrcvr ttrla[ pcro nr pcrtcrcrir ¡l mi¡nro b vcrifra, lo h¡oc vcrdrdcro ... Popper ctnsi¡rre supcrer dcfiniüv¡mcnlc cl inlrumcnt¡lismo dcdc gnbooci qtr, 8ut¡llrc el pro¡io auttr nó *e coo$icotc dc cllo, astán nuy ceÍcrn¡¡ ¡ l¡¡ dc l¡ d¡¡léct¡ct ... Ea curclus¡óo, dccin¡a n(Éotro\ cs i¡mcs¡rb hr€r dc Popp.r un,pnitivisra, cu¡ndo todo nc iodic! guc no cs un pciüviea ... ' (pp. 173, t74 y ltz). Crccnrx qw csl¡ ¡nfof¡óo difu¡nin¡ cl núclco bás¡co dc l¿ filrxoff! dc b cknci¡ y la ootologla poppcrirDrs porqrc cs li ldc¡ dc Ncglcióo l¡ cl¡vc & un¡ pxicifu y dc l¡ rlrr y ésle qucde perrfuade cn cl filócofo vbnés: Hidr[o,rcinlcrprctedo ¡ G. Bucno m¡tiz¡ estc bla¡uco dc Pqrpcr: 'lrr qrr (i. Brcno rcprcha a Poppcr co cstc pr¡nto cs grrc oo rbrt¡ e tcjcr vnr. symplúé

¡nitiva. crnlructiva cntrc m¡tcri¡ y forma, b dicbo dc r¡tro m¡do. quc tcnicodo todrs l¡s c¡rt¡s cn la man{la (l¿ ftrme, progrrci<lrurü prr las crnituras. la malcria, sc¡vidr prr kx cnunci¡dm háshrx y cl princi¡io dc coostructivismo). n() scp¡ s¡c¡rlcs partido y ¡lcs'n¡vc ca su cmpcño, ct¡occdicnrltr bl¡nd¡mcnte ü s¡¡s dioccurtx crcmfa le vcotrir & imprcr ius coodiciors obsrvrit¡oalcs' co Crarmlqto.., op. cit., p. 551. Es todo c¡¡o, lo¡ ccfrrcra.r & Poppcr sbnprc sc c¡c¡min¡n co l¡

dirccióo paútivirt¡ y eú e¡ lr rcccpcióo r¡$rd dc Hr pcoranicrto qtr cl qul b qtr oa intcrc¡¡. Pc cFnplo' J. HABERMAS, Tb. ADORNO, (a allr.l. I-a dispta dd psittvisnn cn lo wiologlo alcnuru, cd. G?ii¡¡bo, Barcclo4 19t3. MUGUERZAJ:'Inroduccillo: l¡ tcorl¡ dc h¡ rcvolrricrcs cicotlfices- co LAKATOS,I. y M USGRAVE¡. (dtl:Lo oltico y el dcwrdb dd cotwimicnto, cd. Grijelbo, Barcckna, lyts. MALHERBEJ.F.:I¿ pltiloroüie dc K.Poppcr a lc psítivtsnu logique, P.U.F., P¡ris, lqró.

KRAFT,V.:El cl¡ctúodcVbtu,cd. Tccoo6, Mdri4 l!tró. GIORELI0.G.:'E! f¡lsrioismodc Poppcr' cn (iEYMONATI.:Hunüt dd pcnnmicilo lüosólbo y cbntlfico, od. Aricl B¿rcckn¡, lQi4.

QUINTANILLA,M.A.: Idealismt¡ y lilosolta dc la cicrcia, cd. Tocnc\ Mdril, lytz BROWN,H.:I¿

nwvo lüonllo de la cbrcb, od. Tccorn Mdri4, l$3, &c. dcsdc paúim nuy disprcs ¡sf lo enuri¡n.

(8)

wr auspicioas SUS críticos

io denen entonces muy ftdl:

de-trar

o,

a~

menos,

m o s t r a r q u e l a T C n o e s f ~ .

Lo

que

sl nos parece más

extraño, sin

embargo,

e8

la siniacl6n que se

produce cuando se acepta el criterio rnetodol6gia~epistemol~co del falsadonismo poppedano, y a Lntinuad6n se niega ia ontología que lo soporrs:

el

"platonismom &

las entidades del "Mundo 3'? ¿Por

qut

no podemos comenzar con

el

problema ontológico primordial: la conexidn entre las

teorías

y la realidad? Es la naturaleza de esa conexión la que da lugar a las posiciones verificacionista, falsacionista, operacionista,

&c.

Y Popper ha reivindicado la autonomía y la objetividad de ese mundo 3,

cuyas

entidades más

características

son las teorías científicas.

De esta suerte, el popperiano ortodoxo tendría que acoger felizmente a la

TC

en ontología por sus contenidos matemáticos. Pero

si

se parte del campo epistemológico, habría de rechazarla: la TC no es

falsuble.

He ahí los términos de la discusión.

Apoyarse en la epistemología obliga, sin embargo, a comprometerse con su ontología que no es espúrea, sino que está conectada internamente con su criterio de falsabilidad, a menos de eliminar el carácter global de la filosofia

popperiana. Popper

se ha encontrado con la necesidad de recunir a un "tercer mundo" -sin tener que ver en ello una salida a la luz de lo que

ya

estaba en el inicio mismo de

su

investigación oculto o inconsciente- entre cuyas entidades estan las

teorius cicnrificar.

Estas teorías, en principio, sólo poseen el límite interno en la coherencia, la economfa, la simplicidad, &c. Pero en ciencia se trata de dar cuenta del mundo real. Por tanto, las

teorías

científicas sólo pueden ponerse en relación con ese mundo de dos maneras:

(i)

porque son ellas mismas descubiertas por el hombre y entonces estaríamos en la posición

psCcologicista

que rechaza.

(ii) A

modo negativo, por incompatioilidad entre el mundo

y

las teorías; este es el camino seguido por Popper.

5 Cfr, v. gr, THOM,R.:M, pp. 106 y S. Thom se tacutntrr en b oblig.aon dc sdccuarsc al criterio de Popptt: 'fi verdad quc si se admite d c~(r;tpo de alahabilidad v i r i u a l w bmbiéa loa modelos proporcioadoe por k ~ c o r í a dc Ls caiáwta MUIIM en .IsQa sentido -f.lsrbb'.

'

En esto coibcide J. Murliitz coa casi todoa. EJ simbwto dc ghtoaismo se ha tnnsf-do en un h d o lildm (junto al & h c g e b b n o ) y b y que prorcgn a nucdros afnigos y aseados de tan

iadccitabk adjetivo. ¿Cómo x srha & tan dcmgmhbk compdh? Partce quc b bnrri rmáo cs

a u t o b i o g r ~ i . La ontdagln dc P-r v b x al T& a una c w a t h de vejez y Ympkrnenic w un curohrio de la ldea dc djetividd cunillica quc se cdiiade m el mundo & lo social, (Bloor) o de la cultura (Mnlbcrbc) y, ur 6 I h o &mino, cm el & h tiberíad. Pero mwtrrn no lo coasidcmmos así. Nos parece un concepto tundamealal.

(9)
(10)

l'nógdrn¡¡criteú,

I do 8hf cl r¡¡o úel núu tóthis.El critcrio dc falración crigc algf¡tr 'enuncisdo H¡io qrc dccüllnns aoeptar. A¡f qr¡o cl prouo do f¡lsacióo no rcrmin¡

nunca E$or enunci¡dc h¡n dc scr slmplcmcn¡G ohcrvsblc$ cn su scntido dc :'iñtérnrblaivc y reproduciblcq por lo gue ol f¡ntco critcrio quc prcdc ¡cr aflr¡¡ado e¡

: ctde ycdbiónY e¡¡o crigp un ompromiso onológio: la regularidad y uniformidad 'db ls n¡turatcza Asf que h salida más obvh para evitar la met¡flsica -l¡ bcsüa negfr 'de todo pocitivisl¡p cs propt¡gpar el tcorctbisno: 'El operacionalismo y el instrumentalismo deben scr reemplazados, segun creor por el 'teorecismo', si es que pucdo llamarlo asf; vale decir, por el reoonocimiento dcl hecho dc que siemprc opcramc dentro de un¡ completa estructura de teorfasn y que no aspiramos simplemente a obrener crrrelaciones. sino también explicaciones'.tr

Una y otra argumentación nos conducen al mismo problema: la teoría de

|a verosímititud. Pero Tichy, Harriq y Miltert¡ demostraron gue la teorfa de la verosimili¡ud cpntradice la metodología falsacionista I-a verosimilitud no es medida de la verdad sino medida del vator de nuestras teorías que han de ¡ener en cuenta tanto un apoyo en la evidencia como en su contcnido teórico.

: óMnde encontrar experiencias independicn¡cs? h¡es bien, Popper realiza 'aquí

una operación muy interesante. que suete pasar desapercibida: cambia cl terreno filosófico de la gnoscología a la ontología. [¡ que sus discípulos investigan, con mejor o peor fortuna. a través dc los puradignus de Kuhn¡ ls Mclos de dcsubrimicruo de

Hanson, el' yograma de kvestigación ciinífica de l-akatos, el réam Je alrernativas 'de Feyerabend. &c., pertcnecr al terreno gnoseológico. Pero éste no es el c¿so de

Poppcr. El Mundo 3. que es el mundo de los contenidos que va imaginando, proponiendo a¡gumentando el género humano, con sus notas de autonomía y objetividad, es el lugar apropiado para la corroboración de las teorfas. Mas üquién las refuta? No las propias teorías entre sí, sino cl mundo ffsico Ml. El tercer mundo

permanece en riesgo permanentc rle ser refutado por Ml y M2. Es bien interesante obccrvar cómo Popper permite que estc'tercer mundo" incorpore: las Matemáticas y

'o Cft. ocr¡ 17 & cgc cepruló.

" POPPER,K.zConiawar )...r op. cii- p. 7.

'' Un rcs¡¡Dcn dcl problcna & b verosimitittut co ANDERSSiON,G.:'EI pnülcmr dc lr vcrrximütr¡d" c¡ RADNÍTZKY,G. (a otiol:hogrcso y rociomlüd en Ia cicttio, Alilnze Ediiorial, M¡dril, lH, pp. 25t-n5. Un ¡nili¡i¡ prccirc ca QUINTA¡{ILLAMA.:'I¡ vc¡qinilitud dc l¡s tcrrl¡¡' co Actas I Congrcm de Tola y tladologlo dc las cícrúbs, cd. Pcnt¡[¡, Ovblo, lS2.

(11)

4fF

'

l¡ l.óde qü dn ¡cr Fog,l¡lronlc deodlr' no'clrlocsh¡ do dgniftc¡do¡ l¡¡ tcorla¡

dcoüf¡ca$ con cl on¡¡g¡lenro pcügo qr¡o dctcct¡ Súrr¡rtz. do owerdr a l¡ cienci¡

cn rm d&cuno crfüo p+ rnár} tag f¡bda{gfi lai fsnl$ry; las tcorla¡ oon musrtc tcmpnnf (¿lrabrh qr¡c olocar .qrf h TC?I', &c A¡l quc el mr¡n& ffdco G¡ Gn Poppgr cl linitador dc lar htpótcs¡r, poqgrrc tstt quo no todar la¡ mutadonos Eon ompctUtcs oo cl mcd¡o, tampoco todar lrr tcorfu ron ornpaüblcs oon cl muldo de lc estadoo flsicu.

Además de la lectura de Kuhn, L¿katos..., caben dos lecturas aún:

(a) Una quc ca la lcctura positivista y guc nos parcoe cs la habitud. La refutación provienc dc los hechc.Ú

(b) Ciertamente @emos entender otra lec{uraró Como lm hcchoo ya están cargados de teorfa, esos hechos están disct¡¡idm en el Mundo 3, Por lo que se requiere lo que podrfamos llamar tl sentido racional, scnsato', al que apcla Poppcr.

Aquf apare(t cn todo su esplendor el 'hombre' dc la Sociedad Abicrta, creador y correlato dcl mundo M3, en donde sc van ao¡mulando -mediante hipótesis, conieturaq refutacioncs...-, los resultados de la actiüdad humana Si no fuera por cs€ Mundo 3 la libertad humana no tendrfa sentido (lo que, por otra parte, ocurre en algunas filosoffas cxistencialista$ orya libcrtad queda vacfa cn sus resultados objetircs). Dc ahl que eso6 criterios de "insensatez" o "irrcsponsabilidad" queden perfectamente jrstificzdm cn el pensamiento popperiano.

Pero en el mundo de la ciencia prevalecc el criterio (a), y aquf no estamos tratando mnto de lo quc dicc Popper, cpmo dc la recepciÓn dc Popper, que,

t'Cfr. eo AA.VV.:Si¡ttpsb dc Bwgos. Ertsop dc lilosolla dc la cie¡siaEn tqno o la oba dc Karl Poppct, cd. Tccnoc, Mdri{ 1910, p.23E.

't ¿H¡brf¡ qrrc recorder dc l¡ TC sólo su bcllcz¡, s¡¡s sinctrf¡s, &c.? 'Aunqtrc lm8 Ducvt ¡corb iuf3t un¡ mucrtc tcmpran¡ (como l¡ dc Bohr, Kr¡¡ocrs y Slatcr), no dcbc scr olvidada. Má¡ bicn, dcb- rccordarrc su bclhz¡ y l¡ bi¡torir dcbc regiltrtr nlEslra graútud btcit clb, por lcgrrnc bcchc crpcrirucotrb¡ ¡rrcvc y quirl¡ todrr'l¡ m crpli:rdc, y cor cüo6, ats(É probhnest ¡¡l couo por lc rrrviir:r q¡¡ b prcrrrdo d pq¡rn ü b c¡.üit dr¡r¡¡¡c ¡¡¡ crita¡ rünqtrc brcr'c vib'. Cotrictwet y...

op.cit. p.25.

tt Cfr. v. gr., AYERJ.:EI pdtivisno lóglco, F.C.E. Mé¡ico, lqn.

r'Uo¡ e¡ l¡ ofrccid¡ por l. Merthcz q¡E ¡ nolotrú DC pltccc nuy lciane d cotclto poppcdroO y ¡c p.rscc orho nl¡ cc¡cr dc prú|cofdcer fcomcodógic¡l' coo b rntntrt ct pdoguila &l libro, CEREZTO: 'Er procinmtc rqrd do& rGúb le gt¡¡ ab¡¡f¿¡ dc Poppcr y dmdc rc dc¡nz¡

¡ vcr l¡ figun tl¡i:a qrr rcFerot¡ ca lr hi¡tci¡ dc l¡ cÉ¡tcodogb. U¡ rrio¡lisno rio cvilcocies y dn prcnb¡ inpbcit¡$ crlo cr, bre & ¡rry¡¡cnc¡ y praci¡.@¡G pr cllo crrgdo dc coitunq qrr h¡n & er FErü a prucba r crd¡ idlolc...'.

(12)

habitualmente, positivista. Vay mos ahora sacando consecuencias:

( 1 ) El criterio falsacionísta, tras la crítica a la wrosimilifrd* se apoya cada 'vez más en un híbrido evidencia-racionalidad -en posible paralelo científico al criterio

del "sentido común" de Moore

-

expresable como: "no hay que hacer hipótesis extravagantes", que, me parece, es una de las razones del txito popperiano.

Como nuestro tema es la acogida por parte del positivismo de la TC, podemos sacar una consecuencia: la

TC

no pertenece a ese niodo de entender la sensatez. la I-eqponsabilidad científica.

( 2 ) Nos interesa contemplar el criterio de fal.ución de Popper ahora no como un simple expediente metodológico, sino como

un modo

de conexión ontológica entre los mundos 1 (y eventualmente el 2) con el 3.

Es

así como podemos utilizar el concepto de falsación en un sentido ~rrnolrigico como afirma expresamente ~ o p ~ e r . "

c.('ónio xc conectan los niundos 1 y 3 en la

'T<'?

Así se lanza una carga de profundidad contra la ?Y' desde el falsacionismo ontológico. la 'T'C no es falsahle o. por mejor rlecir, no prohibe construir ningún tipo de máqiiina o artilugio. Al contrario: lcr 7Y' es una rvoriu comptible con cuulquier c.o.w. con c.uulquiur entidud de culquier mundo. Asi formulada me parece que la

, crítica desde la recepción pasitivista del falsacionismo es de un gran interé\ por cuanto oklipa a eFitar la e\peculaci6n a que \e tiende tan natural como gratuitamente.

(3) Pero hay algo m&\. fiI teorecismo de Yoppr implica que no xe parte de los hechos observados sino de teorías'' anteriores. Además, Popper defiende una rcoría dcl conocimiento evoliic,ionista-darwinirta, de este tipo. "cualquier teoría e\ una modificación de una teoríd precederite. La modificación tiene conexiones con la ohervación o con otro', sucesos; habitualmente es!á en relación can cqpcranzah ilcfraudada\ o no defraudadas"." ) 3 h t ü h pruebas. con \ u conjeturas y su\ rei~itaciones,

1 ' 1 ' ' U 1 1 r 1 I O . A - . d ~ r I , i r l . p ' $ ( i , r n < > hc rno\tr.cdo cri 01-1i p ; i c , [ < d a Icy natural ;,ucJc cxprcurw: t o n lo afirmacic)n dc quc tul i.o\u / u ) p i r d t , i w i r r r r r . c \

Jccii. por una fraw cn forma d<. rclriin: 'Nd, sc pucJc i<%cr agua con un tcdtj". For c)cmpio. la Icy de la ccm.wrvac.i~m de Io cacrgía pucxic scr c x p r c . ~ ~ d a p ) r - N o sc pwdc c o n ~ r u i r una mbquina de movimicnlo ctwitinuo*; y h dc la cntropia, pcu: -No se pueck rtmstruir una d q u i n a c l L / cn un ciento p<)r ciento-. Esta manera ck: formular b s lcycs ~ t u r a k s dcshcii 91s c t m ~ u c n c i a ~ t e c n o l ( ~ k a s y pucdc.

IW )r 11 b tanto, 1lama.w la * \ ( K I ? I U :rc-n<dó~i(-u* dc ura Icy nol,lrul'.

I R

P(J!'I')-:R,K ( ' / > I U L I - J ~ J C ~ ! O ohlrtrw). d Tecnc- Madrid, 1 WZ. p 238 'Por ctmupubcnic. dfirrno qw no p r t i m c n de ~ h c r v a c i c m c ~ *..no ucmprc dc poidemu\ .m dc prthlcma\ prattircn o dc unu rccwtu

~ I I Y trn< trcnrru cri dr:ri-utrurfuc"

(13)

ñl que funcionan ig¡sl en dend¡ qw Gn l¡ sclccdón natural, ticncn una oonsccr¡cncia en verdad inrcrcsantfsi¡,na. En cl tcncno dc la dcnd¡, al contrarlo $¡o en la arolt¡ción - Popper siguc ls tesis dc la continua ramificadón dcl árbol oolutivo, l¡ tcsi¡ de gndr¡alismr> sG ,w pcrfilando um (nla Unca, quedando las torfas refutadas cüninedas o ahcrmiadas copo un, rcsidug o lastrc:

t

Suponicndo la misrn¡ dirccción del ticmpo habrcmc dc represcn¡ar cl ' ; árbol del onocimlenlo Gomo sr¡rgiendo de lncontables rafoes guc crcocn cn i : ,, : €l'aire, más bien quc:bajo tierra y qua finalmentc, ücnden a unirsc en un tronoo común. En-otras palabras, la estructura evolucionista del desarrollo del conocimiento puro cs casi la opucsta a la del árbol dc la evolución de los ongnismoe üvoq los instrumcntc humanos o cl onocimicnto aplicadb".D

Así pues. esa liberrad se ve constreñida por las teorfas 'unificadoras". que van consiguiendo superar a los enunciados singulares que pretenden falsarlas. Y. si nos atenem(x a los ejemplos que utiliza Pop,per habitualmente, es¡l línea queda perfeaamente aclarada: Anaximandro, Képler, Galileo. Newtorl Faraday, Ma¡well, Einstein...2t

' Y entonces, úno es cierto que la TC sc ha decantado por una línea que, cuntinuando la metáfora biologista sería un monslruo a extinguir?

a f '

Mas: ino es la TC una teoría matemática? üPor qué habría de caer bajo los propios postulados poppcriüoe? iQuién ha convenido a la TC en una teorfa ffsica verificable, falsable o corroborable? Solo bajo este supuesto, la TC @ría cae bajo el criterio tle la falsación. Veamm cómo han concretad<¡ diferentcs autores sus 'ríticas dentro del marco de esta filosnfía de la ciencia. Esta recepción crltica y descalificadora de la TC sc ha dado en llamar la controtryrsia de la TC.D

É N)pPER,K.:Loruximiento..., op. cit., p. 242. Crntinúa un F,EO más abafr: 'El

crccimicn¡o intcgrador dcl árbd dcl ccnaimicnt¡l r crplica grrias ¡ ornlro t$itivo dc aprorimriór¡ ¡ la vcrd¡d.

junto cm cl bocbo dc qrr ¡tE6¡n curioeil¡{ aucútr! pcsifu & crplicar mcdbnlc le¡xl¡s unific¡d¡s, cs univcrs¡l c ilim¡t¡d¡'.

¡t Cfr., v. gr.. Cotricltttos..., gp. c¡t., g.269

o AC sc titrü cl ¡rtfc¡¡to dc GUCKENHE¡MERJ.:'Tbc (-atrsptropüc cmttoversy', Math.

Intetligcrca, l, lyrE, pp. l5-I. GAnDNE&M.:Lo Cicmia. Io h¿erut, lo ttulo y lo laln, Ali¡nz¡

Editmi¿[ M¡drid, lflIl, pp. W-579, oa ¡dvicrtc dc cóoo rc i¡ició csl, cootrovcni¡. Eo cl afur dc lqrs.

b BBC dc l.¡ndrcs cn $t prqltemt Huimn pralrmó l¡ TC cr¡oo l¡tr gt¡D rvtDcc cicntlficrl. Más tandc.

cl Ncw Scicní ¡numó l¡ tccf¡ c(n uD¡ portade tnrulcob. E¡ bst¡da Unidc sc iotroduio prr rnr:dio

(14)

la crítica de Guckenheimer se ha hecho clásica y entendemos que

está

construida

según

el esquema que

acabamos

de realuar: hay dos cuestiones a dilucidar en la TC. La primera, que es incuestionable y

se

admite sia reservas, tiene que ver con la teoría de las singularidades de funciones reales suaves y su generalizad611 (en

Arnold). La segunda, las aplicaciones de la TC, sobre todo en manos de Zeeman, son extrapolaciones de las técnicas matemtiticas a campos totalmente extrahos

y

de forma vaga, inexacta y negligente,

i.e.,

la hace compatible con cualquier entidad.

!:.fi,!,M.

La

crítica de Kac apunta incluso

a la

"irresponsabilidad" y "deshonestidad"

en la aplicación de la TC a las ciencias socides?' Kac hace su crítica en términos popperianos que hemos llamado del "sentido común del cientifico":

Los

modelos propuestos por los catastrofistas son extravagantes, poco razonables e irresponsables.

Me parece, por otra parte, que Kac se ve sorprendido por algo que no ocurría desde Newton

y

Leihniz, (si exceptuamos quizá un intento con el que

se

pone en relación,

a

veces, la

TC:

la Cibernética) y es el papel central, coino Idca. que toman

la.

matemática\ en la reflexión filosófica. acostumbrados como estamos

a

su acogida puramente axiomhtica-formal. No parece que se dé cuenta de que. por primera vez en siglos. las matemáticas" han incidido en un replanteamiento de

las Ideas

que venían

dc un artículo dc un priodisla Ch. Panati que sc c x u p dc lo pnranorni.1. ('m estos inpdicntes b sutnc c u b a echada, y cl resto queda perfcctamcntc rccolpdo cn las pnhbras quc AmoM cita dc b ncwelr dc Dor(Mhcvich:Rasskazyi & k k i : 'Creo qucrida/o que toda csia d e u , d c n c W stncilhrnenic no cs otra cciar quc una mancra dc accrcarsc a los cinnercianics', cn T ~ o r l a de COt&stro/er. op. cit.. p. 29.

Iri ccmcxi6n con cae mundo cxc~trico y -como si dc ia figura r c t h r b . CI oximwon, u

trnidw- puhlic~titrio, no dcbcriir hacernos tdviúar quc c q o csiá trumcndo con b cicncui d c d c hacc ticmpo, cn un intento dc utiliraria pro doma, suu. Incluso scm los propitn &ntlfict>ñ qukncs dckodcn Las i d a s más pcrcgrinas. V. gr.. cl fisico Ira- J. Cbron afirma sin inmutam que los ckctrtmcs son a k n t o y soporte del espíritu. Ea cl simposio cdebrado en Cordoue, lKmcmbrt & 1979, hsta un prtmu~ NdKl d c f d c el "cuerpo astral' cn sus coasidcracicmm cientííÍÍa Por no b b L r & Ls cxtrapibcicms & b mecánica cuántia en csc híbriáo coa el dstkkmo oriental, lo que H. h abr dtMnniabdo c m d o b " t d y d a cuúntka'. Cfr. THUJLLIERJ.:Zs Pbysiquc et I'inaúoaal'. Lo Rcckrche, aQ 11 1. mayo. 1%.

U RccuCrdcsc e q w i h rcíkúón quc hacía Orteep d r c Ic 'koiústica' maternátiu:'Fn tcda la historia dc Occiácntc. incluycodo b propia Grecia, no ha existido un csfucrro intcbctual ian scno y ccmiinuado como lo fuc cl cscolisricismo. S6k> podría comprram coa kI b bbor de maicmúticos y físicos dcsdE. d

(15)
(16)

.-

-

> .

.

- A

la hiz del

crittrh

do

fdsucih pueden

entendem

criticas

de

Su-

y

Zahler con mejor petápcctim. (i) Un grupo

de estas

críticas a f h m k

tesis

ontolbgica de la TC como compatible con cualquier

cosa.

Son las f.

g,

h.

i. j.

(ii) Pero existen otras teorías eltemativas, según los puntos b y k, por lo que no es necesario N siquiera

como

puente para otra

teoría

mejor. (üi) En el mejor estilo poppcriano al no quedar refutada (ni corroborada) tal y como debería de suader se@ el punto

c.

ocupa un lugar en el Mundo

3,

que es precisamente el de ser un

grafo

de los datos experimentales recogido en el punto e.

¿Es impropio o no

el

uso de este criterio? La TC en manos de Zernann se deja criticar de una manera más clara que la TC en manos de Thom. OuiA porque Zeeman arriesgue con sus hipótesis lo que no hace Thom en el sentido que pennite Popper o quizá porque incluso Zeman se encuentra dentro del "espíritu" popperiano.

Pero veremos cómo Petitot o nuestra misma interpretación rechazan

estas

conclusiones.

BAR1 KOLATAG.

Resume la crítica de Sussman, Zahler, Kac, &c. y da una clave que quiA no

sea

del todo irrelevante: Sussman recibi6 con entusiasmo la TC

pero

qued6 muy pronto defraudado con sus resultadosm. Y, sobre todo, dio un buen contra-título para la TC: "El emperador está desnudo".

Quid impresionado por la frase-propaganda de Zeeman que caracteriza la

TC como

"una revolución en matemáticas,

la

más importante desde el cálculo", trata de mostrar que esa importancia es artificial, subjetiva

y

alladida interesadamente.

Pero ¿qué significa

esta

m'tica de la utilización de términos poco comunes

m SUSSMANN,HJ.:'Oat some d-immunimtiai macbaaiunr d apptitd mathcmatics: tbc case d

CataJtropbt 'Ibcary", Lccfwes Nores Contrd Injamation Scicncc, v d . b,

1978.

BAR! KOLATA,G.:'Catastropbt Tbcory: tbe Empcror has no clotbes". Scuncc, v d . 1%, apnl, 1977, p. 350.

(17)

4tt por prtc do Thon? En cl fondo de es¡ crfdca sc cncr¡ontra el pctulado popperiano erolutivo de ta única lfnea cicntffica (y +rc hcmc dc conegir dcsdc la Dialéctica drr h Natr¡raleza). Y cntom la crtrarag¡nds lo cs como prdicra scrlo un niño gt¡c naciesc Gon una picl pigncntad¡ on c{rq¡los onoénric azulcs y verdcr Pero lc libroo dc filcofi¡, % grr dtan a Ncqrton, al cálculo infinitcslmal cr¡ando hablan dc t(ant (aunque en mucl¡c cas6 on ignorancia totd dc lo guc cllo fucro). Si la TC trara dc entcndcr de una forma disdnta la investigaeión clcntffica, o¡estionando las herramientas onccptualeg el lenguaje utilizado üpodrá extrañar la búsqueda de una nueva terminologfa? Dc ahf quc Thom cite con tanta asiduidad la cpntroversia Geoffroi Saint Hilaire / Cuvier, como cjemplo dc lo quc cn términos popperianos sc

llamarla una refutación por parte de Cuvier de la hipótcsis de St. Hilairerr, pero que simplemente consiguió conducir la investigación científica por un camino que hoy está llegando a sus límites por la vía de la genética olvidando o arrincpnando las ínvestigaciones sobre las morfologías.

SMALF.S.

Smalet2 sc mantiene en la línea de Guckenheimer, aprobando el desarrollo que en ta TC se hacc de las categorías de transvvrslidad y la teoría de las singularidades, pero cuestionando fuertemente la aplicación que hace 7*eman de la TC y el abuso de la utilización de la catástrofe cuspide.l¿s críticas de Smale, desde

t' V. gt., en Mcl, pp. }0-35; cn P¡,C, p. l,l0; Scmbllsico, pp. l2l y ss. Thom sc rcmitc I un tcno dc Gotbc ea cl qrc se formul¡ cbr¡ocolc cl pntodc bifu¡c¿ciór¡ qrc cD cs{6 momentos sc cslá prcpartrrrdo cn h invcsigecióo ocnúf¡c¡ cuya importaocia srpcra ¡ la mismlsim¡ Rcvolrrión dc iüo dc ltl30.'.Qué lntosa ustcd dc estc gfEn succso? <¡cl¿mó ¡l vcrnc-. H¡ sobrcvenido h erupcióo dcl vdcán. iEstá todo ardicndo, y ya no * trtt¡ dc un" rcsióo r prErtr¡ ccrrad¡s!'

.iUna ¡crriblc hisrcri¡! rcpliqué-. Pero cn l¡s circunstancias dc Francia, y coo un miniserio scmcjanic. sólo @la acabar ccn cl dc$i€rto dc la f¡mili¡ rcal'.

.Parccc quc no nrx cntcndcmos, qucrido -rcplicó (irttt¡c-. No hahlo dc csas gcntes; sc trata dc crxas compbtamentc distint¡¡. Mc rcf'¡cro a la l¡rch¡ cntrc Cuvicr y Gcoffroy dc Saint-Hilairc, ran intcrcs¡nlc para la cicrcL, y gtr h¡ cl¡llado públicamcntc tnte h Acrdcmia'...

.Ahü¡ h¡ eotrdo tr¡birá¡ dccidil,¡mcnte a ot¡csuo lado Gcoffroy dc Sa¡¡t-Hil¡ire, coo todc $¡s dircfpr¡¡c y partitrria fnrescs Fstc rmtccimicnto ticoc para mf u¡ v¡lo¡ i'r"lcrüblc, y sm r¡zóo rccibo cm jfüilo b vbdb fül dc uar crulrr a la qrr bc cms¡g¡do l¡ vi¡la, y q¡tc es profundamcnlc ml¡>'. BC'KERMANNJ.?.:Cotntcrsciotus cottGcllv enbs üt't¡ps oñr,s dc suvida,vd.

3, cd. Cblpc, col. Poputrt,19ú, pp. 3l{-31ó. S¡ bico frrc cm¡r¡clo p¡t¡ Gcl}rc, l¡ lfn¡¡ & Crcoffroy qucdó prooto rrrirodr, y pcdió todo nr crúdito cm el dc¡¡rrollo dc lt gpnética ¡ncndclhn¡ basa lhgar a h foror¡l¡cih dcl ADN por Crid y Watsm. Y al dcsprcstigi¡rrc la tcorl¡ sc elini¡an t¿mbién loo bng¡¡tir.s quc la dcrritcn.

r SUAUES.:'BmLs Rcvicws', Bullainol tlu Arrtriean Motlrcnutical Suicty, Vt¡lumc ll4, Number ó, Noeobcr, l9lt, pp. 13ó0-f3ót.

(18)

un punto de vista técnico, sin embargo, son de interés, porque fijan algunos límites que la teoría ha de pulir:

(i) Comienza indicando una carencia: Thom no especifica las matemáticas de la teoría de las catástrofes generalizada, lo que empobrece, evidentemente la teoría.

(ii) En segundo lugar, pone de relieve los limites de los sistemas de gradiente de la

TC

elemental, lo que la asemeja más a los sistemas estáticos que a los dinámicos.

(iii) Smale observa que hay

un

desplazamiento del uso de los parámetros relativos al espacio-tiempo,

R ~ ,

a parámetros de control en general.

Lo

que le lleva a criticar -en el mismo sentido que Sussmann y Zahler-, los modelos propuestos por Zeeman.

(iv) Critica, también, el énfasis puesto en las matemáticas para la comprensión del mundo: lo que él llama "egocentrismo matemático".

Smale, nos parece, qusiera ver utilizada la teoría de singularidades, la transversalidad, la teoría de las bifurcaciones

...,

de una forma más clásica, o, en todo caso, aplicadas "directamente" a los fenómenos: "La TC -escribe- es "sistemática" como un cierto estudio de singularidades, pero no como un estudio de fenómenos disc~ntinuos~'.~~

CROLL,

J.

La

crítica que reseñamos ahora se encuadra más en una posición verificacionista que propiamente popperiana. El Dr. James Croll detecta una contradicción en una entrevista con Thom: Por una parte, antes de que tengamos una ley fundamental o modelo teórico cuantitativo, la TC no puede contribuir mucho a la ciencia; por otra, la

TC

se utiliza para la comprensión de fenómenos cualitativamente como en las ciencias sociales, donde no se suelen utilizar leyes fundamentales?

Además, mediante algunos ejemplos, muestra que para usar el formalismo catastrofista, entre otras cosas se requeriría partir de datos de extrema precisión, cuantificables, con lo que se caería a su vez en círculo o, como en el caso de las ciencias "blandas", donde estos datos son imprecisos, sería muy peligroso a la par que prácticarnnte imposible aislar los parámetros.

Incluso Croll va mucho más lejos del positivismo en su crítica, pues vería

33 Ibidem, p. 1367.

(19)

4 t 3 en la tC, un instrumento 'ídeológico"'dc dominación: "cl método cientffica podrfa , utilizarse simptcmente p&ra refleiar figuras ideológicas del mundo en que ntnotn s : üü¡nos con el fin de.jrstificar rnás que interpretar el orden social"n. [a respuesta

quc Thom publica en el mismo lug¡r no hact referencia a csta última cucstión, sino

que (kfiende su postura a partir de una TC, que pretende scr un modelo ctttditativo analogicode interpretación dcl mundo.'l'hom pide una crftica dentro del terreno desdc

el quq qstá co¡ce-bida su teorfa Esto es lo gue consigue nuestro próximo crfticp.

BUNGE,M.

L-a reacción positivista en Bunger ha sido muy certera. lntrotluce un criterio rle cientificidad mucho más laro que el positivista estándar. pues incorpora nada mencls (lue rJiez notas tomadas de distintos terrenos: uno que pr(rcede dcl paradigma kuhneano: el sistema internacional cle las comunidades científicas v otras orga4izaciones internacionales: corr:gido. sin embargo. por una ética comprometicla con la verdacl, y no con la utilidad. Una ontología de entes materiales que cambian conformc a leyes. tina filosofía general. Un coniunto de teorías científicas v de récnicas lógicas v matemáticas, así como sus camhios (óhistoria? i.falsación?). LIna problematica cientifica. Sistemat'ización tle las teorías. tlna metodología estandarizada.

No tcxlos los saheres puetlen reuntr todas las condiciones. por lo qt¡e sc estahlece una jerarquía entre ciencias cabales. scmiciencias. ciencia eme rg,cnte y pseudtriencias.

r,Dónde sc encuadra¡ála T'C? Es de interés conocer el lugar dontle queda a g r u p a d a l a t e o r i a e n c u e s t i ó n . p u e s e l l o n o s in t t i c a r á e l c r i t e r i o tl e s c l e c c i ó n q u e utiliz¡r Bunge. FJ gru¡l e;'- el siguierite:

l:r astrología, la cosmología creacionista. la futuroiogía. la teoría cuántica general rJe la medicióñ. l<x; modelos CIe sistemas generales. . teorías irrioltigicas ridiculizadas por Andreski. grafología. sincronías tle Jung ( : r d o p t a d a ¡ x r r P a u l i ) .

I : l o l l a t o d c B r r n g ( ' ¿ - ' s m u y I ' i n o r ' h a s ¿ t l l i c l < l t ' o l o c : t r ¿ r l¿ t l ( c r l t t l l t i g ¿ r r

t' I bulent. p. ó12.

* BtrN(;t.:M..Seultx'tencw e uledollio, Al¡¿rlzq F¡litr¡rul, Ma<Jrid. t(l{5 y -r.i

irmo dt'rcnmax-arar falvr. cientific¡x?'. (tutdcr¡ux lel i¡iute ne 15. Scp(Xt., l(It2. pp.52+t¡. Qrr [funf¿c ¡trtcncrca a h c¡¡nstclación pnitivista y F)pfi{ir¡ana prrcce d¡flcil dc cl¡dir Bun¡¡e trganizil un f't'tchrtl cn hr¡nor dc Pop¡rr c¡Jiradr; cn l()64: 'lhc (rttical App,nch: t.ssays in Ho¡ur o{ Korl Pr>ppcr l--n un¿ magistral u n t r c v r s l ¿ re a l i z a c l ¿ f x ) r A . l r l l ) , \ 1 . . ( ; ( ) f t : Ñ ( ) N c ¡ ( uor!¿rryts d e l N t > ¡ t e , n ! 1 1 . ¡ ¡ ¿ v n ' ¡ u n i t r . 1 t ) 1 l 2 . p p . () v ss. ['.n un iucgo muv .;urrl cl cntrclistad¡rr rtxrnducc sus arÍ¿umcnt(ñ c()m() i Bt ngc t-L.'fc¡i¿¡'r.' ¡, fi!mrfía lXaléctica pcro al rrcgarkx y matizarkn, aflarcccn trxl<x sus resahitx ¡rrwtivisras.

(20)

T h o m , e n ~ e r ~ r w , e l t d c h r i u r t i ~ r i n o ~ I r l i e m p í e s e ~ t o y , .

.- -

-

ni

e 1 4

sú intcrrdO~dad,.conm~

: * L . ?

- < , !

2 . s - i r u . E s ~ ) w o & n u q u c ~ l 8 8 t & n i ~ p i s a d r r * presentes de adivinar e: futuro se basan en el siguiente principio: se estudia localmente una catástrofe eneralizada (marcas de

café,

líneas d t la mano, cartas echadas, formas " e un

de pollo)

y,

en virtud de un isomorfiimo

apro iado,

se asocia morfología de

esa catástrofe

a las preocu@oncm, a& difiewtaderi de la persona

que

consulta En

la

medida en que la dinámica de la morfo@oesir y la diaPmica

ue

rige lar

9

situaciones humanas presentan accidentes isomorfos, el m todo no es absurdo y un a '¡vino bien dotado puede ciertamente lle

as

a veces a

d

intuiciones válidas. Evidentemente codificar

ese

isorno ismo de una manera definitiva sería dar en el pensamientc delirante mejor caracterizado"."

Bien es cierto que Bunge podría contraargumentar que, aun

así,

la TC no consigue establecer un formalismo que le evite su "aire de familia" con el resto de pseudociencia., lo que nos ohlib~

e

entrar en otro campo de discusión, gnoseológico, que trataremos de desarrollar en la próxima .sección.

Resumiendo. Como podemos comprobar tras el repaso de los crlticos de la TC se encuentran en ellos tres cuestiones que pertenecen a la filosofía de la ciencia de Popper:

( a )

Una teorí; de la Analogía que no estan'a acogida por el criterio del

"buen sentido"

ci~ltífico y \e

acercaría peligrosamente a pseudociencias como

Iris rmrncWs en

general.

(b) Se

separa

de

la línea evolutiva4entífica. Para que realmente fuese una teoría competente tendría que refutar la Mecánica Cuántica y la Relatividad?

(c) SU

ontologfa

es

compatible con cualquier situación o proceso.

THOM,R.:SSyM, pp. 333-334 (p. 337)

Y Aquí permite esta crítica cuando dicc que I.TC hr fracasdo en física porque no da cuenta

& Ls t r a m ~ i o n s cuánricos. Cfr. ca ~ i 6 h t L Z PIN,V.:'Fl trabap bumano' ca Cluws, p. 73.

(21)

415

: : : ' . t

;,. ,', ,.,beúb ,.

i.,, . .,, .,',Fdldpñ¡h l¡ü$üad,T"q"4 no sólo dcndfica sino unbién filcóficq ds t¡ TG cn el scntb mcoudo en cl ! l.l¿ digniOa¿ que queda oct¡lu por l¡

: beligprarb dcl cenm ceblemdódo quc imponcn cl psüivkno y em¡irino lógicos, así como el come¡riorulkttp y el pagnuisttp. Dcjamos para momentos posteriores lc problcrnas cpisternológicoü, y nos oDncentramo$ en las o¡cstiones ontológicas. l.¿s ontologfas pos¡tivista$ cn el ,qretau,tratan de alcanzar las condiciones de referencia de los disn¡rsos tcóticoq v. gr., los enuncMos protmolares, &c. ('ser es ser el valor de una variable" segun Quinet¡ por lo que en buena medida estas ontologías se ocupan de o¡esüoncs scmánticas y de ahf que el trasunto de su epistemología sca el de cnontrar la mancra más cficicnte de relacionar los enunciados teóricos con los obscrvacionalcso

Pero ésta no es l¡'Írnica'oniologfa que podemos utilizar. Por ejemplo, y sin ' salirnc de dhtologlas de cuño scmántióo, podemos recordar la máxima ontológica "ser es presentar un scntido a la conciencia{r, scntencia que sería adecuada para cztificar la ontología fenomcnológica y que recupera el "sentido" del mundo. frente a las onologfes qrrc srponcn que lss cosas (lo real) no hablan. ¿Qué crircrim requeriríamos para elegii:'entrc una y otra? Ensayemc el que ofrecc el método filosófico. El regresus de lz Fenomenologia (husscrliana) z.l preguntarse por el serdel-mundo, se tropieza on las fucntcs de esc sujeto fenomcnol@co que-es-en+l-mundo. Entonccs, el proyáofcrrcmenol@co sc welve hacia la cnnstrucción de una lógica trascendental que ercluyc:

(i) l-a suposición de un mundo abeoluto. un substrato de verdades absolutas.

evidentcs de por sí.

(ii) Peru, a la vea el escepicismo y el relativismo.

t OUtl¡EWo.:htdc an putto de viao ló¡ün,d. Aricl, Btrcclma, l%2. g.42.

'HID¡I.GO

nlÑÓX¡-: Gtn*oloSlo dc les cicrias....op.cit., p¡r. 42ó v ss.

t' {:fr- v.ú, DESCOMBF^S,V,I, nistrro y b otro, cd. (I¡cdra, M.drid, 199. p. l$.

(22)

...

I

Onrdolpim Rcgiodes L6gica CUALITATIVA del CONCEPTO

t., i.4- . , . . : ' . - , A ' .'.L.

.

,

.

, . . *

La tarea habrá de ser alcanzar el su jeto fenomenológico trascendent~l.~ Pero este es un proyecto muy abierto y ha dado lugar a múltiples comentes (según

1

,

* O ..$'

.. & .

' h

expusimos en el S

1.1.2.).

Aquí vamos a seguir el libro de S.ORTlZ de URBINA~

.

.

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* - S,. , ^

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. 4 4

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I D E N ~ ~ C A Q ~ N

.' . A ' : : . .

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I .

[ ' p r r D r p i a t ...

. , I I Teab del CON~>RNO APARENTE

como hilo coriductor para fijar los temas genuinamente husserlianos, a modo de tronco que soporta conceptos e ideas de especial relieve, y del que salen ramas que vendrían a ser

las manifestaciones que de ellos hace Petitot" (Ilustr. 4.1).

Será así más fácil para el husserliano "ortodoxo" (si es que esta frase tiene algún sentido) rechazar la interpretación en curso pero

quizá

pueda dejar entrever nuevas interpretaciones, tras ei largo predominio del estructuralismo.

O

4.2.1.

Lógica

Trasccadcatal

El

proyecto fenomenológico está vinculado a los problemas que plantean las

SÁNCHEZ ORTIZ DE URBINA,R.:L~ f e t ~ ~ e i o de la &, d. Pcntaiía, Ovitdo, IW.

U L o a t c x t o b u i l a r q u t s c d i t n ~ r h s cmcshna fea-S scm: PETITOTJ.:

Stnicniralismc el phbaacdogk: b tbcoric &S caúrsuopbcs t t b part maudite dc la raisonw en Loqos ei t M e des wrostropks, oprit. PETíiWi'J.:'A hguna do contorno: Ttoris das Cstástrdes c Fcwmedqh' en A n ú k , vd. 1, nQ 1, GEC P u b b p c s , Lisboa, 19434. P ETlT0T,J.:MdtphoscnC~~ du

m, P.U.F, Puis, 1985. (Ea b siiEe9vo lo cid*rcmos m a b t e hs siglas MS).

(23)

4r7 Ciq$q ryn su Auto@üró,n. Hus¡grl rech¿za la prgtcndida autocapacidad

de las ciencias para dar cucnta de cllas mismas

1,,,: Par¿ haqgr esto pgsible -y si prctcndemc evitar su fqdlmcntación en el i_rryq|onal- . hay , quc apelar I la dimcnsión truxendental, csto c$ a la ümensión filqsóJica (que q vecc$ se oqr¡lta bajo el ropaic de filosoff¿ cientffica).

Esto permite difcrenciar en Hr¡sserl lo que llamaremc categorlas que

, conccp¡¡{i4g a los conceptos cientfficos, e (?as, a los ooncpptos filosó[email protected] Ahora

bien, categorías e ideas forman un entramado muy complejo, y analfticamente muy diflcil de establectr.s óA qué sc refiere Husscrl en su crítica a la ciencia? óA las categorías científicas? ¿A las i¡terpretaciones pcitivistas y/o naturalistas de estas verdad¿s crentíficas?'? Nosotros lo argumentamos asf:

(a) Si se refiere a las categorías científicas, el paso al irracio¡utismo es inmediato.

(b) Si se refiere a las ¡nterpretaciones, entonces hay que tener en cuenta: si el naturalismo y el objetivismo son consustanciales a la ciencia.

:,: ; (b,) En caso afirmativo, la crítica a la ciencia coincide con la crítica al pgr1itivismo, lo que nos conduce a la descalificación y la negación misma de la ciencia a través del positivismo.

't Cfr. ORTEGA y GASSETJ.;ldcas y creclias,od. Espasa (¿lpc, M¿drid, l5E. Ortega disinguc 'ldca.r'y 'Crccncias'. l.¿s ldc¿s scrh¡ lu pcnsomientos ittstrc¡olcs, térmi¡o quc designa: 'todo

aqrcllo quc cn nucslra vkla aparecc comó rcs¡rltado dc nuestra rrupación intelectual ... las teorhs. al¡n las más verídic¡*. sólo cústcn mienlras scn pcnsadas: dc aquí que ncccsilcn *r formuladas'(p.31).

l¿s Creenci¿l por xürc las lde¡s. scrán pcnsamien¡c es¡tiolcs prrcsto quc 'no arritramm a :ellas por un'aóto particrür dc ;rc'nsar, oo son, en sum!, pcnsambnrtx quc lcnemoq no son ocurrenci¡s siquicra... razonamicntos ... prccisenuntc porgt¡c !0o crccoeiEs radicaltsim¿r ¡c confundcn püra nosotros coo la realidatl mlsnE -s{)o nucstro mundo y oucstro scr- .-. ' (pp. 18-1,9).

I t¿s crccncias, sin crrbargq prcdcn modif¡carsc taoto por ncd¡¿ciór¡ ¡lc l¿s catcjcrla.s (v. gr., la -crccncia' bclitrénrrica, en su momenl() fuc un¡ catc1orf¿ quc inci<üó x*rrc la 'crccncia- gccréntrica).

com() prlr mcdiación dc las ltlc¿s (v. gr., las idqs dc 'libcrtad', 'it{uaHad' r 'fratcrnidad' tras la Rcvolución Franccsa), prr ltl quc lcx, xila¡umientos colrc unás y ({rüs sc baccn muy complcjtn- Aquí rcstringimrx ü cuesrión a las rclaciores ldcas-Cbtcgmlas, cn el scatirlo K¡nliano, ie., l¿ rclación entrc loc cooccpos de las cie¡rci¿s (categcrlasl y los conccptc rcgulativm dc la vid¡ indivi<Jr¡al y xrial alcanzadtx ¡ través dcl razooamiento (ldcos).

t (}¡o lanto ocurre c ,o lc¡r tcrminc Histuio e histuia quc prdicran rcrwirnos dc analogadoe, si no frcra porquc ntx coafu¡,.licsc aún más. i(lóc¡o difcrcnciar l¿s ¡¿s gcstae dcla histo¡ia rcrum gestarunr?

üCómo distinguir los a ¡ntecimicotoe. dc b hbtoriE cmtala? Un dcrurncnto cscrito, unas ruinas dcscntcrradas.-., (hs rcliquias), iqué sm f¡¡cra dcl tcxto gtrc la: crplicita?

" 'tá crítica dc Hus.-:rl csc ürigc contr¿ las vcrd¡dcs cbn¡ffr¡s (en cuantrr cncubridJúa-s y transform¡doras dcl ego librc) o cootra las intcrpre'lciocs pritivistas y naturalisas dc las verd¿des cicntffrcas?' sc prcgunta G.BUENO en cl 'Prólogo'

¡ S.ORTIZ dc URBINA, op. cit., p.lO.

Referencias

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