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PROGRAMA No NEHEMÍAS. Cap. 3:5-26

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PROGRAMA No. 0555

NEHEMÍAS

Cap. 3:5 - 26

En nuestro programa anterior, comenzamos un recorrido a través de las puertas de los muros de Jerusalén que se relata en el capítulo 3 del libro de Nehemías. Dijimos que había diez de esas puertas. Comenzamos la vez anterior con la puerta de las Ovejas; esta

puerta de las Ovejas dijimos, habla de la cruz de Cristo, y allí es donde debemos comenzar

con Dios. Tenemos que ir a ese lugar, El nos encuentra en la cruz. Ese es el único lugar donde Dios puede reunirse con el mundo. El Señor Jesucristo lo expresó con toda claridad cuando dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. De modo que, usted, amigo oyente, debe ir a la puerta de las Ovejas, a la cruz de Cristo. Cuando usted lo recibe y lo acepta como su Salvador, Él quiere hablarle acerca de algunas otras cosas; y es así como llegamos entonces, a la puerta del Pescado. Y allí Él nos dice: “Quiero decirte que debes seguirme y quiero convertirte en pescador de hombres. Ahora, hay diferentes maneras por medio de las cuales uno puede llegar a ser pescador de hombres, como hemos indicado ya en nuestro programa anterior.

Y luego en el versículo 4, se menciona una lista de varias personas. Es algo maravilloso que los nombres de estas personas, se encuentren aquí, registrados en el Libro de la Vida. No vamos a entrar a estudiar este versículo sino que queremos decir que estas son personas conocidas sólo para Dios y que ellos recibirán algún día un galardón, por la sencilla razón

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de que ayudaron a edificar el muro de Jerusalén. Notemos, entonces, ahora el versículo 5, de este capítulo 3 de Nehemías:

5

E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor. (Neh. 3:5)

Aquí tenemos una clase de personas que piensa que son demasiado importantes como para ponerse a hacer un trabajo como éste, de reedificar los muros. Quizá ellos hayan tenido alguna otra excusa, quizá no querían arruinar sus manos levantando las rocas que formaban los muros de Jerusalén. Uno se maravilla al considerar a estas personas; quizá uno pueda tener hasta un poquito de simpatía para con los grandes de los tecoítas. Ellos no querían inclinarse, no querían doblegar sus espaldas al trabajo. Hacía falta mucha fuerza para poder levantar esas rocas que eran necesarias para la edificación; y por tanto, había muchos brazos, y piernas, y espaldas doloridas por todo el esfuerzo que debía realizarse. Posiblemente no había una sola parte del cuerpo que no les doliera a esas personas.

Entonces, estos grandes personajes de mucha importancia e influencia de los tecoítas, pensaban que esto era demasiado para ellos. De cualquier manera, ellos no quisieron poner manos a la obra y abandonaron la tarea. Ellos estaban al lado de la puerta del Pescado y en ese lugar es donde uno debe ser testigo, y ellos no fueron testigos de Dios para nada. Amigo oyente, yo no sé cómo es con usted, pero no me habría gustado a mí estar en un grupo como ese. No me hubiera gustado tener que haber sido mencionado en la Palabra eterna de Dios como una persona que no hizo lo que Él me pidió que hiciera.

Tememos, amigo oyente, que en la actualidad hay muchos en la Iglesia que no están haciendo lo que Dios les ha pedido que hagan. Ellos son salvos; no estamos aquí discutiendo el

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asunto de la salvación. Y esperamos que usted se dé cuenta clara de esto. Reconocemos que son salvos, pero ellos no están haciendo absolutamente nada, no están sirviendo al Señor. El escritor del libro de los Proverbios, en el capítulo 11, versículo 26 dice: Al que acapara el grano,

el pueblo lo maldecirá; pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende. Es algo terrible

acaparar la Palabra de Dios. Amigo oyente, ¿se ha detenido usted a pensar cómo puede ser esto? Volvamos a leer detenidamente este versículo que mencionamos aquí en Proverbios: Al

que acapara el grano, el pueblo lo maldecirá; pero bendición será sobre la cabeza del que lo vende.

Se nos dice que habrá ciertas personas en la eternidad que se levantarán y los llamarán bienaventurados. Y pensamos que habrá gente que se levantará en el infierno y maldecirá a algunos que han ido al cielo porque ellos no quisieron compartir con ellos el grano, como se nos dice aquí. Hay gente de hoy que no están compartiendo, que están acaparando solamente la Palabra, el grano, ya que la Palabra de Dios es el grano que se está mencionando. Y ellos lo están acaparando, guardándolo para que aquellos que están hambrientos no la puedan obtener. El Señor Jesucristo dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Si vamos a hacer Su voluntad hoy, en alguna parte tenemos que estar activos. Quizá en un movimiento que está propagando la Palabra de Dios. Ninguno de nosotros lo puede hacer en forma individual, tenemos que tener mucha ayuda para poder hacerlo. Luego llegamos a la tercera puerta que se menciona en este capítulo 3 de Nehemías, y se nos dice aquí en el versículo 6:

6

La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos. (Neh. 3:6)

Hemos notado aquí que se menciona la puerta Vieja. Cuando uno visita la ciudad de Jerusalén y observa las puertas, quizás se pregunte ¿cuál de ellas es la puerta Vieja? porque

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todas lucen como puertas viejas. Pero esta fue llamada la puerta Vieja, y es una de las que había estado allí desde el mismo comienzo y este grupo de personas la repararon. La puerta

Vieja nos habla del hecho de que . . . Bueno, mejor sería leer Jeremías, capítulo 6, versículo 16,

donde dice: Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas

antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.

Nosotros estamos viviendo en un día en que todos estamos interesados por las cosas nuevas; tenemos que tener un automóvil último modelo; tenemos que vestir al ritmo de la moda; tenemos que poseer los utensilios más modernos en el hogar.

En cierta oportunidad, un hombre se acercó a un pastor y le dijo: “He notado que usted está usando un traje con la solapa angosta, y hoy la moda es usar una solapa ancha”. Bueno, a mí no me molesta en lo más mínimo la clase de solapa que tienen mis trajes,” dijo el pastor. Pero, para ciertas personas, eso tiene mucha diferencia porque hay muchos que están siempre vistiendo con el último grito de la moda, y siempre están buscando usar en sus hogares los últimos avances de la tecnología moderna.

Estamos viviendo en días cuando las cosas están cambiando rápida y radicalmente. Y las condiciones bajo las cuales nuestros abuelos, por ejemplo, solicitaban las manos de nuestras abuelas, han cambiado bastante y son muy diferentes a las del día de hoy, cuando los jóvenes modernos tienen que enfrentar este asunto.

Usted sabe que la moralidad está cambiando. Se habla mucho de la “nueva moralidad”, pero esto ya era viejo aun en los días de Noé. Esta búsqueda constante de algo nuevo en nuestra era, es lo que nos está llevando a sentirnos completamente frustrados. Y eso es lo que ha llevado a muchas personas a encontrarse en un callejón sin salida, sin ningún propósito en sus vidas. Y lo

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que nosotros necesitamos es lo que Jeremías nos dice: “Buscad los caminos antiguos”. En ellos hallaremos descanso para nuestras almas.

Gran cantidad de personas está corriendo de aquí para allá, a los psiquíatras, buscando esto y aquello, tratando de obtener lo más nuevo en esta cosa y en aquella otra. Y lo que en realidad necesitan es ir a Aquel quien dijo: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os

haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. (Mateo 11:28-29) Amigo oyente, ese es

el lugar donde uno lo puede encontrar verdaderamente de hoy. Necesitamos regresar al corazón humano, que hoy necesita mucho más de lo que esta era mecánica y electrónica puede ofrecer, y en la cual nos toca vivir. Necesitamos regresar a las sendas antiguas. Bien, notemos ahora lo que se nos dice aquí en el versículo 8, en la primera parte:

8a

Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; . . . (Neh. 3:8a)

Ahora, ¿le llama la atención esto como si fuera algo fuera de lo común? Ya dijimos que las rocas y las piedras que se usaban en los muros de Jerusalén eran bastante grandes y pesadas. Y aquí tenemos a los plateros. Bueno, por lo general estas personas trabajaban sentadas y con piezas de tamaño bastante pequeño. Ellos no estaban acostumbrados a trabajar con rocas grandes como éstas, y esto era algo bastante duro para los plateros. Pero ellos lo hicieron, y Dios notó su labor y lo señaló aquí. Ellos trabajaron con esas rocas grandes y pesadas, y aunque la labor era bastante ardua, bastante dura y difícil, la realizaron.

Hay personas que están haciendo verdaderos sacrificios por Dios y es muy duro para ellos. Pero Dios, amigo oyente, toma nota de todo esto. Luego notemos aquí al siguiente grupo que se menciona en este mismo versículo 8, en su segunda parte, donde dice:

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8b

junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho. (Neh. 3:8b)

Podemos decir que esta persona era un farmacéutico, y como usted ya sabe, esta gente está acostumbrada a trabajar con cosas pequeñas también. Los encontramos aquí trabajando con estas grandes y pesadas rocas. Y Dios mismo tomó nota de ello y lo menciona aquí. Es bueno poder apreciar a estas personas que se dedican realmente a la obra del Señor Jesucristo sufriendo, como lo tuvieron que hacer en esta ocasión que podemos observar.

Hay muchos Pastores y obreros que están trabajando en la obra del Señor de una forma muy consagrada, muy dedicada y algunos que hablando en forma práctica se están matando por la cantidad de trabajo que están realizando. Hay algunos que han muerto de un ataque al corazón porque han estado tan ocupados en la obra del Señor. Creemos, amigo oyente, que sería bueno que si usted tiene un Pastor como éstos, un buen Pastor que está trabajando demasiado, pues, que usted se le acerque, ponga su brazo sobre sus hombros (posiblemente esto le dé un ataque), y dígale que usted está orando por él; y que si está trabajando demasiado, que no lo siga haciendo así; porque hombres así son muy necesitados en el día de hoy y son los que llevan adelante la obra, como los que se mencionan en este versículo que hemos leído; los plateros y los farmacéuticos.

Al seguir adelante en este capítulo 3 de Nehemías, encontraremos la puerta del Valle. Pero, antes de hacer eso, creo que deberíamos notar algo más. En el día de hoy se escucha mucho hablar del movimiento de liberación de la mujer, y eso era algo que ya tenían en Jerusalén en tiempos pasados. Notemos aquí lo que dice el versículo 12:

12

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Jerusalén, él con sus hijas. (Neh. 3:12)

Podemos apreciar que estas jóvenes pertenecían al movimiento de liberación de la mujer. Ellas dijeron: “Nosotras vamos a ir a ayudar y a reedificar los muros de Jerusalén; los hombres lo están haciendo y nosotras también lo vamos a hacer.

Creemos que si una mujer quiere hacer el trabajo del hombre de hoy, pues, que lo haga. Pero lo único es que debe hacerlo hasta completarlo. Debemos decir que la libertad llegó y estas jóvenes muchachas han salido a hacer la obra de Dios. No creemos en mujeres predicadoras. Tenemos cierta alergia hacia ellas. Hemos llevado por mucho tiempo una lucha amigable con las mujeres que son predicadoras. Muchas de ellas cuando nos escriben nos dicen que están orando por nosotros, porque piensan que nuestro punto de vista es demasiado limitado, pero no pensamos que sea así.

Se cuenta de cierto predicador que en cierta ocasión se encontraba caminando por un parque con un amigo, y observó a una mujer que estaba predicando. Su amigo le dijo: “¿No es una vergüenza ver a una mujer predicando?”, a lo cual el predicador contestó: “Es una vergüenza que no haya un hombre que tome su lugar”.

Hay algunas misioneras en América del Sur, por ejemplo. Una de ellas escribió una vez diciendo: “He sido enviada a este lugar donde no hay ningún hombre que pueda predicar, y me veo obligada a hacerlo yo misma. Me pregunto si ¿estoy haciendo algo incorrecto?” Y se le escribió diciéndole: “Usted debe seguir predicando hasta que el Señor envíe a un hombre que pueda hacerlo; y oraremos para que el Señor envíe un hombre para que ocupe ese lugar”. Claro, ella debía realizar esa tarea mientras no hubiera un hombre capacitado para llevarla a cabo, y eso es lo que vemos aquí. Estas jóvenes y este hombre que aparentemente no tenía ningún hijo

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varón, están ayudando a reedificar los muros de Jerusalén y Dios tomó nota de ello y lo menciona en este pasaje. Ahora, en la primera parte del versículo 13, se nos dice:

13a

La puerta del Valle la restauró Hanún con los moradores de Zanoa;... (Neh. 3:13a)

Detengámonos aquí por un momento, y vamos a observar algo de esta puerta, la puerta del

Valle. Esa es la puerta que permitía la salida de la gente que estaba en Jerusalén hacia abajo,

hacia el valle. Y podría haber estado en cualquier lado de la ciudad, porque es necesario descender al valle para salir de Jerusalén. Y esa es la puerta a través de la cual muchos de nosotros somos llamados a salir. Pensamos en el valle de sombra de muerte, y creemos que todos estamos caminando en esa dirección. Eso es lo que David quiso decir.

En nuestra vida, es como si nosotros estuviéramos caminando por un angosto callejón cada vez más angosto, hasta que, si el Señor no viene antes, uno debe pasar a través de esa puerta del

Valle. Pero también tiene su lado práctico. Es la puerta de la humildad. Dios muchas veces

nos tiene que guiar por medio de problemas y dificultades para que podamos aprender alguna lección. Se nos dice que la fe desarrolla en nosotros diferentes virtudes y una de ellas es la humildad de corazón. Cuando el apóstol Pablo les escribió a los Colosenses les dijo que deberían vestirse como escogidos de Dios; de humildad, de mansedumbre. Esto es algo que uno no puede cultivar, no se lo puede poner uno por sí mismo. Tiene que venir de adentro, es decir, es el fruto del Espíritu Santo.

Un hombre dice: “¿Sabes? He estado tratando” El le dice a un amigo: “He tratado de ser humilde y creo que por fin he logrado serlo”, a lo que su amigo le responde: “Bueno, ahora tienes que estar muy orgulloso de eso, ¿verdad?” Y él le dice: “Así es”. Nosotros tenemos que ser hechos humildes, amigo oyente, por medio del Espíritu de Dios.

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Se cuenta la historia de cierto joven predicador que estaba estudiando para entrar al ministerio, y a quien habían invitado a predicar. El nunca lo había hecho antes. El pensaba que, ya que él era el estudiante más brillante de su clase, que no tenía necesidad de mucha preparación para su sermón. Pero cuando subió al púlpito y observó a la congregación, todo se tornó en confusión para él. Se dio cuenta que era mucho más fácil escribir un sermón en un papel en su hogar, que el presentarse ante el público y predicarlo. Y él se asustó bastante y se olvidó de todo lo que podía haber sabido alguna vez. Cuando terminó su sermón bajó del púlpito sintiéndose bastante triste y apesadumbrado, ciertamente muy humilde. Cuando él bajó, se le acercó una ancianita que había observado todas sus acciones desde el momento en que había tomado el púlpito hasta que terminó de hablar y le dijo: “Joven, si usted hubiera subido al púlpito en la forma en que bajó de él, entonces, usted hubiera bajado en la forma en que subió”. Usted bien sabe que Dios nos pone en la escuela de la humildad, amigo oyente. Es un fruto del Espíritu. Y esa es la puerta por la cual muchos de nosotros debemos pasar. Continuando ahora con la lectura de los versículos 13 y 14, vemos que:

13b

...ellos la reedificaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos, y mil codos del muro, hasta la puerta del Muladar. 14aReedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab, gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó, y levantó sus puertas, sus cerraduras y sus cerrojos. (Neh. 3:13b-14)

Esta puerta del Muladar es una puerta muy importante, pero uno no habla mucho de ella. De paso podemos decir que la puerta del Muladar es la que uno debe utilizar para llegar al muro de los lamentos en Jerusalén. Pero no era así en aquel día. Obviamente estaba del otro lado y era por donde se descendía hacia el valle de Gehenna. Pero, como ya hemos dicho, no se encuentra allí en el día de hoy. La puerta del Muladar era la puerta por donde se vaciaba el estiércol y la basura. Ahora, en nuestras vidas cristianas se puede acumular la basura y el apóstol Pablo nos dice allá en su Segunda carta a los Corintios, capítulo 7, versículo 1: Así que,

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amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Pablo trató con esta puerta en la vida

cristiana, como cualquier otra persona. Y usted y yo, amigo oyente, necesitamos reconocer que es necesario confesar nuestros pecados, y al hacer esto, estamos sacando esta basura que tenemos. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y

limpiarnos de toda maldad”. (1 Juan 1:9) Ahora, en el versículo 15 de este capítulo 3 de

Nehemías, en su primera parte, tenemos la próxima puerta. Se nos dice:

15a

Salum hijo de Colhoze, gobernador de la región de Mizpa, restauró la puerta de la Fuente; . . . (Neh. 3:15a)

La puerta de la Fuente, creemos que se refiere a aquella que el Señor mencionó cuando le

dijo a la mujer samaritana al lado del pozo: más el que bebiere del agua que yo le daré, no

tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. (Juan 4:14) Y también más adelante, en la fiesta de los tabernáculos, Él se puso en

pie y dijo: El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. (Juan 7:38) Y luego, el apóstol Juan, explica lo que El dijo: Esto dijo del Espíritu que habían de

recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Y el apóstol Pablo podía decir allá en su carta a los Romanos,

capítulo 8, versículo 9: Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el

Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Ahora, la puerta de la Fuente nos enseña por tanto que cada creyente tiene en sí mismo el Espíritu de Dios. El necesita ser llenado por el Espíritu de Dios. Y cuando él está lleno del Espíritu, no es simplemente un pozo, sino una fuente de agua viva que saldrá de él para bendecir a otras personas. Y eso es lo que todos nosotros debemos hacer en los días en que vivimos,

(11)

amigo oyente.

Cuando uno lee todo el capítulo 3 de Nehemías - algo que nosotros no vamos a hacer ahora - uno puede apreciar todo lo que ocurrió durante la edificación del muro. Nosotros vamos a ver ahora lo que dice acá el versículo 26, donde se menciona la séptima puerta, y dice:

26

Y los sirvientes del templo que habitaban en Ofel restauraron hasta enfrente de la puerta de las Aguas al oriente, y la torre que sobresalía. (Neh. 3:26)

Ahora, la puerta de las Aguas es donde el agua era traída a la ciudad. Ellos podían sacar agua de un acueducto, pero no toda provenía de allí; algo del agua era traída a la ciudad a través de la Puerta de las Aguas.

Ahora, ¿De qué nos habla esta puerta de las Aguas? Bueno, pensamos que la puerta de las

Aguas nos habla de la Palabra de Dios. Aquí es donde Esdras instaló un púlpito, y eso lo

veremos más adelante en este Libro. El puso un púlpito en la Puerta de las Aguas y allí leía de la Palabra de Dios. La puerta que él utilizó fue simbólica, no fue algo accidental. El Nuevo Testamento creemos que deja esto bien claro cuando habla de ser lavados en agua por la Palabra. El Señor Jesucristo dijo a los Suyos allá en el aposento alto: Ya vosotros estáis limpios por la

palabra que os he hablado. Y luego en el evangelio según San Juan, capítulo 17, versículo 17,

dice: Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. De modo que, la puerta de las Aguas es la Palabra de Dios. Y nosotros estamos tratando de pasar por esa puerta, cuando estamos tratando de presentar la Palabra de Dios. Necesitamos a personas que se dediquen a llevar el agua a los que la necesiten. ¡Esto es algo realmente maravilloso!

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Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa con la octava, novena y la décima puerta, y luego regresaremos a la Puerta de las Ovejas. Hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, ¡que las incontables bendiciones del Señor inunden su vida, es nuestra ferviente oración!

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