www.reddemultiplicacion.com MEMORIA & PERSPECTIVA, 2021 Diseño de portada y diagramación: Departamento de comunicación Red de Multiplicación Latinoamérica © Todos los derechos reservados.
CONTENIDO
Prólogo ... 3
1. Aprender (Benjamín Feliz) ... 5
2. Obedecer (Ricardo Castillo) ... 25
3. Comprender (Juan Wagenveld) ... 41
4. Expandir (Alberto Prokopchuk) ... 61
5. Mandato (Gabriel Vidal) ... 87
6. Transformar (Juan Carlos Melo) ... 109
PRÓLOGO
“Oísteis que fue dicho… Más yo os digo” … -Jesús “Lo único constante es el cambio” -Heráclito Estimado lector:
El confinamiento y los protocolos de distanciamiento humano para frenar la curva de contagios de COVID-19, establecidos como normativa desde los estamentos de control de los estados a nivel mundial, han obligado a las instituciones en general a adaptar su gestión.
La Iglesia no ha estado exenta a esta realidad, y es en la crisis de los sistemas tradicionales de representación y gestión de la espiritualidad personal y comunitaria, de-bido al aceleramiento de los procesos tecnológicos de conectividad y del aparecimiento de nuevos espacios de sociabilidad, donde enfrenta sus más grandes desafíos. No cabe duda de que han sido tiempos de muchos aprendizajes y transformaciones, en los cuales la Iglesia ha demostrado que, con una visión de Reino, adapta sus dinámicas y gestión a una nueva realidad. Sin embargo, se hace imprescindible que ella y su liderazgo, “interpre-ten lo que está pasando en estos tiempos” (Lucas 12:56b
“expertos conocedores de los momentos y estrategias de actuación” (1 Crónicas 12:32 LP) de la amada del Señor. Para el efecto y como aporte a la pastoral, al liderazgo y a la membresía, la Red de Multiplicación presenta
Memo-ria & Perspectiva. Obra que recoge el análisis de siete
des-tacados líderes del continente americano. En cuyas pági-nas desafían a la Iglesia a responder con eficacia y visión de Reino a la Misión de Dios en este tiempo y en este lugar. Memoria destaca la necesidad de considerar y valorar la senda por la que transitamos. Perspectiva se refiere a la mirada futura, adaptativa, al cambio de enfoque como consecuencia de este nuevo tiempo que nos ha tocado vivir. Los evangelios nos muestran 6 ocasiones en las que Jesús mismo, plantea este método. Considera el pasado “Oísteis que fue dicho”… y replantea una nueva propuesta -sin abolir o cuestionar la misma- acorde a su propio tiem-po y contexto. “mas yo os digo” …
Los invitamos a dedicar unos minutos a una lectura que, de seguro, cambiará su perspectiva para el ministerio. Rommel Salazar
El Ob. Benjamín Feliz sirve como Presbítero General para México, Centroamérica y el Ca-ribe de habla hispana de su denominación. Se desempeñó como Director Mundial de Fi-nanzas, Publicaciones y Administración en la oficina internacional. Sirvió como supervisor en la Región Sureste Hispana de los Estados Unidos. En el área docente, es profesor ad-junto en Gordon Conwell Theological Semi-nary, enseñando cursos de administración y liderazgo.
Posee Licenciaturas en Administración de Empresas y Teología, Maestrías en Adminis-tración de Empresas (MBA) y en ministerio (arte y religión). Actualmente cursa un Doc-torado en Ministerio.
aprender
Iglesia de Dios de la Profecía
LECCIONES DE LA COVID-19
PARA LA IGLESIA DEL SIGLO XXI
CINCO CAMBIOS DE PARADIGMA
Hace años observo algunas prácticas y tendencias que encuentro extrañas en la Iglesia latinoamericana de las úl-timas décadas. Esta pandemia nos ofrece una gran opor-tunidad para hacer un alto, y corregir donde sea necesa-rio, practicas enfermizas o modus operandi incorrectos, que hemos adoptado a la hora de hacer Iglesia.
Debo aclarar que ninguno de los cinco puntos que de-sarrollaré, son cosas malas en sí mismas. De hecho, podría ser todo lo contrario. Estas áreas o prácticas eclesiales específicas, a las que me remitiré, fueron desafiadas por la llegada de la Covid-19 y que, en mi opinión, dejaron al descubierto grandes debilidades en la Iglesia occidental de nuestros días. Prácticas que a lo largo del camino in-corporamos a nuestra tradición cristiana y que, sin darnos cuenta, llegaron a ocupar un lugar incorrecto en la lista de prioridades de la Iglesia en el cumplimiento de su misión.
DE TEMPLO-CÉNTRICA
A MISIO-CÉNTRICA
Para algunos de nosotros la primera sospecha de que la Covid-19 era algo serio fue cuando escuchamos por primera vez que cerrar nuestros templos no sería opcio-nal, sino algo obligatorio. Sin ningún tipo de transición, la gran mayoría de los templos cancelaron sus reuniones
por disposición gubernamental. Esto dio lugar a una serie de teorías de conspiración en las cuales, según la licencia hermenéutica utilizada a conveniencia, el gobierno un día fue el Faraón y al otro, el César.
El cierre de los templos trajo desorientación a la Igle-sia. La presión de sus diferentes sectores (unos por abrir y otros por cerrar) causaron grandes conflictos en las co-munidades de fe y añadieron al ya insoportable estrés que tenían los pastores. De repente, nos dimos cuenta de que el templo (el edificio) ocupaba un lugar que jamás debió ocupar en el cristianismo. En otras religiones, el lugar de la reunión es determinante. No así en el cristianismo.
Cuando Jesucristo vino al mundo a inaugurar su Reino, ya existía el templo y la sinagoga. Los judíos ya tenían sus estructuras físicas donde se reunían con fines religiosos. Es muy interesante observar que, para su nuevo movi-miento, Jesús no consideró el lugar de reunión como un factor importante o determinante.
Tanto para Jesús como para la naciente comunidad cris-tiana, el lugar de reunión era totalmente irrelevante. Si se-guimos a Jesús por los evangelios lo vamos a encontrar en la gran mayoría de las veces en las calles o en alguna casa enseñando. Era un rabino itinerante a quien se le en-contraba precisamente donde estaba la necesidad. Como judío, visitó las sinagogas y el templo, pero para ministrar no contaba ni con un lugar específico, ni con un horario. Lo mismo sucedió con la Iglesia del primer siglo. Co-menzó orando en el templo en los horarios establecidos por la tradición, pero al transcurrir el tiempo, esto fue cada
vez menos viable debido a la persecución. Las reuniones entonces se conducían en las casas. Una lectura minucio-sa del libro de los Hechos y de las cartas paulinas testifican esta realidad (Hechos 2:46, 5:42, 8:3, 10:22, 12:12, 16:40, 18:7, 20:20; Romanos 16:5; 1 Corintios 16:19; Colosenses 4:15 y Filemón 1:2).
No fue sino hasta la conversión del emperador Constan-tino en la que los cristianos volvieron a los templos, y la construcción de nuevos edificios cristianos, como cate-drales, tomó auge. “Al principio, Constantino se limitó a garantizar la paz de la Iglesia y a devolver las propiedades que habían sido confiscadas durante la persecución. Poco después comenzó a apoyar la Iglesia más decididamen-te.”1 Conel regreso a los templos, también se formalizó la
liturgia y se empoderó al clero. Todo esto, con la intromi-sión del estado en la vida de la Iglesia. Es a este fenómeno que algunos han denominado la constantinización de la iglesia. Algunos de los elementos introducidos a ella en esa época, siguen presentes en nuestro tiempo. Ya que muchos cristianos desconocen el origen de estos elemen-tos, prácticas y concesiones, el impacto de Constantino en el presente de la Iglesia es una tarea pendiente para el liderazgo serio del siglo XXI.
No pretendo radicalizar este punto y mucho menos opo-nerme a que la Iglesia tenga edificios, templos o catedra-les. ¡No! Lo importante, es dejar claro que la Iglesia son las personas y el templo es un edificio donde éstas se reunen. Debemos entender que lo que estaba en la mente de Je-sús al establecer su ekklesia no tiene nada que ver con estructuras físicas, sino con personas que fueron llamadas
por él para una misión. Esa comunidad, como lo dijera el mismo Jesús, no hay fuerza en el mundo, ni la muerte, que la pueda paralizar, o detener (Mateo 16:18).
La llegada de la Covid-19 causó desorientación por el cierre de muchos tem-plos, pero la verdad es que también causó que mu-chas iglesias se abrieran en
maneras que nunca lo habían hecho. Ante la pandemia, muchas iglesias se tornaron a servir a sus comunidades olvidadas, dejando los templos que antes sirvieron para aislarlas de los más necesitados a su alrededor. En cierto sentido, la expresión que se hizo viral con este fenómeno es muy cierta: Los templos están cerrados, pero la Iglesia está abierta.
La pandemia también hizo que muchos pastores bus-caran maneras innovadoras de predicar y enseñar a su congregación. Muchos de los que habían despreciado los beneficios de las redes sociales, encontraron en éstas sus mejores aliados para ministrar y mantener la comunicación con sus feligreses. Fue inspirador ver a algunos pastores finalmente entrar al siglo XXI y equiparse adecuadamente para pastorear a sus rebaños desde sus hogares.
Otro beneficio colateral del cierre de los templos fue el retorno a los devocionales familiares. Familias que ha-cía tiempo no oraban o adoraban juntas, volvieron a esta práctica cristiana básica. Al encontrarnos todos en casa por primera vez en mucho tiempo, hubo tiempo para re-conectarnos como familia y adorar. Mientras que los
no-«Los templos están
cerrados, pero la
Iglesia está abierta»
ticieros reportaban un aumento en la violencia familiar, muchas familias cristianas testificaban de haber vuelto a encontrarse con ellos mismos y haber regresado a las dis-ciplinas espirituales en el seno familiar.
La Covid-19 alteró el mundo, y hoy se habla del regreso a una nueva normalidad. Uno de los mensajes más claros que necesitamos asimilar, luego del cierre de los templos, es que necesitamos movernos de iglesias templo-cén-tricas, donde las actividades ministeriales se desarrollan en un edificio a comunidades missio-céntricas. Es decir, movidas por la Gran Comisión y el Gran Mandamiento. La Iglesia del Señor no puede ser definida por un edificio ni por un horario. Esta pandemia nos ha enseñado que debe-mos ser menos rígidos y más adaptables. De esa manera fue que enfrentó la iglesia del primer siglo cada una de sus crisis, incluyendo la persecución.
DE PODERÍO FINANCIERO
A LA DEPENDENCIA DE DIOS
Mi segunda observación ante la llegada de la Covid-19 fue la gran preocupación de los líderes religiosos por el impacto económico que la pandemia tendría sobre sus ministerios. Como líder conciliar y habiendo servido como Director mundial de finanzas en mi organización, puedo decir con toda honestidad que comprendo la preocupa-ción de los pastores. Y es que las finanzas en cualquier ministerio son importantes. Son tan importantes que a ve-ces lo más espiritual que podemos hacer en el liderazgo es tener una perspectiva correcta del dinero y los bienes que administramos.
Jesús habló frecuentemente sobre el dinero. Habló so-bre la mayordomía de la vida más que de cualquier otro tema2. Larry Burkett, escritor norteamericano que dedicó
gran parte de su vida al estudio de las finanzas en la Pala-bra de Dios, encontró más de mil referencias bíblicas rela-cionadas con el dinero o los recursos. Su conclusión fue que el tema del dinero es el segundo de mayor cobertura en la Biblia. El primero es el amor3. Otro escritor asegura
que Jesús habló más sobre el dinero que del cielo o el in-fierno. Dieciséis de sus treinta y ocho parábolas se refieren a cómo administrar los recursos. Además, la Biblia contie-ne 500 versículos sobre la oración, menos de 500 sobre la fe, pero más de 2,350 sobre el dinero o las posesiones4.
Si la Biblia da tanta importancia al tema de la mayordo-mía, hacemos bien en prestar atención a sus sabios conse-jos. Mientras escribo este ensayo, lo hago muy consciente de la vulnerabilidad financiera de muchas iglesias, algunas de las cuales enfrentan momentos muy difíciles y su futu-ro está en las manos de Dios.
Al reflexionar sobre el impacto financiero de la pande-mia sobre la Iglesia en occidente lo primero que se me ocurre es pensar que a veces hemos medido el éxito mi-nisterial usando como único instrumento al presupuesto de nuestro ministerio. O sea, un ministerio con un presu-puesto millonario es más poderoso o importante que uno que maneja menos fondos. Es más, muchas veces hemos pensado que el tamaño del presupuesto es evidencia de
2 Charles Tidwell, Church Administration: Effective Leadership for Ministry (Nas-hville, TN: B&H Publishing Group, 1985), 161.
3 Larry Burkett, The Word on Finances, (Chicago, Moody Publishers, 1991), 11. 4 http://www.semana.com/opinion/articulo/la-biblia-el-manual-de-las-finanzas-columna-de-silvia-parra/380698
la aprobación de Dios. Nada puede ser más irracional que este pensamiento. El poderío de la Iglesia del Señor nunca ha estado en sus finanzas. El poder de la Iglesia está en Dios Omnipotente. La iglesia más poderosa es aquella que aprende a utilizar los recursos celestiales para resolver sus conflictos terrenales. El ministerio hecho a la manera de Dios jamás carecerá de los fondos necesarios. Dios siem-pre tiene una manera de financiar sus proyectos.
La llegada de la Covid-19 nos desafía a otro cambio de paradigma: del poderío económico a la dependen-cia en Dios. En medio de esta pandemia y la estre-chez económica que afec-ta gran parte de la huma-nidad, podemos ir a Dios confiadamente y esperar su provisión. El apóstol Pa-blo escribió a los filipenses: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Es normal que como lideres este-mos preocupados por los efectos económicos de la pan-demia, pero debemos recordar que la Iglesia es de Dios y no nuestra. Está en sus manos, no en las nuestras. Es preciso recordar que esta no es la primera gran prueba por la que atravesamos como Iglesia en sus casi dos mil años de existencia. En cada época, Dios en su soberanía, ha tomado cuidado de ella.
«La iglesia más
poderosa es aquella
que aprende
a utilizar los
recursos celestiales
para resolver
sus conflictos
terrenales»
DE LAS MULTITUDES
A LAS PERSONAS
La Iglesia del siglo XXI lucha con una crisis de identidad notable. Esto lo podemos observar en el énfasis desme-dido que hemos puesto en las multitudes. Para que una reunión cristiana sea evaluada como exitosa, solamente se necesita saber cuántas personas asistieron. Si hubo multi-tudes, concluimos que fue un éxito; si la asistencia fue de pocas personas, se suele pensar que fue un fracaso. Hoy, el léxico de la Iglesia incluye expresiones como
po-der de convocatoria, mientras que otros hablan del arras-tre que tienen unos pocos ministerios. A veces pareciera
que la legitimidad en el ministerio dependiera del número de personas que podemos reunir en nuestras congrega-ciones. En el ministerio de Jesús, las multitudes fueron la excepción y no la regla. Intencionalmente, Jesús utilizó la mayor parte de su ministerio físico sobre la Tierra para desarrollar doce discípulos (Marcos 3:13-14). Otra carac-terística interesante del ministerio de Jesús fue el interés que mostró y la atención que prestó a cada persona que acudió a él con una necesidad, a pesar de las multitudes. Ya que son las personas quienes portan y transmiten la Covid-19, hoy se hace imposible congregar multitudes, y cumplir con la ley y la cordura, al mismo tiempo. El resulta-do, desorientación en algunos sectores de la Iglesia, quie-nes se acostumbraron a las multitudes y hoy operan con una menor asistencia que la acostumbrada. Se nos olvida que el quórum requerido nos lo dio el mismo Jesús, cuan-do dijo “Porque cuan-donde cuan-dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
Este no es un punto para controversias, sino para la re-flexión. Hay muchos ministerios legítimos, llamados por Dios que reúnen miles de personas y operan dentro de su voluntad. Pero ¿no sería más sabio prestar mayor atención a la salud de la Iglesia que a su tamaño? Pienso que ahí radica nuestro problema. En Latinoamérica durante las úl-timas décadas parece haber un énfasis exagerado en los números. En los libros y conferencias se habla de creci-miento como si todo crecicreci-miento numérico fuera bueno. Un tumor maligno que aumenta su tamaño es crecimien-to, pero a nadie se le ocurriría desear ese tipo de creci-miento. Una iglesia multitudinaria es buena solamente si es saludable.
Un énfasis exagerado en el crecimiento numérico nos puede llevar a mirar los indicadores incorrectos a la hora de evaluar nuestro ministerio. Puede causar el descuido de otros aspectos importantes del crecimiento de la Igle-sia. ¿Dónde queda entonces el crecimiento espiritual de los miembros?
Un énfasis exagerado en el crecimiento numérico crea una situación difícil en la mente de muchos pastores de iglesias. A menudo encontramos pastores que se conside-ran fracasados porque sus iglesias no crecen. La realidad es que sus iglesias no pueden crecer más de lo que crece su comunidad. Esto es simplemente un asunto demográ-fico.
Me llena de esperanza escuchar a los nuevos plantado-res de iglesias hablar de su compromiso con la Obra. El léxico y la mentalidad de nuestros plantadores está cam-biando, producto también de nuestra alianza con la Red.
Quiera Dios que esta pandemia nos ayude a enfocarnos correctamente y alinearnos con el corazón de Dios para este tiempo. Permita el Señor que prestemos más impor-tancia a las personas que a las multitudes. Que podamos resistir la tentación de volvernos adictos a los números y seamos fieles a nuestro llamado de transformar personas y comunidades en vez de la cada vez más irresistible ten-tación de llenar templos o estadios.
DE CELEBRIDADES
A SIERVOS DE DIOS
Una vez que tenemos miles de personas en un auditorio, lo más lógico sería que hagamos algo con ellas. En la era del entretenimiento, me temo que la Iglesia latinoamerica-na está coqueteando con la industria del entretenimiento, olvidando que la competencia con Hollywood es brutal y jugando en su terreno, vamos a perder. No podemos com-petir con Hollywood porque nuestra misión no es entrete-ner.
Al montar nuestros eventos hoy es imprescindible pen-sar en quienes vamos a invitar para llenar las expectativas de esas multitudes que hemos convocado y que han res-pondido. El problema es que las exigencias del mercado son cada vez más estrictas, como también son altos los honorarios de quienes participan en los eventos. Como si esto fuera poco, es cada vez más común en nuestros medios que aquellos que se suscriben a esta modalidad exijan no solamente honorarios similares a los cantantes y oradores seculares, sino también que demandan un trato de celebridad.
Quisiera pensar que llegamos a este punto inocente-mente. Fue quizás el deseo de hacer las cosas con exce-lencia lo que nos trajo hasta acá. Pero es tiempo de re-flexionar. Como estudiante de la Biblia, me gusta escuchar buenos oradores. Como aficionado al canto y la música, me encanta escuchar a buenos intérpretes de la música cristiana. Creo firmemente que a Dios hay que ofrecerle lo mejor. Que se debe remunerar de manera justa a aquellos que ministran en las iglesias (1 Corintios 9:13); y que jamás se les debe explotar o tomar ventajas de ellos.
¿Pero, celebridades cristianas? La idea no es nueva. El apóstol Pablo tuvo que tratar con los súper apóstoles en Corinto, los hipnotizadores de Galacia y los falsos maes-tros que llegaron a Filipos. Confrontando a los corintios, les dice: “Así, pues, téngannos los hombres por servido-res de Cristo, y administradoservido-res de los misterios de Dios” (1 Corintios 4:1). Es interesante notar que en esta ocasión Pablo usa un término diferente para servidores y es la pa-labra huperetes, diferente de doulos, esclavo, y diákonos, siervo.
Esta palabra usualmente se usa para describir a al-guien que está subordinado a un superior de quien toma órdenes, pero describe propiamente a los re-meros que se encontraban en la parte más inferior del barco. Usualmente estos remeros estaban en la oscu-ridad, la humedad y encadenados y lo único que ha-cían era remar hora tras hora y día tras día. Los remeros de la parte más inferior del barco eran los “nadie.” No eran reconocidos; nadie bajaba hasta donde ellos es-taban”5.
En ese mismo orden, Pablo exhorta a los filipenses a que no busquen su propio provecho sino el de los demás. Para ello pone como ejemplo al prototipo perfecto:
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no es-timó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la con-dición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Filipenses 2:5-8 (RVR1995)
El liderazgo cristiano de hoy deja mucho que desear, y a la luz de este pasaje nos estamos quedando muy cortos. En la Iglesia de hoy existe una gran obsesión con los títu-los de grandeza. Sus líderes prominentes se sienten hala-gados por invitaciones a la casa de gobierno, aunque allí tengan que sacrificar convicciones de toda una vida, ven-diendo a sus propios hermanos si fuera necesario, o peor aún negociando su primogenitura divina (su voz profética) por un plato de lentejas con el partido de gobierno. No es así con Pablo, quien “diez veces (...) usa la palabra phroneo y sus variantes, en los cuatro capítulos de Filipenses, a sa-ber: 1:7; 2:22 (dos veces); 3:19; 4:2; y 4:10 (dos veces)”6. La
repetición intencional del término phroneo (mentalidad, actitud o sentir) parece sugerir que Pablo desea que los filipenses sepan cuál debe ser su actitud en cuanto al ser-vicio cristiano. Esa mentalidad, sentir o actitud debe ser la que adoptó Cristo en forma de Kenosis7.
6 Eldin Villafañe, Introducción al Pentecostalismo: Manda Fuego Señor (Nashvi-lle: Abington Press, 2012), 152.
Kenosis es el término griego traducido como despo-jarse, anonadarse, rebadespo-jarse, o humillarse, que describe a Cristo en la encarnación (2:7). En vez de aferrarse a su divinidad, lo que hizo fue despojarse de la misma y tomar forma de siervo. ¡Qué ironía más grande! Que el Hijo de Dios se haya encarnado y voluntariamente se haya humi-llado a ser como un siervo entre nosotros y que hoy haya una mentalidad tan diferente respecto a lo que significa servir en el ministerio.
En este sentido debemos estar de acuerdo con las pala-bras del Dr. Eldin Villafañe, quien advierte que:
El reto a la iglesia contemporánea, que va en contra de la mentalidad de los enemigos de la cruz de Cris-to es a desarrollar una mentalidad cristiana, a tener la mente de Cristo; a demostrar la phronesis por medio de una Kenosis.8
Si no fuesen suficientes los ejemplos neotestamentarios, un repaso a las Cinco Solas de la Reforma con Lutero a la cabeza, nos podría servir como una buena brújula para mantener en perspectiva correcta nuestro rol y actitud en el servicio cristiano. Los reformadores nos recuerdan cua-les son las prioridades de la igcua-lesia y cuacua-les son los temas para predicar y enseñar: Sólo Cristo, Sólo la Escritura, Sólo la Fe, Sólo la Gracia, Sólo a Dios la Gloria. Se puede enten-der mucho más fácil la resolución de los reformadores si comprendemos el contexto en que tomaron lugar. Estas fueron verdaderas protestas y desafíos a una iglesia que había perdido su rumbo y necesitaba volver al camino co-rrecto.
Los efectos del Coronavirus sobre la Iglesia hicieron im-posible que las celebridades cristianas pudieran llevar a cabo sus funciones. Con los templos cerrados, sin multitu-des y sin finanzas no hubo necesidad de celebridamultitu-des. La gente necesitaba comida, medicina, asesoramiento y todo lo que fuera necesario para la supervivencia. Las iglesias locales, encarnadas en sus comunidades y dirigidas por siervos de Dios salieron a servir a los más vulnerables. Otro cambio que necesitamos realizar urgentemente es aban-donar nuestra obsesión con las celebridades y tornarnos a servir a Dios, sirviendo a quienes más nos necesitan.
DE ESTRUCTURAS QUE AHOGAN A
ORGANISMOS VIVOS, RÁPIDOS Y FLEXIBLES
La Covid-19 desafió todas las estructuras. Muchas de ellas colapsaron muy rápido: los mejores sistemas de sa-lud del mundo, los mejores hospitales y las más fuertes economías sucumbieron ante un desconocido virus. La efectividad y eficiencia de los gobiernos fueron probadas, sólo para demostrar grandes deficiencias. La Iglesia no fue la excepción.
La razón para la desorientación de la iglesia es el resulta-do de haber siresulta-do sacaresulta-dos de nuestra área de comodidad. De repente, todo lo que sabíamos no nos servía para mu-cho. El mundo había cambiado sin previo aviso. Sabemos muy bien que los seres humanos tenemos la tendencia a resistir el cambio. Pero esta pandemia nos ha enseñado que estamos en la obligación de evaluarlo todo: nuestros métodos, programas, forma de gobierno y sistemas finan-cieros, sólo por mencionar algunos.
Mucho de lo que hacemos obedece a una realidad y un mundo que ya no existe. Aún quienes diseñaron los siste-mas que hoy nos rigen cuestionan su eficacia y eficiencia. Es cierto que estos sistemas funcionaron en un tiempo tra-yendo mucho provecho a la Iglesia y su misión. Pero en un mundo en que lo único seguro que tenemos son los cambios constantes, ella hace muy bien en comenzar a cuestionar sus métodos, a cuestionar sus programas y ser objetiva en su auto crítica.
El siglo XXI demanda una Iglesia que no esté atada a formas y programas que le quiten agilidad a la hora de responder a las necesidades urgentes de las personas y comunidades a las que ha sido llamada a servir. El mundo espera con ansias la manifestación de los hijos de Dios de manera rápida y tangible con respuestas integrales que llenen sus vacíos existenciales. Ya el mundo tiene suficien-te burocracia en los gobiernos. La Iglesia deberá ser di-námica y flexible, si es que quiere llegar a la gente en el momento adecuado.
El hecho de que algunos de nuestros sistemas, políti-cas y procedimientos se hayan convertido en camisas de fuerzas que sofocan a buenas y legítimas instituciones no significa que la respuesta a esta problemática sea el caos. En ese caso, la cura podría ser peor que la enfermedad. Los ministerios cristianos y quienes los dirigen, por natu-raleza deben ser personas y entidades que rindan cuenta, sean transparentes y que practiquen una sana mayordo-mía de todo los que se les ha confiado. La implementación de controles internos adecuados es una buena manera de evitar los problemas éticos antes de que sucedan.
Debemos aprovechar esta reflexión para preguntarnos si nuestra estructura era la adecuada para servir a la igle-sia y la comunidad. ¿Llegamos a tiempo para ayudar a los más vulnerables? ¿Cuántas
reuniones se tuvo que con-vocar para tratar con un asunto simple? ¿Cuántas capas de gobierno hubo que consultar para tomar una decisión que debió ser fácil y rápida? La respuesta a cada una de estas
pregun-tas nos puede educar y revelar cuán preparados estamos y cuán ágil es nuestra iglesia local a la hora de responder a los impredecibles retos de la vida. Esta pandemia no será la ultima crisis que enfrentaremos. Por lo tanto, luego de hacer nuestra tarea y revisar nuestras estructuras debería-mos concluir muy honestamente que, si la estructura no le sirve a la misión, hay que desmantelar la estructura.
CONCLUSIÓN
En un mundo post-covid-19, la Iglesia debe continuar su misión. Para ello, debe hacer un autoanálisis. Aprovechan-do la pausa causada por la pandemia y observanAprovechan-do con cuidado su impacto sobre la vida de la iglesia, he arribado a las siguientes conclusiones:
Necesitamos depender menos del tiempo que pasamos en el templo (el edificio), y ser más intencional en cuanto a la misión. El ministerio de Jesús y la iglesia primitiva nos dan un buen modelo. No debemos referirnos a las
finan-«Si la estructura
[denominacional] no
sirve a la misión, hay
que desmantelar la
estructura»
zas como la fuente de donde proviene nuestra fortaleza. Aunque las finanzas son importantes, nuestra dependen-cia está en el Dios que provee. Las multitudes son buenas si Dios las trae y están creciendo integralmente.
El número de personas que se congrega no nos dice nada en cuanto a la salud de una iglesia. Jesús prometió que donde dos o tres se congreguen en su nombre, él es-taría presente. La Iglesia debe alegrarse cuando Dios usa en una manera extraordinaria a uno de sus miembros, pero jamás debemos convertirlos en celebridades. El término bíblico de siervo es mucho más adecuado que celebridad, para referirnos a quienes Dios usa en su Iglesia. Eso no significa que no se les aprecie o se remunere de manera justa. Por último, mientras más estudiamos la historia de la Iglesia, más claro está que Dios no está comprometi-do con nuestros métocomprometi-dos y estructuras. La Iglesia en su larga historia ha tenido que buscar maneras dinámicas y flexibles de llevar a cabo su misión sin comprometer el mensaje. Creo que una vez más hemos llegado a ese pun-to de mirarnos con ojos críticos, hacer los ajustes necesa-rios y enfrentar con responsabilidad e inteligencia nuestro llamado a ser luz y sal en un mundo que nos necesita y espera por nosotros.
El Rvdo. Ricardo Castillo pastorea la Iglesia Comunidad Vida en Guadalupe, San José, Costa Rica, desde hace 30 años.
Desde el 2008 sirve como Superintenden-te de las Asambleas de Dios en esSuperintenden-te país. El 2014 fue electo como Presidente de la Fra-ternidad Hispana Mundial de las Asambleas de Dios; cargos en los que sirve a su amada Denominación hasta la presente fecha. Posee Licenciaturas en Psicología y Teología. Estudios de postgrado en Teología, además de haber tenido formación autodidacta en Administración de Empresas.
Fraternidad Hispana Mundial
de las Asambleas de Dios
Rvdo. Ricardo Castillo
Históricamente la plantación de iglesias se ha definido por la OBEDIENCIA a la Gran Comisión. Cada generación de creyentes procuró de forma eficiente llevar el Evange-lio desde Jerusalén hasta lo último de la tierra.
La plantación de iglesias es la evidencia y demostración de la obediencia a la Gran Comisión. Dondequiera que Je-sucristo era anunciado, las personas respondían al evan-gelio y se establecían comunidades de fe; la palabra clave en la plantación de iglesias es OBEDIENCIA a la tarea asig-nada a la Iglesia.
Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predica-mos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Se-ñor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creí-do? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oícreí-do? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anun-cian la paz, de los que anunanun-cian buenas nuevas!
Los seres humanos pueden salvarse, cuando pueden invocar el nombre del Señor Jesucristo; aunque se ve de manera sencilla no es tan fácil ya que depende de que al-guien les predique.
El plan de salvación es una ecuación que tiene variables tanto divinas como humanas; Dios ha cumplido con su parte: Él proveyó el sacrificio perfecto de Jesucristo, ha enviado a su Espíritu Santo, ha dotado con poder el men-saje del evangelio, ha respaldado con prodigios, milagros y maravillas. Sin embargo la parte humana debe considerar la Gran Comisión como la prioridad suprema de su vida.
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué glo-riarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.
1 Corintios 9:16-17 (RVR1960)
Debe apasionarse por los perdidos, debe considerarse deudor de Jesucristo.
Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando
esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
2 Corintios 5:14-15 (RVR1960)
Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar
desier-to; y la gente le buscaba, y llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el
evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado. Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
Lucas 4:42-44 (RVR1960)
Nuestro Señor Jesucristo tenía claro su propósito, se en-focó en la misión que le fue entregada; este pasaje de la Biblia deja demostrado que tenía claridad en su asigna-ción, no buscaba la popularidad ya que no permitió que
las multitudes lo retuvieran, sus prioridades estaban co-locadas en el orden correc-to: su conexión con Dios (se fue aún lugar desierto); su conexión con la misión (es necesario que también en otras ciudades predique el evangelio); su conexión con la gente (la gente le buscaba). Jesús fue obe-diente a la misión, estaba consciente de su llamado por lo que decidió concentrarse en ello.
Y los discípulos fueron por todas partes y predicaron, y el Señor actuaba por medio de ellos confirmando con muchas señales milagrosas lo que decían.
Marcos 16:20 (NTV)
Los discípulos una vez comisionados, fueron obedien-tes y ejecutaron el plan diseñado por Jesucristo, y obtuvie-ron resultados asombrosos. La Escritura afirma que ellos fueron por todas partes predicando el evangelio y el Señor respaldaba con muchas señales milagrosas el mensaje; así que la obediencia tendrá como resultado nuevas iglesias
«la obediencia tendrá
como resultado
nuevas iglesias y
la conversión de
multitudes, ya que
Dios ha respaldado su
plan.»
y la conversión de multitudes, ya que Dios ha respaldado su plan.
Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión ce-lestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.
Hechos 26:19-20 (RVR1960)
El apóstol Pablo fue atrapado por la visión de Dios, todo el resto de su vida fue dedicada a obedecer la voluntad de Dios. Esa visión lo consumió, invirtió todo a fin de cumplir la asignación encomendada.
Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo….Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar tes-timonio del evangelio de la gracia de Dios.
Hechos 20:20-21, 24 (RVR1960)
Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha
he-cho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar
so-bre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aque-llos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán.
Romanos 15:18-21 (RVR1960)
La seriedad con que el apóstol Pablo había tomado la Gran Comisión debe inspirarnos a nosotros para llevar el evangelio a cada comunidad y establecer nuevas iglesias, su obediencia a la tarea suprema nos debe impulsar a lle-nar del evangelio a cada pueblo, tribu, nación; la difusión del evangelio debería de convertirse en nuestra obsesión santa.
Pero ahora, no teniendo más campo en estas
regio-nes, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros.
Romanos 15:23 (RVR1960)
Al igual que el Apóstol debiéramos tener un mapa men-tal de qué lugares todavía faltan por ser evangelizados y diseñar estrategias que respondan a la necesidad de im-pulsar el evangelio en esas regiones.
Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes
anunciando el evangelio.
Hechos 8:4 (RVR1960)
La persecución a la Iglesia, lejos de desmotivar la pre-dicación del evangelio, impulsó a los creyentes a tomar en serio la Gran Comisión. Estableciendo nuevas iglesias a donde quiera que llegaran y rápidamente fueron conside-rados una amenaza.
Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos
her-manos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá.
Hechos 17:6 (RVR1960)
Y crecía la palabra del Señor, y el número de los
discí-pulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; tam-bién muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
Hechos 6:7 (RVR1960)
La obediencia de los discípulos de la primera genera-ción a la tarea asignada hacía que la Iglesia se multiplicara. La multiplicación es el resultado del ejercicio constante de la evangelización. Nuestras iglesias contemporáneas no crecen porque han olvidado el arte perdido de predicar el evangelio a tiempo y fuera de tiempo, han dejado de cum-plir su ministerio dejando de hacer la obra de evangelista. Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo,
que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifesta-ción y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, ex-horta con toda paciencia y doctrina… Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelis-ta, cumple tu ministerio.
2 Timoteo 4:1-2, 5 (RVR1960)
Y todos los días, en el templo y por las casas, no
ce-saban de enseñar y predicar a Jesucristo.
PRINCIPIOS CLAVE DE LA IGLESIA
DEL NUEVO TESTAMENTO
La Iglesia del Nuevo Testamento estaba enfocada en la tarea encomendada, la predicación de la palabra de Dios. No cesaba de enseñar y predicar, esa era la razón por la que tenían resultados asombrosos y revela la práctica que hoy se constituye en principios clave:
1. Grupos de creyentes se responsabilizaban de llevar el evangelio a su propia comunidad: los discípulos obe-decieron el mandato de Jesús de comenzar a predicar el evangelio primero en Jerusalén. Ellos no sólo pre-dicaron el evangelio, sino que modelaron a través de sus propias vidas los principios del evangelio. Hechos 2:42-47.
2. El evangelio fue predicado a los inconversos en su pro-pio contexto, su propro-pio lugar. Hechos 2:46; 5:42.
3. Identificó y envió a quienes Dios había llamado para llevar el evangelio a otras regiones. Hechos 13:1-3. 4. El evangelio se enfocó en la mayoría de los casos a los
cabezas de hogar. Hechos 10 ; 16:31-33; 1 Corintios 1:16; 2 Timoteo 1:16.
5. Integraban a los nuevos creyentes a la comunidad de fe. Hechos 2:41.
6. Los apóstoles predicaron la salvación por la fe en Jesu-cristo y no un sistema de creencias o ceremonias reli-giosas. 1 Corintios 2:4; Hechos 6:8; 8:4-8; 5:20; 24:18.
UNA HISTORIA DE
DESESPERACIÓN SANTA
Las Asambleas de Dios nacieron en los albores del siglo XX, con referencia del avivamiento en un Instituto Bíblico en Topeka Kansas y la calle Azusa, Los Ángeles, California; un grupo de her-manos con desesperación
santa empezaron a leer la Biblia en el libro de los Hechos, preguntándose por qué las cosas escritas allí no estaban ocurriendo en la iglesia actual, dedicándose decidida-mente al ayuno y la oración. De repente, una explosión del Espíritu Santo cayó sobre ellos teniendo manifestaciones sobrenaturales como el bautismo del Espíritu Santo con la evidencia inequívoca de hablar en otras lenguas.
Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimien-to; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Mateo 3:11 (RVR1960)
Ellos interpretaron que habían tenido una experiencia similar a la iglesia del Nuevo Testamento.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos
unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un es-truendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les apa-recieron lenguas repartidas, como de fuego,
asentán-«¿por qué las cosas
escritas allí [en la
Biblia] no estaban
ocurriendo en la
iglesia actual?»
dose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Hechos 2:1-4 (RVR1960)
Desde esa experiencia el bautismo del Espíritu Santo es una constante en las Asambleas de Dios y se considera que no debería hacerse absolutamente nada sin haber ex-perimentado al Espíritu Santo.
Entonces les abrió el entendimiento, para que
com-prendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vo-sotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis in-vestidos de poder desde lo alto.
Lucas 24:45-49 (RVR1960)
El ser investido del poder desde lo alto es considerado factor determinante en el ejercicio de la Gran Comisión para que sea exitosa; la iglesia neotestamentaria fue cui-dadosa en observar esta práctica.
Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el
Espíri-tu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.
Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Co-rinto, Pablo, después de recorrer las regiones superio-res, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arre-pentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.
Hechos 19:1-2, 4, 6 (RVR1960)
La Iglesia debe considerar de suma importancia la ac-ción del Espíritu Santo en el éxito de la ejecuac-ción de la tarea. Ante una generación escéptica, atea, rebelde, de-safiante, orgullosa, arrogante, sólo la demostración de se-ñales del poder de Dios y la convicción de pecado que produce el Espíritu Santo, puede alcanzarla.
Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para
anun-ciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predica-ción fue con palabras persuasivas de humana sabidu-ría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 1 Corintios 2:1-5
(RVR1960)
Continuando con la historia, después de haber recibido esa experiencia espiritual, los hermanos regresaron a sus
iglesias y fueron expulsados por la manifestación de lo que llamaron “cosas raras o diabólicas” y no tenían lugar en la doctrina y práctica de la Iglesia clásica. Sin embar-go, en ellos se desató una pasión por compartir a Cristo y muchos fueron alcanzados con la predicación del evan-gelio y no sabían dónde ubicar a esos nuevos creyentes. Fue allí donde comenzó la necesidad de organizar nuevas iglesias, surgieron varias denominaciones, entre ellas las Asambleas de Dios.
Más de 300 delegados, entre ellos predicadores, se reunieron del 2 al 12 de abril de 1914 bajo el Lema: “Hagamos la obra evangeli-zadora que más podamos”, en Hot Springs Arkansas, Estados Unidos, su único propósito era obedecer la Gran Comisión, fue por eso que enviaron misioneros a todas las naciones a esta-blecer iglesias autóctonas y autónomas. Inclusive ya ha-bían misioneros en el campo evangelizando y plantando iglesias que posteriormente se unieron a las Asambleas de Dios. Desde nuestros principios, la plantación de iglesias ha estado presente como obediencia a la Gran Comisión, la única manera de tener presencia en una comunidad, una ciudad o un país es estableciendo nuevas Iglesias.
«Ante una generación
escéptica, atea,
rebelde, desafiante,
orgullosa, arrogante,
sólo la demostración
de señales del
poder de Dios y la
convicción de pecado
que produce el
Espíritu Santo, puede
alcanzarla.»
PROYECTÁNDONOS
AL FUTURO
Jesucristo sabía que su muerte y resurrección pondrían la salvación al alcance de todos. Su deseo era que las nuevas de salvación se extendieran por todo el mundo. Él conocía el plan de Dios para salvar al mundo y para cumplirlo hizo cuatro cosas:
1. Seleccionó a un grupo de hombres a quienes se reveló como Salvador, es decir hizo discípulos;
2. Reunió a sus discípulos en un grupo selecto para que estuvieran con él y modeló principios de vida;
3. Los entrenó y enseñó sobre el reino de Dios;
4. Les dio instrucciones precisas y modeló el proceso multiplicador de otros discípulos.
Cuando la iglesia nació el día de Pentecostés, fue inau-gurada, bautizada y comisionada para difundir el evan-gelio a toda criatura, toda etnia y en todo el mundo. La aceleración de la misión va a depender del nivel de com-promiso a la OBEDIENCIA de la tarea asignada.
El éxito de la tarea va a depender también del nivel de sensibilidad, experiencia y dependencia del Espíritu Santo quien convence al pecador y manifiesta la presencia de Dios, a través de la expulsión de demonios, sanidades, mi-lagros y señales inequívocas para los incrédulos. El poder del Espíritu Santo es lo único que puede penetrar una so-ciedad rebelde, arrogante y desafiante.
La obediencia a la Gran Comisión de ganar almas y ha-cer discípulos dará como resultado la plantación de igle-sias, la longevidad de las denominaciones se encuentra en las nuevas iglesias que se plantan y se reproducen.
A lo largo de la historia, lo mejor que hemos sabido ha-cer como movimiento, es plantar Iglesias, tarea que se asumía con gran responsabilidad ya que nuestros misio-neros piomisio-neros se dedicaban a tres acciones específicas: 1. Evangelizar al perdido,
2. Plantar iglesias en las comunidades y 3. Preparar obreros para la cosecha.
En nuestros días el iglecrecimiento ha venido a consti-tuirse en una amenaza de forma inconsciente a la igleplan-tación, con resultados catastróficos. Observamos el fenó-meno de alta concentración de creyentes y movilizados a un solo sitio, modelo que se contrapone al establecido por Jesucristo quien recorría ciudades y aldeas. Es por ello que urge recuperar nuestra historia y volver a comprome-terse en la Gran Comisión.
En Hechos 14:21-22 se encuentra un ejemplo de la forma en que la iglesia primitiva obedeció el mandato.
Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permanecieran en la fe.
En este caso Pablo y Bernabé hicieron muchos discípulos quienes eran entrenados a reproducir el modelo original. En el proceso de la plantación de iglesias debemos cumplir el propósito establecido para el oficio ministerial:
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros,
pro-fetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maes-tros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Efesios 4:11-13 (RVR1960)
La tarea es preparar a los santos para la obra del minis-terio. Activar el sacerdocio de los creyentes. Considerar a cada laico como un potencial plantador de iglesias que expande la manifestación del reino de Dios.
La población actual ronda los 7.900 millones de habi-tantes y un aproximado de 16.000 grupos étnicos, solo la constancia y obediencia de cada generación logrará cum-plir el sueño de Dios. El desafío sigue siendo el mismo, plantar el evangelio a todo el mundo.
El Dr. Juan recibió su licenciatura en Teología en el Dordt College. Tiene una maestría en Misiones y Crecimiento de la Iglesia de Cal-vin Theological Seminary. Recibió su docto-rado en Ministerio de Trinity Evangelical Divi-nity School.
Juan es autor del libro Iglecrecimiento
inte-gral (2000); editor de Sembremos iglesias saludables (2004); coautor de Tómele el pul-so a su iglesia (2014) junto con Tim Koster; y
editor del libro La siembra de iglesias
saluda-bles (2017).
Sirve actualmente en la Red de Multiplica-ción a nivel mundial en su cargo de Presi-dente fundador.
Red de Multiplicación
Dr. Juan Wagenveld
INTRODUCCIÓN
A veces nos preguntamos por qué la Iglesia ha podido llegar a todos los rincones de una nación y por varias ge-neraciones y, sin embargo, sigue faltando la evidencia de que el evangelio haya permeado la sociedad y manifes-tado un impacto de transformación. Hay países que han tenido décadas de presencia del evangelio, pero siguen siendo de los más violentos y con mayor desigualdad so-cial del mundo. En Estados Unidos, por dar un ejemplo, se ha predicado el evangelio por doquier, pero todavía hay mucha discriminación y racismo, incluso en la Iglesia. En El Salvador y Honduras hay iglesias por todos lados pero los niveles de violencia son de los más altos del mundo. Esto es contrario a los principios del Reino de Dios y al
sha-lom que presenta la Biblia. ¿Cómo se explica esto? ¿Qué
tipo de evangelio hemos predicado y qué tipo de iglesias hemos establecido? Este capítulo presenta algunas pautas hacia una acción correctiva frente a esta situación.
PRIMERA PAUTA:
UNA COMPRENSIÓN INCOMPLETA
DE LA GRAN COMISIÓN
Es necesario entender las tres dimensiones que abar-ca la Gran Comisión (Mt. 28:18-20) para dar a conocer el evangelio del Reino de Dios. Normalmente, las personas entienden dos de las tres, pero se olvidan de la tercera dimensión. Esto ha creado una confusión sobre la Gran Comisión. Veamos:
1. Dimensión geográfica / étnica:
a. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Mateo 24:14 (RVR1960) b. Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta lo último de la tierra. Hechos 1:8
(RVR1960) 2. Dimensión histórica:
a. … antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. Deuteronomio 4:9 (RVR1960)
b. Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere vie-jo no se apartará de él. Proverbios 22:6 (RVR1960)
3. Dimensión de penetración cultural:
a. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multipli-caos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis
1:28 (RVR1960)
b. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Génesis 2:15 (RVR1960)
Esta tercera dimensión de penetración cultural es lo que también llamamos el Mandato Cultural o Creacional. La palabra cultura se deriva de la palabra cultivar. Dios le
ha dado al hombre la responsabilidad de hacer cultura y, después de la caída, transformar la cultura. Esto incluye nuestras vocaciones, algo que muchos parecen pensar que no le interesa tanto a Dios. Pero si ignoramos este aspecto de la Biblia de que se haga la voluntad de Dios “en la tierra como en los cielos” (Mt. 6:10) tendremos un evangelio insípido (Mt. 5:13) que no cambia las cosas. A través de los siglos la iglesia ha entendido que ella tam-bién participa con Dios en la transformación de la cultura y la sociedad hasta el día de la “restauración de todas las
cosas” (Hch. 3:2, Col. 1:19-20, Ef. 1:22-23). Una iglesia
salu-dable no divorcia la Gran Comisión del Gran Mandamiento y del Mandato Cultural. Cuando dice “haced discípulos de todas las naciones” debemos entender que el discipulado es la transformación integral de las naciones bajo el Seño-río de Jesucristo.
Parte de la razón por la cual hemos fallado en impactar la sociedad se debe a que hemos reducido el evangelio a algo individualista. A la aceptación personal, muchas ve-ces únicamente emocional, de Jesús pagando nuestros pecados en la cruz. No hacemos mención de qué somos salvos y para qué somos salvos. No mencionamos la crea-ción, la nueva creación y los propósitos de Dios, de par-ticipar junto al Espíritu Santo, en la renovación de todas las cosas. Las intenciones de Dios no son solo individuales sino que son de orden cósmico. Ciudadanía en el Reino de Dios incluye no sólo perdón de los pecados sino par-ticipación en la vida de la Iglesia y la misión de Dios en el mundo. Jesús dijo, «¡Yo hago nuevas todas las cosas!».
La misión de Dios en el mundo incluye por lo menos tres otras dimensiones que vemos en el siguiente diagrama:
Para conversar: ¿Piensa usted que la Iglesia en su país tie-ne un buen balance en esto?
SEGUNDA PAUTA:
AVANCE A LA COSMOVISIÓN BÍBLICA
1Una vez analizadas las dimensiones de la Gran Comisión podemos ampliar nuestra forma de pensar y comprender mejor el poder transformador del evangelio con una pers-pectiva bíblica del mundo y la misión de Dios. El apóstol Pablo nos dice:
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
1 Esta sección toma mucho prestado, incluyendo las ilustraciones, de: Miller, Da-rrow L. Discipulando naciones: El poder de la verdad para transformar culturass.
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2 (RVR1960)
Todos tenemos una ideología o un paradigma con el que miramos el mundo e interpretamos la realidad a nuestro alrededor. Heredamos la cosmovisión de nuestra cultura, y la cosmovisión de cada cultura tiene que ser moldeada por una cosmovisión bíblica. Aquí presentamos varias de-finiciones de cosmovisión, la forma de ver e interpretar el mundo.
Ronald Nash
“Una cosmovisión o visión del mundo es un esquema conceptual en el cual nosotros, consciente o inconscientemente, colocamos o hacemos caber todo lo que creemos y a través del cual interpretamos y juzgamos la realidad”.
Thomas
Sowell Una visión es nuestro sentido de cómo fun-ciona el mundo…” Alvin
Toffler
“Cada persona lleva en su mente un modelo del mundo, una representación subjetiva de la realidad externa”.
Dallas Willard
“Una cosmovisión consiste en los supuestos básicos de lo que es real y bueno e incluye nuestros supuestos de quiénes somos y qué debemos hacer”.
Al
Wolters “Un conjunto de creencias, valores y com-promisos con los que vive un pueblo”. Real
Academia
Española Manera de ver e interpretar el mundo.
Para conversar: ¿Cuál de estas definiciones le gusta más? ¿Por qué?
Las cosmovisiones intentan contestar las grandes pre-guntas del ser humano:
¿Existe la verdad? ¿Hay un Dios? ¿Se relaciona este con el ser humano? ¿Qué puedo saber o co-nocer? ¿Cómo se explica el comienzo del universo? ¿Cuál es el propósito de la existencia del ser humano? ¿Qué es bueno y qué es
malo? ¿Qué da significado a la vida? ¿Qué pasa al morir? ¿Hay algo más allá de lo físico?
Existen muchas cosmovisiones que presentan opciones y alternativas. Cada cultura tiene una cosmovisión propia. Tal como un pez en el agua, nuestra cosmovisión nos ro-dea y no nos damos cuenta a veces del impacto que ésta tiene en nuestras vidas. Cada religión y filosofía de vida presenta una cosmovisión diferente. Algunas de las prin-cipales maneras de ver el mundo incluyen la cosmovisión del animismo, el secularismo humanista y el teísmo.
COSMOVISIÓN ANIMISTA
Esta perspectiva enfatiza que todo es espiritual y que el mundo real no es lo que uno ve sino lo invisible o los espí-ritus que manejan la realidad. Personas, animales, árboles y objetos inánimes poseen un espíritu. El ámbito moral es inconsecuente.
«Cada religión
y filosofía de
vida presenta
una cosmovisión
diferente»
Las personas con esta cosmovisión buscan apaciguar a los espíritus o manipularlos para protección, sanidad, éxi-to en los negocios, etc. Van Rheenan, define el animismo como:
La creencia que seres espirituales personales e im-personales tienen poder sobre los asuntos de los hom-bres y, consecuentemente, que los seres humanos deben descubrir qué seres y fuerzas le están influen-ciando para poder determinar una acción futura y, a veces, manipular su poder.
Esta visión del mundo se define por holismo, integra-ción, espiritualismo, poder y temor. Esta cosmovisión es bastante amplia en el mundo y se puede encontrar en el budismo, la Nueva Era, el esoterismo, y el folclor popular de algunas culturas.
COSMOVISIÓN SECULAR
Esta perspectiva ve la materia y lo físico como la única realidad, aquello que se puede analizar y medir. El ámbito moral se circunscribe solo a aquello en lo que las socie-dades se logran poner de acuerdo. Los asuntos religiosos o espirituales se descartan por completo o se asignan a un rubro del que no se puede saber mucho. El mundo es mecánico e impersonal. El hombre es libre de cualquier verdad absoluta y se enfatiza el relativismo.
COSMOVISIÓN TEÍSTA BÍBLICA
Esta perspectiva reconoce que Dios existe y es el crea-dor de los cielos y la tierra (Gn. 1:1). Dios se relaciona con su creación. El ámbito moral lo determina Dios para el bienestar del hombre. El ser humano es mayordomo de los asuntos de Dios en la tierra. Dios no solo crea el mundo, sino que lo sustenta y se relaciona con el ser humano en forma personal y afectuosa. El amor de Dios lo lleva a iden-tificarse con el ser humano. Dios se encarna en el mundo en Jesucristo. Él está haciendo todas las cosas nuevas e invita al ser humano a participar en el ministerio de recon-ciliación (2 Co. 5:18-19).
¿QUÉ TIENE QUE VER ESTO CON
UNA IGLESIA SALUDABLE?
Cada iglesia se ve algo distinta según la cultura en la que se encuentra y la cosmovisión de esa cultura. Pero hay ciertas perspectivas sobre la vida y el mundo que las igle-sias tienen en común porque siguen al mismo Dios, leen la misma Biblia y son guiadas por el mismo Espíritu Santo. Hay ciertos aspectos no negociables de una cosmovisión o perspectiva bíblica sobre la vida y el mundo. Pero lo pri-mero es reconocer que hay diferentes cosmovisiones que compiten entre ellas por la lealtad de las personas y que todos tenemos lentes puestos que nos ubican a mayor o menor grado en la cosmovisión del Reino de Dios.
Veamos algunos factores clave en una cosmovisión bí-blica en las siguientes pautas.
TERCERA PAUTA:
EL MUNDO LE PERTENECE A DIOS
La perspectiva bíblica señala que Dios creó el mundo y al ser humano, y se sintió satisfecho con lo que había hecho (“vio que esto era muy bueno”). Dios creó la familia, el trabajo, las ciencias, el arte y es dueño de todo. Lamen-tablemente, el ser humano se rebeló contra su Creador y, como consecuencia, el pecado entró en el mundo. Esta catástrofe es terrible pues todo queda afectado; el pro-pósito original de Dios es dramáticamente distorsionado debido al pecado y la presencia del mal.
En un momento de la historia, Jesucristo irrumpe en el mundo encarnándose como el Dios hombre. Con su lle-gada se inaugura el Reino de Dios; con su vida y enseñan-za nos muestra cómo se vive bajo su reinado y gobierno en cada área de la vida. No existe ninguna dimensión de lo creado que no esté bajo su autoridad y dominio. En la cruz, Jesús perdona nuestros pecados, vence la muerte con su muerte, y posibilita la nueva relación de Dios con el mundo. Con su resurrección, queda comprobado que Dios nos ha invitado a una vida en plenitud, a la vida eterna y a la vida abundante, a través de nuestro arrepentimiento y de su gracia y misericordia hacia nosotros.
La Iglesia es dotada con el poder del Espíritu Santo para participar con Dios en la restauración de todas las cosas. Jesús declara que lo está haciendo todo nuevo: Estamos ya en ruta hacia una nueva creación donde se hará la vo-luntad de Dios, así en la tierra como en los cielos (Ap. 21:5). Esto será consumado en la Segunda Venida de Cristo. El problema surge cuando la Iglesia desvía la enseñanza bí-blica de que es este mundo el que Dios está redimiendo y transformando con su gloria y poder, y no algún otro mun-do lejano que no tiene nada que ver con él.
Es en este punto en el que la Iglesia pierde la fuerza transformadora del evangelio y reduce el papel que juega el Espíritu Santo a lo que pasa en las cuatro paredes de un edificio. En un barrio pobre la gente se cansó de espe-rar que el gobierno arreglara la calle y una iglesia decidió poner en práctica su amor por la comunidad (Jer. 29:7) y dar testimonio organizando actos de servicio. Movilizaron a la comunidad a arreglar la calle. Gente que nunca en-traría a un templo evangélico quedó impactada en esta demostración practica de amor de los creyentes en Cristo. Un tiempo después, cuando la comunidad necesitaba un representante frente al gobierno le pidieron al pastor que llevara la Palabra.
Una vez que entendemos que el mundo le pertenece a Dios y no a Satanás, podemos evaluar nuestra manera de ver la relación de la iglesia y el mundo. Existen por lo menos tres posibilidades: El modelo escapista, el modelo
acomodaticio (o conformista) y el modelo transformacio-nal.
Tomado de Sembremos Iglesias Saludables.
Para conversar: ¿Cuál de estos modelos se enfatiza más en su país? ¿Por qué? ¿Cuál refleja la intención del Reino de Dios?
CUARTA PAUTA:
DIOS NOS CREÓ PARA RELACIONARNOS
Dios es un Dios Trino. Es el Dios que envía a su Iglesia al mundo, pero también es el Dios comunidad (algunos lo llaman el Dios social): Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios se relaciona con su creación y nos hace a su semejanza. Nos crea con la imagen de Dios (imago Dei). El ser humano re-dimido refleja la gloria de Dios. Lo refleja en su relación con Dios, con otros, con uno mismo y con la creación. El modelo original de estas relaciones quedó distorsionado por el pecado y el mal. En Jesucristo y su redención de todas las cosas tenemos la esperanza de modelar esta res-tauración en el amor de Dios y el poder del Espíritu Santo. El Reino de Dios ya está inaugurado en Jesucristo, pero cuando éste sea consumado en el fin de los tiempos, to-das estas relaciones estarán completamente sanato-das. La Iglesia tiene la oportunidad de modelar en el presente,
aunque lo haga imperfectamente, cómo será aquel día cuando todo quede permeado y perfeccionado por Dios. La Iglesia es una muestra del futuro que Dios consumará; así ella se manifiesta cómo agente y señal del Reino.
Para conversar: ¿Puede dar un ejemplo de algo quebranta-do que haya siquebranta-do restauraquebranta-do en una de estas cuatro áreas?
QUINTA PAUTA:
DIOS ESTÁ TRANSFORMANDO EL MUNDO
Dios tiene un proyecto de restauración de todas las co-sas. Dios reconcilia, renueva y restaura.
Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento.
Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las co-sas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.
Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pue-blo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.
No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni vie-jo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.
No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.
No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus des-cendientes con ellos.
Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún ha-blan, yo habré oído.
El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, des-cender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el taber-náculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
Apocalipsis 21:1-5 (RVR1960)
Según el texto en Apocalipsis 21, el Rey vuelve a morar con nosotros. El fin escatológico de la historia y la Iglesia no se trata de “ir al cielo” sino de que Dios vuelve a la tierra donde se consumará un nuevo cielo y una nueva tierra, y Dios morará con el ser humano para siempre y será su lumbrera. El deseo de Jesús, “Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo” (Mt. 6:10), será una realidad.