“LUCES Y SOMBRAS EN EL DEBATE TAURINO Y ANTI TAURINO”
Andrés Felipe Ruiz Vargas
Trabajo de grado para optar por el título de Comunicadora Social con énfasis en Publicidad
Directora de tesis
Arritokieta Pimentel Irigoyen
Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Carrera de Comunicación Social
Bogotá
Bogotá 26 de mayo de 2014
Doctor
José Vicente Arizmendi Decano Académico
Facultad de Comunicación y Lenguaje
Apreciado Decano Reciba un cordial saludo
De la manera más atenta me permito presentarle el trabajo de grado del estudiante Andrés Felipe Ruiz Vargas, “Luces y sombras en el debate taurino y anti taurino” que, como tutora del mismo, considero relevante dados los argumentos allí expuestos sobre un tema tan polémico en los últimos tiempos: los toros.
El trabajo recoge argumentos de taurinos y anti taurinos con la intención de entender y dilucidar cuál es realmente la causa de ese ataque frontal por parte de los anti taurinos contra la fiesta brava y también, el por qué los aficionados a los toros la defienden y tratan de proteger en pleno siglo XXI.
En conclusión podemos deducir, según los taurinos, los argumentos anti taurinos van en contravía de una tradición como la tauromaquia y carecen de explicación científica pues se basan en especulaciones y constituyen una causa animalista que no atiende el contexto histórico de la fiesta brava.
El trabajo realiza un debate entre argumentos taurinos y anti taurinos con fuentes importantes y deduce que más que una defensa de los animales, el ataque hacia la tradición de los toros se centra en intereses políticos, referentes internacionales y defensa de los animales. Los taurinos por su parte, engrandecen el espectáculo como un rito entre la vida y la muerte y consideran que en la propia corrida está la vida misma.
El debate queda abierto.
Avalo este trabajo por la recopilación investigativa de argumentos que son de utilidad para entender dos corrientes irreconciliables y opuestas.
Cordialmente
_________________________
Arritokieta Pimentel
Bogotá 26 de mayo de 2014
Doctor
José Vicente Arizmendi Decano Académico
Facultad de Comunicación y Lenguaje
En sus manos está el trabajo de grado “Luces y sombras en el debate taurino y anti taurino”, resultado de una rigurosa investigación de este mundo taurino en la ciudad y de los argumentos anti taurinos, con el fin de elaborar una monografía en donde recorro la historia de la tauromaquia, logro dar un lineamiento de la corrida de toros y por último entro a visualizar y a presentar la argumentación taurina y anti taurina.
A través de este texto busqué reflejar la información documental y científica con los testimonios de los actores alrededor esta tradición (ganaderos, toreros, periodistas, aficionados y animalistas), con el fin de dar a conocer como llego la tauromaquia a Colombia y las razones que tiene cada bando para defender su posición y gusto por la tauromaquia.
Cordialmente,
_________________________________
Andrés Felipe Ruiz Vargas
REGLAMENTO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA ARTÍCULO 23
DEDICATORIAS - AGRADECIMIENTOS
Este trabajo se lo quiero dedicar a mi abuelo (Q.E.P.D), la persona que me llevo a mi primera corrida de toros, me enseño a entender la tauromaquia y me inculco el respeto y los demás valores que se representan en ella.
Además quiero agradecer a:
Arritokieta Pimentel, mi asesora y mentora en este proyecto.
A mi mamá y mi hermana, que no solo me apoyaron, sino me aguantaron en todo este proceso.
Al resto de mi familia, quienes siempre estuvieron pendientes del trabajo.
A la familia Rocha Vélez que no solo me apoyaron y me motivaron, sino que además dieron un apoyo incondicional durante la investigación del tema.
A Mauricio Molina, quien desde el principio creyó en el trabajo.
A Luz Adriana Pico que me aguantó cuando me sentaba horas a hablar del tema y que me hizo recomendaciones muy valiosas.
TABLA DE CONTENIDO
Introducción………....8
Capítulo I. De los toros de Creta a los ruedos de la Santamaría Antecedentes.………10
Importancia del toro de lidia a través del tiempo.……….………10
El toro salvaje en Europa………..………....19
La caza del toro, Roma y los torneos caballerescos...………..………….21
La conquista y la colonización de América.…………..……..……….24
La evolución de las plazas bogotanas a la Santamaría………..29
Los aspectos rituales y religiosos de la tauromaquia………….………...34
Capítulo II. Tauromaquia: la base para la discusión La tauromaquia………..………..37
La corrida de toros.………..38
El paseíllo…………...……….40
Primer tercio……….………41
Segundo tercio….………...……….44
Tercer tercio…...……….46
El toreo………..………..49
La ganadería……….…………..……….52 La industria taurina………..…….………...59
Capítulo III. Relatos taurinos Argumentos anti taurinos………..64
Animalistas………...……….64
Jurídicos….……...………69
Argumentos taurinos..………...………79
Animalistas……….……..……….79
Jurídicos..…..……….89
Arte o no arte……….…..……….100
Tabla: Argumentos enfrentados………...………...107 Conclusiones………..………..108
INTRODUCCIÓN
La tauromaquia es parte de la historia de nuestro país y tienen la categoría de evento social y
cultural. Es una manifestación artística que se ha transmitido de generación en generación,
pero en los últimos años ha sido el epicentro de la polémica con los grupos animalistas
¿Quién tiene la razón?
El presente trabajo explica los conceptos de la tauromaquia (incluyendo qué es una corrida de
toros, que es la ganadería, que es la industria taurina, etc.), los argumentos taurinos y también
el debate desatado por los que consideran que es un espectáculo violento que se basa en la
barbarie.
Citando a Enrique Tierno Galván (2010), los toros son un acontecimiento y no un mero
evento o acto social, “hoy aún son los toros un acontecimiento que, en cuanto tal, lleva implícita la exigencia de definirnos ante él. La razón de esta insoslayable exigencia, acerca de
la cual habíamos preguntado antes, está en que son los toros aparición o testimonio de una
concepción del mundo que, por serlo, excluye o pretende excluir la vigencia de cualquier otra.
En efecto toda concepción del mundo tiene como carácter fundamental la pretensión de
vigencia exclusiva. De aquí que ante ellas, de no ignorarlas, la única actitud plena de sentido
se vincule al sí o al no, a la total aceptación o al completo repudio”. (p. 18)
Siguiendo esta idea, la tauromaquia no sólo representa una concepción e idea de mundo, sino
que es un reflejo de la vida misma. Con la alegría, la fiesta, la música, el arte y la danza, se
tiene en cada momento la muerte, y como se dice popularmente, es lo único que tenemos
seguro en la vida.
Por esta razón este trabajo de grado no pretende cambiar a los enemigos de la fiesta, ni
conceptos de la tauromaquia, todo el contexto que se vive alrededor de ella, como también el
de sus detractores, de presentar el acto de la corrida de toros como se ve por un aficionado y
de exponer la historia de la cultura alrededor del toro y su evolución a la fiesta taurina actual.
Al final del escrito el lector podrá tener un conocimiento más acertado de lo que los taurinos
CAPÍTULO I.
De los toros de creta, a los ruedos de la Santamaría
Antes de centrarnos en los argumentos que están presentes en la controversia de la
tauromaquia, hacer una mirada a la historia del toro en las diferentes culturas del hombre, es
un primer acercamiento a entender los rasgos tradicionales de la tauromaquia moderna.
Antecedentes
La evolución y asentamiento de la cultura taurina en Bogotá, viene del rito sagrado1 en el que
el toro es el epicentro. Seguidamente sus miradas modernas, en donde empieza con la
domesticación del toro salvaje en Europa y posteriormente preservación de su bravura
característica por parte de ganaderos en España, que luego, en la conquista y posterior proceso
de colonización del “Nuevo Mundo”, traerían a América frutos de los procesos de selección de estos animales de características únicas.
Para narrar la historia de la tauromaquia pasaremos por cada etapa conocida, en donde
veremos, cronológicamente, el proceso que terminó en las corridas de toros actuales. Que se
establecieron en la cultura popular de la capital colombiana y que tienen una gran tradición, lo
que ha sido reconocido en el orbe taurino (esto hace referencia a España, Francia, Portugal,
México, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia).
Importancia del toro de lidia a través del tiempo
La cultura taurina es el resultado de la modernización del culto al toro. Animal dotado de
grandes cualidades; virilidad, fertilidad y masculinidad; a un evento en el que el hombre lucha
1 El rito sagrado del toro parte desde el sacrificio del animal como ofrenda a los dioses, debido a los valores que
contra el animal, procurando su indulto. Acto que mantiene una gran simbología de los
rituales y religiones que tenían como principal dios al TORO.
Los mitos del toro, como principales referentes de estos ritos taurinos, están presentes en gran
parte de las civilizaciones de la humanidad, donde se comprende: Egipto, Mesopotamia,
Creta, Asia Menor, Persia, India, Roma y toda la región ibérica. Cabe resaltar que el mito
cretense es el de mayor trascendencia en la historia taurina, debido a los personajes tienen una
referencia directa, con “el toro actual de lidia, ya que se menciona un toro negro –color característico de estos animales en la actualidad2” (Cottrel, 1958).
Para empezar este recorrido, nos remontamos al antiguo Egipto. Donde encontramos como el
hombre, desde los más remotos tiempos, se ha sentido atraído por la impresionante figura del
toro. En la cultura egipcia, el toro hace parte del culto de la fecundidad y fertilidad, aunque
luego paso a ser considerado el dios-toro y estaba relacionado con 3 deidades: Apis, Mnevis y
Bukhis; luego relacionados con los complejos dioses: Osiris, Re-Athum y Montú.
[…] el toro y la vaca empezaron a recibir culto local íntimamente emparentado con las ideas de fecundidad y fertilidad propias de una población rural que todo lo espera de la
tierra. […] La vaca y el toro adquirieron nuevas significaciones religiosas, muy distantes de la primitiva intuición popular. […] De la misma manera, los tres famosos dioses-toro: Apis, Mnevis y Bukhis se transformaron en dioses complejos,
relacionados, respectivamente, con Osiris, Re-Authum y Montú. Apis, […] este todo
-dios, que aparece en la primera dinastía, fue venerado en el templo de Ptah, en Menfis.
Los caracteres exigidos al toro para ser Apis eran los siguientes: piel negra, por lo
menos en la cabeza; un triángulo blanco en la testuz […] Otro toro era Mnevis, adorado en Heliópolis, y relacionado, como hemos dicho, con Re-Athum, que
2
representaba una síntesis del dios local Athum y el propio Ra, dios del sol, tercer
demiurgo de la trinidad primitiva. […] En cuanto a Bukhis, el toro blanco con cabeza negra, fue venerado en Hermonthis. Tampoco la idea de fecundidad especialmente
vegetal, estuvo ausente del culto de estos dos dioses-toros. (Bollain, et al., 1966, p.60)
Lo que nos infiere esta primera exposición de los cultos al toro, es la importancia que recae en
la intuición del poder misterioso del toro. Enseguida encontramos al toro en Mesopotamia. En
donde encontramos un culto al toro, por su virtudes físicas, es decir, por su fuerza, su
musculatura y su mugido. Aquí se destacan las representaciones de los dioses Marduk, Anu,
Sin y Ada, las cuales son hechas en figuras de toros o de hombres sobre toros. De igual
manera, en los pueblos mesopotámicos encontramos la leyenda de gilgamesh, la cual es el
segundo gran poema nacional de estos pueblos, después del poema de la creación.Es este, se
habla de un héroe, y narra sus particulares sueños.
[…] La fama de Enkidu lega a los oídos de Gilgamesh, que tiene dos sueños sumamente significativos, cuyo profundo sentido le aclara su madre. Al exponer su
primer sueño, Gilgamesh dice: Un fuerte toro se arrojó sobre mí; quise levantarlo pero
no me fue imposible. Llamé al pueblo, las gentes nos rodearon. Los príncipes besaban
sus pies; yo me adherí a su cuerpo. […] En efecto, Enkidu, el hombre salvaje, goza de ella y se somete a su dirección. Más aún le ruega que lo conduzca al palacio de
Gilgamesh: Acompáñame al palacio de Gilgamesh, el hombre perfecto que reina
poderoso como un toro y no conoce igual entre las gente.” (Bollain, et al., 1966, 74-75)
Con esto se aprecia el pensamiento de sociedad mesopotámica. Donde el toro era un ser de
poder, que tenía una fuerza sobrenatural y que se ofrecía, para esas gentes, como un
el toro es símbolo de la vida. Ya que de las extremidades del toro se desprenden toda la flora
y fauna del mundo e incluso los hombres.
Toda la mitología persa está polarizada por la existencia de dos principios
antagónicos: Ormuz, principio del Bien y de la Luz, y Arimán, principio del Mal y
Príncipe de las Tinieblas. [...] Ormuz, después de crear la luz, creó un toro primordial,
en cuyo cuerpo se encontraban todos los gérmenes de la vida orgánica. Pero Arimán
con sus demonios invadió la esfera de Ormuz. No solamente logró introducirse en la
llama del fuego, que a partir de entonces produjo como impureza el humo, sino que
atacó al toro primordial. Este murió a consecuencia de las heridas recibidas. Ormuz, de
la paletilla derecha de Abudad, el toro primitivo, extrajo a Kaiomorts, el primer
hombre, que fue también muerto por Arimán. De la paletilla izquierda del toro salió
Gochorum, el alma del toro primordial, destinada a ser la base de toda la generación
zoológica, ya que de su esperma purificado produjo Ormuz dos seres de la misma
especie, es decir, dos toros, macho y hembra, de los que salieron 272 especies de
animales. De las astas del toro primordial salieron los árboles; de su rabo, los granos;
de su nariz, las legumbres, y de su sangre, las uvas […]. (Bollain, et al., 1966, 89)
Para las culturas de la India, se tiene la misma percepción del toro, de animal sagrado
representante de la fecundidad y dador de vida. La cultura india, percibe al animal como una
deidad, y por esto matar a los toros sagrados representa una falta imperdonable, porque es la
equivalencia de cortar la fuente de vida.
[…] en la figura del dios Siva, creador y destructor a un tiempo, uno de los tres grandes dioses de la trinidad india, junto a Brahma y Vishnú, cuya tradición se
remonta a la civilización pre-aria de Harappa, que floreció entre 2500 y 1500 a. de
J.C., y en la que el culto al toro era característico. Siva era, ante todo, un dios de la
generación. A su lado, a veces montado sobre él, aparece el toro blanco llamado
Nandi. El toro y el linga han quedado como símbolos principales del culto sivaítico,
que a veces, en sus prácticas populares, ha ofrecido escenas desbordamiento sexual.
Poco a poco, tanto el toro como la vaca fueron considerados como encarnación del
principio de la fecundidad y adquirieron un carácter sagrado que conservan todavía
hoy. (Bollain, et al., 1966, 91)
Por otra parte la religión en Asia menor, tiene indicios de un culto al toro, en relación con la
idea de fecundidad. En esta zona, “se conserva una imagen del toro fenicio, en cuya frente aparece un símbolo que permite clasificar a la imagen dentro de la categoría del toro como un
depositario de energía reproductora” (Bollain, et al., 1966, 91). Los protagonistas que aparecen en las imágenes son: el toro, la mujer desnuda y, en ocasiones, un hombre.
Más adelante está Creta, de donde se desprende dos aspectos fundamentales para esta
investigación: la primera es los numerosos mitos que tienen como actor al toro, y en segunda
instancia están las corridas cretenses, que eran celebraciones que tenían al toro como objeto
de poder.
Las corridas cretenses nos ofrecían el ejemplo de un rito convertido en juego, pero un
rito inscrito en el área de la religiosidad popular y mágica, cuya finalidad consistía en
la transmisión del poder genésico del toro. Parece que en la antigua creta existían ritos
de este género. Vinculados al momento de las bodas. Se trataba, en definitiva, de
ponerse en contacto con el toro para atraer hacia sí la fertilidad y la potencia
engendradora. El problema no está muy claro. El sello de oro del tesoro de Tisbe nos
ofrece una escena de sacrificio en que un personaje masculino ricamente ataviado
inmola a un toro, clavándole un puñal en la cerviz. En todo caso, lo cierto es que
aquellas corridas, debieron despertar el entusiasmo de las multitudes, precisamente por
realizaban, agarrándose a los cuernos del toro, saltos mortales que exigían pericia
suma. (Bollain, et al., 1966, 92)
Después de esta breve descripción de las corridas cretenses y antes de mencionar los mitos
alrededor del toro de la cultura pre-helénica, encontramos lo que era la práctica de la
taurokatapsia, lo cual era característico en las regiones de Creta y Tesalia.
La llamada taurokatapsia fue una suerte de ejercicio venatorio que tenía como
finalidad la captura de un toro o de varios toros salvajes por cazadores a caballo que
corrían detrás de ellos. Conviene distinguir bien entre esta práctica, que tenía lugar en
campo abierto, y los juegos tauromáquicos cretenses, que se desarrollaban dentro de
un recinto. (Bollain, et al., 1966, 107-108)
Por otra parte, en los mitos griegos sobre el toro, en donde se incluye el famoso mito cretense
del minotauro: En primer lugar encontramos el mito del rapto de Europa, en donde aparecen
Zeus, Poseidón y Libia:
Europa, hija menor de Agenor, nieta de Poseidón y Libia, se encontraba jugando un
día con sus compañeras en la playa de Tiro. Zeus, enamorado de ella, adoptó la forma
de un toro blanco y se presentó en la playa. La joven empezó a jugar con él y acabó
subiéndose encima. Zeus, entonces, emprendió veloz carrera y se adentró en las aguas,
con gran espanto de Europa, que con una mano se aferró a uno de sus cuernos. Al
llegar a Creta, Zeus poseyó a Europa, y de esta unión nacieron Minos, Radamanto y
Sarpedón. (Bollain, et al., 1966, 106)
En el desarrollo de la historia de Creta sigue el famoso mito del minotauro, ya que sucede
cuando Minos sucede a Asterio en el trono de Creta y tras una lucha con sus hermanos, él le
Minos, rey de la isla –por lo mismo dotado de carácter sacerdotal- ruega al dios marítimo Poseidón que le envíe un toro para sacrificarlo en su honor. El dios accede a
la súplica y, entreabriendo sus aguas, hace salir de ellas un toro de belleza y fuerza
sobrenaturales. Fascinado Minos con la bestia, le hace conducir a sus establos
secretamente y ofrece otro toro en el altar del dios; Poseidón, indignado, infunde al
toro una ciega cólera -¿lejano antecedente de la bravura de los toros de lidia?- e inspira
además en Pasifaé, la bella esposa de Minos, un devorante deseo erótico por el toro;
para complacerla, Dédalo disfraza de vaca a la reina, y así se consuma la dramática
unión de Pasifaé y el “toro negro” –como los de lidia- de Poseidón, unión de la cual nace el monstruo hibrido, con cuerpo de hombre y cabeza de toro. (Holguín, 1966, 12)
Para finalizar con los mitos de la antigua cultura griega, encontramos el mito de Orión, donde
vuelve a aparecer el toro como fuente y dador de vida. Hecho recurrente en las culturas del
mediterráneo donde es de constante aparición el toro, tanto en sus mitos, como en el arte.
Érase una vez un criador de abejas que se llamaba Hireo. Un día, acertaron a pasar por
su casa Zeus y Hermes, quienes demandaron su hospitalidad. Esta fue excelente, y los
dioses, para recompensarle, le preguntaron al partir si quería realizar algún deseo.
Hireo contestó que su mayor ilusión seria tener un hijo, pero que ello no era posible,
dada su avanzada edad. Entonces los dioses le aconsejaron que matara un toro, que se
orinara en su piel y que enterrara esta en el sepulcro de su mujer. Al cabo de nueve
meses, surgió de la tierra un niño maravilloso, Orión, a quien se consideró mensajero
de las lluvias primaverales y estivales. (Bollain, et al., 1966, 107)
A continuación encontramos el imperio romano, en donde el sometimiento de los pueblos
griegos y la herencia de algunas características culturales, el mito del toro tiene una gran
importancia en esta cultura. Los mitos que se tienen alrededor del toro son herencia de las
a los juegos, fueron sensibles a los juegos en los que el toro desempeñaba un importante
papel. Al parecer esta afición taurina venía desde España, donde era tradicional observar
como alanceaban los toros en el campo. En algunos casos, se trababa de combate individual
de un gladiador con un toro; en otros, de verdaderas cacerías en recinto cerrado.
En cambio, en la península ibérica, encontramos una gran variedad de expresiones que hacen
referencia al toro, en donde algunos nos presentan el sacrificio del toro, mientras otros, nos
muestran la adoración sin el acto de la muerte del animal. En primera instancia, la
demostración del sacrificio del toro en los siguientes ejemplos:
La famosa estela de Clunia, que representa a un guerrero armado de un escudo y lanza
delante de un toro. La inscripción ibérica que acompaña al disco taurino es de difícil
interpretación, y no ha podido aclarar el verdadero contenido de la escena.
Desgraciadamente, la estela primitiva desapareció y sólo conservamos el diseño de
ella que hizo un erudito en 1774. Más interés reviste el bronce conservado en el museo
de Valencia de Don Juan, representando una escena de sacrificio. Tres personas se
disponen a inmolar tres animales, dos cerdos y un cordero, y las figuras se alzan, a
modo de peana, sobre una piel de toro que tiene, en uno de sus extremos, una
maravillosa cabeza de este animal. […] El circo de Termes, anterior a los romanos y enclavado en el templo, servía, pues, para congregar a los fieles. Los objetos
encontrados en este templo de Termes muestran claramente qué espectáculo era el
sacrificio del toro. (Bollain, et al., 1966, 109)
Aunque es un poco confuso el sacrificio del toro fue fundamental en las religiones ibéricas.
Por otro lado, y con semejanzas a los ritos y sociedades expuestas anteriormente, aparece en
esta región la adoración del toro reflejada en dibujos y esculturas, que muestran al toro como
deidad y ser dotado de poderes excepcionales, de donde se deriva la admiración por parte de
La religión ibérica, fuertemente naturalista, profesó una singular veneración al toro.
Las pinturas rupestres, especialmente en la zona levantina (Teruel y Albacete),
constituyen el precedente lógico de esta veneración, ya que la representación gráfica
del toro estuvo, sin duda, asociada a la llamada magia simpática o simpatética. En
Andalucía son numerosos los hallazgos de figuras de toros en arcilla y también en
piedra, como el famoso toro de Ecija, en pie, erguido y exento, y el echado de Osuna.
[…] Merecen especial mención, dentro de la segunda edad del bronce, las magníficas cabezas de toro en bronce encontradas en Costig, en las Baleares […] No faltan en Levante los vestigios taurinos, como el toro de Rojales, descubierto en la
desembocadura del Segura, y los numerosos toros de piedra encontrados en Alicante.
El vaso de Liria, de cerámica decorada con motivos taurinos, constituye un admirable
documento, aunque su interpretación resulte difícil. En el centro de la península,
principalmente en Extremadura, en la zona fronteriza con Portugal, se han encontrado
también cabezas de toros, como las cuatro conservadas en la ciudad de Beja. No muy
lejos, se encuentran los famosísimos toros de Guisando, cuatro esculturas de toros en
granito, de tamaño natural, colocadas en fila y situadas en uno de los valles que se
encuentran enfrente de la sierra de Gredos. (Bollain, et al., 1966, 109)
Al final el toro formaba parte de un culto a una deidad que representaba valores masculinos y
que para los pueblos que adoraban el toro, eran esenciales en varios aspectos de su vida.
Es importante poner en relieve que el culto rendido al toro en aquellas épocas remotas
se renueva en la actualidad, o quizá más exactamente se prolonga sin interrupciones
hasta nuestros días, no solo en casos tan evidentes como el de España y la India, sino
en otras cosas diversas comarcas. Así, la comida ritual del toro es frecuente hoy en
La existencia de un misticismo alrededor del toro, ha sido duradera a través de las sociedades.
En parte la evolución ha ido de la mano de la evolución de la raza humana, en donde los
cambios con respecto a las percepciones de la naturaleza han creado un alejamiento del toro
como deidad, y se ha convertido en el toro como exponente de peligro, del instinto salvaje.
Por eso, se cree que la llegada de la cultura taurina a la época de los circos romanos, son los
primeros vestigios de las corridas de toros modernas, en donde se mantiene en enfrentamiento
de la bestia –el toro de lidia-, con el ser humano –en este caso no es un esclavo, sino un personaje que por voluntad propia decide enfrentarse a la muerte.
El toro salvaje en Europa
Como lo dice explícitamente, la TAUROMAQUIA, es la cultura dada alrededor del toro. Por
esta razón el principal actor es el animal, ya que sin él no existiría la fiesta brava. Todo el
proceso de selección nace cuando en Europa se “domestican” a los parientes salvajes del toro y luego se realizan cruces para engendrar los que hoy se conoce como los encastes.
El más antiguo fósil de una especie provista de cuernos, que, como es lógico, hay que
suponer especie salvaje, se halló en el Pliceno índico y Liockker y Rut la denominaron
Bos planifrons, fijadas sus características por las dimensiones y forma del cráneo. Otra
forma pretaurina del Cuaternario inferior, el Bos namadicus de Falconieri, representó
al toro salvaje en forma más pequeña que el planifrons, pero de cornamenta más
desarrollada. En Transbaikalia se han hallado restos del Bos primigenius bojanus o uro
europeo, cuya especie fue descrita por Dvrest, en el Turquestán, como el Bos
primigenius nomadicus, que se extendía incluso hasta el Norte de África. […] Los primeros datos históricos sobre el uro proceden de los pueblos de Asia Menor y de los
egipcios; también se encuentran referencias en los códigos asirios sobre cacerías reales
babilonia. En Italia, Sicilia, España, Suecia y resto de Europa (central y septentrional),
han existido formas de toros primitivos o uros, cuyas siluetas quedaron reflejadas en
los dibujos y pinturas correspondientes a cada época y civilización. Según todos los
autores, el área de dispersión del uro abarca desde la punta septentrional de Europa
hasta el extremo opuesto de Asia, y desde España e Inglaterra hasta el oeste de China,
de aquí que aparecieran formas domésticas, simultáneamente, en varias zonas
geográficas. Esto explica la existencia de toros semisalvajes en Escocia y Suiza. En
esta última nación, los toros fueron dedicados a la lucha; para Keller estas
derivaciones del uro eran oriundas en la cual se criaban toros en la región del Nilo.
Los árabes pudieron difundir este toro a través del Norte de África y por España pasar
a Suiza, y cabe también dentro de lo posible que fueran estos toros semisalvajes los
precursores de nuestro actual toro de lidia. (Bollain, et al., 1966, 25)
En primer lugar hay que especificar que el toro de lidia3 está en la clasificación zoológica en
“la especie Bos Taurus, perteneciente al género Bos, familia Bóvidos, orden Artiodáctilos, clase Mamíferos y tipo Vertebrados” (Bollain, et al., 1966, 9). La familia Bóvidos está caracterizada por ser rumiantes, con dientes en forma de media luna y tienen una
conformación cornea, que se sostiene se la parte ósea. Para el caso de los Bovinos, este
soporte óseo es una prolongación del seno frontal.
Como parientes y posibles ancestros del toro de lidia encontramos:
El modo en que la subfamilia Bovinae ha sido dividida en géneros para abarcar todas
las actuales formas vacunas, y, por ende, incluir al toro de lidia, no es unánimemente
admitido por todos los zoólogos. Por lo común, suele usarse en los tratados españoles,
la clasificación de Antonious, que Kronacher apoya como más verosímil. Las de
3El adjetivo de lidia ha e
Rutimeyer y Dverest, hoy día casi en desuso, coinciden en líneas generales con la de
Hilzheimer y, estas cuatro mismas, barajadas en los tratados, son las que se estudian.
Nosotros nos limitaremos a recopilar las cuatro clasificaciones expresadas. Hilzheimer
admite tres géneros: 1) Bubalinos. Animal representativo, el búfalo. 2) Bisontinos.
Animal representativo, el bisonte. 3) Bibovinos. Animales representativos, el banteng,
gaur, gayal, yak y cebú. 4) Taurinos. Animales representativos, el uro (Bóvido
primitivo), y ganado europeo vacuno doméstico. Dverst, cuya clasificación se basa en
el desarrollo del cráneo, solamente admite tres géneros: 1) Bubalinos: búfalo. 2)
Taurinos: bangter, gaur, gayal, cebú y ganado vacuno doméstico. 3) Bisontinos: yak y
bisontes. Rutimeyer admite un género (el bos) y cuatro subgéneros: 1) Bubalus: búfalo
en sus diversas formas. 2) Bibos: gaur, gayal, banteng, cebú, ganado vacuno
doméstico y toro de lidia. 3) Phoephagus: yak. 4) Bison: bisonte (cuatro formas). La
clasificación de Antonius admite tres géneros: 1) Leptobos, ya desaparecido. 2)
Bubalus, con los siguientes subgéneros: Anoa, Mindorensis y Bubalus. 3) Bos, con los
subgéneros: Bibos, Phoephagus, Bison y Bos Taurus, esto es, el toro en todas sus
manifestaciones actuales. (Bollain, et al., 1966, 10)
Para concluir este apartado, podría afirmarse que pese a una gran variedad de posibles
ancestros del toro de lidia, y contar con una familia tan grande –familia Bos-, en donde encontramos tantas divisiones, como pudimos ver con los géneros y subgéneros que
mencionamos anteriormente, el que más fuerza tiene sobre el toro de lidia es el URO europeo.
La caza del toro, Roma y los torneos caballerescos
Los primeros aspectos de la evolución hacia la corrida moderna son: la caza del toro salvaje,
aceptados como antecedentes de la corrida moderna, algunos de estos se adentran a la corrida
de toros y marcan unas características.
En primer lugar la caza del toro, la cual se establece como una tradición y un rito en las
culturas europeas, donde este acto se ha visto representado desde las cavernas pre-históricas.
Es muy probable que la corrida de toros, como acto de un culto religioso, se halle
emparentada con otra costumbre o ceremonia religiosa del hombre primitivo: la caza
del toro salvaje. […] En respaldo de esta tesis –en lo concerniente a España- hay la circunstancia de que el uro era objeto de caza, probablemente ritual, en el norte de la
península, como en otras regiones europeas; y, según un documentado estudio de
Ortega y Gasset, el toro de lidia desciende, en línea directa, del uro salvaje. […] Ya Pérez de Guzmán decía que el origen de las corridas debía buscarse en la caza y la
muerte de los toros que los jóvenes de Tesalia practicaban persiguiéndolos a caballos.
(Holguín y Holguín, 1966, p.24)
Esta práctica tiene eco en los grabados de Goya, de su serie TAUROMAQUIA, donde se ven
representada la caza del toro salvaje por parte de los hombres a caballo, que se cree son los
primeros pinos de las corridas de toros, y particularmente del rejoneo; el arte de torear a
caballo.
Numerosos grabados de Goya, que todos recordamos, traen todavía la escena del toro
de lidia acosado por los perros. Si a ellos se agrega la presencia del torero al caballo – cuya obvia supervivencia son el rejoneador y el picador-, es natural suponer que la
lidia se origina, al menos en parte, en la caza del toro o del uro en el norte de España.
Luego encontramos la época del circo romano, donde el aspecto fundamental, heredado por
las corridas de toros actuales, es la lucha del hombre y la bestia. Esto ha sido constante en las
civilizaciones nacientes.
La lucha entre el hombre y la bestia feroz –claro antecedente histórico de la lidia- ha sido costumbre constante en las nacientes civilizaciones. La fiesta ya organizada, con
sabor de espectáculo pero basada probablemente en tradiciones milenarias, data
evidentemente de Creta, pero llega a su apogeo en los grandiosos circos romanos,
cuyas arenas ensangrentadas se prolongan en las plazas monumentales de hoy.
(Holguín y Holguín, 1966, p.30)
Otra mirada a la evolución de la cultura romana a la española, dice que es simplemente una
continuación de las diversiones y tradiciones romanas, la cual, a su vez, es la continuación de
las tradiciones cretenses a la griegas y de las griegas a la romana. Es una linealidad de una
costumbre que parte de una cultura alrededor del toro bravo.
Decisiva para esta vinculación de toreo y circos romanos parece la observación de
Cossío, según el cual algunos relieves antiguo, como el de Esmirna, y algunas
monedas griegas de hace 25 siglos reproducen la escena de derribo del toro; este autor
piensa que esa práctica se introdujo inicialmente en os circos del Imperio. Pudiera así
preguntarse: es esa línea del espectáculo, basado en la lucha del hombre con el toro
feroz, que va de Creta a Grecia y de esta a Roma, penetrando luego largamente en la
era cristiana, la que se prolonga en la tauromaquia actual? Huizinga mismo dice que
“las corridas de toro, como función fundamental de la cultura española, son una continuación hasta nuestros días de los LUDI romanos. (Holguín y Holguín, 1966,
p.30)
En la época de la nobleza y los caballeros se dan los primero pasos de la tauromaquia actual.
desde sus monturas, la figura del torero a pie la ejercían los peones, quienes asistían a los
nobles ante cualquier imprevisto.
Puede pensarse, por otra parte, que las corridas de toros, tal como la fiesta “se fija” a partir del año 1080 aproximadamente, vienen a sustituir en la Península, poco a poco,
a los torneos caballerescos, pero apoyándose parcialmente en ellos. Simplificando
hasta el extremo un doble fenómeno bastante complejo, puede decirse que –al menos
en el instante de apogeo de uno y otro espectáculo-, el torneo es medieval y la lidia en
su forma moderna es, ya, renacentista. El torneo llega a su cenit con los cruzados –que son alma y esencia del Medioevo- y la tauromaquia llega a su perfección con figuras
ya renacentistas, en los siglos XVI y XVII. Como natural derivación del torneo, y
también de la caza primitiva, la lidia se practicaba inicialmente es España a caballo, y,
por tanto, solo podían participar en ella los caballeros, o sea los nobles: era, pues, en
un principio, una fiesta aristocrática, que solo más tarde se volvió popular. Y así, el
paso de lo aristocrático a lo popular marca el tránsito del toreo a caballo al toreo a pie.
Pero de este origen noble perduran en la tauromaquia los picadores, los rejoneadores
y, sin duda, hasta época muy avanzada las jaurías. (Holguín y Holguín, 1966, p.32)
La conquista y la colonización de América
La llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo trae con ellos una cultura a imponer. En el
caso de Colombia, la llegada de los españoles lleva ligada la religión católica y la incipiente
cultura taurina, debido a la llegada de las primeras reses bravas.
Se establecen dos periodos en los que llegan al país los primeros toros. En la primera etapa
llegan reses con alguna bravura, que permiten las primeras demostraciones de la naciente
época del segundo viaje de Colón a América, a partir de acá la constante llegada de
conquistadores con animales para poder adecuarse a las nuevas tierras. Con este proceso se
empieza una etapa en la que la constante llegada de animales bovinos, da origen a los
primeros festejos taurinos en la Nueva Granada y que posteriormente llegan al desarrollo de
una tradición taurina en Colombia, y Bogotá.
Por los tiempos en que Colón se aprestaba a su segundo viaje, todavía en la búsqueda
de las indias orientales, sus ancestros pastaban en las marismas del Guadalquivir en
Andalucía, y fueron embarcados por el Almirante, que no había encontrado bovinos en
las tierras descubiertas en el primer viaje. Desde ese rincón suroccidental de la
península española, que acuna al Golfo de Cádiz, salieron en 1493 los antepasados de
nuestro toro bravo […]. (Diusabá & Buenaventura, 2009, p.10)
Años más tarde, de acuerdo con las capitulaciones emitidas por la corona, en la que exigían
que el nuevo territorio se manejara con animales traídos de la península y con las familias de
los viajeros, se da una nueva ola de importaciones de animales.
Años después, en 1525, don Rodrigo de Bastidas llevaría desde allí los primeros
animales a territorio continental, en cumplimiento de lo mandado en las capitulaciones
que lo obligaban a poblar con familias de colonos y llevar ganados y semillas a las
tierras que se le permitió colonizar […]. (Diusabá & Buenaventura, 2009, p.10)
Luego, en una segunda ruta, los toros entran por la parte sur del país, y en esta ocasión ya en
una mayor cantidad. Dando así las primera colonizaciones ganaderas en el nuevo mundo.
La segunda ruta de los primero ganados a nuestro territorio se trazó por el sur.
Sebastián de Belalcázar, quien anduvo por Centroamérica antes de embarcar hacia el
ciudades como Cali, Popayán y Neiva, entre otras, llevando siempre consigo ganado y
todo tipo de animales domésticos. (Diusabá & Buenaventura, 2009, p.10)
La última ruta del toro en esta época de colonización entra por lo que hoy se conoce como
Venezuela, y es la encargada de poblar de bovinos los llanos, y en donde aparecen las
primeras vacas toreables, que muestran un punto de lo que hoy se conoce como ganado bravo
o de lidia.
La tercera partió de Isla Margarita en el Caribe venezolano, para entrar por la Guajira
unos, y otros por las llanuras interiores de Venezuela. Al primer trayecto de esta ruta
atribuyen algunos historiadores la llegada de los primeros toros a lo que hoy es
territorio colombiano, con don Alonso Luis de Lugo, en 1543 –demasiados años después-; en una travesía con rasgos de epopeya, desde la dicha Isla Margarita y la
Guajira, hasta las tierras en el interior que hoy hacen parte de la comarca tolimense, a
la hacienda Hato Bermejo. (Diusabá & Buenaventura, 2009, p.10)
De este segundo trayecto de España al nuevo mundo, los registros hablan de la expedición de
Diego Fernández de Serpa, en la cual serían unos 800 animales lo que se lograron transportar
y serían la mayor simiente de las ganaderías colombianas.
Los registros del segundo trayecto dan cuenta de la expedición de don Diego
Fernández de Serpa, quien, años más tarde, ya en 1562, logró llevar 800 animales
hasta Tocuyo, las sabanas de Carora y los llanos del sur, que se confunden con los
nuestros orientales. No hay duda de que estos animales, junto con los que luego
aportarían las comunidades religiosas –los jesuitas principalmente- fueron la simiente de nuestro Casanareño y Sanmartinero, de donde salieron las primeras vacadas,
rústicas y cuneras, pero ‘toreables’ para las festividades taurinas de la época de la nueva granada. Las mismas que, más de 300 años después, en un verdadero
animales que vinieron en la segunda colonización, esta vez de casta, importados de la
madre patria para desarrollar en Colombia las primeras ganaderías de bravo. (Diusabá
& Buenaventura, 2009, p.11)
Posteriormente, como está expresado en la cita anterior, llegaría una segunda colonización, en
donde ya empiezan a importarse los toros de casta. Quienes en un principio formaron las
ganaderías criollas, pero que tiempo después, salvo algunas excepciones, fueron desechando
este cruce y optaron por una ganadería brava más definida y más depurada. Aplicando las
técnicas de selección provenientes de los españoles.
Para el historiador panameño Alfredo Castillero Calvo, en torno al papel histórico del toro, no
sólo en Colombia sino en América, dice que “El ganado iba abriendo fronteras, primero ocupando las sabanas preexistentes, luego penetrando los bosques, y por todas partes
anticipándose al hombre.” (Diusaba y Buenaventura, 2009, p.30) Teniendo en cuenta esto, el proceso de ocupación de las diferentes regiones en Colombia y en gran parte de América, se
dio con la ayuda de los toros, quienes por su carácter bravo lograban recorrer sectores, que al
principio, eran difíciles para los hombres, pero que a medida que los animales abrian el paso,
los conquistadores lograban hacerse camino por ahí.
Más adelante Diusaba y Buenaventura (2009), continuando relatando los sucesos de esta
época de la conquista y colonización, y va mostrando como iba tomando importancia la
presencia del toro en las nuevas ciudades americanas, y que establece una cultura taurina en
las américas.
Otra vida era la de las incipientes ciudades. Allí, ya el toro fuera fundamental de la
vida y de las fiestas. En ese momento cuando aparecen los primeros remedos de
espectáculos taurinos en esta parte de del virreinato de la Nueva Granada, aunque
algunas remembranzas sitúan un festejo en 1583 en Bogotá, e incluso en 1566, según
tiempos puede remitirse a la proclamación de Carlos IV, en 1789. En la Nueva
Granada, su jura puso fin a la abstinencia de 29 años de celebraciones por cuenta de la
llegada de un nuevo rey al trono. Fueron 28 dieciocho días de excitación en Panamá – entonces parte del territorio nacional-, ocho días en Cali y un par de semanas en
Cartagena de Indias. (p.32)
Por esa época era, de igual manera, común celebrar cualquier acto oficial con toros,
No había pues acontecimiento importante –política, militar, social o religioso- que no incluyera un alanceamiento de toros bravos, para nada despreciables si se les
comparaba con los que algunos decían haber visto en Madrid o Salamanca. De eso dan
fe las memorias de los carnavales con que se celebró la coronación de FernandoVII,
en 1808, apenas antes del grito de independencia […] Igual, la lidia de los toros bravos está inscrita en momentos decisivos del arisco paso de nuestra historia nacional […] Hay que citar festejos que fueron puntos de encuentro entre la alegría y los
sentimientos patrióticos. El primero tuvo como curioso protagonista al penúltimo
virrey de la Nueva Granada, José Amar y Borbón, quien a su llegada fue agasajado
con tardes de toros y, aunque quizás nunca lo supo, apenas ocho días después de huir
de la efervescencia y calos del 20 de julio de 1810, fecha del grito de la independencia,
los mismos le habían abierto los brazos se encargaron de soltar reses de lidia en la
plaza de la ciudad para celebrar su partida. (Diusaba y Buenaventura, 2009, p.34)
La evolución de las plazas bogotanas a la Santamaría
Ya en el principio del siglo XX, la presencia de pequeños recintos o tablados, en donde se
realizaban las primeras corridas de toros en la ciudad de Bogotá, toma una importancia para la
evolucionar en su aceptación y práctica de la tauromaquia, por lo que termina construyéndose
la Monumental Plaza de Toros la Santamaría.
La época centenarista, que podría en 1910, registra 18 plazas de toros en diferentes
sitios de Bogotá. En el hoy barrio Teusaquillo, en el Boulevard Mosquera, en “La Favorita” (calle 17 carrera 13), en el “Circo Variedades” en la calle 24… En 1915 apareció la primera plaza o circo de San Diego, construido por Morenito de Valencia y
que tuvo efímera vida. Luego, en el costado sur del Parque del Centenario (antigua
calle 25 entre carreras 7ª. Y 13.a) y casi en el mismo sitio, es decir, un poco abajo del
“Salón Olympia”, se levantaron tres circos más; el último en este sitio lo inauguró Pedro Espejo, en Julio de 1917, y por primera vez se vieron los “toreros bufos”. Fue esta última plaza la que sufrió varios castizos desentables, la forma como el público
protestaba por la mansedumbre del ganado o por el miedo de los coletudos. […] En el costado occidental del Parque del Centenario, con dinero de don Ignacio Sanz de
Santamaría y la administración del doctor Alberto duarte, se construyó una plaza de
madera bastante buena y que fue la precursora de la Santamaría. ("Picas", 1981, p. 19)
Los primeros indicios de la celebración de actos taurinos en la capital colombiana, indican
que se daban en las fiestas populares, en improvisados cercados en las diferentes plazas de los
barrios de Santa Fe. Luego, con el impulso de varios aficionados sería construido el circo de
San Diego, donde parte de la historia de los toros en la capital se escribiría y por último, con
el auspicio de la familia Sanz de Santamaría y la inversión del ganadero Ignacio Sanz de
Santamaría, sería construida la plaza de toros la Santamaría, todo un referente en el orbe
taurino.
José María Cordovez Moure inicia el relato de uno de sus cuadros de costumbre, haciendo
Es indudable que, de las diversiones a que se entregan los pueblos de origen español,
ninguna alcanza la popularidad de las corridas de toros. Puede decirse que hay en
nuestra idiosincrasia algo de toril, inseparable de nuestro modo de ser. Todos, cual
más, cual menos, tenemos inclinación a torear, y es muy raro el niño que al pasar por
cerca de una res, aunque sea manso buey uncido a enorme carro, no se quita el
sombrero para provocarle; y si alguno de los bueyes en que traen mercancía los
carboneros o leñadores llega a derribar a fuerza de corcovos la carga, en el acta se
arma la francachela y aturden los silbidos y gritos de los muchachos, entusiasmados
con la perspectiva de que el animal se enfurezca y les proporcione un rato de
diversión. (Cordovez Moure, 1971, p.5)
Con esta descripción de Cordovez Moure, podemos apreciar rasgos de la herencia española en
los ciudadanos de la capital, quienes tenían un aprecio por los espetáculos taurinos, que
conlleva a la evolución de las plazas improvisadas a las grandes construcciones taurinas.
Seguidamente Cordovez Moure, nos da unos lineamientos de cómo se daban este tipo de
festejos, y como cada uno de los actores sociales tenía su papel en el desarrollo de los festejos
taurinos.
Así mismo podemos ver la transformación de los sitios en los que se realizaban estás fiestas
en la capital. Los primeros sitios en los que se originaron, ya terminado el periodo de la
colonización, eran las plazas principales de cada barrio en los que estaba dividida Bogotá.
Después de esto, hacia 1840, la inauguración de la estatua en memoria del libertador, Simón
Bolívar, en la plaza principal de la capital, lugar donde se establecería la tradición de celebrar
el 20 de Julio con espectáculos de las fiestas populares, donde incluían las ya características
corridas de toros.
Antaño tenían lugar las corridas de toros en cada uno de los barrios en que estaba
en San Victorino, para lo cual se aprovechaba la plazuela del mismo nombre, la que en
esa época era suficiente para que pudieran concurrir a divertirse los habitantes de la
ciudad que estuvieran en actitud de hacerlos. Pero desde el año de 1846, en que se
inauguró por el entonces presidente general Tomás C. de Mosquera la estatua del
libertador en la plaza principal, se adoptó la costumbre, apoyada en el mandato
oficial, de celebrar el 20 de Julio, como aniversario de la proclamación de nuestra
independencia nacional, con espectáculos más o menos rumbosos y variados […] (Cordovez Moure, 1971, p.7)
A continuación se nos presenta un esbozo de cómo era un día de corrida de toros, en aquella
época en la capital, en donde se veía un gran alboroto y la ciudad se transformaba en un lugar
bullicioso y caótico.
El 21 de Julio empezaban las verdaderas fiestas con las bulliciosas corridas de toros,
que era la meta perseguida por los que estaban ansiosos de divertirse. Desde las once
de la mañana empezaban a llegar a la plaza grupos de señoritas vestidas de amazonas,
seguidas de jóvenes montados en magníficos caballos: a la una se traían los toros en
medio de un diluvio de jinetes de todos los tipos imaginables, precedidos de la gente
de a pie que acudía ansiosa de tomar puesto en la barrera, sobre la cual se hallaban de
antemano los establecidos muchachos de la ciudad. (Cordovez Moure, 1971, p.24)
Este acto ya tenía un aspecto similar a las modernas, ya que tenía un orden que estaba
establecido por las primeras reglamentaciones taurinas existentes. Aspecto que también viene
de una evolución y depuración de unas leyes, que han tenido una evolución similar a los
tiempos cronológicos de la humanidad.
La corrida empezaba por el despejo, ejecutado con maestría por algunos de los
batallones del ejército, durante el cual se soltaban palomas encintadas y con flores se
centro hacia la barrera en busca de refugio. Llegaba el momento de soltar al toro.
Todos los concurrentes guardaban silencio y quedaban en ansiosa expectativa; los
toreadores, que eran apenas diestros ganaderos, vestidos con frac y calzón corto de
percal, medias blancas y alpargatas, cubiertos con gorro frigio y de manera que cada
pieza de tan atroz traje fuera de color distinto, se colocaban, uno detrás de otro, al
frente del toril, con su respectivo trapo para torear. (Cordovez Moure, 1971, p.28)
Otro aspecto que establece que la tradición taurina de la capital era muy marcada, era la
presencia de todas las clases sociales, reunidas alrededor de la corrida de toros, incluso en
ocasiones se veían en el ruedo a diferentes personajes, que dependiendo de sus trastos, se
podía inferir la clases social de la que provenía.
Los estudiantes toreaban con capote, el pueblo con la ruana, y los cachacos con el
pañuelo: en su entusiasmo por divertirse, los últimos llegaban hasta quistarse la levita
para torear con ella, con lo cual quedaban en cuerpo de camisa y sombrero de copa
alta. La aporreada de esos petimetres causaba gran hilaridad y regocijo, y si el toro
derribaba a un hombre del pueblo, se oía en voz unísona: ¡Lo mató!” (Cordovez Moure, 1971, p.29)
Ya entrado 1900, empiezan las primeras construcciones de plazas de toros formales, que por
aquella época eran edificaciones de madera, donde aproximadamente cabían alrededor de
4000 espectadores. La primera, conocida oficialmente fue el Circo de San Diego, plaza que en
su primera construcción fuera destruida por los aficionados. Ante este hecho, hacia 1917 es
inaugurado el Nuevo Circo de San Diego, que tuviera una vigencia de 14 años, previos a lo
que sería la plaza de toros la Santamaría.
Ante la iniciativa e inversión de la familia Sanz Santamaría, específicamente de don Ignacio
Sanz de Santamaría, se da comienzo a la construcción de la plaza de toros La Santamaría, que
edificación. Este proceso termina en 1931, año en el que es inaugurada con la participación de
Manolo Martínez, Mariano Rodríguez “El Exquisito” y Ángel Navas “Gallito de Zafra”, con cuatreños de Mondoñedo, ganadería fundada por la misma familia Sanz Santamaría.
El señor de Santamaría tenía como administrador al doctor Alberto Duarte Rozo,
quien junto con don Augusto Rozo, administró esa última plaza de San Diego en el
costado occidental; y fueron ellos los encargados de traer los seis sementales (cuatro
de Santacoloma y dos de Veragua), para fundar la vacada de Mondoñedo y unos
ejemplares más que se fueron lidiando en 1924. En 1927 debutó en San Diego
oficialmente la ganadería, con Pablo Lalanda y “Arequipeño”, y en ese mismo año don Ignacio decidió emplear toda su fortuna en la construcción de una verdadera plaza de
toros, donde se pudiera desarrollar la fiesta española en toda su integridad, con
picadores y los espadas de más cartel. En 1928 se comenzaron las obras, en los
terrenos del “Alto de San Diego”, […] Y llegó el día señalado, el 8 de febrero de 1931; un domingo. La boletería estaba prácticamente agotada y se apretujaron en los
tendidos cerca de 15000 espectadores, en sombra los más “chic” y en sol las clases populares. […] En el cartel figuraban tres toreros de segunda: el valenciano Manolo Martínez, Mariano Rodríguez “El Exquisito”, sevillano, y Ángel Navas “Gallito de Zafra. ("Picas", 1981, p.28)
Este sitio ha sido reconocido a nivel mundial, como una de las plazas mas importantes,
exigentes y distinguidas entre los países taurinos. De igual modo ha sido testigo de grandes
acontecimientos de la tauromaquia; con sus 80 años cumplidos; –como la primera alternativa del joven Luis Miguel Dominguín-, del arte, de la música y de contiendas y hechos políticos – como el de la matanza del 56 llevaba a cabo por diferencias entre el presidente y los
Y una corrida, el 5 de Febrero de 1956, de ingrata memoria. Taurinamente, sensacional,
debutó la ganadería de Benjamín Rocha, de la nueva cruza, con éxito muy grande. Se
cortaron más de die orejas. Girón, Chicuelo II y Damaso Gómez… Pero se maltrató tremendamente al público que acudió alegre y confiado a la plaza, donde el domingo
anterior se había silbado a la hija del señor General Gustavo Rojas Pinilla, doña María
Eugenia. […] Se trataba de vengar la afrenta inferida a la hija del mandatario y allí pagaron, el 5 de febrero, justos por pecadores […]. ("Picas", 1981, p.32)
Los aspectos rituales y religiosos de la tauromaquia
Antes de terminar este primer capítulo, vale la pena hacer una pequeña referencia a la corrida
de toros moderna y los aspectos rituales que en ella se observan. Aspectos que se desprenden
de toda una religión y una cultura, alrededor del misticismo del toro y su carácter de deidad
para varias culturas, a través de la historia.
En el texto de Rebeca Retamales (2006), cuando se habla de la corrida de toros como un ritual
religioso, empieza mencionando que “no es posible separar lo artístico de lo religioso en la corrida de toros. Ambos aspectos están tan entrelazados que no se pueden pretender delimitar
donde comienza uno y donde termina el otro” (p.35)
A partir de su afirmación anterior, Retamales (2006) comienza a hacer un análisis de lo que
ella considera que representa la religiosidad en la tauromaquia, específicamente en la corrida
de toros. Como primer punto habla de la danza
Hemos dicho que la corrida de toros es una danza que sigue la forma de una espiral y
que produce emociones que hacen trascender a los participantes a una realidad
diferente de la habitual. Esto no resulta extraño si contemplamos el fenómeno desde el
expresiones de la religiosidad que, más específicamente, en forma de ritual se
encuentra entre las reliquias culturales de los pueblos agricultores y cazadores. (p.35)
Posteriormente, Retamales se dedica a mencionar algunas expresiones que aluden a este
aspecto religioso, “las palabras ritual, sagrado, liturgia, mito, héroe, semidiós constituyen frecuentemente el discurso taurino, pero usadas dentro del contexto ideológico de la religión
católica que, según nuestra opinión, ofrece un marco limitado para considerar la experiencia
religiosa de los participantes en la fiesta de toros puesto que no contemplan la intensidad de
las vivencias religiosas de un ritual arcaico” (Retamales, 2006, p.39)
Por otra parte, para Carlos Holguín (1966) la figura del matador es comparable con la de un
sacerdote, y según él, la característica más clara es los pasos que tiene que esperar para llegar
a la categoría de “matador”.
El matador tiene características propias que lo asemejan a un sacerdote que, se diría,
ejecuta el rito sacrificial del toro. No cualquiera puede lidiar y matar. No basta conocer
el oficio y la técnica taurina. Para llegar a ser “matador” se requiere un largo proceso. Los simples novilleros no pueden lidiar ni matar toros de edad y peso reglamentarios o
vestir trajes de luces ni intervenir en corridas propiamente dichas […] El “matador” no puede llegar a serlo sino por la “alternativa”, ceremonia solemnísima y de carácter evidentemente ritual, cuyas formalidades recuerdan las de consagración de los
caballeros andantes o la ordenación sacerdotal. (p.58-59)
Siguiendo con el tema del sacrificio, Retamales (2006), habla del carácter sagrado que
conlleva el sacrificio del animal, “es un símbolo de renuncia a los lazos terrenales por el amor al espíritu o, a la divinidad. En todas las tradiciones se encuentra el símbolo del hijo o hija,
poderosa será la energía recibida en contrapartida, sean cuales fueran sus fines purificadores o
propiciatorios” (p.112).
Como último aspecto Retamales resalta la constante presencia del número 3 en la
tauromaquia, el cual conlleva un carácter muy especial, el número “tres es universalmente un número fundamental. Es un número creativo que implica movimiento y poder; la triada es el
número de la totalidad. Expresa orden intelectual y espiritual en dios en el cosmos y en el
hombre” (Retamales, 2006, p.113).
Como conclusión de este primer capítulo, podría afirmarse que la historia de los toros en
Colombia, trae toda una herencia cultural donde el centro es el respeto y la adoración al toro.
Con la llegada de los españolas y la herencia que dejaron en estas tierras americanas, se
vuelve más común las celebraciones de las fiestas con toros, lo que queda marcado dentro de
la idiosincrasia del pueblo colombiano y termina por llegar a tener una de las plazas más
importantes, que vivió grandes acontecimientos taurinos. Aquí vemos el carácter tradicional
de la tauromaquia en Colombia y su recorrido por las diferentes etapas de la historia de un
pueblo. Aquí se refleja una concepción de mundo, una cultura alrededor de un animal que
llego gracias a los españoles desde el siglo XVIII y que en la actualidad sigue estando
presente en el campo, en las diferentes ganaderías colombianas, así como en la vida de los
CAPÍTULO II.
La base para la discusión
La tauromaquia
Según el diccionario de la Real Academia Española (2014) la tauromaquia es “el arte de lidiar toros”. Partiendo de esta definición, hablar de la cultura taurina o tauromaquia, implica la referencia a la evolución de las diferentes tradiciones alrededor del toro, y que desembocan en
la actual corrida de toros. Por eso las diferentes representaciones de tauromaquias muestran
siempre las faenas en la plaza como la tauromaquia de Botero y de Goya. En palabras del
ganadero colombiano, Mauricio Molina (2014), “la tauromaquia empieza por cultura, tradición, historia y sentimiento que se percibe alrededor del toro. Inicialmente un público que
lo ve, que lo aprecia y que disfruta y los actores como toreros, ganaderos y todos los que giran
en torno a la fiesta. Creo que cada uno de los actores que participamos de alguna u otra
manera, vemos la tauromaquia y la sentimos muy profundo, desde muy adentro de cada uno”.
Dando a entender que la tauromaquia parte de un sentimiento que los aficionados y actores de
la fiesta tienen entorno al animal, el toro de lidia, y que en la corrida logran experimentar un
montón de sensaciones, producto de la lidia que se la da al animal.
A través de la evolución de la tauromaquia, se han dado cambios muy importantes en las
exigencias que se le hacen al torero durante la lidia del animal. Como lo dice Rebeca
Retamales (2006)
Anteriormente lo más importante era el sacrificio del toro, por lo que torear consistía
básicamente en cumplir adecuadamente el ritual de la muerte. En la lidia de toros
moderna la muerte del toro es la culminación de un proceso en que el torero ha
conseguido, o al menos lo ha intentado, conducirlo y someterlo, a través un
Ritmo, lentitud y armonía son las condiciones de la danza, que, en la corrida de toros,
emprende el torero pretendiendo embarcar al animal. (p.25)
El capítulo anterior presentó un marco histórico de la evolución de la tauromaquia, hasta
llegar a las corridas de toros actuales. Por esta razón en este capítulo se encontrará una
descripción de lo que envuelve la tauromaquia moderna, es decir, se hablará de la corrida de
toros, de su desarrollo, de sus tercios, de que es el toreo y un poco de la ganadería de toros
bravos y de sus faenas camperas, para luego entrar a presentar, en el siguiente capítulo, la
controversia actual que se da en torno a las corridas de toros.
La Corrida de Toros
“En la fiesta de los toros las cosas, como es sabido, siempre van de tres en tres. Tres matadores, seis toros (o sea, dos veces tres), y tres tercios de la lidia, y el ruedo dividido en
tres tercios” (Caballero, 2010, p.9).
Con este primer acercamiento que nos presenta Antonio Caballero, la corrida o fiesta de toros
es un acto, un espectáculo, el cual ha estado presente a través de la historia, y ha venido
evolucionando, hasta depurarse y reglamentarse como se realiza en la actualidad. La
reglamentación taurina hace que sea un ritual muy exacto y con pocas opciones de
modificaciones, ya que constituye una violación reglamentaria que es castigada por la
autoridad competente. A continuación presentaré algunos de los apartes de este reglamento en
Colombia y del que se desprenden apartes de los tercios y del desarrollo que tienen los
espectáculos taurinos:
Artículo 1°. El presente reglamento tiene por objeto la regulación de la preparación,
organización y desarrollo de los espectáculos taurinos y de las actividades
relacionadas con los mismos, en garantía de los derechos e intereses del público y de
cuantos intervienen en aquellos. Los espectáculos taurinos son considerados como una
Constitucional mediante Sentencia C-1192 de 2005, por los cargos estudiados.
Artículo 2º. Lo previsto en el presente reglamento será de aplicación general en todo
el territorio nacional. Artículo declarado EXEQUIBLE por la Corte Constitucional
mediante Sentencia C-1192 de 2005, por los cargos estudiados. Artículo 3º.
Clasificación de las plazas de toros. Los recintos para las celebraciones de
espectáculos taurinos se clasifican en: A. Plazas de toros permanentes, B. Plazas de
toros no permanentes (polideportivos, coliseos), C. Plazas portátiles, Artículo 5°.
Dimensiones. El ruedo de las plazas permanentes tendrá un diámetro de 55 metros,
nunca inferior a 33 metros. Las barreras con una altura de 1.60 metros se ajustarán en
sus materiales, estructura y disposición a los usos tradicionales y contarán con un
mínimo de tres puertas de hoja doble y cuatro burladeros equidistantes entre sí. Entre
la barrera y el muro de sustentación de los tendidos existirá un callejón de anchura
suficiente para los servicios propios del espectáculo. El muro de sustentación de los
tendidos tendrá una altura no inferior a 2.20 metros. (“Reglamento Taurino Nacional”, 2004)
Con esto podemos ver que el país cuenta con un reglamento en el que no sólo se trata el
desarrollo de la corrida, sino que habla de las categorías de las plazas, de las dimensiones de
los ruedos y de las barreras, de las características que debe tener cada categoría de plaza, las
edades de los animales a lidiarse, las manipulaciones permitidas a los animales, los espacios
con que debe contar para asegurar la correcta realización de todo lo que está simplificado bajo
“corrida de toros”, es decir, el sorteo, la llegada de las reses, el patio de caballos, el patio de arrastre, etc.
En cuanto al desarrollo de la corrida de toros, este se hace siguiendo un guion: primero se
realiza el paseíllo y la entrega de las llaves al torilero. De ahí empieza la lidia de cada uno de
los seis toros (aunque existen excepciones y son más toros) en los que se da el tercio de capas,