• No se han encontrado resultados

Okasha. Filosofia de La Ciencia.

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Okasha. Filosofia de La Ciencia."

Copied!
66
0
0

Texto completo

(1)

Samir Okasha

FILOSOFÍA

DE LA CIENCIA

Una Introducción Muy Breve

Traducción de

Ricardo García Valdivia

PROBACH

Samir Okasha FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

(2)

Una Introducción Muy Breve

Traducción de

Ricardo García Valdivia

PROBACH

Traducción: Ricardo García Valdivia**

Editado por el Programa de Bachillerato y Licenciatura en Educación, Facultad de Educación, UNMSM. Lima, Perú, 2005

Título del original en inglés : Philosophy of science. A very short introduction, Oxford University Press, New York, 2002

(3)

ÍNDICE

1 ¿Qué es la ciencia?... 5

Los orígenes de la ciencia moderna……… ¿Qué es la filosofía de la ciencia?... Ciencia y pseudociencia……….

2

El razonamiento científico... 14

Deducción e inducción……… El problema de Hume………

La inferencia de la mejor explicación…………. Probabilidad e inducción………

3 La explicación en la ciencia... 46

El modelo de explicación de la ley de cobertura de Hempel… El problema de la simetría……….

El problema de la irrelevancia………. Explicación y causalidad……… ¿Puede la ciencia explicarlo todo?... Explicación y reducción………..…

(4)

4 Realismo y anti-realismo... 69

Realismo y anti-realismo cientificos……… El argumento del no “milagro”……… La distinción observable/no observable………. El argumento de la infradeterminación……….

5 Cambios científicos y revoluciones científicas...91

Filosofía de la ciencia del positivismo lógico……. La estructura de las revoluciones científicas………..

La inconmensurabilidad y la carga teórica de los datos…….. Kuhn y la racionalidad de la ciencia……

El legado de Kuhn………

6

Problemas filosóficos en física, biología y psicología...113

El espacio absoluto: Leibniz contra Newton…… El problema de la clasificación biológica……….. ¿Es la mente modular?...

7 La ciencia y sus críticos ... 141

Cientificismo………. Ciencia y religión……… ¿Está la ciencia libre de valores?

8 Lectura recomendada... 159

Capítulo 1

¿Qué es la ciencia?

¿Qué es la ciencia?, esta pregunta parece fácil de responder: Todos sabemos que materias como física, química y biología constituyen la ciencia, a diferencia de materias como arte, música y teología que, claramente, no forman parte de la ciencia. Pero cuando preguntamos como filósofos ¿Qué es la ciencia?, esta no es la clase de respuesta que esperamos. No estamos preguntando por una mera lista de actividades llamadas ciencias. Más bien estamos inquiriendo por las características comunes de las cosas que forman esa lista, es decir, lo que hace que una cosa sea ciencia. Vista de este modo nuestra pregunta no es tan trivial. Pero usted puede seguir pensando que la cuestión es relativamente sencilla. Seguramente la ciencia es el intento de entender, explicar y predecir el mundo en que vivimos. Ciertamente, esta es una respuesta razonable. Pero, ¿Ese es todo el asunto? Después de todo, las diferentes religiones también tratan de entender y explicar el mundo, pero la religión no es usualmente reconocida como una rama de la ciencia. Similarmente la astrología y la adivinación de la suerte están interesadas en predecir el futuro, pero la mayoría de las personas no describirían estas actividades como ciencias. O consideremos la historia. Los historiadores tratan de entender y explicar que sucedió en el pasado, pero la historia es usualmente clasificada más como una disciplina humanística que científica. Como muchas preguntas filosóficas, la pregunta ‘¿Qué es la ciencia?’ se vuelve más ardua de lo que parecía a primera vista.

Muchas personas consideran que las características que distinguen a la ciencia descansan sobre todo en los particulares métodos científicos usados para investigar el mundo. Esta sugerencia es muy plausible. Las diferentes ciencias emplean métodos de investigación distintivos que no se encuentran en las disciplinas

(5)

no-científicas. Un ejemplo obvio es el uso de experimentos, el cual marca históricamente un punto de viraje en el desarrollo de la ciencia moderna. No todas las ciencias son experimentales. Los astrónomos obviamente no pueden hacer experimentos en los cielos, en vez de eso se contentan con hacer observaciones cuidadosas. Lo mismo es verdad para las diferentes ciencias sociales. Otra característica importante de la ciencia es la construcción de teorías. Los científicos no solo registran los resultados de sus experimentos y observaciones en un libro de notas, por lo general ellos desean explicar esos resultados en términos de una teoría general. Esto no siempre es fácil de hacer, pero se han logrado algunos éxitos relevantes. Uno de los problemas clave en la filosofía de la ciencia es entender de que manera procedimientos tales como la experimentación, la observación y la construcción de teorías han habilitado a los científicos para revelar muchos secretos de la naturaleza.

Los orígenes de la ciencia moderna

En las escuelas y universidades actuales la ciencia es enseñada de una manera acusadamente ahistórica. Lo libros de texto presentan las principales ideas científicas en ciertas formas convenientes, con muy poca mención del largo y a menudo tortuoso proceso que ha conducido a su descubrimiento. Como estrategia pedagógica puede tener sentido. Pero, algún conocimiento de la historia de las ideas científicas es de mucha ayuda para entender los tópicos que interesan a los filósofos de la ciencia. Realmente, como veremos en el Capitulo 5, se ha sostenido que un atento acercamiento a la historia de la ciencia es indispensable para hacer buena filosofía de la ciencia.

Los orígenes de la ciencia moderna descansan en un periodo de rápido desarrollo científico que ocurrió en Europa entre los años 1500 y 1750, al cual nos referimos ahora como la revolución científica. De hecho, investigaciones científicas fueron realizadas también en tiempos antiguos y medievales – La revolución científica no surgió de la nada. En estos periodos tempranos, predomino la visión aristotélica del mundo, llamada así en nombre del antiguo filosofo griego Aristóteles, quien propuso detalladas teorías en física, biología, astronomía, y cosmología. Pero las ideas de Aristóteles le parecerían muy extrañas a un científico moderno, lo mismo que sus métodos de investigación. Por señalar un ejemplo, el creía que todos los cuerpos terrestres están compuestos de solamente cuatro elementos: tierra, fuego, aire y agua. Esta visión obviamente esta reñida con lo que nos dice la moderna química.

El primer paso crucial en el desarrollo de la visión científica moderna del mundo fue la revolución Copernicana. En 1542 el astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) publicó un libro en el cual atacaba el modelo geocéntrico del universo, el cual colocaba la tierra estacionaria en el centro del universo con los planetas y el sol orbitando alrededor de ella. La astronomía geocéntrica, conocida también como astronomía Ptolemaica en nombre del antiguo astrónomo griego Ptolomeo, es hija directa de la visión aristotélica del mundo y prevaleció sin disputa durante 1800 años. Copérnico sugirió una alternativa: el sol es el centro fijo del universo, y los planetas, incluida la tierra, están en órbita alrededor del sol. En este modelo heliocéntrico la tierra es considerada solamente como un planeta mas, perdiendo de esta manera el estatus especial que la tradición le había conferido La teoría de Copérnico encontró inicialmente mucha resistencia, sobre todo de la Iglesia Católica que la acusó de contravenir las Sagradas Escrituras y en 1616 condenó el libro por su enseñanza del movimiento de la tierra. Sin embargo en 100 años el Copernicanismo logró establecerse como ortodoxia científica.

La innovación de Copérnico no condujo solamente a una mejor astronomía, indirectamente, condujo al desarrollo de la física a través del trabajo de Johannes Kepler (1571-1630) y Galileo Galilei (1564-1642). Kepler descubrió que los planetas no se movían en orbitas circulares alrededor del sol, como pensaba Copérnico, sino mas bien en elipses. Esta fue su crucial “primera ley” del movimiento planetario; sus segunda y tercera leyes especifican las velocidades a las cuales los planetas orbitan el sol.

(6)

Tomadas juntas, las leyes de Kepler proporcionaban una teoría planetaria largamente superior a cuanto se había logrado antes, resolviendo problemas que habían confundido a los astrónomos durante siglos. Galileo fue un permanente defensor del Copernicanismo y uno de los pioneros del telescopio. Cuando dirigió su telescopio a los cielos hizo una riqueza de sorprendentes descubrimientos incluyendo montañas en la luna, un vasto arsenal de estrellas, manchas solares y las lunas de Júpiter. Estos descubrimientos estaban en abierto conflicto con la cosmología Aristotélica y jugaron el rol de pivote en la conversión de la comunidad científica al Copernicanismo.

Sin embargo, la contribución mas perdurable de Galileo no fue en astronomía sino en mecánica , donde refutó la tesis aristotélica de que los cuerpos pesados caen mas rápido que los cuerpos ligeros. En lugar de esta teoría, Galileo hizo la sugerencia contraintuitiva de que todos los cuerpos caen hacia la tierra en el mismo tiempo, independientemente de su peso. (De hecho, en la practica, si usted deja caer una pluma de ave y una bala de cañón desde la misma altura, la bala de cañón llegará al suelo primero, Galileo argumento que esto se debía simplemente a la resistencia del aire – en el vacío ambas llegarían al suelo juntas.) Adicionalmente, sostuvo que los cuerpos en caída libre se aceleran uniformemente, es decir, ganan iguales incrementos de velocidad en iguales tiempos; esto es conocido como la ley de Galileo de la caída libre: Galileo proporciono evidencia persuasiva aunque no totalmente concluyente para esta ley, la cual es la pieza central de su teoría de la mecánica.

Galileo es considerado generalmente como el primer físico moderno. Fue el primero en mostrar que el lenguaje de las matemáticas podría ser usado para describir el comportamiento de los objetos reales en el mundo material : cuerpos que caen, proyectiles, etc. Para nosotros esto parece obvio – las teorías científicas actuales son normalmente formuladas en lenguaje matemático, no solo en las ciencias físicas sino también en biología y en economía. Pero en los días de Galileo esto no era obvio: se reconocía ampliamente que las matemáticas trataban con entidades puramente abstractas y por lo tanto eran inaplicables a la realidad física. Otro aspecto innovador de la obra de Galileo fue su énfasis en la importancia de probar las hipótesis experimentalmente. Para los científicos modernos esto puede parecer nuevamente obvio. Pero en el tiempo en que trabajaba Galileo, la experimentación no era generalmente considerada como un medio confiable de obtener conocimiento. El énfasis de Galileo en la prueba experimental marca el inicio de una aproximación empírica al estudio de la naturaleza que continua hasta hoy.

El periodo que siguió a la muerte de Galileo presenció como la revolución científica ganaba rápidamente en fuerza. El filosofo, matemático y científico francés Rene Descartes (1596-1650) desarrolló una filosofía mecánica radicalmente nueva. De acuerdo a esta, el mundo físico consiste simplemente en partículas inertes de materia interactuando y colisionando entre ellas. Descartes creía que las leyes que gobiernan el movimiento de estas partículas o corpúsculos nos darían la clave para entender la estructura del universo copernicano. La filosofía mecánica prometía explicar todos los fenómenos observables en términos del movimiento de estas partículas inertes e insensibles y rápidamente se convirtió en la visión científica dominante de la segunda mitad del siglo XVII. Para algunos esta se extiende hasta los tiempos actuales. La filosofía mecánica fue expuesta en las versiones de Huygens, Gassendi, Hooke, Boyle y otros; Su amplia aceptación marcó el derrumbe final de la visión aristotélica del mundo.

La revolución científica culminó en la obra de Isaac Newton (1643-1727), cuyos logros permanecen sin paralelo en la historia de la ciencia. La obra maestra de Newton fue su Principios Matemáticos de Filosofía

Natural, publicada en 1687. Newton estaba de acuerdo con la filosofía mecánica, en que el universo

consistía simplemente en partículas en movimiento pero no con la idea cartesiana de leyes del movimiento y reglas de colisión. El resultado fue una teoría mecánica y dinámica de gran poder explicativo, basada en las tres leyes de Newton del movimiento y en su famoso principio de la gravitación universal. De acuerdo con este principio, cada cuerpo del universo ejerce una atracción gravitacional sobre cada otro cuerpo; la fuerza de la atracción entre dos cuerpos depende del producto de sus masas y del cuadrado de la distancia que los separa. Luego las leyes del movimiento especifican como esta fuerza gravitacional afecta el movimiento de los cuerpos. Newton elaboro su teoría con gran precisión y rigor matemáticos, inventando la técnica matemática conocida ahora como cálculo infinitesimal. Exitosamente, Newton fue capaz de demostrar que las leyes de Kepler del movimiento planetario y la ley de Galileo de la caída libre (ambas con ligeras

(7)

modificaciones) eran consecuencia lógica de sus leyes del movimiento y de la gravitación. En otras palabras, las mismas leyes podían explicar los movimientos de los cuerpos tanto en el dominio terrestre como en el celestial y fueron formuladas por Newton en una precisa forma cuantitativa.

La física newtoniana proporciono el modelo para la ciencia en los siguientes doscientos años, reemplazando rápidamente a la física cartesiana. La confianza en la ciencia creció rápidamente en este periodo, debido sobre todo a los éxitos de la teoría de Newton, de la cual se creyó que revelaba los verdaderos secretos de la naturaleza y que era capaz de explicar todos los fenómenos naturales. Se realizaron intentos detallados de extender el modelo newtoniano de explicación a más y más fenómenos. Los siglos XVIII y XIX vieron notables avances científicos, particularmente en el estudio de la química, óptica, energía, termodinámica y electromagnetismo. Pero para la mayor parte estos desarrollos eran frutos de una amplia concepción newtoniana del universo. Los científicos aceptaron la concepción de Newton como esencialmente correcta; lo que quedaba por hacer era completarla en sus detalles.

La confianza en el modelo newtoniano fue sacudida en los primeros años del siglo XX, gracias a dos nuevos desarrollos revolucionarios en física : la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. La teoría de la relatividad, descubierta por Einstein, mostró que la mecánica newtoniana no da resultados correctos cuando se aplica a objetos muy masivos o a objetos que se mueven a muy altas velocidades. Inversamente, la mecánica cuántica muestra que la teoría newtoniana no funciona cuando se aplica, en una escala muy pequeña, a las partículas subatómicas. La teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, especialmente esta última, son teorías muy extrañas y radicales y hacen afirmaciones acerca de la naturaleza de la realidad que mucha gente encuentra difícil de aceptar o incluso de entender. Su aparición causó considerable agitación en la física, la cual continua hasta hoy.

Tanto como lo permite este breve recuento de la historia de la ciencia, ha sido enfocado principalmente en la física. Esto no es accidental, la física es históricamente muy importante y en un sentido la mas fundamental de las disciplinas científicas. Porque los objetos de las otras ciencias están hechos, ellos mismos, de entidades físicas. Por ejemplo, considere la botánica. Los botánicos estudian las plantas, las cuales están compuestas de moléculas y átomos, que son partículas físicas. Así que, la botánica es obviamente menos fundamental que la física – aunque esto no significa decir que es menos importante. Este es un punto al cual retornaremos en el Capitulo 3. Pero incluso una breve descripción de los orígenes de la ciencia moderna seria incompleta sin alguna mención de las ciencias no-físicas.

En biología el evento sobresaliente es el descubrimiento, por Charles Darwin, de la evolución por selección natural, publicado en El Origen de la especies, en 1859. Hasta entonces era ampliamente creído que las diferentes especies de seres vivos habían sido creadas en forma separada por Dios, como enseña el libro del Génesis. Pero Darwin afirmó que las especies actuales realmente han evolucionado a partir de formas ancestrales a través de un proceso conocido como selección natural. La selección natural ocurre cuando algunos organismos dejan mas descendientes que otros, dependiendo de sus características físicas; si estas características son heredadas por sus descendientes, con el tiempo la población se adaptara cada vez mejor a su ambiente. Aunque es un proceso simple, después de muchas generaciones puede causar que una especie determinada evolucione hacia otra totalmente nueva, argumentó Darwin. Tan persuasiva fue la evidencia que Darwin adujo para su teoría que, al iniciarse el siglo XX había sido aceptada como ortodoxia científica a despecho de la considerable oposición teológica. Posteriores trabajos han proporcionado sólida confirmación de la teoría de Darwin, la cual constituye la pieza central de la moderna visión biológica del mundo.

El siglo XX presenció otra revolución en la biología, que aun no ha sido completada: el surgimiento de la biología molecular, en particular la genética molecular. En 1953 Watson y Crick descubrieron la estructura del ADN, el material hereditario que constituye los genes en las células de las criaturas vivientes. El descubrimiento de Watson y Crick explicó como la información genética puede ser copiada de una célula a otra, y de esta manera, pasar de los padres a sus descendientes, explicando de tal modo el porqué los hijos tienden a parecerse a sus padres. Su descubrimiento impulsó el surgimiento de una nueva e interesante área de investigación biológica. En los 50 años posteriores al trabajo de Watson y Crick, la biología molecular ha crecido rápidamente transformando nuestra comprensión de la herencia y de cómo los genes construyen

(8)

organismos. El reciente intento de proporcionar una descripción a nivel molecular del conjunto completo de genes en los seres humanos, conocido como el Proyecto Genoma Humano, es una demostración de lo lejos que ha llegado la biología molecular. El siglo XX vera mas desarrollos importantes en este campo.

Más recursos han sido dedicados a la investigación científica en los últimos cien años que en ninguna época del pasado. Entre otros resultados esta la explosión de nuevas disciplinas científicas: ciencia de la computación, inteligencia artificial, lingüística y neurociencia. Posiblemente el evento mas significativo de los últimos 30 años es el nacimiento de la ciencia cognitiva, la cual estudia diferentes aspectos de la cognición humana como percepción, memoria, aprendizaje y razonamiento y ha transformado la psicología tradicional. Mucho del ímpetu de la ciencia cognitiva viene de la idea de que la mente humana es en varios aspectos similar a una computadora y por lo tanto los procesos mentales humanos pueden ser comprendidos comparándolos con las operaciones que realiza la computadora. La ciencia cognitiva esta aun en su infancia, pero promete revelar mucho acerca del trabajo de la mente. Las ciencias sociales, especialmente la economía y la sociología, también han florecido en el siglo XX, aunque muchas personas las consideran rezagadas respecto de las ciencias naturales en cuanto a rigor y sofisticación.

¿Qué es la filosofía de la ciencia?

El principal objetivo de la filosofía de la ciencia es analizar los métodos de investigación utilizados en las diferentes ciencias. Usted puede preguntar porque este objetivo debería ser asumido por los filósofos mas que por los mismos científicos. Esta es una buena pregunta. Parte de la respuesta es que mirar la ciencia desde una perspectiva filosófica nos permite analizarla mas profundamente y llegar al nivel de las ideas encubiertas que están implícitas en la practica científica, pero que los científicos no discuten explícitamente. A modo de ilustración considere la experimentación científica. Suponga que un científico hace un experimento y consigue un resultado particular. Repite el experimento unas cuantas veces y obtiene el mismo resultado. Es muy probable que después que se detenga, confíe en que si el repite el experimento, exactamente bajo las mismas condiciones, continuara obteniendo los mismos resultados. Esta suposición puede parecer obvia, pero como filósofos deseamos cuestionarla. ¿Por qué asumir que futuras repeticiones del experimento darán el mismo resultado? ¿Cómo sabemos que esto es verdad? El científico no esta muy dispuesto a derrochar su tiempo en estas cuestiones tan peliagudas: probablemente tiene mejores cosas que hacer. Estas preguntas son esencialmente filosóficas, y volveremos a ellas mas adelante.

Así que el trabajo de la filosofía de la ciencia es problematizar las suposiciones que los científicos toman como garantizadas. Pero seria erróneo implicar que los científicos nunca discuten temas filosóficos. En realidad, históricamente, muchos científicos han jugado un rol importante en el desarrollo de la filosofía de la ciencia. Descartes, Newton y Einstein son ejemplos prominentes. Ellos estaban profundamente interesados en preguntas filosóficas acerca de cómo debería proceder la ciencia, que métodos de investigación debería usar, cuanta confianza deberíamos depositar en estos métodos, cuales son los limites del método científico, etc. Como veremos, estas cuestiones siguen estando aun en el corazón de la actual filosofía de la ciencia, entonces, los temas que interesan a los filósofos de la ciencia no son “meramente filosóficos”; por el contrario, ellos han captado la atención de los mas grandes científicos de todos los tiempos. Como ha sido dicho, muchos científicos actuales tienen poco interés en la filosofía de la ciencia y tienen de ella un conocimiento exiguo. Aunque esto es lamentable, no es una indicación de que los temas filosóficos carezcan de importancia. Mas bien, esto es una consecuencia del incremento de la especialización en las ciencias y de la polarización entre las ciencias y las humanidades que caracteriza el sistema educativo moderno.

Después de todo, usted podría seguir preguntando, que es realmente la filosofía de la ciencia. Porque decir que ‘estudia los métodos de la ciencia’, como dijimos arriba, no es decir mucho. En vez de tratar de proporcionar una definición mas informativa, procederemos directamente a considerar un problema típico de la filosofía de la ciencia.

(9)

Ciencia y Pseudo-ciencia

Recordemos la pregunta con la cual empezamos: ¿Qué es la ciencia?, Karl Popper, un influyente filósofo de la ciencia del siglo XX, pensaba que la característica fundamental de una teoría científica es que esta debería ser falsable. Llamar a una teoría falsable no significa decir que es falsa. Mas bien, esto significa que la teoría hace algunas predicciones definidas, y que estas predicciones pueden ser probadas experimentalmente. Si estas resultan ser erróneas, entonces la teoría ha sido falsada o desaprobada. Así, una teoría falsable es aquélla de la cual podríamos descubrir que es falsa. Popper pensaba que algunas teorías supuestamente científicas no satisfacen esta condición y por lo tanto no merecen ser llamadas ciencias; en vez de eso, ellas serían meramente pseudo-ciencias.

La teoría psicoanalítica de Freud fue, para Popper, un ejemplo favorito de pseudo-ciencia. Según Popper, la teoría de Freud podría ser reconciliada con un hallazgo empírico cualquiera. Cualquiera que sea el comportamiento del paciente, los freudianos podrían encontrar una explicación de este en términos de su teoría – ellos nunca admitirían que su teoría se ha equivocado. Popper ilustra el punto con el siguiente ejemplo. Imagine a un hombre arrojando un niño a un río con la intención de asesinarlo, y otro hombre que sacrifica su vida para salvar al niño. Los freudianos pueden explicar ambos comportamientos con igual facilidad: el primer hombre estaba reprimido y el segundo ha conseguido la sublimación. Popper señala que por medio del uso de conceptos tales como represión, sublimación y deseos inconscientes, la teoría de Freud podría ser compatible con un dato clínico cualquiera y, por la tanto, no es falsable.

Lo mismo es cierto de la teoría de la historia de Marx, afirmaba Popper. Marx señaló que en las sociedades industrializadas del mundo, el capitalismo daría paso al socialismo y finalmente al comunismo. Pero cuando esto no sucedió, en vez de admitir que la teoría de Marx estaba equivocada, los marxistas inventaron una explicación ad hoc por la cual lo sucedido estaba realmente en perfecto acuerdo con su teoría. Por ejemplo, ellos podrían decir que el progreso inevitable hacia el comunismo ha sido temporalmente retardado por el surgimiento del estado de bienestar, el cual ‘suaviza’ al proletariado y debilita su celo revolucionario. De suerte que la teoría de Marx podría ser compatible con cualquier posible curso de los hechos, igual que la de Freud. Podemos concluir entonces que, de acuerdo con el criterio de Popper, ninguna de estas dos teorías califica como genuinamente científica.

Popper contrasta las teorías de Freud y Marx con la teoría de la gravitación de Einstein, conocida también como relatividad general. A diferencia de las teorías de Marx y Freud, la teoría de Einstein hace una predicción definida: que los rayos de luz de las estrellas lejanas deberían ser curvados por el campo gravitacional del sol. Normalmente este efecto sería imposible de observar – excepto durante un eclipse solar. En 1919 el astrofísico ingles Sir Arthur Eddington organizo dos expediciones para observar dos eclipses solares, uno en Brasil y el otro en la Isla del Príncipe en la costa atlántica de África, con la finalidad de probar las predicciones de Einstein. Las expediciones comprobaron que la luz de las estrellas es realmente curvada por el sol en una cantidad que era casi exactamente la predicha por Einstein. Esto impresionó mucho a Popper,. La teoría de Einstein había hecho una predicción definida y precisa que había sido confirmada por las observaciones. Si hubiera sucedido que la luz de las estrellas no fuera curvada por el sol, esto habría demostrado que Einstein estaba equivocado. Por lo tanto la teoría de Einstein satisface el criterio de falsabilidad.

Intuitivamente, el intento de Popper de establecer una demarcación entre la ciencia y la pseudo-ciencia es bastante plausible. Hay ciertamente algo insatisfactorio en una teoría que puede hacer encajar en ella cualquier dato empírico. Pero algunos filósofos señalan que el criterio de Popper es demasiado simplista. Popper critica a los freudianos y a los marxistas por explicar cualquier dato que aparece en conflicto con sus teorías, en lugar de aceptar que sus teorías han sido refutadas. Ciertamente, este parece un procedimiento sospechoso. Sin embargo, hay alguna evidencia de que este procedimiento es comúnmente usado por científicos ‘respetables’ – a quienes Popper no desearía acusar de practicar pseudo-ciencia – y que ha conducido a importantes descubrimientos científicos.

(10)

Un ejemplo astronómico puede ser ilustrativo al respecto. La teoría gravitacional de Newton, que hemos encontrado antes, hacía predicciones sobre las trayectorias que los planetas deberían seguir mientras orbitan el sol. Para la mayor parte de planetas, estas predicciones eran confirmadas por la observación. Sin embargo la orbita observada de Urano difería significativamente de lo que predecía la teoría de Newton. Este enigma fue resuelto en 1846 por dos científicos, Adams en Inglaterra y Leverrier en Francia, trabajando independientemente. Ellos sugirieron que había otro planeta (aunque todavía no descubierto) ejerciendo una fuerza gravitacional adicional sobre Urano. Adams y Leverrier fueron capaces de calcular la masa y la posición que este planeta debería tener, si su influjo gravitacional fuera realmente el responsable del extraño comportamiento de Urano. Poco tiempo después fue descubierto el planeta Neptuno casi exactamente donde Adams y Leverrier lo habían predicho.

Es claro que nosotros no deberíamos criticar el comportamiento de Adams y Leverrier como ‘acientífico’ – después de todo, este condujo al descubrimiento de un nuevo planeta. Pero ellos hicieron precisamente lo que Popper criticaba a los marxistas por hacer. Ellos empezaron con una teoría – La teoría de Newton de la gravitación – que hacia una predicción incorrecta acerca de la orbita de Urano. En vez de concluir que la teoría de Newton estaba equivocada, ellos apostaron por la teoría e intentaron explicar las observaciones conflictivas postulando un nuevo planeta. Similarmente, cuando el capitalismo no muestra signos de dar paso al comunismo, los marxistas no concluyen que la teoría de Marx debe estar equivocada, mas bien, mantienen la teoría y tratan de explicar las observaciones conflictivas de otras maneras. Por lo tanto, no es correcto acusar a los marxistas de hacer pseudo-ciencia y decir al mismo tiempo que lo que hicieron Adams y Leverrier fue ciencia buena y realmente hasta ejemplar.

Esto sugiere que el intento de Popper de demarcar la ciencia de la pseudo-ciencia no puede ser completamente correcto a despecho de su inicial plausibilidad. Porque el ejemplo Adams/Leverrier no es atípico. En general, los científicos no abandonan sus teorías cuando estas entran en conflicto con los datos observacionales. Usualmente ellos buscan formas de eliminar el conflicto sin tener que abandonar sus teorías. Aquí es relevante recordar que virtualmente toda teoría científica encuentra conflicto con algunas observaciones – encontrar una teoría que encaje perfectamente con todos los datos es extremadamente difícil. Obviamente si una teoría entra en conflicto con mas y mas datos y no encuentra formas plausibles de explicar estos conflictos, eventualmente será refutada . Pero poco será el progreso que se logre si los científicos simplemente abandonan sus teorías al primer signo de dificultad.

La falla del criterio de demarcación de Popper nos conduce a una pregunta importante. ¿Es realmente posible encontrar algunas características comunes compartidas por todas las cosa que llamamos ‘ciencia’ y no compartidas por otras cosas?. Popper asumió que la respuesta a esta pregunta es si. El afirmó que las teorías de Freud y de Max eran claramente acientíficas, así que debe haber características de las que estas carecen y que las genuinas teorías científicas deben poseer. Pero sea que aceptemos o no el enjuiciamiento negativo de Popper hacia Freud y Marx, su posición de que la ciencia tiene una ‘naturaleza esencial’ es cuestionable. Después de todo la ciencia es una actividad heterogénea, abarcando un amplio rango de diferentes disciplinas y teorías. Puede ser que ellas compartan algún conjunto fijo de características que definan lo que es una ciencia, pero puede ser que no. El filosofo Ludwig Wittgenstein afirmó que no hay un conjunto fijo de características que definan lo que es un ‘juego’. Mas bien, hay un racimo flojo de características, la mayoría de las cuales son poseídas por la mayoría de los juegos. Pero algún juego particular puede carecer de alguna de las características del racimo y seguir siendo un juego. Lo mismo puede ser verdadero para la ciencia. Si es así, un simple criterio para demarcar la ciencia de la pseudo-ciencia seria muy difícil, por no decir inverosímil, de encontrar.

(11)

Capítulo 2

El razonamiento científico

A menudo los científicos nos dicen cosas acerca del mundo que de otra manera nunca habríamos creído. Por ejemplo, los biólogos nos dicen que somos parientes cercanos de los chimpancés, los geólogos nos dicen que África y América del Sur formaron un solo continente, y los cosmólogos nos dicen que el universo se esta expandiendo. Pero, ¿Cómo alcanzaron los científicos estas conclusiones que suenan tan extrañas? Después de todo, nadie ha visto que una especie evolucione hacia otra, o que un continente se parta en dos, o que el universo se este agrandando. La respuesta, de hecho, es que los científicos arriban a estas creencias mediante un proceso de razonamiento o inferencia. Pero seria interesante saber más sobre este proceso. ¿Cuál es exactamente la naturaleza del razonamiento científico? Y ¿Cuánta confianza debemos depositar en las inferencias que hacen los científicos? Estos son los tópicos del presente capítulo.

Deducción e inducción

Los lógicos hacen una importante distinción entre los patrones deductivo e inductivo de razonamiento. Un ejemplo de razonamiento deductivo o inferencia deductiva es el siguiente:

Todos los franceses gustan del vino rojo Pierre es francés

________________________________ Por lo tanto, Pierre gusta del vino rojo

Las dos primeras proposiciones son llamadas las premisas de la inferencia, mientras que la tercera proposición es llamada la conclusión. Esta inferencia es deductiva porque tiene la siguiente propiedad: Si las premisas son verdaderas, entonces también la conclusión debe ser verdadera. En otras palabras, si es cierto que todos los franceses gustan del vino rojo, y si es cierto que Pierre es francés, de esto se sigue que Pierre realmente gusta del vino rojo. Esto se expresa algunas veces diciendo que las premisas de la inferencia implican la conclusión. De hecho las premisas de esta inferencia no son ni cercanamente verdaderas – existen franceses a los que no les gusta el vino rojo. Pero ese no es el punto. Lo que hace que una inferencia

(12)

sea deductiva es una relación apropiada entre las premisas y la conclusión, a saber, que si las premisas son verdaderas, la conclusión también debe ser verdadera. El que las premisas sean realmente verdaderas es un asunto diferente que no afecta el estatus de la inferencia como deductiva.

No todas las inferencias son deductivas. Considere el siguiente ejemplo: Los primeros cinco huevos en la caja estaban podridos

Todos los huevos tienen el sello de fecha límite de consumo ________________________________________________ Por lo tanto, el sexto huevo también estará podrido

Este ejemplo de razonamiento parece claramente perfecto. Sin embargo no es deductivo, porque las premisas no implican la conclusión. Incluso si los primeros cinco huevos estuvieran realmente podridos, e incluso si todos los huevos tienen la misma fecha limite de consumo, esto no garantiza que el sexto huevo también estará podrido. Es completamente concebible que el sexto huevo este perfectamente bien. En otras palabras, es lógicamente posible que las premisas de esta inferencia sean verdaderas y sin embargo la conclusión sea falsa, luego la inferencia no es deductiva. En vez de eso es conocida como inferencia inductiva. En la inferencia inductiva, o razonamiento inductivo, nos movemos desde premisas acerca de objetos que hemos examinado hacia conclusiones sobre objetos que no hemos examinado – en este ejemplo, los huevos.

El razonamiento deductivo es una actividad mucho mas segura que el razonamiento inductivo. Cuando razonamos deductivamente, podemos estar seguros que si empezamos con premisas verdaderas, terminaremos con una conclusión verdadera. Pero no se puede sostener lo mismo para el razonamiento inductivo. Por el contrario, el razonamiento inductivo es bastante capaz de conducirnos de premisas verdaderas a una conclusión falsa. Pero, a despecho de este defecto, nosotros parecemos confiar en el razonamiento inductivo a lo largo de nuestras vidas, muchas veces incluso sin darnos cuenta. Por ejemplo, cuando usted enciende su computadora en la mañana, usted confía en que esta no explotará en su cara. e esta no explotará en su cara. ido su computadora cada mañana y hasta ahora nunca ha explotado en su cara. Pero la inferencia desde ‘hasta ahora mi computadora no ha explotado cuando la he encendido’ a ‘mi computadora no explotara cuando la encienda esta vez’ es inductiva, no deductiva. La premisa de esta inferencia no implica la conclusión . Es lógicamente posible que su computadora explote esta vez, incluso aunque nunca lo haya hecho anteriormente.

Otros ejemplos de razonamiento inductivo en la vida cotidiana pueden ser hallados fácilmente. Cuando usted gira el timón de su carro en sentido antihorario, usted asume que el carro ira hacia la izquierda, no a la derecha. Donde sea que usted maneje, la seguridad de su vida descansa en esta convicción. Pero, ¿qué hace de que usted este seguro de la verdad de lo asumido? ¿Qué contestaría a alguien que le pida justificar su convicción? A menos que sea usted mecánico, responderá: ‘cada vez que en el pasado he girado el timón en sentido antihorario, el carro ha ido hacia la izquierda. Por lo tanto, lo mismo sucederá esta vez si giro el timón en sentido antihorario’. Otra vez, esta es una inferencia inductiva, no una deductiva. El razonamiento inductivo parece ser una parte indispensable de la vida cotidiana.

¿Usan también los científicos el razonamiento deductivo? La respuesta parece ser si. Considere la enfermedad genética conocida como el síndrome de Down (para abreviar, DS). Los genetistas nos dicen que las victimas de DS tienen un cromosoma adicional – ellas tienen 47 en vez de los normales 46. ¿Cómo es que ellos saben esto? La respuesta, de hecho, es que ellos examinaron un gran numero de victimas de DS y encontraron que cada una tenia un cromosoma adicional. Luego, razonando inductivamente llegaron a la conclusión de que todas las victimas de DS, incluidas las que no han sido examinadas, tienen un cromosoma adicional. Es fácil darse cuenta que esta inferencia es inductiva. El hecho de que las victimas de DS en la muestra estudiada tenían 47 cromosomas no prueba que todas las victimas de DS los tengan. Es posible, aunque poco verosímil, que la muestra no fuera representativa.

(13)

Este ejemplo no es infrecuente. En efecto, los científicos utilizan el razonamiento inductivo siempre que se mueven desde datos limitados hacia conclusiones mas generales. Ellos lo hacen todo el tiempo. Considere, por ejemplo, el principio de la gravitación universal de Newton, visto en el capitulo anterior, el cual dice que cada cuerpo en el universo ejerce una atracción gravitacional sobre cada otro cuerpo. Es obvio que Newton no arribó a este principio examinado todos los cuerpos del universo- el no tenía posibilidad de hacerlo. En vez de eso, el observó que el principio era verdadero para los planetas y el sol, y para objetos diversos moviéndose cerca de la superficie de la tierra. De estos datos, el infirió que era verdadero para todos los cuerpos . De nuevo, esta inferencia era obviamente del tipo inductivo: el hecho de que el principio de Newton sea verdadero para algunos cuerpos no garantiza que sea verdadero para todos los cuerpos.

El rol central que la inducción tiene en la ciencia es oscurecido algunas veces por nuestra manera de hablar. Por ejemplo, usted podría leer un reporte periodístico que diga que los científicos tienen ‘prueba experimental’ de que el maíz modificado genéticamente es seguro para los humanos. Esto significa que los científicos han examinado el maíz en un gran numero de seres humanos y ninguno ha sufrido daño. Pero, hablando estrictamente esto no prueba que el maíz es seguro, en el sentido, digamos, en que los matemáticos pueden probar el teorema de Pitágoras. Porque la inferencia desde ‘el maíz no causó daño en la gente que ha sido examinada’ a ‘el maíz no dañará a nadie’ es inductiva, no deductiva. El reporte periodístico debería haber dicho que los científicos han encontrado evidencia extremadamente buena de que el maíz es seguro para los seres humanos. Estrictamente, la palabra ‘prueba’ solamente debería usarse cuando estamos tratando con inferencias deductivas. En este estricto sentido de la palabra, raramente pueden, si acaso, ser probadas verdaderas por los datos.

La mayoría de los filósofos piensan que es obvio que la ciencia confía fuertemente en el razonamiento inductivo, realmente es tan obvio que difícilmente necesita argumentarse. Pero esto fue notablemente negado por el filosofo Karl Popper, a quien conocimos en el capitulo anterior. Popper afirmaba que los científicos solo necesitan usar inferencias deductivas. Seria bonito que esto fuese verdadero porque, como hemos visto, las inferencias deductivas son mas seguras que las inductivas.

El argumento básico de Popper es este: aunque no es posible probar que una teoría científica es verdadera a partir de una muestra limitada de datos, si es posible probar que una teoría es falsa. Suponga que un científico esta considerando la teoría de que todas las piezas de metal conducen electricidad. Incluso si todas las piezas de metal que el examina, conducen la electricidad, esto no prueba que la teoría sea verdadera, por las razones que ya hemos visto. Pero si el encuentra una pieza de metal que no conduce electricidad, esto prueba que la teoría es falsa. Porque la inferencia desde ‘esta pieza de metal no conduce electricidad’ hasta ‘es falso que todas las piezas de metal conduzcan electricidad’ es una inferencia deductiva – las premisas implican la conclusión. Así que, si un científico esta interesado solamente en demostrar que una teoría es falsa, puede lograr su objetivo sin tener que usar inferencias inductivas.

La debilidad del argumento de Popper es obvia. Porque los científicos no están interesados solamente en mostrar que ciertas teorías son falsas. Cuando un científico recolecta datos experimentales, su finalidad podría ser demostrar que una teoría particular – quizá una teoría archí-rival – es falsa. Pero, mucho mas que eso, el esta tratando de convencer a la gente de que su propia teoría es verdadera. Y con la finalidad de lograrlo el recurrirá a algún tipo de razonamiento inductivo. Fracasa entonces el intento de Popper de mostrar que la ciencia puede prescindir de la inducción.

El problema de Hume

Aunque el razonamiento inductivo no es lógicamente concluyente, parece sin embargo una manera perfectamente sensible de formar creencias acerca del mundo. El hecho de que el sol, hasta ahora ha salido todos los días, no prueba que saldrá mañana, pero seguramente nos da una muy buena razón para pensarlo. Si usted se encuentra con alguien que profesa ser enteramente agnóstico acerca de si el sol saldrá mañana, usted lo señalaría como alguien realmente muy extraño, por no decir irracional.

(14)

¿Pero qué justifica esta fe que ponemos en la inducción? ¿Cómo deberíamos convencer a quienes rechazan la razón inductiva, de que están equivocados? El filosofo escocés del siglo XVIII, David Hume (1711-1776), dio una respuesta simple pero radical a esta pregunta. El afirmó que el uso de la inducción no puede ser justificado racionalmente. Hume admitió que nosotros utilizamos la inducción todo el tiempo, en la vida cotidiana y en la ciencia, pero insistió en que esto es meramente un asunto de habito animal bruto. Pensaba que si intentamos proporcionar una buena razón para el uso de la inducción, fracasaremos en dar una respuesta satisfactoria.

¿Cómo arribó Hume a esta sorprendente conclusión? El empezó notando que siempre que hacemos inferencias inductivas, parecemos presuponer lo que el llamó ‘la uniformidad de la naturaleza’ (UN). Para entender lo que Hume quiso decir, recordemos algunas de las inferencias inductivas de la sección anterior. Nosotros teníamos las inferencias de ‘mi computadora no ha explotado hasta ahora’ a ‘mi computadora no explotara hoy’; de ‘todas las victimas de Síndrome de Down (SD) examinadas tienen un cromosoma extra’ a ‘todas las victimas de SD tienen un cromosoma extra’; de ‘todos los cuerpos observados obedecen la ley de la gravitación de Newton’ a ‘todos los cuerpos obedecen la ley de la gravitación de Newton’, y así por el estilo. En cada uno de estos casos, nuestro razonamiento parece depender de la convicción de que los objetos que no hemos examinado serán similares, en sus aspectos relevantes, a los objetos de la misma clase que ya hemos examinado. Esta convicción es lo que Hume llama la uniformidad de la naturaleza.

¿Pero cómo sabemos nosotros que la convicción en la UN es realmente verdadera? ¿Podemos quizá probar de alguna manera, su verdad (en el sentido estricto de prueba)?. No, dice Hume, no podemos. Porque es fácil imaginar un universo donde la naturaleza no es uniforme, sino que de hecho cambia azarosamente de día en día. En tal universo, las computadoras explotarían a veces sin alguna razón, el agua potable ocasionalmente podría intoxicarnos, las bolas de billar podrían a veces detenerse luego de haber colisionado, y así por el estilo. Si un Universo no-uniforme es concebible se sigue entonces que no podemos probar estrictamente la verdad de la UN. Porque si pudiéramos probar que la UN es verdadera, entonces un universo no-uniforme seria lógicamente imposible.

Establecido que no podemos probar la uniformidad de la naturaleza, podríamos, sin embargo, esperar encontrar buena evidencia empírica para su verdad. Después de todo, si la uniformidad de la naturaleza se ha sostenido verdadera hasta ahora, esto es seguramente una buena razón para pensar que ella es verdadera. ¡Pero esto justamente lo que queremos probar!, dice Hume. Porque es en si mismo un argumento inductivo y depende de la creencia en la UN. Un argumento que asume la UN desde el principio, no puede ser empleado para mostrar que la UN es verdadera. Para ponerlo en otras palabras, es un hecho cierto y establecido que la naturaleza ha tenido hasta ahora un comportamiento largamente uniforme. Pero nosotros no podemos apelar a este hecho para argüir que la naturaleza continuara siendo uniforme, porque esto es asumir que lo que sucedió en el pasado es una guía confiable para saber lo que sucederá en el futuro – lo cual es precisamente la creencia en la uniformidad de la naturaleza. Si tratamos de argumentar a favor de la UN sobre bases empíricas, terminaremos razonando en circulo.

La fuerza del argumento de Hume puede ser apreciada si imaginamos como deberíamos persuadir a alguien que no confía en el razonamiento inductivo de que si debería hacerlo. Usted probablemente diría: ‘mire, el razonamiento inductivo ha trabajado muy bien hasta ahora. Usando la inducción lo científicos han dividido el átomo, han enviado hombres a la luna, han inventado las computadoras, etc. Cuando las personas no han tenido en cuenta la inducción sufrieron muertes horribles. Ellas ingirieron arsénico creyendo que las alimentaría, se arrojaron desde altos edificios creyendo que volarían, etc., por lo tanto todo esto abona en favor de la razón inductiva’. Pero de hecho esto no convencería al escéptico. Porque argüir que la inducción es confiable a causa de ha trabajado muy bien hasta ahora, es razonar de una manera inductiva. Tal argumento no tiene peso para quien no ha confiado ya en la inducción. Este es el punto fundamental de Hume.

Las posición es esta: Hume señala que nuestras inferencias inductivas se apoyan en la convicción en la UN. Pero no podemos probar que la UN es verdadera y no podemos producir evidencia empírica para su verdad sin basarnos en lo que queremos probar (situación denominada en lógica ‘petición de principio’). Así que

(15)

nuestras inferencias inductivas descansan en una convicción acerca del mundo para la cual no tenemos buenas bases. Hume concluye que nuestra confianza en la inducción es únicamente fe ciega, es decir, no admite justificación racional.

Este intrigante argumento ha ejercido una poderosa influencia en la filosofía de la ciencia, y continua haciéndolo hasta hoy (El fracasado intento de Popper demostrar que los científicos necesitan usar solamente inferencias deductivas fue motivado porque consideraba que Hume había mostrado la completa irracionalidad del razonamiento inductivo). No es difícil entender la influencia del argumento de Hume. Normalmente pensamos en la ciencia como el sumo paradigma de la investigación racional. Depositamos gran fe en lo que nos dicen los científicos acerca del mundo. Cada vez que viajamos en avión, ponemos nuestras vidas en las manos de los científicos que han diseñado el avión. Pero la ciencia se basa en la inducción, y el argumento de Hume parece mostrar que la inducción no puede ser justificada racionalmente. Si Hume está en lo correcto, los fundamentos sobre los cuales se ha construido la ciencia no parecen tan sólidos como podríamos haber esperado. Este caso desconcertante es conocido como el problema de Hume. Los filósofos han respondidos al problema de Hume de muchas diferentes maneras. Esta sigue siendo hasta hoy una activa área de investigación. Algunas personas creen que la clave del asunto descansa en el concepto de probabilidad. Esta sugerencia es bastante plausible. Porque es natural pensar que aunque las premisas de una inferencia inductiva no garantizan la verdad de la conclusión, si la hacen bastante probable. Aunque el conocimiento científico no produzca certidumbre, puede, sin embargo, ser altamente probable. Pero esta respuesta al problema de Hume genera sus propias dificultades y no es aceptada universalmente, volveremos a ella más adelante.

Una respuesta popular es la que admite que la inducción no puede ser justificada racionalmente, pero, arguye, después de todo esto no es tan problemático. ¿Cómo podría defender alguien semejante posición? Algunos filósofos han señalado que la inducción es tan fundamental para nuestros modos de pensar y razonar, que no es la clase de cosa que podría ser justificada. Peter Strawson, un influyente filosofo contemporáneo defiende de esta posición con la siguiente analogía: Si algunas personas están preocupadas por la legalidad de una acción particular, ellas podrían consultar el código legal y comparar la acción con lo que el código legal establece. Pero, suponga que alguien está preocupado en que si la ley misma es legal. Esta situación es realmente extraña. Por que la ley es el parámetro con el cual juzgamos la legalidad de otras cosas, y no tiene sentido investigar si el parámetro mismo es legal. Lo mismo se aplica a la inducción, arguye Strawson, la inducción es uno de los parámetros con el que decididos si determinada afirmación sobre el mundo está justificada. Por ejemplo, nosotros usamos la inducción para decidir si las afirmaciones de un laboratorio farmacéutico, acerca de los extraordinarios beneficios de una nueva droga, son justificadas. Y tiene muy poco sentido interrogar si la misma inducción está justificada.

¿Ha tenido éxito Strawson en desactivar el problema de Hume?. Algunos filósofos dicen si, otros dicen no. Pero la mayoría de las personas coinciden en que es muy difícil ver como podría ser justificada satisfactoriamente la inducción, (Frank Ramsey, un filosofo de Cambridge de 1920, dijo que preguntar por una justificación de la inducción era ‘llorar por la luna’). Si esto es algo que debería preocuparnos o hacer tambalear nuestra fe en la ciencia, es una cuestión difícil que usted debería responder por si mismo.

Inferir la mejor explicación

Todas las inferencias inductivas que hemos examinado hasta ahora tienen esencialmente la misma estructura. En cada caso, las premisas de la inferencia tienen la forma ‘todas las x examinadas hasta ahora han sido y’, y la conclusión ha tenido la forma ‘las siguientes x que examinemos serán y’, o también ‘todas las x son y’. En otras palabras, estas inferencias nos conducen de instancias examinadas a instancias no examinadas, de un tipo particular.

(16)

Como hemos visto, estas inferencias son ampliamente utilizadas en la vida cotidiana y en la ciencia. Sin embargo, hay otro conocido tipo de inferencia no deductiva que no encaja en este sencillo patrón. Considere el siguiente ejemplo:

El queso en la alacena ha desaparecido, quedando unos cuantos restos Anoche se escucharon sonidos de rasguños, provenientes de la alacena __________________________________________________

Por lo tanto, el queso fue devorado por un ratón

Es obvio que esta inferencia no es deductiva: las premisas no implican la conclusión. Porque el queso podría haber sido cogido por la mucama, quien astutamente dejo unos restos de queso para hacer creer que el causante fue un ratón. Y los sonidos de rasguño podrían haber sido causados por diferentes medios –quizá provinieron de la estufa sobrecalentada. Sin embargo la inferencia es claramente razonable. Porque la hipótesis de que un ratón se comió el queso parece proporcionar una mejor explicación de los datos que otras explicaciones alternativas. Después de todo, usualmente las mucamas no hurtan el queso y las estufas modernas no tienden a sobrecalentarse. Mientras que los ratones se comen el queso cuando tienen la oportunidad y tienden a hacer ruidos de rasguños, Así que, aunque no podamos asegurar que la hipótesis del ratón es verdadera, en un balance parece bastante plausible: es la mejor manera de explicar los datos disponibles.

El razonamiento de esta clase se llama ‘inferir la mejor explicación’, por razones obvias, o IME para abreviar. Ciertas confusiones terminológicas rodean a la relación entre la IME y la inducción. Algunos filósofos describen a la IME como un tipo de inferencia inductiva; en efecto ellos usan ‘inferencia inductiva’ para significar ‘cualquier inferencia que no es deductiva’. Otros contrastan la IME con la inferencia inductiva, como hemos hecho nosotros. En esta manera de cortar el pastel ‘inferencia inductiva’ esta reservado para inferencias de instancias examinadas a no examinadas de un cierto tipo, como las que hemos visto antes; La IME y la inferencia inductiva son entonces dos tipos diferentes de inferencias no-deductivas. Cualquier terminología que escojamos, lo debemos hacer consistentemente.

Los científicos usan frecuentemente la IME. Por ejemplo, Darwin argumentó para su teoría de la evolución llamando la atención acerca de varios hechos del mundo viviente que son muy difíciles de explicar si asumimos que las actuales especies fueron creadas separadamente, pero que encajan magníficamente si estas han descendido de ancestros comunes, como sostiene su teoría. Por ejemplo hay mucha similaridad anatómica entre las patas de los caballos y las de las cebras. ¿Cómo podemos explicar esto, si Dios creo los caballos y las cebras separadamente? Presumiblemente el podría haber hecho sus patas tan diferentes como le hubiese placido. Pero si ambos, caballos y cebras, descienden de un ancestro común reciente, esto provee una explicación obvia de su similaridad anatómica. Darwin arguyó que la bondad de su teoría para explicar hechos de esta y otras muchas clases, constituían fuerte evidencia de su verdad.

Otro ejemplo de IME es el famoso trabajo de Einstein sobre el movimiento Browniano. El movimiento Browniano se refiere al movimiento caótico, en zig-zag, de partículas suspendidas en un líquido o en gas. Este fue descubierto en 1827 por el botánico escocés Robert Brown (1713-1858) mientras examinaba granos de polen flotando en agua. Varios intentos de explicación de movimiento Browniano fueron propuestos en el siglo XIX. Una de las teorías atribuía el movimiento a la atracción eléctrica entre las partículas, otra a la agitación del entorno y otra a las corrientes de convección en el fluido.

La explicación correcta se basa en la teoría cinética de la materia, la cual dice que los líquidos y los gases están compuestos de átomos o moléculas en movimiento. Las partículas suspendidas son colisionadas por las moléculas circundantes, provocándose de esta manera el movimiento errático y azaroso que Brown observo por primera vez. Esta teoría fue propuesta en las postrimerías del siglo XIX pero no tuvo una aceptación mayoritaria, sobre todo porque muchos científicos no creían que los átomos y las moléculas

(17)

fuesen entidades físicas reales. Pero, en 1905, Einstein proporcionó un ingenioso tratamiento matemático del movimiento Browniano, haciendo un número preciso de predicciones cuantitativas que fueron confirmadas experimentalmente.

Después del trabajo Einstein, hubo un rápido acuerdo en aceptar que la teoría cinética proporcionaba una mejor explicación del movimiento Browniano que cualquier otra teoría alternativa, y el escepticismo acerca de la existencia de los átomos y las moléculas disminuyó rápidamente.

Una pregunta interesante es: ¿Cuál de los dos patrones de inferencia es más fundamental, la IME ó la inducción ordinaria? El filosofo Gilbert Harman señala que la IME es mas fundamental. De acuerdo con este punto de vista, siempre que hacemos una inferencia inductiva ordinaria, como ejemplo, ‘todas las piezas de metal examinadas hasta ahora conducen la electricidad, por lo tanto, todas las piezas de metal conducen la electricidad’, estamos apelando implícitamente a consideraciones explicatorias. Nosotros asumimos que la explicación correcta (cualquiera que sea) del porque las piezas de metal de nuestra muestra han conducido electricidad implica que todas las piezas de metal conducirán electricidad; esto nos autoriza a hacer la inferencia inductiva. Pero si hubiésemos creído, por ejemplo, que la explicación del porque las piezas de metal de nuestra muestra condujeron electricidad, fue que un laboratorio técnico había amañado y ‘arreglado’ las piezas de la muestra, no habríamos inferido que todas las piezas de metal conducen electricidad. Los proponentes de este punto de vista no se limitan a decir que hay diferencia (aquí muy clara) entre la IME y la inducción ordinaria. Más bien, ellos piensan que la inducción ordinaria depende básicamente de la IME.

Sin embargo, otros filósofos sostienen contrariamente que la IME es en si misma parasitaria de la inducción ordinaria. Para examinar las bases de este punto de vista, regresemos al ejemplo del queso en la alacena, ¿Porqué reconocemos que la hipótesis del ratón es una mejor explicación de los datos que la hipótesis de la mucama?, presumiblemente porque sabemos que normalmente las mucamas no hurtan el queso, mientras que los ratones si lo hacen. Pero este es un conocimiento que hemos obtenido por medio del razonamiento inductivo ordinario, basado en nuestras observaciones previas del comportamiento de ratones y mucamas. De acuerdo con este punto de vista, cuando tratamos de decidir entre un grupo de hipótesis rivales, cual de ellas proporciona la mejor explicación de nuestros datos, apelaremos invariablemente al conocimiento obtenido por medio de la inducción ordinaria. Es incorrecto, por lo tanto, señalar a la IME como un modo mas fundamental de inferencia.

Cualquiera que sea el punto de vista que apoyemos, hay un asunto que demanda mayor atención. Si deseamos usar la IME, necesitamos algún modo de decidir cual de las hipótesis rivales proporciona la mejor explicación de los datos. ¿Cuál podría ser este criterio? Una conocida respuesta es que la mejor explicación es la mas simple o la más económica.

Considere otra vez el ejemplo del queso en la alacena: hay dos grupos de datos que necesitan explicación: la ausencia del queso y los ruidos de rasguño. La hipótesis del ratón postula una sola causa -un ratón- para explicar ambos grupos de datos. Pero la hipótesis de la mucama postula dos causas -una mucama deshonesta y una estufa sobrecalentada- para explicar los mismos datos. La hipótesis del ratón es más económica, y por lo tanto, mejor. El ejemplo de Darwin es similar. La teoría de Darwin podía explicar un rango muy diverso de hechos del mundo viviente y no solo las similaridades anatómicas entre las especies. Darwin sabía que cada uno de estos hechos podía ser explicado de otras maneras. Pero la teoría de Darwin explicaba todos los hechos con una hipótesis -lo que hizo que fuera la mejor explicación de los datos.

La idea de que la simplicidad o economía es la marca de una buena explicación es bastante atractiva y ciertamente le da solidez a la idea de la IME. Pero si los científicos usan la simplicidad como guía de la inferencia, se origina un problema. Porque ¿cómo sabemos nosotros que el universo es simple en vez de complejo?. Parece aceptable preferir una teoría que explica los datos en términos del menor número de causas. Pero ¿hay alguna razón objetiva para pensar que tal teoría es mas verdadera que una teoría menos simple? Los filósofos de la ciencia no están de acuerdo en la respuesta a esta difícil cuestión.

(18)

Probabilidad e inducción

El concepto de probabilidad es filosóficamente problemático. Parte del problema es que la palabra ‘probabilidad’ parece tener más de un significado. Si usted ha leído que la probabilidad de que un mujer inglesa viva 100 años es de 1 sobre 10, quizá entienda que un décimo de la población de mujeres inglesas vive hasta la edad de 100 años. Similarmente, si usted ha leído que la probabilidad de que un varón fumador desarrolle cáncer pulmonar es de 1 sobre 4, se vería llevado a pensar que un cuarto de la población de varones fumadores desarrollan cáncer pulmonar. Esta es la interpretación frecuente de la probabilidad: compara probabilidades con proporciones o frecuencias. Pero, ¿Qué sucede si usted lee que la probabilidad de encontrar vida en Marte es de 1 sobre 1000? ¿Significa que uno de cada mil planetas de nuestro sistema solar contiene vida? Ciertamente que no. En realidad hay solamente nueve planetas en nuestro sistema solar. Seguramente se debe estar aplicando aquí una diferente noción de probabilidad.

Una interpretación de la afirmación ‘la probabilidad de vida en Marte es de 1 sobre 1000’ es que la personas que la hacen están simplemente reportando un hecho acerca de ellas mismas – ellas nos están diciendo lo que piensan acerca de la vida en Marte. Esta es la interpretación subjetiva de la probabilidad. Se maneja la probabilidad como una medida de la firmeza de nuestras opiniones personales. Ciertamente, nosotros sostenemos algunas opiniones con mas fuerza que otras. Yo estoy muy seguro que Brasil ganará la Copa Mundial, razonablemente seguro que Jesucristo existió, y algo menos seguro de que el desastre ambiental global puede ser evitado. Esto podría ser expresado diciendo que asigno una alta probabilidad a la afirmación ‘Brasil ganará la Copa Mundial’, una probabilidad bastante alta a ‘Jesucristo existió’, y una baja probabilidad a ‘el desastre global ambiental global puede ser evitado’. De hecho, poner un numero exacto a la fuerza de mi convicción en estas afirmaciones sería muy difícil, pero basándonos en la interpretación subjetiva reconocemos esto como una limitación meramente práctica. Algunas personas nos dicen que, en principio, deberíamos ser capaces de asignar una probabilidad numérica precisa a cada una de las afirmaciones (acerca de las cuales tenemos opiniones), evidenciando así cuan fuertemente creemos o descreemos en ellas.

La interpretación subjetiva de la probabilidad implica que no hay hechos objetivos concernientes a la probabilidad, sino solo lo que la gente cree. Si yo digo que la probabilidad de encontrar vida en Marte es alta y usted dice que es muy baja, ninguno de los dos esta acertado o equivocado –simplemente estamos estableciendo la fuerza con la cual apoyamos la afirmación en cuestión. Por supuesto, es un hecho objetivo el que haya o no haya vida en Marte; pero no hay un hecho objetivo acerca de cuan probable es que haya vida en Marte, nos dice la interpretación subjetiva.

La interpretación lógica de la probabilidad rechaza esta posición. Sostiene que una afirmación como ‘la probabilidad de vida en Marte es alta’ es objetivamente verdadera o falsa, en relación a un cuerpo especifico de evidencia. Desde este punto de vista, la probabilidad de una afirmación es la medida de la fuerza de evidencia que tiene a su favor. Basándose en la interpretación lógica se piensa que para dos afirmaciones en nuestro lenguaje, podemos, en principio, descubrir la probabilidad de una, considerando la otra como evidencia. Por ejemplo, nosotros podríamos desear descubrir la probabilidad de que haya una edad de hielo dentro de 10,000 años considerando la tasa actual de calentamiento global.

Si usted ha estudiado probabilidad o estadística, puede estar intrigado cuando se habla de interpretaciones diferentes de la probabilidad. ¿Cómo se relacionan estas interpretaciones con lo que usted ha aprendido. La respuesta es que el estudio matemático de la probabilidad no nos dice por si mismo lo que significa la probabilidad, que es precisamente lo que hemos estado examinando en las anteriores líneas. La mayoría de los estadísticos favorecerían, de hecho la interpretación frecuencial, pero el problema de cómo interpretar la probabilidad, como la mayoría de los problemas filosóficos, no puede ser resuelto matemáticamente. Cualquiera sea la interpretación que adoptemos, las formulas matemáticas empleadas en probabilidad permanecen igual.

(19)

Los filósofos de la ciencia están interesados en la probabilidad por dos razones principales. La primera es que en varias ramas de la ciencia, especialmente física y biología, encontramos leyes y teorías que están formuladas usando la noción de probabilidad. Considere, por ejemplo, la teoría conocida como genética mendeliana, la cual trata de la transmisión de genes de una generación a otra durante la reproducción sexual de las poblaciones. Uno de los principios mas importantes de la genética mendeliana es que cada gene en un organismo tiene una oportunidad de 50% de participar en uno de los gametos del organismo (espermatozoide u óvulo). De aquí que hay un 50% de oportunidad de que cualquier gene encontrado en su madre este también en usted, y de la misma manera con los genes de su padre. Usando este principio y otros, los genetistas pueden proporcionar explicaciones detalladas de porque algunas características particulares (por ejemplo, el color de los ojos) están distribuidas a través de las generaciones de una familia de una determinada manera, ahora bien, ‘oportunidad’ es solo otra palabra para probabilidad, esto es tan obvio que nuestro principio mendeliano hace un uso esencial del concepto de probabilidad. Se pueden dar otros ejemplos de leyes y principios científicos que están expresados en términos de probabilidad. La necesidad de entender estas leyes y principios es una importante motivación para el estudio filosófico de la probabilidad. La segunda razón por la cual los filósofos de la ciencia están interesados en el concepto de probabilidad es la esperanza de que esta podría arrojar alguna luz sobre la inferencia inductiva, en particular sobre el problema de Hume.. En la raíz del problema de Hume esta el hecho de que las premisas de una inferencia inductiva no garantizan la verdad de la conclusión. Pero hay la tentación de sugerir que las premisas de una inferencia inductiva típica hacen altamente probable la conclusión. Aunque el hecho de que todos los objetos examinados hasta ahora obedecen la ley de Newton de la gravitación no prueba que todos los objetos lo hacen, seguramente si lo hace muy probable. ¿Quiere decir esto, que después de todo hay una repuesta fácil para el problema de Hume?.

Sin embargo el asunto no es tan simple. Primero debemos preguntar que tipo de interpretación de la probabilidad estamos asumiendo para responder a Hume. En la interpretación frecuencial, decir que es altamente probable que todos los objetos obedezcan la ley de Newton es decir que una alta proporción de todos los objetos obedecen la ley de Newton. ¡Pero no hay manera de que podamos saber esto a menos que utilicemos la inducción¡. Porque nosotros hemos examinado solo una minúscula fracción de objetos del Universo. Por lo tanto, el problema de Hume permanece. Hay otra manera de ver el asunto: Nosotros empezamos con la inferencia ‘todos los objetos examinados obedecen la ley de Newton’ y llegamos a ‘todos los objetos obedecen la ley de Newton. En respuesta a la preocupación de Hume de que las premisas de la inferencia no garantizan la verdad de la conclusión, sugerimos que la podrían hacer, sin embargo, altamente probable. Pero la inferencia desde ‘todos los objetos examinados obedecen la ley de Newton’ hasta ‘es altamente probable que todos los objetos obedezcan la ley de Newton’ sigue siendo una inferencia inductiva dado que el significado de la ultima ‘una muy alta proporción de todos los objetos obedecen la ley de Newton’ esta de acuerdo con la interpretación como frecuencia. Así que apelar al concepto de probabilidad no nos libra del argumento de Hume si adoptamos la interpretación de la probabilidad como frecuencia. Resulta que el conocimiento mismo de la probabilidad depende de la inducción.

La interpretación subjetiva de la probabilidad es también impotente para resolver el problema de Hume, aunque por una razón diferente. Suponga que Juan cree que el sol saldrá mañana y que Pedro no lo cree. Ambos aceptan la evidencia de que el sol ha salido todos los días en el pasado. Intuitivamente, nosotros deseamos decir que Juan es racional y que Pedro no lo es, porque la evidencia hace la creencia de Juan mas probable. Pero si la probabilidad es simplemente un asunto de opinión subjetiva, no podemos afirmar lo anterior. Todo lo que podemos decir es que Juan asigna una alta probabilidad a ‘el sol saldrá mañana’ mientras que Pedro no lo hace.. Si no hay hechos objetivos acerca de la probabilidad, entonces no podemos decir que las conclusiones de las inferencias inductivas son objetivamente probables. Así, no podemos explicar porque Pedro, al declinar usar la inducción, es irracional. Pero el problema de Hume es precisamente la demanda de alguna explicación.

La interpretación lógica de la probabilidad promete una respuesta mas satisfactoria a Hume. Suponga que hay un hecho objetivo acerca de la probabilidad de que el sol salga mañana, dado que ha salido todos los días en el pasado. Suponga que esta probabilidad es muy alta. Entonces nosotros tenemos una explicación de

Referencias

Documento similar