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La ciencia y sus críticos

In document Okasha. Filosofia de La Ciencia. (página 57-59)

Por razones conocidas, muchas personas dan por sentado que la ciencia es una cosa buena. Después de todo, la ciencia nos ha dado electricidad, agua potable, penicilina, anticonceptivos, viajes aéreos, y mucho más - todo lo cual ha beneficiado indudablemente a la humanidad. Pero a despecho de estas impresionantes contribuciones al bienestar humano, la ciencia no carece de críticos. Algunos sostienen que la sociedad invierte mucho dinero en la ciencia a expensas de las artes; otros señalan que la ciencia nos ha dado capacidades tecnológicas que sería mejor no tener, como la capacidad de producir armas de destrucción en masa. Algunas feministas sostienen que la ciencia es objetable porque es de tendencia inherentemente machista; algunas personas religiosas sienten a menudo que la ciencia amenaza su fe; y los antropólogos han acusado a la ciencia occidental de arrogancia, sobre la base de que esta asume fatuamente su superioridad frente a los conocimientos y creencias de las culturas indígenas del mundo. Esto no agota la lista de críticas de las cuales ha sido objeto la ciencia, pero en este capítulo enfocaremos nuestra atención en tres que son de particular interés filosófico.

Cientificismo

Las palabras ‘ciencia’ y ‘científico’ han adquirido una connotación peculiar en los tiempos modernos. Si usted fuera señalado por algunas personas de comportarse ‘acientíficamente’, es casi seguro que lo están criticando. La conducta científica es sensible, racional y encomiable; la conducta acientífica es torpe, irracional y despreciable. No es tan seguro saber porqué la etiqueta ‘científico’ ha adquirido estas connotaciones, pero es probable que algo tengan que ver con el elevado estatus que tiene la ciencia en la sociedad moderna. La sociedad considera a los científicos como expertos cuyas opiniones en asuntos de importancia son muy solicitadas y aceptadas en su mayor parte sin discusión. De hecho, todos reconocen que los científicos a veces se equivocan - Por ejemplo, en 1990 los asesores científicos del gobierno británico declararon que ‘la enfermedad de las vacas locas’ no atacaba a los humanos, algo que después probó ser una trágica equivocación. No obstante, este tipo de traspiés ocasionales no tiende a debilitar la fe que el público tiene en la ciencia ni la estima en que son tenidos los científicos. En Occidente, por lo menos,

los científicos son vistos de forma muy parecida a como se veía antes a los líderes religiosos: poseedores de conocimiento especializado que es inaccesible para los legos.

‘Cientificismo’ es una etiqueta peyorativa usada por algunos filósofos para describir lo que ellos ven como sobreestimación de la ciencia – la exagerada reverencia hacia la ciencia, que se da en algunos círculos intelectuales. Los oponentes del cientificismo sostienen que la ciencia no es la única forma válida de actividad intelectual, ni la única ruta privilegiada hacia el conocimiento. Ellos siempre enfatizan que no están en contra de la ciencia en si misma; a lo que se oponen es al estatus privilegiado que se le ha dado a la ciencia, en particular a las ciencias naturales, en la sociedad moderna, y al supuesto de que los métodos de la ciencia son necesariamente aplicables a todo tema importante. Entonces, su finalidad no es atacar a la ciencia sino ponerla en su respectivo lugar – mostrar que la ciencia es simplemente una disciplina entre otras, y liberar a las otras disciplinas de la tiranía que supuestamente ejerce la ciencia sobre ellas.

El cientificismo obviamente es una doctrina bastante vaga, y como se ha abusado del término, casi nadie admitiría tomarlo en serio. No obstante, algo así como una sobreestimación de la ciencia es una de las características más genuinas del paisaje intelectual de nuestro tiempo. Esto no es necesariamente una cosa mala – quizá la ciencia merezca ser sobreestimada. Pero ciertamente es un fenómeno real. Un campo que a menudo es acusado de sobreestimación de la ciencia es la filosofía anglo-americana contemporánea (de la cual la filosofía de la ciencia es una rama). Tradicionalmente, la filosofía ha sido reconocida, por buenas razones, como una materia humanística, a despecho de sus estrechos lazos con las matemáticas y las ciencias. Porque las cuestiones de la agenda filosófica incluyen la naturaleza del conocimiento, la moralidad, la racionalidad, el bienestar humano, y otras más, ninguna de las cuales parece solucionable por métodos científicos. Ninguna rama de la ciencia nos dice como deberíamos conducir nuestras vidas, lo que es el conocimiento, o lo que implica la felicidad humana; estas son preguntas esencialmente filosóficas.

A despecho de la aparente imposibilidad de contestar preguntas filosóficas por medio de la ciencia, muchos filósofos contemporáneos creen que la ciencia es la única senda legítima hacia el conocimiento. Ellos sostienen que las preguntas que no pueden ser resueltas por medios científicos, no son preguntas genuinas. Esta idea se asocia a menudo con el ultimo Willard van Orman Quine, uno de los más importantes filósofos norteamericanos del siglo XX. Las bases de esta idea descansan en una doctrina llamada ‘naturalismo’, que enfatiza que nosotros los humanos somos una parcela del mundo natural, no algo aparte de él, como alguna vez se creyó. Como la ciencia estudia la totalidad del mundo natural, seguramente debería ser capaz de revelar la verdad completa acerca de la condición humana, sin dejar algo para la filosofía. Los adherentes a esta idea a veces agregan que innegablemente la ciencia progresa, mientras la filosofía parece discutir las mismas cuestiones por siglos e interminablemente. En tal concepción, no hay tal cosa como conocimiento distintivamente filosófico, porque todo conocimiento es conocimiento científico. Si hay algún rol para la filosofía, este consiste en ‘clarificar los conceptos científicos’ – pasarle el cepillo a los productos que los científicos consiguen con su trabajo.

No sorprende que muchos filósofos rechacen esta subordinación de su disciplina a la ciencia; esta es una de las principales fuentes de oposición al cientificismo. Ellos sostienen que las investigaciones filosóficas revelan verdades acerca de un reino que la ciencia no puede alcanzar. Las preguntas filosóficas son incapaces de ser resueltas por medios científicos, pero no son peores por eso: la ciencia no es la única senda hacia la verdad. Los proponentes de esta idea pueden conceder que la filosofía debería intentar ser consistente con las ciencias en el sentido de no hacer afirmaciones que estén en conflicto con lo que la ciencia nos enseña. Y pueden conceder que la ciencia merece ser tratada con gran respeto. Lo que ellos rechazan es el imperialismo científico – la idea de que la ciencia es capaz de contestar todas las preguntas importantes acerca del hombre y su lugar en la naturaleza. Usualmente, los defensores de esta posición piensan también en si mismos como naturalistas. Normalmente, ellos no sostienen que nosotros los humanos estamos, de alguna manera, fuera del orden natural, y, por lo tanto, exentos del alcance de la ciencia. Ellos conceden que somos solamente otra especie biológica, y que nuestros cuerpos están compuestos en último término de partículas físicas, como todas las cosas del universo. Pero niegan que esto implique que los métodos científicos sean apropiados para encauzar toda cuestión de interés.

Un tema similar enfoca la atención en la relación entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Así como los filósofos se quejan algunas veces de la ‘sobreestimación de la ciencia’, los científicos sociales se quejan de la ‘sobreestimación de la ciencia natural’. Es innegable que las ciencias naturales – la física, la química, la biología, etc. – están en un estado más avanzado que las ciencias sociales – la economía, la sociología, la antropología, etc. Muchas personas preguntan la razón de esto. No es fácil puesto que los científicos naturales son más circunspectos que los científicos sociales. Una respuesta posible es que los

métodos de las ciencias naturales son superiores a los de las ciencias sociales. Si esto es correcto, lo que las

ciencias sociales necesitan hacer es aplicar los métodos de las ciencias naturales. Y, en alguna medida, esto ha sucedido realmente. El uso creciente de las matemáticas en las ciencias sociales puede un resultado parcial de esta actitud. La física realizo un gran progreso cuando Galileo dio el paso de aplicar el lenguaje matemático a la descripción del movimiento; de aquí que es tentador pensar que se podría lograr un avance comparable en las ciencias sociales si se pudiera encontrar una manera análoga de ‘matematizar’ sus temas. Sin embargo, algunos científicos sociales se resisten fuertemente a la sugerencia de que ellos deberían considerar las ciencias naturales de este modo, así como los filósofos se resisten fuertemente a la idea de ellos deberían mirar a la ciencia como una totalidad. Ellos sostienen que los métodos de las ciencias naturales no son necesariamente apropiados para estudiar los fenómenos sociales. ¿Por qué las mismas técnicas que son útiles en astronomía, por ejemplo, deberían ser igualmente útiles para estudiar las sociedades? Aquellos que sostienen este punto de vista niegan que el estado mas avanzado de las ciencias naturales sea atribuible a los métodos particulares que emplean y por lo tanto no ve razón para extender estos métodos a las ciencias sociales. Ellos señalan a menudo que las ciencias sociales son mas jóvenes que las ciencias naturales, y que la naturaleza compleja de los fenómenos sociales hacen que el éxito en la ciencias sociales sea difícil de conseguir.

Ni el tema del cientificismo ni el tema paralelo de las ciencias naturales y sociales son fáciles de resolver. En parte, esto es porque esta lejos de ser claro en que consisten realmente los ‘métodos de la ciencia’, o los ‘métodos de la ciencia natural’ – un punto que a menudo es pasado por alto por las dos partes del debate. Si deseamos saber si los métodos de la ciencia son aplicables a todo rema, o si son capaces de responder toda pregunta importante, obviamente necesitamos saber exactamente lo que estos métodos son. Pero como hemos visto en los capítulos previos, esta es una cuestión mucho menos clara de lo que parece a primera vista. Ciertamente conocemos algunas de las principales características de la investigación científica: inducción, prueba experimental, observación, construcción de teorías, inferir la mejor explicación, etc. Pero esta lista no proporciona una definición precisa del ‘método científico’. Ni siquiera es obvio que tal definición pueda ser proporcionada. La ciencia cambia mucho a través del tiempo, y por lo tanto no es nada seguro el supuesto de que hay un ‘método científico’ fijo y permanente, usado por todas las disciplinas científicas en todos los tiempos. Pero este supuesto esta implícito en la afirmación de que la ciencia es la única senda verdadera hacia el conocimiento y en la contra-afirmación de que algunas preguntas no pueden ser respondidas por métodos científicos . Esto sugiere que, al menos en cierta extensión, el debate acerca del cientificismo puede descansar en una suposición falsa.

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