La distinción entre cosas observables y cosas que no lo son es central en el debate entre realismo y anti- realismo. Por lo general, hemos simplificado esta distinción descuidando su real significado - las mesas y las sillas son observables, los átomos y los electrones no lo son. Pero, de hecho, la distinción es filosóficamente bastante problemática. Realmente, uno de los principales argumentos del realismo científico dice que no es posible trazar la distinción observable/no observable de una manera categórica.
¿Por qué debería ser esta decisión un argumento a favor del realismo científico? Porque la coherencia del anti-realismo depende crucialmente de exista una clara distinción entre lo observable y lo no observable. Recordemos que los anti-realistas invocan diferentes actitudes hacia las afirmaciones de la ciencia dependiendo de si se refieren a las partes observables o no-observables de la realidad - deberíamos ser agnósticos respecto a las segundas pero no a las primeras. El anti-realismo presupone que nosotros podemos dividir las afirmaciones científicas en dos clases: aquellas que se refieren a procesos y entidades observables y aquellas que no. Si esta división no se puede establecer de manera satisfactoria, entonces es obvio que el anti-realismo está en un serio problema, y fracasa por este incumplimiento. Esto explica el que los realistas apunten a menudo a enfatizar los problemas asociados con la distinción observable/no observable.
Uno de tales problemas concierne a la relación entre observación y detección. Entidades como los electrones obviamente no son observables en sentido ordinario, pero su presencia puede ser detectada usando aparatos especiales llamados detectores de partículas. El más simple de estos detectores es la cámara de niebla, que consiste en un recipiente hermético lleno de aire saturado con vapor de agua. Cuando partículas cargadas, como los electrones, atraviesan la cámara chocan con los átomos neutros del aire, convirtiéndolos en iones; el vapor del agua se condensa alrededor de estos iones formando gotas que pueden ser vistas directamente por el ojo. Nosotros podemos seguir la ruta de un electrón a través de la cámara de niebla observando el trazo formado por las gotas. ¿Significa esto que, después de todo, los electrones pueden ser observados? La mayoría de los filósofos responderían que no: Las cámaras de niebla nos permiten detectar electrones, no observarlos directamente. Casi de la misma manera, los jets de alta velocidad pueden ser detectados por los
rastros de vapor que dejan tras de si, pero mirar estos rastros no es observar el jet. Pero, ¿es siempre fácil distinguir la observación de la detección? Si no es así, la posición anti-realista estaría en problemas.
En una conocida defensa del realismo científico, de comienzos de la década de 1960, el filósofo estadounidense Grover Maxwell propuso el siguiente problema al anti-realista, considere la siguiente secuencia de eventos: mirar algo directamente con el ojo, mirar algo a través de una ventana, mirar algo a través de unos lentes gruesos, mirar algo a través de unos binoculares, mirar algo a través de un microscopio de bajo poder, mirar algo a través de un microscopio de alto poder, y así por el estilo. Maxwell señala que estos eventos descansan en una serie continua. ¿Cómo decidimos lo que es observación y lo que no lo es? ¿Puede un biólogo observar micro-organismos con un microscopio de alto poder o solamente puede detectar su presencia, de la misma manera en que los físicos pueden detectar la presencia de electrones en una cámara de niebla? ¿Si algo solo puede ser visto con la ayuda de instrumentos científicos sofisticados, cuenta como observable o no observable? ¿Cuan sofisticada debe ser la instrumentación para decidir que estamos ante un caso de detección y no de observación? Maxwell señalo que no hay manera categórica de responder estas preguntas, por lo tanto el intento anti-realista de clasificar las entidades como observables o no observables, esta condenado al fracaso.
El argumento de Maxwell esta respaldado por el hecho de que los científicos mismos se refieren a partículas que son ‘observadas’ con la ayuda de aparatos sofisticados. En la literatura filosófica, los electrones son usualmente tomados como ejemplo paradigmático de entidades no observables, aunque los científicos a menudo están satisfechos de hablar de electrones ‘observados’ usando detectores de partículas. De hecho esto no prueba que los filósofos estén equivocados y que los electrones, después de todo sean observables ; quizá sea mejor reconocerla como una ‘manera de hablar’. Similarmente, el hecho de que los científicos se refieran a tener ‘prueba experimental’ de una teoría no significa que los experimentos realmente prueben que las teorías son verdaderas, como vimos en el Capitulo 2. No obstante, si hay realmente una distinción filosófica importante observable/no observable, como sostienen los anti-realistas, es improbable que corresponda tan inadecuadamente con la manera de hablar de los científicos.
El argumento de Maxwell es poderoso, pero esto no significa que sea completamente decisivo. Bas van Fraassen, un destacado anti-realista contemporáneo, afirma que el argumento de Maxwell solamente muestra que ‘observable’ es un concepto vago. Un concepto vago es aquel que tiene casos fronterizos – casos que no pueden incluidos o excluidos de manera categórica. Calvo, es un ejemplo obvio. Como la caída del cabello es gradual, hay muchos hombres de los cuales es difícil decir si son o no calvos. Pero van Fraassen resalta que los conceptos vagos son perfectamente utilizables y pueden marcar genuinas distinciones en el mundo. (De hecho, la mayoría de los conceptos son, en alguna extensión, vagos). Nadie sostendría que la distinción entre calvo e hirsuto es irreal o sin importancia, simplemente porque ‘calvo’ es vago. Ciertamente, si intentamos trazar una división precisa entre hombres calvos e hirsutos, esta será arbitraria. Pero, como hay casos precisos de hombres que son calvos y casos precisos de hombres que no lo son, la imposibilidad de trazar una línea de división precisa no es importante. A despecho de su vaguedad, el concepto es perfectamente utilizable.
Según van Fraassen, lo mismo se puede aplicar a ‘observable’. Hay casos precisos de entidades que pueden ser observadas, como las sillas, y casos precisos de entidades que no, como los electrones. El argumento de Maxwell resalta el hecho de que también hay casos fronterizos, donde no estamos seguros de que las entidades en cuestión puedan ser observadas o solo detectadas. Así que si tratamos de trazar una línea precisa de división entre entidades observables y no observables, esta será inevitablemente arbitraria. Como en el caso de ‘calvicie’, esto no muestra que la distinción observable/no observable es de alguna manera irreal o sin importancia, ya que hay casos precisos en cada lado. Por lo tanto, la vaguedad del termino ‘observable’ no es ninguna vergüenza para los anti-realistas, dice van Fraseen. Solo se necesita establecer un limite superior a la precisión con que esta pueda ser formulada.
¿Cuánta fuerza tiene este argumento? Ciertamente, van Fraseen acierta en señalar que la existencia de casos fronterizos y la consiguiente imposibilidad de trazar un limite preciso sin arbitrariedad, no implica que la distinción observable/no observable sea irreal. Hasta aquí, su argumento contra Maxwell triunfa. Sin
embargo, una cosa es mostrar que hay una distinción real entre entidades observables y no observables, y otra mostrar que la distinción tiene el peso filosófico que los anti-realistas le quieren dar. Recordemos que los anti-realistas invocan una actitud de completo agnosticismo hacia las afirmaciones referentes a la parte no observable de la realidad – ellos dicen que no tenemos manera de saber si son o no verdaderas. Incluso si concedemos a van Fraseen que hay casos precisos de entidades no observables y que esto es suficiente para el anti-realista, todavía debe proporcionarnos argumentos adicionales para que creamos que el conocimiento de la realidad no observable es imposible