Hello, Sexy Perv Phone Line (By Yuri) Capítulo 4: Hell On Earth
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Notas de MizukyChan:
Hola gente linda, el capítulo de hoy lleva por título “Infierno en la tierra” y en verdad me dio mucha rabia, porque cuando terminen de leerlo comprenderán mejor por qué Bill es tan “amargado” con la vida. Beshoshs y no olviden comentar.
& Capítulo 4 &
Bill no se fue a casa cuando la escuela terminó. En lugar de eso, simplemente se fue con Gustav. Por supuesto que al otro no le importaba. A él le gustaba ayudar a Bill cuando lo necesitaba. Los dos amigos caminaron a la habitación de Gustav y se sentaron en el piso, para hacer su tarea.
—¿Entonces, ya tienes alguna idea para escribir el ensayo de Inglés?
—¿Hablas de la historia que hay que escribir para la próxima semana? —Bill lo miró. —¿Sí?
—Bueno… estaba pensando escribir sobre este tío que se siente encerrado dentro de un mundo que no lo comprende.
—¿Entonces sólo vas a volcar cómo te sientes y ponerlo en papel? —Sí, seguramente haré eso.
—Umm. ¿Podría leerlo antes de que lo entregues? Bill lo miró y sonrió.
—Oh, por supuesto que puedes. Quiero decir, tú eres mi precioso beta-reader.
—Es cierto —El rubio sonrió sintiéndose orgulloso de sí mismo. Bill se rió fuerte y le dio un empujón juguetón.
—¿Qué hay de ti? ¿Ya sabes qué vas a escribir?
—No tengo idea —Bill abrió la boca para decir algo, pero un ligero golpe en la puerta lo detuvo—. Pase.
—Hola señora Listing —Bill le dio una sonrisa. La mamá de Gustav era como una segunda madre para él. Él la quería tanto, que estaba dispuesto a ser adoptado por ella, en cualquier momento.
—¿Qué están haciendo, chicos?
—Bueno, estábamos hablando sobre nuestra tarea —contestó Gus, mirando a su mamá.
—Okey. ¿Quieren algo para comer? ¿Algún refrigerio? —No mamá, gracias. Esperaremos la cena.
—Muy bien. Estudien mucho y trabajen duro.
—Lo haremos —Gustav sonrió cuando su madre cerró la puerta y se fue—. ¿Por qué siempre tiene que hacer eso? —Gruñó.
—¡Hey! —Bill le pegó—. Tu mamá es super cool. Por lo menos se preocupa por ti. A la mía yo no le importo una mierda —El pelinegro lucía como si fuera a romper a llorar en cualquier momento.
Gustav lo miró y bajó la cabeza. Era cierto, no debería estar quejándose de sus padres, cuando eran mucho mejores que los de Bill. Se mordió el interior del labio y abrazó a Bill. El pelinegro fue tomado por sorpresa y miró al rubio.
—Lo siento.
—Oh… no tienes que estarlo Gus. No es tu culpa. No hiciste nada malo. —Sí, lo sé. Pero yo sólo… odio verte así.
Bill sonrió. Enredó sus brazos en su amigo y besó su cabeza.
—No te preocupes por eso. ¿Está bien? —Gustav asintió y se separó de él—. Soy una galleta dura de roer.
El rubio se rió. Bill abrió los ojos grandemente, porque su amigo sonaba muy femenino con esa risa. Después de un rato, se detuvieron y se pusieron muy serios, para ponerse a trabajar en lo que debían entregar la siguiente semana.
—¡GUSTI! —Alguien entró en la habitación y los chicos pararon lo que estaban haciendo—. ¿ME EXTRAÑASTE?
—No —Gruñó Gustav, cuando su castaño hermano mayor entró para abrazarlo fuertemente—. Georg, por favor. ¿Puedes dejarme tranquilo?
—No —Sonrió Georg.
—¿Estuviste bebiendo otra vez? —El aludido asintió con una enorme sonrisa en su rostro—. Georg, hombre. Apenas cumpliste 18 y estás actuando como un crío de cinco años.
—Aaww… te estoy avergonzando, Gusti —Georg lo miró.
—Por supuesto que no —El rubio miró a Bill, quien estaba aguantando las ganas de reír—. Ya sabes que siempre serás mi hermano favorito.
—¡SÍ! —Georg saltó y salió rápidamente de la habitación. —¡Georg cierra la puerta!
—Lo siento —La cabeza castaña se asomó—. Aquí tienen.
Georg cerró la puerta y Gustav suspiró. En verdad odiaba cuando su hermano hacía eso.
—Bueno… supongo que Georg ya volvió de… ¿a dónde fue? —Bill movió la cabeza de un lado a otro, tratando de recordar.
—Fue a Ámsterdam.
—Oh, cierto —El pelinegro asintió—. Ya veo que volvió y cambió.
—Nah… —Negó con la cabeza—. Siempre ha sido un poco salvaje. Creo que simplemente no te acuerdas.
—Puede ser posible —Bill se recostó en el piso y miró al techo—. ¿Hey, crees que a estas horas ya hayan dejado la casa? —Gustav lo miró confundido—. Mis padres. ¿Crees que estén en casa?
—¿Qué, acaso ya me quieres dejar? —El rubio hizo un puchero.
—No, sólo me estaba preguntando, porque ya sabes, quiero llamar a ese lugar, al que tú no quieres que llame.
—Ugh… —Gustav rodó los ojos—. Está bien… te puedes ir.
—Aww —Bill fue detrás de él—. Lo siento Gustav. Es sólo que. Cada vez que mis padres me sacan de mis casillas, yo: o fumo, o me masturbo con la voz de ese hombre.
—Bueno, entonces fuma. Si quieres podemos salir a caminar, para que no dejes todo el lugar apestoso.
—¡Oh! ¿Cómo te atreves a decir eso? —Bill fingió estar terriblemente herido—. Como si alguna vez yo apestara a algo.
—Oh, estaba bromeando —El rubio sonrió—. Vamos. Daremos una vuelta por el parque que te gusta y luego tomaremos un helado.
—Hey, no finjas que no te gusta, porque sé que lo estás deseando en estos precisos momentos.
Bill bufó y lentamente se puso de pie, al mismo tiempo que su amigo. Los dos caminaron para salir de la casa, pero se quedaron pegados en la puerta, cuando vieron un auto negro estacionado afuera. La puerta del coche lentamente se abrió, mostrando a la madre del pelinegro. Ella lo miró con desaprobación y abrió la puerta detrás de la suya.
Bill miró a su madre y luego a Gustav. El rubio hizo lo mismo. Bill maldijo fuertemente. Esto no podía estar pasando. En el minuto en que iba a tener algo de diversión, aparece su familia y lo arruina todo. El pelinegro gruñó y caminó hasta el vehículo. —Sube. Te llevamos a ver al doctor Roberts.
—No quiero ir a verlo —El chico levantó la vista a su madre.
—No me importa, Bill. Soy tu madre y tú vas a meter tu egoísta trasero en el auto, para que pueda manejar a la institución.
Bill bajó la cabeza y miró al suelo. En verdad odiaba a esta mujer. Ella nunca hacía nada por sí misma. Nunca trató de hablar con Bill. Siempre hacía que otra persona lo hiciera en su lugar.
—Tengo que ir a buscar mi mochila a la casa de Gustav —dijo el menor, sin mirarla. —Está bien. Pero nos iremos en el minuto que regreses.
Bill la miró con odio y regreso con Gustav. Los dos adolescentes volvieron a entrar en la casa. Gustav observó como su amigo subía furioso a su habitación, para coger sus cosas.
—¿Bill, estás bien?
—¿Y tú qué crees? —Soltó de pronto el pelinegro—. Estoy así de cerca de pasar un buen rato y vienen ellos a llevarme de regreso a ese jodido lugar para locos.
—¿Qué? —Gustav lo miró sorprendido—. ¿Te van a llevar de vuelta? ¿Por qué? —Quieren que hable con ese maldito doctor estúpido, que adora jugar con mi cabeza. Gustav lo observó, se acercó y le ayudó a meter sus cosas de vuelta en la mochila, porque a Bill se le estaban cayendo. El pelinegro gruñó y suspiró.
—Bill, trata de relajarte. Todo va a estar bien. No te van a volver a internar allí. No tienen derecho de hacerlo.
—Sí, pero… eso no va a detenerlos.
llegó a la puerta para verlo. Bill le sonrió ligeramente, pero su madre cerró la puerta tras ella y encendió el vehículo.
—Estoy muy decepcionada de ti, Bill —La mujer miró por la ventana—. Estaba esperando que volvieras directamente a casa, después de la escuela.
—¿Para qué? ¿Para que pudieras llevarme de vuelta a ver a ese hombre? ¿O simplemente tenías ganas de verme? —Bill también miró por la ventana.
—Tenemos algo muy importante que discutir contigo. Tu hermana y Tom también estarán allí.
—¿Tom? —dijo de pronto Bill, girando el rostro para ver a su madre—. ¿Por qué viene él?
—Porque lo que vamos a discutir tiene que ver con él.
Bill la observó confuso. ¿Qué quería decir con eso? Los ojos de Bill se ampliaron y su corazón palpitó fuertemente. ¿Acaso sabían que a Bill le gustaba Tom? El pelinegro negó con la cabeza. No podría ser posible. Él era simpático con Tom, pero no lo trataba diferente que al resto de la familia.
Les tomó media hora, a los padres de Bill, llegar a la institución mental de las afueras del pueblo. Bill miró con odio al lugar, como si fuera a destruirlo con sus ojos. Una mujer, con una bata blanca de laboratorio, apareció frente a ellos y les informó que Sophie y Tom, aún no habían llegado.
Los padres del pelinegro caminaron por el edificio con la mujer, mientras hablaban de algo. Bill los observó, pero se fue hacia la parte trasera. No estaba buscando a nadie en particular, sino un lugar con el que se sentía familiar. Cruzó el gran patio de ladrillos y la encontró, una agradable banca, bajo un sauce. El chico se dobló y se sentó en ella.
—Wow… este lugar no ha cambiado ni una pizca.
—No, no lo ha hecho. Y tampoco tú —Una voz sonó desde atrás del sauce. Bill giró y vio a un chico alto y de cabello castaño—. Hey, Bill.
—¿Clement? ¿En verdad eres tú?
—Sí —El adolescente lo miró y caminó hasta él—. ¿Y bien… te van a volver a dejar aquí?
—No —Bill sacudió la cabeza—. Quieren que hable con el doctor Roberts sobre un asunto —Clemente le extendió a Bill un cigarrillo y el chico lo recibió—. Gracias. Pensé que a estas alturas, ya estarías afuera. ¿Por qué todavía estás aquí?
—Sí, pero nunca me puso esa mierda a mí. Ella sólo dijo que estaba mentalmente enfermo porque era gay.
—Sí, recuerdo eso. Lo leí en tu expediente cuando me metí en su oficina el año pasado —Clement dio una calada de su cigarrillo. Bill lo miró sorprendido—. ¿Qué? Tenía que hacer algo. La zorra estaba siendo una…
—Una perra —Bill sonrió y también le dio una calada a su cigarro—. Bueno, se lo merece.
—Lo sé —dijo el chico y el pelinegro lo miró—. ¿Sabes Bill? Las cosas han sido muy duras sin ti.
—Las cosas han sido duras sin ti, también para mí —Bill bajó la cabeza—. ¿Sabes? Hay algunas ocasiones en que desearía haberme quedado aquí.
—¿Por qué demonios querrías eso, después del tratamiento que te dio el Fuhrer? —¿La llamas “el Fuhrer” ahora?
—¿Bueno y qué? Esta mierda es como un maldito campo de concentración. Apuesto a que si ella pudiera, nos mataría en una cámara de gas.
Bill lo miró y comenzó a reír. Extrañaba a Clement. El chico, era tres años mayor que él y fue su compañero de habitación, cuando estuvo preso allí. Les tomó un tiempo a ambos, acostumbrarse el uno al otro, pero cuando eso pasó, se volvieron muy unidos. Bill le podía contar todo sobre todo. Ellos eran como el chaleco salvavidas del otro, en ese lugar de locura.
—Hombre, tú tampoco has cambiado ni una pizca.
—¿Y por qué lo haría? Tengo que estar aquí para siempre. Fue el veredicto que me dio hace dos semanas.
—Wow, eso en verdad apesta.
—Sí, y parece que también apestará para ti, la doctor Hitler viene en camino.
Bill alzó la mirada y vio a la mujer rubia, caminando hacia ellos con su cuaderno de notas. Maldijo con los dientes apretados. Verdaderamente odiaba a esa mujer y no quería tener ninguna relación con ella. La mujer se detuvo frente a ellos y le sonrió al pelinegro.
—Hola Bill —Cruzó los brazos—. Ha pasado mucho tiempo. —No lo suficiente —Bill la miró con furia.
Tom y Sophie ya llegaron. Necesito que vengas conmigo, para que podamos hablar sobre lo que tus padres desean hacer contigo.
doctora de vuelta al edificio de sus pesadillas. El pelinegro miró el corredor con ese enfermizo color blanco. En verdad odiaba ese lugar y si pensaban enviarlo de vuelta… se mataría.
& Continuará &
Notas finales de MizukyChan: