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Francesc Solé Parellada

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Academic year: 2021

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CULTURA EMPRENDEDORA Y UNIVERSIDAD

Francesc Solé Parellada

Desde hace años, la Universidad Politécnica de Cataluña, dentro de su planificación estratégica y de organización, se ha planteado el reto de convertirse en una universidad emprendedora. Este reto implica la necesidad de plantearse continuamente algunas preguntas básicas, que afectan tanto a la definición del espíritu emprendedor como a la clarificación del papel de la universidad y la administración en desarrollo de la sociedad a través de la creación de empresas.

Estas preguntas se pueden resumir en unos pocos puntos básicos. ¿Qué es espíritu emprendedor? ¿Cuáles son los objetivos de una universidad en relación a la sociedad? ¿Qué tipos de universidades pueden llevar a cabo la promoción del espíritu emprendedor? ¿Por qué los profesores deben tener espíritu emprendedor y/o crear empresas? ¿Y los alumnos? ¿Qué se puede hacer?

Hace unos meses se creó un foro de reflexión llamado B-Lab, presidido por Ana Patricia Botín, presidenta de Coverlink, y que tiene como vicepresidentes a Francesc Santacana, de la Universidad de Barcelona, y a mí mismo. El grupo reúne a prestigiosos empresarios, empresarias y académicos de toda España, y tiene por objeto el impulsar la difusión del espíritu emprendedor y la creación de empresas en nuestra sociedad. Uno de los grupos de trabajo del B-Lab se ha centrado sobre el tema “Cultura emprendedora y Universidad”. Este grupo ha dado forma a las preguntas que formulo más arriba, y ha intentado responderlas. Me permitiré citar en este artículo algunas de las conclusiones obtenidas por el grupo.

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El llamado “espíritu emprendedor gira alrededor de los siguientes parámetros: curiosidad, imaginación, juego, asunción del riesgo, compromiso, trabajo en equipo y responsabilidad.

En una definición simplificada llamaríamos espíritu emprendedor al “empecinamiento en demostrar que un proyecto – fruto de la curiosidad y la imaginación – es materializable respecto a unas reglas del juego. Con esta definición en mano, el investigador es un emprendedor y también lo son los buenos docentes, los buenos estudiantes, el personal administrativo comprometido y el empresario.

El espíritu investigador coincide con el espíritu emprendedor en la curiosidad, el juego, el empecinamiento, el compromiso y el riesgo. Aprender exige esfuerzo, compromiso, curiosidad y buenas dosis de riesgo. Aprender es también un juego. Transmitir conocimientos requiere compromiso, capacidad de cambio, saber escoger, responsabilidad, arriesgarse al fracaso. Gestionar requiere tomar decisiones, elegir y comprometerse. Emprender exige proyecto, compromiso, aceptación del riesgo y sometimiento a las reglas.

¿Cuáles son los objetivos de una universidad en relación a la sociedad?

La Universidad tiene entre sus objetivos: contribuir a la igualdad de oportunidades, generar conocimientos, difundir los conocimientos, enseñar a aprender, contribuir al desarrollo del territorio, facilitar la incorporación del individuo a una sociedad global y, también, transmitir el espíritu innovador y emprendedor a sus miembros.

Con estos objetivos, topamos con algunas limitaciones en las herramientas con las que habitualmente trabajamos: podemos enseñar técnicas concretas e incluso “maneras de hacer”... pero no podemos transmitir espíritu emprendedor desde la rutina y la burocracia. Para transmitir el espíritu emprendedor se requieren modelos – sólo una

universidad emprendedora puede transmitir globalmente a sus miembros la curiosidad, imaginación, juego, asunción de riesgo, compromiso, trabajo en equipo, responsabilidad y capacidad innovadora.

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¿Qué tipos de universidades pueden llevar a cabo la promoción del espíritu emprendedor?

En la mayoría de países encontramos experiencias exitosas de universidades y centros universitarios que son referencia de capacidad de cambio. La mayoría de universidades del mundo han emprendido el camino de la reforma. Citaremos entre ellas a las universidades de Delft y Twente en los Países Bajos, la universidad Chalmers en Suecia, la de Strathclyde en Escocia, etc. Sistemas universitarios enteros han cambiado sus marcos jurídicos para hacer posible la universidad emprendedora: Finlandia, Nueva Zelanda, Canadá, etc.

Todas las universidades pueden promocionar el espíritu emprendedor entre sus miembros, con la condición de que ellas mismas se propongan ser emprendedoras. El camino de una universidad burocrática a una universidad emprendedora pasa por la re-ingeniería o la adaptación. Todas las universidades pueden ser emprendedoras si se lo

proponen y en nuestro propio país algunas ya han emprendido este camino. Sin

embargo, para que las universidades puedan ser emprendedoras, se requiere un marco jurídico y cultural que lo permita.

El círculo virtuoso de los recursos configura un modelo de entorno que empuja a la universidad hacia una universidad emprendedora. El círculo virtuosos de los recursos tiene la siguiente secuencia:

- Las universidades deben tener recursos suficientes. Además, las universidades públicas deben proponerse obtener recursos fuera del circuito de la subvención pública;

- Los recursos públicos deben llegar a cada universidad gracias a la comprobación del trabajo bien hecho. Por tanto, la universidad y la administración han de pactar unos objetivos, reflejados en indicadores de calidad;

- La competencia entre universidades, en relación a los recursos públicos a obtener, se debe producir en el campo de unos indicadores de calidad comunes; - El cumplimento de los objetivos pactados debe ser evaluado anualmente;

- La asignación a cada universidad de la parte “correspondiente” de los recursos públicos ha de darse según los resultados obtenidos en relación a

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La universidad a todos los niveles debe asumir culturalmente que debe rendir cuentas a la sociedad de los recursos que ésta le entrega, ya sea en forma de subvención, ya sea en forma de pago a sus servicios. A medio y largo plazo, sin unas condiciones de entorno jurídico y cultural que incluya el círculo virtuoso de los recursos, no podrá mantenerse el impulso necesario para la existencia de una “nueva” universidad emprendedora que difunda el espíritu emprendedor entre sus miembros y de la sociedad en general.

No obstante, en un entorno jurídico y cultural en evolución, la universidad debe asumir su parcela de responsabilidad en la contribución a la mejora del bienestar de la sociedad.

Debe arriesgarse a innovar para mejorar.

¿Por qué los profesores deben tener espíritu emprendedor y/o crear empresas?

Espíritu emprendedor

El buen docente y buen investigador tiene espíritu emprendedor. El investigador es un empresario de su investigación. En España, el nivel de resultados de la investigación (según los indicadores al uso) no está mal, pero le falta creatividad, consistencia, continuidad y, especialmente, aprovechamiento. Con excepciones, los investigadores saben imitar comportamientos pero se resisten a crear desde organizaciones de investigación complejas. Hay que aumentar el comportamiento innovador y emprendedor de nuestra docencia y de nuestra investigación.

Para tener un verdadero emprendedor se ha de tener un verdadero espíritu investigador, lo que supone libertad de investigación en el marco establecido.

Pero tampoco hay que ser taxativo. El espíritu empresarial tiene diferentes grados y es el vector resultante de diferentes virtudes con diferentes grados de intensidad. El espíritu emprendedor no es homogéneo y es posible – e incluso deseable – que convivan diversas intensidades. El binomio objetivos pactados / rendición de cuentas sobre las unidades es estímulo suficiente para la mejora de la capacidad innovadora de la universidad.

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Creación de empresas

Los profesores que tienen espíritu de empresa pueden / deben crear empresas y las universidades han de facilitar que ello sea posible. Y, lógicamente, el profesor debe aceptar su porcentaje de riesgo en esta operación. Los profesores formados en temas de creación de empresas se convierten en descubridores de oportunidades de innovación y los que las crean en elementos liberadores de la energía de la investigación. Consecuentemente el lanzamiento de iniciativas empresariales ha de ser valorado como un factor de mérito, complementario a los de docencia e investigación.

¿Y los alumnos?

Espíritu emprendedor

Las virtudes asociadas al espíritu emprendedor coinciden con las habilidades necesarias para un buen aprendizaje: curiosidad, creatividad, realismo, persistencia, trabajo, juego, asunción del riesgo, proactividad, capacidad de innovación y sometimiento a evaluación y a las reglas del juego.

Estas habilidades forman parte de un conjunto que se reconoce como un vacío de formación, difícil de detectar y de resolver. Las habilidades emprendedoras se tienen – en mayor o menor grado – pero, en cualquier caso, se pueden y se deben reforzar. Los alumnos deben disponer de herramientas para hacer bien su trabajo. No enseñarles a ser emprendedores les deja en inferioridad de condiciones ante el estudio, la investigación y la vida laboral.

Creación de empresas

Hay que conseguir que un porcentaje de los alumnos se forme de tal manera que contemple la creación de su propia empresa como una opción válida, deseable y preferente como salida profesional. Ser empleador es una opción frente a la de ser empleado. Las oposiciones y las grandes empresas no son la única posibilidad existente.

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Por otra parte, las oportunidades innovadoras son – lógicamente – mejor descubiertas por aquellos que son profesionales y han aprendido la mecánica de la innovación y la de hacer realidad un proyecto viable. La universidad debe dar soporte a aquellos que quieren hacer realidad un proyecto.

Para ello, los alumnos de la universidad deben poder “ver lo que es el mundo” y las múltiples oportunidades que ofrece. Se les ha de facilitar herramientas y conocimientos para descubrir, innovar y crear. Conocer lo que es una empresa por dentro y “visitar” – e incluso trabajar – en las startups durante su proceso de creación.

¿Qué se puede hacer?

A través de las preguntas en las que he estructurado este artículo, he ido formulando cambios de actitud, propuestas de mejora que pueden llevar hacia una universidad emprendedora, formada por colectivos de personas emprendedoras y con ganas de innovar y de aportar su contribución al avance de la sociedad. Resulta imposible hacer propuestas de acciones concretas de mejora, sin pasar antes por un proceso de identificación, por parte del lector, con los objetivos parciales y totales que se proponen. Para cada objetivo, el lector, identificado dentro de uno o varios de los colectivos mostrados, debe seguir un proceso de autoanálisis y autocrítica que le permita entrever soluciones. Ese cambio de mentalidad, esa identificación con un objetivo final a conseguir, supone por sí solo la mayor mejora.

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