EL MODELO
PULSION AL
Oscar Masotta
Primera edición: Ediciones Altazor, 1980 SEGUNDA E D IC IO N Catálogos Editora, 1986 TERCERA EDICION 1990
ISBN: 950-9314-15-3 © 1986 por Catálogos Editora
Independencia 1860, Buenos Aires
Queda hecho el depósito que marca la ley 11723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina
I N D I C E
Germán L. García
Oscar Masotta y el análisis laico 11
Oscar Masotta
El modelo pulsional
Cap. i
Gran m odelo pulsional. A utoconservación vs. Sexualidad. 1911: pulsiones yoicas. 1914: narcisismo. La libido. La “lam elle” y los
gnósticos. El caso Jung: la sublimación automática. 4 1
Cap. II
Jung y la libido genitalizada. 1914: un convidado de piedra, la pulsión de destrucción. Pulsión y sus destinos: el “ trazado” de la pulsión. Yo de placer y odio. El cadáver fáctico. El odio y el resto.
Narcisismo de las pequeñas diferencias. La palabra “Aggresion”. 6 1
Cap. III
Ubicuidad de las tendencias destructivas. Agresión y masculinidad. Ambivalencia en la mujer. El chiste. Frustración y agresividad.
Bedürfniss y N ot. Impulsos agresivos y super-yo. Cólera infantil y
oráculo paternal. Judith. Cortadores de trenzas. Agresividad y narci
sismo. El Moisés de Miguel Angel. 7 3
Cap. IV
1. — El odio precede al amor. Una quiebra del terreno geológico. El amor genital. Inducción negativa de la idea de amor. El amor inma duro de Balint. Amor primario com o éxtasis y experiencia. El psico
análisis no es una erótica. 8 7
2. — De la observación a la especulación. No hay muerte natural. El padre m uerto y la biología. The turn o f the screw: el sujeto se con* tituye a partir del otro. Cuatro hipótesis sobre Más allá del principio
ADVERTENCIA EDITO RIAL
E l contenido de este libro lleva en sí el espíritu que animó a
su autor en las Lecciones de introducción al psicoanálisis.
El original mecanografiado ha quedado inconcluso como consecuencia del fallecim iento de Oscar M asotta. Por tanto, su publicación se lleva a cabo respetando todas las caracte rísticas de una obra cuyo autor no alcanzó a revisar y darle término.
Las notas m anuscritas que M asotta agregara posterior mente en el margen izquierdo de algunas páginas del origi nal, se reproducen aquí como notas al pie.
La paginación de las citas de Freud se estableció de acuerdo con la edición de las Obras completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. Las citas alemanas corresponden a las
Gesammelte Werke, Im ago Publishing, Londres.
La revisión y ordenamiento del m aterial original para la presente edición estuvo a cargo de Gustavo Dessal. ^ —
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OSCAR MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO Germán L. García
¿Quién le puede tener miedo a Philip Greenacre? Masotta es cien veces más peligroso.
Emilio Rodrigué1
i
Histoire de la psychanalyse (Tomo I y II, H achette, París,
1982) tiene un capítulo sobre el psicoanálisis en la Argentina, redactado por Antonio Cucurullo, Haydée Faimberg y Leonar do Wender. Los autores replican, sin una referencia explícita, a un libro m ío 2 donde subrayaba la historia anterior a la fun dación de la A.P.A., operando en la tram a de otros discursos sociales. Para comprobar esta afirmación basta confrontar la actual versión con la aparecida en 1967 bajo el títu lo Historia,
enseñanza y ejercicio legal del psicoanálisis (Ed. Bibliográfica
Omeba, Bs. As.). Los autores argentinos hablan ahora de Ger mán Greve, James Mapelli, Aníbal Ponce, José Ingenieros, etcétera. Sorprenden tam bién por sus alusiones a Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo y Felisberto Hernández.
La presente histoire está dirigida por Roland Jaccard y expone, con variantes, la perspectiva del psicoanálisis inter nacional frente a lo que se ha propagado en nombre de Jacques Lacan (el capítulo dedicado a Francia y escrito por Alain de Mijolla es bastante explícito, incluso en sus omisiones). Y las preguntas siguen ahí, cuando se trata de la formación: a) ¿Có mo se puede analizar y seleccionar a la vez, en lo que se llama didáctico, cuando la función del analista supone la suspensión
¡ Emilio Rodrigué: El paciente de las 50.000 horas. Ed. Fundamento.
2 Germán L. García: La entrada del psicoanálisis en la Argentina. Ed.
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del juicio?; b) ¿Cómo es posible reglamentar el control, una vez que se escucha allí que se trata de una demanda quizá pasa jera referida a la angustia producida por la propia función del analista?; c) ¿Cómo explicar la exclusión del análisis laico y/o la oprobiosa complicidad con algunos más allá del viejo argu mento de coyuntura que buscaba el respeto frente al poder médico?
La histoire es otra: se trata de recuperar el efecto “ psico análisis francés” producido por Jacques Lacan, cambiando de esa manera las relaciones de fuerza existente entre los diversos países de la propia I.P.A.
No es éste, sin embargo, nuestro tema. Aunque la versión que se da del psicoanálisis argentino revela de manera sorpren dente la urgencia de explicitar el análisis laico y sus incidencias en la transmisión del psicoanálisis. Allí se propone una alianza —para evitar la “ medicalización” del psicoanálisis, provocada por la ley de 1954 que lo convierte en una especialidad médi ca— con algunos que son llamados filósofos y epistemólogos (Gregorio Klimovsky, Guillermo Mací, David Maldvsky, entre otros). ¿No se podría evitar lo mismo proponiendo una modi ficación de dicha ley? Seguramente la A.P.A. sabe que la lógica de la moral kantiana —que Jacques Lacan descubrió sadiana— muestra el vel entre el bienestar y el Bien, de manera que la segregación de algo es necesaria para m ostrar al sujeto bruto del placer, al sujeto patológico, como lím ite a superar.
Dejemos a sus em pistemofílicos la tarea de explicar a la obtusa formación médica argentina las implicaciones de la mo ral kantiana, de la que encontraran ejemplos realmente aterra
dores en la historia reciente del país.
Por otra parte, a la recuperación de Pichón-Riviére le sigue un reconocimiento oratorio de su enseñanza “ oral” (y Dios sabe lo que este térm ino supone en persona de su proce dencia), que deja abierta la puerta que durante tantos años estuvo cerrada.
El detalle toe en esta “ histoire” chic es la exclusión del nom bre de Oscar Masotta (1930/1979) que obliga, transitiva mente, a borrar los últimos quince años del psicoanálisis argen tino. La política irrumpe en tan ta politesse y como la repre sión supone el retom o de lo reprim ido, Oscar Masotta es nom brado por el francés Christian Delacampagne al referirse a “ La
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psychanalyse dans la péninsule ibérique” (Tomo II, pgs. 390/ 91). Sí, nuestros autores construyeron, en resonancia con la coyuntura, una historia donde existen demasiados desapare cidos.
¿No se trata del hábito de la violencia, por suerte sólo imaginada en este caso? Silvia Sigal y Eliseo Verón, después de un análisis del discurso de Perón, dicen en una de sus conclu siones: “ Se observará el carácter paradójico de la situación, puesto que en el campo discursivo está constituido por una pluralidad de discursos cada uno de los cuales pretende el lu gar de la verdad y debe, al mismo tiempo, aceptar la existencia de los discursos adversos. Se comprende entonces por qué uno de los problemas cruciales del discurso político, problema tal vez inevitable e insoluble, es la existencia de la palabra del
O tro "3.
Los autores aclaran que este problema parece insoluble en la democracia, puesto que cuando se adopta la violencia se borra “ ...la existencia misma del campo político, (y) el pro blema se simplifica: no lo será ya la palabra del O tro, sino la existencia del Otro. De donde se sigue que la violencia políti ca no es tal vez otra cosa que la situación lím ite del mismo problema: en efecto, la manera más segura de tener la última palabra es reducir el enemigo al silencio” .3
Nuestros analistas dirán que no tienen “ enemigos”, que sus respectivos análisis garantizan la “neutralidad” : nada más falso para un discurso que se basa en las figuras del arriba y el abajo, lo que está adentro y 1q que está afuera, lo claro y lo oscuro, lo anterior y lo posterior. Esa linealidad ascendente que constituye el cam po donde se concentran, practica la se gregación excluyendo la solidaridad horizontal y promoviendo su deformación vertical (se ofrece “ ayuda psicológica” a los que vuelven derrotados de las Malvinas, pero se interpreta co mo “sacrificio por el reto m o del padre” la m atanza de Ezeiza). Lo que sigue es un intento de incluir lo que los autores excluyen, puesto que no los reduzco al silencio y creo perti nente la pregunta con la que concluyen; “ E t la tache du futur
3 Silvia Sigal y Eliseo Verón: “ Perón: Discurso p o lítico e ideología”
14 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
ne serait-elle pas repenser l’anticipation d o n t a fait preuve le pasé?” .
II
La théorie com m e fiction (Seuil, 1979) de Maud Mannoni dedi
ca algunas páginas al psicoanálisis en la Argentina, donde co mete una serie de errores de información. Por mi parte, respon do en la revista Ornicar? (No. 20/21, .París, 1980). En el mis mo número de la revista una lettre de Maud Mannoni reconoce algunos errores que luego suprime en la versión castellana del mismo libro (Ed. Grijalbo, 1981) y afirma, a la vez, sus con vicciones: ella conoce el surgimiento de la Escuela Freudiana (Argentina), pero está impresionada (“ très impressionée” ) por el trabajo clínico de Arminda Aberastury, del grupo de Pi- chon-Riviére, Eduardo Kalina, José Bleger, María Langer, Die go García Reinoso y Fernando Ulloa.
Agradezco su manera directa de exponer una posición, así como señalo que el silencio sobre Oscar Masotta (al que llama “chamán” en su libro) me hace recordar que en 1972 Maud y Octave Mannoni conocieron a los nombrados mediante la invi tación que éste les hiciera para visitar la Argentina. La carta en que los Mannoni(s) responden a la invitación es clara: “ La teo ría debe realizarse en una práctica (y no en una técnica)” . (Cuadernos Sigmund Freud, 2/3, Bs. As., 1973.)
Oscar Masotta practicaba el psicoanálisis como un secreto
a voces, puesto que carecía de legitimidad para hacerlo de otra
manera.
Incluso la gente formada por él, cuando las circunstancias se lo perm itían, trabajaban en los hospitales y llegaron a inten tar la creación de una clínica privada para trabajar con “ niños psicóticos” . Las personas que nom bra Maud Mannoni tenían, ■es verdad, una larga experiencia permitida por el lugar que ocu paban en las jerarquías establecidas antes del intento de difun dir el discurso de Jacques Lacan. ¿Por qué Oscar Masotta invi ta a los Mannoni(s)?
Busca una legitimidad en el campo del psicoanálisis argen tino (de ahí la mesa redonda donde son invitados A. Aberastu ry, D. García Reynoso, E. Rodrigué, F. Ulloa, M. Langer, R.
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 15
Malfé y J. Bleger) mediante una referencia a París. Supongo que tan to Octave como M aud Mannoni descubrieron esa “ ope ración” y que respondieron de maneras diferentes: Maud se molestó y Octave respaldó a Oscar Masotta (quien, por otra parte, tenía sus mismas iniciales). Lo que estaba en juego no era la práctica contra la te o ría, sino el problema de legitimi dad de los analistas laicos (Oscar Masotta no era médico, tam poco psicólogo). Este m alentendido está en el comienzo y sus consecuencias, como tratarem os demostrar, llegan hasta la esci sión de la Escuela Freudiana (Argentina).
Después de la invitación de Maud y Octave Mannoni, Os car M asotta da otro paso: unas jornadas de psicoanálisis en la Facultad de Medicina, realizada con la colaboración del Insti tu to Goethe y la Asociación Científica Argentino-Alemana. Al poco tiem po se funda la Escuela Freudiana (Argentina) y un año después —en 1975— Oscar Masotta presenta su “ escue la” en la Ecole Freudienne de París.
¿Qué es lo que dice allí?
—“ ¿Pero no había entre nosotros una cuestión de trans gresión cuya resolución nadie podría querer georgiana? ¿Quién es el preso que da el prim er paso cuando se es hijo de la sofisti- quería o habrá que creer en la conexión mental con un padre, analista número uno, Freud para'nom brarlo? Los límites de la libertad, como dijo una vez Lacan, se lo ve, se parecen peligro samente a las restituciones de la locura. Hablo en to d o caso en mi propio nom bre” .4
En mayo de 1971 se había publicado el prim er número de Cuadernos Sigmund Freud, donde Oscar M asotta responde a Emilio Rodrigué: “ No atacábamos a Rodrigué, lo dejábamos hablar” . Y a continuación: “ ¿Cuál es la relación ‘intrapsíquica’ de Rodrigué con la figura de Freud y con el nom bre de Freud? La pregunta, se ve, es legítim a.”
En la misma revista se puede leer, escrito por Oscar Maso tta: “ Sobre todo, imagínense!, que además decimos que nos identificamos con Freud, y ello para convertir a Lacan en nues tro Fliess. No es necesário hacer más salvedades” .
4 Oscar Masotta: “ Comentario para la Ecole Freudienne de París so
bre la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1 9 7 5 ”. En En sayos Lacanianos. Ed. Anagrama, 1976.
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La legitimidad, la paternidad, que también busca en Enri que Pichón-Riviére como anverso de Emilio Rodrigué: “ Cuan do con el transcurso del tiem po Pichón lesiona seriam ente su salud por un cierto abuso de alcohol y de las drogas, no las pesadas ni las modernas, las de farmacia, el viejo es inhibido a la Asociación Psicoanalítica Argentina. ¿Qué se-les puede re prochar? Después de haberle ofrecido asistencia médica y psi coanalítica, ¿qué más podían hacer? Como esas familias dem a siado estructuradas, o tal vez demasiado internam ente to rtu ra das ya, a las que nada enseña la producción de un loco” .
Hablando de sí mismo, Oscar M asotta dice en 1965: “Pe ro las cosas estaban así: mi padre había muerto y yo había
hecho una enfermedad en ocasión de esa muerte. Y desde el
día que caí enfermo (fue de la noche a la mañana) me tuve que olvidar de golpe de Merleau-Ponty y de Sartre, de las ideas y de la política, del compromiso y de las ideas que había forjado sobre m í mismo. Tuve entonces que buscarme un psicoanalis ta. Y me pasé un año discutiendo con él, sobre si mi enferm e dad era una histeria o una esquizofrenia” .5
La publicación en Les temps modernes de Terrazajaula (texto donde Diana Machiavello, amiga y colaboradora de Os car Masotta, narra su propio “ b ro te” ) promovida por Maud Mannoni (quien vuelve a retomarlo en La teoría com o ficción), quizá fuese un reconocimiento desplazado de aquello que no pudo escuchar.
Las cosas estaban así: de la noche a la mañana la histoire intelectual de Oscar Masotta se cortaba en dos.
Nacido en 1930, estudiante de filosofía que no term ina su carrera había pertenecido a la revista Centro (1953) y luego
Contorno (donde se publicaban nombres que después configu
rarían una “ generación” : David e Ismael Viñas, León Rozitch- ner, Juan José Sebreli, etcétera). T raductor de La trascenden
cia del ego de Sartre, lector de Merleau-Ponty, se interesaba en
la lectura “ existencialista” de la novela.
En la presentación frente a la E.F.P. Oscar M asotta nom bra a Luis Juan Guerrero (1899/1957), autor de una “ estética” en tres volúmenes donde podemos leer: “ Vico, figura precurso
5 Oscar Masotta: “ Roberto Arlt, yo m ism o”. En Conciencia y Es
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 17
ra de una nueva estirpe de filósofos, y Hegel, term inación rigu rosa de la total Metafísica de Occidente, nos ofrecen las gran des líneas para el desarrollo de una Estética operatoria. La me todología inaugurada por Husserl y consumada por Heidegger, especialmente en los últim os aportes de ambos pensadores, nos da una base firme para la exposición de los problem as” . Luego cita a Merleau-Ponty. Sartre y Malraux. En alguna parte Oscar Masotta afirma que la Argentina es un país sin maestros, pero alguna vez le escuché recom endarme a Luis Juan Guerrero, de quien había aprendido algo siendo su alumno en la Universidad.
Un crítico uruguayo llamó “ parricidas” a los que forma ban el grupo de la revista Contorno. ¿Quiénes eran los padres que había que suprimir? En la novela Eduardo Mallea, en el ensayo Ezequiel M artínez Estrada y en la política Juan Do mingo Perón.
Pero ocurre que la caída de Perón en 1955 escinde al gru po. Oscar Masotta sospecha de un antiperonismo que incluye desde la aristocrática revista Sur hasta el Partido Comunista Argentino: “ En fin —escribe Masotta en 1956— ¿no será que los hombres de élite, progresistas o conservadores, liberales o totalitarios, socialistas o católicos, term inan todos por pare cerse? Educar las masas, espiritualizarlas, piden angustiosamen te nuestros espíritus refinados” .6
Contorno está por igual contra Sur y contra el Partido
Comunista. ¿Dónde situarse, entonces? En 1958 algunos del grupo creen encontrar un lugar en el gobierno de Frondizi (1958/62) y no tardan en alejarse desencantados. Pero es en esos años que se consolida un dispositivo cultural que luego quedará girando en el vacío (im portación de la psicología so cial norteamericana, expansión de la psicología y la sociología, aparición del análisis de mercado, etcétera).
El Instituto Di Telia —donde Oscar M asotta expone el pensamiento de Jacques Lacan en 1969— es parte de ese pro yecto fracasado de “ m odernizar” el país según los postula dos del “desarrollismo” .
El golpe de estado de Onganía en 1966 produce el éxodo de profesores de las universidades (abandonan el país lingüistas
6 Oscar Masotta: “ Sur o el antiperonismo colonialista”. En Concien
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como Luis Prieto, diseñadores como Tomás Maldonado). Lo que excluye la universidad consolida un mercado cultural (mo da de los grupos de estudio pagos, autores nuevos y nuevas edi toriales, “ boom ” de la literatura latinoamericana, etcétera).
Oscar Masotta se aleja de la crítica literaria y la filosofía, para entrar en el campo de la semiología (difunde el arte pop, el happening, la primera bienal de la historieta). En 1969 reco pila una serie de ensayos (Conciencia y estructura, Ed. Jorge Alvarez) agrupados de la siguiente manera:
1 Filosofía y psicoanálisis. 2 Crítica y literatura.
3 Estética de Vanguardia y comunicación de masas. D urante ese mismo año dicta clases en el Centro de Estu
dios Superiores de A rte (Universidad de Buenos Aires) y sus
referencias son: Barthes, Dorfles, Francastel, Genette, Goosen, Jacobson, Lissitsky, Troubetzkoy, etcétera.
La filosofía —es decir, el existencialismo, ha terminado. Un año después publica Introducción a ¡a lectura de Jacques
Lacan, producto de un trabajo que puede fecharse en sus pri
meras referencias a este autor, aparecidas en un artículo de 1959.
El rechazo de los hombres de “ élite” que en 1956 le ha cía defender al peronismo, se convierte en el interés por la “ cultura de masa” (la historieta, los medios de comunicación). Después de esta experiencia que lo acerca a la cultura nortea mericana y lo aleja de la francesa, Jacques Lacan aparece como un retom o a los intereses de juventud (llega mediante Merleau- Ponty) que también le habían dado sus referencias a los EE. UU. Poco antes de morir, en un acto público, Oscar Masotta dice: “ En estos días me acordaba de una observación que Sar- tre hacía en sus viejas Situaciones I, en un artículo sobre 1919, la novela de John Dos Pasos” (Textos, Biblioteca Freudiana, número 2).
John Dos Pasos leído por Sartre, Roberto A rlt leído por Oscar M asotta mediante la lectura que Sartre hacía de Genet.
Jacques Lacan, como puede verse, no llegó por “ casuali dad” a convertirse en el soporte de la “ restitución” invocada por Oscar Masotta.
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 19
III
Siendo atópico, necesitaba hacerse un lugar y para eso debía primero hacer ese mismo lugar (una clínica para niños psicóti- cos se llamó El Lugar... luego ese piso fue sede de la Escuela Freudiana).
El acta de fundación de la Escuela Freudiana, redactada por Oscar Masotta, se firma el 28 de junio de 1974.
¿Qué era lo que estaba ocurriendo? En la presentación frente a la E.F.P. Oscar Masotta lo resume así:
1. Los grupos de estudio “ se motivaron sin duda en las carencias de la enseñanza universitaria, en la inestabilidad d o cente producida por las cambiantes situaciones políticas, u más simplemente en que las librerías tenían más que ofrecer que los profesores en la universidad. Carlos Astradas y Luis J. Guerrero habían sido radiados de la Facultad de Filosofía y lo malo es que habían sido los mejores y no había otros” .
2. Además un país sin tradición cultural asentada y una capital sobresofisticada, pero sin defensa contra la entra da masiva de inform ación...” .
3. “ El primer sofista (vendíamos el saber filosófico: los grupos eran pagos) fue Saúl Kartz, quien pronto dejaría en cambio Buenos Aires por París donde se entregaría a los estu dios althusserianos. Con los años to d o el m undo había term i nado por aceptar la nueva institución (grupos de estudios pagos), prevalecieron entonces algunos notables del género.” Nombra a Raúl Sciarreta, Gregorio Klimosvky, León R ozichtner.
En el mom ento en que se funda la Escuela Freudiana tiene unos trescientos alumnos en grupos privados y enseña Jacques Lacan desde hace más de cinco años. Los alumnos de Oscar Masotta conocen bien a Sigmund Freud y avanzan hasta donde pueden en la lectura de Jacques Lacan. Hay más infor mación en la calle y en las librerías que en la Universidad y la A.P.A. (ésta últim a se ampara en la legitimidad médica y en la experiencia clínica). Al revés de lo que se dice, es la “ experien cia clínica” de los lacanianos lo que molesta a los de la A.P.A. (cobran menos, hacen menos sesiones por semana y tienen prestigio de estar en la vanguardia).
Masotta prosigue en la presentación frente a la E .F .P .: 4. “ La discusión dentro de la A.P.A. había obedecido a
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reproches con respecto a la ideología política de la institución en su conjunto y la de sus analistas, a la posición de privilegio del psicoanalista en el interior de las instituciones y las clases sociales, al mandarinismo burocrático de su régimen interno y el análisis didáctico, a la lamentable pobreza teórica de los se minarios” .
5. “Comienza entonces- con un pacto de estudio el tram o que conduciría fundam entalm ente a la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Dos jóvenes psicólogos y un flamante sociólogo a quien no interesaba la sociología, acuden a verme para pro ponerme un grupo sobre los textos de Lacan*. El grupo no habría de ser pago. Ellos eran A rturo López Guerrero, Jorge Jinkis y Mario Levin. Más tarde se nos uniría Juan David Na- sio, un miembro actual de la Ecole Freudienne de París, quien me reconocía entonces el m érito de haber introducido la peste en Buenos Aires (...) Si es que un psicoanalista se debe a sí mis mo —habíamos entendido— es a él a quien corresponde deter minar lo que eso quiere decir. En abril de 1969 parodiamos (sic) los encuentros de Freud y Fliess (...) se unía al grupo otro grupo de médicos, psicoanalistas independientes ya que deten taban en común, en algún m om ento de sus vidas, haber decidi do no ingresar en la asociación oficial. En un tiem po habían in tentado unir la práctica política a la psicoterapia, pero varia ban ahora sus modelos y com prendían que no había otra psi coterapia que la psicoanalítica..” .
Oscar Masotta se había alejado de la política, este grupo de médicos buscaba una distancia de la misma. No hubo una “forclusión” de la política: una nota al pie de página, en la ver sión francesa de la presentación de M asotta frente a la E.F.P., explícita este punto a propósito de la posición de H éctor Jan- kelevich (véase Ornicar? No. 20/21, París, 1980). Se decidió, mediante una discusión explícita, excluirse de una guerra de declaraciones de cuyas consecuencias nadie podía defenderse. La posición política de cada miembro de la Escuela Freudia na no quedaría “reflejada” en las publicaciones y actividades de la misma. Oscar Masotta dice frente a la E.F.P.: “ ¿Cómo interpretar el término historia en un m om ento en que en la
* Incógnita. Ninguno de los nombrados avaló con su firma la Escuela
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Argentina ella no se piensa sino que se hace, a empellones san grientos?”
Intelectuales excluidos de la Universidad (M asotta es uno de ellos), psicólogos excluidos del psicoanálisis y médicos sin didáctico, sobre la base de una econom ía asentada en los gru pos de estudios y/o la derivación surgida de los mismos, fun dan la Escuela Freudiana.
Al fondo, la violencia política. En las jom adas de 1974, aludiendo a la muerte de Salvador Allende, Oscar Masotta dice: “ Pero la historia es algo más que el relato del pasado y lo negro de nuestro tex to se tiñe con la sangre de un presidente muerto. Se lo ve: hay aquí una convergencia de azares cuya necesidad pareciera medirse en términos de tiem po y de san gre” (Cuadernos Sigmund Freud, No. 4, 1975).
La alternativa tiem po o sangre había sido enunciada por Perón, defendido por Masotta en 1956: “Tal co y u n tu ra—con tinúa— es un nido de víboras (...). Bajo la sombra de la anéc dota histórica como fantasm a inmundo correrá por suerte el agua de las fundaciones legítimas” .
Decir supone el derecho de enunciación sobre lo que se
dice, de ahí que el primer punto del acta de fundación de la Escuela Freudiana sea realizativo: “ Como el psicoanalista, la reunión en grupos de psicoanalistas para instituir el grupo, sólo depende de sí misma. Cuando el grupo, además, se nombra, a saber, que se otorga nom bre a sí mismo, entonces se funda. Esta reflexión, la presente, sobre lo que ciertas fundaciones son en esencia, funda la Escuela Freudiana de Buenos Aires” .7 Al fin, el problema de legitimidad se resuelve en una parodia, enunciada en el nombre, que debe dar lugar a un trabajo que, retroactivamente, la convierta en verdadera: “ Los abajo nom brados instituyen, con la única solvencia del reconocimiento del futuro trabajo recíproco, un proyecto abierto de investiga ción y práctica precisa, el psicoanálisis” .
Si en 1971 Oscar M asotta se atreve a proponer un “ psico análisis de Rodrigué” que opera como superyó, en tanto legiti midad imperativa, en 1974 recupera el valor realizativo de la primera tópica de Freud. La lectura de Jacques Lacan es pivo
7 Acta de Fundación de la Escuela Freudiana (Argentina). Cuadernos
22 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
te de la realización de un acto de fundación cuya retroactivi- dad articula el nombre de Sigmund Freud como legitimidad de un pacto que excluye la genealogía de la Asociación Psico- analítica Argentina.
IV
Mais le tem ps rend m anifeste —et cela dans le con texte de la dissolution de l’EFP— ce qui n ’avait cessé d ’insistir: les divergences recouvertes par la référence á Masotta.
(C. Gallano-Petit et J. Salinas, Ornicar? (25)
Hay diferentes versiones de las divergencias surgidas en la Ar gentina, desde que Oscar Masotta comienza la propagación de Jacques Lacan. Una habla de precipitación, otra de rivalidades personales y la tercera, que citamos aquí, de un efecto de la disolución de la EFP.
Por nuestra parte, quisiéramos precisar: — La precipitación es constitutiva del acto.
— Las personas son sujetos de enunciación “transindivi- duales” .
— La Escuela Freudiana (Argentina) se escindió antes que la Escuela Freudiana (París).
Sin contar con el análisis laico que se enfrenta al análisis oficial, en una alianza con médicos sin didáctico, en la disputa de una clientela de psicólogos, se llega a la estupidez por evitar la tontería.
El matrimonio Lemoine declara en Buenos Aires, en aquellos días de la muerte de Jacques Lacan, el asombro que le produce que alguien cite un seminario de éste últim o que per manece inédito en París.
Esos seminarios inéditos fueron, desde el comienzo, el soporte de los laicos y es allí donde Oscar Masotta legitima su posición excéntrica (era una referencia cuya referencia fue el “psicoanálisis francés contem poráneo” ).
¿Cómo llega Oscar Masotta, que nunca estudió en París y estuvo una sola vez con Jacques Lacan, a situarse en ese lugar?
La respuesta es retroactiva a lo dicho por Jacques Lacan en Caracas: fue un lector, no un alumno. Un lector para el que los textos de Jacques Lacan eran mandatos, imperativos cate
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 23
góricos: “Jacques Lacan atrae, intriga, y hay quienes —y no son los peores— esperan bastante de su pensam iento, y ello m ucho antes, muchas veces, de conocer una sola de sus ideas. Impasse significativo que debe ser imputado sin duda a la vi sión histórica del mismo. Lacan me diría: si la audiencia espera es porque tiene poco en las manos” (Oscar M asotta, 1969).
La transferencia de esta espera, su falta de análisis y la resolución por el acting no autoriza a cerrar la página sobre el dictam en cínico de un diagnóstico (que, sin duda, hay que sa ber... suspender).
Oscar M asotta sabía que se juega a la política, pero tam bién había leído en La caria robada que el final del juego está ya decidido en otro lado. Por lo tanto, sólo queda esperar lo que uno desea y dejarse llevar por lo que dicta (puesto que la voluntad de no ceder frente al goce es un sueño del deseo que regula los fracasos del placer).
Antes de la fundación de la Escuela Freudiana Oscar Ma sotta había publicado dos números de Cuadernos de Sigmund
Freud (el primero en junio de 1971 bajo el títu lo “ temas de
Jacques Lacan” y el segundo —con número 2 /3 — bajo el títu lo “Maud y Octave Mannoni, el estallido de las instituciones”, fechado en febrero de 1973 y que contiene el material surgido de la visita que el matrim onio francés había realizado a Bue nos Aires.
Ausente Oscar M asotta se publica el núm ero 4, bajo el títu lo “ Jom adas Sigmund F reud”, con el material expuesto en la Facultad de Medicina de Buenos Aires entre el 28 de setiem bre y el 13 de octubre de 1973.
El núm ero siguiende de Cuadernos de Sigm und Freud (5/6), fechado en marz# de 1978 recoge bajo el títu lo “ Escue la Freudiana; el discurso y la fundación”, los problemas surgi dos de aquel acto (la institución psicoanalítica, el análisis di dáctico, la enseñanza del psicoanálisis, la supervisión, teoría de la entrada, grados y jerarquías).
Si las primeras revistas se plantean problemas de la “ teo ría ” , aq u í es la escuela com o problema lo que aparece. Es ob vio que la EFP era el modelo, era obvio que el funcionamiento instaurado se convertía en obstáculo.
El núm ero 7 de Cuadernos de Sigm und Freud (el último en aparecer antes de la división de la Escuela Freudiana en ju
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nio de 1979) intenta retom ar los problemas del discurso analí tico bajo el títu lo “ Los límites de la interpretación” .
Si la adopción del modelo francés había llevado a dejar de lado otros problemas, allí se intentaba por la publicación bilin güe de un texto de Freud tom ar distancia por el castellano y el alemán. Era tarde, porque la producción de ese mismo núm ero de la revista estaba dentro de lo que se quería soslayar. ¿Cómo se podía instaurar los grados, si faltaba el pase? Oscar M asotta propuso un procedimiento particular: aquel de los fundadores que deseara ser nominado como Analista de la Escuela (AE) le escribiría explicitando su pedido.
Si la respuesta era negativa, podría volver a escribir, si era negativa por segunda vez, un jurado ad hoc decidiría sobre el problema. El paso previo era que los fundadores reconocie ran a Oscar Masotta como A.E.
Se hizo de esa manera y el resultado mostró los lím ites: tres médicos y tres analistas laicos (incluyendo a Oscar M asotta).
A la inversa de la “ garantía irónica” propuesta por Jac- ques Lacan para los Analistas Miembros de la Escuela (AME), el funcionamiento ideado por Oscar Masotta convertía a los que no eran AE en AME. ¿No era el problema entre el análi sis médico y el laico lo que estaba insistiendo? Uno de los seis AE era un médico designado (sic) por el Centro de Medicina de
Buenos Aires.
En conclusión, quedaban allí dos AE laicos y dos AE mé dicos, con sus respectivos más uno (Oscar M asotta y el médico extradesignado).
En lugar de AME ocupado por médicos y psicólogos y marcado por la negación del lugar de AE, produce efectos: los psicólogos se dividen entre los que reconocen el análisis laico de Oscar Masotta y los que se reconocen en el psicoanálisis mé dico. Lo explícito en una discusión entre los que “ leen, saben hablar y enseñan” y los que “ practican, tienen experiencia y callan” .
Dos de los tres médicos designados como AE rom pen con el Centro de Medicina y deciden im pugnar la autoridad de Os car M asotta mediante la promoción de asambleas para decidir otro tipo de autoridad. Oscar Masotta, en sucesivas cartas pú blicas, se niega a este recurso y exhorta a quienes siguen de acuerdo con él a no participar en asamblea alguna. Esto hace
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que las asambleas tengan “ m ayoría” opuesta a Oscar Masotta. Por último, envía un telegrama: “ La EFBA fundada 28 junio 1974 para resguardar fines, reconoce su despliegue campo del psicoanálisis y como efecto de discurso no tergiversado en su seno continúa hoy bajo nombre de Escuela Freudiana de la Argentina. La integran quienes agregan su firma a mi firm a”.
Oscar Masotta.*
Algo menos de la mitad de los miembros firmaron este te legrama: los meses siguientes fue la búsqueda de un local, la organización de una nueva biblioteca —puesto que los bienes comunes habían quedado del otro ladcr- y la programación de las actividades. Cuadernos de Sigm und Freud, a pesar de ser anterior a la fundación de la Escuela Freudiana y estar dirigida por los que seguían con Oscar Masotta, quedó “ legalmente” en manos de los otros.
Oscar Masotta no había calculado la posibilidad de que esto fuera llevado hasta este lím ite. En una de sus cartas públi cas dice: “ Con respecto a la Comisión Directiva: desconocerla. Hacerlo en primer lugar como saboteo y abiertamente. No creo que la situación dure mucho. No tem an que por algún artificio
legal puedan ellos quedarse con el nombre de la Escuela Freu
diana de Buenos Aires.
Ese nombre, que nosotros instituim os con nuestra histo ria y nuestro trabajo, está ligado a mi nombre (...) Lejos irían con un significante así de m arcado” (8/5/79).
Fueron, unos meses después, hasta Caracas. Allí, por su parte, se abrió una nueva grieta. Los que seguían en el Centro de Medicina de Buenos Aires invocaron el nombre de Oscar Masotta —con razón, puesto que ellos habían seguido en la nueva escuela hasta la muerte de éste— marcando la incisión del grupo de los médicos.
Es obvio que la confusión pertenencia y referencia es constante y produce, desde el comienzo, efectos incalculabes. ¿Cómo no confundirse con la referencia a París, sin definir las coordenadas de la propia pertenencia? Los que imaginan que pertenecen a París tienen como referencia a los poderes fácti- cos que operan en el campo (Universidad, Hospital, etcétera).
8 Escuela Freudiana de la Argentina (Homenaje a Oscar Masotta).
26 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
A la inversa, cuando se intenta instaurar un nuevo espacio de pertenencia se choca con las referencias fácticas (converti das en pertenencia legitimadas p o r la referencia a París).
¿De qué se trata, entonces? Una referencia de alguien que siguió con Oscar Masotta y otra de un “homenaje” postum o de quienes lo habían rechazado.
Dice Sara Glasman: “ En el transcurso del año 1973 se organizaron en la Facultad de Medicina de Buenos Aires unas jornadas similares a las hoy realizadas (Biblioteca Freudiana de Barcelona). Fue un instante fugaz que permitió el acceso de cierto tipo de discurso, el acceso de un Decir, al tem plo del su puesto saber médico que lo había refractado desde siempre y que volvió a reprimirlo, a borrar sus huellas, apoyándose en el oscurantismo desatado por la posterior dictadura m ilitar” (Di-
wan, 2/3, septiembre de 1978).
A pesar de su declaración de principio, la frase identifica las “ Luces” con el ámbito de la Facultad de Medicina. Fue des pués de esas Jom adas del 73 que se fundó la Escuela Freudiana y fue después del golpe militar que el “ oscurantismo” de algu nos médicos amantes de las luces apeló contra Oscar Masotta en nombre de la nueva verticalidad restituida. (Por supuesto, esos médicos eran de “ ideología progresista” y su interés por apropiarse en exclusiva del psicoanálisis era ajeno al proyecto 'criminal de los militares.
Contrario a lo que dice Sara Glasman, el discurso analí tico conoció y conoce un auge especial en tan to pudo escapar de la abolición impuesta a otros discursos (el fréudomarxismo, cierta psiquiatría social, etcétera). Si bien esto no dice nada de la verdad de cierto discurso, sí habla de un discurso que no puede eludir esta verdad: el psicoanálisis no puede ser un bien, tampoco el defensor de un progreso.
Lo que se gana por un lado —dice Jacques Lacan— se pierde por el otro y suponer que se gana es olvidar que se pier de. ¿Puede decirse, también, que algunas veces se habla de pér dida para resguardar mejor lo que se gana? Así parece mostrar lo cierta retórica de la “ carencia” instaurada en medio de un horror demasiado real —así le parecía, al menos, a Daniel Sibo- ny cuando lo invitamos suponiendo que podía estar al margen de ciertas presencias que queríamos evitar—.
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 27
Pichón Rivière, con Arm inda Aberastury, con Rodrigé y aún con Garma que la inserción de M asotta con el psicoanálisis tie ne que ver con lo más real de éste: el acto analítico. No es pues tam poco azaroso que la Facultad de Medicina fuera el lugar de las primeras jom adas públicas, con motivo de un homenaje a Freud. La clínica estaba en su m ira” (Notas de la Escuela Freu
diana de B uenos Aires, diciembre de 1979). La clínica es el
ámbito “ territorial” de la Facultad de Medicina y el hecho de que Pichón-Riviére le prestara algunas revistas (con artículos de Jacques Lacan) a Oscar Masotta, se convierte en esta afirma ción: “ Son las vicisitudes de la trasferencia que se anudan en él, desde O tro lugar y a la que Pichón Rivière puso cuerpo para anudar un hallazgo que hizo de Masotta no un filósofo, no un enseñante, sino un psicoanalista. Su encuentro con Pichón Ri vière, lo liga a una historia que no es sólo la de la cultura gené rica sino a una historia que se rem onta a la Apa, a la fundación del psicoanálisis: cura (sic) realizada por un psicoanalista” (ídem).
Pichón Rivière, que se fue de la APA para fundar su Es
cuela de Psicología Social, es devuelto a la misma para que
Masotta pueda estar en la “ fundación” del psicoanálisis. ¿Así que la filial argentina de la I.P.A. fundó el psicoanálisis? Estos médicos que no hicieron el didáctico encontraron en el “ me didor” Oscar Masotta el discurso de Jacques Lacan que les per mite, en la actualidad, ser reconocidos por la Asociación Psico-
analítica Argentina como “vanguardia” del psicoanálisis. Si-
guendo una sutil cadena m etonim ica de nombres y de cuerpos se puede llegar desde el presidente de la I.P.A. hasta cualquiera de estos “ lacanianos” , sin que sea necesario dar un solo salto y tam poco encontrarse con algún sobresalto. Despues de todo, no será la prim era vez que un movimiento concluye en el mo mento en que sus dirigentes pasan a ser parte del poder esta blecido.
Una de las consecuencias del golpe militar de 1976 será la desaparición progresiva de los espacios intersticiales y la recu peración del discurso del psicoanálisis —del que había sobrevi vido por su distancia con la política explícita— por las institu ciones oficiales y por los que se apresuran a oficializar sus ins tituciones. Un ejemplo: “ G rupo o institución, el Círculo Freu
28 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
(sic) en 1976, en las clases de Psicopatologia que un grupo de profesionales dictáramos en la carrera de psicología (UNBA). En un m om ento fue necesario que docentes y alumnos forja ran un ám bito que consintiera (sic) el estudio y la discusión de la Obra de Freud” (Letra Freudiana, No. 1, Bs. As., 1978).
V
Nous ajouterons en 1982: pas besoin d’être psychologue non plus, psychologue des facultés, et à cet égard tendre à uniformiser le non-médicin sous une catégorie professio- nelle se ramènerait à un rejet de la Laienanalyse.
J. P. Colombier, Littoral No. 5, Paris, 1982.
Mis laicos no existen todavía —dice Freud a Pfister, en una carta de 1928. Es decir la palabra “ Laien” (laicos) designa por aproximación una figura que se parecía al seglar, al hijo del siglo que se sustrae a una tradición. Una función nueva, un nuevo discurso: el analítico. Freud defiende el análisis laico en un trabajo de 1926 titulado Die Frage der Laienanalyse (tradu cido por López Ballesteros como Análisis Profano). Freud no usa “p ro fa n ” (profano), tam poco “Entuieihen” (profanidad), sino “L a/en” (laicos). En 1910 el problema era o tro : Uber “w ilde” Psychoanalyse (El psicoanálisis silvestre). Por otra par te, The Wild Analyst (la biografía de Groddeck escrita por Cari y Sylvia Grossman) es traducida como El psicoanálisis pro
fano (F.C.E., 1967). En inglés el viento puede ser “ w ild” (li
bre) sin profanar nada. ¿Por qué traducir “wilde” , sin las comi llas de Freud, por “ silvestre”? ¿Por qué traducir el “w ild” in glés por profano?
Los traductores también son Laien, hijos del siglo, que captan ciertos campos semánticos constituidos.
En 1910 existe la desviación “wilde” (el que va por la libre) y en 1926 no se ha podido definir el estatuto de aquellos “Laien” y el psicoanálisis queda sumido en la legitimidad médica.
El análisis laico plantea el proglema de una cofradía —con las connotaciones de secta, sea religiosa o de rufianes— que
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 29
puede llegar a responder en espejo a la impostura que dice combatir. ¿No es el problema de las “ escuelas” que no llegan a instaurar la transmisión explícita del legado que dicen trans mitir?
La cofradía es también cota (malla defensiva, fortifica ción, etcétera) que defiende un cuerpo instituido excluyendo el discurso instituyen te (es el efecto de grupo borrando el efec to del discurso).
¿Por qué resulta imposible el estatuto laico del psicoaná lisis? Si bien Sigmund Freud sabía que la medicina poco tenía que decir del hecho de que el cuerpo goza de sí mismo, es ver dad como garantía de la propagación de su discurso. Pero, ¿qué ocurre en la actualidad, cuando la medicina descubre los
hábitos de esa figura como un obstáculo para su propia realiza
ción? “ El analista tiene horror de su acto ” —dice Jacques La- can. ¿Se encontrará en esta afirmación la respuesta a esa ten dencia a buscar un plus como soporte de la práctica? Es cono cida la función fálica de los “títu lo s ” (sean profesionales, de nobleza, de libros publicados) y su relación con cierta falla en la función del nombre.
¿Qué fonemas imposibles de escuchar gritarían allí don de esta equivalencia dejaría hablar ese agujero que el nombre cubre? Deixis en fantasma que multiplica el “ allí” (tanto vale la otra escena como París).
La función de los analistas laicos nunca fue estudiada de manera particular, quizás por quedar borrada dentro de una historia general: la del psicoanálisis en los USA. En efecto, en un artículo de John A. P. Millet sobre el psicoanálisis en los Estados Unidos, podem os leer: “ La política de Freud había sido siempre aceptar a los legos dotados para la enseñanza, con la vista puesta en su transformación en terapeutas”.
“Este punto de vista se oponía a un arraigado prejuicio de los norteamericanos (...) En 1927, esta controversia alcanzó su cumbre en las deliberaciones de la New York Society y-de la American Psychoanalytic Association. Los legos habían->i<Í6 a Europa para analizarse con Freud y sus colegas, y h^Óíán su puesto que a su regreso serían bienvenidos en la cofradía. Cuando esto dem ostró no ser así, se produjo una grah conmo ción. Freud estaba furioso, Brill fue inexorable” (Historia del Psicoanálisis, VII, Ed. Paidós, 1968).
30 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
O tto Rank (1884/1939) fue el primer analista laico que practicó el psicoanálisis. Em st Kris (1900/1957) dejó la carrera de medicina a pedido de Sigmund Freud, para hacerse cargo de la dirección de la revista Imago. Hanns Sachs (1881/1947) se convirtió en 1920 en “didacta” del Instituto Psicoanalítico de
Berlín, siendo un analista laico.
En Francia, un caso similar es el de Marie Bonaparte (1882/1962), mientras que Geza Roheim (1891/1953) sufre un doble rechazo, como antropólogo y como analista, por su condición profesional “ defectuosa”.
Dos laicos estaban en el Comité de los siete anillos (Hanns Sachs y G íto Rank), más el fundador Sigmund Freud y cuatro médicos (Sándor Ferenczi, Ernest Jones, Max Eitingon y Karl Abraham).
Otros laicos se “ aplicaron” a la educación (como en el caso de Oskar Pfister y Siegfried Bemfeld) o fueron integrados como Ella Freeman Sharpe en Londres.
La exclusión de los analistas laicos, contra la posición de Sigmund Freud, se realiza en los USA y Paul Schilder juega un papel fundamental. Incluso los que escapan del nazismo en cuentran problemas y, cuando es el caso, los médicos formados en Viena tienen que revalidar sus títulos para ser aceptados. En 1927 Sigmund Freud no puede incidir sobre estos “ prejuicios” locales y la expansión del psicoanálisis comienza a producir diferencias institucionales que luego serán tam bién divergen cias en la doctrina y su práctica. Por supuesto que también los laicos plantean disidencias, pero son los médicos los que argu m entan la exclusión en nom bre de una transmisión seria y rigurosa.
Los laicos que estaban con Sigmund Freud eran activos en las publicaciones y tam bién intransigentes en la polémica, por lo que cumplían una función instituyente en la propaga ción de la “ causa”. Es tam bién en 1927 que Freud debe tom ar posición frente al problema, pero calla la disidencia con los norteamericanos (diez años después, atacando justam ente a un laico, se burla del modo de vida americano).
Jacques Lacan, en el m om ento instituyente, también recurre a los laicos y alguno de ellos supo responder hasta la actualidad.
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 31
Lacan, en algún lugar Jacques-Alain Miller afirma “ la univoci dad es mi O tro” .
Paul Roazen (Freud y sus discípulos, A.U., 1978) habla de “ profetas” y describe los problemas del laico Theodor Reik (1888/1969) con los analistas de Nueva York, problemas que lo llevaron a fundar su propio grupo de formación (quizá el si lencio de Freud frente al rechazo de los “ oficiales” estuvo en el alejamiento final).
Paul Roazen comenta, a propósito de Hanns Sachs: “ abandonó el derecho totalm ente y decidió ejercer como ana lista profano (no médico). Freud daba buena acogida a perso nas procedentes de otros campos, pues podrían aplicar su obra a las humanidades y a las ciencias sociales. Deseaba que ejercie ran el análisis, para que pudieran entenderlo plenamente; pero tenían que abandonar sus carreras anteriores, pues Freud no creía que se pudiera ser analista correcto, a no ser que se prac tique el análisis perm anentem ente” .
Es decir, que Sigmund Freud no excluía a los que elegía para propagar el análisis en otros campos, de la práctica del mismo —puesto que dicha práctica le parecía parte de la for mación de lo que alguna vez llamó ‘'‘certeza del inconsciente”—.
VI
En la Argentina, al igual que en España, el psicoanálisis cono- cio una primera difusión entre la década del veinte y la del treinta. En España, como intentam os dem ostrar en otra par te,9 los psiquiatras y los filósofos se despreocuparon de la for mación de analistas y de la práctica del psicoanálisis, puesto que buscaban en Freud argumentos contra la “ moral religosa” imperante. Luego, se puede conjeturar que fue resultado de la Guerra Civil (Angel Garma se forma en Berlín y se exilia en Buenos Aires) lo que excluyó al psicoanálisis. ¿Qué pasó en la Argentina? He dem ostrado en otro trabajo que los psiquiatras adscritos a la política del Partido Comunista Argentino recibie ron la orden que entonces se llamaba Pavlov. Pizarro Crespo,
9 Germán L. García: “ Psicoanálisis, fuera de España!”. En Psicoanáli
32 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
Gregorio Bermann, etcétera, rechazaron el psicoanálisis que habían difundido en su juventud y en la década del cuarenta denunciaron sus implicaciones burguesas y reaccionarias.
Este abandono de los psiquiatras permite a los médicos “ liberales” (no com prom etidos con la política del Partido Comunista, tampoco con la dogmática de la derecha católi ca), fundar la A.P.A.
Mira López habla, en 1940, contra la psiquiatría en la Fa cultad de Medicina. Ya fundada la A.P.A. una laica, Arminda Aberastury, se refugia en el psicoanálisis de niños (operación legítima desde la analista laica que fue Anna F reud y muy ex tendida entre las consortes psicólogas de los analistas médicos argentinos). ¿Por qué M asotta era “ cien veces más peligroso”, según palabras de Rodrigué? Porque su conocim iento autoriza ba a médicos sin didáctico, quienes legitimaban a psicólogos que estudiaban con Masotta y se analizaban con ellos.
En la Argentina de 1982 Pacho O’Donnell define con cla ridad la alianza que com entam os: “ Los escindidos de la A.P.A., sumados a psicólogos y médicos que se habían m antenido fue ra de dicha institución, en 1972, forman dos grupos, Platafor
ma y D ocum ento, sin más diferencia entre ambos que las con
secuentes de historias más o menos comunes y de mayores o menores cercanías afectivas. Por supuesto que las relaciones entre ambos agrupamientos fueron siempre excelentes y sus límites, en muchas circunstancias, se confundían y difumina- ban” . ¿De dónde venían, según O’Donnell, estos analistas?: “ ... de la A.P.A., institución que en nuestro país detentaba el poder profesional y de índole ostensiblemente conservado ra y reaccionaria...” . La concientización (sic) se produce por las circunstancias políticas del país, aunque O ’Donnell aclara que “ casi ninguno (había) adherido a algún partido p olítico ” . En suma, eran simpatizantes del peronismo, del radicalismo o del socialismo moderno (sic): “ recuerdo esos tiem pos breves, ingenuos, creativos, bienintencionados, poderosos, anárquicos, y prem aturam ente abortado como profundam ente estimulan tes y enriquecedores” .
¿A quiénes invoca O ’Donnell?: “ ... varios ex analistas di- dactas (máxima categoría institucional de la A.P.A.) como Marie Langer, Emilio Rodrigué (también muy buen novelista), los esposos Gilou y Diego G arcía Reinoso, y ju n to a ellos m u
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 33
chos otros psicoanalistas de elevado y reconocido prestigio, como Santiago Dubcovsky, Rafael Paz, Tato Pavlovsky, Her nán Kesselman, Armando Bauleo, Horacio Scomik, Hugo Bleichmar, Pancho Bellagamba, Luis Hornstein, Diana Ettin- ger de Alvarez, los esposos Simoes, Manuel Baslavsky, etc.” .
En la “ herradura” (para usar el térm ino de Jean-Pierre Faye) entra de los prestigiosos didactas de la A.P.A. hasta el “introductor de Jacques Lacan en la Argentina” , sin que se excluyan las prácticas de psicodrama y los “ pioneros de la psi quiatría” .
Cuando hice la crítica de esto mismo (La entrada del psi
coanálisis en la Argentina, Ed. Altazor, 1978) fui acusado de
equívoco político por sostener el discurso de Jacques Lacan en esas condiciones. Ahora las cosas cambiaron: “ A pesar de tanta arbitrariedad y a pesar de tanto infortunio el psicoanáli sis continuó vivo (...) aunque sabia, táctica y dolorosamente olvidado de sus conexiones con lo social. En estos últimos años es cuando se produce el impresionante auge del pensamiento de Lacan, siendo absolutamente infundiosa y falsa la bastante expandida acusación de que si ello fue posible en nuestro me dio se debió, justam ente, a su carácter poco irritativo y escasa mente revulsivo” . (Idem.)
Las citas anteriores se publicaron en un artículo de Pacho O’Donnell llamado “ El psicoanálisis y los años oscuros” (Caras
y Caretas, No. 2192, Bs. As., noviembre de 1982).
Lo publicado por Plataforma y D ocum ento, tanto como las declaraciones hechas entonces y los programas de enseñan za que realizaban, muestran que se planteaban como alternati va al “ lacanismo” de aquellos que constituían un polo dirigido por Oscar Masotta.
Didactas disidentes, médicos carentes de didáctico y psi cólogos de inspiración dinámica —tam bién progresistas— se reconocen en esa alternativa. Después de 1976 ese espacio que da borrado, como tantos otros. El lacanismo sobrevive por su falta de incidencia social y por la cautela en sus declaraciones y declamaciones públicas. Después de 1976 lo que queda de aquella alternativa borrada se desplaza hacia el discurso “ laca- niano” (convirtiéndolo en la contraseña que denunciaban un año antes).
Freu-34 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
diana era de los médicos que se habían librado del “ introduc
tor” unos meses antes y los que veníamos de la vertiente laica carecíamos de legitimidad social y estábamos marginados de la “ herradura” formada por aquellos moderados simpatizantes “ concientizados” por las circunstancias.
Desde un periódico que (como todos en ese m om ento) era controlado por el poder militar, uno de estos simpatizantes insinuaba que mi libro criticaba a los que no podían responder me {aludiendo a los que citaba con la cautela de valerme sola mente de libros publicados y en circulación en la Argentina de 1978). ¿Cómo decirle que hablaba por ellos desde un periódi co tan oñciai como cualquier otro? La culpa estaba en el aire y cada uno trataba, como bien se dice, de cargarle el m uerto al otro. ¿Por qué no valerse de uno que estaba suelto y no podía ser defendido, uno que representaba a nadie?
En la Argentina de 1983, vuelta a organizar la alianza me- dicopsicológica, los “lacanianos” de ayer pueden com partir la mesa con los didactas de hoy. Por eso O’Donnell dice: “ No me referiré en estas páginas al proceso posterior de la A.P.A., la que fue democratizándose bastante hasta sufrir varios años más tarde el desprendimiento de sus com ponentes más tradiciona les que se agruparon en APDEBA” .
La A.P.A. se escinde por influencia de Serge Leclaire (con lo que implica Leclaire como recuperación desplazada de los efectos de mercado del llamado “ psicoanálisis francés” frente al desprestigiado “ psicoanálisis inglés” ). Si volvemos ahora a la
Histoire de la psychanalyse dirigida por Roland Jaccard encon
traremos en el capítulo dedicado a la Argentina la misma cons telación de nombres, recuperados de manera diferente.
La diferencia se encuentra en “ el lúcido introductor de Jacques Lacan” , incluido en la enumeración realizada por O ’ Donnell y borrado de la versión oficial.
Christian Delacampagne, que hace retom ar el nombre de Oscar Masotta desde la “ península ibérica” es también quien analiza de manera consistente el juego de la medicina y sus alianzas, así como el uso que puede hacerse en este campo del discurso del psicoanálisis (Psiquiatría y opresión, Ed. Destino, Barcelona, 1978).
Por su parte, los autores argentinos de la histoire intro ducen el problema del laico en la clásica alianza de “ médicos
MASQTTA Y EL ANALISIS LAICO 35
que practican” y “epistemólogos que formalizan” . Pero vimos que Sigmund Freud incitaba a quienes se ocupaban del psico análisis aplicado a practicarlo, como la única manera de poner en juego un saber del inconsciente que no puede constituirse como conocimiento.
¿A quién le importa, si frente a esta estrategia de la A.P. A. se encuentran aquellos que hacen de la lectura un rito espi ritista y afirm an Lacan nos decía, ya nos dijo Freud, etcétera? El médium ya no es la palabra, porque la palabra es pro piedad del médium: “ De hecho, incluso si se cree fuera, el ad versario del discurso psiquiátrico se encuentra rápidam ente
J A x t n a i n n < 4 a /-«i » 1 « « / J nA *»A m a aV» «wwJa a 1 « aIaxa
u c x iü x v y ... n . c a u o a uc o u u u d u x i u a va, d c v c i c o i i o ¿ < a u a a. ía u í o o c
de los enfermos. Puesto que pretende atacar a la psiquiatría y como no tiene ni el saber ni el poder exigido para hacerlo, debe ser una especie particular de paranoico agresivo” (Chris- tian Delacampagne, ídem).
Apenas libre en su táctica, ignorante en su estrategia, la presencia del analista en este m undo muestra de qué manera el síntom a hace política con aquellos que ignoran la política del deseo*. Se dice que la am a de llave de Valle-Inclán, cuando conoció Venecia, se preguntó azorada: ¿Cómo puede esta pobre gente vivir toda su vida en Una ciudad inundada?
Valle-lnclán nunca olvidó la revelación de este síntom a que se llama la cultura europea. ¿Cómo es posible que los ana listas defiendan aquello que el discurso que los arrastra de los pelos está llamado a disolver? Recuerdo uno que, para darse ai res de estilista, escribió: “ El que mienta Lacan en estas pági nas...” . En efecto, Lacan m entía allí y el constructor del versi- to no lograba m entar a Lacan. Los términos de Jacques Lacan, arrojados por cada uno a la cara de cada otro, invaden el mer cado de ia rivalidad profesional (unos como soporte propagan significantes y los que soportan el ideal tratan de apropiarse de ellos). La incidencia transferencial, que debería separar la escoria del resto, no puede analizarse en tan to se eclipsa en la sugestión.
Es lo que O ’Donnell no puede leer de lo mismo que escri be cuando habla de “ lúcido in tro d u cto r” , ni cuando convierte
* Jacques Lacan: “ La dirección de la cura y los principios de su p o der”. (E scritos, Ed. Siglo XXI).
36 GERMAN LEOPOLDO GARCIA
a los “ conservadores y reaccionarios” de antaño en los “ com ponentes tradicionalistas” de hoy que se agrupan en APDEBA. Si se nom bra a Oscar M asotta es necesario exponer las conse
cuencias, lo que implica exponerse a los efectos de una historia
que todavía no concluyó. Podría testimoniar de la calumnia, de la falta de generosidad y hasta de la ferocidad, que aparece en los legítimos representantes del psicoanálisis cuando un lai co se atreve a decir que el rey está desnudo.
Las razones por las que Oscar Masotta se convierte, para el caso del psicoanálisis argentino, en el pivote en torno al que se puede plantear el problem a del analista laico, tam bién hay que buscarlas en la exclusión que se hace del psicoanálisis cuando opera como el plus de algunos profesionales de la me dicina y la psicología.
En octubre de 1979 Jacques-Alain Miller afirma en Cara cas: “ La experiencia analítica (hay que pasar por alto muchos de los discursos de los psicoanalistas mismos para darse cuen ta) es profundam ente laica” .10
De acuerdo con esa afirmación este artículo m uestra la diferencia territorial en lo que hace a la declaración que sigue un poco después en la misma conferencia de Jacques-Alain Mi ller: “ Hay, decía Freud, dos peligros para el psicoanálisis: los sacerdotes y los médicos. Porque desde el origen de los tiem pos los sacerdotes y los médicos están en posición de abusar del O tro, son las figuras más antiguas y más poderosas del suje to supuesto saber. Pero si el analista ocupa el mismo lugar, no debe usar el poder estructural de la relación de la misma for ma. Por eso Freud libró ese com bate, lo que no impidió a los analistas, que se decían freudianos, echar este tex to al olvido. Y uno de los combates de Lacan, uno de los combates que ga nó en Francia, es el com bate por el análisis laico. Hoy en d ía en todas las sociedades francesas de psicoanálisis, hay no médi cos aceptados, reconocidos por las asociaciones. Este com bate no estaba ganado en 1953, y fue una de las causas de la prim e ra escisión del movimiento psicoanalítico francés” .
Entre nosotros ese com bate ni siquiera se ha planteado con claridad, puesto que el pivote eran los psicólogos y éstos
10 Jacques-Alain Miller: Cinco conferencias caraqueñas sobre Lacan.
MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 37 prefirieron en su m ayoría la complicidad con los médicos para excluir a los otros de la práctica y en caso necesario incluirlos como enseñantes.
Porque, como dice la cita que hicimos anteriormente de J.P. Colombier no se trata de convertir no-médico en sinóni mo de psicólogo y de esa manera seguir disputando en torno al fracaso de la psicología, a la vez que se hace participar a sus agentes en un desplazamiento secular de los poderes. Sería irri sorio que el “desétre” médico fuese incluir al psicólogo conver tido, por esta operación, en guardián de los poderes y en desas tre del psicoanálisis.11
Por lo tanto, el problem a sigue allí. Y si se habla de Freud, recordemos que fue la Iglesia y el Ejército lo que le sir vió para demostrar algo que está en el fundam ento de las “ cor poraciones” . ¿No hizo la Iglesia, mediante las “ hermandades”, entrar la diferencia en la jerarquía más férrea? Por su parte, el Ejército tiene una doble entrada para garantizar el límite en el ascenso de los que pueden llegar al mismo desde otra clase.
En este sentido, la alianza entre médicos y psicólogos —aceptada por la I.P.A. desde hace unos años, al menos en sus filiales norteamericanas— no resuelve el problem a del análisis laico.
La I.P.A. cuenta en la actualidad con oficiales y suboficia les, así como con sus teóricos oficiosos.
Por último, quisiera que se entienda que si parezco hablar
mal de algunas personas es porque nunca prom oví la violencia
que consiste en resolver —unas veces de hecho, otras de dere cho— que ellas no existen. En 1973 titulé la presentación de la revista Literal con esta frase: N o matar la palabra, no dejarse
matar p o r ella. Puede leerse de muchas maneras, pero supongo
que está excluida la posibilidad de que se lea como una ofren da a los Dioses Oscuros.
Barcelona, marzo de 1983.
11 Jacques-Alain Miller: “ Carta sobre el estatuto de los psicoanalistas”
EL MODELO PULSIONAL
Oscar Masotta
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