EL MODELO PULSIONAL Oscar Masotta
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brellevaba de común acuerdo una vida sexual cruel y sádica que sólo finaliza, p ara dolor del otro, con la m uerte de uno de los cónyuges.
Fero volvamos al texto sobre las perturbaciones psí quicas de la visión. Freud mismo, en efecto, no se m uestra satisfecho en el último párrafo en relación con sus propias razones: “Podemos preguntarnos si el sojuzgamiento de las
pulsiones sexuales parciales, im puesto por las influencias de la vida, es suficiente por sí solo para provocar los tras tornos funcionales de los órganos o si han de preexistir además circunstancias constitucionales que im pulsen a los órganos a exagerar su papel erógeno y provoquen con ello la represión de las pulsiones” (pág. 1635). Pero ¿qué hay
que entender por “cii'cunstancias constitucionales” ? E n el texto F reud cita la leyenda de lady Godiva. ¿E s que aquel que según el mito se queda ciego por haber espiado a través de las m aderas de la ventana la belleza desnuda de la dama paseándose sobre un caballo, e ra uno que poseía una capacidad o una tendencia escópica más im portante que el resto de la población? Tonterías: cuando F reud habla de constitucional no habla siem pre en serio, como creen los serios. No señala, la m ayor p arte de las veces, más que una dificultad teórica que, en el momento que se encuentra de la investigación, se le vuelve insobrepasable. De otro modo, ¿cómo podría a firm ar que la “neurosis encierra tam bién la clave de la mitología” (pág. 1634) ?
Por motivos obvios de oportunidad, dificultad y tiempo, estamos lejos de in ten tar aquí ab ordar la noción freudiana de Yo. No es ocioso al revés acen tu ar esta novedad, semán tica al menos, del texto de 1911: F reud habla de pulsiones
del yo. ¿H ab rá que entender que la expresión sólo señala
el núcleo de tendencias e impulsos a la conservación de la vida, la adaptación al medio, la homeostasis con los valores de la cultu ra? Más cautelosos, más atentos a la vocación de la le tra freudiana, nosotros nos inclinaremos por la si guiente interpretación del paso de 1911: cuando Freud habla de pulsiones del yo no lo hace p ara entronizar las llamadas “funciones de relación” del Yo (la atención, la memoria, el uso sano de los ó rg an o s), sino p ara a rra ig a r al Yo (el que incluye esas mismas funciones), en las pulsio-
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nes: p ara convertir a este atado de “funciones” - - s i es que se me entiende— en función de la libido.
No sería otro el propósito expreso del texto princeps de 1914 sobre el narcisismo*. Digamos al p asar que la traduc ción española del título dejaba escapar un m atiz que no carece de interés. Ballesteros tradu jo sin más Introducción
al narcisismo ahí donde el texto alemán anuncia en cambio: Z u r E in fü h n m g des Narzi(3mus. La preposición “Z ur”, en
efecto, indica el carácter de reflexión del texto que sigue: introduce un complemento de tema, aquello sobre lo cual el discurso va a hablar. La traducción inglesa de Strachey se adecúa un poco m ejor a la intención original: On nar
cissism: an introduction. Pero ¿no resulta raro , y si uste
des me perm iten, sospechoso ese aspecto distributivo, divi dido de un título donde la palabra narcisismo aparece de un lado y la palabra introducción del otro? E n la traduc ción inglesa, en efecto, el térm ino narcisismo no deja de parecer substantificado, sustancializado se podría decir. Quiere decir que los traductores piensan de alguna m anera que Freud va a hablar sobre un tema — escuchen ustedes el acento perentorio: On n arcissism . . . — sobre el cual lo sabe todo. En efecto, el título alemán anuncia poco menos que lo contrario, se refiere a algo que va en realidad a o cu rrir en el texto. Por lo demás es preciso no olvidar la im portancia generalm ente menospreciada, como dice Lacan, del narci sism o p ara la teoría de la libido. Pero adivino ahora la
intranquilidad de mi audiencia: usted — se me dirá— pro mete facilitam os la comprensión, pero por otro lado no hace más que entrom eter nuevas palabras, nuevos concep tos, que si es cierto que pertenecen a la doctrina freudia- na, y no somos tan vírgenes al respecto p a ra ig n o rar qúe son ideas difíciles, m uestran en cambio como un lado des compuesto, atomizado de la teoría. ¿Qué debemos entender ahora por libido ? Contesto entonces: simplemente, pero nada menos, que la energía m ism a del deseo sexual. Pero concédanme ustedes una buena oreja y escuchen en mi de finición eso que no hay que dejar de escuchar: que el deseo sexual es enérgico. Pero agregaré aun una salvedad, tautológica es cierto, a mi definición: si la boca puede servir p ara o tra cosa que p ara comer (todo el mundo sabe que se
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pueden hacer muchas o tras cosas que comer con la boca) y los labios para besar, si como se dice desde F reud la boca es una zona erogena, a saber, el lugar a donde puede ir a p a ra r la energía del deseo, a saber, la libido, es por que hay algo así como un circuito en cuestión. El secreto de ese circuito es pues el narcisismo.
En Sobre introducción al narcisismo reflexiona Freud en efecto sobre las dificultades que acarrea a su teoría de las pulsiones, sustentada hasta entonces, la introducción del narcisismo. Pero ¿qué es el narcisism o? Presionado por los trabajos psiquiátricos de la escuela de Zürich y por Abraham, Freud se ve llevado, a p a r tir de 1&08, a tra n s ita r las duras aristas del cuadro psicòtico. La psicosis, la hipocondría, y aun, la enfermedad orgánica, pero también lo que Freud llama el destino, la vida erótica de los sexos (a saber, lo que determ ina la peculiaridad de la sexualidad en el hom
bre y de la sexualidad en la m u je r): he ahí todo un com plejo de puntos gravosos que indican la necesidad de la noción de narcisismo. Si bien sería erróneo buscar en este texto la teoría freudiana completa sobre la psicosis, éste sienta en cambio el fundam ento de su definición psicoana- lítica. En las parafrenias, dice Freud, se observa una retrac ción de la libido hacia el Yo. La psicosis es el caso de la incapacidad de ocupar libidinalmente los objetos extraños al Yo. Testimonios de un sujeto atrapado en su libido, en cerrado en el narcisismo, los grandes síntomas psicóticos como la alucinación, el delirio y la proyección, no son sino intentos fallidos, siem pre insuficientes, forzados, de volver a ligar la libido yoica a los objetos. Pero el narcisism o no es el lote del psicòtico, la retracción de la libido al yo es una regresión, la vuelta a un estado anterior: hay un n a r cisismo prim ario v normal. Havelock Ellis, Paul Nácke, responsables de los extensos catálogos sexuales de fines de siglo habían descripto la perversión del individuo que "to
rna como objeto sexual a su propio cuerpo y lo contempla can agrado, lo acaricia y lo besa, hasta llegar a una com pleta'satisfacción” (pág. 2017). Pero Sadger, un discípulo
de Freud;* había ya descubierto que el narcisism o puede setBfìOeoiftponente, o p a ra hablar mejor, un momento, una