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U n i v e r s i d a d de Gu a d a l a j a r a

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Academic year: 2021

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Universidad de Guadalajara

Rector General: Marco Antonio Cortés Guardado Vicerrector Ejecutivo: Miguel Ángel Navarro Navarro Secretario General: José Alfredo Peña Ramos

Rector del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño: Mario Alberto Orozco Abundis Secretario de Vinculación y Difusión Cultural: Ángel Igor Lozada Rivera Melo

Luvina

Directora: Silvia Eugenia Castillero < [email protected] > Editor: José Israel Carranza < [email protected] > Coeditor: Víctor Ortiz Partida < [email protected] >

Corrección: Sofía Rodríguez Benítez < [email protected] > Administración: Griselda Olmedo Torres < [email protected] > Diseño: Peggy Espinosa

Diseño y diagramación: Diana Mata Transcripción y corrección: Dolores Garnica

Consejo editorial: Jorge Esquinca, Verónica Grossi, Josu Landa, Baudelio Lara, Ernesto Lumbreras, Antonio Ortuño, León Plascencia Ñol, Laura Solórzano, Jorge Zepeda Patterson.

Consejo consultivo: Luis Armenta Malpica, José Balza, Adolfo Castañón, Gonzalo Celorio, Eduardo Chirinos, Luis Cortés Bargalló, Antonio Deltoro, François-Michel Durazzo, José María Espinasa, Hugo Gutiérrez Vega, José Homero, Christina Lembrecht, Tedi López Mills, Luis Medina Gutiérrez, Jaime Moreno Villarreal, José Miguel Oviedo, Luis Panini, Felipe Ponce, Vicente Quirarte, Jesús Rábago, Daniel Sada, Sergio Téllez-Pon, Julio Trujillo, Minerva Margarita Villarreal, Carmen Villoro, Miguel Ángel Zapata. Programa Luvina Joven (talleres de lectura y creación literaria en el nivel

de educación media superior): Sofía Rodríguez Benítez < [email protected] >

Luvina / Paisajes Coreanos se publica con el apoyo del Instituto de Traducción Literaria de Corea Selección y coordinación editorial: León Plascencia Ñol

Luvina, revista trimestral (invierno de 2011)

Editora responsable: Silvia Eugenia Castillero. Número de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo del Título: 112713455400-102. Número de certificado de licitud del título: 10984. Número de certificado de licitud

del contenido: 7630. issn: 1665-1340. Luvina es una revista indizada en el Sistema de Información Cultural de conacuLta

y en el Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal (Latindex). Año de la primera publicación: 1996.

D. R. © Universidad de Guadalajara

Domicilio: Av. Hidalgo 919, Sector Hidalgo, Guadalajara, Jalisco, México, C. P. 44100. Teléfonos: (33) 3827-2105 y (33) 3134-2222, ext. 1735.

Impresión: Editorial Pandora, S. A. de C. V., Caña 3657, col. La Nogalera, Guadalajara, Jalisco, C.P. 46170. Se terminó de imprimir el 1 de diciembre de 2011.

www.luvina.com.mx

6z La paradoja del sufrimiento y el goce de la imaginación: semblante

de la literatura coreana a fines del siglo xx

Wu, Chan Je

19z Cuatro poemas

Yi Sang (1910-1937). Es la figura más polémica y a la vez la más apreciada de la

moderna literatura coreana. La editorial española Verbum publicó su poesía com-pleta en 2003.

23z Primero arranca esa foto y úsala para limpiarte el culo

Kim Su-young (1921-1968). En vida publicó un solo libro: Tallara ui changan (Un juego jugado en la Luna). Trabajó como profesor y periodista. Murió en un acciden-te de coche.

26z Tengo derecho a destruirme (parte I)

Kim Young-ha(1968). Ha publicado cuatro novelas y numerosos cuentos en su

Corea natal. Recibió los premios literarios Dong-in, Hyenondadae e Isan.

32z Tres poemas

Kim Keun (1973). Con su debut liteario obtuvo el premio Munhakdongne de Nuevo

Escritor. Publicó el libro de poemas Las excursiones del niño serpiente.

34z ¿En serio? Soy una jirafa (fragmento)

Park Min-gyu (1968). Ha publicado un libro de cuentos y cuatro novelas. Ha

gana-do numerosos premios desde su primera obra literaria, publicada en 2003.

40z Tres poemas

Moon Tae Jun (1970). Es uno de los poetas más populares de su generación. Ha

publicado tres libros de poesía y obtenido cuatro importantes premios literarios en Corea.

42z El descubrimiento de la soledad (fragmento)

Eun Hee-kyung (1959). Su primera novela, El regalo del ave (Emecé, 2009), obtuvo el prestigioso premio de ficción Munhakdongne.

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48z Dos poemas

Oh Sae-young (1942). Ha recibido varios e importantes premios en Corea. En

Mé-xico se publicó su poemario Más allá del amor (Aldus, 2003).

50z El huésped (capítulos finales)

Hwang Sok-yong (1943). Ha obtenido varios premios literarios en Corea y en el

extranjero. Es el novelista de más renombre de su pais. En México se publicó su novela El huésped (Ediciones del Ermitaño, 2008).

53z ¿Qué? (poemas zen)

Ko Un (1933). Su obra registra más de 120 títulos entre poesía, novela y ensayo lite-rario y ha sido publicada en más de 15 países. Es un constante candidato al Premio Nobel y uno de los autores más importantes de Corea.

55z Dos poemas

Shin Kyong-Nim (1935). Uno de los grandes poetas coreanos. Publicó su primer

libro en 1956. Dejó de escribir varios años para dedicarse a diferentes oficios. Volvió a la escritura en 1970.

57z Tres poemas

Lee Si-Young (1949). Ha publicado ocho libros de poesía. Obtuvo el premio de poe-sía Chungang Ilbo en 1969. Es profesor de literatura en la Universidad de Chungang.

59z Palabras inconclusas

Yoon Sung-hee (1973). Obtuvo el premio Artista del Año en 2005, el de Literatura Contemporánea en 2005 y el Isu de Literatura en 2007.

63z El canto de la espada (un capítulo)

Kim Hoon (1948). Su segunda novela, El canto de la espada (Trotta, 2005), se con-virtió en un best-seller y fue galardonada con el prestigioso premio literario Dong-in en 2001.

69z El mar de la poesía

Lee Hyong-gi (1933). Se publicó en México su libro La ciudad inmortal (Fundación

Dae San y Universidad de Guadalajara, 1998).

70z Dos poemas

Lee Byungryul (1967). Es miembro activo del grupo poético El poder de la poesía.

Ha publicado dos colecciones de poemas y obtenido dos prestigiosos premios.

72z Tres poemas

Kim Sa-In (1955). Ha publicado dos volúmenes de poesía y ha recibido

numero-sos premios. Es profesor de escritura creativa desde el año 2000 en la Universidad Dongduk de mujeres.

74z Dos poemas

Ann Heon Mi (1972). Publicó su primer libro de poemas, En profundidad, en 2006.

La metamorfosis es el tema principal en su poesía experimental.

76z La ciudad juguete (un capítulo)

Lee Dong-ha (1942). Es profesor de escritura creativa en la Universidad de

Chung-ang. Ha recibido numerosos premios literarios en Corea.

80z Tres poemas

Kim Kyung Ju (1976). Ha escrito poesía, narrativa y teatro. Escribe para varias

revistas y dirige Chuurining Baram, un laboratorio interdisciplinario de artistas de diferentes áreas.

83z Cenizas y rojo

Pyun Hye-young (1972). Es autora de tres libros de relatos y una novela. Obtuvo el prestigioso premio Hanguk Ilbo en 2007.

87z La babosa

Kim Sin-yong (1945). Ha escrito siete libros de poemas y dos novelas. Obtuvo el premio de poesía Ch’on Sang-Pyong y el premio Nojak de literatura.

88z Canción de la mujer madura

Moon Chung-hee (1947). Obtuvo el Premio de Literatura Contemporánea en 1976 y el Kim Sowol en 1996.

89z Dos poemas

Ra Hee-duk (1966). Ha publicado tres libros de poesía y ha merecido numerosos premios literarios. Es profesora de escritura creativa en la Universidad de Chosun.

91z Dos poemas

Hwang Ji-woo (1952). Ha publicado siete poemarios y recibido los más prestigio-sos premios literarios de Corea. Enseña arte dramático en la Academia Coreana de Teatro.

94z La crianza de la golondrina (fragmento)

Yun Dae Nyeong (1962). Ha publicado cinco libros de relatos y cinco novelas. Ha

recibido varios prestigiosos premios literarios coreanos.

98z Fotógrafo en blanco y negro (fragmento)

Han Yujoo (1982). Obtuvo en 2003 el premio de Nuevos Escritores de Literatura y

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Wu, Chan Je

La paradoja del sufrimiento

y el goce de la imaginación: semblante

de la literatura coreana a fines

del siglo xx

1. La paradoja del sufrimiento

Desde muy antiguo, en Oriente se ha hecho mucho énfasis en el sentido profundo de la flor de loto, que florece en el lodo, y a su sabiduría. Por su-puesto, no fue así sólo en Oriente. El respeto hacia el loto, convertido en flor a través de un rito de iniciación que conlleva un largo y penoso proceso de sufrimiento, ha sido siempre un tema universal de la humanidad. La para-doja del sufrimiento está presente no sólo en las ilustraciones del budismo, representada en la flor del loto, sino incluso en los mismos logros artísticos y científicos, de manera que no es raro encontrarse con ella en la literatura, sea en Oriente como en Occidente. Cuanto más doloroso es el sufrimiento, más se enriquece su contradicción, tanto es así que en las grandes literatu-ras, la paradoja está en el mismo goce de la imaginación, que se contrapone a los abismos de la agonía.

El siglo xx fue una época especialmente dura. Aparecieron y desapa-recieron un sinfín de historias repletas de sufrimiento, así como muchas guerras, incluidas las dos mundiales, repentinas ansias imperialistas y re-beliones de las colonias, masacres, como las de Auschwitz, y otras grandes y pequeñas revoluciones y sus contrarrevoluciones. Lo mismo ocurrió en Corea. El imperialismo japonés nos tuvo sometidos durante 36 años. Luego, con la independencia en el año 1945, el país, por voluntades ajenas, quedó dividido en dos partes: norte y sur. En 1950 estalló la contienda civil, que duró tres años y nos arrastró a todos a una posguerra sembrada de pobreza, una pobreza terrible y despiadada. La revolución de abril de 1960 trató de derrocar la dictadura y establecer la democracia en el país, pero estalló un golpe de Estado y el poder político pasó a manos de una gobierno militar que duró otros muchos años. Luego, en mayo de 1980, en un nuevo intento de democratización en la ciudad de Gwangju, un número incalculable de

víctimas perdieron la vida. Sin embargo, los coreanos aprendimos a superar el dolor de todas estas desgracias y conseguimos un crecimiento económico inimaginable, democratización política, estabilidad social y una gran ma-durez cultural. A lo largo de este proceso, la literatura coreana, reflejo de su realidad, ha venido cultivando una historia literaria llena de paradojas del sufrimiento.

Intentaré presentarles de forma breve el semblante de la literatura corea-na a fines del siglo xx, y para ello la dividiré en tres etapas: la literatura de la independencia y la guerra civil (1945-1959), la literatura del período de la democratización y de la industrialización (1960-1988) y la literatura de la postindustrialización (1989 en delante).

2. La independencia y la recuperación del idioma nacional: literatura de posguerra

El 15 de agosto de 1945, Corea consiguió su independencia frente a los 36 años de imperialismo japonés, pero no por ello logró hacer realidad su sueño de construir un Estado nacional moderno. Las circunstancias en las que se encontraba, más la división ideológica, nos obligaron a establecer dos gobiernos independientes territorialmente divididos: el norte y el sur. Unos años más tarde, en 1950, estalla la guerra civil coreana, que se pro-longa durante tres años. Cesa el fuego, pero no la intolerancia ideológica y política de ambas partes, que se acentúa aún más, dejando al país en un estado de raquitismo económico que marcará la vida de todos los corea-nos durante la década de los cincuenta, y con un régimen corrupto, el de Lee Seung-man, que consigue su segundo mandato por un fraude electoral, desencadenando la revolución estudiantil del 19 de abril de 1960 y su pos-terior derrocamiento.

En la segunda mitad de la era colonial, se prohibió el uso del idioma co-reano (hangul), pero con la liberación, se recuperan tanto la lengua como el territorio, y se abren posibilidades para un mundo literario que empieza a estrenarse. Sin embargo, la casi inmediata división del país impuso una nue-va opresión a los escritores: la ideológica. En el caso de Corea del Sur, las ma-nifestaciones literarias de tendencia izquierdista se censuraron en pro de un nacionalismo conservador. La literatura se centró, entonces, en problemas universales del ser humano y dejó a un lado la realidad particular e histórica de su pueblo. En esta línea están las obras de Kim Dong-ni y Oh Myeong-su, inspiradas en emociones derivadas de su tradición y en ideas chamanistas, pues, sobre todo el primero, trata de encontrar un camino propio para el espíritu, reaccionando contra el mundo occidental y moderno, con temas

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siempre basados en la identidad de la raza coreana y su folclor. Sin embargo, hubo otra vertiente de escritores, cuyas obras, de un fuerte realismo acorde al mundo sombrío de aquella época devastada por la posguerra, describen el desmoronamiento de la ética social y de las costumbres del momento o de-nuncian la crueldad de la guerra en una desesperante búsqueda de la digni-dad humana. Sus autores principales son Hwang Sun-won, Choi In-hun, Son Chang-sop, Jang Yong-hak, Yi Bum-sun, Suh Ki-Won, Ha Geun-chan y Lee Ho-chul. Hwang Sun-won escribió novelas que exploran las coordenadas espirituales del tiempo perdido, en los recuerdos afines y las emociones hu-manas que identifican al pueblo coreano; y Son Chang-sop lo hizo sobre la marginación llevada a extremos en la que vivió el «pequeño e insignificante» ser humano de la paupérrima sociedad de posguerra.

En el caso de la poesía, el esfuerzo principal estuvo en recuperar el idio-ma nacional, centrándose principalmente en los recursos técnicos de la líri-ca tradicional coreana. Así lo hicieron los poetas So Chong-ju, Yu Chi-hwan y Park Mok-wol, que ya escribían desde la época colonial, y otros, como Park Jae-sam, Lee Hyong-gi, Jun Bong-geun, Kim Kwang-Sop, Kim Jong-sam y Kim Jong-gil, que renovaron la tradición. De entre ellos, So Chong-ju es el poeta que mejor ha representado la fusión de lo occidental y lo coreano, pero también el que mejor ha sabido sublimar las emociones, elevando la calidad de nuestra poesía. Yu Chi-hwan, por su parte, canta a la vida y a sus seres vivos, en un intento por superar el nihilismo; y Lee Hyong-gi escribe con gran lirismo sobre la providencia de la naturaleza, lo mismo que hace el poeta Kim Jong-gil, cuyo espíritu literario, en un afán de superar tiempos difíciles, busca la comunión espiritual con la naturaleza.

Hay, sin embargo, otras vertientes que tienden hacia el modernismo, con poemas más prosaicos que hablan sobre vidas urbanas, y critican la autori-dad existente y su absurda realiautori-dad. En este grupo de poetas, encontramos a Kim Su-young, Kim Chun-su, Park In-hwan y a Song Wook, cuya impor-tancia, en especial la de los dos primeros, está en el hecho de que ampliaron el panorama de la poesía coreana con poemas experimentales basados en un impulso renovador.

3. La literatura del período de la democratización y de la industrialización

El anhelo de la democracia estalló en la revolución de abril de 1960 y, aun-que aun-quedó inmediatamente frustrado por el golpe militar de 1961, supuso un estímulo decisivo para el derrotismo político que imperaba dentro de la atmósfera social. Con un gobierno militar en el poder, la democratización

quedó apartada a un lado, y la modernización económica del país se convir-tió en la prioridad máxima.

La dictadura militar continuó ejerciendo su gobierno de opresión du-rante los años setenta, cada vez con más rigor. La libertad política quedó prácticamente anulada y la tensión se hizo mucho más evidente en toda atmósfera social. Sin embargo, por el lado económico, fue, sin duda, uno de los momentos más prósperos y sorprendentes de su crecimiento, conocido como el «milagro del río Han». Las estrategias de modernización indus-trial dirigidas por el gobierno dieron resultados, aunque a costa de muchos sacrificios y demás efectos secundarios, en general bastante negativos: se destruye el campesinado, se agiganta la desigualdad entre ricos y pobres, y la acelerada urbanización provoca problemas de contaminación, destru-ye tradiciones y se desarticulan las costumbres, pero, por encima de todo, aumenta la insatisfacción de los trabajadores, que, en su mayoría, vivieron condenados al margen de la distribución económica. Sin embargo, hay otros rostros en aquella sociedad y uno de ellos está representado por la cultura joven, con sus guitarras, los jeans, las melenas y la minifalda, símbolos de libertad y resistencia, y de incipientes movimientos de democratización.

A fines del año 1979, nada más concluirse los 18 años del régimen de Park Jung-hee, la sociedad coreana revivió otro momento de euforia con la esperanza de una democracia para el país. No obstante, la revolución de-mocrática de Gwangju fracasó y se restableció otro mando militar, aunque ya nada fue igual: la resistencia política por parte de los intelectuales, de la clase obrera y de los estudiantes cobró una gran fuerza y quedó constatado el anhelo del pueblo coreano por la democracia. Pese a las duras represiones políticas, el derrumbamiento de las fuerzas del poder y el orden se había hecho ya evidente en muchos aspectos de la sociedad, una sociedad que se-guía creciendo, con cambios y progresos que le permitieron celebrar como país anfitrión eventos internacionales de una gran magnitud, como los Jue-gos Asiáticos de 1986 y los JueJue-gos Olímpicos de Seúl en 1988. En volumen económico, el país prosperó y mejoró la calidad de vida de sus ciudadanos. La cultura se abrió a la libertad individual y, a nivel político, las enmiendas constitucionales y las elecciones presidenciales de 1987 parecían otorgarle un tinte más democrático.

La revolución del 19 de abril de 1960 fue un acontecimiento político pero también tuvo repercusiones culturales, pues, si bien la política se democra-tizó, también la cultura y la literatura resurgieron con una nueva energía. Muchos escritores empezaron, junto a la generación de jóvenes escritores formados sólo en el idioma nacional (hangul) —o sea, los que comenzaron a estudiar una vez conseguida la independencia del país—, a anhelar nuevos

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estilos y técnicas creativas, liderando cambios y revoluciones aun en el mis-mo ámbito literario. Fueron épocas muy sombrías y dolorosas, pero supieron salir adelante y sobreponerse en la paradoja del sufrimiento para crear nue-vos hitos en la historia de la literatura nacional: el de la década de los setenta, conocida por la agudeza de su prosa como «la era de las novelas»; y el de los años ochenta, por sus elaborados e intuitivos versos, «la era de la poesía».

Entre el grupo de novelistas de los años 70 que mejor plasmaron el su-frimiento de una patria dividida está, sin duda, el de los novelistas Choi In-hun, Lee Ho-chul, Hong Sung-won, Jeon Sang-guk, Kim Won-il, Jo Jong-nae, Hwang Sok-yong, Yu Jae-yong, Hyun Ki-young, Lim Chul-woo y Lee Chang-dong, entre otros. Choi In-hun, que en su obra La plaza, escrita en 1960, analizó desde su introspección intelectual el dolor de la patria dividi-da, en 1994 lo vuelve a hacer con otra de sus novelas, La tópica, pero cen-trándose no sólo en los problemas de la división del país sino, de un modo general, en todo el entramado mundial del siglo xx. Yun Heung-gil, en su novela Lluvias, trabaja el tema del chamanismo como forma de aliviar las secuelas del resquebrajamiento patrio; y Hwang Sok-yong, que, si bien ya desde los años setenta había venido atacando las represiones ideológicas y políticas derivadas de la división, es en el año 2001 cuando se da a conocer de forma definitiva con su novela El huésped, obra escrita en un intento de superar el desligamiento de la patria por medio de la comunicación, el per-dón y su reconciliación.

Un segundo grupo de escritores, con una narrativa basada en la dialéctica entre la opresión política y la libertad, estaría formado por Choi In-hun, Jeon Sang-guk, Yi Chong-jun, Lee Byung-ju, Jeong Ul-byung, Ho Young-song y Yi Mun-yol. El novelista Yi Chong-jun ha hecho duras críticas de la realidad en muchas de sus obras, caso de la novela Paraíso cercado, donde vitupera con severidad todo sistema de opresión a la libertad, en busca de un mundo más armónico. Yi Mun-yol, autor de Nuestro frustrado héroe y de otras muchas obras narrativas, se mete de lleno en el dolor individual y en las secuelas de-jadas por la represión política y sus dificultades de superación.

El tercer grupo estaría formado por los que se interesaron en otro tema clave de aquellos años: la industrialización. Y son: Hwang Sok-yong, Cho Se-hui, Lee Mun-gu, Yun Heung-gil, Mun Sun-tae y Lee Dong-ha, escritores cuyas obras se acercan a la realidad de la clase obrera, su marginación en las urbes, la desigualdad de clases cada vez más acentuada, el materialismo, la pérdida de valores sociales y el problema del derrumbe de la tradicional sociedad campesina.

Cho Se-hui en su obra Una pequeña pelota lanzada por un enano plasmó esta realidad, los enfrentamientos entre el mundo obrero y el de los

capita-listas, con el deseo de un mundo mejor, donde impere el amor y la justicia, tal como ocurre en «la banda de Moebius». Lee Mun-gu lamenta en sus no-velas el desmoronamiento de los valores tradicionales de nuestra sociedad, debido a la industrialización. Lee Dong-ha, en La ciudad juguete, describe la penosa situación de la infancia en una gran ciudad, una infancia baldía no sólo por lo económico sino por su pobreza espiritual.

Con el cuarto grupo, la reacción de la narrativa ante la industrializa-ción ha cambiado. Los años ochenta traen una mayor diversidad laboral y aparece la clase media. Kim Won-woo critica, desde la perspectiva de un intelectual, la vanidad de la clase media; Park Young-han, a partir de una visión retrospectiva, describe el paisaje cultural de la clase media; y Kim Young-hyun, Jeong Do-sang, Bang Hyun-sok y Jeong Wha-jin engendran una narrativa de trabajadores, involucrándose con sus conocimientos en la lucha de la clase obrera.

El quinto grupo es el de la narrativa urbana. Además de Kim Sung-ok, considerado pionero de ideales revolucionarios en los años sesenta, de Seo Jeong-in, que abrió un nuevo camino a las novelas realistas, con un estilo mucho más experimental, y Choe In-ho, representante de la sensibilidad de los setenta; están los escritores Park Wan-seo, Kim Yong-seong, Lee Dong-ha, Cho Hae-il, Cho Sun-jak, Han Su-san y Park Bum-sin, magníficas plumas que trazan luces y sombras de la por entonces ya imperante vida urbana.

El grupo sexto lo formarían las escritoras, cuya aparición en el campo narrativo es otra de las aportaciones del período. Novelistas como Park Kyung-ni, Park Wan-seo, Oh Jung-hee, So young-en y Yang Gui-ja exami-naron las posibilidades de superar un mundo tan afligido a través de la femineidad. Park Kyung-ni, autora de la vasta obra titulada Tierra, y Park Wan-seo, de Inolvidado, recrearon inmensas sagas familiares de la mujer coreana, y Oh Jung-hee elevó de forma incuestionable el nivel de la narra-tiva femenina.

El séptimo grupo lo componen aquellas obras en las que se pretende buscar formas de redención para una vida sembrada de sombras. Eso hicie-ron los escritores Lee Je-ha y Yi Chong-jun, indagando por terrenos artísti-cos; Park Sang-ryung, Yi Chong-jun, Han Seung-won, Kim Seong-dong y Yi Mun-yol, por lo religioso; Park Kyung-ni, Hong Sung-won, Yu Hyun-jong, Hwang Sok-yong, Kim Won-il y Kim Joo-young, por lo histórico; y Yun Hu-myong, mediante la paradoja de las ruinas y el nihilismo.

Al octavo grupo pertenecen las novelas experimentales, inspiradas en la renovación. Hu Woon-sok, Choi Un-seok, Choi Sang-gyu, Yi In-seong y Choi Su-chol son sus mayores representantes, sobre todo los dos últimos, que llevaron la novela experimental coreana a su auge en los años ochenta.

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La poesía también experimentó grandes y significativos avances. Ante todo, los poetas modernistas dinamizaron esfuerzos por su renovación estética, algunos para expresar aspectos humanos, distorsionados por la acelerada industrialización, pero siempre desde una visión intelectual que les permi-tiera hacer un uso más experimental tanto del lenguaje como del estilo. Los poetas Hwang Tong-gyu, Chung Jin Kyu, Chong, Hyon-jong, Ma Chong-gi, Oh Kyu-won, Choi Seung-ho, Hwang Ji-woo, Lee Seong-bok, Park Nam-chul y Jang Jeong-il escribieron sobre las contradicciones de la época y de la vida en general, a partir de posturas individuales que proporcionaron a sus obras una sensibilidad y un lenguaje muy personales, propios de su identi-dad. Hwang Tong-gyu creó una estética callejera, que él llamó «la poética de la calle», en la que, en un lenguaje delicado y de gran elegancia, hace memoria de los paisajes y retazos de vidas humanas, de esos detalles tan humanos como reales, recogidos por él mismo en su transitar por las calles. Chong Hyon-jong se dedicó a la variedad. Sus obras tocan temas que van desde el sentido existencialista de la realidad y de los seres humanos hasta la ecología. Su poética se basa en las pausas y en sus ritmos libres, técnicas que nos preparan para la conmovedora comunión final. Oh Kyu-won escribió muchos poemas urbanos y experimentales, con una ciudad industrializada de trasfondo. Hwang Ji-woo, Lee Seong-bok, Park Nam-chul y Jang Jeong-il son los representantes genuinos de la poesía experimental coreana en los años ochenta. De todos ellos, Hwang Ji-woo fue quien mejor materializó la realidad a través de un lenguaje tan propio como renovador que lo elevó a las cimas del experimentalismo. Fue capaz de extraer de lo cotidiano, lo liviano, y hasta de lo vulgar, tanto conocimiento como nuevas ideas, a la par extraordinarios. Un entendimiento profundo de la realidad y su talento para destapar los sentidos ocultos, sentidos aún desconocidos, impresionaron a sus lectores de tal manera que, deslumbrados, saborearon el placer de sus revelaciones. Sin embargo, lo que realmente llama la atención de nuestro poeta es su habilidad para convertir en poesía todo aquello que, sea poético como prosaico, acontece a su alrededor.

Muchos son los escritores que han ennoblecido la poesía coreana, ha-ciéndola aún más bella. Oh Sae-young indagó en las profundidades de nuestra existencia mediante la poesía lírica tradicional y, de esta manera, por medio del lirismo y la filosofía, criticó también la civilización. Moon Chung-hee, con una visión delicada y femenina, conduce a los lectores a la introspección para reflexionar sobre la bondad y la belleza humanas. Inten-tó en sus obras reconciliar los extremos: femenino-masculino, civilización-naturaleza, libertad-represión o deseo-razón, en busca de un mundo más esencial, alejado de dicotomías. Jo Jeong-kwon es el poeta que dio forma

al espiritualismo oriental haciendo uso de un lenguaje muy modernista. Su esfuerzo por llegar a la iluminación espiritual se proyectaba en la nitidez y pureza de su espíritu ante la realidad.

También hubo muchos poemas de crítica social. Kim Chi-ha, Shin Kyong-Nim, Ko Un, Cho Tae-il, Lee Sung-bu, Jeong Hee-weong y Lee Si-Young fue-ron algunos de ellos y lo hiciefue-ron remontando sus emociones nacionales al

pansori o a los tradicionales cantos folclóricos. Kim Chi-ha publicó un damsi

(diálogo poético en el que se narran leyendas, mitos o acontecimientos

miste-riosos o trágicos de la Naturaleza), una expresión poética en la que incorporó

sentimientos autóctonos del país, lo cual produjo un impacto tanto a nivel político como literario. Kim Chi-ha, una de las voces más políticas de los años setenta y ochenta, se transformó en los años noventa en uno de los creadores que más atención ha prestado al tema de la ecología y el respeto a la vida; y Shin Kyong-Nim fue de los primeros en interesarse por la realidad de los campesinos, tema al que la poesía nunca había prestado demasiada atención, y, al igual que muchos de sus coetáneos, se valió de ritmos tradicionales, al estilo de los cantos folclóricos, con el fin de recrear un nuevo estilo poético. Sus poemas transforman la dolorosa realidad del pueblo en alegres melodías, como parte de una estética de la paradoja. Ko Un cantaba en los años sesenta el nihilismo inspirado en el budismo y en los principios del zen, pero en los años setenta cambia de vertiente para enfrentarse cara a cara con la realidad política, convirtiendo la historia en el factor decisivo de sus obras de mayor envergadura, así como de sus poemas en cadena, Diez mil vidas, y de su poe-ma épico La montaña Bekdusan. Lee Si-Young inició su carrera como poeta modernista, pero, influido por los movimientos de democratización de las dé-cadas de los setenta y ochenta, pasó también a escribir poemas realistas, que combinan la realidad concreta con el criticismo intelectual, y otros muchos poemas líricos, en los que a través de un lenguaje muy depurado, saca a luz las sombras ocultas tanto de la realidad diaria como de su acongojada historia.

En la década de los ochenta, con el fervor de la democratización, apare-cieron muchos poemas criticando duramente la realidad. Por un lado, están Pak No-he, Baek Mu-san, Ha Jong-oh, Kim Nam-ju y Kim Jong-hwan, que nos recuerdan a través de sus poemas la existencia de la clase obrera; y por otro, Choi Sung-ja, Kim Hye-sun, Kang Un-kyo, Kim Seung-hee y Ko Jung-hee, quienes a través de su mirada, amplian el panorama poético femenino.

4. La sociedad postindustrial y la literatura como escape

Tras los Juegos Olímpicos en Seúl (1988), Corea entra a su etapa postin-dustrial con una cierta democracia política. Los movimientos de resistencia

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colectiva han disminuido notablemente, influidos por los cambios de valo-res en la historia mundial, así como por la caída del socialismo en la Europa del Este a finales de los años ochenta. Desaparecen los macrodiscursos y, en lugar de las ideologías políticas o el bien público, lo que prima es la felici-dad y los anhelos individuales. Las jóvenes generaciones persiguen de forma activa la individualidad fascinados por los lujos de la cultura popular y el consumo desmedido. Las costumbres sociales, las obligaciones o la ética, en general, van perdiendo terreno, y los discursos sobre el futuro y sus espe-ranzas ya no hacen mella, pues, por encima de todo, impera la vida a diario. Incluso hay cambios de percepción espacial, pues muchos buscan el sentido de sus vidas en los cada vez más frecuentes viajes al extranjero. Se fomentan la cultura popular y el ocio, la industria digital e internet dominan por do-quier y ya todos, consumidores de estos nuevos productos sociales, manejan otros valores, deseos y sentidos nuevos, formas de relacionarse y placeres diferentes. El espacio digital, convertido en la nueva tierra. En el siglo xxi esta tendencia se ha generalizado aún más. Junto a las políticas de digitaliza-ción llevadas a cabo para acelerar la tardía industrializadigitaliza-ción del país, Corea se ha convertido en una potencia tecnológica. Sin embargo, el país tiene pendiente dos tareas para este siglo: la frecuente inestabilidad económica que padece a partir de la crisis financiera del año 1998 y el paro juvenil, pro-blemas que obligan a volver la mirada a la realidad, pero una realidad en la que conviven lo real y lo virtual, y que, por tanto, cuestiona situaciones muy diferentes de las de las décadas setenta y ochenta.

En una época como la actual, los poeta abarcan espectros líricos mu-cho más variopintos, que van desde lo rutinario y urbano hasta lo natural y ecológico; aunque hoy por hoy dominan los problemas de la vida diaria en las urbes, su consumo y desmedido placer por lo material ha llevado a que muchos poetas con sensibilidad se sientan desengañados y busquen res-puestas en la contemplación del nihilismo. Choi Seung-ho, Ki Hyoung-do, Lee Mun-jae, Lee Kap-su, Choi Young-chul, Kim Ki-taek y Jeong Hae-jong describieron con gran claridad y dramatismo la desilusión que generan estas ciudades inmersas en la vulgaridad. Los poemas de Ki Hyoung-do, poeta de gran influencia en los años noventa, son una buena muestra de ello, pues carga las tintas de un lenguaje grotesco y aguado para reflejar el sinsentido de unas existencias tan banales.

Muchos poemas de la época mostraron su antagonismo hacia la seduc-ción que ejerce la cultura de consumo en las ciudades. Ejemplos claros de ello serían las obras de Ham Sung-ho, Jang Kyung-rin, Ha Jae-bong y Lee Seung-ha, además de Jang Jeong-il con sus Reflexiones sobre una

hambur-guesa, Ryu Ha con su Iremos a Apkujong-dong cuando sople el viento y Ham

Min-bok con su poemario Promesas del capitalismo, donde se exhiben esos deseos humanos hinchados por el hambre, en un espacio cultural estética-mente materialista de la que afloran estos poemas con una profunda intros-pección crítica sobre el capitalismo.

También los poemas de Kim Tae-hyung, Lee Won, Sung Ki-wan y Seo Jung-hak son productos de una reacción contra los mecanismos de una so-ciedad postindustrial, tan corrosivos para la cultura popular. Kim Sin-yong se interesa por la cara oscura de la postindustrialización, a primera vista siempre tan esplendorosa, y ofrece a través de su escritura, consuelo a los afligidos, cuando su mismo entorno era tan difícil como doloroso.

Apareció una corriente poética en busca de un espacio lírico desurba-nizado: los poemas ecológicos, donde las ciudades son descritas de manera grotescamente consumista. La contemplación de la naturaleza siempre ha sido algo inherente a la poesía, pero es mucho más significativa cuando nos enfrentamos a una situación de crisis, que conocemos como «era del capi-talismo consumista», cuya reflexión se basa en la civilización urbana y en el egocentrismo humano, para reconocer la naturaleza, el medio ambiente y la ecología como horizontes más generosos. Los poemas ecológicos de la época se interesaron por temas muy variados: la naturaleza como una pro-puesta alternativa a la decadencia de la vida mundanal, testimonios de me-dios ambientes dañados, búsqueda de vidas más auténticas, cumplimiento de una ética ecológica o la poesía zen, con inclinaciones hacia el espiritua-lismo. Pertenecen a este grupo los poetas Kim Chi-ha, Chong Hyon-jong, Kim Kwang-Kyu, Jo Jeong-kwon, Choi Seung-ho, Ko Jin-ha, Kim Sa-In, Lee Mun-jae, Ko Jae-jong, Lee Yun-hak, Cha Jang-ryong, Park Hyung-jun, Lee Jeong-rok, Mon Tae Jun y Kim Keun.

Kim Sa-In se dirige a lo hondo del paisaje y abraza a los desahuciados de la gran corriente del mundo, buscando proporcionarles un alivio al alma. El universo perdido está en el fondo del paisaje, donde reside la posible recu-peración de la naturaleza humana. Mon Tae Jun es otro de los poetas reflexi-vos, con versos que fluyen como «profundos silencios aterciopelados» que fusionan el presente con antiguos recuerdos que remontan la inconciencia ecológica y se proyectan hacia la naturaleza, fuente de la poesía lírica. El poeta Kim Keun canta también la comunión entre la naturaleza y el ser hu-mano, y lo hace con ritmos suaves, pero cargados de fuerza vital.

Asimismo, destaca el papel de las poetizas, que por medio de la poesía, han trabajado por encontrar su identidad femenina. Las condiciones socio-culturales en las que se desarrollan los discursos de la posmodernidad y la estética de lo femenino, posibilitaron recuperar valores dañados e indagar so-bre su verdadero sentido, un sentido de la feminidad desligado prácticamente

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de la maternidad y del machismo. Muchos de los poemas de Chun Yang-hee, Kim Seung-hee, Kim Hye-sun, Kim Jeong-ran, Hwang In-suk, Hu Su-kyung, Ra Hee-duk, Li Jin-Mieung, Choi Jeong-rye, Ann Heon Mi son esfuerzos líri-cos en los cuales, pese a la individualidad tan distinta de cada una de ellas, se exploran posibilidades de recuperar la alteridad femenina frente a un orden masculino y de redescubrir su propia ontología. La feminidad despierta el inte-rés por el cuerpo y sus imágenes, tema recurrente que acaba desarrollando una particular estética para la lírica; pero también por las reflexiones sobre el ra-zón-centrismo y la estética de la posmodernidad. Chung Jin Kyu, Kim Myong-In, Lee Chang-ki, Chae Ho-ki, Ryu Ha, Kim Ki-taek son algunos de ellos.

Los imaginarios deseos de los poemas de Lee Seung-hun y Park Sang-sun, más un espíritu experimental, subversivo y, a veces, hasta destructivo llevaron a la poesía a una profunda renovación estética. A principios del si-glo xxi, Hwang Byung-sung fue reconocido por sus poemas peculiarmente experimentales; Lee Byungryul, por su estética de la ambigüedad que tantea los recovecos de la verdad, ambigua al parecer, por entre los abismos más turbios de la realidad. Kim Kyung Ju, por la música, añorando tiempos y es-pacios irreales para este mundo, tiempos y eses-pacios inalcanzables, mártires del lenguaje y de los ritmos de su poesía.

Los escritores, en su condición de humanos, fueron también seducidos por la sociedad de consumo, por el lujo y los placeres, aunque muchos de ellos la criticaron desde el primer momento y dejaron claro su rechazo. En las novelas de Yun Dae Nyeong, Lee Sun-won, Kim Hoon, Kim Young-ha, Park Min-gyu aparecen personajes que son empedernidos consumidores de la cultura popular, gente libre que vive fuera del orden y de las costumbres sociales. Son nuevos estilos de vida y nuevos valores, pero vistos de forma negativa por lo banal y superfluo de sus condiciones.

En ocasiones, la revisión crítica se lleva a cabo por la mitología, por ejemplo Yun Dae Nyeong, que en muchas de sus novelas, sea en

Correspon-dencias sobre pescas de pez plateado, o bien en Cría de golondrinas, sus

pro-tagonistas, desesperados de la realidad, sueñan con regresar a los orígenes y a la primitividad de la existencia. Los personajes masculinos buscan el senti-do de la vida con un personaje mediasenti-dor que suele ser femenino, ansiosos de escapar de la vulgar vida diaria. La narrativa de Yun Dae Nyeong, centrada en la realidad y en su alejamiento de ella, en un viaje de retorno a la eterni-dad, destino al origen, regreso y descubrimiento del nuevo nacimiento, tiene una estructura monomitológica. Sus novelas han sido muy bien acogidas por los lectores. Sus impresionantes descripciones de la juventud, jóvenes de alma melancólica y mente deambulante, lo elevaron al liderazgo técnico y estético del mundo novelístico de la década de los noventa.

Lee Sun-won, en su obra En Apkujong-dong no hay salida de

emergen-cia, hace una crítica muy dura de la sociedad consumista, cuya alternativa,

según el libro, está en la virtud y en la sabiduría de la vida tradicional. En otras novelas, como Susaek, motivos de sus sombras o en Reflexiones sobre

una medusa, retrocede a épocas pretéritas en busca de la inocencia perdida.

Kim Hon acentúa su tono humanista, meditando sobre las heridas históri-cas desde un punto de vista metafísico. El canto de la espada se basa en la crónica de un personaje histórico, pero esconde en el fondo una pregun-ta existencialispregun-ta desesperadamente humana. En sus páginas, la historia es superada por la imaginación, pero una imaginación alimentada por la me-tafísica, pues Yi Sun-shin, personaje descrito con maestría por Kim Hon, muere para superar la misma muerte. Kim Young-ha y Park Min-gyu son los vanguardistas de la cultura. Kim Young-ha trata de vencer el dolor y la inestabilidad de la realidad, jugando con nociones culturales que recrean estilos diferentes, lejos de los manidos estereotipos. Sus personajes, que en general padecen de cierta vacuidad psicológica, experimentan alucinaciones debido a las crisis existencialistas que acarrean las sociedades consumistas y los ideales de la posmodernidad. Tengo derecho a destruirme es la histo-ria de un pequeño diablillo de fines del siglo, que cree que la vida está más enferma que la muerte. Este personaje se salta los límites entre la realidad y la cultura, entre lo real y lo virtual, entre Eros y Tanatos, e intenta cons-truir una pequeña fisura en la melancolía y el tedio contemporáneos. Park Min-gyu frecuenta también el mundo de la cultura popular y del deporte, en un intento de llegar a conocimientos que subviertan la narrativa, con argumentos capaces de sintetizar el delirio cultural. Su postura es de burla y crítica hacia los cánones generales y lo hace desde una visión minorita-ria. En Pavana para una infanta difunta trata de dar sentido a verdaderas excusas imaginativas para llegar a una estética de la minoría. Una de las peculiaridades en la narrativa de esta época está en las aportaciones hechas por las escritoras. Shin Kyung-sook, Gong Ji-young, Eun Hee-kyung, Kim In-sook, Su Ha-jin, Jo Kyung-ran, Chun Gyeong-rin, Ha Seong-nan, Bae Su-ah, Kwon Yeo-sun, Yoon Sung-hee, Pyun Hye-young, Han Yujoo critican el orden y las costumbres de la sociedad machista, pero desde los deseos de una mujer. Sus novelas defienden la emancipación femenina por medio de protagonistas que buscan escapar del yugo familiar y realizarse como mujeres a través de la liberación sexual. Shin Kyung-sook es una de las es-critoras con más personalidad estética. Sus obras son excelentes muestras de añoranza por lo inasequible o por amores no correspondidos, con un estilo en el que las sensaciones parecen notas musicales que se tensan para expresar lo inexpresable y alcanzar lo inalcanzable. Eun Hee-kyung recrea

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la problemática de las relaciones humanas dentro de las sociedades moder-nas a través de la visión delicada y serena de una mujer madura. Su interés mayor radica en qué hacer y cómo para conseguir una verdadera comuni-cación entre los sujetos. Su primera novela, El regalo de ave, relata los «mo-dos y las costumbres» que dieron sentido a la vida cuando la razón de la historia andaba sumergida en el escepticismo. También la obra Creen en el

amor de Kwon Yeo-sun cuestiona las relaciones humanas, tan enrevesadas

y llenas de heridas, para preguntarse por qué los seres humanos tardamos tanto en alcanzar la iluminación de las cosas. Entender el significado del amor después de separarse del amado significa agravar aún más las heridas. Las novelas de Yoon Sung-hee son obras de consuelo, obras en las que pre-tende comprender a los desvalidos sin consuelo, enpre-tender su sentido exis-tencial de la vida. Sus textos no tienen una definida argumentación, pero están cargados de imágenes que provienen de sensaciones y de sentimientos que afloran con una fuerza inimaginable. Se ofusca en las heridas y en la desesperación de Der Einzelne para intentar sanar aquello que se mantiene incurable en la distancia. Pyun Hye-young adopta en sus obras un realismo de lo más grotesco, con imágenes catastróficas que impresionan hasta en este siglo xxi. Su intención de hacer cuanto más real la desesperación en la que vivimos, le obliga a poner en marcha una imaginación terrible, hasta el extremo de un hardcore, que, sin embargo, consigue que sus lectores experimenten la catarsis a través del terror, terror que suele ir acompaña-do de acompaña-dosis de compasión. Por otra parte, Han Yujoo desafía la lengua en una época inundada de palabras. Su narrativa reacciona contra el mundo y el ser humano, contra una cultura repleta de palabras vacuas e historias, desesperada ella misma por la vulgaridad y la maldad que imperan en esta cultura en la que se escribe por mero artificio, sin requerimientos artísticos ni temáticos que exijan seriedad. Esta desesperación la lleva a indagar sobre el valor de una narrativa de carestía con un estilo que, a su vez, sea reflejo de las mismas carencias. Sus obras son de una gran originalidad en muchos aspectos. Reflexiona sobre las posibilidades del cuento, más que interesarse en contar algo, y cultiva la tensión en las palabras y en sus sentidos con mur-mullos monologados, en vez de crear diálogos elocuentes.

Aún me quedan muchísimas más cosas que contar sobre la literatura coreana, pero si ustedes se animan a leer todas las obras incluidas en esta antología, comprobarán que sobran las palabras para darse cuenta de cuán atractiva es nuestra literatura, una literatura abierta que siempre se ha ca-racterizado por su interés en comunicarse con los lectores del mundo z

Traducción del coreano de Seong cho-lim y Kwon eun-hee

Yi Sang

Cuatro poemas

Poema 5

El único punto donde se distancian la cara anterior y la posterior, la parte derecha y la izquierda

nadie puede volar aunque tenga alas grandes ni puede ver aunque tenga grandes ojos.

Caí delante del dios pequeño y grueso, y me lastimé.

¿Habrá alguna diferencia entre las vísceras humanas y un establo inundado?

julio de 1934

Paseo de

es mi amoureus Si una culebra hecha de papel es una culebra hecha de papel,

es una culebra. ha bailado.

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Me siento estremecer cuando las zapatillas no despegan del suelo. Los ojos de son las pupilas del invierno.

piensa que la bombilla eléctrica es el sol en su tercer grado. x

¿Adónde se marchó ?

¿Acaso está aquí la punta de la chimenea? Mi respiración es normal.

¿Para qué sirve el tunsgteno? (Para nada.)

Una línea recta al curvarse

se iguala al platino y su factor reflectante. , ¿estás escondido debajo de la mesa? x

1 2 3

El 3 pretende conquistar el común múltiplo. No ha llegado el telegrama aún.

julio de 1931

La nerviosa obesidad del triángulo

es mi amoureuse ¿Cuántas veces has ganado en la lucha libre?

Veo que sólo tienes una espalda dentro del abrigo Soy un instrumento musical roto por las respiraciones

Aunque me colme una insoportable soledad, no haré x x. Así mi vida se multiplicará como los colores primarios. Sin embargo, me desplazo como una caravana.

Sin embargo, me desplazo como una caravana.

agosto de 1931

El memorándum número 6 sobre la línea

Estudio de la dirección por medio de los números 4 4

La dinámica de los números

La naturaleza del tiempo (la historicidad de acuerdo al sentido común) La velocidad y la coordenada y la velocidad

+ + 4 + + 4 etc.

El hombre es una hipótesis perpetua entre lo que no se halla en la estática y el fenómeno. Desista de la objetividad.

Un conjunto de subjetividad sistematizada, así como la lenta cóncava compuesta por ella.

4 es el cuarto mundo1

1 En coreano la pronunciación «sa» es homófona del número cuatro y de la muerte. El cuarto mundo, el de la muerte.

4 4 4 4 4 4 4 4

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2 2 L u v i n a / i n v i e r n o / 2 0 1 1

4 nació el 12 de septiembre de 1931.

4 ha sido seleccionado entre el protón como núcleo del protón, y lo asociado al protón.

Estudio del cálculo general como la estructura atómica.

Clasificación del resultado de acuerdo a las características del número que divide la masa y su estructura con relación a las diferentes direcciones.

El número como un instrumento algebraico; el número como uno numérico.

El número como un instrumento numérico; el número como uno numérico.

(Las investigaciones acerca del mal de 12345567890 y el lugar rechazado del sentimiento poético)

(Aspectos generales de los números, características generales de los números, el uso de la conjugación de los números y la extinción de los números)

La fórmula tiene que ser calculada por medio de la luz y del hombre, aquel que viaja más rápido que la luz.

No tiene sentido que el hombre no se sacrifique por una estrella, la esfera celestial.

Organiza primero la investigación sobre el alcance de la gravitación entre las estrellas, y el cambio de la función matemática de aceleración con el fin de igualar el alcance de la gravitación.

12 de septiembre de 1931 VerSioneS del coreano de whangbai bahK

Del libro A vista de cuervo y otros poemas. Poesía completa (Verbum, Madrid, 2003).

Primero arranca esa foto y úsala para limpiarte el culo

Primero arranca su fotografía y úsala para limpiarte el culo. Rompe la foto de ese malvado sujeto,

tírala sin prisas al desagüe y larguémonos del podrido ayer.

En el lugar preciso en que estaba su estatua levantemos un primer pilar de la democracia, levantemos un espléndido monumento

a nuestros estudiantes sagrados, los mártires caídos. Ah, rápido, larguémonos de nuestro podrido ayer. No hay nada a qué temerle ahora,

está bien prenderle fuego a su retrato: la sonriente foto de ese malvado sujeto,

el mismísimo símbolo de lo fraudulento, de la adulación, de todo tipo de [vicio... encajada hasta los últimos rincones y ranuras de la tierra,

la distinguida cara de ese sujeto en una foto: en oficinas de barrio y en ayuntamientos, en todos los despachos de todas las compañías, en esta y aquella asociación, en clubes,

por no mencionar bares, comedores, zapaterías, tiendas de comercio, gasolineras,

librerías, escuelas, cada primaria del país, en guarderías infantiles; venerada en todo sitio por los honrados ciudadanos,

quienes miraban fijamente, mañana y noche, esa foto. Era en verdad emblema de opresión y tiranía,

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fotografía de un sujeto putrefacto, y, ah, la imagen de un asesino...

Tú y yo, y hermanas y hermanos y madres, Chul-su y Yong-sik, señor Kang, sargento Yu,

teniente coronel Kang, todos sabíamos lo que era en realidad ese tipo, pero nos aguantamos, temerosos, callados con tal de mantenernos vivos, con miedo a ser tildados de Rojos,

porque era conveniente, con tal de ganar plata, con tal de proseguir con nuestras vidas miserables,

venerábamos su rostro circunspecto como si fuera el altar de nuestros [antepasados mas todos conocíamos al fulano hasta el fondo de sus entrañas;

pero por pura inercia, por la fuerza de la costumbre, siempre en un susurro,

sin poder decir todo lo que queríamos, totalmente desgastados y exhaustos, seguíamos siempre aguantando la fotografía de ese malvado sujeto

hasta hoy: hoy es el día en que debe firmemente ser rota en pedazos. Usémosla para limpiarnos el culo.

Usemos la foto de este fulano para, con gravedad, limpiarnos el culo. Riendo alegremente, usémosla para limpiarnos el culo.

Riendo con júbilo, usémosla para encender briquetas de carbón. ¿Está mojada la paja en la casa del perro?

Esparzamos ahí la foto de este tipo...

La democracia se ha convertido en un asunto de sentido común. La libertad se ha convertido en un asunto de sentido común. Nadie nos regañará.

Nadie nos arrestará.

Desde las barracas del ejército, desde las casas de los inspectores de escuelas, desde los hogares de los servidores públicos y los policías,

desde los cuartos de los vigilantes, desde los cuartos de los comandantes [de división, desde los cuartos de los oficiales en jefe de información, en esta tierra

[que ha encontrado la democracia, desde las oficinas de maestros en esta tierra que ha encontrado la democracia,

desde las estaciones de policía y las casetas policíacas después del 19 de [Abril, desde las casetas policíacas ahora amistosas con cualquier paseante, desde los hogares de servidores públicos

que no se involucran más en fraudes ni sobornos, y desde todas las estaciones de trenes,

la fotografía de ese sujeto debe romperse y ser destruida. Primero en los lugares más a la mano:

en orden, una por una, siempre con gentileza, sin prisas,

sonriendo.

Young-suk, Ki-hwan, Chun-suk, Jun, Man-yong, Presidente Kim, señorita Lee,

Jung-sun, joven Park, Jung-sik:

arranquen en silencio y destruyan la fotografía de ese sujeto. Primero en los lugares más a la mano:

en orden, una por una, siempre con gentileza, sin prisas,

sonriendo.

Arranquen en silencio y destruyan la fotografía de ese sujeto

tan malvada, tan inhumana que te hace estremecer.

(a primeras horas de la mañana, abril 26, 1960) VerSión del coreano de Kim hyeon-Kyun

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Kim Young-ha

Tengo derecho a destruirme

(parte 1)

La muerte de Marat

Estoy viendo la muerte de Marat, pintura al óleo realizada por Jacques-Louis David en 1793, impresa en un libro de arte. El revolu-cionario Jacobino Jean-Paul Marat ha sido asesinado y yace en su tina. Su cabeza está envuelta en una toalla, como un turbante, y su mano, que cuelga junto a la tina, sostiene una pluma. Marat ha expirado y — sanguinolento— se arrellana entre los colores verde y blanco. La obra exuda una serena quietud. El fatal cuchillo yace abandonado en el fondo del lienzo.

Varias veces he intentado copiar esta pintura. La parte más dif ícil es la expresión de Marat; siempre la hago demasiado sosegada. En el Ma-rat de David no se percibe ni el abatimiento de un joven revolucionario tras un ataque repentino ni el alivio de un hombre que ha escapado a los tormentos de la vida. Su Marat está en paz aunque dolido, lleno de odio pero también de entendimiento. Mediante la expresión de un muerto David cristaliza el conflicto interno de nuestras emociones más profun-das. Al ver esta pintura por primera vez, nuestros ojos tienden a posar-se inicialmente en el rostro de Marat. Pero su rostro no nos dice nada, así que la mirada se mueve en una de dos direcciones: hacia la mano que se aferra a la carta o hacia la mano que cuelga flácidamente junto a la tina. Aun muerto se mantiene asido a la carta y a la pluma. Marat fue asesinado por una mujer que le había escrito antes, y justamente se encontraba esbozando una respuesta a aquella carta. La pluma que Marat agarra en su muerte le inyecta tensión a la calma y serenidad de la escena. Todos habríamos de emular a David. La pasión de un artista no debería crear pasión. La virtud suprema de un artista es la frialdad y la distancia.

La asesina de Marat, Charlotte Corday, perdió su vida en la guillotina. Corday, una joven Girondina, decidió que Marat debía ser eliminado. Era el 13 de julio de 1793; tenía veinticinco años de edad. Inmediatamente arrestada tras el incidente, Corday fue decapitada cuatro días más tarde, el 17 de julio.

El reinado de terror de Robespierre fue puesto en marcha con la muer-te de Marat. David enmuer-tendió el imperativo estético de los jacobinos: una revolución no puede progresar sin que el terror la impulse. Con el tiempo esa relación se invierte: la revolución progresa sólo para impulsar al te-rror. Como un artista, el hombre que crea terror debe guardar distancia, tener sangre fría. Debe tener en mente que la energía del terror que libera puede consumirle. Robespierre murió en la guillotina.

Cierro mi libro de arte, me levanto y tomo un baño. Siempre me lavo meticulosamente en los días que trabajo. Después de bañarme, me afeito con cuidado y voy a la biblioteca, donde busco clientes y echo un vistazo a materiales potencialmente útiles. Es una labor lenta y sosa, pero avanzo pesadamente. A veces no tengo cliente alguno durante meses. Pero puedo sobrevivir medio año si consigo sólo uno, así que no me importa invertir largas horas en la investigación.

Usualmente leo libros de historia y guías de viaje en la biblioteca. Una sola ciudad contiene decenas de miles de vidas y cientos de años de his-toria, así como la evidencia de su entretejido. En las guías de viaje, todo esto se comprime en unas cuantas líneas. Por ejemplo, una introducción a París comienza de esta forma:

Lejos de ser sólo un lugar secular, París es la tierra sagrada de la li-bertad religiosa, política y artística, alternativamente esgrimiendo dicha libertad y deseando en secreto conseguir más de ella. Conocida por su espíritu de tolerancia, esta ciudad ha sido el refugio de pensadores, artis-tas y revolucionarios como Robespierre, Curie, Wilde, Sartre, Picasso, Ho Chi Minh, y Khomeini, junto con muchas otras figuras inusuales. París tiene grandes ejemplos de excelente planeación urbana del siglo xix, y al igual que su música, arte, y teatro su arquitectura abarca todo, desde la Edad Media hasta las vanguardias, y en algunos casos va más allá de las vanguardias. Con su historia, innovaciones, cultura y civilización, París es una necesidad en este mundo: si París no existiera, tendríamos que inventarla.

Una palabra más sobre París sería superflua. Tal concisión explica mi gusto por las guías de viaje y los libros de historia. La gente que no sabe

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resumir no tiene dignidad. Tampoco tiene dignidad la gente que alarga innecesariamente su desordenada existencia. Aquellos que no conocen la belleza de la simplificación, o de podar todo lo que no es necesario, mue-ren sin compmue-render el verdadero significado de la vida.

Siempre salgo de viaje cuando recibo el pago al final de un trabajo. Esta vez iré a París. Estas pocas líneas en la guía de viajes son suficientes para picar mi curiosidad. Pasaré los días leyendo a Henry Miller o a Oscar Wilde o bocetando a Ingres en el Louvre. El hombre que lee guías de viaje durante el viaje es un aburrido. Leo novelas cuando viajo, pero no las leo cuando estoy en Seúl. Las novelas son la comida para las horas sobrantes de la vida, los entretantos, los momentos de espera.

En la biblioteca, primero hojeo las revistas. De todos los artículos, las entrevistas son lo que más me interesa. Si tengo suerte, encuentro clientes en ellas. Los reporteros, armados con baratas sensibilidades de mediana cultura, ocultan las características de mis clientes potenciales entre líneas. Nunca preguntan cosas como «¿Alguna vez ha sentido el impulso de matar a alguien?». Y es obvio que jamás se preguntan «¿Cómo se siente usted cuando ve sangre?». No le enseñan al entrevistado pintu-ras de David o Delacroix para pedirle sus impresiones. En vez de esto, las entrevistas están llenas de parloteo sin sentido. Pero a mí no me engañan; capto una chispa de posibilidad en sus palabras vanas. Desentierro pistas en el tipo de música que prefieren, las historias familiares que a veces revelan, los libros que pegan en algún nervio, los artistas que aman. Las personas tienen el deseo inconsciente de revelar sus impulsos internos. Están esperando a alguien como yo.

Por ejemplo, un cliente una vez me dijo que le gustaba Van Gogh. Le pregunté si le gustaban sus paisajes o sus autorretratos. Titubeo, y luego me dijo que prefería sus autorretratos. Siempre observo de cerca a aque-llos que se pierden a sí mismos en autorretratos. Son almas solitarias, inclinadas a la introspección, que de verdad han luchado de frente con su existencia. Y saben que tal introspección, aunque dolorosa, es secreta-mente exhilarante. Y si alguien me pregunta qué tipo de pregunta elabo-raría yo, me doy cuenta de que esa persona se siente sola. Pero no todos los solitarios son clientes en potencia.

Después de hojear revistas, reviso periódicos. Leo todo con cuidado, de obituarios a avisos oportunos —en especial aquellos avisos que bus-can un tipo particular de persona. También leo la sección de negocios. Me enfoco en artículos sobre compañías que alguna vez fueron prósperas pero que ahora están al borde de la bancarrota. También pongo mucha atención en las fluctuaciones del mercado de valores, ya que las acciones

son las que primero anuncian un cambio social. En la sección cultural, noto las tendencias actuales en el mundo del arte y los tipos populares de música. Por supuesto, los libros recientes son también tema de interés. Leer estos artículos me ayuda a descifrar los gustos actuales de mis posi-bles clientes. Mis conocimientos sobre sus tipos favoritos de música, arte y literatura ayudarán a que la conversación fluya libremente.

A veces, al salir de la biblioteca, me detengo en Insadong a ver arte o me dirijo a alguna megatienda de música a comprar cd. Si tengo suerte, me encuentro con un cliente en potencia deambulando por las galerías. Busco personas absortas en el estudio enteramente deliberado de alguna pieza de arte, personas que nunca dan un solo vistazo a sus relojes —in-cluso en un sábado por la tarde. Estas personas no tienen otro lugar a donde ir; no tienen que encontrarse con nadie más tarde. Y las pinturas que los cautivan, que los mantienen completamente paralizados en un lugar durante largo tiempo, delatan inadvertidamente los deseos más pro-fundos de quienes las observan.

Al anochecer me dirijo a mi oficina en el séptimo piso de un ruinoso edificio en el centro de la ciudad. En mi oficina sólo tengo teléfono, es-critorio y computadora. Ni siquiera tengo que ver al casero pues pago mi renta en línea. Cuando llego, apago la contestadora y espero a que sue-ne el teléfono. Alrededor de la 1:00 a.m. usualmente ya he recibido unas veinte llamadas. Llaman en respuesta a mi anuncio en el periódico: «Es-cuchamos sus problemas». Habiendo leído esta frase sencilla, esperan a que anochezca para marcar. Hablo hasta la madrugada con gente con dis-tintos problemas: una chica que es violada por su padre, un homosexual que está a punto de ser reclutado por el ejército, una mujer que le es infiel a su novio, una esposa que es golpeada por su esposo. Escucho historias que nunca descubriría en ninguna biblioteca, librería o galería de Insa-dong durante el día. Así es como encuentro a la mayoría de mis clientes.

Después de unos cuantos minutos, puedo elucidar el nivel de educa-ción, gustos y disgustos, y circunstancias económicas de cualquiera. Pue-do detectar y seleccionar a un cliente en ciernes con este tipo de informa-ción. Me gusta el poder seleccionar a mis clientes.

Pero hay escollos. El hecho mismo de que las personas que llaman aún tengan voluntad de conversar con alguien significa que no están lo suficientemente desesperadas como para solicitar mis servicios. Así que tomo una dirección distinta de la que toman los consejeros comunes, que escuchan los relatos sin ofrecer soluciones. Los escucho sólo hasta poder descifrarlos, luego los acoso con mis consejos. No tiene sentido continuar escuchando a la chica que es violada y golpeada por su padre

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todas las noches. Todo lo que puedo decirle a la chica, que ya tiene dieci-siete, es que debe huir. Pero un consejero común le diría que se quede, que se aguante, y que llame a organizaciones civiles o a la policía para pedir ayuda. Estos consejeros ignoran la esencia del problema y la simplicidad de la solución. No es como si la chica no supiera qué es lo que debe hacer.

Si la persona que llama reacciona positivamente a mi provocación, permito que la llamada continúe. Ella siente alivio y limpieza. Cuando considero que el momento es apropiado, agrego: «Si tu padre es así, ¿por qué no matarlo?». Si responde con cautela, le digo que sólo estaba bro-meando. Por otro lado, si no cuelga, es una señal de que le interesan mis métodos. Pero yo no aliento hacia el asesinato. Esta clase de comentario incendiario es meramente una forma de extirpar a las personas que no deseo. No tengo interés en que una persona mate a otra. Sólo quiero ex-traer deseos mórbidos, aprisionados en lo profundo del inconsciente. Este gran deseo, una vez liberado, comienza a crecer. La imaginación de la persona que llama corre libremente, y ella pronto descubre su verdadero potencial.

Cuando creo que alguien tiene potencial, le propongo una cita. No en mi oficina, por supuesto. A veces vamos por un trago, o a una exposición, o a una película. A veces, muy pocas veces, cuando se trata de un cliente muy importante, salimos juntos de viaje. Con importante no quiero decir alguien que pague mucho dinero sino alguien que estimule mi creativi-dad. Es dif ícil encontrar a alguien así, pero cuando esto sucede, mi felici-dad no tiene límites. Pero nunca revelo esto frente a ellos. Ellos no saben nada de mí: ni mi nombre, ni mi pueblo natal, ni las escuelas a las que fui, ni siquiera mis aficiones. Oculto mis gustos con una plática incesante. Sin comprender, sacuden sus cabezas en desaprobación, ya que evado sus expectativas sobre mi persona. Pero esto debe esperarse, pues en realidad nadie sabe gran cosa sobre un dios.

Hablo, hasta el momento en que me despido del cliente, sólo para conseguir su historia familiar y los años de su infancia, sus historias de amor, sus éxitos y fracasos, los libros que ha leído, y la música y el arte de su preferencia. La mayoría de las personas cuentan sus historias sin oponer gran resistencia. Cuando lo hacen, son honestas. Algunos quie-ren deshacer el trato una vez que escucho todo lo que tienen que decir. Les regreso su dinero, exceptuando el depósito. Pero muchos de ellos regresan después. Cuando lo hacen, llevan a cabo el resto del contrato sin más discusión.

Cuando termino un trabajo, realizo un viaje. Cuando regreso, escribo sobre el cliente y nuestro tiempo juntos. Mediante este acto de creación

aspiro a convertirme cada vez más en un dios. Sólo hay dos formas de ser un dios: por medio de la creación o del asesinato.

No todos los contratos que se llevan a cabo se convierten en relatos. Sólo los clientes que valen el esfuerzo renacen mediante mis palabras. Esta parte de mi trabajo es dolorosa. Pero este arduo proceso pone en evidencia la simpatía y el amor que siento por mis clientes.

Shakespeare alguna vez dijo: «¿Es pecado entonces / Correr hacia la morada secreta de la muerte / Antes de que la muerte se atreva a venir a nosotros?». Cientos de años más tarde, la poeta Sylvia Plath lo llevó más lejos. «El chisguete de sangre es poesía / No hay forma de detenerlo». La mujer que escribió esto terminó su vida abriendo la válvula de gas de su estufa.

Mis clientes no tienen el talento literario de Sylvia Plath, pero diseñan el fin de sus vidas con la misma belleza que ella. Sus relatos escritos ya suman más de diez. Planeo soltarlos lentamente hacia el mundo. No nece-sito un adelanto ni regalías. Tengo suficiente dinero para mantenerme. Y eso sería faltarle al respeto a mis clientes. Planeo meter los escritos en un sobre, sin condiciones o exigencias, y enviarlos a un editor. Me esconderé entonces, sin forma, y observaré la resurrección de mis creaciones.

Enciendo la computadora y comienzo a abrir archivos protegidos por contraseña. El primer archivo cuenta la historia de una joven mujer que me contrató hace dos inviernos z

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Pasillos

Hacia el estómago voy, comenzando con las fieras mandíbulas y acaban-do en el sagraacaban-do ojo del culo, me mete a la fuerza y en este tubo largo y redondo no hay escamas ásperas y centellantes, sólo carne suave, suelo y paredes en flácida fluctuación, con puertas que cuelgan de una negra humedad, tantas puertas y cada una con su viscoso picaporte, cuyas di-recciones desconozco y, pues, quién puede decir si las puertas abren hacia adentro o hacia afuera, quién puede decir si este lugar está dentro de su estómago o dentro del mío, si yo soy alimento, o él, el alimento de aquél, si soy yo o somos él y yo el almuerzo de otro con pedazos pequeños de carne dispersa a lo largo del hueso, me refiero a la carne de mi cuerpo que aún no ha sido digerida y huele fétida y podrida y desde las fieras mandíbulas, afuera de su tiempo y del mío, él traga un tazón de saliva babeando de un caballo cayendo como la lengua de un perro en la canícula y aunque hemos llegado aquí no podemos ni entrar ni salir así que tendremos que quedarnos hasta que el viento del sagrado ojo del culo salga siseando y él me meta a la fuerza a su estómago, cada vez más hondo mientras que el viento huele a viudo que ha permanecido fiel a su esposa muerta toda su vida, tomando con brusquedad mi mano delgada, gira el resbaladizo picaporte y en un relampagueo su cara cambia a algo que no es ni com-pletamente ajeno a él ni tampoco del todo parecido antes de hacerse bo-rrosa de nuevo. Me pareció que había demasiadas condenadas puertas y picaportes aunque quizá no había nada de eso. Finalmente, aquí, dentro de este lánguido estómago que se retuerce sin cesar ni totalmente adentro ni totalmente afuera sin saber siquiera mi propio paradero, yo...

Kim Keun

Rojo, rojo

El corazón amarillento, su sangre completamente drenada, desaparece hacia el fondo de un callejón, girando en soledad sus venas tostadas. El dolor viene a continuación. En la negra parada de autobús, el hombre da vuelta a su barriga como una rana de vientre rojo. Su barriga es roja. Rojamente el hombre se queda quieto. Hay demasiadas protuberancias en el camino. Rojamente se seca. Pronto será quebradizo, se hará invisible. Aunque el corazón que perdió su color está de regreso, no habrá forma de que él lo encuentre. No se puede saber, no hay forma de saber si una camada de rojos retoños estará arrastrándose o saltando, o girando alre-dedor de la negra parada de autobús.

Una fiesta, una fiesta

Arriba en el techo los caballos se han soltado las bridas. Relinchan de risa. Los ancianos han hecho una fiesta, una fiesta, sus rostros carmesíes, o pálidos, todos aquellos que se ahogaron, murieron de hambre, o fueron baleados, como hijos, hijas, nueras, nietos y nietas, se reúnen. De la nada, clip-clop, clip-clop, el sonido de los cascos de los caballos arriba en el techo. Las ancianas se acuestan sobre la mesa. Sus arrugas se van pla-neando lejos de sus cuerpos. La mesa de la fiesta está colmada de arrugas descartadas y las ancianas son engullidas por completo. Piel, entrañas, tendones, incluso sesos, todo es sorbido y devorado, luego los huesos son chupados hasta quedar blancos mientras que el techo está en silencio y los caballos sin bridas se dispersan por el cielo, carmesíes, carmesíes, relin-chando de risa. Los ancianos sin dientes muestran sus encías negras, los caminos vivaces y saltarines dan un vistazo a la mesa de la fiesta. Hijos, hijas, nietas, todos se han ido, sin haber podido llegar o partir mientras que las hierbas junto al camino afuera en el crepúsculo se mueven de un lado a otro, pues están en una fiesta, una fiesta z

Referencias

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