Dirk Revenstorf y Reinhold Zey
Aprender hipnosis
Aumento del rendimiento
y superación del estrés
por medio de la autohipnosis
Traducción: MACARENA GONZÁLEZ
1) ¿DE QUÉ TRATA ESTE LIBRO?
1.1. ¿A quién está dirigido este libro?
Es habitual que le preguntemos a alguien qué tal está y nos responda: «Estoy estresado». Los seres humanos nos enfrentamos a situaciones de estrés en todas las circunstancias de nuestra vida, en nuestra actividad profesional y laboral, y en todas las fases del aprendizaje, el trabajo y el desarrollo. El estrés puede ser el motor que nos impulsa a conseguir un buen rendimiento, pero también puede reducirlo o incluso anularlo por completo. ¿Quién no lo sabe?
Este libro está dirigido a las personas que quieren desarrollar su capacidad para enfrentar algunas situaciones de estrés específicas: la adquisición de conocimientos y destrezas (el aprendizaje, la ejercitación, etc.), la exposición de conocimientos (conferencias, ponencias, entrevistas de trabajo, etc.) y la superación del miedo, del estrés y de las confrontaciones.
Es conveniente que el lector sienta de antemano cierta curiosidad por conocer los métodos de la hipnosis, porque así le será más fácil sacar provecho de ellos.
En los últimos años ha crecido el interés -tanto general como científico- por la hipnosis. La investigación ha contribuido a perfeccionar las técnicas hipnóticas y demostrar su eficacia. Tras realizar numerosas investigaciones sobre el modo en que actúa la hipnosis, emprendimos la tarea de escribir un libro para la vida cotidiana. Hemos intentado transmitir de forma clara y comprensible los conocimientos que adquirimos en nuestras investigaciones sobre la hipnosis y nuestra experiencia en su aplicación práctica.
Éste es ante todo un libro práctico. En él encontrará una serie de técnicas que le permitirán alcanzar un estado hipnótico -lo que se conoce como «trance»- sin ayuda de otras personas. El proceso por el cual una persona se induce a sí misma un estado de trance se denomina autohipnosis. En principio, todas las personas poseen esta capacidad. Mediante algunos ejercicios específicos, usted puede aprender a utilizarla para lograr sus objetivos personales y profesionales.
Nuestro libro está dirigido a todos aquellos lectores interesados por la hipnosis que deseen emplear los conocimientos de la investigación en su propio beneficio, así como a los psicoterapeutas, que podrán extraer indicaciones útiles para su actividad profesional o recomendar este libro a sus pacientes como complemento de la terapia. Cada lector puede consultar el libro en función de sus propios objetivos.
¿Cualquiera puede hipnotizar? Ésta es una pregunta que se plantea a menudo. ¿A quién no le gustaría influir en sus semejantes? Y si es imposible lograrlo de otro modo, ¿por qué no recurrir a la hipnosis? Un antiguo hipnotizador de espectáculo logró superar una grave enfermedad gracias a un tratamiento hipnótico, pero luego dejó de hipnotizar en el escenario. Explicó que durante el tratamiento se había dado cuenta de que, al hipnotizar a otra persona, uno puede entrar en ámbitos de la vida que son impropios de un escenario. Lo mismno ocurre con la autohipnosis: usted puede aprenderla sin reparos, porque la empleará única y exclusivamente consigo mismo.
1.2 El hilo conductor
Si usted observa el índice y hojea este libro, comprobará que entre las indicaciones y ejercicios concretos para aprender o aplicar la autohipnosis, hemos intercalado algunas secciones que incluyen elementos teóricos interesantes acerca de la hipnosis (por ejem-plo, en los capítulos 2 y 4).
En este primer capítulo nos ocuparemos de sus expectativas y objetivos. Casi nadie lee un libro especilizado de cabo a rabo. Por ello explicamos a los lectores diversas formas de asimilar el contenido de este tipo de libros.
En el tercer capítulo incluimos algunos cuestionarios que le permitirán descubrir en qué ámbitos puede sacar provecho de la autohipnosis. En el quinto capítulo conocerá distintas formas de inducir un estado de trance y, en los capítulos sexto a octavo, aplicaciones de estas habilidades.
En el capítulo 9, podrá diseñar su programa de entrenamiento personal; por último, en el capítulo 10 tendrá la posibilidad de aprender a partir de historias.
Para que le resulte más fácil orientarse, hemos incluido al final de cada capítulo un breve resumen de los contenidos desarrollados.
1.3. Un modo sencillo de aprender ¿Quiere lograr pronto su objetivo?
Quizá usted ya conozca la historia del joven que corre calle abajo con su violín bajo el brazo. Desesperado, detiene a un anciano y le pregunta:
-¿Cuál es el camino más rápido para llegar a la sala de conciertos?
El anciano mira al joven impaciente y replica: -Practicar, practicar y practicar. Por mucho que practicaran, no todas las personas tendrían éxito tocando el violín. Pero con la autohipnosis no sucede lo mismo. Se trata de una habilidad natural, como tirar una pelota: todos podemos tirar una pelota y, además, practicando podemos aprender a acertar con la pelota en un blanco. Asimismo, todas las personas tienen la capacidad de
autohipnotizarse y se pueden inducir un estado de trance de manera natural. Y, además, todos podemos aprender a emplear esta capacidad con un fin específico.
El aprendizaje no tiene por qué ser duro. Al contrario: puede ser fácil y hasta divertido. Aprendemos de forma consciente cuando adquirimos conocimientos con un objetivo preciso y de forma inconsciente cuando asimilamos algo de paso, como el paisaje que vemos mientras conducimos. La hipnosis es algo sencillo de aprender. Siguiendo su curiosidad natural, usted aprenderá de forma consciente e inconsciente. Si lo desea, puede emplear desde el principio su capacidad consciente e inconsciente de aprendizaje e ir probando los ejercicios a medida que aparecen en el libro (y recordándolos en la vida cotidiana siempre que se le presente la ocasión). Otra posibilidad es terminar de leer el libro antes de pasar a la práctica. Una vez que adquiera de forma consciente una serie de estrategias útiles, podrá verificar a nivel inconsciente de qué manera es posible aplicarlas en la vida cotidiana.
1.4. ¿Cómo trabajar con este libro?
¿Cuántos libros ha leído usted con interés y aún recuerda, aunque sea vagamente? Si pone en práctica los siguientes consejos, le será más fácil asimilar y retener los principales contenidos de este libro.
Visión de conjunto
Fórmese una idea general del libro para verificar si realmente contiene la información que usted necesita.
Orientación por contenido y extensión
Establezca cuánto tiempo quiere dedicar a este libro. Hojéelo y ceda a la tentación de leer algunos pasajes aislados. Satisfaga su curiosidad.
Selección: elegir es ser libre
No hay ningún inconveniente en que lea primero lo que más le interesa, aun cuando esté en la mitad del libro. Si se da cuenta de que le faltan conocimientos previos que se han expuesto antes, lo único que tiene que hacer es retroceder algunas páginas. Pero tal vez usted sea de esas personas a las que les resulta más fácil leer los capítulos por orden. Pruebe cuál de las dos modalidades prefiere.
Leer «con lápiz»
La mejor manera de leer un libro especializado es tener un lápiz o un rotulador en la mano para subrayar los pasajes importantes y añadir comentarios o ejemplos propios. Con el fin de facilitar esta tarea, hemos dejado algunos espacios en blanco. Pero si no quiere escribir en el libro, puede tomar notas en un papel o en un «cuaderno de ejercicios». Una de las razones para leer este libro «con lápiz» es que la adquisición y asimilación de la información mejoran notablemente
cuando uno hace una elaboración personal de lo que ha leído. De esa forma, a la memoria le resulta mucho más fácil retener la información y evocarla más tarde. Convierta este libro en su cuaderno de ejercicios personal.
Es más fácil estudiar algo si lo divide en pequeñas unidades
Si ha decidido leer este libro con un objetivo concreto, divida el texto en pequeñas unidades. Haga siempre una breve pausa para recapitular lo que ha leído y aplicarlo a su propia situación de forma consciente (de forma inconsciente ya lo hace continuamente).
1.5. Expectativas y objetivos
Formule sus expectativas en relación con este libro (primer paso) y deduzca a partir de ellas los objetivos que quiere alcanzar con el entrenamiento (segundo paso). A continuación, analizaremos más detenidamente estos dos aspectos.
¿Cuáles son sus expectativas respecto a este libro?
Como se ha dicho en la sección anterior, la curiosidad simplifica el aprendizaje. Ser curioso significa tener expectativas. Las personas que hacen un entrenamiento hipnótico o recurren a la terapia hipnótica tienen expectativas diversas. Unos se mueren de curiosidad y ponen sus cinco sentidos en vivir nuevas experiencias. Otros vienen con ideas preconcebidas y saben perfectamente lo que esperan de la hipnosis.
Los que carecen de ideas previas no son conscientes de lo que quieren. Lo único que saben es que podrán sacar algún provecho o que quieren modificar alguna conducta problemática. Ciertas personas desarrollan la estrategia de resolver sus problemas solos, y es muy poco lo que dejan traslucir de su vida interior. En tales casos, la expectativa respecto a la autohipnosis suele estar relacionada con la posibilidad de controlar aún más sus sentimientos.
Pero volviendo a usted: tome conciencia de sus expectativas, pues quien tiene expectativas asimila la información con un objetivo concreto, mantiene vivo el interés y aprende casi sin darse cuenta.
¿Cuáles son sus expectativas?
Lo que espero del entrenamiento es:
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A partir de estos puntos, formule los objetivos concretos que espera lograr con ayuda de este libro.
¿Qué quiere lograr por medio de la autohipnosis?
Los cambios son una parte natural de nuestra vida. En la naturaleza y en nuestro organismo se producen continuas modificaciones. La mayoría de los cambios que ocurren en la naturaleza tienen un objetivo. Las plantas tienden a crecer para alcanzar más luz; las raíces se hunden siempre hacia abajo para obtener agua y alimento. Utilice usted también sus posibilidades naturales de cambio para lograr sus objetivos:
Formule su objetivo de manera positiva
Las expectativas de un entrenamiento hipnótico suelen ser: «Quiero dejar de tener miedo, ....tener menos miedo, ...dejar de temblar, ...dejar de hacer el ridículo, ...no distraerme con los detalles y concentrarme en lo importante, ...no tener miedo de la conferencia o la presentación, o, simplemente, ...no volver a suspender el examen». Antes de formular sus objetivos, haga este sencillo experimento:
No piense en un elefante rosa. Cuando no esté pensando en un elefante rosa, levante el meñique de la mano izquierda. Haga la prueba.
¿Qué tal el ejercicio? Es probable que le haya costado. A no ser que haya resuelto el dilema pensando en alguna otra cosa concreta.
Otro ejemplo: Imagine que entra en una agencia de viajes y dice: «No quiero ir a Alemania». Por más que el empleado intenta averiguar adonde quiere ir, usted insiste en contestar: «A Alemania, no».
El agente de viajes se sentirá desorientado. Con nuestros ejemplos problemáticos ocurre algo muy similar: «No quiero tener miedo», «No quiero suspender el examen», etc.
¿Qué expresan estos ejemplos? Un objetivo formulado de manera negativa es imposible de imaginar y, por consiguiente, de cumplir. Formule sus objetivos en términos positivos. En lugar de «no distraerme», podría proponerse «sentarme en el escritorio y concentrarme en mi trabajo». Pues aunque neguemos algo, como en el ejemplo del elefante, lo que negamos sigue presente en nuestra imaginación. Si usted quiere tener menos miedo, lo mejor es que se concentre en otra cosa que quiera sentir: confianza en sí mismo, seguridad, etc.
L. J. Seiwert dice en su libro Das 1x1 des Zeitmanagements (El abecé de la gestión del tiempo).
Quien piense en lograr su objetivo, logrará su objetivo.
Quien siempre piense en mucho trabajo, tendrá mucho trabajo.
Tómese un momento para repasar mentalmente su vida cotidiana y piense con cuál de sus conductas en las situaciones de trabajo, de aprendizaje y de rendimiento no está satisfecho, en qué casos le gustaría controlar mejor el miedo y el estrés. Imagine cómo le gustaría comportarse. Ésos son los objetivos de conducta que quiere lograr.
Un consejo: para formular sus objetivos, imagínese que domina cada situación como usted aspira a hacerlo.
No se centre sólo en la conducta observable, sino también en sus pensamientos, sentimientos
y sensaciones.
Y bien, ¿adonde quiere llegar en el viaje hacia sus objetivos? Mis objetivos (en palabras clave, positivas y concretas)
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¿Qué es, ante todo, lo que usted desea cambiar: pensamientos, sentimientos, sensaciones o modelos de conducta? Más adelante, retomaremos esta pregunta.
Si ya ha logrado formular sus objetivos con palabras clave, puede pasar a la siguiente sección. De lo contrario, subraye una palabra clave en cada punto de sus explicaciones: lo bueno, si breve, dos veces bueno. Con esas palabras ya es más que suficiente. Si tiene dudas, haga esta prueba:
Ejercicio de palabras clave:
1. Memorice rápidamente sus palabras clave. 2. Cierre los ojos y repítalas.
3. A partir de las palabras clave que ha recordado, explique brevemente las ideas que se esconden tras cada una.
¿Ha podido recordarlo todo? Si este ejercicio le ha parecido demasiado sencillo, aquí le proponemos otro más difícil:
1. Eche una ojeada a lo que ha escrito hasta ahora.
2. Memorice de forma consciente un máximo de cuatro puntos que le parezcan importantes.
3. Aparte la vista. Ahora haga que los distintos puntos vayan desfilando ante su «ojo interior», uno tras otro, y describa lo que recuerde.
¿Está más satisfecho con el resultado? Si lo desea, puede repetir el procedimiento varias veces, añadiendo cada vez otro punto que quiera recordar. De paso, ejercitará su memoria.
Para leer este libro, le será útil poder recordar los puntos clave de lo que ha leído.
1.6 Resumen
En este capítulo se indica a qué personas les puede resultar útil este libro. Se explica cómo aprovechar la lectura y asimilar el contenido. Se indagan las expectativas del lector y los objetivos que espera lograr con ayuda del entrenamiento autohipnótico. Por último, se propone un pequeño ejercicio de memoria para aumentar la confianza en las palabras clave escogidas por uno mismo.
2) SOBRE LA HIPNOSIS Y LA AUTOHIPNOSIS
2.1 ¿Qué es el trance hipnótico?
Trance es todo aquello que no controlamos con la atención consciente. Las cosas en las que tenemos mucha práctica y que constituyen un proceso rutinario las hacemos «como en trance». Por ejemplo, alguien que teje sin mirar, al tiempo que mantiene una conversación animada. Asimismo, solemos estar «en las nubes» cuando miramos una película de suspense o leemos un libro interesante. En esos momentos, nos olvidamos del tiempo, la posición incómoda y el entorno.
Lo mismo ocurre cuando alguien entra en un trance hipnótico. En los procesos antes mencionados, una parte de la percepción y de las propias acciones se disocia de la conciencia, se registra y se lleva a cabo de manera inconsciente. Este fenómeno suele ir acompañado de una gran absorción de la atención consciente: en la vida cotidiana, por una conversación, una película o un libro; en la hipnosis, por las imágenes o percepciones sugeridas.
Con esto ya está dicho lo esencial sobre el estado de trance: la atención disociada, no consciente, se controla involuntariamente y es, pues, de la misma naturaleza que la seguridad intuitiva. Sin embargo, el estado de trance puede presentar diversas cualidades subjetivas. Podemos estar totalmente atentos -como en el cine- o «en las nubes» -como nos sucede a veces cuando soñamos despiertos. En lo referente al estado físico, puede ser muy activo -como correr- o más bien pasivo -como un profundo estado de relajación.
El trance hipnótico no debe confundirse con el sueño, aunque en el siglo XIX se lo considerara como tal. En efecto, la palabra «hipnosis», introducida en 1850 por el médico inglés James Braid, se deriva del vocablo griego hypnos, «sueño». Sin embargo, a partir de la investigación de las ondas cerebrales (electroencefalograma = EEG) se sabe que tanto la hipnosis como la relajación, el entrenamiento autógeno y la meditación son estados de vigilia relajada y presentan un registro EEG de ondas cortas: el llamado ritmo alfa. En cambio, en el sueño el cerebro produce diversos patrones EEG de ondas largas. La hipnosis tampoco tiene nada que ver con el estado de inconsciencia, que presenta un patrón EEG de ondas aún más largas que las del sueño.
Existen distintas formas de trance hipnótico, así como en realidad hay muchos estados de conciencia diferentes, por ejemplo, el sueño profundo, los sueños, el flow, la embriaguez, la somnolencia provocada por tranquilizantes o el shock posterior a un accidente. Incluso podría definirse el estado de shock como un tipo de hipnosis, ya que la atención está absorbida por completo y se producen muchas reacciones involuntarias.
En este sentido, el estado de pánico también es similar al trance. Y podríamos hablar de «trances problemáticos», como los que se observan en patrones de reacción interpersonales. Ése sería el caso de una pareja que tiene la misma disputa por centésima vez y se echa en cara las mismas cosas, muy alterada, como si fuese la primera vez.
Lo ideal es empezar practicando la hipnosis en una situación protegida, con el fin de producir una modificación de la propia conducta. En tales casos, la hipnosis produce un apaciguamiento del cuerpo y de la actividad mental. Por esa razón, suele experimentarse como un estado de paz interior. Éste es un buen punto de partida para alcanzar los objetivos que en general se espera lograr con la autohipnosis: reducción del estrés, prevención del pánico, concentración y control del dolor.
2.2 Un tratamiento hipnótico
La hipnosis es un fenómeno natural que no sólo sirve cuando se utiliza a solas. Al igual que la ejercitación y la argumentación, la hipnosis puede emplearse bajo la dirección de un terapeuta para modificar conductas negativas de muchos años. El siguiente ejemplo es una prueba de ello y demuestra que a veces podemos alcanzar más rápidamente un objetivo con la ayuda de otros.
Heinrich R era un hombre con éxito en su trabajo. Se dedicaba a vender seguros y a los 35 años ya había alcanzado la mayoría de los objetivos que se había propuesto: tener una casa propia, una buena posición, ingresos seguros y una carrera con futuro. Nadie advertía que en ocasiones le costaba mucho vencer sus miedos. No había ningún motivo para sospecharlo.
El señor P. parecía muy seguro de sí mismo. Pero cuando tenía que hablar en las reuniones, ante un grupo de colegas, o negociar con sus clientes -cosa que en su profesión ocurría muy a menudo-, comenzaba a sudar. Entonces, le empezaba a palpitar el corazón de forma inquietante, el pulso le subía a cien, y se le humedecían las manos. En general, nadie notaba nada; ni siquiera su mujer sabía que tenía este problema. Sin embargo, al señor P. estas reacciones le hacían sufrir y le amargaban el trabajo. Al igual que muchas personas, creía que a lo sumo con la hipnosis era posible obtener un rápido alivio (lo cual sólo es cierto en parte).
En efecto, al cabo de un tiempo relativamente breve (cinco sesiones), el señor P. consiguió controlar sus molestias. El primer paso fue aprender a relajarse e inducirse un estado de trance. Ante todo, tenía que habituarse a la aparente pasividad del estado de relajación. A partir de la segunda sesión, ya empezó a sentirse muy bien en ese estado y siempre costaba un poco inducirlo a regresar a la vida cotidiana.
Las sesiones transcurrían del siguiente modo: después de mirar durante cinco minutos un reflejo de luz o un punto en la pared, al señor P. se le cerraban los párpados de manera espontánea, y se quedaba tranquilo, hundido en el sillón. Tal como se le sugería, percibía una sensación de frescor y ligereza en la mano derecha (a veces también en la mano izquierda). Al cabo de un rato, sin mucho esfuerzo, levantaba la mano involuntariamente y la mantenía en el aire hasta que terminaba la sesión, unos 25 minutos más tarde.
Este fenómeno se denomina «levítación de la mano» y sirve para demostrar lo fácil que le resulta al cuerpo producir ciertas reacciones cuando uno, en lugar de proponérselas, se las imagina y deja que ocurran involuntariamente. Esto es importante para superar el estrés. Después de las indicaciones iniciales para conseguir relajación, calma y ligereza, las instrucciones se centraron en las situaciones relacionadas con los síntomas de alteración. Así, por ejemplo, una discusión violenta que había tenido lugar mucho tiempo atrás, en la cual el señor P. -que normalmente era muy amable y más bien retraído- sintió por primera vez que su rabia podía llegar a ser terrible, «asesina». Esto le provocó miedo.
Luego, dirigió su memoria hacia su juventud centrándose en lo divertido que le resultaba empujar a sus compañeros durante los partidos de fútbol. El señor P. hizo oscilar su imaginación entre estas dos experiencias diferentes. Finalmente, se centró en discusiones futuras, lo cual terminó con la imagen mental del partido de fútbol dentro de la sala de reuniones.
Durante todo este tiempo, el señor P. permanecía inmóvil en el sillón. Tenía la cabeza un poco caída hacia atrás, pues era alto y el respaldo le resultaba de-masiado corto. Pero eso no parecía molestarle y permaneció en esa postura incómoda hasta el final de la sesión.
Siguiendo la sugerencia del terapeuta, al final de la sesión el señor P. levantó lentamente la cabeza. No pudo abrir en seguida los ojos y tenía la boca demasiado floja para hablar. Pero dijo que se sentía bien. Se había animado y no parecía tener necesidad de hablar de su visión retrospectiva. Cuando se le preguntó si habría podido interrumpir el trance en cualquier momento, afirmó que sí, pero que no había tenido interés en hacerlo.
Al cabo de una semana recordó algunas escenas aisladas de la sesión anterior e informó, satisfecho, de los pequeños progresos que había hecho en la última presentación ante sus colegas. Se había sentido más relajado, aunque las palpitaciones no habían desaparecido del todo. En las siguientes tres sesiones, se trataron del mismo modo otras situaciones. Algunas difíciles, otras aliviadoras. En la cuarta sesión, el señor P. informó de que ya no tenía palpitaciones, no le transpiraban las manos ni se le aceleraba el pulso.
Al terminar el tratamiento, el señor P. recibió instrucciones concisas para autoinducirse un leve estado de trance (autohipnosis, véase capítulo 5) que le permitiera un distanciamiento mental en cuanto aparecieran síntomas de estrés.
Como se puede observar, el señor P. encontró en la visualizacíón relajada una solución para su problema, cosa que no había logrado ni mediante la reflexión ni mediante la práctica. En su vida profesional cotidiana disponía de suficientes oportunidades para practicar. Y también había reflexionado mucho sobre sus molestas y absurdas reacciones.
El razonamiento lógico es de poca utilidad en este tipo de casos, puesto que le llevaría a pensar: «No tienes nada que temer, conoces este negocio, de modo que no hay ningún motivo para tener miedo». Pero estas reflexiones, al igual que los buenos consejos, no hacen desaparecer las sensaciones desagradables.
Entonces ¿qué es lo que ayudó al señor P.? ¿Acaso la «insensata» fantasía de que en la oficina uno podría sentirse igual que en el campo de fútbol, donde em-pujar un poco a los demás jugadores no hace daño y está aceptado? ¿O quizá la habilidad, adquirida con algo de práctica, de distanciarse emocionalmente, trasladándose en la imaginación a su playa favorita y dejando que el sol le calentase el vientre?
En este caso sí interviene la práctica, pero no la práctica para lograr hacer algo, sino la práctica para dejar de hacer algo. ¿O será sencillamente que el señor P. dejó de cuestionarse si lo hacía todo bien, cuando de todas maneras ya lo hacía bien? Como el ciempiés, que al andar no piensa en sus patas, porque de lo contrario podría tropezar. A veces es más difícil no hacer nada en el momento oportuno, por mucho que eso sea algo muy natural y sencillo.
2.3 La hipnosis como espectáculo
Mucha gente conoce la hipnosis como un espectáculo de entretenimiento de la televisión o del circo. En la mayoría de los casos, las personas hipnotizadas parecen dóciles autómatas. Estos espectáculos transmiten una idea equivocada de la hipnosis. Aunque a alguien -consciente o inconscientemente- pueda gustarle que una autoridad controle a la gente (incluido a sí mismo), lo cierto es que uno puede oponerse a todo lo que se le sugiere estando bajo hipnosis.
Pero en la hipnosis como espectáculo se transmite precisamente la impresión contraria. Los seres humanos siempre buscan situaciones en las que se les quite el control. El psicoanalista Erich Fromm, en un análisis de la conducta autoritaria -referido sobre todo a los sistemas totalitarios como el Tercer Reich-, postula que muchas personas no toleran la libertad de tener que decidir entre distintas acciones posibles y abrigan el secreto deseo de ponerse en manos de otro que les imparta órdenes y les libre de su responsabilidad.
En esto se basa el animador de espectáculos con hipnosis. El ex hipnotizador de espectáculo y posteriormente famoso investigador acerca de la hipnosis T.X. Barber
describió con más precisión este fenómeno1. Por lo general, el hipnotizador tiene un
gran conocimiento de la naturaleza humana y escoge intuitivamente a personas cooperativas. El señala, además, mediante su conducta en el escenario, que asume la responsabilidad de lo que ocurra durante la función. Para mucha gente, ésta es una buena ocasión para abandonar el rol de adulto y actuar de manera tonta o poco crítica. A ello se agrega un acuerdo tácito entre el «director» y su «actor» en base al cual ninguno de los dos pondrá en ridículo al otro. En tales circunstancias, es una reacción adecuada asumir el papel de hipnotizado.
Esta clase de hipnosis tiene poco que ver con la hipnosis como método terapéutico. Sirve de entretenimiento y no pocas veces perjudica a la persona afectada si ésta se siente ridiculizada. Por el contrario, la hipnoterapia se basa principalmente en la capacidad del ser humano de activar en trance experiencias que ha pasado por alto y ocultado, de distanciarse mentalmente de los momentos de estrés y de acercarse con mayor facilidad a ciertas funciones corporales.
2.4 Prejuicios y temores
De la hipnosis como espectáculo se deriva la idea de que la persona hipnotizada no tiene poder sobre la situación. Sin embargo, todos los temores de que uno pueda perder el control o divulgar cosas que no quiere decir son infundados. Es cierto que algunas personas se comportan así durante las funciones. Pero si se les interroga después, siempre reconocen que podrían haber hecho otra cosa». Además, nadie puede ser hipnotizado contra su voluntad.
Existen casos aislados de personas que afirman que estaban bajo la influencia de un hipnotizador y no habrían podido sustraerse a sus órdenes. No obstante, estos casos no son más frecuentes que los de personas que sienten que dependen de otras, aun sin hip-nosis. La persona afectada alega esta supuesta influencia para explicar conductas y sucesos cuya responsabilidad no cree estar en condiciones de asumir.
En 1937 el psiquiatra Ludwig Meyer describió el caso de un hombre que se aprovechó economica y sexualmente de una mujer casada, empleando la hipnosis. Pero su descripción no permite descartar la posibilidad de que la mujer tuviese interés en una relación, que no habría podido ser aceptada desde el punto de vista social.2
Algunas veces también existe el temor de no poder volver a salir nunca del estado de trance. La prueba de que se trata de un temor infundado es que, por lo común, la persona hipnotizada sale inmediatamente del trance si el instructor se va de la habitación sin previo aviso. Raras veces se ha observado que alguien no quisiera volver
1 Barber, 1984. 2
del trance, según lo esperado. Y este fenómeno casi siempre se puede explicar a partir de la situación (por ejemplo, como una oposición a las instrucciones).
De todos modos, mediante la autohipnosis no se alcanza nunca un trance tan profundo como el que se produce bajo la dirección de otra persona y en el cual se delega el control de la situación externa en el instructor. Antes bien, una parte de la conciencia queda siempre disociada y garantiza la supervisión de las condiciones del entorno. De no ser así, tampoco tendría ningún sentido hacer un entrenamiento autohipnótico para la vida cotidiana. En todo momento es posible salir del estado de trance, tal como ocurre en el entrenamiento autógeno, la meditación o la relajación.
También se ha investigado si el estado de trance es perjudicial para la salud. De hecho, cualquier forma de trance, incluida la relajación, supone un reajuste fisiológico que en principio es favorable para la salud, puesto que contrarresta la reacción de estrés. Sin embargo, en algunos casos (2-6%), se ha registrado dolor de cabeza y mal humor después de una sesión de heterohipnosis.3 Nunca se ha informado de tales fenómenos
en el caso de la autohipnosis.
Con todo, al practicar la autohipnosis es importante procurar que las condiciones externas e internas sean adecuadas. Debe usted disponer del tiempo necesario, no obligarse a hacerlo por razones de autodisciplina y escoger una forma de autohipnosis que sea compatible con las condiciones ambientales.
2.5 Trance y razón
¿Qué se puede lograr mediante un trance hipnótico? La investigación ha demostrado que el estado que se alcanza mediante la hipnosis facilita algunas cosas, porque permite pasar de la alteración fisiológica a la tranquilidad.
Las imágenes mentales se vuelven vividas (a veces, casi reales). Cuando una imagen mental intensa se refiere al propio cuerpo, hace que los músculos se preparen para desarrollar el movimiento imaginado, es decir, que se contraigan o se relajen. También pueden cambiar las percepciones -por ejemplo, la sensación de dolor-, imaginando frescor o entumecimiento en la parte del cuerpo correspondiente. Las venas pueden dilatarse o contraerse si uno imagina que se llenan como cámaras de aire o se secan como ríos.
Estas alteraciones fisiológicas van acompañadas de procesos cuyo resultado se conoce, aunque todavía no se sabe exactamente cómo se producen. Entre ellos se hallan heridas que cicatrizan más rápidamente, verrugas que desaparecen, procesos
3
inflamatorios o molestias psicosomáticas que se reducen; se dilatan los bronquios de personas asmáticas o se eliminan reacciones alérgicas.
Muchos de estos fenómenos pueden caracterizarse como una consecuencia de la reducción del estrés. El estrés produce, entre otras cosas, cambios hormonales que tienen numerosas consecuencias para la salud (nos ocuparemos de este tema más adelante). Pero en el trance hipnótico también se alteran algunos procesos mentales. Además de desarrollarse la imaginación, mejora la memoria. También aumenta la flexibilidad para descubrir nuevas asociaciones. Es como si uno se permitiera hacer, de forma lúdica, saltos y combinaciones de ideas que no resistirían los estrictos criterios de la «razón pura», pero que a menudo posibilitan nuevos puntos de vista.
En este proceso desempeña un papel importante la traducción a imágenes, pues a menudo una imagen dice más que mil palabras. Así, una mujer en trance asoció la superación de un encuentro conflictivo con un salto desde un trampolín. El recuerdo de la sensación ligera de soltarse y de volar le permitió liberarse mentalmente de la sensación de estrechez durante la conversación. Al parecer, la relajación hace posibles soluciones más creativas que las que permite la reflexión intensa.
2.6 Sugestionabilidad
No todas las personas tienen la misma capacidad para concentrarse en una actividad o en una idea. Ni tampoco la misma predisposición a reaccionar ante las sugestiones que les llegan desde el exterior, por ejemplo, a través de la publicidad, un orador o la sugestión hipnótica. La suma de estos dos rasgos se denomina sugestionabilidad.
Existen numerosos tests de sugestionabilidad. En muchos estudios, las personas altamente sugestionables obtienen mejores resultados que las menos sugestionables, sobre todo cuando se trata de efectos como la sugestión de ampollas producidas por quemaduras, las ilusiones ópticas, la alucinación de objetos, etc.
Sólo un 10% de la gente logra dejarse llevar hasta tal punto por la imaginación. Podría decirse que se trata de auténticos virtuosos del trance. Este fenómeno no desempeña papel alguno en el empleo clínico de la hipnosis. Para obtener éxito en el tratamiento, basta con un grado medio de sugestionabilidad. De todos modos, para la autohipnosis sólo es relevante el primer aspecto, es decir, la capacidad de absorción de significado, puesto que las instrucciones se las da uno a sí mismo.
2.7 Toda hipnosis actúa por autohipnosis
A continuación, explicaremos un experimento interesante con un péndulo. Hágalo con un amigo o un conocido (no es conveniente hacerlo con familiares, porque suelen
pensar que se trata de algún truco). El experimento no tiene nada de mágico: se trata de un efecto puramente fisiológico.
Dos personas se sientan frente a frente, y la persona A coge el péndulo entre el pulgar y el índice (una cadena con un colgante o un hilo con una llave). El codo debe apoyarse relajado sobre la rodilla o sobre el brazo del sillón. La persona A sostiene el hilo o la cadena con la mano completamente inmóvil. El péndulo aún oscila un poco. La persona B describe en voz alta los movimientos que ambos están observando, por ejemplo, la persona B dice varias veces: «El péndulo se mueve de derecha a izquierda», etc.
Luego, la persona B sugiere que el movimiento del péndulo se convierte poco a poco en una elipse, al principio casi imperceptible, pero luego cada vez más clara. Es frecuente que el péndulo describa la elipse sugerida, para asombro de ambos participantes, aun cuando la persona A no haga ningún movimiento perceptible con los dedos. La persona B puede continuar haciendo que la elipse se transforme en un círculo cada vez más grande o más pequeño, etc.
Si funciona, es que la persona A se ha imaginado lo que dice la persona B. Esta representación mental se traduce inconscientemente en movimientos imperceptibles de los músculos de los dedos. La prueba de que no se trata de magia es que el efecto desaparece si la persona A se imagina algo distinto de lo que dice la persona B. La sugestión de B surte efecto porque A la recibe y la transforma en una representación visual que provoca los correspondientes movimientos subliminales del cuerpo. Para que una sugestión surta efecto, debe transformarse en autosugestión.
2.8 Resumen
El trance, al igual que el entrenamiento autógeno y la relajación, ejerce un efecto sedante e impide ciertas reacciones hormonales producidas por el estrés, que a largo plazo son nocivas para la salud. Se trata de un estado de introspección que todo el mundo conoce y puede provocarse de forma sistemática empleando los métodos de hipnosis. Dicho estado permite una mayor concentración y apertura a los cambios. El trance no tiene nada que ver con el sueño, como se creía antiguamente, sino que se relaciona con la vigilia (aunque estemos «a años luz» con nuestros pensamientos). Nos permite distanciarnos de las situaciones que nos afectan profundamente y, por consiguiente, nos impiden actuar. El trance es, pues, un medio ideal para optimizar nuestro estado diario. Cualquier clase de trance -incluso el que es inducido por otra persona- sólo es posible con el consentimiento de la persona afectada y puede ponérsele fin siempre que un cambio en las circunstancias lo requiera.
3) ¿CUÁL ES MI PROBLEMA?
3.1 Análisis de la situación
Quizá usted esté un poco impaciente por aprender autohipnosis y ahora se pregunte por qué antes tiene que dedicarse a analizar su área problemática concreta.
Pues bien, si en ciertos momentos usted se siente insatisfecho con su conducta, es bueno que primero se plantee cuál es exactamente su problema y luego cuáles son sus puntos fuertes y sus competencias. Un perfil de estrés o de competencias es como un campamento base, a partir del cual usted podrá iniciar el recorrido hasta su meta. Seguramente, si usted fuera a la agencia del ejemplo del capítulo 1, también le preguntarían dónde empezará su viaje.
La racionalización del trabajo es otra razón para emprender un profundo análisis de la situación. Si usted quiere aprovechar el tiempo, no debería seguir el «principio de regadera». O sea, no debería poner el mismo empeño en todo, con la esperanza de que así dará con lo correcto.
Este libro trata de la ampliación de la competencia en distintos ámbitos. Evalúe su conducta en las siguientes situaciones:
1. Adquisición de conocimientos (aprendizaje, ejercita- ción, etc.).
2. Exposición de conocimientos (conferencias, ponencias, entrevistas de trabajo, etc.)
3. Superación del miedo y del estrés.
Coja papel y lápiz, examine los siguientes análisis de la situación y apunte sus experiencias en cada aspecto.
3.2 Adquisición de conocimientos
En la actualidad, la mayoría de la gente estudia con los libros. Dada la gran cantidad de cosas que es necesario aprender hoy en día, resulta imposible saberlo todo por propia experiencia. Y como por otro lado tampoco podemos asimilar todo lo que está en los libros, tenemos que hacer una selección.
Como si esto fuera poco, en los textos especializados la información relevante aparece mezclada con ejemplos ilustrativos, explicaciones generales y detalles intrascendentes. Puede que a algunos sólo les importe una frase porque ya saben todo el resto, mientras que para otros casi todo es importante porque se trata de un tema nuevo para ellos.
¿Qué procedimiento emplea usted para adquirir conocimientos?
¿Comienza pronto con los preparativos o siempre lo deja todo para otro día? ¿Tiene la impresión de que se pierde en detalles? ¿Tiene problemas de concentración?
Sumando los valores de sus respuestas a éstas y otras preguntas que se formulan a continuación, obtendrá su puntuación personal en adquisición de conocimientos y sabrá si debe centrar en ese ámbito su trabajo con la autohipnosis.
Preparación y adquisición de conocimientos Casi nunca 1 A Veces 2 A Menudo 3 Casi Siempre 4
Tardo mucho en empezar y luego me suele faltar
tiempo.
□
□
□
□
Me propongo hacer
demasiadas cosas.
□
□
□
□
Aplazo para otro día lastareas desagradables, o me
cuesta terminarlas.
□
□
□
□
Al realizar un trabajocomplico las cosas.
□
□
□
□
Tengo problemas deconcentración.
□
□
□
□
Sólo cumplo los plazos ylos horarios bajo una presión extrema de tiempo.
□
□
□
□
Cuando alguien me pide algo, me cuesta decir que no aunque tenga cosas que
hacer.
□
□
□
□
Me falta autodisciplina para cumplir lo que me
propongo.
□
□
□
□
Cuando preparo un trabajo, suelo preocu-parme por todo lo que
podría salir mal.
□
□
□
□
Por lo general, estoy pocoo mal preparado.
□
□
□
□
Puntuación total:
Evaluación:
De 10 a 15 puntos: La adquisición de conocimientos no supone un gran problema para usted.
De 16 a 20 puntos: Usted se las apaña bastante bien.
De 21 a 30 puntos: Podría aumentar su competencia para adquirir conocimientos. Más de 30 puntos: Ya va siendo hora de que haga algo respecto a este problema.
3.3 Presentación de conocimientos
En casi todos los ámbitos de la vida es necesario transmitir o aplicar los conocimientos adquiridos. Hablar o pronunciar discursos son los medios de comunicación más empleados para este fin.
Tras todo discurso y toda conferencia se halla una intención. Excepto cuando usted monologa, lo que dice siempre tiene un significado concreto para otros (y usted desea lograr algo concreto diciéndolo). Quizá se trata de un examen y quiere transmitir conoci-mientos específicos; quizá desea expresar su opinión sobre una persona o una situación, promocionar un producto o presentarse a sí mismo.
¿Cuál es su actitud durante la presentación, es decir, la exposición de conocimientos y
opiniones? ¿En qué se concentra, qué estrategias emplea? ¿Qué ideas le rondan por la
cabeza? Vuelva a apuntar con tranquilidad algunos puntos clave.
Presentación nunca Casi
1 A Veces 2 A Menudo 3 Casi Siempre 4 Intento leer lo que he
preparado o decir lo que
he aprendido de
memoria.
□
□
□
□
Presto atención a los posibles indicios físicos
de estrés (temblor,
sudora- ción, tensión, etc.).
□
□
□
□
Me siento tenso
(posturas forzadas,
inquietud, expresión
poco amable o seria).
□
□
□
□
Se me olvida a menudo lo que quería decir
hilo conductor de mi charla.
Hablo en voz más bien
baja, en un tono
monótono, o muy
rápido.
□
□
□
□
Me distraigo fácilmente con lo que ocurre a mi alrededor y mis ideas se vuelven confusas.
□
□
□
□
Adopto una actitud demasiado humilde o
demasiado arrogante
cuando expongo mis conocimientos o pre-sento un producto.
□
□
□
□
Cuando me presento a mí mismo o presento un producto, me siento observado y tengo miedo de hacer el ridículo.□
□
□
□
En las presentaciones o en los exámenes, me olvido de prestar atención a la reacción de los oyentes.□
□
□
□
Ingiero medicamentos odrogas para estar
tranquilo.
□
□
□
□
Puntuación total:
Sume los puntos de las respuestas que ha marcado con una cruz.
Evaluación:
De 10 a 15 puntos: Exponer conocimientos no supone un gran problema para usted. De 16 a 20 puntos: Usted se las apaña bastante bien.
De 21 a 30 puntos: Podría aumentar su competencia para adquirir conocimientos. Más de 30 puntos: Ya va siendo hora de que haga algo respecto a este problema.
3.4 Superación del miedo y el estrés
Todos sabemos por experiencia lo que significa la palabra estrés en la vida cotidiana. Nos enfrentamos a dificultades, nos sentimos agobiados, no estamos seguros de poder afrontar y manejar la situación de forma óptima por nuestros propios medios. Aparecen la inquietud, la excitación, el nerviosismo y el miedo.
Pero no todas las personas reaccionan con el mismo nivel de estrés ante una misma circunstancia externa: una situación estresante, como un examen o una conferencia, puede valorarse de diferentes maneras, y de dichas valoraciones resultan distintos modos de enfrentar la situación.
Pero no todo estrés es igual. En el lenguaje científico, se establece una distinción entre eustrés (gr. eu, bueno) y distrés (lat. dis, malo). El eustrés es la tensión que mantiene vivos a los seres humanos. Todos necesitamos cierto grado de activación para desarro-llar nuestro potencial físico, mental y espiritual, y para mantenernos en forma. Pero cuando sentimos que la exigencia es demasiado elevada, aparece el distrés. Si soportamos un «exceso de estrés» durante un tiempo prolongado, enfermamos.
Un estudiante que se prepara para un examen y considera esta tarea como un desafío, probablemente le dedique mucho esfuerzo. En cambio, si considera esta actividad como una amenaza, la evitará, la aplazará, se amargará o emprenderá la tarea con miedo. Se distraerá con cualquier cosa y, por tanto, obtendrá un resultado insuficiente.
No todos reaccionamos de igual manera ante una misma exigencia. Nos esforzamos más o nos damos pronto por vencidos, buscamos activamente soluciones o nos replegamos pasivamente en nosotros mismos.
¿De qué depende la forma en que reaccionamos ante el estrés? Los resultados de la investigación acerca del estrés indican que en la conducta influyen tanto las características de la situación como los rasgos de la persona.
¿En qué contexto su rendimiento es evaluado por otras personas? ¿Cómo afronta las situaciones de examen y de competición? ¿Qué situaciones le provocan estrés o incluso miedo?
Los siguientes tests evalúan su conducta típica frente a las situaciones de estrés y su competencia para superarlas. Además, le permitirán elaborar su propia receta para superar el estrés.
¿Cómo reacciona ante las situaciones de estrés agudo?
¿Cómo se siente normalmente en las situaciones de miedo o de estrés?
Determine con qué frecuencia manifiesta cada una de las siguientes reacciones en una situación de estrés y marque con una cruz el valor correspondiente.
Preocupación nunca Casi 1 A Veces 2 A Menudo 3 Casi Siempre 4 Pienso que no controlo
la situación.
□
□
□
□
Me preocupa que todo
salga mal.
□
□
□
□
Durante el trabajo me distraen pensamientos acerca de mi rendi-miento□
□
□
□
Me distraigo pensando en otras cosas y me cuesta concentrarme.□
□
□
□
Doy por supuesto que
fracasaré.
□
□
□
□
Puntuación en preocupación:
Confianza en sí mismo nunca Casi 1 A Veces 2 A Menudo 3 Casi Siempre 4 Confío en que lograré
hacerlo.
□
□
□
□
Estoy distendido y
relajado.
□
□
□
□
Soy optimista con
respecto a mi
rendi-miento.
□
□
□
□
Tengo mucha confianza
en mí mismo.
□
□
□
□
Disfruto de la tensión y la emoción del momento.□
□
□
□
Puntuación en autoconfianza:Estado de ánimo nunca Casi 1 A Veces 2 A Menudo 3 Casi Siempre 4 Tengo el cuerpo en
ten-sión o estoy temblando.
□
□
□
□
Sudo, tengo fuertes palpitaciones o una sensación extraña en el estómago.
□
□
□
□
Me siento confuso y aturdido o tengo una
sensación de angustia.
□
□
□
□
Estoy tan nervioso que
apenas puedo trabajar.
□
□
□
□
Tomo medicamentos o drogas para
tranquili-zarme o estimularme.
□
□
□
□
Puntuación en estado de ánimo:
Sume los valores de las respuestas que ha marcado con una cruz y apunte las puntuaciones en la tabla de resultados.
Tabla de resultados:
Puntuación en preocupación:_______________________________ Puntuación en autoconfianza:______________________________ Puntuación en estado de animo:____________________________
¿Sufre usted alteraciones crónicas a causa del estrés?
El estrés que se prolonga o no se reduce constituye una exigencia excesiva para el organismo y provoca daños físicos y psíquicos.
Marque con una cruz los síntomas que padece de forma frecuente, regular o continua:
Síntomas físicos de estrés
Disminución de las defensas, propensión a la
enfermedad.
□
Hiperglucemia.
□
Problemas cardiacos (no congénitos) o trastornos circulatorios (por ejemplo,
vértigo).
□
Sofoco, dolor de cabeza.
□
Insomnio.
□
Sensación de ahogo.
□
Trastornos digestivos, problemas gástricos,
acidez de estómago.
□
Trastornos circulatorios (por ejemplo, pies o
manos frías).
□
Total de síntomas señalados con una cruz: Síntomas psíquicos
A menudo estoy nervioso.
□
Con frecuencia intento ser dominante e
imponerme.
□
Tengo dificultades para tomar decisiones.
□
Tengo problemas en los estudios y en el trabajo, pierdo fácilmente el autocontrol o la
autodisciplina.
□
Suelo sentirme abatido sin causas externas o tengo grandes oscilaciones de humor en un
periodo breve.
□
Suelo sentir ansiedad, nerviosismo,
inseguridad o inhibición.
□
Suelo sentirme amenazado, presionado o
agobiado.
□
A menudo siento que no tengo objetivos ni
planes y no sé qué hacer conmigo mismo.
□
A menudo, tengo la sensación de que no sabré enfrentarme a una situación o una
persona.
□
Sume las afirmaciones que ha señalado con una cruz.
Total de síntomas señalados con una cruz:
Menos de Puede estar satisfecho de sí mismo.
3 síntomas: Usted sabe controlar bien el estrés. 3 a 6 síntomas: Usted puede enfrentar el estrés, pero
debería prevenir eventuales daños provocados por el estrés prolongado.
7 o más
síntomas: Le aconsejamos seriamente que emplee las estrategias de autohipnosis para evitar los efectos no deseados del estrés y mejorar su estado de salud.
¿Tiene usted un tipo de personalidad propenso a sufrir estrés?
¿Qué significa para usted estrés? ¿Placer o frustración? Evalúe su conducta y sus actitudes mediante las siguientes preguntas. El test constituye una base fundamental para la superación del estrés.
Marque con una cruz las afirmaciones que sean ciertas en su caso.
Superación del estrés
Hago mi trabajo con tranquilidad y esmero.
□
Me tomo el tiempo necesario para trabajar y
avanzo a buen ritmo.
□
Siempre hago pausas para descansar y no
tengo sentimientos de culpa por ello.
□
No tengo problemas para hacer varias cosas al mismo tiempo y hasta me resulta más
divertido.
□
Para mí, la calma, la paz interior y el sosiego son más importantes que la carrera, el estatus
o el bienestar económico.
□
No me importa mucho lo que los otros piensen de mí, mientras yo sepa que trabajo a
conciencia y cumplo con mis obligaciones.
□
Por lo general, necesito bastante tiempo para asimilar información nueva, pero me queda
□
grabada en la memoria.
Creo que habría que aceptar la vida tal cual es e intentar salir adelante lo mejor posible.
□
El destino es algo que no puedo controlar. Así como acepto un golpe de suerte, debo aceptar un revés de la fortuna o un fracaso.□
Si tengo muchas cosas que hacer y no puedo hacerlas todas al mismo tiempo, las hago deuna en una.
□
Cantidad de afirmaciones marcadas: Valoración:
Cuantas más respuestas haya señalado usted con una cruz, mayor es su tendencia a reaccionar con calma ante el estrés. Cuantas menos afirmaciones sean ciertas en su caso, mayor es su tendencia a activarse mediante el estrés.
Existe el peligro de usar el estrés como una droga. Las hormonas que produce el cuerpo en estado de estrés pueden surtir en usted el mismo efecto que una droga y provocar una sensación de euforia.
Por más grande que sea su afán de rendimiento y éxito, tenga en cuenta que, con la forma de vida que usted lleva, por fuerza el desgaste es mayor. El riesgo de enfermedades cardiacas y circulatorias aumenta notablemente.
Su perfil personal de competencia y de superación del estrés
Complete la siguiente tabla con los resultados de los cuestionarios que ha contestado en este capítulo.
Resultado de los tests de las distintas áreas problemáticas:
1. Adquisición_____________________________________________ 2. Presentación____________________________________________ 3. Conducta ante el estrés agudo_____________________________ 4. Sintomas de estrés_______________________________________ 5. Tendencia a estresarse____________________________________
Compare las puntuaciones y valores que obtuvo en las distintas áreas problemáticas. ¿Cuál es su problema más acuciante? ¿Cuál es el que más le afecta? ¿En qué área desea trabajar?
3.5 Los puntos fuertes de mis puntos débiles
A menudo nos molesta tener defectos. Esto es un error, puesto que, en realidad, no existen defectos esenciales.
Usted estará convencido que lo que acaba de leer evidentemente no es cierto. Ser perezoso o pendenciero, fumar, ser superficial, deshonesto, cobarde..., se llamen como se llamen los vicios, todos los conocemos y, desde luego, si tenemos uno queremos deshacernos de él. De eso no cabe duda, ¿o tal vez sí?
La señora N. (cerca de los cincuenta años, con unos kilos de más) quería dejar de fumar. Fumaba treinta cigarrillos diarios. Para ella, lo ideal era reducir la cantidad. Desde luego, fumaba demasiado. Primero decidió dejar de fumar. Sus intenciones eran realmente buenas, era consciente de los peligros y hablaba en serio.
Pero tras reiterados fracasos, acudió a un psicoterapeuta y se propuso hacer las cosas bien. Antes de reducir la cantidad de cigarrillos, el psicoterapeuta observó detenidamente cómo fumaba la señora N., incluido el papel que desempeñaba la mano en aquel hábito.
Muy lentamente, la señora N. cogió un cigarrillo entre los dedos, como hacía siempre, lo sostuvo un instante sin encenderlo y dirigió sus pensamientos hacia el pasado.
Al cabo de un rato, le empezó a temblar la mano y exclamó, estupefacta: «Ahora recuerdo cuándo fue que empecé a fumar. Fue cuando murió mi marido». Su pro-pia mano le había ayudado a remontarse hasta los orígenes, y se dio cuenta de que fumar era como un intento ininterrumpido de dar por concluido algo no resuelto. Con cada cigarrillo, la señora N. inconscientemente se mantenía en contacto con su marido, que había muerto de forma repentina.
Tras comprender todo esto, la señora N. empezó a fumar sólo seis cigarrillos al día (sujetándolos, por cierto, con la otra mano). Y cada vez que fumaba un cigarrillo pensaba en su marido.
Si sabemos apreciar nuestros puntos débiles, éstos dejan de tener poder sobre nosotros. Por esa razón, es interesante tratar de ver nuestros defectos como intentos de solución: intentos que en algún momento de nuestra vida tuvieron sentido, pero que luego se convirtieron en un hábito.
Imagine que su falta de concentración, su pereza, su mala memoria o lo que sea que le moleste de sí mismo, tuvo alguna vez una utilidad o sigue teniéndola en ocasiones. En ese caso, ya no tendría sentido condenar esa parte de usted. Eso sólo le convertiría en su propio enemigo. En vez de gastar energía luchando consigo mismo, debería asignar un
sitio a lo que ha adquirido. Aunque sea restringido. Pero para poder hacer esa restricción, primero debe usted valorar su punto débil.
Empiece por tenerlo presente:
Cómo se manifiesta mi punto débil
¿En qué situación apareció por última vez?
¿En qué consiste? ¿Qué postura corporal adopta automáticamente cuando su punto débil asume el control?
¿Qué cambios sufre su voz?
¿Qué palabras salen de sus labios? ¿Qué frases le vienen a la mente?
¿En qué entorno entra en acción su punto débil? ¿En presencia de qué personas?
¿Cómo reaccionan esas personas ante su punto débil?
Ahora que tiene bien presente su punto débil, ya puede responder a las siguientes preguntas:
¿Qué ventajas le proporciona su punto débil?
Si su punto débil es ser miedoso, lo que le brinde quizá sea una vida más cómoda. Si su punto débil es el abatimiento, puede que éste le proteja de futuras decepciones o le haga tener algo en común con otra persona.
Si su punto débil es la falta de disciplina, quizá exista alguien contra quien usted consiga sublevarse de esa manera.
¿Qué le evita su punto débil?
Por ejemplo, tener que enfrentarse a sus inseguridades (miedo), competir con alguien (resignación), poner a prueba su rendimiento (desorganización en el trabajo), etc.
¿Cómo consigue su punto débil que los otros hagan algo por usted?
¿Es posible que alguien le libere de hacer algo que tendría que hacer? (miedo). ¿O que alguien le consuele si usted ha sufrido mucho? (tristeza).
Si observa más detenidamente su punto débil, quizá descubra que sólo le es útil en situaciones muy espe- cíales, o que lo fue hace ya mucho tiempo. En primer lugar, valore su punto débil, escribiéndole una carta similar a ésta:
«Querido Abatimiento:
Cuando te apoderas por completo de mi, me siento muy débil y tembloroso. Mi espalda parece de goma y, más que andar, me arrastro. Soy un gusano a la espera de que lo aplasten. Entonces creo que no me merezco otra cosa. Mí voz es muy débil y trémula. Nadie tiene que temer que le grite. En mi imaginación, me veo enfrentado a toda la autoridad de mis estrictos tíos, maestros, funcionarios y padres. Todos me demuestran que no valgo nada.
Así, soy un compañero inofensivo e insignificante, nadie me tiene miedo y me tratan bien. Tú haces que me consuelen y me liberen de cargas más pesadas. En mi presencia, la gente se siente estupendamente. Me tienden la mano para ayudarme a levantarme. Siempre les sobran algunas migajas y me las dan con gusto.
¡Oh, querido Abatimiento, haces tantas cosas por mí! A veces los otros se
sienten incluso un poco culpables, y entonces puedo consolarles. Así crece mi reputación.
También ocurre que alguien impaciente me quiere ayudar pronto y me da ánimos. Entonces le puedo demostrarque todo es inútil. Si quiero, puedo hacer que el otro se deje la piel intentando convencerme, sin que por ello pueda enfadarse conmigo. Así, hasta tengo un poco de poder sobre los demás.
Los días que realmente no me apetece hacer nada, de veras que vales tu peso en oro, querido Abatimiento. También por lo que respecta a mi jefe, eres precisamente lo que necesito. Él, que no tolera que nadie le contradiga, siempre se vuelve muy humano cuando tú te presentas ante él.
Sí, sé apreciarte y te asignaré un sitio donde estarás a buen recaudo. Allí te encontraré siempre que te necesite. Tú ya perteneces a mi bagaje personal.
Hasta la próxima. Y haz el favor de estar ahí siempre que te necesite,
Tu socio
Por medio de esta carta, usted le ha asignado un puesto adecuado en su vida a su punto débil, de modo que sabe cuándo quiere valerse de él (en presencia de quiénes, en qué situaciones, con qué estado de ánimo). Ahora puede pactar también un régimen de visitas, la proporción en que usted tolerará la aparición de su punto débil en comparación con los aspectos eficaces de su vida: ¿quizás 20% y 80%?, ¿o 40% y 60%? Piense un valor que exprese cuánto y con qué frecuencia necesitará esa parte suya.
Luego, escoja algún objeto que simbolice su punto débil y póngalo en un lugar donde pueda verlo siempre que quiera: por ejemplo, una piedra plana podría representar el
abatimiento, un diablillo, el desorden, etc. Nadie debe saber qué significa ese pequeño símbolo. Excepto usted.
Ahora concéntrese en aquella parte de usted que desea ser distinta: la parte eficaz, segura, disciplinada.
Para eso necesita sus puntos fuertes. En el próximo apartado, les invitará a subir al escenario.
3.6 ¿Cuáles son sus puntos fuertes?
Quizá usted ya haya notado que en ciertos ámbitos tiene precisamente aquella competencia -por ejemplo, la tranquilidad, la capacidad de concentración- que hasta ahora le faltaba en las situaciones críticas (por ejemplo, durante la preparación de un examen o en las situaciones de examen, etc.).
Imaginemos, por un lado, a un piloto que disfruta volando sobre las nubes pero a quien le da miedo hablar en público. En esta situación empieza a sudar y se pone nervioso. Y, por otro lado, a una mujer de negocios a la que le gusta conversar y pronunciar largos discursos o conferencias pero quien tiene un miedo infernal a volar. La sola idea de no tener los pies en tierra la pone nerviosa e inquieta.
¿Quién de los dos tiene razón? ¿O en qué están equivocados, cada uno a su manera? Supongamos que ambos aprendieran algo del otro (no de sus miedos, desde luego, sino de sus competencias). Intercambiarían sus experiencias y aprovecharían lo que les fuera útil.
¿Qué cosas sabe hacer bien?
¿Qué cosas le gusta hacer? ¿Qué cosas se le dan bien? Emprenda un placentero viaje de exploración: al presente y quizá también al pasado. Recuerde la agradable sensación que experimenta cuando ha hecho algo bien. Quizá se oiga a sí mismo elogiándose y sus labios esbocen una sonrisa de aprobación. O tal vez reciba la elogiosa aprobación de una persona simpática.
¿Con qué sueña, cual es el contenido de sus ensueños diurnos? (Las pesadillas, por favor, descríbalas detalladamente en un papel aparte. Repita este procedimiento hasta que quede nuevamente satisfecho con sus sueños.)
Lo que hago bien, lo que me gusta hacer, mis puntos fuertes y recuerdos agradables:
Escriba en la columna derecha la sensación que le provoca cada recuerdo o actividad. Por ejemplo, una actividad deportiva puede producirle las siguientes sensaciones: dinamismo, el placer de la propia actividad, destreza, la experiencia de poder dominar la pereza, etc.
Repase su lista y controle si ha enumerado ya suficientes experiencias variadas. Si no es así, emprenda otro viaje mental y busque otros recuerdos agradables.
Ocasión/Actividad Sensación
Muy bien. Ahora ya dispone de algunos ámbitos en los cuales podrá sacar provecho inmediatamente y a través del entrenamiento.
3.7 Resumen
En este capítulo se ha trazado su perfil personal de conducta en las siguientes áreas: adquisición y presentación de conocimientos, superación del miedo y del estrés. Este perfil permite determinar el área de conducta en la cual se podrá sacar más provecho con este programa de entrenamiento. Ha recordado sus puntos fuertes, así como las sensaciones y competencias que éstos le proporcionan. Pero también ha analizado sus supuestos puntos débiles y ha aprendido a utilizarlos para lograr sus objetivos.
4)
OBJETIVOS DE LA AUTOHIPNOSIS
4.1 Reajuste psicosomático
Karl M. era un hombre de mediana edad, satisfecho de su puesto de gerente en una empresa de prestigio. Podía mirar al futuro con tranquilidad, hasta que un día encontró en su escritorio una nota en la que se le exigía que se justificara ante su jefe por su negligencia en el trabajo. Alguien había estado hablando mal de él. Después de pensar un rato, se dio cuenta de quién podría haberlo difamado. Pero eso no servía de mucho. Tenía que defenderse.
Por la noche, Karl M. durmió bastante intranquilo. A la mañana siguiente, medio dormido y malhumorado, reunió la documentación acerca de su trabajo. Mientras se dirigía a la oficina de su jefe, se acordó del entrenamiento autohipnótico que había hecho unos años atrás. Antes de abrir la puerta, respiró hondo y exhaló todo el aire lentamente, disfrutó del segundo de calma anterior a la siguiente inspiración y entró tranquilamente en el vestíbulo. Durante los escasos minutos que duró la espera, su vista recayó en el cuadro que había en la pared de enfrente. El cuadro representaba un grupo de árboles a orillas de un río.
Karl cerró los ojos durante algunos segundos. Oía el murmullo de los coches que pasaban por la calle y recordó un paseo por la playa. Oía el murmullo cons-tante, con su ojo interior veía las olas acercarse, encresparse y romper, hasta ser absorbidas por la arena junto a sus pies.
En este momento, se abrió la puerta. Karl se puso de pie, entró sin vacilar en el despacho y saludó al director, que no le pareció tan poco amable como había pensado.
Mentalmente, Karl M. se sentía muy lejos de allí y veía al jefe de pie, en el agua, con los pies bañados por las olas. No pudo evitar sonreírse interiormente. Luego fijó la vista en el reflejo de la montura de las gafas del director y sintió que su mirada se distanciaba.
Cuando volvió a mirar a su interlocutor a la cara, lo percibía todo, pero a la vez lo traspasaba con la mirada. Estaba completamente tranquilo. Casi podría decirse que le alegraba tener aquella confrontación. Se sentía un poco como en un duelo de una vieja película de capa y espada. Con calma, abrió su maletín y puso sobre la mesa los documentos que había preparado.
Fue una conversación tranquila, por momentos, hasta amena. Sin gran esfuerzo, el señor M. logró disipar las dudas del director: estaba rehabilitado. Es más, ambos se habían conocido un poco mejor y se despidieron amistosamente.