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HOMENAJE
A
FRANCISCO ,TARREGA
E
ISABEL FERRER
CON MOTIVO DE LA IMPOSICIÓN DE SUS NOMBRES·A LAS ESCUELAS DEL MAG ISTERIO DE CASTELLÓN
CASTELLÓN DE LA PLANA MCH LX I
Cumpli endo ór denes de la Superioridad, los Claus tros de las Escu elas del Ma g isterio de Ca s t ell ón elevaron a aquélla una propuesta para que fuera n autor izad os los nombres de Francisco Tárrega y de Isabel Fer r er en la den omin ación de las escu elas ma sculin a y fem enina, resp ecti vament e. Acep ta- da la propuesta, las pág inas de este foll eto sirven pa r a justi- ficar la decisiónadoptada, recog iendo a gran des ras go s el per- fil de aquellas dos personalidades, distintas en sex o, distant es en el tiempo y notabl es cad a una de ell a s por diver s a s razo- nes, aunque acordes am bas en el ap recio popular y respon- diendo por igual a una perman ente man era de ser de las tier r a s castellonenses donde la honrada ciudadanía y el cui- dado de las cosas elevadas del esp írit u enc o n t rar on siempre selecto y oportuno cobijo .
En las páginas que siguen se verá cuál es fueron los mo- tivos que movi eron a estos Claus tros a propon er dichos nom- bres ; cuá les las virtudes y ejemplar idad de los dos ilus tres ca s t ellonen s es , asociad os desde ah ora en un a noble empresa de formación y edu cación . Esta asociación de dos figuras tan de la en t rañ a popular da al hec ho una proy ec ción ciu da d a n a, de vincu lación de estas esc ue las al medio para el cual, en definiti va , laboran, que cobra ca b a l ex presión en el pa troci- nio del Excelentísimo Ayuntam ien to de la ciudad a los ac t os de la adopción y homen aj e a Fr ancisco 'I'árrega e Is abel Fe- rrer. Actos, por otra parte, que se hacen coincid ir con el que, a iniciativa de la Exc el entísima Co rporación, se lleva a cabo dando a los restos del genial guit a r r is ta un digno y definitivo lugar de reposo.
FRA N C I SC O TARREGA
FRANCISCO TARREGA
(1852·19 0 9 )
l.-SU VIDA
Don Francis co Tárrega y Eix ea, primero de los hijos de una numerosa prole, nació en Villarreal de los Infantes el día 21 de noviembre de 1852. Sus padres , a lasa zón servidores de las monjas del convento de San Pa scual, vivían pobremen- te luchando por sacar ad ela n te a un crecido número de hijos.
El pequeño Francisco, el mayor, hubo, pues , de con ocer pron- to el duro trabajo para ayu dar a los su y os. Sólo un carácter reb elde, apasionado y ten az com o el suyo, hubiera sid o capaz de vencer los muchos obstáculos que le sep araban de una brillante carrera ar tísti ca como fue la suya. Y también, claro está, la actitud tolerante de un padre comprensivo que, dán- dose cuenta de las excepcional es condicion es de su hijo, no va- ciló en sacrifica¡' la ayuda que su primogénito le hubiera pres- tad o y, haciendo inmensos sa crificios , permitió y muy a tiempo,que se dedicara al arte y pudiera sa tisfacer las ansias de su vocación.
Su disc ípulo predilecto y biógrafo, el em inen te musicólo- go y guitarrista Emilio Pujol, dic e en su reciente y magnífi- co libro sobre el ma estro lo siguiente, que tr aza con.entera cla r id a d los principal es rasgos de su carácter en los años de infancia y juventud : "T árrega se complacía en la dificultad;
gustaba de lo imprevisto , original o ar r iesgad o. En su temple de luchador, cuando el transcurso normal del tiempo no le ofrecía cu a lqu ie r a de es t os inc entivos , iba a su en cu en t ro" . Ya desde niño mostró una decidida cocaclón, así como excepcionales dotes para la música. La inició en la guitarra un cur-ioso personaj e, Manuel González, conocido por el "Cego de la Marina ", pues era, en efec to,casi ciego, famoso en toda es ta comarca por su ex t r a or d inar ia habilidad en la guitarra.
El pequeño guitarrista demostró en seg u ida poseer una des- .treza sin g u la r y ya pronto su fama corría pareja con la de su maestro. En 1862, es decir, cuando Tárrega cumplió los diez añ os , visitó Castellón el entonces famosísimo Julián .
.Arcas, cuya deslumbrante técnica y brillantes interpretacio- nes dejaron atónito al neófito. Probablem ente esta visita fue lacausa in ic ial de su decidida vocaci ón de gu ita r r is t a . Tam- bién de un des graciado viaje a Barcelona donde aquél resi- día, pues, al parecer, no le atendió como le había prometido.
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Aun qu e el pequ eño Tárrega fue a VlVU' con unos parie ntes lejanos que se avin ier o n a tenerle po r un módico es ti p en d io . no se sabe bien por qué, quizá por su ind ep en d en ci a de carác- ter, o porque no le tr a t asen bi en, el caso fue que desapareció de su casa y fue rescatado algú n tiempo después por su atri- bulado padr-e que se lo cncon t r ó deambulando por la ciudad y ganando con su ex t raord inar ia habilidad en la guitarra lo que buen am ente podí a para subs is ti r. Venciendo improbas dificul- tades, pues no teni a dinero para regresar, lo fueron haciendo por eta pas, deteni én dose por los pueblos del camino para que el pequ eño gen io pudies e prov eer con su arte a las necesida- des de ambos.
Lleg u r o n po r fin a Castelló n, donde ya res id ia la familia hací a algún tiempo y, al fin, el intelig ent e padre, en vez de ca stig a r a su re vo ltoso hij o , com prendió que en él había voca- ción y ca pac ldad y decidió darle una Seria ed uc a ció n musical.
Un pianista que residía en esta ciudad, por cie rto también cieg o. lla m a d o do n Eugcnio Ruiz, se encargó de en señ a r al pequ eñ o Francisco, solfe o y piano, pues si bien el padre no se oponía a que el much ach o se dedicas e a la música, tenía en cambio , muchas reser vas res p ecto al porvenir e importan- cia de la guit arr a, ya (¡':.te entonc es la gu it a r r a realmente :10 ocupaba un puesto muy im p or tan te en el mundo musical. Ya ten em os,pues, a Tá rreg a inici ando el cam in o que tantos triun- fos hab rí a de proporcionar le, si bien an te un dilema que tardó unos años en dectd h-: i,el pian o o la gu itar ra ?
Pa s ó dos años en Val encia est u d ian d o con intensidad , a pesar de te n er que ntcn der '1 :m su bsis ten ci a co n su tr a ba j o.
No obsta n t e estar dedicado al est udio del piano y la ar m o n ía nunca dejaba su instrum ento fa vo r ito : la guita rra, que le pro- porcionómucho éxito,tanto,queun prócervalenciano,el conde de Parc e n t , deci di ó ayudarle . Algún tiempo después también lo hizo un rico co me rc ia n te, den An t o n io Cánes a.
Parec e ser que este últi m o, reside n te en Bur'rtana, le ayu- dó a tra s ladarse a Mad ri d , don de co ntinuó 3USes t u d ios. Allí se puso en.co ntacto con el br illan te cuad r o de pr ofe so r es que regentaban aq uel Conserva t o r io que pronto se dieron cuenta de la valía de tan destacado disci pu lo . Continuó unos añ os si- multaneand o los es tu dios de la gu itar ra y del piano, hasta que un dia, el direc t or del Conservato r io, que er a en t o n ces el famoso don Em ili o Arrieta, oyó pon de ra r las excepc io n a les éo n d ic io ncs que par a la ¡:,'uitarra, per o.. cedam os la palabra ,,- su citad o biógrafo, don Emilio Pujol : "C ie r to día i1egaron a oidos de don Emilio Arrieta los elogios que le dedicaban quie- nes ha b ían teni d o ocasión de ap rec iar su habilidad en la gui- tarra. Tárreg a fue invitad o a da r una au d ició n en el Conser- vatorio, dedicad a exc lusiv a men te al Claustro de Profesores.
Acept ó gust os o y apr o v e chó aq uell a feliz oportunidad para poner de manifiesto los insospech ados recursos de aquel in s - trumento en el que llegó incluso a improvisar sobre tem a s solicitados del doc t o au d it o r io, a la manera que lo venían haciendo ios má s gran des pianistas de la época. Arr-íeta y los demás profesores qued aron profundamente ad m ir a d os, tanto de su s excelen tes do t es de músico y ar ti s t a como de las posi- bilida d es orgántcas de la gu ita r ra. Felicitáronl e y se lamen-
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taron de que, desa tendien do un instru mento.en .el cual.le es- peraban ciertam ent e día s.'de gloriosa significación.personal, dedicase su s fa cultades al piano, en el que tantos .urttstas .eminentes destacabunpor el mund"o' < ,. " '..
Esto, unido.a un.triunfo.i-es o n a n te'que,obtuv.o algún..tiem- po después en.el.teatro Alhambra.en .am conci erto benéñco muyImportante en el que.t o mar o n .par te algun os.ar ti stas ern í- nentes españoles,y ex t ran jer os" ac abaron:de.decidir a Tárre-
ga. 'A partir.de este momen to,.la.fa rn a,y.una vida.enter a -
mente consagrada a.Ia guita rra ...Cam b i ó.:varia s yeces de r~
stdencia, Contrajo matrimonio, fijando su'.resid encia·en 1111,-
drid.p r imer o, después en .V a lenci a y, por'úítímo y de mane-
ra definitiva, en Barcelona, donde res idió ha sta suvmuerte, acaecida en la ciudad condal.
.Por el·año 1881 hizo su primer viaje a.Francia, visitando Lyon , alcanzando resonantes'éxito s y pa s ando después a París, llevadopor el ac to r Coq ueli n;quele dio a conocer enla cap ital 'f r a n'c es a y le in t rod ujo en los.círculos musi cales y artísticos de aquella gran capital, en la que, co m o siempre, causó'sen - sación. Alli convivi ó una ·tem po ra d a con un.núcleo de em i- nentes ar ti s t as españ oles: Madrazo (que-Ie hizo un.ret rat o) , Palmaroli, Casado, Fortuny y otros'. Fue invitado a'tomar parte en el centen ario"de Calderón , org anizado por.un com it é internacional' bajo la presid en cia de Víctor Hugo; en-es te fes- tdval fue, sin disputa , el ar ti s ta' que 'c a usó más ad m iraci ón , tanto, que mereci ó el hono r de que el ilustre,<lit erato citado le dirigi era una honros ísima car ta, Fue el ar tista más soli- citado'y mimado aqu ellos..día s ;..fue requ erido' para--to car'en las residencias de la rcina Doña Is abel H,del barón de Roths- child y otros próc eres y ar tistas ~minentes_ .
Del efecto cau sad o por-veste cxtriiordina~io in tér p rete que er a Tár rega, pued e ju zgar s e 'p o r el sigu ie n t e elogio que le tií- butó uno de los mejores críticos musi cales'dé la:cap ít a lTrán- ccsa: "Has ta ahora creí que-solamente Sara s atc , .con 'su'vio- lin, podía producir es a s 'arm on ía s que; trans portan do el alm a a otras esfe ras, le ha c en sen tirmister iosas impresiones . Hasta ahora imagi né'que nadie com o Rubins t ein tenía esa fa crltd ad en la ejecución, esa maes tría en el arte que le ha c e dominar el piano hasta el punto de ha c erlo'hablar,corno oí decir a ún o que a mi lado estab a . Al escuchar a la'céle b re Esmeraida Cervantee, creí que na d ie, .c om o ella sabí a.da r una expresión
tal .a .cualquier írrstrum ento,'como elia.al.arpa'que.tocaba.
Todo esto había·creído hastarayer;.pero:me.en gañé. Con' un .instrumento mucho más difícil;'oí an oc he la s armonías mas dulces,las voces máscelest ta les que instrumen to.algun o pueda producir. 'I'árrega, con su.jguí tar-ra, ha c e olv tdar:a ~Sarasate, borra de la imaginación el recuerdo de Rubinst ein y'dis ipa las armonías del ar p a de...Esmeralda ".
La modestia de'su ca rá c te r ~~ su t~t~ carencia dc vani- dad le impidieron apro':echatsed~ 'es tos ' trtuntosi y explotar la admiración de ('lI S contemporáneos. Su estancia en el"ex- tranjero duró poco. Tras úna:rápidá vídifu
' o: :
L6ndres volvióa
su querida España, de la que apenas voiviÓ'
' a'-
s·aii~...3
Por el año 1885 le vemos instalado definitivamente en Bar- celona en la que llegó a ser una institución. En la intensa vida musical y literaria de Barcelona, Tárrega era elemento de primer orden. Salió nuevamente a Francia. Visitó también Italia dos veces en 1908 y 1905, causando como siempre la más viva admiración; también hízo un rápido viaje a Argel.
Pero en realidad la mayor.p a r t e de su vida transcurrió a par- tir de 1885 en Barcelona, con largas temporadas de estancias en Valencia, más en Caatellón,' al que amaba profundamente y en Novelda, patria de su esposa. Slu arte extraordinario, la bondad de su carácter, su caridad y ternura infinitas, crea- ron a su alrededor fuertes núcleos de afectos, tanto famili a - res como de amigos y dlscipulos. Su desinterés y paciencia con los discípulos eran proverbiales.
En sus últimos años hizo una fecundísima labor, no sólo formando una pléyade de discípulos eminentes, sino perfeccio- nando la técnica del instrumento que con él entra en la más brillante etapa de su historia; por eso se ha hablado tanto
·de una escuela de Tárrega cuyas características expondremos más adelante. De su tenacidad, paciencia y amor a su Instru- mento predilecto da idea lo siguiente: Cuando ya era famos o, considerado indiscutiblemente como el primer guitarrista del mundo, cambió por completo su técnica y su pulsación, bus- cando la mayor perfección, depuración del sonido y las :n ejo- res y más lógica s fórmulas de mecanismo. Este gigantesco esfuerzo que ex ig ió largas y fatigosas horas de.es t u d io y ua - erlficlo se vio malogrado cuando acababa de alcanzar su ple- nitud por un trágico ataque de hemjpleg'ia que le paralizÓ el Ja d o derecho y le dejó por completo Imposibilitado para tocar.
Largos meses de convalecencia siguieron a tan trágico acon- tecimiento, meses de horrible sufrimiento para el eximio ar- t1s·ta.que veía perdido todo su trabajo y al que faltaba con uu guitarra lo más esencial de su vid a . Y aquí se vuelve a ma- nírestar la férrea voluntad y la capacídad de sacrificio de
·este hombre Insigne: sometido a un severo régimen de vida y de privaciones, em.pezó a recuperarse lentamente "J tan pronto empezó a sentirse mejor, j..uvo el heroico gesto de'em- pezar de nuevo el trabajo de sus dedos. El cielo premió su Inmenso sacrificio permitiéndole recuperar su espléndida téc- nica; la memoria de su repertorio y, con todo ello, ¡la alegría de vivir.
Desgractadament« no fue por mucho tiempo, ya que, en el mes de diciembre de 1909, en su día 15, se repitió el ::'a t a l ataque, esta vez contrágico desenlace, ya que el gran maestro murió a las pocas horas de sentirse Indispuesto. De la pro- funda huella que dejó, tanto en lo artístico como en el afecto
·y admiración de las gentes, se hablará en la segunda parte de este' trabajo.
En 1910, Vlllarreal dedicó un homenaje a su memoria, Inaugurando una lápida en su casa natalicia y dando su nom- bre a una de sus mejores avenidas. Al año siguiente, Caste- llón le dedicó un monumento en el paseo de Ribalta y, en 1916, por suscripción popular, fueron trasladados sus restos desde el cementerio de Barcelona al de Castellón.
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'E n la memoria de todos'están los brillantes actos que se le dedicaron con motivo del centenario de su nacimiento y, ,p o r úttímo, nos encontramos ante un nuevo acto para nos-
'o tros particularmente importante, ya que nos sentimos par-
_ticipes y autores en parte, al haber tenido el honor de pro-
poner y la alegría de'ver aceptado por el Minísterio de Edu- 'ca c i ón Nacional que el nombre de tan preclaro hijo de Cas- tellón, además 'de ilustre artista, hombre ejemplar, figure como distintivo de la Escuela del Magisterio Masculino de .Castellón.
IL-S.UARTE
Muchos de los,que me lean le conocieron, le quisieron y le admiraron. Sería vanamente pueril que intentásemos decir so- bre él nada que no esté ya en el ánimo de mis lectores: uu pre- claro talen lo, sus tenaces y profundos estudios, su abnegación .para el trabajo, aquel noble ahinco con que se atormentaba a sí mismo buscando siempre más perfección mecánica, más depurado sonido, más sincera y profunda emoción .en sus
¡n-
terpretaciones. Aquella total despreocupación de los bienes materiales, de los que nunca hizo aprecio, dedicado con fer vo'r
,ca s i místico a ¡;.:.t abrumadora labor; aquella bondad íntegral
sin ningún desfallecimiento'; aquella su alma clara, diáfaná, nunca empañada por un rencor ni 'p o r un pensamiento hostil, ni por un adarme de en vid ia , siempre vertida hacia afuera, hacia los luminosos mundos del'amo r
a
los's u y os , de las sin- ceras convicciones artísticas hondamente sentidas, de la amis- tad desinteresada, dándolo todo, prodigando los tesoros de su ternura a sus amigos,'de su arte a los públicos, de su saber a los discípulos." Todo en fin, es de'sobra conocido y,justa- mente alabado siempre.Y forma como una inmortal aureola que agiganta y realza su personalidad artística. Guardemos estos recuerdos con fervor y que su heroica vida de grandes -renunciaciones en pro de un ideal, de enérgica y dura au t ocr í- tica de su.labor --que nunca le parecía lograda siendo en rea- lidad maravítlosa-e-nos sirva de ejemplo a todos sin distinción:artistas, hombres de ciencia, trabajadores, pues a todos puede edificar. y guiar aquel insaciable e insaciado afán de supera- ción que Tárrega sintió como ningún otro artista ha sentido en el mundo.
Ocurr-Ida su muerte muy poco después de empezar el que esto escribe sus estudios guitarristicos, sin una relación dí- recta con el gran maestro desaparecido, fue, sin embargo.
absorbido desde el primer momento por el círculo mágico que en torno a él se había formado y que siguió actuando con la misma fuerza después de su desaparición; me refiero a su obra y a sus discípulos y amigos. Su sombra flotaba ~n el ambiente gultarrístico y gravitaba su recuerdo e in fl u en cia con una'fuerza avasalladora a través de los que habían reci- bido su directa influencia. Mli visión de la personalidad de Tárrega noes,.p u es,directa, sino Ci,ueha venidoa formarse por la observación de sus amigos y por el estudio de su obra. No obstante, es muy claray'me atrevo a afirmar,bastante exacta.
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Reco rdemos a los pr ímeros: Ad oración , vehemen c ia, adm i- rac ión entusiast a, indignació n apa s ionad a an te cu a lquier au d az que pretendies e salir de la más estr icta imitación de sus mé- todos ; afanosa busc a y egoíst a posesión de las obras del maestro ; minucioso recu erdo de sus au di c ion es, de su s pala - bras y men ores ges tos; éxtasis de ini ci a d os en el recu erdo y evocaci ón de su ar te. He aquí la ardoros a tem p es t ad desper- tada y no ex tingu ida todavía, por el mágico sortHegio de su arte inim itable, profundo y puro. Audiciones interm in a b le s en algún rincón apacible e ín ti m o durante el ma j es tuoso silen- cio de la noche, en las que, ejecutante y oyentes desp ertaban de su estu por al luc ir los primer os ra yo s de sol..Es t e es 111 cuad ro en el que puede obs erva r con claridad meridiana la ava- salladora sugestión desu arte Incomparable y.la en orme fuerza de su per sonaltdad que conquistaba y at r a ía y ataba con los su t il es lazos de los má s puro s sentimi entos. Lo que ac abo de decir es la decanta ci ón y resumen de miles de obs ervaciones y anécdotas fug a c es, a veces de insignificante con t en id o, pero, en realidad, de en o rme fuerza expresiva. Citaré una como muestra: Poco tiempo después de morir el maestro, aproxima - damente un añ o , vino a Valencia por primera vez el maravi- lloso pianista Emil Sauer y dio una audición en la sala del Conserv atorio de Música . As isti a ella con mi maestro don Joaquín García de la Ros a , discípulo y am ig o de 'I'árrega. Fue un conc ierto inolvid able, magn ific o, en el que el artista .·en - tonces en la plenitud de sus geniales facultarles de intérprete, electrizó al au di t or io con su ar te ex quisit o. MI entusi asmo er a grande,pues aq ué l era el primer ejecutante de gran altura que me rue dado escu char en aqu ellos em b ruja d os días en.q ue la música me brin daba constan tes y del eitosas iniciaciones.
Arreb atados , ta n t o mi ma es tro como yo, hacíamos apa sícna- dos comentarios y elogfos del con cie r t o. Pero , de pro nto, con torvo gest o de profundo desconsuelo, con acento dolorido que me conmovió. mi maest r o pronunció amarg am ente estas pala b r a s que tran s cribo literalmente : "Sí. sí; tod o ha es ta d o muy bien.pero a mí,me hacía disfruta r mucho más don Paco, con el que no puede compararse".
Preo cupa do por est o, me he preguntado después muchas veces: ¿Qué encanto su bli me em a naba de aq uella guitarra que er a capaz sól o en su evoca ci ón y no co n su preeencía , de borrar de un zarpazo,en un momento, la ¡{ozosa em oción nro- ducida pOI' un artis ta de la valía de Sauer ? Como és t a se'po- drían cit a r otr as muchas pruebas, El tan decantado y mano- sea d o apela ti vo de "mago de la guitarra" que es ya un tópico más que rancio y que tan alegremente se.prodiga, referido'a Tárrega, cobra un pleno sentido de autenticidad. El "mago de la guitarra ", realm ente fue él; aun su p on ie n d o que ex is ta o haya existido otro u otros guitarristas que puedan alcanzarry aun superarlos primores de ejecución y de técnica que él con- siguió.Y fue él, porque mágica era la atmósfera que, inmedla- .tamente que em peza ba a son a r su guitarra, rodeaba a sus oyentes. Como cosa de ma gia era aquella resistencia sin can- sancio con que todos, músicos o profanos, cultos o no, le es- cuchaban horas 'en ter a s sin fatiga ni distracción. Jamás ha tenido ningún público la resistencia a la fatiga y a la satura- ción music al , com o la tuvieron los hechizados auditorios de Tárrega.
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III.-SU OBRA
Respecto a su obra, resulta verdaderam ent e dificil ex pli ca r en es t as' rápidas impresion es su valo r intrínseco y su sigm- ficación en relación con el conjunto de la producción gui-
tarrtstíea. .
La guitarra que en su forma primitiva tuvo cuatro cuerdas, fue cultivada de un modo culto durante el siglo XVII, después de habérsele agreg ado la quinta, al parec er por un clérigo es- pañol llamado Vic ente.E s p in e!. En esta ép oca, ex is t i er o n una pléyade de guitarris t a s muy distinguidos , algunos de ellos también excele ntes com pos ito res, como Roberto de Viseo, nuestro Gaspar Sanz, Corbet ta, Doizi, Granada y otros.
Extiéndese el cultivo de la gu itar ra po r todas las Cortes de Europa y acaba por suplant ar totalmente la vihuela y el laúd, por cuya influencia seguramente ad q u ie re la sexta cue r d a -<ya qu e los dos citados instrumentos er a n de seis órden es- , pero sin que haya sid o posib leaveriguar quién se la puso ,ni cuándo y cómo ocurrió. La ex pansié n de la gu itar ra como instrumento de concierto y de salón ya en su fo r m a actu a lalca n za una bri- Ilante culminación a principios del siglo XIX, ép oc a en la que aparecen varios núcleos de grand es vir t u os os ta n t o españo- les, como italianos, frances es y austría cos, que convergen hacia dos gr a n des foc os guitarrísticos sit u a d os en París y Viena. Muchos no m b res pod r ían citar se : So r, Aguado, Schulz, Giot::liani, Carcassi y otros ; algu n os ta m b ién mu y' distinguidos comp os ito res.
Este esplendor entra pro n t o en decadencia; so b r e todo en calidad. No es que se aban d o n e el cu lti vo de la gu it a r r a , sino que cada vez sc cultiva con menos altura musical: se va per- diendo calidad ar tí s tica y nos vamos su mer g ie n d o en un mar de vals es cu rsis, habanera s co n azú c a r y cancioncillas lacri- mesas a las que la gu it ar r a pone una ar m o n ía cad a vez más simpl e y rudim enta ria.
En este ambien te pobre, cursi y un tanto es t óli d o , aparece Túrrega. Estos non los primeros pa sos y las primeras in fl u en - cias :'::f l'ida s por el ma estro :-r aq u í radica precisamente uno de sus más sólidos valor es: su eman ci.pa c ló n d3 todo ello.
Por todo lo dicho, no pued e afirmars e sin nc lar a c ió n . como rep etidamente se ha hecho ,que la gu it a r ra en su asp ecto con- certístico y elevado sea obra de Tárrega, pues an t es que él ya exiatí ó en esta forma y tu v o dos ép ocas florecientes. Y, sin embargo,.nlgo y au n mucho de verdad hay en dicha aflrma- cién, puesto que Tárrega, por su situación en el tiempo y en el espacio, apenas pudo ponerse en con t a ct o con aquella tra- dición sele c t a , ento n c es to talmen te in ter r.a m p tda, Su carácter modesto y sencillo, sin as p ir a c io nes, lleno de timidez, le impidió captar es ta tradición por su falta de movilidad, ya que le privó de poners e en co n tacto con las huellas que pudiesen quedar de todo ello por los rincones de Europa.
Por eso, no es literalm ent e el crea do r de la guitarra culta, pero sí su "resucitador" , con todo el significado de "!'e-
creación", es decir, de nueva creación que cabe atribuir a di- cho vocablo; pues el perfeccionamiento, renovación y ele va - ción de la guitarra que él trae su r ge de él mismo,de dentro a fuera, y no obedec e a ninguna su gere n c ia externa.
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Este es el valor, el alto valor que debemos asignar a sus transcripciones de los grandes maestros, hechas muchas de ellas con rara habilidad - qu izá algunas no del todo justifica- das por su neto carácter pianístico, pero si nOR atenemos a la intención, plenamente justificadas en su conjunto- pues Tárrega luchaba heroicamente, no para emancipar la guitarra de lo popular, que sie m p r e es bello, sino de algo peor: de la cursilería y de las puerilidades. A ello oponía Tárrega música de la más alta calidad y la tomaba de lo que tenía a su alcance y la hacía con arreglo a su leal saber y entender.
Otro mérito de positivo valor que debemos asignarle es la sistematización técnica. Hemos visto cómo Tárrega surge en un momento de decadencia y se levanta sobre él elevando el repertorio. Pero, como consecuencia de aquel converger :J. un instrumento único las muy diferentes maneras y estilos de los tañedores de vihuel a ,de laúd y de la propiagurítarra primitiva, la técnica había sido hasta en t on c es un tanto anárquica y un mucho personal de cada ejecutante y se habían propuesto, re- comendado y justificado los más dispares modos de pulsar y la más variada y pintoresca colección de estilos y efectos :ns- trumentales. Tárrega, con mano de gigante, en una eonstante y consciente observación de la íntima estructura orgánica de la guitarra y de las manos que la han de pulsar, se plantea por primera vez de modo integral estos problemas e incesante- mente va evolucionando y creando una escuela unificada, me- tódica, en la que todo se ha previsto: colocación de las manos, articulación de los dedos, calidad del sonido, fórmulas de me- canismo para alcanzar la máxima fuerza, agilidad e indepen- dencia de los dedos; em p leo sistemático del dedo anular de la mano derecha bastante descuidado hasta entonces; minucioso estudio y aprovechamiento de cuantos recursos y efectos so- noros puedan sacarse del lnstrumento.i., en fin, una titánica obra de síntesis que ha posibilitado la formación de innume- rables guitarristas y la plen a incorporación de la gnrítar'ra a la constelación de instrumentos solistas contemporáneos. In co r - poración que el genial Andrés Segovia se ha encargado de realizar recorriendo todo el mundo con su guita.rra y atrayendo hacia ella el interés de los más grandes compositores con- temporáneos.
Después de Tárrega y por su genial impulso, la guitarra ha entrado, pues, en una fase que pudiéramos llamar de técnica consciente y unitaria. Su es t u d io puede realizarse, gracias a él, de manera metódica,progresiva y rápida. Su eminente dis- cípulo Emilio Pujol ha recogido su doctrina y la ha perpetuado y completado con valiosísimas aportaciones propias en un Método el más completo que ex is t e.
n- ISABEL FERRER Y GINER
Nac id a en el sen o de una fam ili a em paren t a d a con los más ilustres linaj es de la vdlla de Castell ónde la Plana, doña Isabel Ferrer y Giner fue hija de don Manu el Ferrer, doctor en am- bos derechos, y de doña Magdalena Giner. Su vida transcurrió entre las comodidades de un ambiente de casa burguesa aco- modada, los:cuidados de una haci enda próspera, la at en c ión a las labores domésticas y el ejercicio de una vida piadosa de que nos han llegado elocu en tes detall es. El Padre José Rocafort, agustino del convento de Castellón y autor de un dietario en que desde su celda recogía el pulso de cuanto de interés ocurría en la·villa, cita en varios pasajes de su libro a doña Isabel Ferrer, a la que nos pres enta como ge- nerosa protectora de neces ida d es y "muy devo ta y afe ct a" a aquel convento. Es t a.s noticias nos la sitúan ya como cris- tiana am a n te del prójimo y en una linea al fin a l de la cual desemboca en una obra que la hace en t ra r en los honores má- ximos en la historia de su pueblo: la fundación y sosteni- miento a susexpen sas de la Casa de Ens eñ anza , primer cen- tro de ed u cación de'rrí ña s hasta entorices ex istente en la villa.
Faso. Caatcll ón en ese último ter cio del sig lo XVIII de los diez mil a los trec e mil habitan t es , habi endo ca s i tr ip lic a - do la población en el transcurso de cuaren ta años. La eco- nomía tiene un rítmo de prosper idad creci ent e, gr a c ia s , sobre todo, a la seda y al cáñamo que dan a la comarca una sín- gular nombradía y un productivo que h a ce r a la laboríosidad de sus habitantes. No tien e Castellón una abundante clase noble, pero sí un nutrido cuerpo de gen tes burguesas y de funcionarios entre Jos que se va perfilando ya el ambiente provinciano que va ser peculiar del sig lo XIX.
Cuál er a el deseo de doña Isabel Ferr er al establecer la Casa de Enseñanza queda detalladam ente explicado en el propio testamento de la foundadora: "Vien do la necesidad gran- de de este pueblo tan numeroso de una Casa de Enseñanzá para las niñas, con el fin de que ap ren dan la Doctrina Cris- tiana, coser y otras labores , mayormente entre la s gen t es pobres que por no ten e r pos ibili dad para pa g a r maestras se críansin ed uc a ción, de que sig uen :T,ran des inconven ientes con
las perversas costumbres que aprenden no teniendo estos prin- cipios, mayormente en mujeres en que debe reinar más el re- cato, procuraré algunos años hacer expender bastantes can- tidades en componer la casa propia de mi habitación para piezas de enseñanza, y desde luego a mis costas puse maestras que a mi vista instruyesen a cuantas niñas quisiesen acudir, sin que los padres de éstas tengan obligación de satisfacer cosa alguna porque he satisfecho yo a las maestras y dado habitación en la propia casa y habiendo observado el gran beneficio que logra este común y también el Estado, pro- curaré solicitar de S.M. el real permiso para amortizar bienes a este fin, que comprendo del servicio de Dios Nuestro Señor semejantes establecimientos, y también al Rey y a la causa pública.;"
Si bien la instr.ucción de los niños contaba en la villa de Castellón con gloriosos antecedentes que se remontan por lo menos al siglo XIV en que ya las humanidades latinas tenían entre nosotros dignos cultivadores y a cuyo sostenimiento prestaba magnífica atención el municipio, cuando no ilustres y beneméritos castellonenses como el Obispo doctor José Cli- ment, no existía institución alguna de carácter público que se ocupase de la educación femenina. La formación de la mujer se reducía al conocimiento de las labores domésticas, transmitido de madres a hijas, y, en el mejor de los casos, al aprendizaje de las letras elementales que particularmente pudieran proporcionarse. Cabe suponer la cantidad de muje- res analfabetas que debía de haber, con todas sus funestas derivaciones y consecuencias.
.En primero de octubre de 1778 dieron comienzo las clases en la Casa de Enseñanza con tres maestras procedentes de la Casa Enseñanza de Valencia, mujeres "de habilidad y de .v i r t u d " (según el cronista Padre Rocafort) y con experiencia de'p or.lo menos doce años en la práctica docente.A cada una de ellas asignó la fundadora un sueldo de doscientas libras anuales y la obligación de no percibir cantidad alguna de sus alumnas. No había transcurrido mucho tiempo de la fun- dación cuando ya la Casa albergaba a doscientas veinte alumnas.
Estaba doña Isabel cerca de los cincuenta años al fundar su obra. Era mujer madura, soltera, y así su fundación tiene el sello de la madurez, ponderación y clara percepción de la trascendencia, uniendo al espíritu cristiano que impregnó toda su vida ciertos rasgos del aíre progresista dominante en la época. Aires de despotismo ilustrado, en síntesis, que ten- drán su cabal expresión en la villa poco tiempo después con el gobierno de Bermúdez de Castro, en los años finales del XVIII e iniciales del XIX
. El proyecto de Isabel Ferrer era ambicioso: pronto conta- ba con llegar a las mil alumnas. Ello le impulsa a elevar al rey una representación en la que solicita BU real protección y la exención de determinadas obligaciones fiscales, a lo que accede Carlos 111 por privilegio fechado en San Lorenzo de El Escorial a 12 de octubre de 1786, algunos de cuyos párrafos son del mayor interés. "Por cuanto -dice el privilegio- por parte de doña Isabel Ferrer y Gíner, de estado doncella, ve- cina de la villa de Castellón de la Plana, Reino de Valencia.
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se me ha representado que en el año de 1780 l>t informaron personas celo s as del au men t o de la Reli gi ón y del est a d o la deplorable constituci ón en que se hallaban la s niñas de aque- lla villa por falta de educaci ón cr istiana, en la en s eñan za de labores propias de su sex o, proc ed ía todo de no hab er maes- tras que atendi es en a tan indispen s abl es pr incipios , y habi en - do examinado por sí ta m b ié n lo que se le habia informado, encontró por cierto y que nec esit aba de remedio , y por lo mismo le pareció oportuna ocasión pon er en ejecu c ión el pen - samiento que tenía a hacer algún bien a la pa tria (m ed ian t e a encontrars e sin herederos forzos os ni en dis posi ció n de tomar estad o de matrimonio) a imita ción de otro igual be- neficio que el Rmo. Obi spo don Josef Climen t ha bí a disp en- sado a dich a villa en hab er es t a blecid o una cas a de reco lec- ción para niños o niñas huérfanos , y para llevar adelan te su pensamiento y que tuvies e favorabl es efectos y ga s t ó dinero propio una considerable suma en proporciona r diferentes pie- zas en la casa de su habitación para la labor de las niñas y habitación de tr es ma estra s que desd e luego destin ó a la en - señanza en el salar io de 1.5CO reales vellón an u a les a ca d a una, sin que los padres con trib u yan en cos a alguna para dicho salario, porque muchos por no poder y otros por no querer satisfa c er un co r t o estipendio mensual dej aban a su s hijas con la misma o ma yor ignoran cia que lo es tab a n su s madres en la s labores . Q,ue en el limitado tiempo de dos años que tuvo principio esta en se ñ a n za se han co no c id o not a b le s ventajas en el ad elantami ento a las niña s con admira c ión de los padres de és t a s, de todo el vecindario y tamb ién del Rmo.
Obispo de Tortos a, quien se enteró muy por menor cuando pasaba a .ha c er la vis ita a aquella feligresí a y que co n ti- nuando esta ens eñ anza podría prometer s e ser más felizaquella villa... y vien do la referida doña Isab el Ferrer y Giner los felices efe c to s de su proyecto la alien tan a co n ti n uar hasta su muerte en fomen tar más esta en señan za... dej a y ag r ega por ahora varios bien es que asc ien de n a má s de trec e mil pesos en fincas y bienes fructíferos , raíces y de buena cali dad, todos sitos en el término de aquell a villa..."
Con todo" los requisitos legales quedó, pues, establecida la fundación de la Cas a Enseñ anza, y con tan fir mes raíc es que hasta el momento de hoy llega la vida de la ben éfica in stitu- ción. No podía ser de otro modo, ya qu e se hizo - s on su s propias palabras- "llevando la mir a de ha c er este obsequio que espero será del divino ag rado por la ed ucac ión pública de su Sa nta Ley".
PUBLICA CIONES DE LA S ESCU ELAS DEL MAGi STER IO DE CASTE
De pósi tole gal