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Tema 3. EL ESPLENDOR DE LA ESCOLÁSTICA CRISTIANA MEDIEVAL:

SANTO TOMÁS DE AQUINO

0. BIOGRAFÍA

Tomás de Aquino (1225-1274) es el pensador más relevante de la escolástica cristiana medieval. Hijo menor de los condes de Aquino, nació en Roccasecca, cerca de Nápoles. A la edad de cinco años ingresó en el monas-terio benedictino de Montecassino, donde hizo sus primeros estudios. En el año 1245 ingresó en la orden mendicante de los dominicos, en Nápoles. Estudió en París durante los años 1245-48 bajo la dirección de Alberto Magno, a quien acompañó después a Colonia. En 1252 regresa a París como profesor de teología. Tomás murió cuando se dirigía a Lyon para participar en el concilio ecuménico.

Sus dos obras más importantes son Summa contra gentiles y Summa Teológica. Otras obras de Santo Tomás son los opúsculos Sobre el ente y la esencia, Sobre los principios de la naturaleza y diversos comentarios a varias obras de Aristóteles, por ejemplo a la Metafísica y a la Ética a Nicómaco.

Antes de pasar al estudio del pensamiento tomista expondremos el contexto histórico, cultural y filosófico en el que se desenvuelve su vida y en el que tiene lugar, por tanto, su pensamiento.

1. CONTEXTO HISTÓRICO, CULTURAL Y FILOSÓFICO

Durante el siglo XI se va a iniciar un proceso de desarrollo urbano que va a alcanzar su esplendor en el siglo XIII. Las ciudades logran una gran prosperidad; son centros de producción y de un comercio floreciente. Las principales urbes están emplazadas en lugares estratégicos:

 a orillas del Mediterráneo: Pisa, Génova, Marsella o Barcelona

 en las rutas comerciales: Colonia o Milán

 Mar del Norte: Amberes, Brujas o Hamburgo.

Estas circunstancias traen consigo cierta estabilidad económica; se consolida la moneda y se desarrollan las organizaciones artesanales, gracias a lo cual muchos campesinos y comerciantes se enriquecen. Conjuntamente se produce también un importante aumento de la población.

Desde el punto de vista político empiezan a aparecer los Estados en

sentido moderno1, surgiendo en esta época la polémica entre los reyes y

el papado sobre si el poder secular tiene que someterse al poder eclesiástico. Por su parte, el papado pretende conseguir la dirección política de Occidente defendiendo la supremacía universal del Papa.

1 En Inglaterra se promulga la Carta Magna en 1.215 en la que se limita el poder de los reyes frente a las

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En el ámbito cultural el hecho más destacable es la fundación de las universidades, que proceden en su mayoría de la evolución o el desarrollo de las escuelas catedralicias. Se constituyen como agrupaciones de profesores y estudiantes, al modo de los gremios medievales, con privilegios y beneficios de los reyes y obispos pero también con estatutos y reglamentos. Las universidades estaban agrupadas en cuatro secciones: Artes, Teología, Derecho y Medicina. Las más famosas de todas ellas fueron las de París, por la enseñanza de la filosofía y la teología; la de Bolonia por sus estudios de derecho; y la de Oxford por las ciencias naturales. La Universidad de Salamanca se creó en 1.220. A través de las universidades tuvo lugar la recepción y el estudio de textos griegos (sobre todo de Aristóteles) y árabes (como los comentarios de Averroes).

Por otro lado, aparecieron las órdenes mendicantes. Las congregaciones más importantes fueron la de los franciscanos, que se concentraron en la predicación, y los dominicos, dedicados a la predicación y a la enseñanza. De estas órdenes surgieron maestros que ocuparon cátedras en las universidades y polemizaron con los maestros seculares.

De estas dos órdenes, los franciscanos desarrollan un pensamiento de inspiración agustiniana y platónica, mientras que los dominicos se esforzaron por introducir y aprovechar las enseñanzas de Aristóteles.

Asimismo, en el siglo XIII se desarrolla el arte gótico, que surge en el norte de Francia y se expande por todo Occidente. Frente al arte románico, que refleja una sociedad rural de campesinos y guerreros, el gótico es un arte perteneciente a la cultura urbana coincidente con la incipiente burguesía, las universidades y el florecimiento de las órdenes mendicantes. Los edificios más destacados son las catedrales, que se convierten en un símbolo de la grandeza de las ciudades.

El pensamiento en Occidente hasta el siglo XIII se había caracterizado por el predominio absoluto de la filosofía de inspiración platónica. A este predominio del platonismo había contribuido no solamente la obra de San Agustín continuada en el agustinismo, sino también el desconocimiento casi total de la filosofía de Aristóteles durante este dilatado periodo. De la obra aristotélica solamente se conocían algunas partes de su lógica, pero nada de su física, ni tampoco de sus teorías fundamentales acerca de la metafísica, la antropología y la teología.

Pero es en el siglo XIII cuando a la Universidad de París (que era en ese momento la capital intelectual de Europa) llega la obra aristotélica en versión íntegra y también los comentarios de Averroes a dicha obra (siglo XII) que ofrecían un aristotelismo puro.

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A fin de salvar la incompatibilidad de las tesis averroístas con la doctrina cristiana, Siger de Brabant propuso la doctrina de la doble verdad, según la cual hay una verdad religiosa y una verdad filosófica y científica. Esta doctrina sería adoptada por la mayoría de defensores europeos del averroísmo.

Pues bien, la llegada de Aristóteles produjo una enorme conmoción en el pensamiento europeo: el Papa previno enérgicamente contra esta filosofía, los agustinianos la combatieron ferozmente y el obispo de París la condenó una y otra vez. A pesar de todo esto se creó un movimiento aristotélico conocido como averroismo latino, cuyo máximo representante fue Sigerio de Brabante, que fue expulsado de la Universidad de París y condenado a cadena perpetua.

El averroísmo se caracteriza por la defensa de tres tesis:

La eternidad del mundo. Esta tesis contradice a la fe cristiana, según la cual el mundo ha sido creado por Dios.

El alma humana no es inmortal. El alma es definida por Aristóteles como el principio de la vida, lo que anima el cuerpo; por tanto, cuando desapa-rece la vida, desapadesapa-rece el alma. También esta tesis es contraria a la doctrina cristiana.

La teoría de la doble verdad. Esta tesis propone que hay dos tipos de verdades: las verdades de fe o teológicas y las verdades de razón o filosóficas. Así, por ejemplo, se puede aceptar que el alma es inmortal según la fe, pero sería corruptible y perecedera, de acuerdo a la razón. En el fondo esta teoría muestra un intento por defender la autonomía de la razón frente a la fe, lo cual era inaceptable para los defensores de la postura de San Agustín; éstos consideraban que la única verdad es la cristiana, que ha sido revelada por Dios, quedando limitada la función de la razón a hacer inteligibles las verdades de la fe.

Santo Tomás se separa claramente de los averroístas en aquellos puntos que resultaban contrarios a la fe cristiana, pero su actitud frente a la filosofía de Aristóteles es enteramente positiva. De hecho, construye un sistema filosófico de clara inspiración aristotélica, aunque no acepta el aristotelismo en su integridad; básicamente toma aquellas nociones que no contradicen su fe cristiana.

Por otra parte incorpora otros elementos procedentes del agustinismo y del neoplatonismo, de modo que podemos afirmar que lo más original de su pensamiento es su capacidad de síntesis:

 la distinción entre esencia y existencia que procede de árabes y judios

 el principio platónico de la participación

 el principio platónico de la causalidad ejemplar: Dios es el modelo supremo al que tienden a imitar todos los seres creados

 el principio neoplatónico de los grados del ser y perfección, estando la

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plantas, los animales irracionales, y las sustancias intelectuales. 2. RELACIONES ENTRE RAZÓN Y FE

A pesar de que en la Universidad de París se prohibió hasta en dos ocasiones leer a Aristóteles (1210 y 1215), el dominico Alberto Magno2 no

renuncia a conocer su obra, ya que considera que no se le puede rechazar si no se le conoce. Pero fue Tomás de Aquino, su discípulo, quien recogió la antorcha e hizo suyas las metas que no logró alcanzar el maestro. Santo Tomás estaba convencido de que el sistema de Aristóteles era, en sus líneas generales, compatible con la fe cristiana y que, además, ofrecía una interpretación de la realidad en sí misma valiosa y aceptable. Así pues, elabora un sistema filosófico de clara inspiración aristotélica, aunque en algunos momentos no duda en tomar ciertos elementos platónicos y neoplatónicos.

La llegada del aristotelismo a Occidente y la teoría averroista de la doble verdad habían impuesto a los pensadores cristianos la necesidad imperiosa de replantear el problema de las relaciones entre razón y fe sobre bases distintas a las del agustinismo. En este sentido, el intento protagonizado por Tomas de Aquino es, seguramente, el más notable de cuantos ha producido el pensamiento cristiano.

Antes de pasar a la exposición de dicho planteamiento recordaremos brevemente las posiciones que hasta el momento se habían mantenido en referencia a dicha problemática.

En el tema de las relaciones entre razón y fe, la postura que había predominado era la sostenida por el agustinismo. En esta postura se insiste, sobre todo, en que la razón sirve para contribuir a esclarecer los contenidos de la fe, y por eso mismo se va a ver a la razón como una herramienta, como una

técnica al servicio de la Teología, lo que da origen a la célebre expresión: “la

filosofía es esclava de la teología”. En este sentido, San Anselmo (agustiniano del siglo XI) reitera el concepto de sabiduría cristiana agustiniana que implicaba la subordinación incondicionada de la razón a la fe; sin fe no hay verdadero conocimiento. La Verdad es única y es la Verdad revelada, y se halla siempre en el Cristianismo, de manera que la filosofía es útil y buena con tal de que no

se oponga a la Verdad revelada por Dios. La afirmación anselmiana “cree para

entender”, expresa claramente su posición al respecto. Lo más característico del agustinismo, continuado por los franciscanos, es la no delimitación clara entre la filosofía (razón) y la teología (fe).

A partir del surgimiento del averroismo latino empieza a hablarse, como hemos visto, de la doctrina de la doble verdad. Según ella, una proposición puede ser verdadera en filosofía y falsa en teología porque el origen de las verdades es diferente. Surgió como consecuencia de la recepción de Aristóteles en el Occidente cristiano y de la versión o interpretación de Averroes que, en los puntos que anteriormente hemos señalado (en el contexto) era contraria a la Biblia. Como hemos señalado ya, los averroistas fueron condenados y su

2 San Alberto Magno fue un destacado teólogo, geógrafo, filósofo y figura representativa de la ciencia

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máximo representante, Sigerio de Brabante fue expulsado de la Universidad de París y condenado a cadena perpetua.

Santo Tomás subrayó que en ningún caso puede haber incompatibilidad entre la fe y la razón, ya que si se acepta esto, se llega a la teoría de la doble verdad que es considerada por él como contradictoria, absurda, y por tanto, inadmisible. Así pues Santo Tomás replantea el problema de las relaciones entre razón y fe desde una nueva perspectiva en la que se desmarca tanto del agustinismo como del averroismo. Veámoslo.

Santo Tomás propone que existen dos ámbitos de conocimiento con contenidos propios: el de la razón y el de la fe. Existen contenidos de la razón que no lo son en absoluto de la fe. Así, por ejemplo, los conocimientos que nos pueden ofrecer la química o la biología pertenecen al ámbito de la razón, de la ciencia natural. También existen contenidos de la fe que no lo son en absoluto de la razón. Una afirmación del tipo «Dios es a la vez uno y trino» es una verdad de fe. Es lo que llamamos un artículo de fe o un dogma de fe y, el ser humano, haciendo uso de su razón nunca podría alcanzar esta verdad si no le hubiese sido revelada por Dios. Pero existen también conocimientos comunes a la razón y a la fe: que el alma es inmortal o que Dios existe son verdades que podemos aprehender tanto por la razón como por la fe, de manera que para Santo Tomás existen también verdades que pertenecen a ambos ámbitos, y son los llamados preámbulos de la fe.

El siguiente diagrama de Venn nos puede servir para expresar gráficamente lo que quiere decir Santo Tomás.

La razón y la fe son autónomas e

independientes, constituyen dos fuentes

de conocimiento distintas; pero no puede haber contradicción entre ellas, pues la verdad es única. No obstante, comprenden algunos contenidos comunes, lo cual va a permitir la colaboración entre ambas. Así, la razón puede ayudar a esclarecer las verdades de la fe, ofreciéndole procedimientos y argumentos que las hagan comprensibles. También puede contribuir a la constitución de la teología como ciencia. Por su parte, la fe le sirve a la razón de guía a fin de no extraviarse en sus conclusiones, de modo que si contradijeran alguna verdad revelada, dichas conclusiones serían falsas, teniendo que volver a revisar las argumentaciones para que se acomoden a las verdades de la fe.

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(postura de Averroes), también comparten un mismo espacio, haciéndose posible la colaboración (San Agustín).

Como vemos, aunque Santo Tomás parece que adquiere el compromiso de dar a la razón una cierta autonomía, comprobamos que esa autonomía es bastante limitada, ya que si hubiera contradicción entre lo revelado y lo afirmado por la razón, siempre será debido (según Santo Tomás, claro) a errores de la razón, y nunca se plantearía que es debido a una interpretación deficiente de los contenidos de la fe cristiana.

Por otro lado, la existencia de contenidos comunes a la fe y a la razón plantea algunas cuestiones de notable interés. Por ejemplo, cabe plantearse qué sentido tiene la existencia de tales contenidos comunes a ambas. Aquino justifica su existencia aduciendo razones de carácter circunstancial y de carácter estructural: circunstancialmente, es conveniente que ciertas verdades asequibles a la razón sean también impuestas por la autoridad de la fe, ya que muchos hombres carecen de tiempo y preparación filosófica y de no ser por la fe, no les sería posible acceder al conocimiento de las mismas; estructuralmente es conveniente también, dada la posibilidad de error que amenaza constantemente a la razón humana.

3 . L A S C I N C O V Í A S P A R A L A D E M O S T R A C I Ó N D E L A

E X I S T E N C I A D E D I O S

El problema de su demostración.

Podríamos pensar que Dios puede ser perceptible directamente por la razón, al modo como vemos las verdades del tipo "los triángulos tienen tres lados"; a estas proposiciones las denomina Sto. Tomás evidentes en sí mismas; en ellas el predicado se incluye en el sujeto pues en la esencia de sus objetos se encuentra la propiedad referida en la proposición. Son, además, evidentes para nosotros cuando las vemos como verdaderas con solo comprender el concepto sujeto. Si la existencia de Dios se incluyese en su

esencia, entonces podríamos captar la verdad de la proposición “Dios existe”

con la mera comprensión del término "Dios"; agunos filósofos (San Anselmo por ejemplo) creerán que se puede mostrar la existencia de Dios basándose en ese

supuesto (el “argumento ontológico”). Sto. Tomás mantendrá, por el

contrario, que no cabe una argumentación de ese género porque la esencia de Dios no nos es dada con la misma claridad que por ejemplo, la esencia del triángulo. Ello quiere decir que la proposición "Dios existe" no es evidente para nosotros, aunque sea evidente en sí misma (pues es verdad que la existencia se incluye en la esencia de Dios).

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antecedentes en Aristóteles y Platón y son demostraciones a posteriori: parten de los efectos de la actuación de Dios en el mundo para remontarse a Él como causa última. En la Suma Teológica expone cinco argumentos (cinco vías) que le permiten demostrar tal existencia.

En líneas generales, el argumento ontológico había quedado formulado del siguiente modo: todos los hombres (incluso el necio que en su corazón

afirma que Dios no existe) tiene una idea o noción de Dios, entienden por “Dios”

un ser tal que es imposible pensar otro mayor que él. Ahora bien, un ser tal ha de existir no solamente en nuestro pensamiento sino también en la realidad, ya que, en cado contrario, sería posible pensar otro mayor que él (a saber, uno que existiera realmente) y, por tanto, caeríamos en contradicción. Luego, Dios existe no sólo en el pensamiento, sino también en la realidad.

Como vemos, San Anselmo, parte de su creencia en la existencia necesaria de Dios y la razón es utilizada en este argumento sólo para hacer inteligible este carácter necesario de la existencia divina. Para mayor claridad, reformulemos el argumento de la siguiente manera: Dios, por definición, es (o bien, la idea de Dios) es la idea de un ser que posee todas las perfecciones en grado sumo; ahora bien, existir es una perfección y, por tanto, la existencia forma parte de las perfecciones divinas, luego Dios existe realmente.

Pues bien, este argumento es falaz, según Tomás de Aquino, porque si partimos de la esencia pensada Dios, solamente podemos concluir en su existencia pensada, pero no en su existencia real, fuera del pensamiento.

La diferencia entre el argumento ontológico y las vías tomistas responden a la diferencia entre lo que se ha dado en llamar demostración a priori y la demostración a posteriori de la existencia de Dios. En el primer caso (al que responde el argumento ontológico) se parte de la causa hasta llegar al efecto; se parte, por tanto, de algo que es anterior y se camina hacia lo que es posterior.

Sin embargo, la demostración a posteriori es aquella que parte del efecto y se apoya en lo que es anterior únicamente con respecto a nosotros. Así, a partir de un efecto cualquiera (por ejemplo, los seres creados) puede demostrarse la existencia de su causa propia. Por tanto, y resumiendo, aquí se parte del efecto para llegar a la causa. Este es el camino seguido por Sto. Tomás en la Vías.

La demostración tomista: las cinco vías

Efectivamente, para Santo Tomás, la proposición “Dios existe” es una

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demostraciones de la existencia de Dios deben partir de datos que sean para nosotros más evidentes aunque en sí mismos tengan menos racionalidad que Dios mismo. Como no sabemos en qué consiste Dios para nosotros, aquella proposición no es evidente, sino que necesitamos demostrarla, y demostrarla a partir de aquello que es más evidente para nosotros, esto es, por los efectos. De este modo, Santo Tomás propone cinco vías, o pruebas racionales, que demuestren la existencia de Dios. El esquema de todas ellas es idéntico:

1. Punto de partida: Se parte de un dato de experiencia, un rasgo que se puede observar en las cosas y que es distinto para cada Vía (movimiento, causalidad, existencia dependiente de otro ser, perfección, conducta final).

2. Principio metafísico: en un segundo momento, Santo Tomás introduce un principio de índole filosófico o metafísico a partir del cual desarrolla la prueba (todo lo que se mueve se mueve por otro, nada de lo que experimentamos es causa de sí mismo...).

3. Imposibilidad de series hasta el infinito: este momento es

particularmente claro en la primera y segunda vía, en donde se señala expresamente la imposibilidad de prolongar hasta el infinito la serie de motores y la serie de causas eficientes, siendo necesario detenerse en un término.

4. término: las vías concluyen en la afirmación de la existencia de

Dios y en cada caso atribuyéndole un rasgo característico (Primer Motor, Primera Causa, Ser Necesario, Ser Perfectísimo, Ser Ordenador). Los nombres dados a Dios en cada una de las vías se fundamentan en la consideración de las cosas del mundo como efectos de su poder creador; pero esos efectos no son proporcionales a la causa (a Dios) dada la radical distancia que le separa de las criaturas; sin embargo, por cualquier efecto podemos deducir la existencia de la causa correspondiente, así por los efectos de Dios en la creación podemos demostrar su existencia, aún cuando no podamos tener un conocimiento exacto de cómo es Él en sí mismo.

El esquema de las vías podría ser el siguiente:

LAS CINCO VÍAS

Por el

movimiento Por la subordinació n de las causas eficientes

Por la

contingencia de los seres

Por los grados en las imperfeccion es de los seres

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Punto de partida

Los sentidos nos muestras que en el mundo hay cosas que cambian

La experiencia muestra que en el mundo sensible hay causas eficientes

Encontramos que las cosas pueden existir o no existir (son

contingentes)

En la

naturaleza hay una jerarquía de valores o perfecciones

Hay cosas que no tienen

conocimiento y sin embargo obran por un fin

Principio metafísico

Todo lo que se mueve es movido por otro

No hay nada que se causa de sí mismo

Los seres contingentes no tienen el principio de su existencia en sí mismos

Lo perfecto no puede tener su origen en lo imperfecto sino sólo en algo aún más perfecto

Las cosas que carecen de conocimiento sólo pueden tender a un fin si alguien que entiende las dirige Imposibili dad de series hasta el infinito

En la serie de motores no se puede seguir indefinidament e

En las causas eficientes no es posible retroceder indefinidament e

No es posible la serie indefinida de seres

relativamente necesarios

Término Debe haber un primer motor no movido por nadie

Debe existir una Causa Eficiente Primera

Debe existir un Ser absolutamente necesario Debe existir Ser Perfectísimo

Debe existir un Ser inteligente que dirija a todas las cosas

naturales

Conclusió

n DIOS EXISTE

Este mismo esquema se podría explicar de la siguiente manera:

La primera vía o prueba cosmológica: se sustenta en la filosofía de Aristóteles. Se parte de la constatación y de la observación del movimiento en el mundo. Todo lo que se mueve es movido por otro, todo cambio exige un motor. Como la serie de motores que a su vez son movidos no puede prolongarse hasta el infinito, porque entonces no habría un comienzo del movimiento, es necesario afirmar la existencia de un primer motor, que a su vez sea inmóvil, y este Motor Inmóvil o Primer Motor, es Dios.

La segunda vía o prueba causal: se basa en Aristóteles y Avicena3.

Se comprueba el hecho de que hay causas causadas. Todo efecto tiene una causa, pero como nada puede ser causa de sí mismo, ya que entonces tendría que precederse a sí, y la serie de causas subordinadas no puede extenderse al infinito, tiene que haber una Causa Incausada, que es Dios.

La tercera vía o prueba de la contingencia: se apoya en las

3 Nació en Persia en el 980 en el seno de una familia musulmana. Fue un estudiante y sabio precoz. Dominó

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aportaciones de Avicena y Maimónides4. Encontramos que las cosas del mundo

existen, pero pueden dejar de existir, es decir son contingentes. Si toda la realidad fuera así podría suceder que nada existiera y entonces nada podría empezar a existir. La contingencia de los seres creados obliga a aceptar la existencia de un Ser Necesario, que no puede no existir, el cual es Dios.

La cuarta vía o prueba de los grados de perfección: inspirada en Platón y el neoplatonismo. En la realidad encontramos que hay seres más y menos perfectos, es decir, hay grados de perfección. Y esta jerarquía de los seres sólo es comprensible si aceptamos que hay un Ser Sumamente Perfecto que determina la medida, el cual es Dios.

La quinta vía o prueba del gobierno del mundo (o también llamada prueba teleológica): se fundamenta en Anaxágoras, Platón y Aristóteles. Observamos que todos los seres naturales que carecen de conocimiento tienden hacia un fin, lo cual hace que el universo sea un cosmos, un todo ordenado, no un caos. Y esto nos lleva a aceptar la existencia de una Inteligencia Ordenadora, que es Dios.

Como vemos en la cuarta vía no aparece explícitamente el principio de imposibilidad, pero es evidente que si no existiera tal ser perfectísimo, sería imposible atribuir cualquier tipo de perfección a los seres pues no habría referente con el que hacer la comparación.

Del mismo modo, en la quinta vía no se menciona explícitamente este tercer paso, pero es evidente que si no existiera la inteligencia ordenadora, sería imposible que hubiera un orden en el Universo.

Estas cinco vías han sido clasificadas en dinámicas y estáticas. Así las vías primera, segunda y quinta se basan en el carácter dinámico de los seres, mientras que la tercera y la cuarta se basan en la limitación de los seres (contingencia y grado relativo de perfección).

El argumento ontológico, aunque rechazado en la Edad Media por Santo Tomás, fue aceptado y defendido, aunque con variantes en su formulación, por el racionalismo en el siglo XVII (lo veremos en Descartes). Posteriormente fue rechazado por Kant en el siglo XVIII.

Tampoco las vías tomistas tardaron mucho tiempo en ser criticadas y

rechazadas. Así, en el siglo XIV, Guillermo de Ockham5, crítico demoledor tanto

del agustinismo como del tomismo, replantea de una forma totalmente nueva las relaciones entre razón y fe. Este pensador da autonomía a la razón frente a la fe, de manera que elimina la zona de intersección que el aquinatense de Aquino había afirmado. Las proposiciones que éste consideraba comunes a la razón y la fe (los preámbulos de la fe) son consideradas por Ockham indemostrables racionalmente y, por tanto, objeto exclusivo de la fe religiosa. De este modo, la

4Nació en Córdoba en 1135 en el seno de una distinguida familia de jueces rabínicos. En 1148, una ola de

fanatismo almohade hizo que su familia tuviera que aparentar su conversión al Islam y trasladarse por diferentes lugares de la España musulmana. Vivió en Almería, donde dio cobijo a su maestro Averroes. Posteriormente se trasladó a Fez, Palestina y Egipto donde ejerció como médico en la corte de Saladino. Su fama en la cultura europea se debe a su obra filosófica (oposición al misticismo e influencia aristotélica).

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existencia de Dios es, para este autor, indemostrable racionalmente.

4 . L A T E O R Í A D E L C O N O C I M I E N T O

Como ya explicamos al principio, en el contexto, Santo Tomás elabora un sistema filosófico de clara inspiración aristotélica, de manera que los principios fundamentales de su filosofía son tomados de Aristóteles.

Uno de esos principios es la teoría hilemórfica de Aristóteles. Santo Tomás afirma que el hombre es una realidad sensible, una sustancia compuesta de dos partes, materia y forma: el cuerpo es la materia y el alma es la forma. Ninguna de las dos partes constituye por sí sola el hombre. Esto quiere decir que la unión entre el alma y el cuerpo es una unión sustancial, no accidental. Así pues, el hombre no es el alma, como proponían Platón y San Agustín. El alma es la forma del cuerpo y el principio de la vida. No obstante, Santo Tomás admite que entre el cuerpo y el alma existe una cierta independencia, sin llegar a la tajante antítesis que había mantenido Platón y que mantendrá siglos más tarde Descartes. Pues bien, al ser el alma independiente del cuerpo no puede ser aniquilada con éste y puede existir con independencia de él, cosa que ocurre cuando el hombre muere, pues el alma humana es inmortal. Por último, sostiene que aunque inmortal, el alma no es eterna, sino que ha sido creada por Dios.

También, y al igual que Aristóteles, distingue en el alma humana tres tipos de funciones: funciones vegetativas, sensitivas e intelectivas. Estas últimas, las funciones intelectivas, son exclusivas del hombre, y por tanto, las únicas específicamente humanas, y son las encargadas del conocimiento abstractivo de las formas sustanciales.

La teoría tomista del conocimiento, como vamos a ver, también se apoya en Aristóteles. El entendimiento (facultad del alma), al estar unido sustancialmente con el cuerpo, que está dotado de órganos sensitivos, exige que todo el conocimiento comience a partir de ellos. Nada hay, por tanto, en el entendimiento nada que no haya pasado antes por los sentidos. En consecuencia, el entendimiento está vacío, no posee ideas innatas. Así pues, el entendimiento elabora los conceptos desde la experiencia sensible.

Pero, ¿cómo es posible pasar de las representaciones sensibles, que son singulares y concretas, a los conceptos, que son universales y abstractos? Por ejemplo, en el enunciado «el hombre es un animal racional», el concepto «hombre» no es perceptible a través de los sentidos, porque no está designando ningún ser humano individual, como Miguel, Antonio o Carlos. Con el concepto «hombre» nombramos la esencia o naturaleza común a todos ellos; es, pues, universal. Sin embargo, nuestras percepciones nos ponen en contacto con seres

individuales. A través de ellas conocemos a “este” hombre concreto. El paso de la

singularidad de las percepciones sensibles a la universalidad de los conceptos se consigue por la capacidad abstractiva de nuestro entendimiento. El proceso es como sigue:

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percepciones sensibles individuales, lo que llama Santo Tomás las

especies sensibles impresas”.

2. Estas percepciones dejan en la memoria una huella, una

representación individual o imagen o “especie sensible expresa”. Estas

imágenes, aunque despojadas de materia, llevan vestigios de la particularidad de los objetos de los que provienen (son, por tanto, individuales), y lo universal, la forma, se encuentra en ella solo en potencia.

3. Después el entendimiento agente o activo, abstrae el universal prescindiendo de lo particular. Actúa sobre las imágenes despojándolas de sus rasgos individuales, convirtiendo en universales las representaciones sensibles, obteniendo la especie inteligible impresa.

4. Realizada esta operación, el entendimiento agente pasa esas formas al entendimiento paciente que las recibe, conociendo entonces el universal, las

esencias necesarias de todos los individuos de la especie. Son las “especies

inteligibles expresas”, el concepto (verbum mentis6) que es el que permite

formar juicios y razonar haciendo posible la ciencia.

5. Por último, el entendimiento vuelve su mirada a la imagen reconociendo en ella al individuo al que puede aplicar el concepto universal. Al proyectar el universal sobre el particular, éste es conocido de forma más perfecta. Así, Santo Tomás, mantiene que el entendimiento conoce de

modo directo el concepto universal, e indirectamente lo singular, los seres

individuales. Los sentidos nos ofrecen percepciones e inmediatamente elaboramos el concepto universal; así conoce el entendimiento la esencia de las cosas. En un segundo momento, de modo secundario e indirecto, el entendimiento, volviéndose a la imagen obtenida por la percepción sensible, conoce al individuo.

5 . L A E S T R U C T U R A D E L A R E A L I D A D

La doctrina cristiana de la creación instaura una diferencia abismal e insalvable entre Dios, que es el único ser necesario, y todo lo demás, que es contingente. Por eso, al ser contingentes, podemos distinguir en los seres creados entre la esencia y su existencia, no siendo la existencia un atributo de la esencia. De esta manera, podemos diferenciar entre lo que una cosa es y si existe o no; podemos describir las características o la esencia de los

dinosaurios, o de los unicornios, aunque sepamos que no existen7.

6 “Expresión de la mente”

7 El unicornio no existe en el mundo físico, pero sí en el mito, en la imaginación; los números están en

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Esta distinción la encontramos ya en Alfarabi8, Avicena y Manimónides.

Así pues, mientras Aristóteles se había valido sólo de dos estructuras para explicar la sustancia sensible (potencia y acto y materia y forma), Tomás de Aquino añade una tercera estructura: esencia y existencia.

Según lo anterior, la realidad estaría integrada por:

 El ser creador, Dios, que es el único necesario, en el que la existencia

se identifica con su esencia, “un ser a cuya esencia le corresponde

existir”. La diferencia que hay entre la esencia o definición de una

cosa, y el hecho de que exista, vale para todas las cosas reales e imaginarias del mundo, para todos los entes, excepto para uno, el ser máximo o Dios, pues se considera que su esencia es de tal calidad que implica por necesidad su existencia.

 Seres creados.

o Sustancias corpóreas, constituidas por materia y forma, acto y

potencia, esencia y existencia.

o Sustancias incorpóreas o separadas: el alma humana y los ángeles,

que son formas puras y carecen de materia, pero al ser contingentes, están compuestas de esencia y existencia.

El modo de existir no es el mismo para todas las cosas; depende de su modo de ser, de su esencia. Dios es y los humanos somos, pero el atributo de la existencia no se aplica a todos por igual, se aplica de un modo análogo, es decir, semejante aunque en grados diversos. Los seres creados participan del ser, del existir, en grados distintos, según sean sus esencias. Dios es de modo necesario y nosotros somos de modo contingente. De esta manera, Tomás de Aquino se sirve del concepto platónico de “participación” para explicar la estructura íntima de la realidad.

Anexo I. Posible “Relación del tema o del autor, con otra

posición filosófica

El pensamiento del aquinatense es deudor en diversa medida de filósofos precedentes. Podríamos rastrear en su filosofía la influencia de conceptos platónicos como el de participación o el de causalidad ejemplar. Fundamental

diccionario, veremos que viene la definición, pero eso no significa que necesariamente exista: su esencia no implica su existencia; puede que exista, pero puede que no, podría no existir. Da igual que el objeto sea físico o artificial, material o mental.

8 Nació en el Turquestán occidental (actual Turkmenistán) en el 872. Estudió todas las artes y las ciencias de

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es la huella del Maestro Primero, Aristóteles, en tantos aspectos que ambos filósofos comparten: empirismo moderado en la teoría del conocimiento, concepción metafísica (materia, forma, potencia, acto, sustancia…), ética teleológica, etc. La gran diferencia sería que todas las ideas aristotélicas serán teñidas de trascendencia en su versión tomista. También podríamos ver las diferencias entre una demostración a priori de la existencia de Dios y una demostración a posteriori comparando la demostración de San Anselmo de Canterbury con la de nuestro autor. Igualmente sería factible establecer una comparación entre las pruebas que argumenta Santo Tomás y las que esgrime Descartes, algunas de las cuales siguen una línea tomista mientras que otras son claramente de inspiración anselmiana.

No obstante, vamos a optar por relacionar a nuestro autor con otro, que si bien no es excesivamente lejano en el tiempo, representa un cambio tan importante que se le considera padre de la moderna epistemología y de la filosofía moderna: Guillermo de Ockham.

Durante el siglo XIV se produjo una profunda crisis en occidente: Cisma de Occidente (1378), guerra de los Cien años (1337-1453), epidemias, pestes, crisis económicas, etc.

Desde el punto de vista filosófico se derrumban las grandes

construcciones sistemáticas llevadas a cabo por San Buenaventura9 y Santo

Tomás, quienes habían intentado alcanzar una síntesis entre la razón y la fe. Guillermo de Ockam10 critica los fundamentos de la filosofía anterior,

rompiendo así el inestable equilibrio que se había logrado establecer entre razón y fe.

1. Los límites de la razón

Guillermo de Ockam rechaza la solución de Tomás de Aquino al problema de la relación entre fe y razón. Defiende que la razón y la fe son dos fuentes distintas de conocimiento con contenidos también diferentes, La razón por sí misma no puede alcanzar a conocer los contenidos que Santo Tomas consideraba comunes a ambas. Así, es indemostrable la existencia de Dios, por lo que cualquier intento de demostrar su existencia está condenado al fracaso. De acuerdo con el principio de causalidad, Ockham acepta que todo efecto (por ejemplo, el mundo) tiene una causa, pero no puede concluir que sea Dios, porque carecemos de la observación oportuna. Las vías tomistas no serían válidas para Guillermo de Ockham, pues van demasiado lejos en su aplicación del principio de casualidad, que no puede utilizarse legítimamente más allá de la experiencia. De este modo, la razón y la fe forman dos conjuntos sin ninguna zona de intersección entre ambos.

9 Franciscano del siglo XIII de inspiración agustiniana.

10 Siglo XIV. Nació en Ockam, una villa cercana a Londres. Estudió y enseñó en Oxford. Fue excomulgado.

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2. Voluntarismo

Guillermo de Ockham no acepta la existencia de una ley natural, inalterable, como fundamento de la moralidad. Las leyes por las que dirigimos nuestro comportamiento son de un modo determinado, pero Dios podría haber establecido otro orden moral, por una libre decisión suya. Ockham quiere destacar la omnipotencia de Dios. Las leyes morales con convencionales, pero no porque sean consecuencia de un acuerdo entre los hombres, sino porque se derivan de una decisión libre de Dios. Esta forma de interpretar la realidad es conocida como voluntarismo.

3. La teoría del conocimiento

Todo lo que existe es singular. Todas las cosas son individuales, siendo conocidas por la experiencia o conocimiento intuitivo, que es directo e inmediato, el cual nos permite afirmar que las cosas existen. Entre la captación a través de los sentidos y el conocimiento intelectual no media proceso alguno. No hay pues, entendimiento agente y posible, como proponía el aquinatense. Con ello, Ockham también niega que existan en el mundo esencias universales o naturalezas comunes a distintos grupos de individuos. Por tanto, no existe la esencia del “hombre”: el “hombre” no existe, lo que existen son hombres concretos, individuales.

4. Los conceptos universales y el nominalismo

Nuestro entendimiento posee conceptos universales, que construye atendiendo a las semejanzas que un determinado grupo de individuos tienen en común. Pero como ya hemos señalado, para Ockham no existen esencias o naturalezas universales que le correspondan a los conceptos fuera de nuestra mente.

A este modo de pensar se le conoce como nominalismo, el cual niega que exista una realidad fuera de nuestra mente que corresponda a los conceptos universales. Los universales no existen, sólo los individuos. Mientras Tomás de Aquino estaría dispuesto a admitir la existencia de una forma o esencia dentro de cada realidad, Guillermo de Ockham interpreta que dichas esencias no pueden existir pues limitarían el poder creador y omnipotente de Dios.

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5. El principio de economía o la navaja de Ockham

El principio de economía se suele formular de la siguiente manera: “No

hay que multiplicar los seres sin necesidad”. Sólo se pueden aceptar aquellas

realidades de las que tenemos conocimiento intuitivo, y aquellas que se deducen necesariamente de lo que conocemos intuitivamente.

El principio de economía de entes fue rebautizado como “navaja de Ockham”: Si un fenómeno puede explicarse sin suponer entidad hipotética alguna, no hay motivo para suponerla. Es decir, siempre debe optarse por una explicación en términos del menor número posible de causas, factores o variables.

Quedaban así eliminados muchos conceptos y distinciones utilizados por la escolástica anterior. Este modo de pensar va a tener una enorme repercusión en la posteridad, transformándose en una norma elemental de la ciencia moderna.

Anexo II. Ideas para la “Valoración razonada de la actualidad

del tema”

Respecto a la actualidad del tema del texto, habría que decir que la posibilidad de que la razón pudiera demostrar la existencia de Dios fue, como acabamos de ver, negada ya al final de la misma Edad Media (en el siglo XIV) por Guillemo de Ockham. A partir de entonces se ha tendido a considerar que el ser humano sólo puede conocer lo que se le presenta en la experiencia sensible, y Dios, no puede ser objeto de este tipo de experiencia. De este modo el tema de Dios quedaría relegado al ámbito exclusivo de la fe.

Ahora bien, el tema de Dios se enmarca dentro de otro más amplio que es el de las relaciones entre la razón y la fe. También en ese caso los planteamientos tomistas han perdido, en cierto modo, actualidad. Efectivamente, desde los inicios de la Edad Moderna y, sobre todo, a partir de la Ilustración, hemos asistido a un proceso de laicización que ha desembocado en un modelo basado en principios racionales no sometidos a la fe. Se considera ahora que las leyes, la organización social, los derechos, los principios éticos y el conocimiento mismo, sólo deben obedecer a principios racionales.

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una materia como “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”. Todas están siendo motivo de continuos ataques por parte de las autoridades eclesiásticas, por no ajustarse a lo que la Iglesia interpreta a partir del estudio de la Biblia.

Referencias

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