PROGRAMA No. 1167
2 JUAN
Versículo 6 - 8
Continuamos hoy, amigo oyente, recorriendo esta pequeña epístola la Segunda Epístola del Apóstol Juan. Y comenzaremos nuestro estudio en el versículo 6. Debemos recordarle algo nuevamente que es de suma importancia y que debemos mantener siempre ante nosotros al estudiar esta epístola. La polaridad de la fe cristiana y de la vida cristiana es la verdad y el amor. Es cierto que para el creyente es la fe, la esperanza y el amor. Pero, la polaridad objetiva de la fe cristiana es la verdad y el amor.
En su primera epístola, Juan enfatizó el amor, pero él también dijo que ese amor es para los hermanos, para los creyentes, para aquellos que están en Cristo. Él dice: Hijitos, amaos los unos a los otros. Y él se está refiriendo a los creyentes. Hay algunos que piensan que debemos diluir las Escrituras y la fe cristiana hoy, y decir que uno debe amar a todo el mundo. No podemos comprender esto muy bien, porque sabemos que cuando uno dice algo así, uno no ama en realidad a todo el mundo. Eso es algo imposible de hacer. Hay demasiadas personas en este mundo que, bueno, no se pueden amar, muchos de nosotros somos así. Y como resultado, no somos amables.
Como dijimos en nuestro programa anterior, Dios ama al mundo. Él nos ama a todos nosotros. Nosotros no somos dignos de ser amados, pero Dios nos ama. Lo importante es que Él dice que usted y yo debemos llevar el evangelio a esta gente. Así es como usted y yo podemos demostrar nuestro interés y nuestro amor, si es que quiere llamarlo así, llevando el evangelio a esta gente. Dios los ama. Nosotros pensamos que sucederá lo mismo en nuestros corazones como lo que sucedió en el corazón de Jonás: que allí crecerá un amor por aquellos que, en
realidad, están allí; pero lo importante es ver que Dios es amor. Ese es Su atributo. Y Su amor ha provisto un Salvador para nosotros. Eso es lo importante de mantener siempre en mente.
Ahora, la verdad es muy importante también. Usted no puede poner el amor por encima de la verdad, porque cuando usted hace eso, entonces sacrifica la verdad. Y Juan enfatiza esto. Ahora, al comenzar el versículo 6, él dice:
6a
Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: (2 Juan 6a)
¿Qué es el amor? Bueno, aquí se nos dice que andemos según Sus mandamientos. El Señor Jesucristo dijo: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Es otra manera de decir la misma cosa. Sus mandamientos son mucho más que los diez mandamientos. Debemos comprender eso, sin lugar a dudas. Los Diez Mandamientos son básicos para el gobierno, y básicos para la civilización, pero el creyente ha sido llamado a un nivel superior, donde él tiene que producir en su vida, por medio del Espíritu, porque es el fruto del Espíritu, él tiene que producir amor, gozo, paz y mansedumbre.
Ahora, si estas cosas están en nosotros y permanecen en nosotros, entonces usted y yo estamos andando según Sus mandamientos. Pero si no están en nosotros, no estamos andando según Sus mandamientos.
Y Juan continúa diciendo aquí: Y este es el amor. Amor – permítame decir esto nuevamente, que esto no se manufactura en la sala de estar, sino que es un producto de la cocina. No es algo que se hace en el dormitorio, sino donde se lava la ropa. ¿Lava ella sus ropas? ¿Trae él el dinero al hogar? ¿Mantiene él a su familia? Así es como se debería expresar el amor en su familia. Y así es como se debería expresar el amor en la iglesia, en su servicio, en la forma que ayuda a los demás. Usted no puede decir que está amando a alguien, a no ser que tenga interés y preocupación por esa persona, y que tenga un interés especial por su bienestar espiritual.
Y este es el amor, – dice aquí Juan – que andemos según sus mandamientos. Esto es hablarnos directamente, allí en el punto donde vivimos. Esto es algo que se expresa en nuestra vida diaria. Usted debe recordar que estos hombres, como Juan y Pablo, están escribiendo a personas que vivían en el mundo romano. En el día del Apóstol Pablo existía el sangriento Nerón. Juan en su vida pudo ver un emperador después de otro que llegaba al poder y perseguía los creyentes, comenzando con Tito. La persecución era muy severa. Aun así, aquí tenemos a hombres y mujeres en ese mundo romano, un mundo brutal, cruel, un mundo pagano a lo sumo, y aun así, aquí hay hombres y mujeres andando en ese camino romano, viviendo en ciudades paganas, y ¿qué es lo que están haciendo? Ellos están andando según Sus mandamientos. Ellos están traduciendo el evangelio a la vida. Y eso es lo que se necesita desesperadamente en el presente. Notemos ahora lo que nos dice el versículo 6 en su totalidad:
6
Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio. (2 Jn. 6)
Juan está diciendo que esto no es algo que debe ser guardado, o archivado en algún lugar. Él dice: como vosotros habéis oído desde el principio. El Señor Jesucristo enseñó esto. Y él está diciendo: “Hemos oído esto desde el mismo principio, así es que ocupémonos y andemos en esto. Manifestemos esto a los de afuera.
Pero, nuevamente se presenta ante nosotros el otro extremo de esta polarización. El amor está de un lado, y la verdad está del otro. Y en el versículo 7, él presenta una advertencia, escuche usted:
7
Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. (2 Jn. 7)
Usted recordará que Juan dijo allá en su primera epístola que ya había muchos anticristos. Ya estaba el espíritu del Anticristo. ¿Cuál es entonces el espíritu del anticristo? ¿Cómo lo
identificamos? Estamos repitiendo aquí lo que hemos dicho anteriormente, pero esto es tan importante que hace falta repetirlo, y tiene relación con la persona del Señor Jesucristo.
Y aquí dice Juan: Que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne. Y esto es negar la deidad de Cristo, amigo oyente. Eso es negar por tanto todo aquello que se ha dicho en cuanto a Él, todo aquello que Él ha dicho, y todo aquello que Él hizo por nosotros en la redención, muriendo en la cruz, siendo resucitando de entre los muertos. Ese es el anticristo; ese es el espíritu del Anticristo. Eso será encabezado según creemos nosotros no sólo por un hombre, sino que serán dos que se mencionan allá en Apocalipsis, capítulo 13. Ya veremos esto cuando nos toque estudiar este libro. Uno de ellos es un líder político, un enemigo de Cristo. Él está contra Cristo. El otro será un líder religioso que imitará a Cristo, y que hará que el mundo adore la primera bestia, es decir que adore al líder político. Eso es algo que viene en el futuro. Y todo lo que sucede de nuestro lado está preparando el camino para eso; tanto así es que cuando ese líder político y ese líder religioso aparezcan, el mundo estará listo para recibirles. Nos parece que el mundo está casi listo para ellos ahora. Para comenzar, debemos decir que ese líder político prometerá paz en el mundo, y por tres años y medio él va a hacer una buena labor en cuanto a la paz. Pero no será algo permanente, sino que llevará a una tremenda catástrofe que es introducida por la guerra de Armagedón. Eso durará por unos tres años y medio hasta la venida de Cristo a la tierra a establecer Su reino.
Y habrá una religión, y por cierto que nos estamos dirigiendo en esa dirección, una religión mundial, donde todos contribuirán con su forma de pensar, y pensamos nosotros que, en realidad, esta va a ser una religión que no cree en nada. Es decir, que no habrá nada que los mantenga unidos a ellos. En el día de hoy se habla mucho de librarnos de aquello que nos separa. Bueno, usted se libra de aquello que nos separa, y no habrá nada para mantenernos unidos.
Es como esa historia de ese muchachito que estaba caminando por las selvas del África. Estaba andando por un sendero con una sombrilla. Y se encontró con un elefante que le dijo: “¿A dónde vas?” Y este muchachito contestó: “Yo no voy a ninguna parte”. Entonces el elefante le dijo: “Bueno, yo tampoco, permíteme ir contigo”. Y esa es la clase de iglesia que está por presentarse. No van a ningún lado. Y por tanto, todos pueden unirse. Amigo oyente, ese es
el engañador que vendrá finalmente y que encabezará esta religión. Alguien que encabezará la religión, y que encabezará la política de este mundo, y este es el anticristo cuando venga.
Juan está diciendo: porque muchos engañadores han salido por el mundo. El gnosticismo en los días de Juan era algo que avanzaba rápidamente; porque a cualquier lugar donde entraba el evangelio, siempre le seguían las sectas falsas; y estamos seguros que las sectas falsas siempre siguen a la predicación del evangelio. Nunca van allí antes. Así es que, habían entrado allí muchos de los que pertenecían a esta secta de los gnósticos. Estaban divididos en muchos grupos. Había uno de esos grupos conocido como los gnósticos de Cerintios. Ellos seguían a un maestro de Efeso que se llamaba Cerinto.
La tradición dice que, en cierta ocasión, Juan, que era Pastor en Efeso, fue a uno de esos baños públicos que había allí, y que allí se encontraba Cerinto, y que cuando Juan vio que él estaba allí, tomó sus ropas, y se vistió rápidamente, y salió de ese lugar, porque no quería tomar un baño cerca de ese hereje, cerca de este gnóstico. Puede que eso sea cierto, o que sea tradición nada más. Pero por cierto que expresa el punto de vista que tiene aquí Juan en su carta.
Los gnósticos de Cerinto eran parecidos a algunas sectas que existen en el presente. Ellos enseñaban que Jesús y que Cristo eran dos entidades diferentes. Y que lo divino bajó sobre Jesús en Su bautismo, pero que le dejó cuando Él murió en la cruz.
Hay también otra filosofía gnóstica. Esta otra niega la realidad de un cuerpo físico, y dicen que los apóstoles pensaban que habían visto a Jesús, pero que en realidad no existía una persona como tal, que era nada más que una aparición. Y en el presente, tenemos algunas de estas sectas que han asimilado también esta herejía. Esta es la razón por la cual Juan había dicho en su primera epístola: Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos. (1 Jn. 1:1). Sabemos de lo que estamos hablando. Él era un hombre verdadero.
En aquel día existían algunas sectas judías, y cuando se presentó el cristianismo, ellas tomaron muchas de las enseñanzas de la fe cristiana. Podemos mencionar a los escenios, por
ejemplo, una de estas sectas, identificadas por muchos como Escenia. Fueron identificados por los que descubrieron los rollos depositados en las cuevas del Quim Ram, es decir, esos rollos descubiertos a orillas del Mar Muerto. Evidentemente había allí un grupo de escenios, y luego, tenemos a Masada, que cayó en el año 73 D. C., tres años después de haber caído Jerusalén. Bueno, allí había unos 960 zelotes. Estos también habían asimilado algunas de las enseñanzas de Cristo, pero las habían tergiversado. Las habían distorsionado, y por tanto tenían concepciones equivocadas de la persona de Cristo.
Y lo que Juan está diciendo aquí es algo de suma importancia, y es esto: hay muchos engañadores que han entrado al mundo, y la forma en que uno puede identificar a esta gente es por la manera en que presentan sus puntos de vista. Uno se puede dar cuenta de quiénes son por sus enseñanzas, sus creencias en cuanto a la persona del Señor Jesucristo. A no ser que usted se dé correcta cuenta de su enseñanza, todo lo demás no tiene ningún valor, y esa persona es un falso maestro.
Ahora, esto no quiere decir que si una persona tiene un punto de vista un poco diferente al suyo, por ejemplo en el asunto de la elección. Esto es algo que se puede debatir. Juan Wesley enseñaba una cosa, mientras que Juan Calvino enseñaba otro punto de vista. Pero estos dos hombres creían en la deidad de Cristo; y cuando uno cree en la deidad de Cristo, amigo oyente, eso indica que cree en el nacimiento de Cristo en forma virginal, en el relato de ese nacimiento virginal. Eso indica que usted cree en la información que tenemos ante nosotros. Esto indica que uno cree en la doctrina de los apóstoles, lo que ellos enseñaron en sus epístolas. Puede que haya una diferencia en cuanto a la elección de estos dos hombres. Pero ninguno de ellos era un falso maestro, porque ambos estaban de acuerdo en todo lo que hemos mencionado.
Luego, hay aquellos que creen un poco diferente en cuanto a la obra del Espíritu Santo. A veces nosotros nos encontramos en desacuerdo con otros. Pero aunque tengamos puntos de vista diferentes en estos asuntos, debemos considerar a estos, verdaderos hermanos, ya que ellos exaltan la deidad de Cristo, y predican la salvación por la fe basada en la obra redentora de Cristo en la cruz. Como hemos dicho, podemos estar en desacuerdo en otras cosas, pero no es necesario
volvernos antagonistas. Lo importante es esto: su creencia en cuanto a la persona de Jesucristo. Y es así como usted puede identificar al engañador.
Permítanos ilustrar esto con otro ejemplo. Un profesor en un seminario de cierta denominación asumía una posición que era a-milenaria; es decir, estaba en contra de la posición pre-milenaria. Este profesor era un verdadero intelectual, y este hombre podía exaltar la persona de Cristo, podía defender Su nacimiento virginal, y la redención por Su sangre, y Su resurrección corporal de una manera que ninguna otra persona podía hacerlo. Ahora, si uno tenía oportunidad de escucharle se le llenaban en realidad los ojos de lágrimas al escucharle presentar y exaltar a la persona de Cristo. Pero ese hombre aborrecía en realidad a los que defendían el pre-milenarismo. Él no los aborrecía personalmente, pero sí dejaba de aprobar esa posición. Pero eso no era razón para separarse de él, o de no tener comunión con él, porque este hombre exaltaba a Cristo. Él no era un anticristo; era un creyente. Quizá cuando lleguemos al cielo y podamos conversar de una manera más tranquila en cuanto a este tema, podamos llegar a un acuerdo. Y quizá todos tengamos que cambiar un poquito en cuanto a estas creencias, en cuanto a estos asuntos secundarios. Y los consideramos secundarios cuando uno los coloca al lado de la persona de Cristo. Porque lo que es importante es lo que usted piensa de Él. Ahora, Juan dice aquí en el versículo 8 de esta Segunda Epístola del Apóstol Juan:
8
Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. (2 Jn. 8)
Usted no llega a perder su salvación cuando tiene comunión con personas equivocadas. Creemos que debemos ver esto y entenderlo claramente. Lo que ocurre es que nos colocamos en una posición peligrosa. Eso indica que en el momento en que usted y yo nos identificamos con una de esas sectas, o si nos allegamos a alguna de ellas que niegan la deidad de Cristo, hemos perdido nuestra recompensa. No habrá recompensa para nosotros si hacemos algo así. Y creemos que esto se presenta de una manera muy clara en este pasaje aquí.
Ahora, el lenguaje que se usa aquí es bastante fuerte. Pero aún no hemos escuchado nada, amigo oyente. Vamos a concluir con esta epístola en la próxima oportunidad, y usted verá que
Juan está diciendo algo que es tan fuerte; y es algo que no se está enseñando hoy. Pero nosotros lo vamos a enseñar, y vamos a hablar de esto, Dios mediante, en el próximo programa. Porque usted y yo estamos viviendo en un día que es muy peligroso para vivir, y es muy fácil descarriarse, apartarse, si uno no está bien involucrado, si uno no está bien empapado de la Palabra de Dios, y si uno no conoce al Señor Jesucristo como su Salvador personal.
Le invitamos, pues, a sintonizar nuestro próximo programa. Mientras tanto, le sugerimos que vuelva a leer esta pequeña Segunda Epístola del Apóstol Juan, para conocer más de cerca la profundidad de su contenido. Las notas y bosquejos que enviamos le serán de ayuda para una mayor comprensión. Si todavía no ha solicitado este material, pídalo tan pronto este programa llegue a su fin por el día de hoy. Al escribirnos, mencione sus nombres y dirección completos y en orden, usando letra de imprenta, lo que agilitará el envío de las notas y bosquejos a su dirección sin contratiempos. Además, saber de usted, cómo y desde dónde nos escucha, y cómo este programa ha sido de bendición en su vida, será de aliento para nuestro ministerio radial. Esperamos recibir su carta muy pronto. Será pues, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, es nuestra oración ¡que el Señor le bendiga abundantemente!