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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

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Academic year: 2021

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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

www.virgendeguadalupe.org.mx

Versión estenográfica de la

Homilía pronunciada por Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas, en la peregrinación de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez y las Diócesis de Tapachula y San Cristóbal de las Casas a la Basílica de Guadalupe.

31 de mayo de 2015 Venimos esta mañana con el corazón lleno de alegría, casi toda la mañana estuve ahí al fondo de esta Basílica y veía entrar a los peregrinos que vienen de todas partes y algunos entraban con gritos y vivas y cantos y otros entraban en silencio con lágrimas en sus ojos, pero con un corazón, con un rostro de alegría y de felicidad.

¡Cómo no alegrarse al contemplar a Mamá María! ¡Cómo no llenarse el corazón de gozo sintiéndonos en casa! ¡Cómo no dejar que salgan por todas partes de nuestro cuerpo las expresiones de amor, de ternura que hemos recibido de nuestra Madre!

Hoy Chiapas se hace presente en esta casa, esta casa que siente suya, esta casa que cobija a todo México y hoy Chiapas se pone a los pies de María, y viene a cantarle y viene a decirle y viene a alabarle y viene a darle gracias. ¡Tanta vida que hay en Chiapas! ¡Tanta alegría que hay en Chiapas! ¡Tantos corazones bondadosos! ¡Tantos dones recibidos! Y todos los peregrinos traen en sus ojos los paisajes, la selva, la montaña, las cascadas, las playas, para presentarlos y estar aquí con María nuestra dulce piadosa Madre.

¿Qué siente tu corazón al presentarte a María? ¿De qué le quieres dar gracias? ¿Cómo quieres alabarla? Cada uno de nosotros en el fondo de su corazón trae un sincero: Gracias Madre, gracias por tanto amor María, gracias porque nos

quieres. Y lo decimos fuerte y se lo decimos todos: gracias María, gracias por que nos quieres. Decimos más fuerte: gracias María, gracias por que nos quieres.

Es el cariño que hemos sentido de nuestra Madre y cada quien puede enumerar esa acción de gracias, que a través de María nos habla de nuestro padre Dios, la vida, la familia, el trabajo, el paisaje, el sol, la lluvia, tantas cosas.

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Nosotros también como provincia debemos darle gracias por los 75 años de vida de Tatih Félipe, 9 años de obispo en Tapachula, ya 15 años de obispo en San Cristóbal, casi ya 25 años de vida de obispo de nuestra querida provincia de Chiapas. Le demos un aplauso fuerte y le agradecemos, es el don de este año, es la alegría. Muchas gracias por su entrega. Gracias Mamá María por sostenerlo y por animarlo.

Pero yo creo que estamos también nosotros como cuando nos llega la visita y que después de darle el saludo al compadre y de agradecerle y decir, empezamos a dejar caer también nuestras penas y nuestros dolores.

Y le decimos a Mamá María que no solo traemos alegrías, que también traemos penas y dolores, vemos con tristeza y a veces hasta con angustia y desesperación las múltiples divisiones que se originan no solo en nuestro estado de Chiapas si no en tantas partes. Vemos asesinatos, violencia, corrupción, división de partidos, desconfianza, incredulidad y le decimos: Mamá María, ¿qué hacemos en estos momentos? ¿Qué hacemos cuando sentimos que ya intentamos por un lado y otro y no resulta? y sigue la violencia y sigue la corrupción y sigue la mentira y hay pobreza.

Con dolor le comentamos que murieron niños vacunados, para darles vida, niños que no entendemos y acabaron muertos, niños que estuvieron enfermos y de muchos más niños que con dolor apenas iniciada su infancia fallecen y le contamos de madres que al dar a luz pierden su vida y le hablamos de nuestros problemas y le hablamos de nuestro café, de la roya que nos está acabando nuestros cafetales y le hablamos del problema de los precios injustos de nuestros productos del campo.

Y le hablamos de todo eso que hay en el corazón y del dolor de la familia, del alcohol que destruye nuestros hogares, de la madre que se queda silenciosa, solita con su hijo, del engaño que tantas cosas ha traído, tantas consecuencias.

Y le vamos diciendo y le vamos soltando nuestra letanía de dolores, nuestro rosario de alegrías, porque es nuestra Madre y le podemos contar todo lo que traemos.

¿Qué nos responde María? ella nos dice ¿Qué no estoy yo aquí que soy tu Madre, que quiere consolarnos? Y lo que nos dice esta resumido en esta fiesta, hoy es una fiesta muy especial, la fiesta de la Santísima Trinidad.

Un día llego por ahí una señora ya anciana muy triste. Oiga llegaron por ahí los hermanos protestantes: que yo no sé cómo se llama Dios, dice y me dio tristeza porque yo tengo ya muchos años y estoy viejita y no sé cómo se llama Dios. Le dije, a ver no te pongas triste. ¿Qué es lo primero que haces al

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levantarte en la mañana? ¿Qué hago? En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Ése es Dios, decimos fuerte: en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Ése es nuestro Dios, un Dios que es familia, un Dios que es relación, que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Un Dios que está el Hijo en el Padre, el Padre en el Hijo, y el amor del Espíritu Santo, un Dios que es Trino y que es uno, un Dios que nos dice a donde vamos y de dónde venimos. Es el gran evangelio de Jesús.

¿Qué decía Jesús? Vengo del Padre, ¿A que vengo? A decirles que tienen un Padre que los ama y a decirles que vamos a ir todos al Padre movidos por el Espíritu Santo. Un Dios que es familia y que nos invita a formar parte de la familia. Es el gran mensaje de Jesús. Antes no lo sabíamos ni nos lo podíamos imaginar.

Qué (íbamos a) imaginarnos nosotros que tuviéramos un Padre que nos ama tanto, que nos acompaña, que está en todos momentos con nosotros. Nos imaginábamos un Dios poderoso, allá lejano. Pero un Dios al que le pudiéramos decir Abba, Papá, Papito, hasta que Jesús nos viene a decir.

Y un Dios que está tan cercano con nosotros que manda a su Hijo a que tome nuestra carne y que esté con nosotros. ¡Qué lo íbamos a imaginar! y un Dios que sea fuerza, espíritu, amor, que nos una a todos los hombres, ni lo soñábamos, hasta que Cristo nos lo dice y nos lo enseña.

Y María lo vive y María lo siente y nosotros lo reconocemos en María, ¿Todavía rezan el rosario? A ver levanten la mano los que rezan el rosario. Hay unos que no levantan la mano, acá los padres si levantaron la mano. Se han fijado como dice después de los misterios, que dice: “Dios te salve hija, hija de Dios Padre” y la segunda Ave María “Madre de Dios Hijo” y la tercera “Esposa de Dios Espíritu Santo”.

María es la que nos puede enseñar esa bella, grandísima relación que ella tiene con la Santísima Trinidad, Hija del Padre. Cómo se siente ella feliz de enseñarle a Jesús que tiene Papá Dios.

Cómo se siente ella feliz de decirle: he aquí la esclava, tu hijita, tu pequeñita. Hágase en mí según tu Palabra. Cómo se siente feliz de cantarle y de decir: mi alma glorifica al Señor, mi espíritu se llena de alegría en Dios mi Salvador. Por el que Él me mira y mira la pequeñez y extiende su misericordia.

Cómo cumple María esa gran riqueza de ser hija de Dios Padre y cómo nos dice a nosotros también y cómo nos llama y cómo dice no te olvides que eres hijo, hija de Dios. Siente, como decía la Primera Lectura, que este Dios te acompaña, que aunque haya tormentas, aunque haya roya, aunque haya

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problemas y divisiones, Él te ama, es misericordioso y está contigo. Siéntelo, vívelo y óyelo de los labios maternales cariñosos de María que te dice: Él es el Dios amor, Él es el Dios de misericordia.

Como Madre de Dios Hijo, pues lo acompañó en todo momento, hoy celebramos otra fiesta, por ser domingo se nos pasa. Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, pero además, hoy 31 de mayo es la visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel.

¿Qué va a hacer María allá? Le va a ayudar a los quehaceres, pero más que ayudarle a los quehaceres, ¿saben a qué va? lleva en su vientre a Jesús y va a servirle, sí, pero lleva dentro de ella a Jesús y las mismas palabras que le dice a Isabel nos la dice a nosotros, viene a nosotros a servirnos, sí, pero sobre todo viene a traernos a Jesús. Ella que lo recibió en sus brazos encarnado, ella que después lo llevó a presentarlo al templo, ella que lo acompañó en la cruz, ella que lo presenta a las naciones también nos viene a traer a Jesús y nos dice que es nuestro hermano y nos dice que es nuestro Salvador, que es el verdadero Dios por quien se vive y que por eso quiere una casa para ahí estarnos dando a Jesús. La Madre del Hijo nos da a Jesús. Qué gran riqueza, es el mejor regalo que podemos obtener de María.

Y la tercera Ave María decía esposa del Espíritu Santo. Dice el Credo “Por obra y gracia del Espíritu Santo”. Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo, por el Espíritu Santo pudo engendrar a Jesús y después todos sus cantos, todas sus alabanzas dicen: “movida por el Espíritu Santo” y cuando Cristo se entrega, al último momento, queda María en espera de la Resurrección y después acompaña a la iglesia para que reciba al Espíritu Santo.

María pues, si le preguntáramos que qué era la Santísima Trinidad, no se ponía a decirnos ahí altas, sino decía: el amor grande que nos tiene Papá Dios, esa entrega del Hijo que nos hace a todos hermanos y esa fuerza que a todos nos une en el Espíritu Santo.

Con María hoy nos acercamos a la Trinidad, con María hoy entendemos que la Trinidad es relación, es amor, es el Padre en el Hijo, el Hijo en el Espíritu Santo, es todo.

Nosotros decíamos al principio, tenemos divisiones, tenemos problemas, tenemos rivalidades, nosotros estamos el hermano contra el hermano o el hermano sobre el hermano o el pueblo sobre el pueblo o contra el pueblo, en lugar de estar con él y a favor de él.

Que hoy al contemplar a María y al contemplar la Trinidad que ella nos presenta podamos decir: ¿Por qué no estar con mi hermano? ¿Por qué no estar en mi familia? ¿Por qué no estar en mi comunidad y no contra mi comunidad? Si Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo es amor, es unión y la gran ilusión de

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todos nosotros es ser semejantes de esa Trinidad, ¿Por qué no estar con, a favor y amando al hermano, a mi familia, a mi comunidad?

Nos encomendamos a María, le pedimos que nos mire con sus ojos de benevolencia y nos ilusionamos pensando en que tenemos a Papá Dios, a Cristo nuestro Hermano y al Espíritu que nos da la fuerza.

Que cada vez que nos persignemos, que cada vez que al amanecer iniciemos nuestro día digamos: yo quiero ser como mi Dios: amor, relación, unidad, porque este es el Dios que nos ha enseñado Jesús.

Y así con toda la ilusión decimos: Señor vamos a continuar, vamos a seguir adelante. María vamos otra vez al camino que tú nos acompañas. Y todo lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

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