Aniversario 11/07/2003
El 17 de julio y Tamuz
Hoy jueves 17 de julio, al mismo tiempo el día 17 del mes hebreo de Tamuz, es una fecha triste en el calendario judío. El Talmud enumera cinco hechos luctuosos que, a lo largo de la historia, ocurrieron en esa fecha:
1) En tiempos de Moisés, fue el día en que él bajó del monte Sinaí, y al ver a los hijos de Israel que adoraban el becerro de oro, rompió furioso las Tablas de la Ley que llevaba para entregarles.
2) Una vez, en la época del Segundo Templo y estando Jerusalén sitiada por el enemigo, ese día no hubo más ovejas para ofrendarlas sobre el altar -una por la mañana, otra por el atardecer- en el marco del sacrificio diario que allí se ofrecía al Señor.
3) Enemigos que asediaban a Jerusalén lograron abrir la primera brecha en la muralla de la ciudad. En tiempos del Primer Templo (año 586 A.C.) ello en realidad sucedió unos días antes -el 9 el Tamuz, que quedó como día de ayuno- pero siglos después, en la época del Segundo Templo, ello ocurrió el 17 de Tamuz (del año 70 D.C.). Desde entonces, los sabios del Talmud resolvieron reunir los dos ayunos en uno solo, el 17. 4) Apostomus quemó el rollo de la Torá. Un episodio del cual no se saben más detalles, aunque hay diversas conjeturas.
5) Fue colocada la estatua de un ídolo en el Templo de Jerusalén. Igual como en el caso anterior, no se sabe cómo, cuándo y por qué ocurrió este hecho.
El ayuno del 17 de Tamuz es un ayuno ``liviano´´, por así decirlo: sólo abarca las horas diurnas. Vale decir que si uno madruga antes de la salida del sol, todavía puede comer su desayuno. Y como los otros ayunos judíos, se extiende hasta después de la puesta del sol de ese día.
Con el 17 de Tamuz se inician tres semanas de luto. Ellas culminan el 9 de Ab, aniversario de la destrucción del Templo de Jerusalén, de los dos: el primero tanto como el segundo, que igual como Iom Kipur, el Día del Perdón, es día de ayuno completo, de más de 24 horas seguidas.
Lo primero que cabe notar en esta fecha de luto que evoca hoy el pueblo judío es la equiparación que se hace aquí entre acontecimientos referentes al culto religioso - se acabaron las ovejas para el sacrificio, fue
colocado un ídolo en el Templo- y aquellos otros que atañen a la historia nacional: los enemigos lograron abrir la primera brecha en la muralla de Jerusalén.
¡Qué diferencia con lo que sostienen hoy ciertos círculos ultrareligiosos de nuestro pueblo, que rehúsan rememorar la muerte de las víctimas del Holocausto o de los caídos en las guerras de Israel junto con todo el resto de los judíos! ¡Y ni que hablar ya de celebrar en sus sinagogas un evento festivo como lo es el Iom Haatzmaut, el aniversario de la Independencia del nuevo Estado de Israel!
Acerca del nombre del mes de Tamuz, acotemos todavía que al igual de todos los otros que usamos en nuestro calendario, es de origen babilonio. Pues allí, en el exilio de Babilonia -el Irak de hoy- fue donde el pueblo judío estructuró su calendario tal como lo conocemos en la actualidad.
El profeta Ezequiel, que vivió parte de su vida en ese país de exilio, menciona en un pasaje de su libro a unas mujeres que ``están sentadas y lamentan a Tamuz´´ (Ezequiel, Cap. 8 Vers. 14). Es la única vez que ese nombre se menciona en toda la Biblia.
Porque cuando textos bíblicos posteriores a la destrucción del Primer Templo hablan del ayuno de este mes, lo llaman ``el ayuno del cuarto mes´´, como podemos leerlo en Zacarías, Cap. 8 Vers. 19. ``Cuarto mes´´ (y no: ``décimo´´), porque en esa época los meses del año judío todavía comenzaban a contarse a partir de Nisán, el de la fiesta de Pesaj, tal como la Torá lo prescribe en Shemot/Exodo, Cap. 12 Vers. 2.
Por datos obtenidos de otras fuentes, se supone que Tamuz era una deidad babilónica que nacía con la primavera y reinaba durante toda la época del florecimiento de la naturaleza. Pero al llegar el tiempo de la cosecha, cuando recrudece el calor y las plantas comienzan a marchitarse, también el dios Tamuz hallaba su muerte, y por eso mujeres plañideras lloraban su deceso. A ese culto babilónico se habría referido Ezequiel cuando lo menciona en sus profecías.
Y en cuanto al uso de elementos foráneos en el calendario que usamos los judíos, recordemos lo que dijimos al comienzo de la presente nota, que hoy el jueves 17 de julio coincide con el 17 de Tamuz.
``Jueves´´ es un nombre derivado del genitivo de Júpiter, padre de los dioses romanos, mientras que ``Tamuz´´ fue una divinidad babilónica.
¿Y quién fue Julio César, de quien proviene ese otro nombre que usamos para definir esta fecha de hoy?. Por Heriberto Haber
Mundo Judío - 01/08/2003
El luto y ayuno del 9 de Av
Tres semanas exactas después del 17 de Tamuz - al cual le hemos dedicado nuestra nota del pasado 17 de julio - llega en el calendario hebreo la fecha del 9 de Av, que cae hoy, jueves 7 de agosto de 2003.
Durante la guerra alrededor de Jerusalén entre los enemigos que la asediaban por afuera y los judíos que la defendían desde adentro, el 17 de Tamuz se abrió la primera brecha en las murallas de la ciudad.
Y el 9 de Av, tres semanas más tarde, esa guerra acabó con las fuerzas de los defensores y llevó a la captura de Jerusalén y a la destrucción de su Templo.
Dos veces ocurrió este triste episodio en la historia judía. La primera, en el año 586 a.C., cuando el enemigo eran los babilonios encabezados por Nabucodonosor - el ``Nabuco´´ de la ópera de Verdi - y el Primer Templo fue destruído ``en el quinto mes, el (día) siete del mes´´ según cuenta la Biblia en el segundo Libro de los Reyes, Cap. 25 Vers. 8. Otro pasaje bíblico, Jeremías Cap. 52 Vers. 12, dice que ello sucedió ``en el quinto mes, el (día) diez del mes´´. En ambos pasajes, al decir ``el quinto mes´´ se inicia la cuenta de los meses hebreos en Nisán, el de la fiesta de Pesaj (según indica la Torá en Shemot-Exodo Cap. 12 Vers.2) y no en Tishrei-Rosh Hashaná como lo solemos hacer en la actualidad.
La discrepancia en cuanto al día exacto del mes -el 7, según el libro de Reyes, y el 10, según Jeremías-quedó dilucidada seis siglos y medio más tarde, cuando en el año 70 d.C. el Segundo Templo de Jerusalén fue arrasado por Tito y sus legiones romanas el día 9 de Av. Desde entonces quedó esa fecha como día unificado de recuerdo, y al mismo tiempo, como solución a la discrepancia ``7 o 10 de Av´´ en las fechas que leemos con respecto al primero.
El 9 de Av -``Thishá beav´´ en hebreo- es un día de luto, y se lo expresa, antes que nada, mediante un ayuno de sol a sol. Desde ayer, miércoles 6 de agosto, hasta hoy jueves 7, después de la puesta del mismo. En las sinagogas, para la oración diaria, se quitan los adornos: la cortina que cubre el ``Arón Hacodesh´´ (el arca donde están guardados los rollos de la Torá) y los ornatos de plata o de oro de esos rollos. Se agregan plegarias de luto a las habituales, se leen los cinco capítulos de las Lamentaciones de Jeremías y se recita todo con voz más bien baja y tono de luto.
Un error muy común que deriva del ayuno de Tishá beav es que, haciendo falsas analogías, mucha gente cree que Iom Kipur, el Día del Perdón -este año, a comienzos de octubre próximo- también es día de luto, debido a que ese día también ayunamos. Pero la mejor prueba de que no es así es que faltan en la sinagoga estas otras señales propias del 9 de Av: ninguno de los adornos se quita de la Torá o del Arca Sagrada, y hasta hay algunas comunidades que inician el Iom Kipur con la bendición de bienvenida a las fiestas (``Shehejelánu´´).
Es que el ayuno de Iom Kipur -severo como el del 9 de Av, es cierto- no lleva carácter de luto, sino de abstención de goces materiales, en aras de obtener el perdón divino.
Como antecedente bíblico de esta desgracia que habría de ocurrir muchos siglos después, nuestros sabios señalan que en tiempos de Moisés, el 9 de Av fue el día en que el pueblo de Israel se amotinó contra este dirigente y lloró sin causa fundada cuando escuchó el informe que Josué y los otros exploradores rindieron acerca del país de Canaán que habían recorrido.
Hoy lloran en vano en este día 9 de Av -habría sentenciado el Creador contra ellos- y por eso, ya les daré Yo en el futuro motivo para llorar en esta fecha con razón.
Y además, el Talmud también añade que el 9 de Av cayó Betar en manos de los romanos -la última fortaleza que quedaba al cabo de la frustrada rebelión de Bar Kojba contra ellos, año 135 d.C.- y que ese mismo día, como para poner punto final a la rebeldía de los judíos, los romanos ``araron´´ la ciudad de Jerusalén, es decir, no dejaron en ella ni una sola casa en pie.
A todo ello cabe agregar que en tiempos muchos más recientes, en la España de Colón y de los Reyes Católicos, el 9 de Av de 1492 vencía el plazo que Fernando e Isabel dieron a los judíos de su país para decidirse entre adoptar la religión cristiana o abandonar los confines del reino español.
Como vemos, muchas desgracias juntas han ocurrido al pueblo judío en esta fecha a lo largo de siglos y milenios. Y a pesar de que ha sido nuestra religión la que ha conservado el recuerdo de ellas,
acontecimientos como la caída de Jerulén una y otra vez o el arrasamiento de los últimos edificios que quedaban en pie allí, o la caída de Betar y la expulsión de los judíos de España, son desgracias nacionales que han sufrido nuestros antepasados.
Y como tales, conviene que en esta fecha evoquemos su recuerdo y que no caigan en el olvido. Con ayuno o sin él, con las Lamentaciones de Jeremías que se recitan en la sinagoga o sin ir allá a decirlas especialmente. Pero también sin ir ese día al teatro, al cine o a conciertos, y solamente con musica adecuada en la radio o en la televisión.
descuidamos, todavía podría ocurrir en el futuro.
Primera Línea - 19/09/2003
Aurora cumple 40 añosEl número 40 en la Biblia
Nuestro Tanaj, la Biblia hebrea, parece tener una predilección especial por el número 40 aplicado a espacios de tiempo. En hebreo se lo llama ``arba´im´´, vale decir, el singular ``arba´´ (cuatro) más el sufijo ``im´´ con que se forma el plural.
Ya en los primeros tiempos de la humanidad, cuando el Creador decide exterminarla mediante el diluvio universal (del cual sólo se salvan Noé, su familia y los animales que llevan consigo en el arca) la lluvia dura 40 días con sus noches (Génesis, Cap. 7 Vers. 12 y 17). El resto del tiempo que tomó la inundación son los días que el agua tardó en bajar a su nivel normal.
Luego, en la época inicial del pueblo de Israel, como castigo por su falta de confianza en la promesa divina, los recién liberados de Egipto son condenados a pasar 40 años en el desierto, antes de llegar a la Tierra Prometida (Números, Cap. 14 Vers. 33 y 34).
Un año por cada día de los 40 que Josué y su pequeño grupo habían recorrido la tierra de Canaán para explorarla (Números, Cap. 13 Vers. 25).
Y para sobrevivir durante esa travesía cuarentañera, los hijos de Israel tuvieron que alimentarse del maná que les cayó del cielo, también a lo largo de 40 años (Exodo, Cap. 16 Vers. 35).
Además, durante ese viaje por el desierto, Moisés subió al monte de Sinaí para recibir las Tablas de la Ley, y su ausencia del campamento duró 40 días (Exodo, Cap. 24 Vers. 18).
Al cabo de ese lapso, después de que rompió el par de tablas que había recibido porque al bajar de la montaña encontró al pueblo adorando un becerro de oro, la obtención del par de tablas de repuesto, por así llamarlo, requirió otra vez de Moisés una nueva estadía de 40 días en el monte de Sinaí (Exodo, Cap. 34 Vers. 28).
Hasta aquí, algunos ejemplos tomados de la Torá o Pentateuco. Pero la presencia destacada del número 40 aplicado a la medida del tiempo, continúa también en los otros libros de la Biblia.
El libro de Josué menciona una ceremonia de circuncisiones en masa que se realizó bajo la conducción de ese dirigente, porque el pueblo no la había practicado con quienes nacieron durante los 40 años de la travesía del desierto (Josué, Cap. 5 Vers. 6).
Un poco después, en la época de los jueces, se repite de un modo casi monótono que después de que varios de ellos obtuvieron importantes victorias militares contra los enemigos de Israel, el país halló reposo 40 años. Así después del triunfo de Otniel (Jueces, Cap. 3 Vers. 11); del de Barac, apoyado por la profetisa Débora (Id. Cap. 5 Vers. 31) y del de Gedeón (Id. Cap. 8 Vers. 28).
De Elí, un sacerdote y juez de Israel de aproximadamente esa época, también se cuenta que su actuación de dirigente del pueblo duró 40 años (1 Samuel, Cap. 4 Vers. 18).
Y algún tiempo después, en la famosa batalla en que David vence a Goliat, este gigante filisteo sale de su campamento para lanzar insultos y maldiciones contra el pueblo de Israel durante 40 días (Id. Cap. 17 Vers. 16), hasta que por fin cae vencido por la pedrada del joven pastor de Judea que le hace frente.
Y un período de sumisión de las tribus de Israel a los filisteos -como castigo por contravenir las leyes divinas-también duró 40 años (Jueces, Cap. 13 Vers. 1).
En gran parte de estos y otros casos, más bien cabría entender el número 40 aplicado a períodos de tiempo como ``un montón de días´´ o ``unos cuantos años´´, sin tomar el número 40 con demasiada exactitud. En cambio, al hablar de los años que duraron los reinados de David y de su hijo Salomón, la mayoría de los historiadores modernos ya tienden a tomar el número 40 más al pie de la letra.
David reinó 40 años (según 2 Samuel, Cap. 5 Vers. 4-5) y su hijo Salomón otro tanto (1 Reyes, Cap 11 Vers. 42). Porque después de un reinado de siete años sobre su tribu solamente, a partir del año 1000 a.C. -fecha aproximada, pero fácil de recordar- David reinó otros 33 años sobre el pueblo de Israel reunido, de modo que suman 40. Y a ellos siguen otros 40 de su hijo Salomón, así que entrambos ocuparon el trono en Jerusalén durante gran parte del siglo X a.C.
En épocas posteriores y en tierras lejanas de Israel, el profeta Jonás, llegado a los suburbios de Nínive después de su famoso viaje submarino, anuncia que esa ciudad será destruída dentro de 40 días, a menos de que sus habitantes se arrepientan de sus pecados (Jonás, Cap. 3 Vers. 4). Y en esa misma tierra de
Mesoportamia, pero ya bajo la hegemonía de Babilonia, es Ezequiel quien anuncia 40 años de infortunio para el reino de Egipto de esa época, a comienzos del siglo VI a.C. (Ezequiel Cap. 29 Vers. 11-13).
Hasta aquí, parte de los ``40 días´´ y ``40 años´´ que podemos encontrar en la Biblia como medidas de tiempo.
Además, también figuran ejércitos de 40.000 hombres, o 40 codos de largo que medía un edificio del santuario en Jerusalén, o la carga de 40 camellos que un rey vasallo traía de obsequio a otro rey que lo
venció, o 40 shekalim de plata (cada shékel, unos 15 gramos) que cada adulto debía pagar como impuesto. Y ni que hablar de un número 40 bíblico, que la posterior tradición del Talmud redujo a 39 solamente: la cantidad máxima de latigazos que se permite aplicar a quien fuese sentenciado por el juez a semejante castigo. (Deuteronomio, Cap. 25 Vers. 3), una norma que hace siglos ya ha desaparecido del aparato judicial judío.
Este rastreo del número 40 a lo largo de la Biblia está dedicado a nuestro semanario Aurora, en ocasión de cumplir también él, sus primeros 40 años de existencia.
¡Feliz cumpleaños, Aurora!.
Mundo Judío - 26/09/2003
El perdón de los judíos del Iom Kipur
Hay una escena del Iom Kipur, nuestro Día del Perdón, que no olvidaré nunca. Ya anochecía, y en una sinagoga de Buenos Aires estaba por iniciarse la oración de la víspera de esa fecha, ``Kol Nidre´´. El jazán, o cantor litúrgico, envuelto en su manto ritual, ya estaba en su sitio frente a la comunidad, y probablemente buscaba en su escala musical el tono justo para iniciar ese texto arameo con la melodía tradicional.
De pronto un señor de la primera fila alto, robusto y un poco gordito salió de su lugar, dio unos pasos hacia otro señor, también de la primera fila, extendió la mano para saludarlo y le dijo en voz que se oyó claramente en todo el recinto: ``Leshaná tová tikatev vetejatem´´ (``Para un buen año sea usted inscrito y sellado´´). Los antecedentes de este saludo eran que tanto su autor como el destinatario eran miembros de la comisión directiva de la sinagoga, lo que en muchas comunidades se llaman ``gabaim´´.
Y era secreto a voces que algunos meses antes, en una de las reuniones de esa comisión, ellos habían tenido una diferencia de opiniones que derivó en un enojo personal entre los dos; ya no se hablaban, ni siquiera se saludaban cuando se veían en las reuniones de la comisión y hasta procuraban establecer una distancia lo más lejos posible el uno del otro, dentro del marco de la sinagoga y sus eventos.
Uno de estos ``gabaim´´, entonces, el más joven o quizás el que sentía arrepentimiento por lo sucedido. fue quien momentos antes de iniciarse ``Kol Nidre´´ se adelantó ante toda la ``kehilá´´, la congregación reunida en la sinagoga, para saludar en voz alta a su colega y ocasional adversario.
Y con este gesto, huelga decirlo, quedó cerrado el triste episodio entre los dos, la reconciliación fue pública y se hizo cuando estaba por iniciarse el Día del Perdón destinado a tal fin.
En la antigüedad judía, los principales actos, rituales, sacrificios, plegarias y demás del Iom Kipur se llevaban a cabo en el Templo de Jerusalén. El gran público, por así llamarlo, solamente participaba como espectador pasivo - en ayunas, eso sí - de las actividades que allí ejecutaban los sacerdotes (``cohanim´´) y los levitas. A estos ritos dedica la Mishná - la primera parte, la más antigua y núcleo del Talmud - siete de los ocho capítulos del tratado ``Iomá´´, que hablan del Iom Kipur o Día del Perdón.
Solamente el último capítulo está dedicado a lo que tiene que hacer el resto de los judíos, el público en general: las normas del ayuno, su duración, sus excepciones (niños, mujeres embarazadas, personas enfermas o atacadas de bulimia) y los trabajos permitidos (salvar vidas en peligro).
Y en cuanto al perdón mismo entre D``s y los hombres, o de los hombres entre sí, leemos allí que ``los pecados del hombre contra D´´s, Iom Kipur los perdona, pero los pecados entre un hombre y otro, el Día del Perdón no los perdona, hasta que vaya a reconciliarse con su prójimo`` (Talmud, Mishná Iomá, Cap. 8 Mishná 9).
Desde hace casi dos mil años, los primeros siete capítulos del tratado ``Iomá´´ ya no rigen, puesto que no tenemos más Templo de Jerusalén con sus sacrificios de animales. Se los estudia como recuerdo hietórico, nada más. O regirán en el futuro para algunos que pretenden reconstruir en Jerusalén ese degolladero de toros, ovejas, palomas, etc., que sería en Tercer Templo.
Pero para el gran resto del pueblo judío, lo que queda de las leyes de Iom Kipur son áquellas del último capítulo del tratado ``Iomá´´; las que rigen el ayuno, sus excepciones y las normas del perdón de D``s con los hombres y de los hombres entre sí.
Y a estas normas, precisamente, se sujetó ese episodio que evocamos de nuestra sinagoga de Buenoa Aires. Una disputa y ulterior aversión personal surgida en la conducción de la comunidad y de la sinagoga, halló su solución dentro de este mismo marco.
Por iniciativa de uno de los contendientes, que dio en público el paso simbólico destinado a reconciliarse con su colega. Y que obtuvo, poe supuesto, la aprobación de todos los presentes.
Porque tal es, en realidad, la esencia del perdón entre los hombres, según la concepción judía.
Por un lado, no predicamos el perdón constante e incondicional, tal como lo hacen aquellos que de tanto predicar perdón no dejaron de odiar, insultar, perseguir, torturar y asesinar durante dos milenios al pueblo judío, acusándolo de haber crucificado al fundador de su religón.
Ni tampoco es la ``sulja´´ de algunos de nuestros vecinos aquí en Israel, que durante lustros y decenios alientan la llama del rencor contra quienes los ofendieron o les hicieron daño, y donde el bisnieto está obligado a ejecutar la venganza por lo que sufrió el bisabuelo.
Nosotros, los judíos, sostenemos que una vez al año, en Iom Kipur, se ponen las cartas sobre la mesa y hay que reparar las ofensas, indemnizar los daños y buscar la reconciliación. Y desde ese día en adelante, borrón y cuenta nueva.
Que Iom Kipur en Israel además se haya convertido para nuestros niños en la ``Fiesta de las bicicletas´´, porque ese día generalmente no circulan autos por las calles de las ciudades judías y las vías quedan expeditas para los jóvenes ciclistas... eso ya no figura en la Mishná ni en el resto del Talmud, pero es un hecho.
Pero esa cuestión harina de otro costal, que ya no tratamos aquí. En otro Iom Kipur, quizás.
Parashá - 31/10/2003
PARASHAT HASHABUACírculos concéntricos (Lej lejá)
Junto con un nuevo capítulo del Génesis también comienza nuestra parashá de esta semana, cuando D``s le ordena a Abraham -que por ese entonces sólo se llamaba Abram, sin la letra h intermedia- que abandone su morada en Mesopotamia (hoy Irak) para ir al país que más adelante le indicará. ``Lej lejá´´ le dice la voz divina, con las palabras que dan su nombre a nuestra parashá de hoy: ``vete´´ o ``ándate´´ (Bereshit-Génesis Cap.12 Vers.1).
Y luego, en círculos concéntricos, viene la breve descripción de lo que el patriarca tiene que abandonar como consecuencia de esta orden: ``me-artzejá´´ (de la raíz hebrea ``éretz), ``de tu país´´. Y en la palabra siguiente, el círculo se cierra más: ``umimoladetejá´´, ``y de tu molédet´´. Hoy, en hebreo moderno, ``molédet´´ se traduce como ``patria´´, y hasta hay en Israel un partido político que lleva ese nombre.
En el caso de Abraham, ``molédet´´ -de la raíz hebrea i-l-d, la misma de ``iéled´´ (niño), ``hulédet´´ (``nacimiento´´: ``iom huledet´´, ``día del nacimiento´´, léase ``cumpleaños´´) y de los verbos ``nacer´´ y ``parir´´- quizás habría que traducirlo como ``tierra natal´´, lo que el gaucho de las pampas llamaría ``tus pagos´´.
Y finalmente, (ándate) ``mibeit avija´´, ``de la casa de tu padre´´: de tu familia más cercana. También esto Abraham tiene que abandonarlo, por supuesto, con su traslado a otro país. Para imaginarnos hoy, miles de años más tarde, la fuerza que esta ``casa de los padres´´ tenía en tiempos de Abraham, basta con mirar ese fenómeno que nuestros vecinos árabes llaman ``jamula´´, y que tanta importancia tiene entre ellos hasta el día de hoy. Reminiscencia viviente de lo que la ``casa del padre´´ o ``parentela´´ significaba otrora, en tiempos de Abraham.
. . .
Hubo otro caso en que D``s volvió a hablarle a Abraham con este esquema de círculos concéntricos que van estrechándose para apretar y doler cada vez más. Unidos otra vez a la orden de ``Lej lejá´´, ``vete, ándate´´. Ello ocurre en la orden de ir a sacrificarlo a Isaac, que leeremos de la Torá en nuestra parashá del sábado próximo.
Allí el Creador le dice: ``Toma a tu hijo, a tu único, el que amas, a Isaac, y vete (``lej lejá``) a la tierra de Moriá, y ofréndalo allí en holocausto (sacrificio que se quema entero) sobre una de las montañas que te diré (Bereshit-Génesis Cap.22 Vers.2).
``A tu hijo´´ -por ese entonces Abraham tenía dos: Ismael e Issac-, ``a tu único´´ va apretando más el círculo: el que más tarde sería heredero universal del patriarca. ``Al que amas´´: un padre por lo general ama a todos sus hijos, pero a veces tiene ciertas preferencias. ``A Isaac´´: ahí llegamos al centro del círculo; precisamente ese, el hijo predilecto, Abraham va a tener que sacrificarlo por orden del Señor.
. . .
Hoy en día en nuestra vida diaria en Israel, acosados ya tres años seguidos por los ataques terroristas de los vecinos palestinos, nuestros medios de prensa y las circunstancias en que ellos cumplen sus funciones, obligan a aplicar otra vez con el público israelí este sistema de los círculos concéntricos.
``¡Pigúa´´, ``atentado!´´, nos alarma la primera información que recibimos. ¡Terroristas suicidas se auto-reventaron en un ómnibus, en un restaurante, en un hotel, y hay víctimas humanas!
Luego la segunda noticia, ya un poco más precisa: ``Tantos y tantos muertos, y muchos heridos. Y después sigue la tercera de los heridos: cuántos graves, cuántos de mediana gravedad y cuántos leves.
La incertidumbre y la angustia de parientes y amigos de posibles víctimas que a esa hora se hallaban en la zona del atentado, aumentan cada vez más. Llamadas telefónicas a hospitales, visitas apresuradas en las salas de primeros auxilios, averiguaciones en la morgue.
Y finalmente, acabado el proceso de identificación de los muertos, culmina el dolor con la triste lista de sus nombres. Y el anuncio de quiénes serán sepultados hoy mismo, quiénes mañana y quiénes deberán esperar para su último reposo hasta que lleguen los padres, hermanos, hijos u otros parientes desde el extranjero, convocados de urgencia por el Consulado israelí en ese país.
Y quiénes, en cambio, podrán salvar sus vidas al precio de un ojo, de una pierna, de un brazo que les faltará en el futuro... o de algunos rasguños superficiales solamente, que pronto acabarán de cicatrizar.
. . .
Este es el sistema de los círculos concéntricos en nuestra vida diaria en Israel hoy, a comienzos del año hebreo 5764 y a fines del civil 2003.
En la Biblia estos círculos giraban alrededor de nuestro patriarca Abraham. Hasta hay quienes opinan que solamente son recursos literarios que aplicó en su relato ese escriba que fijó el texto del libro de Bereshit o Génesis en el pergamino.
Pero en nuestra vida actual, en cambio, estos círculos son trágico reflejo de la realidad en que vivimos. Por Heriberto Haber
http://www.aurora-israel.co.il/imprimir.php?art_id=2294
14/01/2008 09:03 p.m.
Parashá - 07/11/2003
PARASHAT VAYERA ELAV
Abraham agasaja huéspedes
``Vayerá elav´´, ``y le apareció´´ el Eterno a Abraham; esas son las palabras iniciales del capítulo 18 del libro Bereshit o Génesis, donde el primer vocablo también da su nombre a nuestra parashá de esta semana. La aparición fue de origen divino, pero lo que el patriarca alcanzó a ver desde la entrada de su tienda fueron tres hombres que venían caminando por el campo, en ese sitio de Elonei Mamré -cerca de Hebrón- donde Abraham residía por ese entonces.
Y a lo largo de todo este capítulo 18 el texto los denomina ``anashim´´ -``hombres, personas´´ -hasta el versículo 16, cuando se despiden de Abraham y prosiguen su camino. Solamente a comienzos del capítulo siguiente leemos que ``los dos `malajim´ llegaron a Sodoma´´ (Bereshit-Génesis Cap.19 Vers.1), y allí muchos traducen ese término hebreo ``malajim´´ como ``ángeles´´.
En hebreo bíblico, ``malajim´´ muchas veces son ``mensajeros´´, nada más. También en griego antiguo, ``ánguelos´´ -el origen del ``ángel´´ español - a veces denota eso: mensajero, embajador. Sólo en castellano el ``ángel´´ adquirió carácter divino o celestial exclusivamente.
Y son dos -no tres- los que llegan a Sodoma, porque el tercero ya había cumplido su misión de anunciarles a Abraham y a Sará el nacimiento de un futuro hijo de ambos -Isaac- y por eso, dicen nuestros sabios,
desapareció de la escena.
. . .
Resulta interesante el agasajo que Abraham prepara para sus tres huéspedes. Con la tradicional hospitalidad de los beduinos en el desierto, los invita a comer un modesto ``pat léjem´´, un ``bocado de pan´´ (íd. Cap.18 Vers.5). De paso: este bocado hebreo ``pat´´ de miles de años atrás está vinculado con nuestra ``pita´´ de hoy -vocablo de origen árabe- y posiblemente, en su viaje a través de los mares, también con la ``pizza´´ que todos conocemos.
Pero en los hechos no es sólo pan lo que el patriarca preparará para agasajar a sus huéspedes. Moviliza a todo el personal de la cocina -así lo definiríamos en nuestros términos modernos- y corre él mismo a elegir un animal ``tierno y bueno´´ (Ver.7) para que ese personal, después de degollarlo, pueda ofrecer a los tres huéspedes otros tantos suculentos bifes de ternera.
De ternera y no de cordero, un animal mucho más chico y más habitual en este país de la Biblia. Y en una época en que todavía no había heladeras donde guardar para los días siguientes la carne que sobrara de este agasajo.
Y junto con la carne y las tortas de pan que había horneado Sará, Abraham también colocó delante de sus huéspedes ``jemá´´ y leche y el ternero que había preparado, ``y lo colocó ante ellos, y él quedó parado junto a ellos bajo el árbol, y comieron´´ (Ver.8). ``Jemá´´ hoy le decimos a la ``manteca´´; en tiempos bíblicos quizás fue una ``cuajada´´ o algún otro producto derivado de la leche.
. . .
¿Cómo? ¿Leche y carne juntas, en una comida servida por nuestro patriarca? ¿Y dónde quedan las leyes de ``cashrut´´, ésas que hoy día nos prohiben terminantemente tal combinación en nuestras comidas judías? Lo dice el texto claramente (repetimos: en Bereshit-Génesis Cap.18 Vers.8). Todas las explicaciones que hoy nos quieren dar los rabinos sobre este menú que infringe las reglas del ``casher´´, se estrellan ante la precisión del relato bíblico.
Unos dirán: entre la comida láctea y la carne que le siguió medió un lapso prudencial, tal como lo indican las normas del Talmud. Otros argumentarán que la combinación de carne y leche fue prohibida desde que Moisés y el pueblo de Israel recibieron la Torá -el Pentateuco- en el monte de Sinaí. Pero antes de eso, estaba permitida.
Y quizás también habrá quienes negarán el origen lácteo de la ``jemá´´ (¿margarina?) o del ``jalav´´ (¿leche de coco?).
Lo que nadie se atreverá a poner en duda es la interpretación tradicional del versículo bíblico alrededor del cual giran nuestras leyes dietéticas de ``casher´´ para carne y leche. ``No cocinarás un cabrito en la leche de su madre´´, que figura tres veces en la Torá (en Shemot-Exodo Cap.23 Vers.19 y Cap.34 Vers.26, y en Devarim-Deuteronomio Cap.14 Vers.21).
http://www.aurora-israel.co.il/imprimir.php?art_id=2294
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14/01/2008 09:03 p.m.
sino también en la de cualquiera otra cabra. Y no sólo en leche de cabra, sino también de vaca. Y no sólo queda prohibido un cabrito, sino también una cabra adulta. Y un chivo. Y no sólo ganado menor- cabras y ovejas- sino también vacunos: vacas y bueyes. Toda carne queda prohibida con leche o sus derivados. Ni cocer ni comer juntos, ni tampoco mezclarlos unos con otros. Cubiertos y platos aparte para comidas lácteas y otro tanto para las de carne. Después de la comida, lavar esos platos y cubiertos en piletas separadas. Y habrá quien agregue: en lo posible, también dos heladeras para guardar esos alimentos.
Tampoco las aves se salvan de la prohibición: gallinas, patos, gansos. Ninguno debe ser comido en combinación con leche.
¿Por qué? ¡Si la madre de un pollito o de un patito no tiene leche y solamente pone huevos! El detalle no importa. ¡Queda prohibido igual!.
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Parashá - 14/11/2003
PARASHAT JAYEI SARALa cueva de Macpelá
Aunque comienza con las palabras ``Vahihiú jayei Sará´´, ``Y fue la vida de Sará´´ (Berehshit-Génesis Cap.23 Vers.1) nuestra parashá de esta semana relata en su primera parte la muerte de Sará, a la edad de 127 años. La matriarca falleció en Kiriat Arbá (``la ciudad de los cuatro´´) vecina a Hebrón, ``y Abraham vino para guardar duelo por Sará, y para llorarla´´ (Vers.2)
Nuestros sabios prestan atención a este verbo ``y vino´´, y se preguntan: ``¿Dónde estaba Abraham, si no al lado de su esposa?´´ Y algunos responden: ``Vino desde Beer Sheva´´. Notemos que estas dos localidades, Hebrón y Beer Sheva, ya existían en tiempos de Abraham, hace quizás cuatro mil años.
Lo razonable, de todos modos, es que la anciana Sará quedó viviendo en un centro poblado, mientras que Abraham, aunque anciano él, tuvo que ir con sus pastores y ovejas a buscar pastizales para éstas, en otros sitios menos habitados. Es la vida nómade que todavía practican hasta el día de hoy algunos de los habitantes de nuestro moderno Estado de Israel.
* * *
Y después del llanto, del luto y de las otras expresiones de dolor, se le presentó al patriarca un problema práctico: ¿dónde sepultar a Sará?
Por ese entonces habitaban en Hebrón los hititas, un pueblo que más adelante en la Biblia todavía tendría muchos contactos más con la historia de nuestros antepasados. A ellos se dirigió Abraham con la intención de obtener una tumba para su esposa, pagando por el terreno el precio que se le pidiera.
Parece que Abraham ya había elegido para sus adentros un sitio determinado: la cueva de Macpelá -en hebreo, ``Majpelá´´- que pertenecía a un poblador hitita llamado Efrón.
El texto bíblico nos pinta con lujo de detalles las tratativas que hubo entre el patriarca y los hititas antes de llegar al punto culminante: la venta de la cueva y del campo circundante. Primero Abraham les presenta la emergencia: la necesidad que tiene de una tumba, para enterrar a su esposa recién fallecida. Y los hititas le responden amablemente: ``Puedes sepultarla en la tumba familiar de cualquiera de nosotros, nadie te va a rehusar esa posibilidad´´.
Pero también hay quienes ven en esa oferta una velada negativa: ``Sará puede hallar reposo en la tumba que elijas, pero no estamos dispuestos a venderte tierra alguna, que después te dé derecho de seguir viviendo aquí.
* * *
Mediante palabras corteses y gestos de amabilidad, Abraham insiste en su pedido: si realmente desean ayudarme a sepultarla a Sará -dice- les ruego que intercedan por mí ante Efrón ben Tzójar, el dueño de ese campo en cuyos extremos está ubicada la cueva de Macpelá, para que me la venda por todo lo que vale, en todo su precio, como diríamos hoy.
Al escuchar su nombre mencionado por boca del patriarca, Efrón se adelanta ante el grupo de personas reunido allí, en la puerta de la ciudad (Vers.10) y ofrece también él: ``Señor mío, toma el campo y la cueva, te los doy ahora mismo, y son testigos de ello todos mis conciudadanos reunidos aquí. ¡Ve y entierra a tu muerto!´´
Pero Abraham no quiere aceptar regalos. Lo que hoy se recibe gratis, mañana quizás haya que devolverlo. Y por eso insiste en que Efrón cotice el valor del campo y de la cueva, y el precio que se le fije, Abraham lo pagará ahí mismo.
Efrón le responde con diplomacia: ``¡Pero qué vamos a andar discutiendo por un terreno de 400 shékels de plata! ¡Lo importante es que sepultes cuanto antes a tu muerto!´´
* * *
Y llegados así al quid de la cuestión -el precio: 400- el resto ya transcurre de acuerdo a las normas jurídicas de aquellos días. Hoy diríamos: pago, firma de la escritura y toma de posesión.
Abraham ``le pesó a Efrón la plata que había dicho´´ (Ver.16), es decir, tomó piezas de ese metal, las pesó hasta sumar un peso de 400 shékels, y las entregó allí a Efrón.
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de Even Shoshán), Abraham pagó por ``el campo y la cueva que hay en él, y todos los árboles que hay en el campo´´ (Vers.17) algo menos que tres kilogramos de plata.
Y una acotación final, todavía: ``shékel´´ -tanto en tiempos de Abraham como hoy en el Estado de Israel-proviene de una raíz SH-K-L, del verbo ``pesar´´.
Para el patriarca y los hititas era una medida de peso, como hoy el gramo o el kilogramo. Hoy en Israel, en cambio, es una unidad de moneda.
Que nos hace recordar lo siguiente: ¿de dónde proviene, en esencia, el nombre del ``peso´´ que se usa hoy como dinero en la Argentina y en otros países de habla hispana?.
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Parashá - 21/11/2003
PARASHAT TOLEDOT
Esaú y Jacob
Nuestra parashá de esta semana lleva el nombre de `` Toledot´´ porque comienza con las palabras hebreas ``Ve-ele toledot Ytzjak ben Abraham´´, ``Y esta es la historia de Isaac, el hijo de Abraham´´ (Bereshit-Génesis Cap.25 Vers.19). ``Toledot´´, plural de ``toladá´´, es una palabra de diversas significaciones. Se origina de la raíz I-L-D que ya vimos en una nota anterior, y que expresa idea de ``nacer´´, ``parir´´, ``engendrar´´, según cómo se la use.
Aquí, en ``Toledot´´, se le antepuso como prefijo la letra T, y la I inicial se convirtió en una vocal O. Podría denotar también las ``generaciones´´ de Isaac: la que le precedió -su padre Abraham- y la que le siguió: los dos hijos mellizos, Esaú y Jacob, cuyo nacimiento se narrará poco más adelante.
``Toladá´´ también puede ser la ``consecuencia´´ de algo -un hecho que ``nace´´ de otro anterior- y en plural, tal como lo tradujimos en este caso, ``Toledot´´ puede desempeñarse como palabra bíblica para lo que hoy conocemos con el vocablo de origen griego ``historia´´.
Los acontecimientos fueron ``generándose´´ uno tras otro. Y finalmente también hay quienes opinan que de este nombre ``Toledot´´, con elisión (desgaste por el uso) de la T final, proviene el nombre de la ciudad española de Toledo.
. . .
De los dos hijos de Isaac -Esaú y Jacob- el relato bíblico sólo nos explica el origen del nombre de éste último. Jacob, el segundo mellizo, salió del vientre de su madre Rebeca tan inmediatamente después de Esaú, que ``su mano aferraba el talón de Esaú´´ (Vers.26). Este ``talón´´ en hebreo se llama ``akev´´, y ahí tenemos el origen del nombre Jacob, en hebreo ``Ya´akov´´.
Pero más adelante el sustantivo ``akev´´ también produjo un verbo, ``akov´´, ``ir por las huellas (o ``talones´´) de alguien``, es decir, seguirlo. Ya sea en lo físico -por la ruta, por el camino- o en lo intelectual: estudiar sus acciones, procurar imitarlas. Hoy día a veces la Policía hace ``ma´akav´´ -con el agregado del prefijo M: ``seguimiento´´- en pos de un sospechoso: vigila sus pasos, ausculta sus conversaciones telefónicas, procura captar los mensajes electrónicos que envía..
Y también en español decimos: ``le pisa los talones´´.
. . .
Y hay otro uso más, bastante trágico, del verbo ``akov´´. Aflora en nuestra parashá de hoy más adelante, cuando los mellizos que nacieron en los versículos iniciales de la misma ya son personas adultas, y muy diferentes en su modo de ser. Esaú es el preferido de Isaac porque salía al campo, era cazador y le traía al padre para comer de la carne que cazaba. Alimento decididamente no casher, según las normas que rigen hoy en el judaísmo.
Jacob, en cambio, era un hombre ``casero´´ (aunque era una casa desmontable, una ``tienda´´ o ``carpa´´ como los nómades). Por eso la madre Rebeca lo amaba más a él.
La Torá nos cuenta todo esto sin ambages en los versículos 27 y 28 del capítulo que estamos viendo. Sigue luego el famoso episodio en que Esaú vende a Jacob su primogenitura por un potaje de lentejas, y más adelante, como consecuencia (¡``toladá´´!) de esta venta, el triste drama del capítulo 27 entero, donde Jacob ``se disfraza´´ de Esaú, por así decirlo, y obtiene del anciano padre Isaac -que ya no andaba muy bien de la vista- la bendición que éste tenía reservada para Esaú.
En este episodio aparece el conocido pasaje de que ``la voz es la voz de Jacob, y las manos son manos de Esaú´´ (Bereshit-Génesis Cap.27 Vers.22), dilema que expresa el ciego padre cuando los sentidos del oído y del trato le dan informaciones contradictorias de la identidad de este hijo que se postula a ser bendecido.
. . .
Poco después, cuando Esaú regresa al hogar y descubre que Jacob le birló la bendición del padre, este mellizo cazador usa el verbo de raíz A -K-V en un nuevo sentido, y lo aplica con desprecio y odio a su hermano: ``¡No de balde lo llaman Ya´akov (Jacob), pues ya me engañó dos veces! ¡Primero me quitó la primogenitura, y ahora también me birló la bendición de mi padre! (Según el Vers.36).
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14/01/2008 09:09 p.m.
futuro, tercera persona singular de ese verbo y como tal significa literalmente ``(él) engañará´´, Esaú apunta, con respecto a su hermano, a lo que mucho más tarde los romanos definirían como ``nomen est omen´´: el nombre ya da la pauta de lo que es esa persona.
Sólo que Esaú no hablaba latín.
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Parashá - 28/11/2003
PARASHAT VAYETZE
Jacob: veinte años en Harán
Como consecuencia del odio que Esaú sentía contra su hermano mellizo Jacob que le había birlado la bendición paterna -tal como lo vimos aquí la semana pasada- llegamos a la palabra inicial que da su nombre a nuestra parashá de hoy: ``Vayetzé´´, ``y salió´´ (Bereshit-Génesis Cap.28 Vers.10). ¿Quién salió? Jacob. ¿De dónde salió? De Beer Sheva. ¿Y por qué salió? Porque Rebeca, la madre, sintió flotar en el ambiente las ansias de venganza de Esaú, que quería matarlo a Jacob.
Por eso, todavía a fines de la parashá pasada ella había convencido al anciano Isaac de que sería bueno para Jacob un viajecito a Harán -al norte, en la Mesopotamia- donde vivía parte de la familia de ellos, desde los tiempos de Abraham. Allí Isaac podría elegirse una esposa y casarse. Y además -esto Rebeca no lo dijo, por supuesto- allí Jacob también estaría más seguro, lejos del rencor de Esaú.
. . .
Llegado a destino, Jacob se dirige al pozo del cual los habitantes de Harán se proveían de agua. El pozo de agua, en aquellos tiempos, era un lugar de reunión obligado para la gente del pueblo. Todavía no había agua corriente en las casas.
Junto a ese pozo Jacob la conoció a Raquel -en hebreo Rajel, que como sustantivo común significa ``oveja´´-, esa pastora con la que después se casaría. Y en la Biblia conocemos otros episodios de forasteros que llegan a tierras extrañas, se acercan al pozo del poblado para reponer líquidos, charlan un poco con la gente del lugar y a veces también encuentran allí a sus futuras esposas. Eliezer, el criado de Abraham enviado en búsqueda de una esposa para Isaac, halló de este modo a Rebeca, la madre de Jacob. Otro ejemplo es Moisés, cuando huyó de Egipto y llegó a Midián.
Pero a diferencia de Eliezer, que arribó con diez camellos cargados de riquezas con que obsequiar a la futura novia y a sus familiares, Jacob ahora llegaba a Harán con las manos vacías. Manos bien musculosas, es cierto, porque él solito logró apartar la piedra que tapaba el pozo, tarea que por lo general requería la acción conjunta de varios pares de manos a la vez.
Cuando Jacob charlaba con la gente del lugar, llegó al pozo también Raquel, junto con las ovejas de su padre Labán. Este Labán -en hebreo ``Laván´´, que significa ``blanco´´- era hermano de Rebeca, y por ende, tío de Jacob. Y esa pastora, Raquel, entonces, era su prima.
El feliz encuentro inyectó espinaca en los bíceps de Jacob, y así alcanzó a apartar él solo la piedra que cubría el pozo, en un alarde de fuerzas destinado sin duda también a impresionar a esa joven y hermosa pastora.
. . .
Jacob se había enamorado de Raquel, en un amor a primera vista. Pero de allí hasta casarse con ella, el camino todavía era muy largo. Había que pagar por la novia con regalos de oro y plata, tal como lo había hecho en su momento ese Eliezer enviado por Abraham. Pero... ¿con qué habría de pagar Jacob, que había llegado a Harán sin nada?
``Te serviré siete años por Raquel, tu hija menor´´ (Cap.29. Vers.18), le propone Jacob a Labán: trabajaré siete años como pastor en tus rebaños y con eso pagaré por ella. Prestemos atención: ``por Raquel, tu hija menor´´ especifica Jacob. Porque Labán también tenía otra hija, mayor, que se llamaba Lea, y que no era tan hermosa ni atractiva como Raquel. Y Labán accedió a la propuesta ( Ver.19).
Pero esto no fue óbice para que al cabo de los siete años, cuando llegó la fecha del casamiento y la fiesta que organizó Labán para celebrarlo, Labán le entregara a Jacob para llevarla al lecho nupcial, bien envuelta en espesos velos de novia, a su hija mayor, Lea, en vez de la estipulada en el trato. El engaño se descubrió a la mañana siguiente, cuando otra vez alumbró el sol.
Airados reclamos de Jacob ante su suegro. A sottovoce, algunos comentaristas señalan: es el castigo por lo que Jacob hizo con su padre, cuando se le presentó disfrazado de Esaú y obtuvo la bendición destinada a éste.
La solución que acordaron Labán y Jacob fue la siguiente: el cabo de una semana Jacob obtendría por esposa también a Raquel, al precio de otros siete años de servicio como pastor en los rebaños de Labán.
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Transcurrieron esos nuevos siete años y Jacob, ya padre de una numerosa familia, quiere regresar a su país. Pero Labán no quiere perder los servicios de este experto en pastoreo.
-``Y ahora, ¿cuándo haré también yo para mi casa?´´ (Vers.30) - le dice Jacob, entre pregunta y reproche. Fija tú mismo, Jacob, el salario que pretendes, responde Labán.
Y allí se establece un trato que hasta el día de hoy intriga a los expertos en genética ovina y caprina. Para Jacob serían todos los corderos y cabritos que, desde ahí en adelante, nacieran con manchas o puntos de colores en la piel. Para que no resultaran muchos, ese mismo día Labán apartó de los rebaños a todos los machos que presentaban esas características, y los mandó a pastorear lejos de los animales que quedaban a cargo de Jacob. Pero con ciertos recursos que aplicó en la época del celo de los rebaños, Jacob logró obtener, con todo, numerosos animales para sí.
. . .
Así pasaron seis años más. Jacob ya llevaba veinte años en Harán. Labán vio crecer los rebaños de su sobrino y yerno, en desmedro de los suyos propios. Las tensiones entre los dos subieron.
En resumen: maduraron las condiciones para un nuevo ``vayetzé´´, ``y salió´´: que Jacob saliera de Harán para volver al sur, a la tierra de su padre Isaac.
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Parashá - 05/12/2003
PARASHAT VAYISHLAJJacob y Esaú: la reconciliación
Como paso previo para el regreso a su tierra natal, al cabo de los veinte años que vivió en Harán, Jacob procuró llegar a una reconciliación con su hermano mellizo Esaú que habitaba en Edom, una región al sur del que hoy llamamos Mar Muerto. Con ese motivo ``vayishlaj Yaakov malajim´´, ``envió Jacob mensajeros´´ a su hermano (Bereshit-Génesis Cap.32 Vers.4). La primera palabra ``vayishlaj´´, ``y envió´´, es la que da su nombre a nuestra parashá de hoy.
Su raíz SH-L-J es la misma del vocablo ``shalíaj´´ que muchos lectores conocen como ``enviado,
representante´´ de alguna institución israelí que cumple funciones entre los judíos de la diáspora. Acerca del doble uso de ``malajim´´ -el singular es ``malaj´´- como ``mensajeros´´ o ``ángeles´´, ya hemos hablado en una nota anterior.
. . .
¿Y qué respuesta traen los mensajeros enviados por Jacob? Esaú -le cuentan- viene a tu encuentro con una escolta de 400 hombres. Un ejército entero -calcula Jacob-¿y qué pasar0 si viene en son de guerra, para vengarse por ese episodio de la bendición de Isaac que obtuve para mí?
Jacob decide tomar medidas preventivas. Divide a su campamento en dos, ``la gente, el ganado menor (ovejas y cabras), el ganado vacuno y los camellos (Ver.8). Si Esaú ataca a uno de los grupos, por lo menos el otro podrá salvarse.
Además Jacob también eleva una plegaria al D´´s de sus padres, Abraham e Isaac. Le agradece todo lo que recibió de El, ``pues con mi bastón he cruzado este Jordán, y ahora llegué a ser dos campamentos´´ (Ver.11). E implora Su ayuda en esa situación de peligro en que está.
Pero además ``ayúdate y D´´s te ayudará´´, como dice el refrán: Jacob también envía a su hermano un valioso obsequio de expiación. ``Kapará´´ como le diríamos hoy, de la misma raíz K-P-R que (Iom) Kipur, el (día del) perdón. Doscientas cabras y veinte chivos, doscientas ovejas y veinte carneros. Zoólogos nos dirán si es correcta esta proporción de diez hembras por cada macho para el futuro crecimiento del rebaño. Jacob, con sus veinte años de experiencia en el ganado de Labán, por lo visto creyó que lo era. Y además también le envió muchos camellos, vacunos y asnos como complemento del obsequio.
. . .
A cargo de cada rebaño iban los pastores necesarios. Y llevaban instrucciones bien precisas de Jacob: que cada grupo vaya por separado, con amplios espacios intermedios entre uno y otro. Y al toparse con Esaú, que cada pastor le diga: ``Este rebaño que conduzco es obsequio de reconciliación que nuestro amo Jacob envía para tí. Y él mismo también viene detrás de nosotros´´.
En resumen: los valioso obsequios, más las palabras de los pastores de Jacob, más las del patriarca mismo cuando se encuentra personalmente con Esaú y se prosterna siete veces ante él, esto surte el efecto esperado. La reconciliación de los dos hermanos queda sellada con un abrazo y un fraternal beso de los dos mellizos, tal como podemos leerlo a comienzos del Cap. 34.
. . .
Observemos que en la ulterior historia de los descendientes de Jacob -o Israel, el patriarca también recibe este nombre en nuestra parashá de hoy, al cabo de una lucha nocturna con un ángel- en esa historia, entonces, muchas veces se repitió la situación que aquí nos pinta Jacob.
Llegados con las manos vacías a un nuevo país -``pues con mi bastón (¡y nada más!) he cruzado este Jordán´´- según lo definió el patriarca en su plegaria mencionada más arriba- ``y ahora llegué a ser dos campamentos´´. Y de una envergadura tal -agreguemos- que alcanzó para enviar a Esaú centernares de animales como obsequio.
La bendición divina amparó a Jacob, es cierto. Amparó esos veinte años de trabajo en lo del suegro Labán. Las ovejas y cabras se multiplicaron no porque crecían de noche en los árboles, sino porque el pastor Jacob se esmeraba en su cría, ayudaba en los partos, espantaba a los lobos, buscaba los mejores pastizales. En resumen, aplicaba en su trabajo todos los conocimientos que había adquirido en la materia.
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14/01/2008 09:23 p.m.
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Quizás es éste el principal motivo del odio (``antisemitismo´´) y de la envidia que nos tienen allá, y que hace pocas semanas quedó tan claramente registrado en una encuesta llevada a cabo en Europa.
El conflicto de Israel con los palestinos es solamente un pretexto. Si no fuese la lucha con ellos, quizás sería porque no cuidamos lo suficiente la pureza ecológica de las aguas del Jordán, río sagrado para millones de creyentes en el mundo. O cualquier otra excusa por el estilo.
``Con un bastón´´ solamente, fugitivos de la Inquisición, de Kishinev, de los nazis, de Auschwitz y de Treblinka hemos llegado de regreso a este país, ``¡y miren lo que hemos alcanzado a construir en él!´´
¿El mundo nos puede perdonar esto?
14/01/2008 09:26 p.m.
Mundo Judío - 12/12/2003
Las mutaciones de Januca
La importancia que tuvo la fiesta de Januca -que comenzará mañana viernes por la noches, junto con el Shabat- queda patente por el hecho de que nuestros sabios le adjudicaron ocho días de celebración, nada menos. Más que ningua otra fiesta del calendario judío. Más que Sucot -siete días, según la Torá- donde la fiesta del octavo día, Sheminí Atzéret, consiste en una celebración aparte, si bien adyacente a Sucot. Y donde el noveno día, Simjat Torá, sigue solamente en la diáspora, pero no en Israel.
En su momento -la revolución de los macabeos estalló en el 167 a.C. y llevó a la independencia de Judea algunos años después- Januca, la ``inauguración (del Templo)´´ fue eso: la fiesta de la independencia recuperada para el país. Por eso se la celebró ocho días.
Solamente hechos posteriores obligaron a modificarla. No su duración, que ya quedó arraigada en el pueblo judío, pero sí su motivación. Porque cuando los judíos volvieron a perder su independencia, arrollados por la bota romana, ésta no permitía la celebración de fiestas de independencia de los pueblos conquistados. Y entonces el motivo de la celebración pasó a ser el ``milagro´´ del jarrito del aceite, elaborado especialmente para el candelabro que iluminaba el Templo: en vez de una sola, alcanzó a arder ocho noches seguidas. Buen disfraz para una fiesta de independencia.
* * *
También hubo en aquellos tiempos cronistas que registraron detalladamente los sucesivos combates de Judá Macabeo y sus hermanos con los cuales obtuvieron primero la recuperación del Templo de Jerusalén, luego destruyeron los ídolos emplazados allí, y después de purificarlo a fondo celebraron su ``Januca´´, esa inauguración que en realidad fue re-inauguración de un edificio que ya existía desde antes. Todo esto quedó registrado en unos libros llamados ``de los Macabeos´´ que se escribieron por ese entonces.
Pero en el siglo II de la era cristiana, cuando los sabios judíos recopilaron y decantaron los textos de nuestro Tanaj (la Biblia judía), ellos decidieron dejar afuera del conjunto a los cuatro ``Libros de los Macabeos´´, abandonados a su suerte y condenados a desaparecer con el correr del tiempo.
Si no ocurrió así, ello se debe a la traducción al griego -la Septuaginta- que por aquella época realizaron los judíos de Alejandría, en Egipto.
Más tarde esa traducción fue aceptada por la Biblia cristiana, y de este modo se salvaron para la posteridad los Libros de los Macabeos y varias obras literarias más de autores judíos.
Y ya que hemos mencionado el cristianismo, tomemos nota que desde el día 25 de diciembre hasta el 1ú de enero, ambos incluídos, también media un plazo de ocho días.
Y que la Navidad también se celebra con muchas luces, tantas que en vez de llenar un candelabro colman un arbolito entero. ¿Una reminiscencia judía que quedó en la nueva religión que surgía por ese entonces? * * *
Y para acompañar el encendido de las luces de Januca, nuestros sabios recurrieron al mismo texto que usamos cuando se prenden las velas de otras vísperas de fiestas religiosas judías: el Shabat, las tres fiestas de peregrinaje (Sucot, Pesaj y Shavuot) y las Altas Fiestas (Rosh Hashaná, Iom Kipur). Allí se bendice al Creador que ``nos santificó con Sus preceptos y nos ordenó prender´´ las luces de tal o cual festividad. La bendición suele decirla en el hogar la madre de la familia, poco antes de llegar la hora de iniciación de la fiesta.
Sólo que en el caso de las luces de Januca, el encendido pasa a ejecutarlo el padre. Y una anomalía que es más grave todavía: a diferencia de las otras fiestas, perscritas en tales o cuales versículos de la Torá (o Pentateuco), Januca no figura en ningún texto bíblico del cual pueda decirse que en él el Señor ``nos ordenó´´ prender las luces de Januca.
Muy por lo contrario: los únicos escritos que hablan de Januca -los Libros de los Macabeos- ya vimos que fueron rechazados por la tradición judía. Y si sobrevivieron a pesar de esto, se lo debemos a la intervención de otros.
* * *
En nuestros tiempos, después de la proclamación del Estado de Israel en 1948, Januca va recuperando poco a poco su carácter de fiesta de la independencia, perdida del todo en el 70 d.C., cuando fue destruído el Segundo Templo de Jerusalén: ese que los hermanos macabeos re-inauguraron después de la revolución. Ni siquiera un siglo duró la independencia judía en aquellos tiempos, pero los ocho días de celebración, sabios y rabinos y nadie pudo acallarlos, y entonces optaron por darles otro carácter.
Hoy día, cuando la renovada independencia del moderno Estado de Israel ya lleva más de medio siglo, también sería hora de que iluminados por esas ocho luces de Januca, nuestros sabios y rabinos del presente ``descubran´´ que estamos viviendo otra vez en un Estado judío independiente, y no en la diáspora.
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14/01/2008 09:26 p.m.
nuestros de los escritos sagrados.
El encendido de las luces de nuestra fiesta de mañana tampoco figura allí, y a pesar de eso los sabios de otrora nos enseñaron a decir que el Creador ``nos santificó con Sus preceptos y nos ordenó´´ prender las luces de Januca, aunque previamente ellos habían rechazado de plano los libros que relatan esta historia. Supieron adaptarse al nuevo mundo en que estaban viviendo.
14/01/2008 09:29 p.m.
Parashá - 12/12/2003
PARASHAT VAYESHEV
Soñar puede costar caro
Nuestra parashá de esta semana se llama ``Vayéshev´´ porque esa es su palabra inicial (Bereshit-Génesis Cap.37 Vers.1). Viene de la raíz I-SH-V, ``estar sentado´´ (en una silla) o ``asentado´´ (en un lugar), de modo que aquí puede traducirse este verbo como ``residir, habitar´´. Después de tantas andanzas por el extranjero, por fin ``habitó Jacob en la tierra en que residía su padre, en el país de Canaán´´ (Id.).
Y ahora nuesvos personajes ocuparán la escena del relato bíblico. El primero de ellos es José -en hebreo, Yosef- que por ser hijo de Raquel, la esposa preferida de Jacob, y también ``hijo de la vejez´´ (Ver.3) del patriarca, era su preferido por ese entonces.
Lo que perturbaba la paz familiar era que esa preferencia paterna también tuvo abundantes expresiones en la vida diaria, y ellas fueron acumulando contra José muchos sentimientos de envidia -y su consecuencia, odio-en los corazones de los hermanos.
Jacob vistió a José con una ``túnica de franjas´´ (Ver.3). No importa el detalle, de qué colores eran esas franjas o qué forma tenían; la Torá tampoco lo cuenta. Lo importante es que esa vestimenta del muchacho de diecisiete años era diferente de la de sus hermanos, y lo destacaba como hijo predilecto. Con eso sólo ya bastaba para odiar a ambos: a la prenda y a su portador.
* * *
Y después se añadieron a esto los sueños que tuvo José. En el primero de ellos, él y sus hermanos estaban recogiendo la cosecha en el campo, y juntaban el cereal en gavillas. Entonces ``se levantó mi gavilla- relató José a sus hermanos- y también quedó parada´´ (Ver.7). Después la rodearon las gavillas de los hermanos ``y se postraron ante mi gavilla´´ (íd.). Más leña para la fogata que ardía en los corazones de los hermanos: ``¿Acaso vas a reinar sobre nosotros? (Vers.8). ¿O pretendes gobernarnos?´´ ``Y lo odiaron más todavía: por sus sueños y por sus palabras´´ (íd.).
Luego vino el segundo sueño de José: ``He aquí que el sol, la luna y once estrellas se prosternaron delante de mí´´ (Vers.9). Y José lo contó no sólo a sus hermanos, sino también al padre, a Jacob. Este le reprocha: ``¡Qué es este sueño que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a prosternarnos delante de tí?´´ (Ver.1).
Más envidia y odio en los corazones de los hermanos. ``Y su padre guardó el asunto´´ (Ver.11). * * *
Lo que resulta evidente de estos dos sueños es que tanto los hermanos como Jacob no tuvieron ningún inconveniente en comprender enseguida el significado de los mismos. A José no puede reprochársele el haberlos soñado -nadie es dueño de los sueños que tiene de noche- pero sí, el haberlos relatado a sus familiares cuando quedaba tan patente el presagio que encerraban.
El segundo sueño también presenta, además, un pequeño inconveniente cronológico, Raquel, la madre de José, después también tuvo otro hijo más, Benjamín, y murió en el parto. Esto se relata en la parashá de la semana pasada. Entonces es difícil que coexistan al mismo el tiempo el sol (Jacob), la luna (Raquel) y once estrellas (todos los hermanos, incluído Benjamín).
Nuestro comentarista Rashí (Rabí Shelomó Yitzjaki, 1040-1105), citando fuentes más antiguas, sostiene que cuando José le reprocha al hijo: ``¿Qué es este sueño que soñaste?´´ (Ver.10), se refiere a esta
imposibilidad: tu madre Raquel -la ``luna´´ en el sueño- ya está muerta. Así como ella ya no puede venir a prosternarse ante tí, así todo este sueño no es más que una tontería sin valor. Y la intención de Jacob -así Rashí- era poner freno a la envidia de los hermanos, que cada vez odiaban más a ese joven presuntuoso. * * *
Consecuencia de ese odio fue el atentado -por así decirlo- de los hermanos contra José. Una vez cuando estaban pastando el ganado en un sitio alejado del hogar paterno, lo echaron en un pozo seco que hallaron en el campo con la intención de dejarlo morir allí. Pero acabaron por venderlo como esclavo a una caravana de comerciantes que pasó por el lugar y que se dirigía a Egipto. Y también se desahogaron con esa túnica de franjas con que Jacob había distinguido a José. Tomaron un animal del ganado, lo degollaron, y sumergieron la túnica en su sangre. Después la llevaron a casa y la presentaron ante Jacob: ``Esto hemos hallado; reconoce, si es la túnica de tu hijo o no´´ (vers.32). El patriarca logró identificarla, dedujo de esos restos que a José lo había devorado algún animal feroz, y después de la desesperación inicial, guardó un largo luto por su hijo desaparecido.
Durante la posterior vida de José, en Egipto, todavía habrá más sueños que anticiparán diversos acontecimientos.
Pero en estos dos que hemos visto hoy, resulta patente que Jacob y sus hijos, sin haberlo leído a Freud, entendieron bien pronto qué significaban los sueños de José, y hacia dónde apuntaban.
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Si estos sueños de José también se cumplirían en el futuro, eso ya es harina de otro costal. O de las próximas parashot del libro que estamos viendo.
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Parashá - 19/12/2003
PARASHAT MIKETZ
José, Ministro del Faraón
Ya habían pasado varios años desde que José llegó a Egipto con la caravana a la que había sido vendido por sus hermanos. Tuvo allí diversos altibajos: llegó a ser administrador de la casa de Potifar, un alto funcionario en la corte del faraón.
Pero después surgió contra él una falsa acusación de un intento de violación: había sido la mujer de Potifar quien quiso seducir a José a acostarse con ella, aprovechando un momento en que no había en la casa nadie más que ellos dos. Pero como José se negó a hacerlo ella lo acusó ante el marido de haber intentdo violarla y José dio con sus huesos en la cárcel.
Allí conoció a otros dos funcionarios del rey de Egipto, reducidos también a la calidad de prisioneros. En una misma noche estos dos soñaron sendos sueños, José les interpretó el significado de los mismos y tal como lo predijo, también se cumplió. Tres días después, con motivo del cumpleaños del faraón, uno fue indultado y restituido a la corte y al otro lo ejecutaron, colgándolo en una horca.
El funcionario salvado -que administraba y probablemente probaba antes que el rey todos los líquidos, especialmente vinos, que se servían en la mesa real- se olvidó bien pronto de ese joven encarcelado injustamente que tan bien le había revelado el significado de su sueño.
* * *
Y en este punto comienza nuestra parashá de hoy: ``Vayehí miketz shenatáyim´´, ``Y ocurrió al cabo de dos años (Bereshit- Génesis Cap.41 Vers.1). José seguía en la cárcel, mientas que una noche en el palacio, en su lecho real, el faraón tuvo dos sueños seguidos -interrumpidos por un breve despertar entre uno y otro- que al día siguiente ninguno de los sabios de la corte supo interpretarle.
Ahí fue cuando el copero se acordó de José. Le contó al rey de ese ``muchacho hebreo´´ (Vers.12) que en la cárcel le reveló a él y al finado colega el significado de los sueños que ellos habían tenido. Y cómo todo después también se cumplió al pie de la letra.
Entonces el faraón ordenó que le trajeran enseguida a ese joven. Cosa que también ocurrió pero no sin antes afeitarlo a José y cambiarle la ropa, para hacer a ese prisionero más presentable ante el trono de Su
Majestad.
Y el rey le contó sus sueños. En el primero, siete vacas gordas subían del Nilo a la orilla del río. Después subieron de ahí siete vacas flacas. Y se tragaron a las vacas gordas. Y a pesar del atracón, se quedaron tan flacas como antes. Y ahí me desperté -así dijo el rey- y al volver a dormirme tuve otro sueño más.
Siete espigas gordas crecían en un tallo. Después de ellas crecieron siete espigas flacas, consumidas por el viento, que se tragaron a las otras. Y ninguno de los sabios de la corte supo explicarme qué significaba todo esto, concluyó el monarca.
José le respondió: ``El sueño del faraón es uno solo. D´´s le reveló al faraón lo que va a hacer`` (Vers.25). Y prosiguió: ``Las siete vacas y las siete espigas gordas denotan siete años de prosperidad que sobrevendrán en el país. Un gran desarrollo agrícola, como diríamos hoy. Y las siete vacas y espigas flacas son lo contrario, siete años de sequía y de magras cosechas. Y su consecuencia: hambre, desolación y muerte en todo Egipto, que llegarán después.
¿Qué hacer, entonces? Sin esperar la pregunta, José enseguida expone ante la corte un plan de acción: habrá que acumular grandes reservas de cereal durante los años prósperos, para prevenir la escasez que sobrevendrá después.
Entonces el faraón sólo atinó a preguntar: ``¿Acaso hay, como éste, un homber en el que esté el espíritu de D´´s?´´ (Vers.38). Y en seguida emitió una orden: José mismo será el encargado de acumular esas reservas de grano.
Tendrá plenos poderes para hacerlo: le colocó en el dedo el anillo real (con el cual se firmaban los decretos del faraón), mandó vestirlo con hábitos reales, puso a su disposición un carruaje de la corte -hoy diríamos: un Mercedes con chofer- y así José, a la edad de ``treinta años´´ (Vers.46) quedó convertido en ministro de Economía plenipotenciario de Egipto.
* * *
José construyó grandes depósitos de granos y durante los primeros siete años los llenó con el cereal que abundaba por doquier. Y también se casó con la hija de un sacerdote egipcio. En los nombres que dio a los
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dos hijos varones que le nacieron, quedó bien patente la actitud de José hacia el pasado que había vivido en su juventud en Canaán.
Al primero lo llamó Menasés (en hebreo: Menashé), de una raíz N-SH-H, ``olvidar´´) ``porque D´´s me hizo olvidar toda mi penuria y toda la casa de mi padre`` (Vers.51). Y al segundo lo llamó Efraín (en hebreo Efráyim, de P-R-I, o P-R-H, ``fruto´´, ``fructuficar´´), ``porque D´´s me hizo fructificar en el país de mi aflicción´´) (Vers.52).
* * *
Y después llegaron los años ``de las vacas flacas´´, como también lo decimos hoy, siguiendo el ejemplo bíblico. Una seguidilla de siete años de sequía: escasez de cereal y de pastos, sed y hambruna no sólo en Egipto sino también en toda la región circundante.
Entonces José abrió los depósitos que había llenado de cereal durante los siete años de la prosperidad. Vendía trigo a todos: sólo había que traer dinero con que pagarlo.
También Jacob, en Canaán, vio agravarse cada vez más la situación. Le llegaron noticias de que podía comprarse trigo en Egipto y entonces mandó a sus hijos a traer de allí un cargamento. Para ello había que presentarse ante el señor ministro, prosternarse ante él, explicarle el pedido... y pagar por la compra, por supuesto.
¿Recuerdan lo que una vez soñó un joven pastor acerca de las gavillas de los hermanos que se prosternaban ante la suya?.
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Parashá - 26/12/2003
PARASHAT VAYIGASH
Jacob baja a Egipto
``Vayigash´´, ``y se acercó´´ (Bereshit-Génesis Cap.44 Vers.18) es la palabra inicial que también da su nombre a nuestra parashá de hoy. Judá es quien se adelanta a sus hermanos, se acerca al severo ministro egipcio que los había hecho sufrir tanto -ese ministro era José- y procura salvarlo a Benjamín de sus garras. Recordemos: José y Benjamín eran los dos únicos hijos que la tan amada Raquel le había dado a Jacob. Después del parto de Benjamín ella murió. Todos los otros hermanos allí presentes eran hijos de Jacob, pero nacidos de otras madres: Lea, Bihlá y Zilpá.
Y José, como ministro de la corte, había maniobrado contra sus hermanos hasta llegar a la situación actual: Benjamín es acusado de robo, pues en su bolsa los funcionarios de José habían encontrado la copa de plata del señor ministro. (Previamente, por orden del mismo José, ellos la habían colocado allí, antes de cerrar la bolsa de trigo y entregarla a Benjamín).
Porque la primera vez que haían ido a Egipto a comprar cereal, Jacob no mandó con ellos a su hijo menor Benjamín, el único que le quedaba de Raquel. Puesto que al otro, a José, lo creía muerto, devorado por una fiera. Esta vez también tuvo que mandarlo a Benjamín, en esta segunda misión de compras. Así lo había exigido José.
Y acotemos que éste siempre les hablaba a sus hermanos en idioma egipcio, y un traductor les vertía sus palabras al hebreo (según Cap.42 Vers.23). Mientras que José, por su parte, entendía muy bien todo lo que los hermanos cuchicheaban entre ellos en hebreo.
Ante Jacob, Judá había tomado sobre sí la responsabilidad de traerlo de vuelta a Benjamín sano y salvo de este segundo viaje a Egipto. ¿Cómo podía responder de él ahora, ante los hechos innegables: la copa del ministro, hallada de improviso en la bolsa de Benjamín?
* * *
Por eso Judá ``se acercó (´´vayigash``) al ministro egipcio, y traductor mediante, procuró explicarle a José la situación. Que Benjamín había quedado como único hijo de la vejez para el anciano Jacob, ya que a otro hijo lo tenía por muerto. O por lo menos, desaparecido: ``No lo vi más hasta ahora´´ (Cap.44 Vers.28), se había lamentado el patriarca.
Cómo él, Judá, asumió la responsabilidad de traerlo de vuelta a Benjamín al cabo de este nuevo viaje a Egipto.
Y qué desesperación asaltaría al anciano Jacob si ellos regresarían a casa sin Benjamín, detenido en Egipto y acusado de robo. Por eso -implora Judá- ``quede tu siervo (yo, Judá) en vez del muchacho como esclavo para mi señor, y que el muchacho suba con sus hermanos´´ (Vers.33) de regreso a Canaán.
* * *
Este momento dramático, y especialmente la mención de la nueva desgracia que caería sobre Jacob, por fin lograron quebrar la dureza de José para con sus hermanos. Mandó que saliera del recinto todo el personal de servicio -así le diríamos hoy- y estalló en llanto.
``¡Yo soy José! , exclamó. ¿Todavía vive mi padre?´´ (Cap.45 Vers.3). Los hermanos quedaron anonadados, no sabían qué decir. Por otra parte, lo que acababan de escuchar parecía cierto: al haberse ido afuera también el traductor, ese ministro egipcio de pronto comenzó a hablarles en su propio idioma, el hebreo. Eso lo insinúa el texto bíblico, aunque no lo cuenta expresamente.
Y para disipar toda duda, José les refresca la memoria un poco más: ``Yo soy José, vuestro hermano, a quien habés vendido hacia Egipto´´ (Cap.45 Vers.4). Pero para tranquilizarlos, al mismo tiempo añade: ``¡No sois vosotros quienes me habés enviado hacia aquí, sino que D´´s lo hizo para salvarnos!´´
Y José les explica: ``Ya pasaron dos años de sequía, pero todavía faltan cinco más. Tengo aquí, en Egipto, toda la autoridad que me dio el Creador, como mandatario en nombre del faraón. Subid de regreso a Canaán, relatadle todo esto a mi padre, y decidle que venga acá con toda la familia, junto con los rebaños de ovejas, cabras y vacunos que posee. Tenemos en Egipto una zona apta para el pastoreo -la tierra de Gosen- y allá podréis asentaros. Velaré para que allí no os falta nada en estos cinco años de hambre que todavía están por venir´´.
* * *