``Estos son los `pekudei hamishkán´, los `censados´ del Tabernáculo´´ (Shemot- Exodo Cap.38 Vers.21). Con estas palabras se inicia nuestra parashá de esta semana, y de ahí su nombre de ``Pekudei´´, ``los censados de´´, vocablo de una raíz P-K-D que además de ``censar´´ también significa ``dar órdenes, comandar´´. De ella derivan muchos términos que se usan hoy en el Estado de Israel: ``mefaked´´ (``comandante´´, con la P en su forma débil de F), ``pakad´´ (``comisario´´ en la Policía), ``mifkadá´´ (``comandancia´´) y también ``pakid´´ (``empleado´´, generalmente en la administración pública, que en esencia denota ``mandado, comandado´´, pero muchas veces se cree ``comandante´´, en voz activa). Rashí señala en su comentario que en esta parashá se registra el total de todas las donaciones de plata, oro y cobre que entraron en la caja pública, y se rinde cuenta de los diversos instrumentos que se elaboraron para el culto religioso en el Tabernáculo. Apenas terminada la colecta popular -diríamos nosotros- la Torá en seguida nos rinde cuentas de las sumas que fueron recaudadas, y nos indica en qué fueron invertidas. Una actitud muy saludable, que nos puede servir de ejemplo hasta el día de hoy.
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Para el lector curioso por conocer números, diremos que el total del oro donado fueron 29 ``kikar´´, medida de peso que equivalía a 3.000 shekalim cada uno. O sea, 87.000 shekalim. Sumados a éstos una fración de 730 shekalim ``sueltos´´, por así decirlo (según íd. Vers.24), obtenemos casi 90.000 shekalim. Con cada shékel que, como unidad de peso, equivalía a cerca de 12 gramos cada uno, puede calcular cada lector por sí solo la cantidad de oro que los hijos de Israel donaron para su santuario.
La plata -que como dijimos en su momento (ver nuestra nota del 24.2.05) no era contribución voluntaria sino impuesto, a razón de medio shékel por cabeza- alcanzó a sumar 100 kikar, más 1.775 shekalim sueltos, y este metal fue utilizado para fundir las diversas piezas de la armazón destinada a mantener en pie el santuario.
La cantidad de cobre que se juntó fue de 70 kikar y 2.400 shekalim, con los que se confeccionaron parte de las bases de la puerta del tabernáculo, un altar de cobre con sus respectivos adornos y todos los
instrumentos del altar. El total del cobre aportado fue de 212.400 shekalim. * * *
Más adelante, en el Cap.39, leemos la descripción de las diversas telas que se tejieron con los materiales aportados: las cortinas del santuario y las ropas de los sacerdotes. Y el detalle del ``jóshen´´ o ``pectoral´´, una pieza que el Sumo Sacerdote (Aarón) llevaba colgada a la altura del pecho, y en la cual estaban engarzadas 12 piedras preciosas -cuatro columnas verticales, con tres piedras cada una-, representación simbólica de las 12 tribus de Israel. Y cada piedra llevaba grabada el nombre de una de las tribus. ``Y se acabó toda la tarea del Tabernáculo´´, dice el Cap.39 en su Vers.32. Aquí Ibn Ezra analiza desde el punto de vista gramatical la forma especial del verbo ``vatéjel´´, ``y se acabó´´ (de la raíz K-L-H, donde la H final se omitió: tendría que ser ``vatijleh´´; y la K aparece en su sonido débil, como J solamente) mientras que Rabí Sforno pone atención en la continuación de ese versículo: ``E hicieron los hijos de Israel según todo lo que el Eterno mandó a Moisés; así hicieron´´ y nos explica: ``Todo el trabajo fue ejecutado por los hijos de Israel, pues parte de ellos aportaron dinero, y otros realizaron voluntariosos el trabajo´´.
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Y una vez preparadas así todas las piezas del Tabernáculo, ``trajeron el Tabernáculo (sus piezas) a Moisés: la carpa y todas sus piezas: sus ganchos, sus tablas, sus travesaños, sus postes y sus bases´´ (íd. Cap.39 Vers.33). Rashí acota: porque ellos mismos no sabían cómo armarlo con esas piezas. Y como Moisés no intervino en ninguna de las tareas de elaboración de todos esos elementos -continúa Rashí- D´´s le encomendó la tarea de armarlo. Y le dio las fuerzas físicas necesarias para alzar esos pesados postes y tablones que ningún otro hombre alcanzaba a levantar.
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El Cap.40 nos relata cómo empezó a funcionar el culto de D´´s en el Tabernáculo, con la ceremonia de su consagración, el ungido de los altares y del instrumental con aceite de ungir (a diferencia de la iluminación que se quemaba en el candelabro), el ungimiento de la vestimenta de los sacerdotes y el acto de hacerles vestir esas ropas especiales.
La ceremonia tuvo lugar ``en el mes primero, en el año segundo, el día primero del mes´´ (Vers.17). Ibn Ezra dedica al cálculo exacto de la fecha un largo comentario, y señala que la interpretación más sencilla sería fijar la fecha como el 1ú de Nisán, como hacen muchos, basándose en la disposición bíblica de que ``este mes (el de la salida de Egipto) os será comienzo de los meses, os será el primero de los meses del año´´ (Shemot-Exodo Cap.12 Vers.2).
Vale decir que de acuerdo con esta definición, el Tabernáculo fue inaugurado el 1ú de Nisán del segundo año después de la salida de Egipto, o sea, poco menos de dos años después del éxodo (que fue el día 15 de ese mes).
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del arca puso por arriba la tapa´´ (íd.Cap.40 Vers.20). Aquí comenta Rambán (o Najmánides, un viejo conocido del lector de estas notas): ``Tomó (Moisés) las dos Tablas con el Decálogo, que estaban en un mueble de madera, y las llevó al Tabernáculo, donde las colocó en el arca especialmente confeccionada para ellas´´.
Así quedaron guardadas las Tablas de la Ley en este santuario portátil de los hijos de Israel, hasta que, siglos más tarde, hallaron su sitio definitivo en el Templo que construyó Salomón.
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Finalmente, el Cap.40 nos cuenta que llegó una nube que cubrió todo el Tabernáculo, como representación simbólica de la presencia de D´´s en ese recinto: ``Y una nube cubrió el Tabernáculo (``óhel moed´´, literalmente la ``tienda de reunión´´) y la gloria del Eterno llenó el Tabernáculo´´ (Vers.34).
Debido a esa nube ``no pudo Moisés entrar en la tienda de la reunión, porque la nube reposaba sobre ella, y la gloria del Eterno llenaba el Tabernáculo´´ (Vers.35). Ibn Ezra señala que entonces D´´s lo llamó a Moisés y lo invitó a que entrara en el recinto, para hablar con El.
Y de ahí en adelante, la presencia -o no- de esa nube, era señal de acampar o de levantar campamento para seguir andando por el desierto. ``Y cuando se levantaba la nube de encima del Tabernáculo, viajaban los hijos de Israel, en todos sus viajes´´ (íd.Vers.36). De día era una nube, y de noche, ``un fuego´´ según leemos un poco más adelante ( en el Vers.38) con el cual se acaba este capítulo.
Y con él, nuestra parashá. Y también el segundo libro de la Torá, Shemot o Exodo.
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Parashá - 11/03/2005
PARASHAT VAYIKRA
``Torat Kohanim´´ o ``Ley Sacerdotal´´
``Vayikrá´´, ``Y llamó (D´´s a Moisés)´´ se llama nuestra parashá de esta semana, y ella da su nombre al tercer libro de la Torá, que por su nombre europeo se conoce como ``Levítico´´. Porque gran parte de su contenido son las leyes de los sacrificios, destinadas a los descendientes de Leví, el tercer hijo de Jacob, y dentro de estos levitas, especialmente a los ``kohanim´´, los sacerdotes, descendientes de Aarón, el hermano de Moisés. En hebreo se lo suele llamar por eso también ``Torat Kohanim´´, la ``Ley de los Sacerdotes´´.
Mencionemos de paso que hoy día funciona en Jerusalem una ``ieshivá´´ o academia talmúdica llamada ``Atéret Kohanim´´, ``Corona de los Sacerdotes´´, donde se estudian muy especialmente todas las leyes del Levítico y su ampliación en el Talmud, con miras a tener en todo momento un equipo de sacerdotes bien versado en estas leyes rituales de los sacrificios. Para el caso de que un día de éstos venga el Mesías y se reconstruya el Templo -el tercero-, donde el pueblo de Israel seguiría ofreciendo al Eterno los sacrificios de vacunos, ovejas y cabras prescritos en nuestro libro.
Y señalemos, finalmente, que muchas familias judías en Israel y en todo el mundo que son descendientes de esta familia, perpetúan su calidad de tal en el apellido que llevan. En Israel suelen llamarse directamente Kohen (``sacerdote´´). Y en otros países, Kohn (con K o con C: Cohn), Kohan, Kahana, etc. En Rusia, donde por lo visto la H no se conoce en el idioma local, esta H se volvió G: Kogan, Kaganovich, etc. Y además, tomado del latín, también está el apellido Kaplan (recuérdese: ``capellán´´, en castellano), que llevan muchas familias de la estirpe de los kohanim.
Acá en Israel es frecuente, también, hallar el apellido Azulay usado por familias de los sacerdotes. Sus consonantes A (alef: muda)-Z-V (vocalizada como U)-L-Y son las iniciales de cinco palabras hebreas que figuran en Vayikrá-Levítico Cap.21 Vers.7: ``ishá zoná vajalalá lo yikaju´´, ``una mujer prostituida o violada no tomarán (los sacerdotes por esposa)´´, apellido que denota de una manera un poco disimulada la
pertenencia a la familia sacerdotal judía. . . .
Y en la vida diaria hoy en Israel, sin perspectivas cercanas de que el tercer Templo vuelva a levantarse pronto en el sitio que le corresponde (que hoy está ocupado por varios santuarios musulmanes en
Jerusalem), la pertenencia a la familia de los kohanim, en vez de proveer el privilegio de poder comer parte de los sacrificios, sólo acarrea, para quien lo lleva, las restricciones que la Biblia impone a los sacerdotes. La más conocida de ellas figura en la continuación del versículo que hemos mencionado: ``Y una mujer
divorciada de su marido, no tomarán (por esposa)´´ (íd. Cap.21 Vers.7).
De ahí que en Israel -donde todos los casamientos, para ser válidos, por ley deben pasar por la autoridad religiosa, que en este caso sería el Rabinato- un señor Kohen, Kogan, Cahn, Kaplan, etc., ya por definición no puede casarse con una mujer divorciada, puesto que no hay posibilidad de casamiento civil (no religioso) en el país. Y para casarse, debería emprender el conocido camino a Chipre (o a algún otro país) y regresar de allí como ``casado´´ a su casa en Israel. (Y en tal caso, los problemas con el Rabinato caerían sobre los hijos de este matrimonio cuando crezcan, sean mayores y quieran casarse ellos, siempre que los rabinos logren descubrir la artimaña que logró eludirlos una generación antes).
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Estamos, entonces, a comienzos del libro de Vayikrá. En todos los rollos de la Torá que guardamos en nuestras sinagogas, en esta palabra Vayikrá (consonantes V-Y-K-R-Alef (muda)), la letra ``alef´´ final se escribe más chiquita que las otras.
¿Por qué? Ninguno de los comentaristas bíblicos nos lo explica. Quizás esa alef en chiquito la escribió hace siglos, en un rollo de la Torá, que sirvió de prototipo para los demás, un escriba que se atrevió a corregir una letra alef cuya tinta había saltado. O vaya uno a saber por qué. Sin esa alef nos quedaría la palabra
``vayikar´´, forma abreviada de ``vayikreh´´ (de la raíz K-R-H, ``ocurrir, suceder´´), tal como la usa el texto bíblico dos veces con respecto al mago pagano Bileam (en Bamidbar-Números Cap.23 Vers.4 y 16): ``Y se le ocurrió D´´s a Bileam (se le apareció como por casualidad).
A ello hace alusión Rashí en su comentario a este primer versículo del libro que estamos leyendo. Cada vez que D´´s dio una ley a Moisés, le hizo una llamada de cariño, nos dice. Y señala que también los ángeles se llamaban con cariño unos a otros, según lo pinta uno de los grandes profetas: ``Y llamó uno al otro, y decían: santo, santo, santo es el Eterno de los ejércitos; el mundo está lleno de Su gloria´´ (Isaías Cap.6 Vers.3). Pero cuando D´´s se manifestó aquella vez a un profeta pagano, entonces lo hizo como de casualidad. Y Rashí nos da este ejemplo de ``vayikar´´, cuando D´´s ``se le ocurrió´´ al mago Bileam.
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Por otra parte, hasta hace pocas generaciones era costumbre en las escuelas judías de nuestros
antepasados, esas que se llamaban ``jeder´´ o ``talmud Torá´´, iniciar la enseñanza de la Torá a los niños (de cinco o seis años de edad) con esta parashá de Vayikrá.
No sabemos por qué se prefirió iniciarlos en estas leyes de sacrificios: ``Cuando alguien de vosotros ofrezca al Eterno un sacrificio de los animales, (entonces) de los vacunos y del ganado menor (´´tzon``: ovejas y
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cabras) traeréis vuestro sacrificio´´ (Vayikrá-Levítico Cap.1 Vers.2).
De todos modos, recordamos con cariño que nuestra propia iniciación en el texto sagrado fue con parashat Vayéshev, el relato bíblico de Bereshit-Génesis Cap.37, que cuenta hechos mucho más accesibles al alma de un niño: la historia de Jacob y de su hijo José, el soñador (tal como ya lo hemos evocado aquí en nuestra nota del 2.12.04).
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Con parashat Vayikrá queda inaugurado, entonces, nuestro recorrido semanal por el libro homónimo. A él dedicaremos también nuestras próximas notas.
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Parashá - 18/03/2005
Parashat Tzav