Nóaj, Noé en español, es el personaje que da su nombre a nuestra parashá del sábado próximo, porque así dice la Torá en el primer versículo de la misma: ``Ele toledot Nóaj´´, ``Estas son las generaciones (´´toledot``) de Noé´´ (Bereshit-Génesis Cap.6 Vers.9). Y a continuación, en ese mismo versículo, leemos que ``Noé era un hombre justo, perfecto fue en sus generaciones (´´bedorotav``).
Las primeras ``generaciones´´ (``toledot´´) se refieren a los tres hijos que le nacieron a Noé antes del diluvio universal: Sem, Ham y Yéfet, mientras que la segunda mención de la palabra española ``generación´´ se refiere a ``sus contemporáneos´´: Noé fue perfecto entre ellos.
Y aquí le dejamos la palabra a Rashí (Rabí Shelomó Itzjaki, a quien ya hemos presentado aquí en nuestra nota pasada), quien mencionando fuentes más antiguas -el Talmud- nos señala que este agregado de la Torá, de que Noé fue perfecto ``entre sus contemporáneos´´, impone una relatividad a su buena conducta, que puede interpretarse ya sea como un honor para él -fue perfecto a pesar de que los demás eran todos malvados- o bien en su detrimento.
Teniendo en cuenta lo pervertidos que eran todos, cabe decir de él que era un justo entre ellos; pero en un ambiente de personas buenas y justas todas ellas, Noé no se habría destacado para nada.
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En cuanto al origen del nombre hebreo Nóaj, tenemos que retroceder a la parashá del sábado pasado. Allí se nos cuenta que su padre, Lémej, al nacer ese hijo ``llamó su nombre Nóaj diciendo: éste nos consolará (´´yenajaménu``) de nuestra tarea y de la penuria de nuestras manos, de la tierra a la que ha maldecido el Eterno´´ (Bereshit-Génesis Cap.5 Vers.29).
Una derivación curiosa e incompleta: ``yenajaménu´´, ``nos consolará´´, aparentemente proviene de una raíz N-J-M, que indica idea de ``consolar´´. La tercera letra de esta raíz, la M, falta del todo en el nombre Nóaj, que por lo tanto parecería provenir de una raíz N-J, de dos letras, que señala idea de ``reposo, descanso´´. Basándose en esta incongruencia, Rashí nos dice en su comentario que el nombre Nóaj apunta a que este niño ``dará reposo´´ a nuestras manos en la tarea de labrar la tierra, esa que desde los tiempos de Adán sufría la maldición divina que la hirió como castigo por haber comido Adán y Eva del fruto prohibido: ``Maldita será la tierra por causa tuya; con penuria la comerás todos los días de tu vida. Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que retornes a la tierra, porque de ella fuiste tomado; porque tú eres polvo, y al polvo volverás´´ (íd. Cap.3 Vers.17 y 19).
Esta es la ``penuria´´ que vino a mitigar Noé -así dice Rashí- puesto que inventó el arado, instrumento que, al ser tirado por un animal, le alivia el esfuerzo físico al hombre que trabaja la tierra. Porque si el motivo por el cual Lémej dio a su hijo tal nombre hubiese sido una idea de N-J-M (``consuelo´´), tendría que haberlo llamado ``Menajem´´ (``el que consuela´´). O sea que Rashí interpreta la palabra hebrea ``yenajaménu´´ no como un derivado de N-J- M (``consolar´´) sino como ``yanaj-menu´´ (``dará respiro o aliviará de nosotros´´). Y con esta explicación, nos aclara por qué la letra M falta en el nombre Nóaj que resulta de esa etimología que indica la Torá.
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Una vez acabado el diluvio que destruyó a toda la humanidad y a todo el mundo animal de aquellos días (pues solamente se salvaron, en el arca, Noé y su familia, y las parejas de animales que él había llevado consigo en esa embarcación), la Torá resume lo ocurrido y nos cuenta que ``fue destruido todo ser viviente sobre la faz de la Tierra, desde hombre hasta animal, hasta reptiles y hasta las aves del cielo´´ (íd. Cap.7 Vers.23).
En este punto nos llama la atención el comentario de Ibn Ezra -Abraham Ibn Ezra, un sabio judeo-español que también ya hemos presentado en esta sección la semana pasada-. En su comentario a este versículo, Ibn Ezra se desata contra los incrédulos de su época, y nos dice que ``he aquí, ésta es la respuesta decisiva a los faltos de entendimiento de nuestros hermanos, quienes afirman que el diluvio no ocurrió en toda la Tierra´´. * * *
Después del diluvio, cuando D´´s establece el arco iris como señal de Su pacto con Noé y con sus descendientes, la humanidad del futuro, Ibn Ezra comenta el pasaje ``y se verá el arco (iris) en la nube´´
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(íd.Cap.9 Vers.14) y nos dice: ``y si creyésemos en las palabras de los sabios de Grecia, de que el arco iris se produce por el calor del sol, entonces habría que decir que D´´s fortaleció la luz del sol después del diluvio; y este es el camino correcto para el entendedor``.
Vale decir que Ibn Ezra conocía y respetaba los textos de los antiguos sabios de la época clásica griega, y probablemente leyó en ellos lo que hoy afirma la Física moderna, que el arco iris se produce como consecuencia de la refracción de la luz en las gotas de la lluvia.
Ibn Ezra no rechaza esas ideas como herejes u opuestas a la tradición bíblica, sino que las acepta hasta cierto punto, y comenta que en tal caso tenemos que interpretar el texto bíblico como que D´´s, al finalizar el diluvio universal, dio a los rayos del sol esa cualidad -la de refractarse en diversos colores en las gotas de la lluvia- como señal y símbolo de Su pacto con Noé y con la futura humanidad.
Y de este modo, Abraham Ibn Ezra procura conciliar lo que decía la ciencia de aquellos tiempos -y que, como vemos, él conocía bien a fondo- con sus firmes convicciones de judío creyente, que tiene fe completa en lo que afirma la Torá.
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Parashá - 15/10/2004
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