``Vehaiá ki tavó´´ son las palabras iniciales de nuestra parashá de esta semana: ``(Y ocurrirá) cuando llegues´´ (Devarim-Deuteronomio Cap.26 Vers.1).
Cuando el pueblo de Israel llegue a su destino, la tierra de Canaán, y se asiente allí para dejar de ser nómade y se dedicará también a la agricultura, entonces al cabo de cada año recogerá el fruto de lo que sembró en la tierra e irrigó con su esfuerzo.
Entonces también celebrará la fiesta de las primicias y deberá recoger parte de éstas ``y las pondrás en una canasta e irás hacia el sitio que elija el Eterno tu D´´s para que Su nombre resida allí, y llegarás hasta el sacerdote que haya en esos días`` (Id. Vers.2-3) para ofrecer esos primeros frutos como ofrenda al Señor. Más tarde esta ofrenda de las primicias se concentró en la fiesta de Shavuot, siete semanas después de Pesaj (hoy día, por el mes de mayo). Y la fórmula con que el judío llegado al Templo de Jerusalén ofrecía la canasta con las frutas al sacerdote, la veremos un poco más adelante.
Con la destrucción del Primer Templo (año 586 a.C.) y la del Segundo (año 70 d.C.) y la dispersión que les siguió, gran parte de los judíos dejaron de ser un pueblo agrícola, porque nadie quería concederles su tierra para trabajarla. Entonces, por muchos siglos, Shavuot pasó a ser una fiesta meramente sinagogal.
Pero desde el año 1948, con la fundación del Estado de Israel, en muchos kibutzim, moshavim y otros asentamientos agrícolas del país, Shavuot volvió a ser celebrada como fiesta de las primicias, con desfiles alusivos, canciones, ofrendas de frutos y a veces, su distribución entre los necesitados, a falta de Templo de Jerusalén donde entregarlos a los sacerdotes.
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¿Qué es lo que decían los hijos de Israel al entregar las primicias en el Templo? El texto está tomado de la Torá, de nuestra parashá de hoy.
Allí leemos lo siguiente: ``Y contestarás (al sacerdote) y dirás delante del Eterno tu D´´s: `Mi padre fue un arameo errante, y bajó a Egipto, y habitó allí con poca gente, y se convirtió allí en un pueblo grande, fuerte y numeroso´ (Id. Vers.5). Vale decir: un breve resumen de lo que fue la historia de Israel hasta ese entonces. ``Mi padre fue un arameo errante´´ se refiere a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, de los cuales sólo Isaac vivió toda su vida aquí, en la futura tierra de Israel, e incluso dedicó parte de su vida al cultivo de la tierra.
Los otros dos, Abraham y Jacob, fueron pastores nómades, y les cabe además el adjetivo de ``arameos´´ pues Abraham era originario del país Aram (en el actual Irak) y Jacob, por su lado, vivió allí unas dos décadas cuando huyó hacia Harán para escapar de la furia de Esaú, a quien le había birlado la primogenitura. Y de cada uno de estos dos patriarcas también cabe afirmar que ``bajó a Egipto´´.
Abraham lo hizo en una época de escasez en Canaán, para escapar de los efectos de la seguía (según Bereshit-Génesis Cap.12 Vers.10). Y Jacob, también por falta de lluvias, bajó a Egipto con toda su familia, se reunió allí con su hijo José y acabó sus días en el país del Nilo, según ya vimos en su oportunidad (ver Aurora del 1 y 8 de enero 2004).
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Sigue luego un doloroso resumen de la esclavitud y de los sufrimientos que esa familia -ampliada luego a un pueblo entero- sufrió a manos de los faraones en la tierra de Egipto.
``Y los egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y nos impusieron trabajo duro´´ (Id. Vers.6). Las cosas siguieron así durante mucho tiempo. ``Y hemos clamado al Eterno el D´´s de nuestros padres, y el Eterno escuchó nuestra voz, vio nuestra penuria y nuestro trabajo (de esclavos) y nuestra aflicción`` (Id. Ver.7). Como corolario de lo cual ``El Eterno nos ha sacado de Egipto... y nos ha traído hasta este lugar, y nos ha dado esta tierra, un país donde fluye la leche y la miel´´ (Id. Vers.8-9).
Y ahora ha llegado el momento de agradecer al Creador todo lo que ha hecho por nosotros: por eso me presento -dice cada uno de los agricultores-peregrinos que llega al Templo de Jerusalén- para ofrendar a El las primicias de los frutos de mi campo, entregándolas en manos de uno de Sus sacerdotes.
Hasta aquí, la ceremonia de la ofrenda de las primicias, las que hoy en Israel llamamos ``bicurim´´ en hebreo. * * *
Otro tema que trata nuestra para- shá de esta semana es el de una gran asamblea popular que deberá realizarse una vez que el pueblo haya cruzado el Jordán y esté instalado en Canaán. Ella deberá celebrarse en las laderas de dos montes que se enfrentan, el de Guerizim y el de Eibal, por donde hoy está la ciudad de
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15/01/2008 12:21 a.m.
Shjem o Nablus, en la zona palestina.
Seis tribus se colocarán en el monte de Guerizim (Simón, Leví, Judá, Isajar, Iosef José y Benjamín, según Id. Cap.27 Vers.12) y allí se anunciarán todas las bendiciones que beneficiarán a los hijos de Israel si cumplirán las leyes del Señor. Según parte de los comentaristas son las bendiciones que pueden leerse a continuación, en los comienzos del Cap.28, desde el Versículo 1 hasta el 14. ``Bendito serás en la ciudad y bendito en el campo´´ (Vers.3). ``Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el de tus animales (Vers.4) Y así sucesivamente.
Mucho más larga y detallada, en cambio, es la lista de las maldiciones que se anunciará en el monte de Eibal, cubierto opr los representantes de las otras seis tribus (Rubén, Gad, Asher, Zebulún, Dan y Naftalí, según el Cap. 27 Vers.13).
Esas maldiciones llegarán como castigo por toda clase de pecados: a quien confecciones y adores ídolos (Vers.15), a quien falte el respeto a su padre y a su madre (Vers.16), a quien mueva los mojones que marcan el límite de su campo con el del vecino (Vers.17) y así sucesivamente. Y al cabo de escuchar cada una de esas advertencias, el pueblo entero allá reunido en las laderas de esos dos montes, deberá responder: ``¡Amén!´´
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¿Y cuáles son esas maldiciones?
Todo el resto del Capítulo 28 se ocupa de ellas, desde el Versículo 15 hasta el 65. ¡Cincuenta versículos seguidos! No hay mal que allí no se nombre: sequía, peste, mortandad, esclavitud, ansiedad, cautiverio, locura, miseria, dispersión... En fin: aunque el nombre de Auschwitz todavía no figura allí, ya hace tres milenios la Torá supo pintar bien detallados todos los efectos que produce en sus víctimas un campo de concentración o de exterminio.
Y no es de extrañar, entonces, que cuando se llega a estos párrafos en la lectura semanal de la Torá, en muchas sinagogas existe la costumbre de leerlos en voz baja.
Para no asustar demasiado a los fieles concurrentes.