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Por Favor, Sea Exitoso

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P

OR FAVOR

,

SEA EXITOSO

C

ÓMO CREAR UNA VIDA

EXTRAORDINARIA

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reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o proce-dimiento, comprendidos la fotocopia y el tratamiento informático.

© 2002, David Montalvo

© 2002, deauno.com (de ELALEPH.COM S.R.L.)

[email protected]

http://www.elaleph.com

Primera edición ISBN

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en el mes de enero de 2003 en Imprimir Online S.A., Av. L.N. Alem 618, Buenos Aires C1001AAO, Argentina.

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AVID

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ONTALVO

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OR FAVOR

,

SEA EXITOSO

Cómo crear una vida

extraordinaria

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RÓLOGO

uántas veces en su vida ha escuchado la pa-labra ÉXITO? ¿Cómo define el éxito? ¿Se siente un ser exitoso? ¿Está llamado a serlo?

Tal vez ha conocido a alguna persona que es muy exitosa, pero... ¿qué hacen, cómo piensan, qué sienten y qué dicen esos seres que parecen de otro planeta?

El éxito en nuestros días puede tener muchas in-terpretaciones, pero sólo tiene un objetivo. Para algunos, representa ser famoso y salir en la televisión; para otros, ser directores de una empresa multinacional; otros, se conformarían con una pequeña mansión y una isla para los días de vacaciones; algunos más, ven el éxito como tener un club de admiradoras o admiradores.

Pero definitivamente, como diría Franco Soldi, sea cual sea su definición de éxito, el objetivo principal es la autosatisfacción de saber que hace lo máximo, para llegar a ser lo mejor que es capaz de ser.

Muchos lo quieren, pero pocos lo consiguen. Mientras el resto del mundo se la pasa anhelando el éxito en esos pequeños instantes pasajeros de su vida como el dinero, la fama, el trabajo y el placer, hay otras personas –muy pocas por cierto– que trabajan día a día

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para lograr un éxito integral no en cierta parte de lo que hacen, sino en toda su vida, haciéndola realmente ex-traordinaria.

Se trata de esas personas que no son exitosas de momento, que no dependen de tener una cuenta en el banco o una pareja modelo a su lado para “ser alguien”; sin embargo, en todo momento son seres inigualables.

No se trata de descubrir el hilo negro; todos, abso-lutamente todos, han sido llamados a ser como estos úl-timos: hombres comprometidos con su misión, con su historia, con su mundo, a ser excelentes en todas las áreas de su vida.

Es ahí donde nos centraremos en este camino al éxito definitivo.

“Los que triunfan no son los que siguen las huellas de los demás, sino los que hacen su propio camino”

Tenía catorce años cuando escribí ese pensamien-to, y cuando empezaron a surgir en mí las ideas para ha-cer una transformación en mi vida. Por diversas razones, ese proyecto no pudo continuar como hubiera querido, pero la semilla de lograr mis más altos sueños, seguía viva.

No fue sino hasta hace un año, que renació esa idea y decidí lanzarme a la aventura de arriesgarlo todo, con tal de obtener resultados diferentes a los que ya tenía, con tal de conquistar metas altas y hacer un camino per-sonal que cumpliera con la misión que tengo encomen-dada.

Todo lo que viví en ese tiempo, todas las estrate-gias que seguí y los métodos que empleé para llegar

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canzar cosas inesperadas –pero inmensamente positivas– da como resultado este libro.

Lo comparto en este momento con usted; es para mí un privilegio hacerlo y más lo será, si le saca el máxi-mo provecho posible.

Será un trayecto que iremos recorriendo juntos; di-fícil, claro está, lleno de incertidumbre tal vez, pero tam-bién repleto de sorpresas, sentimientos y alguna que otra duda, que se irá aclarando mientras vaya avanzando.

Déjese llevar por las palabras; es el momento per-fecto que le habían reservado desde hace mucho tiempo, para hacer un alto en su vida y encontrar, a lo mejor, aquella respuesta que tanto ansiaba.

DOCE, es el número mágico de nuestro recorrido; serán las diversas estaciones donde pararemos; cada una de ellas nos transportará a vivir diversas experiencias, recuerdos, imágenes y obtendremos recursos valiosos que nos servirán no sólo en nuestro camino de este momento, sino en el de la vida diaria.

Es recomendable que lea el libro en orden, porque está escrito de forma que vaya abarcando, poco a poco, cada una de las áreas que integran la vida del ser huma-no. Aunque al finalizar, puede regresar al capítulo que mejor le haya servido para obtener más ideas.

He tocado temas como: el conocimiento de uno mismo; la posibilidad de hacer cambios; el sentido autén-tico de su vida; las cuatro áreas más importantes que tie-ne que mantetie-ner estables; cómo propotie-nerse sueños y brincar los obstáculos que le impiden realizarlos; el valor universal de las ideas puestas en acción; saber decidir y hacerlo con agilidad; planeación estratégica para lograr el mayor número de resultados; una nueva manera de ver las situaciones que vive a diario; dar sin esperar recibir

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algo a cambio; dejar huella y, para cerrar con broche de oro, un mensaje final para lanzarlo al campo de batalla.

Todo esto con pensamientos y reflexiones de gran-des hombres exitosos, y alguna que otra anécdota y metá-fora que podrá trasladar al momento que está viviendo hoy por hoy.

Espero que disfrute de su lectura, tanto como yo lo hice al escribir el libro.

No olvide que, para ser exitoso, es cuestión de que quiera serlo y ponga los medios específicos para lograrlo.

Este puede ser un buen camino, para iniciar su gran travesía a la cumbre de la realización de sus más anhelados sueños.

No tenga miedo de descubrir el plan tan grande que se tiene preparado para usted.

Comience su vuelo, yo lo iré acompañando, y muy pronto estaremos viviendo una experiencia única, dife-rente y que lo llevará a hacer algo que muy pocos logran: ¡TRASCENDER!

Gracias y muchos éxitos.

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APÍTULO

I

Lo único necesario

“Volar es darle sentido a tu vida para transformar tu personalidad, definir tus actitudes, alcanzar tus metas y entender para qué y para quién vivir. Volar es elegir tu hacer futuro pensando en los demás dejando atrás odios, mentiras y miserias. Es amarse y amar a los demás”

-Alfonso Lara

Castilla-uentan que un joven tenía el sueño de trabajar en una empresa multinacional antes de casar-se. Después de varias citas y llamadas telefónicas, obtuvo una entrevista en una prestigiosa compañía. Al llegar a la reunión con el director de recursos humanos estaba un poco nervioso y, con una simple pregunta, se terminó su oportunidad.

Le preguntaron: ¿qué me puede contar de usted? El joven, sin preocupación alguna, comenzó a relatar sus múltiples experiencias en el área de la mercadotecnia y sus grandes hazañas en la universidad; obviamente, dijo algo referido a su mención de promedio de excelencia y

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una que otra aparición en los periódicos, los varios diplo-mados que había cursado y, desde luego, para que se escuchara un poco más interesante, le comentó que su misión en la vida era: “realizarse como ser humano” ¡cuando ni siquiera conocía el significado de la frase!

–Disculpe que lo interrumpa, pero a lo mejor no entendió la pregunta: ¿qué me puede contar de usted? –le dijo el señor con algo de risa.

El joven se quedó callado y nervioso, no pudo con-testar a algo tan simple. No le estaban pidiendo sus di-plomas o reconocimientos, ni siquiera su promedio en la universidad o a cuánta gente conocía, si tenía propieda-des o un automóvil último modelo. Lo único que quería el ejecutivo de la empresa, era que hablara de él mismo como ser humano: como usted y como yo.

Cuántas veces en la vida somos expertos en detallar nuestro impresionante “Curriculum Vitae”, pero ¡ah, cómo se nos complica describirnos tal y como somos! Vamos tan deprisa por el mundo, que ni siquiera sabemos quiénes somos, a dónde vamos, o cómo vamos a hacer para alcanzar lo que queremos.

Si vamos a hablar de una “cultura del éxito” –que a fin de cuentas es un camino para llegar a la cumbre, con los líderes de líderes que en verdad dejan una huella en los demás– primero tenemos que conocernos, para des-pués entendernos y así superarnos.

Pero no, conocernos por nuestros logros o fracasos, carreras, maestrías o doctorados, ni mucho menos por nuestra capacidad económica, sino por algo más impor-tante: lo que llevamos adentro.

A veces es difícil hacer un alto en nuestra vida para quitarnos todas las máscaras que nos hemos impuesto, para descubrirnos como lo que realmente somos: seres humanos con cualidades y defectos, pero con un poten-cial maravilloso. Por supuesto que cuesta sacar ese

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ver-P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 1 3

dadero “yo”, pero es indispensable hacerlo para vivir tranquilos.

Siempre me he preguntando: ¿De dónde vienen esas famosas “caretas” con las que tapamos nuestros ros-tros? ¿Por qué a veces ni siquiera nos podemos mirar en un espejo?

Todo se ha ido transformando con el paso del tiempo; desde que éramos pequeños nuestros padres nos formaron en ciertos valores, que luego nuestros amigos fueron cambiando; después, a lo mejor lo hizo nuestra pareja, o una persona muy importante en nuestra vida; la sociedad en sí, también agregó de su cosecha y fue po-niendo en nosotros diversas personalidades para que –como cualquier político en campaña– termináramos “actuando” y diciendo a cada cual lo que quiere escu-char.

Somos unos “ángeles” bajados del Cielo cuando es-tamos en nuestra casa, pero con nuestros amigos somos totalmente lo contrario. Con los maestros somos excelen-tes alumnos, pero cuando están hablando mal de alguien, somos los primeros en criticar.

En fin, en nuestra corta o larga vida –que no le per-tenece a nadie más que a nosotros mismos– todo el mun-do resultó parte importante de la historia; cada una de las personas que conocimos, le fue metiendo de su propia “sopa” para convertirnos en una increíble mezcolanza de ideas, frases, personalidades, formas de pensar y de sen-tir.

Creo que ha llegado el momento de tomar el timón de nuestra existencia y comenzar a caminar con nuestros propios pies.

Roosevelt comentó alguna vez la frase: “Haz lo que

quieras, con lo que tengas, donde estés”.

Tenemos la grandiosa oportunidad de ser estrellas únicas que dejen una estela que nunca se termine. Si

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somos lo que tenemos que ser, podemos hacer lo que queramos, como lo queramos, y a la hora que queramos.

A veces causa risa, pero sucede en muchas ocasio-nes que los seres humanos pedimos libertad e indepen-dencia, y ni siquiera estamos libres de nosotros mismos. Somos tan esclavos de nuestros placeres, modas, pasiones y apegos, que en tanta supuesta búsqueda de libertad nos perdemos y nos encerramos en nuestra propia vida.

Para continuar este camino al éxito, debemos saber con qué contamos porque, por lo menos, ya tenemos en mente qué deseamos en forma general: llegar a ser per-sonas exitosas en este siglo XXI. Ya usted tendrá su for-ma particular de canalizar ese éxito, donde más lo necesite.

Si este libro lo estuviéramos leyendo en una isla desierta, que creo sería la prueba más emocionante y divertida en esta vida, ¿con qué contaríamos para llegar a ser exitosos? ¿Con alguna que otra palmera y sus cocos? ¿Con el chimpancé que ya hasta se hizo su gran amigo?

Lo más lógico sería contar con algún alimento, o dinero, pero recordemos que muchas cosas que ahora consideramos importantes, ya no nos servirían en ese lugar.

Es por eso que existe una respuesta que duele, desde luego, pero que si la vamos repasando en nuestra vida, será la frase definitiva del éxito.

En esa isla desierta, a la que le puede poner como usted quiera, con lo único que contamos es con el hecho de que usted puede tocar su corazón y sentir su respira-ción, y saber, por lo tanto, que ¡está vivo!

Así es, está vivo, sólo necesita estar con vida en esa isla, para ser realmente una persona exitosa y plenamente feliz.

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Inclusive un acompañante podría hacer esos mo-mentos diferentes, pero no sería indispensable para que se realizara como ser humano.

Lo mismo sucede en las pequeñas islas de la vida, en las que pueden surgir distracciones que supuestamen-te son las “claves” del éxito: un automóvil, un millón de dólares, o la casa de sus sueños.

Todo eso, simplemente es el resultado de su es-fuerzo; pero, lo único con lo que cuenta hoy por hoy, es con su propia vida.

Sin embargo, tristemente, es a lo último que noso-tros le ponemos atención.

“Conocerse a sí mismo”, no lo va a hacer mediante un curso de superación personal de tres días, ni tampoco le aseguro que leyendo este libro va a conocerse como la palma de su mano, pero sí le puedo ofrecer las herra-mientas necesarias para que visualice un panorama mu-cho más amplio del que tenía, y descubra que sus sueños van más allá de donde esperaba.

A lo mejor parece más sencillo sentarse en el diván y recordar el pasado, pero ¿por qué no ponerse de pie, conocer cómo somos, qué queremos, y afrontar el presen-te tal cual es?

El conocerse a sí mismo, no sólo es algo positivo, sino “lo único necesario” para iniciar nuestro proceso hacia el éxito, en este nuevo siglo de tantos retos y opor-tunidades.

Nadie ama lo que desconoce; así como a nosotros nos gusta conocer a la otra persona, cómo es, sus gustos y preferencias para poder convivir mejor con ella, es mucho más importante intimar con nosotros mismos y saber con qué contamos, para empezar a valorarnos realmente, tal y como somos.

Pero, ¿qué tan difícil es conocerse? Es tan sencillo o complicado como usted quiera que sea. Conocer la

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ver-dad es algo que cuesta mucho, pero a la larga nos va a quitar muchas telarañas que nos impedían, por ejemplo, lograr grandes proyectos que teníamos empolvados, por-que no sabíamos ni por dónde empezar.

Así como sucede con otra persona, conocerse es cuestión de tiempo y de actitud. Hay que dedicar siem-pre unos minutos al final del día para valorar las actitudes y actividades que tuvimos, hacer un pequeño “examen personal” para así descubrir nuestros errores, planear un propósito para el día siguiente y tenerlo en mente, para ir mejorando poco a poco.

Otra de las cosas que también ha dado resultado en mi vida, es preguntarle a una persona de mi confianza, para que me oriente en mi carácter y mi forma de ser con los demás. A veces vivimos tan deprisa, que ni siquiera tenemos tiempo para ver cómo nos estamos comportan-do, y si con nuestra forma de ser no estamos dañando a otros.

Tenemos que estar con los ojos abiertos, y alertas para cambiar cualquier detalle que valga la pena. Siem-pre debemos Siem-preguntar a una persona que nos conozca desde hace tiempo, para ir balanceando entre nuestra propia perspectiva y la que está fuera de nosotros.

Hay una vieja anécdota que me platicaron, sobre la importancia de ser lo que realmente somos; creo que es adecuada, por el hecho de que muchas veces hay un gi-gante dormido dentro de nosotros, pero todo es cuestión de conocerlo, despertarlo y ponerlo a trabajar.

Érase una vez un hombre que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevo a su casa y lo puso en un corral, donde pronto aprendió a co-mer la misma comida que los pollos y a conducirse como éstos.

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Un día, un naturista que pasaba por allí le preguntó al propietario por qué razón el águila, el rey de todas las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrada en el corral con todos los pollos.

–Como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, nuca ha aprendido a volar –respondió el propietario– se conduce como los pollos y, por lo tanto, ya no es un águila.

–Sin embargo –insistió el naturista– tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar.

Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila vola-ra. El naturista la cogió en brazos suavemente.

–Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre las alas y vuela –le dijo.

El águila, sin embargo, estaba confusa; no sabía qué era y, al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.

Sin desanimarse, al día siguiente el naturista llevó al águila al tejado de la casa.

–Eres un águila. Abre las alas y vuela –le dijo para animarla.

Pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido y saltó una vez más en busca de la comida de los pollos.

El naturista se levantó temprano al tercer día, sacó al águila del corral y la llevó a la montaña. Una vez allí, alzo al rey de las aves y lo animó nuevamente.

–Eres un águila. Eres un águila y perteneces tanto al cielo como a la tierra. Ahora, abre las alas y vuela –le dijo.

El águila miro alrededor, hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Pero siguió sin volar. Entonces, el naturista la levantó directamente hacia el sol; el águila empezó a

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temblar, a abrir lentamente las alas y, finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo.

Es posible que el águila recuerde todavía a los po-llos con nostalgia; hasta es factible que, de cuando en cuando, vuelva a visitar el corral. Todos sabemos que el águila nunca ha de vivir una vida de pollo. Siempre fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como pollo.

Recordar que cuando el alumno está listo, el maes-tro aparece. El águila estaba lista para volar y apareció la persona que le dio el ánimo para hacerlo.

Hay veces que nosotros mismos encontramos esa chispa que nos ayuda a lanzarnos a volar por lugares que nunca hemos visitado.

No tengamos miedo de encontrarnos con nosotros mismos, tomemos unos cuántos minutos para darnos cuenta de quiénes somos realmente y a qué estamos lla-mados. Porque ya cuando nos conocemos, encontramos miles de posibilidades para trascender, y mientras más alternativas se nos presenten, mayores posibilidades de éxito habrá.

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APÍTULO

II

¿Puedo cambiar?

“Nada que valga la pena se obtiene gratuitamente: todo tiene un precio. En este caso, el precio es el cambio, un salto de nivel que será como una transmutación alquímica que te convertirá de plomo en oro”.

-Salvador

Carrión-éjenme en paz, yo soy así y no voy a cam-biar”.

Esta frase la he escuchado en diversas ocasiones, y muchas veces con el mismo resultado. Seres humanos que se oponen a toda costa a esa palabra que causa esca-lofríos en toda la sociedad: el cambio. En la empresa se tiene miedo a cambiar los productos o a contratar perso-nal, en la escuela se tiene miedo de cambiar la forma de enseñanza, un restaurante tiene miedo de cambiar de comida.

En nuestra vida sucede algo muy similar. Vamos remando por la misma corriente que siempre hemos se-guido, nos cuesta dejar la vida pasada para trasformarla en una nueva, más próspera y con más expectativas de éxito.

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Sin embargo, también es muy cierto que si seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho, no llegaremos más allá de donde siempre hemos llegado.

Es por eso que, hacer un cambio en cualquier as-pecto de nuestra vida, es una catapulta segurísima para conseguir grandes logros inimaginables.

A pesar de la resistencia que ponemos al cambio, al pasar los años nos damos cuenta que la mayoría de las personas llegan a hacer ese giro de 180 grados en sus vidas, que tanto habían esperado; a veces de forma posi-tiva, en otras negativa pero, a pesar de todo, cambian.

¿Por qué sucede esa transformación en las perso-nas? ¿Casualidad o constancia en nuestros hábitos?

Recuerdo mucho aquel ejemplo que, de adolescen-tes, veíamos en la clase de Química: una vela, por más que se queme y se derrita conserva su estado de cera. Tal vez deja de ser vela, pero el color, la cera, y algo de su forma, todavía quedan presentes a pesar de haberla ex-puesto al fuego.

Parece complicado librarnos de nuestra forma de ser, carácter, hábitos, depresiones o crisis existenciales. Todo eso es verdad, ¡pero no es absoluta! Hay maneras de cambiar toda la forma y la estructura de la vela –antes de quemarla– para hacer una figura totalmente distinta, inclusive de otro color.

¡Y podemos intentar algo para comenzar a realizar este cambio! Lo primero, es querer que suceda. Estoy seguro que todas las personas, a pesar de las circunstan-cias, pueden cambiar en cualquier momento de su vida, siempre y cuando ellas mismas deseen cambiar. Nada ni nadie hará que lo hagan. Si quieren perder unos kilos de más, dejar de fumar, o alegrarse la vida un poco, por más que se presenten con los mejores nutricionistas, doctores o psicólogos, si los interesados no lo desean y no ponen su voluntad, nunca lograrán el cambio.

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Por más que la tristeza o la desesperanza abunden en nuestra vida, siempre hay una posible solución para hacer ese “click” que nos llevará al convencimiento que necesitamos, para emprender el camino que nos conduz-ca a cualquier meta que nos propongamos. Ese “click” para el cambio, puede llegar a base de una experiencia negativa o un motivador positivo que tengamos a futuro. Nadie actúa si no tiene en mente un objetivo a lograr.

Es por eso que tenemos que escribir al menos cinco motivadores por los cuales queremos hacer ese cambio. Cuando estemos en plena lucha, los recordaremos y nos darán los alicientes necesarios para seguir trabajando con mucha tranquilidad, y teniendo la satisfacción de que estamos dejando un posible bien menor, por un bien mucho mayor.

Veamos un claro ejemplo para una persona que quiere cambiar su carácter: cada persona que quiere rea-lizar cambios en un aspecto de su vida, debe de tener cinco motivadores.

El primero de ellos, debe ser la situación negativa por la cual estaba pasando, que sea la que le recuerde las situaciones desagradables que había tenido, con el fin de darse cuenta que el comportarse de esa forma no le ha dado ningún resultado positivo.

Ejemplo: un fracaso en sus relaciones sentimenta-les, haber engordado 20 kilos, despido del trabajo, o cualquier otro factor que lo haya afectado negativamente. De ahí partimos a las ideas a futuro, o a los “moti-vadores a futuro” que nos ayudarán a enfocarnos en las soluciones del problema para realizar el cambio, como: ampliar el grupo de amistades, buscar la tranquilidad y paz interior, encontrar un nuevo trabajo, o mejorar la relación familiar.

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Hay que visualizar mentalmente los motivadores a futuro como una imagen brillante y a colores, por encima de la situación negativa que estaría en blanco y negro.

Si los recordamos día a día y ponemos los medios, obtendremos el tan ansiado cambio.

Por lo tanto, tenemos:

1. Fracaso en sus relaciones sentimentales, “mo-tivador negativo”.

Y luego, las ideas a futuro, para realizar el cambio. 2. Ampliar su grupo de amistades

3. Conseguir la tranquilidad y paz interior 4. Encontrar el trabajo que siempre había soñado 5. Mejorar la relación en la familia

Se escucha sencillo pero, como todo en esta vida, se requiere de tiempo y, sobre todo, de mucha perseveran-cia. Hay veces en las que pensamos que el cambio es algo que va a surgir de la noche a la mañana, nada más por nuestra cara bonita, pero es una tarea para las personas que viven intensamente y luchan por estar en constante evolución.

Una vez, en una conferencia a un grupo de jóvenes, les hice una pregunta: ¿a quién de ustedes le gustaría cambiar algo en su vida el día de hoy? Todos levantaron la mano.

Después les pregunté: ¿quién de ustedes está ha-ciendo algo para lograr ese cambio? De los cincuenta, respondieron tres o cuatro personas.

Y pasa lo mismo cuando hablamos de que Fulanito necesita cambiar, qué mal carácter tiene Menganito, ya no soporto a Perenganito. Pero cuando nos cuestionamos

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a nosotros mismos, salimos en nuestra propia salvación y rápidamente contestamos: ¡ah, no! ¡Yo estoy perfecto!

Así como somos responsables de nuestra felicidad, sucede lo mismo con el cambio que queramos obtener en cualquier aspecto.

Somos actores principales de nuestra vida, de noso-tros depende si somos diferentes o si seguimos caminan-do por caminan-donde va toda la gente.

Porque, tristemente, hacemos que las otras perso-nas también sean responsables de nuestro cambio.

No se trata de irnos adecuando a las necesidades de cada persona, sino de ser auténticos, originales y autosu-ficientes. Porque a lo mejor nunca podremos cambiar las actitudes que tiene nuestra pareja, o el vicio de nuestro padre, o los problemas que viven los jóvenes, pero sí po-demos cambiar muchas cosas de nuestra propia persona-lidad, para vivir desde otra perspectiva.

Hay límites, desde luego; no podemos transformar el planeta con un toque mágico, ni le puedo proponer técnicas de un solo día para ser otra persona. Pero si hay voluntad, firmeza, coherencia de vida y esfuerzo humil-de, se pueden abrir más caminos para construir una vía más viva al caminar.

No nos preocupemos por todo aquello que no po-demos cambiar o que no está a nuestro alcance, porque nos quedamos en esas cosas y, a lo que verdaderamente sí podemos hacer, ni siquiera le prestamos atención.

Como dice Jimmy Dean, “no puedo cambiar la

di-rección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino”.

Y para llegar a ese destino –o para terminar una ca-rrera de cinco kilómetros– hay que empezar con el

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pri-mer paso. Además de desear ese cambio con nuestro co-razón y nuestra mente, hay que poner en acción todos los medios necesarios para irlo logrando.

Si algo distingue a los filósofos, es su capacidad de asombro. Nunca podemos perder esa característica ini-gualable de estar siempre a la expectativa por lo que su-cede. Por eso mismo, hay que estar siempre pendiente de lo que necesitamos cambiar.

No podemos concentrarnos en veinte puntos, si es que necesitamos cambiarlos para mejorar. Pero si en cada mes o cada semana, nos proponemos cambiar aunque sea un aspecto de diversas áreas, ¡ya se imaginarán el resul-tado que tendremos en un año!

La pluma es más potente que la mejor memoria. Por lo tanto, hay que hacer nuestro Plan de cambio

per-sonal por escrito estableciendo, al menos, una meta

cen-tral y objetivos mensuales o semanales, según estemos dispuestos.

Este plan lo tendríamos que tener en un lugar visi-ble, puede ser en nuestro cuarto, la oficina, o cualquier otro sitio por el que pasemos varias veces al día.

Entre los objetivos existen muchísimos como los que ya propuse y algunos otros: bajar una determinada cantidad de kilos, dejar de fumar, comenzar a hacer ejer-cicio, lograr una cierta calificación en la escuela, ¡hasta reírse más o conseguir un trabajo!

Para que estos cambios vayan dando mayores resul-tados, tienen que tener un beneficio extra, además de los motivadores a futuro que nos trazaremos. De vez en cuando, es bueno darnos una palmadita en la espalda.

Sería excelente que, por cada esfuerzo que vaya haciendo en sus objetivos a corto o largo plazo, se regale a sí mismo algún reconocimiento personal, que puede ir desde algo material, hasta un muy buen descanso.

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Mientras más vaya avanzando, se sentirá una per-sona realmente diferente, obtendrá resultados nunca esperados y creo que, en verdad, se lo merecerá.

Todos soñamos con cambiar algún aspecto de nues-tra vida. Pero muy pocos emprenden ese camino al éxito definitivo. Sea uno de ellos y recuerde que con un pe-queño “click” que usted mismo puede sugerir y soñar a futuro, encontrar la motivación suficiente para nunca caer y estar al pie del cañón, en esta época de cambio y evolu-ción.

¡Estoy seguro de que puede y VA A CAMBIAR! Porque así va a encontrarse con el verdadero senti-do y valor de su vida.

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C

APÍTULO

III

La aventura de vivir

El éxito es una escalera por la que puedes subir con las manos en los bolsillos.

-Anónimo-n medio de u-Anónimo-n proceso hacia el cambio defi-Anónimo-ni- defini-tivo en nuestra vida, sería conveniente recor-dar aquellas metáforas que la Madre Teresa nos enseña-ba “La vida es un juego... diviértete, la vida es una

lu-cha... empréndela”.

Hay que pasar por la tormenta y por la calma, por el éxito y los obstáculos, por las tristezas y las alegrías, por-que de todo esto está llena la vida.

Tenemos que ser nosotros mismos, aceptarnos y cambiar lo necesario; pero también es importante darle ese “sabor especial” a todo lo que hacemos, para que nuestras actividades sean realmente extraordinarias y dignas de ser recordadas.

Cada uno hace de su vida un cielo o un infierno, dependiendo de su propia actitud. Podemos pasar por las situaciones más desagradables y sonreír a todo lo que

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acontece. Pero, por otro lado, podemos pasar por las si-tuaciones más alegres o prometedoras y, aún así, vivir un vacío interior que parece no llenarse con nada.

Esto me recuerda a algunos grandes hombres de negocios, que viven en importantes esferas de la política y se mueven en las elites de la sociedad. Todos los días, su principal preocupación es llevar el “pan” a casa y, al no poder tener más de lo que esperaban, sienten una frustración tan tremenda, que los hace estar a punto de lanzar “todo por la borda” y, peor aún, llegan a la conclu-sión de que no son felices.

Pero, por otro lado, no voy a olvidar la imagen de una viejita de ochenta años que vivía en una sierra, per-dida en el estado de Veracruz, en México. Su “casa” era un pequeño cuarto con techo de lámina. Era multiusos, debido a que ahí dormía, tenía un pequeño fogón, lavaba su ropa y había una pequeña mesita donde comía algún alimento cuando tenía la posibilidad de hacerlo.

Sin embargo, al platicar largas horas con ella, me di cuenta que la felicidad que llevaba por dentro, nada ni nadie se la podían quitar. Su sonrisa contagiaba a todos y se podía decir que vivía tranquila y en paz.

¿Cuál es la diferencia entre tenerlo o no tenerlo to-do, y ser felices? ¿Acaso nos tenemos que ir a vivir a un pueblo perdido para vivir mejor?

Todo está en cómo utilicemos lo que tenemos y cuál va a ser la actitud que tomemos ante lo que vivamos. Aquí no se trata de juzgar quién está mal o quién está bien, porque ni todos los hombres empresarios son infelices, ni todas las viejitas de los pueblos son felices.

El mundo es así, con una gran variedad de posibili-dades, pero eso no significa que ya estamos “marcados” por nuestra mala suerte y siempre vamos a vivir de una u otra manera.

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Los únicos que podemos decidir cómo vivir, somos nosotros mismos; nadie más lo hará por nosotros. Pode-mos convertir nuestra vida en una gran aventura o en un desafío complicadísimo, todo es cuestión de enfoques y de perspectiva.

Si día a día, nos levantamos con un fin en mente por el cual seguir vivos, todo se hará más tranquilo y lle-vadero. Y, si no, habría que preguntarle al Dr. Viktor Frankl, psiquiatra que estuvo prisionero durante mucho tiempo en los desalmados campos de concentración nazi, y creador de la logoterapia, por esa experiencia que, para él, fue una oportunidad más para vivir mejor.

Él escribió esto:

“Por primera vez en la vida experimento la verdad de lo que tantos pensadores han trasmitido: la verdad de que el amor es, en cierto modo, lo último y lo más alto a que puede elevarse el ser humano. Ahora comprendo el sentido de lo último y más extraordinario que puede pro-clamar la poesía y el pensamiento y... la fe: la redención por el amor y en el amor. Comprendo que cuando al hombre ya no le queda nada en este mundo, puede ser feliz, aunque sea sólo por un instante, si se entrega inte-riormente al recuerdo de la imagen de sus seres queridos. En la situación más triste que se pueda pensar, en la cual no se puede uno realizar mediante acción ningu-na, una situación en la cual la única actividad posible sólo puede consistir en sufrir con dignidad y gallardía, en tal situación el hombre puede realizarse en la contemplación amorosa, mirando la imagen espiritual del ser querido que guarda en su interior. En este momento sé bien la verdad que contiene esta frase: "ponme como un sello sobre tu corazón... Pues el amor es tan fuerte como la muerte”.

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En el momento más complicado de su vida, el Dr. Frankl cambia todos los paradigmas –y lo que tenía mar-cado, probablemente como un destino sin salida– por una visión con más esperanza pero, sobre todo, con miras al amor.

La resignación a la muerte pudo haber sido la salida más fácil para él. El simple hecho de “no tener nada” por lo cual vivir, darse cuenta de la crueldad que existía en aquel campo durante el Holocausto, los gritos y las la-mentaciones del dolor humano, eran armas muy fuertes para hacer caer las aspiraciones de cualquier hombre. Pero eso fue lo que significó su salvación.

Hizo de esos momentos algo diferente, y sacó las fuerzas del único lugar desde donde nadie se lo podía impedir: de él mismo.

El amor venció a esa experiencia desgarradora, y él prefirió perdonar en lugar de odiar. Es en esos momentos de dolor y angustia, cuando el hombre saca todo el poder que lleva por dentro y se demuestra tal cual es: una per-sona libre de alma y corazón, aunque esté encadenado por los hombres.

¡Todo lo que sucede cuando hacemos de nuestra vida una aventura! ¡Todo el cambio que se logra cuando cambiamos de enfoque o perspectiva! Con un “click” a nuestras experiencias, podemos vivir de una forma más llevadera pero, principalmente, disfrutando el presente como lo único que tenemos en nuestras manos.

Porque hay veces en las que el ajetreo continuo del día, las presiones del trabajo, los compromisos con los amigos o inclusive los futuros proyectos, hacen que vi-vamos tan deprisa que ni siquiera nos tomamos unos cuantos minutos para hacer un alto y cuestionarnos qué tan intensamente estamos viviendo.

Si esto no lo tenemos claro y, mejor aún, por escri-to, somos víctimas de atormentarnos por el pasado o de

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estar preocupándonos tanto por el futuro, que el presente pasa a ser lo último a lo que le ponemos atención.

Como me decía un viejo maestro, “los hombres se

preocupan tanto por ‘cómo vivir’, que se olvidan de vi-vir”.

Me he dado cuenta que no sólo los jóvenes consu-men drogas. El pasado y el futuro, para muchos adultos, pueden ser drogas tan poderosas y adictivas como la he-roína o la coca. ¿Cuántas veces somos como presas en un laberinto sin salida, de todo lo que hicimos o dejamos de hacer en nuestra vieja historia, de todos aquellos amigos que nos traicionaron o aquella relación de noviazgo que no funcionó?

Todas las experiencias de nuestro pasado, en forma de grandes gotas de agua, se van acumulando en un “ja-rrito” que algún día terminará por desbordarse. Si no vamos sacando periódicamente esa agua, llegará a un punto en que no podremos con ella. Pero si nos ponemos a pensar un poco, esa agua ya entró a ese recipiente, ya ha pasado por toda nuestra vida y lo único que podemos obtener de todo eso, es lo que pudimos haber aprendido.

Hay que ver el pasado como lo que es: algo que ya no se encuentra en nuestras manos y que, por más que nos preocupemos y nos atormentemos, ya no cambiará las cosas.

Al menos, hasta el momento en que terminé de es-cribir este libro no se había inventado una máquina para viajar al pasado. Y si existiera, creo que sería aburrido, o no sabríamos utilizarla de una forma adecuada.

Para aprender a vivir, hay que hacerlo en la forma verbal del gerundio: aprendiendo. Vamos a caer muchas veces, pero lo importante es amar la lucha y nunca la caída. El pasado, es la escuela de la vida que hemos ido

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cursando, y en donde hemos obtenido los conocimientos necesarios para llegar a ser hombres exitosos.

¿Para qué preocuparse por algo que ya pasó y que, aunque queramos, ya no volverá a suceder?

No hay que olvidar que, para conquistar nuevos océanos, hay que tener el valor de perder de vista a la playa que dejamos al partir.

Un consejo que me dieron cuando era más chico y que fue de gran ayuda en momentos difíciles fue “Sólo

regresa al pasado por alguna enseñanza que tenías olvi-dada o por alguna experiencia negativa que quieras trans-formar en el futuro”.

Porque el pasado se queda en la historia, pero noso-tros seguimos avanzando.

Pero, ¿qué sucede cuando el futuro es lo que nos tiene colgados en la cuerda floja, o cuando el miedo a lo que vaya a pasar con nuestras vidas es lo que nos detiene a triunfar y trascender?

Claro está que hay que tener metas y sueños gran-des en la vida, iniciativas, proyectos y objetivos por los cuales levantarnos cada mañana con una actitud de ánimo y alegría. Mientras más actividades se realizan, más “hambre” de éxito se siente; como ya se sabe lo que es sentir el triunfo, el deseo será el de querer sacar nuevos proyectos e ideas para explotar los mejores recursos; eso conlleva, a veces, un miedo increíble por lo que vaya a pasar después, si no salen bien las cosas, o si no se triunfa como se esperaba; es miedo por el futuro incierto y hasta a los más grandes líderes les sucede.

Todos buscan tener la pareja de sus sueños, ser millonarios, viajar por todo el mundo, la fama, la diver-sión, el placer. Simplemente un futuro sin mayor

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pro-P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 3 3

blemas: pero, ¿cuántos de nosotros nos preocupamos por VIVIR?

Parece increíble cómo es el futuro de engañoso. Hace poco tiempo, un viernes por la mañana, estaba ob-servando la foto de un gran empresario en la portada de una revista: mostraba una actitud de alegría y entusiasmo. Una semana después, el siguiente viernes, observaba la misma revista, con la misma persona en la portada, pero ahora en un ataúd: en el transcurso de esos pocos días, había fallecido.

El futuro nadie lo conoce; no nos pertenece; no sa-bemos ni el día ni la hora de nuestra muerte; no podemos conocer lo que va a ser de nosotros en unos años, en unos meses, ni siquiera el día de mañana.

Es tan incierto, que influyen miles de circunstan-cias.

¿Para qué preocuparnos por las cosas que todavía no están a nuestro alcance? ¿Para qué preocuparnos por las cosas que no tienen solución? ¿Para qué preocuparnos por situaciones que llegarán en diez, veinte o treinta años, tal vez?

Esto no significa que no tengamos una visión y no planeemos nuestro futuro, sino que vivamos el presente, recordando que tenemos que descubrir en cada momento el don maravilloso de estar vivos. Que en lugar de estar llevando nuestra mente el pasado, sus tristezas o perder nuestra imaginación en muchas ideas “a futuro”, nos mantengamos atentos a lo que sucede a nuestro alrede-dor, justo en este preciso momento, que es en donde debemos poner nuestros cinco sentidos, nuestra mente y nuestro corazón.

Es fácil hablar sobre la importancia de vivir el mo-mento, ¡créame que también es fácil realizarlo! Todo depende de cuánto valor le estamos dando a nuestra

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pro-pia existencia, para que de ahí partamos a realizar ese cambio que esperamos lograr en muy poco tiempo.

Darle un valor a nuestra vida después de habernos conocido, aceptado y superado, suele ser automático. Tristemente, la sociedad de hoy vive una crisis terrible sobre el sentido de la existencia del hombre. Atentamos contra todo: desde un niño en el vientre de una madre o un anciano, hasta contra nuestro propio cuerpo.

El mundo “light” cada vez está más inmerso en una cadena de antivalores, que ofrece hallar toda la diver-sión y el placer a cambio de muy poco esfuerzo. Esto da como resultado muchas vidas vacías –sobre todo de jóve-nes– que al buscar en los lugares menos indicados la ver-dadera felicidad, no encuentran los suficientes “motivadores” para ver su existencia como algo único e irrepetible.

Día a día crecen los índices de suicidio en el mun-do. La depresión se ha convertido en la enfermedad del siglo y le ha “pegado” a todas las clases socio-culturales; no respeta a nadie, y mucha gente se sigue preguntando ¿por qué sigo viviendo?

Si antes que nada buscáramos dentro de nosotros, encontraríamos miles de razones para seguir vivos. Nos daríamos cuenta de que somos piezas indispensables en el rompecabezas, para que continúe la historia.

Seres únicos y especiales, dotados de grandes cua-lidades que no muchos tienen. Personas con una alta capacidad de amor y entrega a los demás.

¡Si pensáramos un poco más en toda la gente que cree en nosotros, que está esperando un gesto de ayuda y esperanza, que a lo mejor todavía ni conocemos mas, sin embargo, siempre han estado ahí!

La vida sería muy distinta, si cada mañana agrade-ciéramos a Dios la inmensa oportunidad de levantarnos,

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respirar y poder hacer cosas que no todo el mundo pue-de.

Sería muy distinto si descubriéramos en las cosas sencillas –como una plática con un amigo, un abrazo de nuestros padres, un atardecer o en una oración– la gran-deza de la felicidad.

¡Cuánta gente solucionaría sus problemas, si agre-gara un poco de sonrisas en su trato con los demás!

¡Cuántas vidas cambiarían si sustituyéramos nues-tra forma negativa de ver las cosas por algo más sano, más divertido e, incluso, ¡más realista y optimista!

Si dejáramos el pasado en donde se quedó y el fu-turo para después, si viviéramos el presente, ¡cuántas presiones nos quitaríamos de encima!

Es muy fácil leer todo esto, pero lo que nos llenaría de satisfacción y felicidad, sería colocarlo en cosas prácti-cas de nuestra vida.

Si Viktor Frankl pudo salir de un campo de concen-tración, contando su experiencia como algo que le ayudó de por vida, simplemente por haber cambiado de pers-pectiva, ¿por qué no hacerlo nosotros en las actividades de todos los días?

Definitivamente, para llegar a ser exitosos tenemos que vivir en paz con los demás pero, más que nada, con nosotros mismos. Sólo así podremos transmitir alegría y esperanza a cuanta gente nos necesite.

Vivir, puede ser una aventura si nosotros así lo que-remos.

Es un juego, las reglas están puestas, las fichas es-tán sobre la mesa: de nosotros depende ganar y llevarnos los mejores premios.

Por lo tanto, VIVAMOS el presente con mayor es-peranza y alegría y... ¡A jugar se ha dicho!

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C

APÍTULO

IV

Ser excelente: Los cuatro aspectos

La grandeza de una persona se puede manifestar en los grandes momentos, pero se forma en los instantes cotidianos

-Phillips

Brooks-n este juego de la vida, Brooks-nos topamos coBrooks-n uBrooks-na realidad latente: “hay que aprender a trabajar en equipo”.

Cada ser humano cuenta con un rol específico en la sociedad, en donde el éxito o el fracaso dependen de cuánto nos empeñemos en hacer a la perfección lo que nos corresponde.

Sólo imagine un poco qué situación causaría, si un día en particular decidieran ponerse en huelga general los encargados de suministrar el servicio del agua, de la luz o del transporte: creo que ocasionaría un tremendo caos.

Otro ejemplo claro es nuestro físico. El cuerpo hu-mano debe considerarse un “todo”, en donde los órganos y sistemas están relacionados entre sí. La curación de un órgano enfermo sin tratar a todo el conjunto, puede traer consecuencias desastrosas que después, en los hospitales,

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las mencionan como a simples y sencillas “complicacio-nes”.

Inclusive, hace cientos de años los médicos curaban el alma y el cuerpo. No sólo se centraban en la estabiliza-ción del físico, sino del equilibrio entre el alma y el esta-do emocional del paciente.

En nuestra vida diaria, pasa exactamente lo mismo. Nuestra mente, físico, espíritu y estado emocional, hacen a un hombre integral; estos aspectos van entrelazados entre sí y ya es imposible separarlos.

Si uno de ellos llega a fallar, es muy probable que toda la balanza de nuestro bienestar caiga. Es indispen-sable tener un equilibrio, en todos los sentidos, que tien-da a la perfección, para que así caminemos siempre en un sendero recto y tengamos la capacidad de proyectar toda nuestra energía y cualidades hacia los demás.

Como ya hemos visto, es sencillo reconocer cuándo necesitamos trabajar más en un aspecto que en otro. So-bre todo si ya nos conocemos, valoramos y vemos que es posible cambiar nuestra forma de vivir.

No hay reglas matemáticas o pruebas psicológicas exactas que nos definan con precisión si necesitamos más alimento espiritual, o comenzar a afinar nuestra área in-telectual.

Pero es como cuando la cocinera sabe que la sopa está lista: simplemente es algo que se conoce, se siente y se percibe en nosotros mismos.

Lo ideal es no quedarnos en el hecho de “saber que tenemos que trabajar”, sino poner los medios y co-menzar a hacer los cambios en cada uno de los cuatro aspectos.

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I. Nivel Físico

Poseer y proyectar una perfecta salud, son requisi-tos indispensables para disfrutar de la vida. Muchas ve-ces, nuestros malos hábitos alimenticios, la falta de un ejercicio constante y de acuerdo a nuestras posibilidades –entre otros factores– afectan continuamente nuestro físico y vitalidad.

La nueva civilización, la influencia de los medios de comunicación y la misma velocidad con la que vivi-mos a diario, nos llevan a estar bajo presión y caer en cualquiera de estas dos vertientes: o nos alimentamos más de lo conveniente o lo dejamos de hacer. Cualquiera que sea el caso, puede traer consecuencias desastrosas.

Es increíble cómo día a día, millones de personas en el mundo buscan métodos mágicos para perder esos kilos de más, surge “la dieta de la sopa, de los carbohidra-tos, de la pizza”, y muchas otras. Sin embargo, muy pocos controlan ese tipo de estrés, nerviosismo y depresiones, manteniendo un nivel de alimentación natural, sano y adecuado a lo que necesita su organismo.

Es por eso que tenemos que tomar en cuenta cier-tas recomendaciones básicas para cuidar nuestro físico e imagen exterior, y para proteger a toda costa nuestra sa-lud, que es lo que nos mantendrá con vida para hacer lo que siempre hemos soñado.

1. Cuidar lo que comemos, la cantidad de lo que comemos y en dónde lo comemos.

2. Combinar nuestras raciones del día con frutas, vegetales, proteínas, muy poco de harina –pero nunca dejarlas por completo– y algunas cucha-radas de grasa, etc.

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3. Tomar, como mínimo, ocho vasos de agua al día.

4. No necesitamos ser vegetarianos, pero sí po-dríamos disminuir la cantidad de carne roja y empezar a consumir más carnes neutras, como pescado o pollo. Sería un gran regalo a nuestro organismo.

5. No olvidemos que lo único que no engorda es lo que se queda en el plato. Podemos comer de todo un poco, dependiendo cómo y en qué can-tidades lo hagamos.

6. Si deseamos ingerir algo entre comidas, po-dríamos consumir una fruta, yogurt, o un plato lleno de verduras, para quitarnos el antojo. 7. Realizar algo de ejercicio al día. Podemos

em-pezar caminando treinta minutos y, poco a po-co, iremos incrementado el nivel de intensidad y tiempo.

8. Dormir nuestras siete u ocho horas necesarias. 9. No confundamos nuestro trabajo con nuestra

vida. Nuestro cuerpo necesita descanso sufi-ciente.

10. Utilizar lo más posible todo lo que sean trata-mientos naturales.

II. Nivel Espiritual

La dimensión espiritual es la planta generadora de poder para nuestra vida. Como el motor desarrolla poder para el automóvil, el área espiritual produce el combusti-ble que necesitamos para tener una vida balanceada.

Es inimaginable que un ser humano pueda manejar las diferentes áreas de su vida con éxito, dejando a un lado lo espiritual.

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Desde poetas, reyes, artistas, deportistas y grandes personajes famosos, hasta el anciano que vive en las más humildes condiciones, todos han descubierto que en Dios es donde encontramos la auténtica felicidad; donde llenamos ese vacío que tenemos por vivir en una socie-dad tan “light”, que sólo se preocupa por lo exterior, mas muy pocas veces por lo que llevamos por dentro.

El ser excelente también es un llamado a recono-cernos humildes frente a un poder superior, frente a Dios. Pero no se trata de verlo como a alguien lejano, una idea creada o un sueño más, sino como nuestro consuelo, protector, padre y mejor amigo.

Cuando alguien nos pregunta dónde vivimos, casi siempre damos la dirección de nuestra casa o apartamen-to, o donde sea que vivamos; y esa, desde luego, es la respuesta que debemos dar.

Pero, si a usted le preguntaran por su dirección es-piritual, ¿cuál sería su respuesta? ¿Podría dar una direc-ción clara? ¿Por lo menos, sabe dónde vive espiritualmente?

Si no lo sabe, ¿le gustaría saber cuál es el nivel de su vida espiritual o hacia dónde se dirige?

Para conocer nuestro nivel de vida espiritual es im-portante realizar ciertas actividades que irán marcando nuestro crecimiento.

A partir de que tengamos la convicción de encon-trarnos con nosotros mismos, seremos capaces de darnos cuenta hasta qué punto podemos dejar la rutina de todos los días, para dedicarle unos cuantos minutos a nuestra alma.

Siempre es difícil al inicio, pero hay que ir “toman-do el hilo”, porque en la vida espiritual no podemos que-darnos estancados: se avanza, o se retrocede.

Poco a poco, si hacemos de nuestra vida diaria un diálogo continuo con Dios –sin importar la creencia que

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cada uno profese– veremos los resultados de forma sor-prendente, y encontraremos la tranquilidad que siempre habíamos buscado en los lugares menos indicados.

Para comenzar con las siguientes recomendaciones, sería conveniente que tenga una libreta que sea exclusiva para trabajar en su vida espiritual, donde anote sus medi-taciones, oraciones, pláticas, reflexiones, y los hechos que vayan aconteciendo en ésta área.

Entre los muchos aspectos para ir sembrando en el campo espiritual se encuentran:

1. Orar por la mañana y por la noche: cinco minu-tos de agradecimiento no nos cuesta nada, pero logramos mucho.

2. Meditar en nuestros tiempos libres: estemos donde estemos, podemos platicar con Dios, con nosotros mismos, y ver cómo vamos en este camino espiritual.

3. Tener una colección de libros, para hacer una lectura que lo pueda inspirar en su vida del al-ma, ya sean frases, anécdotas, historias, o sim-ples pensamientos de grandes hombres.

4. Hacer una evaluación en la noche de todas sus actividades del día.

5. Recordar su proyecto y misión de vida; refle-xionar profundamente sobre el poco tiempo que tenemos para hacer algo trascendente en esta tierra.

III. Nivel Emocional

Se dice que cada ser humano es un costal lleno de dinamita y pura fuerza –cualidades que ni él mismo

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co-P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 4 3

noce– y un sin fin de emociones y sentimientos que le hace vivir grandes sueños y travesías extraordinarias.

Lo importante está en conocer lo que somos, para poder canalizar lo que tenemos. Porque, como bien sa-bemos, no existen personas comunes, ya que todos somos especialmente diferentes.

Sin embargo, tenemos la posibilidad de trabajar nuestros estados de ánimo, para que no nos falte pasión ni nos sobren pretextos a la hora de realizar nuestros más anhelados sueños.

Porque ¿qué tuvieron los grandes líderes y revolu-cionaros de la humanidad, que no tengamos nosotros? Todos poseemos la misma naturaleza humana y las mis-mas capacidades.

El secreto está en saber aceptar, manejar y cambiar nuestras actitudes frente a lo que sucede en el mundo.

Todos hemos pasado por situaciones complicadas, en donde los sentimientos nos han hecho una “mala ju-gada”, donde nos hemos dejado llevar por nuestro des-bordante apasionamiento, o nuestra cruda frialdad.

A algunos les pasa más que a otros y es ahí cuando entramos en un proceso de tristeza, ansiedad o desespe-ración.

¿Cuántas veces hemos llorado o reído sin razón? ¿Cuántas veces hemos estado semanas sin comer o haciéndolo con exceso por depresiones pasajeras que, muchas veces, se deben a la actitud que tomamos frente a las circunstancias que se presentan en nuestra vida?

Un hombre integral, es una persona que sabe con-trolar sus emociones y no se deja llevar como hoja al viento. Que se mantiene firme a pesar de los aires conti-nuos que traen las adversidades diarias. Pero, para man-tenernos de pie, es necesario pasar por un proceso de transformación interior y exterior.

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Dicen que el águila es el ave con mayor longevi-dad: llega a vivir 70 años pero, para llegar a esa edad, a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión.

A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue tomar a las presas de las cuales se alimenta.

Su pico largo y puntiagudo, se curva apuntando ha-cia el pecho; sus alas están envejecidas y pesadas, y sus plumas gruesas. ¡Volar se le hace ya tan difícil!

Entonces, el águila tiene solamente dos alternati-vas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.

Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un pare-dón, en donde no tenga necesidad de volar.

Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico contra la pared hasta conseguir arran-carlo.

Luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas.

Cuando las nuevas uñas empiezan a nacer, comen-zará a desplumar sus plumas viejas. Después de cinco meses, sale para su vuelo de renovación... ¡a vivir 30 años más!

En nuestras vidas, muchas veces tenemos que res-guardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación para continuar un vuelo de victoria; debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causaron dolor.

Solamente libres del peso del pasado, podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siem-pre trae.

En este “Nivel Emocional”, vamos a enfocarnos en el trabajo de nuestro interior como algo que debemos conocer, y a lo que debemos dedicarle el tiempo

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suficien-P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 4 5

te, para que cualquier momento que no sea de nuestro agrado no agote nuestra fuerza física ni mental.

Vamos a pasar por un tiempo de renovación, de transformación, en donde nuestros sentimientos se irán acomodando poco a poco, como las piezas de un rompe-cabezas.

Hay que poner en práctica las siguientes recomen-daciones, como lo hemos hecho a lo largo de este capítu-lo, para ir formando en nosotros ese ser humano excelente que queremos trabajar a lo largo de nuestra vida:

1. Lo que vive nuestro interior se refleja en

el exterior. Por lo tanto, al finalizar el día, es

conveniente preguntarnos:

¿Cómo me sentí el día de hoy? ¿Qué fue lo que marcó mis sensaciones agradables o de-sagradables? ¿Cumplí lo que me había pro-puesto el día anterior? ¿Qué dejé de hacer? ¿Qué es lo que me está “quitando el sueño” esta noche? ¿Conozco a alguna persona que pasó por algo similar y haya salido adelante? ¿Qué necesito para solucionar el conflicto? ¿Qué cualidades tengo actualmente y cuáles necesito comenzar a trabajar para la solución de mi dificultad? Si ya hubiera alcanzado mi propósito trazado, ¿cómo me sentiría? ¿Qué paso voy a comenzar a realizar el día de ma-ñana, para cumplir al máximo los anhelos que me proponga?

Puede empezar con algo pequeño, pero re-cuerde que tiene que ser algo medible, cosas reales y concretas. En resumen, trate de

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re-galarse unos cuantos minutos cada noche, pa-ra conocerse más y dirigir con mayor éxito su más grande empresa: SU PROPIA VIDA. 2. Formule una escala de valores, con

rela-ción a los aspectos que para usted son los más importantes en su vida, como lo es la familia, el trabajo, la diversión o las relaciones inter-personales. Ponga una calificación en cada área, dependiendo de cómo se siente actual-mente con cada una. Así tendrá una visión más amplia de usted mismo, de los valores que lo rigen, y podrá poner los medios nece-sarios para trabajar en donde obtenga una menor calificación.

3. Toda empresa tiene una misión, en la cual se basan la mayor parte del tiempo para su trabajo diario. Todo ser humano también de-be tener una “Frase Misión” en el aspecto emocional, para poder recordarla día a día y establecerla como meta fija en su crecimiento personal. Una “Frase Misión” para un aspec-to en específico podría ser: “Llegar a ser un

hombre que equilibre el descanso y el trabajo en su vida cotidiana”. La puede poner en

va-rios letreros con tipos, formas y colores de le-tras diferentes en su oficina, cuarto de estudio, dormitorio, o donde lo desee.

4. El secreto de los grandes líderes y perso-najes que han hecho historia, es que siempre tuvieron tiempo para hacer algo que muy po-cos hacemos: ¡descansar! Disfrute su descan-so pero de una manera sana, original, entretenida, en donde le dé a su cuerpo y a su mente el tiempo suficiente para “recargar ba-terías” para las batallas que siguen. Tome

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al-P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 4 7

gunas vacaciones en el año, totalmente aleja-do del ruialeja-do y el ajetreo de la ciudad. No pre-cisa estar cansado físicamente para necesitar un descanso. La mente también se agota y más si vivimos bajo continuas presiones. Despeje un poco todo el humo que envuelve la rutina de su vida, y tome el aire puro de la tranquilidad y la relajación, que tanta falta le hacen a su mente y a su alma.

5. Un buen libro, una caminata por el parque o el bosque más cercano, una noche estrellada, ejercicio aeróbico, una plática con un viejo amigo, nos pueden dar esos momentos de sa-tisfacción tan necesarios, si no hay posibilida-des de salir de la ciudad.

6. No hay que idealizar a los demás y mucho menos buscar su aprobación. Cada ser huma-no es único e intransferible, con sus cualida-des y defectos. Primero tenemos que encargarnos de nuestra propia existencia, an-tes de fijarnos en toda la sociedad: seamos in-dependientes.

7. No nos exijamos tanto a nosotros mismos, vivamos relajados pero, eso sí, tomando las riendas de nuestra vida. Comience a ser más flexible y a darse los permisos que antes se negaba. Hasta este momento somos total-mente libres para hacer lo que “nos venga en gana”.

8. No tenga “culpas” por lo que hizo o dejó de hacer. Simplemente tenga “responsabilidad” de sus actos y afronte los problemas sin de-mora.

9. Por último, un buen consejo de alguien que nos pueda orientar o guiar en nuestra

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vi-da puede ser determinante para nuestro desa-rrollo. Las decisiones, al final, las tomaremos nosotros, pero nunca está de más una buena retroalimentación de algún especialista –o in-clusive de un amigo– que nos pueda ir dando más detalles que a lo mejor estábamos per-diendo de vista.

IV. Nivel Intelectual

Hablar de este nivel, que no por estar último es menos importante, suele ser una experiencia muy espe-cial, tanto para el emisor como el receptor del mensaje. La mente es un mundo maravilloso y, si nos detuviéra-mos a conocerla un poquito más, descubriríadetuviéra-mos cosas increíbles que nos ayudarían a solucionar problemas rea-les en un tiempo mínimo.

Cuando se menciona la capacidad intelectual del ser humano, muchos, automáticamente, crean en su ce-rebro imágenes relacionadas con el aprendizaje escolar.

Algunos recuerdan sus momentos difíciles, sus exámenes –que les costaron algunas horas menos de sue-ño y unas cuantas tazas de café– pero que, a fin de cuen-tas, fueron necesarias para lograr el objetivo final: “obtener un título profesional”.

Sin embargo, a pesar de que podría ser un tema in-teresante para comentar, en este nivel voy más allá de una simple relación profesor-alumno, unas ecuaciones laboratorio-ensayos, o presentaciones orales.

En este “Nivel Intelectual” del ser humano, me re-fiero a la capacidad que tenemos para estar aprendiendo siempre algo nuevo y así trabajar nuestra mente, para aumentar nuestra inteligencia y poder continuar nuestra

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“profesionalización” en el área en que nos desempeñe-mos durante el resto de nuestra vida.

Dicen que pensar duele. ¡Y por supuesto que due-le! Sobre todo, cuando tenemos a nuestra mente estan-cada como una máquina que no se ha usado por varios años. Para eso hay que buscar las herramientas necesa-rias, cambiarle lo que ya no funciona, ponerle el aceite suficiente y echarla a andar para que adopte el trabajo, para el que fue creada.

Pero, como todo en la vida, “a fuerza ni los zapatos entran”, las emociones van muy de la mano con este “Nivel Intelectual”. Porque nadie piensa o aprende lo que no quiere aprender. A lo mejor lo comprende por un determinado tiempo, sin embargo, lo que estamos bus-cando nosotros en nuestro camino al éxito definitivo es establecer los modelos para tener conocimientos claros y de por vida.

Nadie nos puede obligar a aprender algo si no es-tamos motivados. Motivar se deriva del verbo latín

“mo-tere” que significa “moverse”, “poner en movimiento”,

“estar listo para la acción”. ¿Sabe usted que de la misma raíz proviene la palabra “emoción”? Desde un punto de vista psicofísico, la motivación es la capacidad para enviar energía en una dirección específica, con un propósito específico. Toda motivación consta de: DESEO, PODER Y DEBER.

Para que suceda este fenómeno de la “motivación-incremento de nuestro intelecto”, hay cuatro fuentes principales en las que se basan los grandes expertos:

1. Nosotros mismos

2. Los amigos, la familia, los colegas, que son nuestros soportes más relevantes

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4. El propio entorno: nuestro ambiente, aire, luz, sonido, motivadores

En cualquier etapa de nuestra vida, la motivación es la clave esencial del éxito y, mucho más, en el apren-dizaje y profesionalización. Si maneja una buena motiva-ción y sigue estas y otras recomendaciones, pondrá a trabajar su mente para así conquistar esta área de su vida que muchos dejan de lado y, sin embargo, es indispensa-ble para lograr el éxito en el ámbito profesional.

1. Lea mucho, lea los libros que en verdad le dejen algo en su vida. Lea desde grandes poe-tas, como novelas clásicas, hasta libros de su es-pecialidad o profesión. Nunca deje de leer. El libro siempre va a estar ahí, sólo es cuestión de empezar.

2. Escriba sus ideas, sus sueños, sus proyectos. No necesita ser un gran escritor para transmitir mensajes a los demás. Tenga un libro en blanco o computadora a la mano, para dejar cosas que queden para la historia de su vida.

3. Manténgase informado, la televisión no se creó nada más que como un entretenimiento, sino como un medio informativo. Trate de mostrar más interés en lo que sucede en el mundo, en su país o localidad. Lea el periódico, las noticias por Internet, esté actualizado. 4. Hable con todo tipo de personas: pobres,

ri-cos, niños, adultos, jóvenes. No se cierre en su universo personal. Descubra que existen per-sonas que le pueden dar mucho en su vida, in-cluso las que todavía ni conoce.

5. Asista a conferencias, seminarios, talleres, que sirvan para su desarrollo personal; desde el

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punto de vista profesional o de negocios, hasta pláticas sobre temas de actualidad.

6. Involúcrese en organizaciones no guberna-mentales, donde realicen obras para beneficiar a los que más lo necesitan.

7. Dedíquese a realizar tareas en su casa, que lo distraigan y rompan con la rutina.

8. Suscríbase a una revista de interés general o de algún tema de su preferencia.

Hemos determinado algunas herramientas, necesa-rias para formar en usted un hombre que cumpla con los cuatro aspectos del ser integral.

Algunos nos dimos cuenta que cierta área la tene-mos con más capacidad que otra; nuestro objetivo es ir trabajando poco a poco en metas a corto, mediano y largo plazo, con cada uno de los niveles, para balancear y equi-librar toda nuestra vida.

Con esta actitud de ser excelentes –y con la firme convicción de irnos conociendo día a día– nos reformula-remos nuestra “Frase-Misión”, para que podamos vencer cualquier obstáculo que se nos presente, por más imposi-ble de solucionar que parezca.

Estamos hechos para triunfar. Pero, para lograrlo, es necesario traspasar barreras y romper límites. ¿Qué espe-ramos para hacerlo?

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APÍTULO

V

Rompiendo Límites

Me cierran con mil candados, pero olvidan que yo soy la llave

-Anónimo-na de las máximas para lograr lo que nos pro-ponemos, es no cejar nunca en el empeño por conseguirlo. Le contaré una pequeña anécdota.

Una vez, había en la selva un elefantito muy pe-queño que estaba solo. Con seguridad habría perdido a su mamá. Unos hombres que pertenecían a una tribu de la región, lo encontraron y lo llevaron a su aldea para ayu-darlo a crecer, cuiayu-darlo y que luego, cuando fuera más grande, trabajara para ellos en las duras faenas. Para man-tenerlo en un lugar protegido, lo ataron a un frágil arboli-to; lógicamente, él quiso zafar de su esclavitud: tiró con todas sus fuerzas, pero el árbol no cedía.

Al día siguiente lo intentó de nuevo y... nada pasó. Continuó probando cada vez que podía pero, al cabo de una semana de infructuosas tentativas, dejó de hacerlo.

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Los años pasaron y el elefantito se convirtió en un enorme y precioso animal. Trabajaba durante el día ayu-dando a los hombres a acarrear los árboles que habían volteado y, por las noches, continuaba atado a ese pe-queño arbolito.

Un día, se acercó a la aldea un explorador y le llamó la atención ver a semejante bestia atada de una manera tan precaria. Entonces le preguntó a uno de los hombres del lugar cómo habían conseguido amaestrarlo tan bien.

–No es que esté amaestrado; cuando él era peque-ño intentó soltarse

–respondió– pero al poco tiempo, cuando vio que no podía hacerlo, se dio por vencido. Tiene fuerza como para mover juntos diez de los troncos más gruesos del bosque, así que bien podría derribar este árbol y quedar en libertad... pero él no lo sabe... ¡porque jamás volvió a intentarlo!

Ese elefante enorme y poderoso no escapaba por-que “creía no poder hacerlo”. Él tenía registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente cuando uno es muy pequeño. Sin embargo, lo peor, es que jamás se había vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... ¡Jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez!

Esta magnífica metáfora representa claramente las barreras con las que nos topamos continuamente en nuestra vida. De alguna u otra forma nos convertimos en ese elefante; así como él, tenemos pequeñas estacas cla-vadas en nuestra libertad que no nos dejan respirar ni ir más allá de lo ordinario. Grabamos en nuestra mente pensamientos negativos como “no puedo”, “imposible”, “muy complicado”, simplemente porque en cierta oca-sión tuvimos algún tropiezo.

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P O R F A V O R, S E A E X I T O S O 5 5

Tenemos marcada a fuego la frase “nunca podré”. Frase que nosotros mismos hicimos presente y que, tris-temente, si no volvemos a intentarlo, se nos quedará para el resto de nuestros días.

Si tan sólo hiciéramos esa pequeña tentativa y esti-ráramos un poquito más esa cuerda de la que estamos atados, saldríamos fácilmente de nuestros impedimentos psicológicos y descubriríamos que aquella situación que parecía un “monstruo gigante” no era más que una crea-ción de nuestra fantasía; saldríamos de nuestros límites y descubriríamos el gran horizonte que la vida nos ha pre-parado desde la eternidad.

Nadie dijo que la vida es sencilla.

Día a día se nos presentan retos y pruebas, en don-de tenemos que tener la mente fría pero el corazón dis-puesto, para ir más allá de nuestras limitaciones, ir a donde nadie ha ido y hacer lo que nadie ha hecho. Sim-plemente, trazar nuestro propio camino y escribir nuestra propia historia.

Dentro de este emocionante juego de la vida, hay una persona decidida, que hará de estos retos apasionan-tes aventuras o complicadas travesías, que le dará una respuesta positiva o negativa, que hará de todos los sue-ños, realidades concretas y visibles; esa persona, el día de hoy, tendrá que tomar una decisión; esa persona, ¡es USTED!

El día de hoy, es el momento indicado para tomar el desafío más grande que haya enfrentado jamás: reco-nocer sus cualidades y defectos pero, al mismo tiempo, con la decisión de prometer ante todo que nunca, pase lo que pase, se dejará dominar por la sensación de desalien-to o tristeza frente a una situación contraria a la quería. Y, sobre todo, que romperá las barreras que se interpongan en su camino, respetando a todos los hombres, para llegar

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