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Naciones en conflicto

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NACIONES EN CONFLICTO

C

RISTINA

A

LQUÉZAR

V

ILLARROYA

D

ANIEL

A

QUILLUÉ

D

OMÍNGUEZ

P

ABLO

A

GUIRRE

H

ERRÁINZ

(Editores)

C

OLECCIÓN

J

ÓVENES POR LA

H

ISTORIA

TENDENCIAS ACTUALES DE LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

(5)

V

OLUMEN

I

CRISTINA ALQUÉZAR VILLARROYA

DANIEL AQUILLUÉ DOMÍNGUEZ

PABLO AGUIRRE HERRÁINZ

1ª Edición, Zaragoza, 2019

Edita: Servicio de Publicaciones, Universidad de Zaragoza ISBN: 978-84-16723-74-4

ISBN O.C: 978-84-16723-73-7

No se permite un uso comercial de la obra original ni de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original. En cualquier explotación de la obra autorizada por la licencia hará falta reconocer la autoría. Diseño de portada: ROBERTO MOROTE

Con la colaboración de:

UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

Calle de Pedro Cerbuna, 12 50009 Zaragoza

ASOCIACIÓN DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Universidad Complutense de Madrid

Departamento de Historia Contemporánea, 8ª Planta, despacho 33 Profesor Aranguren, s/n

28040 Madrid

INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO

Plaza de España, 2 50004 Zaragoza

(6)

A los y las colegas de Santiago.

Un año será vuestro…

(7)
(8)

8

ÍNDICE

P

RESENTACIÓN

…………...15

I

NTRODUCCIÓN

...18

C

APÍTULO

I

S

OCIEDADES CAMPESINAS EN TRANSFORMACIÓN

.

U

N SIGLO DE CRISIS

,

CONFLICTIVIDAD Y CAMBIOS EN EL SUR EUROPEO

(1890-1986)…...……..23

BRUNO ESPERANTE PARAMOS

CRISTIAN FERRER GONZÁLEZ

NATALIA JORGE PEREIRA

TELMO OTERO RODRÍGUEZ

GUILLEM PUIG VALLVERDÚ

1. Crisis y transformación agraria en el Camp de Tarragona. La implantación

y comercialización de la avellana……...32

EDUARD ARNAL BOADA

2. Les poblacions del sud alacantí: evolució, decadència i

reconver-sió………...49

RAMÓN SANTONJA ALARCÓN

3. El cooperativismo vitivinícola de segundo grado durante el franquismo:

La Agrupación de Cooperativas Vitivinícolas del Priorat. Intentos de

moder-nización subordinados a la lógica dictatorial…...66

(9)

4. Campesinos, conflictividad agraria y resistencia armada antifranquista: la

implantación de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón……...87

RAÜL GONZÁLEZ DEVÍS

C

APÍTULO

II

N

UEVOS RETOS EN EL ESTUDIO DEL FASCISMO

……….…………109

GUILLERMO SÁEZ AZNAR

1. Discursos de género y violencia política sexuada en las dictaduras de

Franco y Pinochet. Paralelos, transferencias e influencia en la formación del

pensamiento y la memoria feminista sobre la violencia de género...126

ANNE-CLAIRE SANZ GAVILLON

2. Reaccionar como hombres: el ejército y la mujer en la construcción de la

masculinidad fascista española...145

ALEJANDRO FERNÁNDEZ PÉREZ

3. Actitudes acusatorias ante la persecución golpista en el Ayuntamiento de

Ribadeo (1936-1941)...168

XABIER BUXEIRO ALONSO

4. La Wehrmacht y la historiografía. El debate sobre los crímenes de la

Wehr-macht: Vernichtungskrieg. Verbrechen der Wehrmacht 1941 bis 1944...186

FRANCISCO MIGUEL DE TORO

5. La imagen de Hitler en España durante la Segunda República

(1933-1936)...210

(10)

10

C

APÍTULO

III

R

ELACIONES INTERNACIONALES ENTRE

E

UROPA Y

A

MÉRICA

………….236

RAQUEL LÁZARO

AÍDA RODRÍGUEZ

CARLOTA MATESANZ

1. Redes transnacionales de solidaridad política. Las brigadas de solidaridad

española con la revolución sandinista (1979-1990)…...242

JOSÉ MANUEL ÁGREDA

2. Latinoamérica en la Zaragoza de los años 70, 80 y 90. El caso de chile:

exilio y solidaridad política…...268

MARIO ANDRÉS OLGUÍN KEMP

3. Blanqueando la imagen de Franco en Estados Unidos: Aproximación al

Spanish Lobby……...283

MOISÉS RODRÍGUEZ ESCOBAR

C

APÍTULO

IV

I

DENTIDADES

,

NACIONALIZACIÓN Y RELIGIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁ-NEO

………307

RAÚL MORENO ALMENDRAL

ELENA GÓMEZ LOZANO

1. A la mierda el País Vasco o Euskalduna naiz eta harro nago. La

instru-mentalización del movimiento underground vasco en la construcción de la

identidad nacional vasca ¿de izquierdas?...318

(11)

2. Castilla, Castilla, Castilla y Cartagena: Clero murciano al servicio de Su

Majestad Católica (1808-1814)…...338

DAVINIA ALBALADEJO MORALES

3. Iglesia y primer liberalismo: el diputado Pedro de Prado y Baeza

(1822-1823) y el arreglo del clero………...356

FRANCISCO JAVIER DÍEZ MORRÁS

4. Identidades, nacionalismo y religión en el Marruecos

contemporá-neo……….379

ROCÍO VELASCO DE CASTRO

5. El discurso religioso en la formación de los partidos nacionalistas

marro-quíes...405

JAUME CAMPS GIRONA

6. Apóstoles y guerreros. El ideal católico español en los años treinta del

siglo XX...427

SANTIAGO NAVARRO DE LA FUENTE

7. Catolicismo progresista durante el franquismo: fuentes intelectuales y

ma-nifestaciones culturales de la contestación a la dictadura...449

MARÍA JOSÉ ESTEBAN ZURIAGA

8. España entre Dios y el dinero en el siglo XX: Dilemas de identidad en la

Era Secular a través de un contexto cultural en cambio…...473

(12)

12

C

APÍTULO

V

P

ENSAR EL ESTADO

,

IMAGINAR LA NACIÓN

:

CULTURAS POLÍTICAS EN

CON-FLICTO EN EL SIGLO

XIX………...494

LAURA MARTÍNEZ

DAVID SAN NARCISO

ESTER GARCÍA

JOSEP ESCRIG

1. El moderantismo y la organización territorial del Estado...506

SARA MORENO TEJADA

2. Conflictividad electoral en época isabelina: un choque de culturas

políti-cas………...526

MÓNICA GARCÉS PALACIOS

3. De la barricada a la imprenta: la percepción del ciclo revolucionario de

1848 en la prensa española...545

IGNACIO GARCÍA DE PASO GARCÍA

4. La transición de régimen político en el Pará/Amazônia/Brazil: las disputas

entre republicanos y monárquicos (1886-1897)...564

WILLIAM GAIA FARIAS

5. Proceso de conformación del Estado de Hidalgo, al interior de la

federa-ción mexicana. Una entidad establecida tardíamente, en el convulso siglo

XIX…...588

(13)

S

CRIPTORIA

I

L

UCES PARA EL MUNDO DE ANTEAYER

.

D

IVULGANDO EL

XIX………….617

ESTER GARCÍA MOSCARDÓ

ESTHER COLLADO

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(15)

PRESENTACIÓN

Una Historia que alimenta, pero que no da de comer

Durante los días 26, 27 y 28 de septiembre del año 2007 se celebró en Zaragoza el I Encuentro de Jóvenes Investigadores [añadimos ahora también e investigadoras] en Historia Contemporánea. La metodología y los objetivos de aquel “Congreso” parecerían hoy elementales si no fuera por un pequeño detalle: a la altura del año 2007 suponían una auténtica revelación. Si tenemos en cuenta que por aquel entonces era habitual que quie-nes comenzaban sus primeros pasos investigadores lo hicieran aprovechando los últimos cinco o diez minutos que seguían a la charla del pope de turno, podemos entender bien lo que supuso generar un espacio propio no disputado (y esa pronto dejó de ser la palabra adecuada) más que entre iguales.

Aún es más. No solo se trataba de agrandar lo que no había podido crecer hasta ese momento, sino de abrirlo, y compartirlo, en un nuevo entorno. Nacía así la “Mesa-taller” (o más bien era importada desde su modalidad anglosajona), permitiendo por un lado una cierta isegoría que rompía con la verticalidad universitaria que imperaba, y aún impera, en la Academia; y obligando, por otro, a salir de la cómoda burbuja de quien “defiende” su texto y se despide tras recoger un diploma, sin interactuar con nadie ni nada. Bueno… en esto hay quien todavía podría mejorar, pero creemos que se entiende lo que intentamos decir. El año 2007 fue un año importante para quienes nos precedieron: jóvenes, muchos de ellos también precarios (y precarias), que comenzaban a alimentarse profesional y personalmente de un modelo de trabajo que por fin tenía sentido, claro que el problema

(16)

16

iba a ser si luego, entre Encuentro, Tesis y Paper, se llegaría a “poder comer” de todo aquello…

Aquí seguimos, doce años después, en parecidas coordenadas.

El I Encuentro se ha convertido en el VII, y para ello ha peregrinado por múltiples sedes (Granada, Vitoria, Valencia, Barcelona y Granada, otra vez), y entre ellas, ha repe-tido dos veces en su ciudad natal: Zaragoza. Nuestro ha sido el orgullo, y en cierto modo también el calvario, de darle forma. Vosotros y vosotras habéis aportado el color. Con-juntamente hemos intentado que la Historia nos siga nutriendo. Para ello hemos apostado por temáticas que, por su relevancia actual, nos parecen fundamentales (feminismos, mar-xismos, pero no solo…). También hemos intentado aportar nuestro granito de originali-dad (los Scriptoria,1 gracias Granada por renovarles el contrato), sin olvidar, tampoco, que estábamos en nuestra propia ciudad y queríamos haceros sentir como en casa. Espe-ramos haberlo logrado.

Y por último, el fruto de todo este trabajo. Una colorida flota de libros digitales que llega con retraso, pero llega, para dejar prueba viviente de todo el esfuerzo y la ilusión que hemos derrochado durante estos largos años. Por nuestra parte hemos procurado cui-dar la edición tanto como el formato de publicación, para que ninguna agencia califica-dora degrade tantas miles de horas de trabajo. Ya sabéis de lo que hablamos. Méritos que se convierten en requisitos (siempre insuficientes), artículos que se multiplican casi por partenogénesis para engordar currículos, y esa asignatura inacabable que todos arrastra-mos, “Introducción a la burocracia y el papeleo”. Frente a todo esto, frente a la falta de oportunidades, de expectativas, incluso, necesitamos ahora más que nunca seguir gene-rando nuestros espacios propios, nuestros refugios, para que aunque cada día nos nieguen la comida, al menos nos alimentemos de aquello que nos pertenece por insistente voca-ción. La Historia. La nuestra.

Bon appétit!

1 Un Scriptoria es, o pretendía ser, una Mesa-taller sostenida en el tiempo antes y después del Encuentro

central de 2017. Un espacio de trabajo con formato y horizonte abierto, pero pensado para propiciar pro-yectos, iniciativas o contactos que sobrevivieran a cada congreso y donde el paper no fuera necesariamente un elemento central o imprescindible, sino una posibilidad más entre tantas.

(17)
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NACIONES EN CONFLICTO

I

NTRODUCCIÓN

Cristina Alquézar Villarroya Daniel Aquillué Domínguez Pablo Aguirre Herráinz

Campesinado, movimientos fascistas, relaciones entre estados europeos y america-nos, religiones y naciones son sujetos que atraviesan la Edad Contemporánea, que le han moldeado. De ello trata este volumen que presentamos. El liberalismo revolucionario dio forma a los Estados-nación en conflicto con la contrarrevolución. Ante ello, el campesi-nado se dividió, vivió transformaciones serias en sus modos tradicionales de vida, sufrió los impactos de las crisis y fue actor político.

A mediados del siglo XIX, una vez asentado en el poder, una parte del liberalismo devino en reaccionario, hilo que recogería en el siglo XX el fascismo, ante los temores que suscitaban en las elites los fantasmas revolucionarios, de un campesinado y proleta-riado que habían tomado el poder en Rusia. La nación, construida por la pugna de distintas culturas políticas, con o en contra de la religión, creó comunidades, integrando a unos y excluyendo a otros. En su seno y en su exterior, la nación derivó en conflicto, bien por motivos políticos, sociales, económicos, culturales o religiosos, siendo un sujeto y/o marco clave para comprender la contemporaneidad.

(19)

El Capítulo I tiene por título Sociedades campesinas en transformación. Un siglo de crisis, conflictividad y cambios en el sur europeo (1890-1986). En él se plantea el estudio de lo agrario y de lo rural como un ámbito clave para la comprensión general del cambio de siglo y de prácticamente todo el siglo XX. Dos hitos enmarcan claramente los artículos que podrán encontrarse en este primer capítulo –la crisis finisecular del siglo XIX y el establecimiento de la Política Agraria Común de los años ochenta del pasado siglo–, artículos, por otro lado, tratados desde distintas perspectivas social, política, eco-nómica y cultural.

Sus páginas se ocupan de las consecuencias sociales y económicas provocadas por los cambios de producción de cultivo en Reus y Alicante, así como de los movimientos agraristas que se desarrollaron durante el primer tercio del siglo XX. Se abordan asimismo las estructuras sindicales corporativistas agrarias de la dictadura franquista en el marco de la modernización del campo. Y a ello le siguen, en fin, los análisis sobre las resistencias y luchas campesinas ligadas a la Guerrilla aragonesa y levantina.

Los fascismos siguen fascinando tanto a una historiografía que no deja de abrir nuevas vías de investigación, como a la sociedad que sigue atravesada por pasados trau-máticos e incómodos. En ese sentido, el Capítulo II, dedicado a los nuevos retos en el estudio del fascismo coloca en la centralidad del debate la necesidad de trazar una pers-pectiva que supere casos demasiado concretos y locales para alcanzar interpretaciones generales.

Con dicho objetivo, las distintas aportaciones se centran en ejes como el enfoque de género en los estudios sobre el fascismo, cómo las dictaduras fascistas ejercieron po-líticas de control social a través de distintos resortes del poder, y las formas de abordar desde el presente el estudio de un pasado reciente que, no pocas veces, resulta muy pre-sente con las tensiones que ello conlleva.

En el Capítulo III, titulado Relaciones internacionales entre Europa y América, encontramos tres textos sobre las relaciones entre España y América durante la segunda mitad del siglo XX. Los tres intentan superar la tradicional historia diplomática e intro-ducir en los estudios de las relaciones internacionales nuevos enfoques transnacionales y comparativos. En concreto, se incluyen análisis sobre las redes de solidaridad creados en España con el Frente Sandinista de Revolución Nacional, sobre las conexiones entre los exiliados chilenos y el antifranquismo en Zaragoza durante y tras la Transición y sobre la

(20)

20

imagen que la España de Franco quiso introducir en Estados Unidos para evitar su aisla-miento internacional.

El Capítulo IV está dedicado al tema: Identidades, religión y nacionalización en el mundo contemporáneo. Los artículos que lo integran abarcan una línea temporal muy amplia, todo el siglo XIX y XX, situándose casi únicamente dentro de las fronteras espa-ñolas con la excepción de una mirada hacia Marruecos. Estos artículos analizan las rela-ciones entre lo político y lo religioso, concretamente entre el nacionalismo o la construc-ción nacional y la religión o los movimientos religiosos en la Murcia de la Guerra de la Independencia o en el caso del diputado Pedro de Prado y Baeza durante el Trienio Libe-ral.

También tratan el catolicismo de los años treinta y sus organizaciones, así como del catolicismo progresista que se desarrolló un par de décadas después. La secularización vivida en España durante los años setenta y ochenta y el nacionalismo vasco radical, son dos objetos de estudio que completan el capítulo. En fin, otro de los textos estudia los fenómenos nacionales marroquís ligados al Islam.

Estados y naciones en construcción y en conflicto atraviesan la contemporaneidad, estando en sus mismos orígenes con las crisis de las monarquías del Antiguo Régimen. De ello trata el Capítulo V, dedicado a pensar el estado e imaginar la nación. Y es que en la conformación y confrontación de los estados nacionales del siglo XIX intervinieron numerosos actores, muchos de los cuales se pueden conceptualizar en una pléyade de culturas políticas, desde el liberalismo al antiliberlismo, que en pocas ocasiones resulta-ron homogéneas.

Sin embargo, esas culturas políticas, con su plasmación en la prensa, sus héroes, su participación en la administración o en la revolución, nos permiten acercarnos a un mundo decimonónico en transformación. Y no sólo en una España que tantas veces se ha visto como algo excepcional, sin serlo, sino en un espacio más amplio, iberoamericano, que permite comparativas transnacionales que arrojan repertorios políticos, culturales, socia-les similares.

Todo ello, no solamente ha tenido un camino entre los profesionales de la Historia, sino que trasciende más allá, en usos y abusos de la historia, en mitos y contramitos, en la cultura popular, en los medios, en una historia pública en definitiva. Estos fenómenos

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son los que se han abordado en el Scriptoria I, que pretender arrojar luces sobre el mundo del largo siglo XIX y sus visiones de más rabiosa actualidad.

Con esto se cierra este volumen, enlazando los inicios de unas naciones en conflicto con sus visiones actuales, que no han dejado de ser, muchas veces, tan nacionalistas como las decimonónicas.

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CAPÍTULO I

S

OCIEDADES

C

AMPESINAS EN

T

RANSFORMACIÓN

.

U

N

S

IGLO DE

C

RISIS

,

C

ONFLICTIVIDAD Y

C

AMBIOS EN EL

S

UR

E

UROPEO

(1890-1986)

Bruno Esperante Paramos (Universidade de Santiago de Compostela) Cristian Ferrer González (Universitat Autònoma de Barcelona) Natalia Jorge Pereira (Universidade de Santiago de Compostela) Telmo Otero Rodríguez (Universidade de Santiago de Compostela)

Guillem Puig Vallverdú (Universitat Rovira i Virgili)

Los trabajos centrados en el análisis de la historia agraria y rural son una parte fun-damental de la historiografía contemporánea. Después de años de impase, ha resurgido el interés por las investigaciones sobre el mundo rural como uno de los ámbitos de investi-gación más prolíficos del último lustro y muy particularmente sobre la dictadura fran-quista.1 Para quienes propusimos y coordinamos este taller, si se aspira a realizar un

diag-nóstico completo de las situaciones que a día de hoy afectan tanto a espacios rurales como urbanos, resultaba imprescindible una mirada hacia la génesis de los procesos de trans-formación que experimentaron y, a menudo, protagonizaron las gentes de los entornos

1 Antonio HERRERA y John MARKOFF (eds.): “Democracia y mundo rural en España”, dossier en Ayer,

89 (2013); Martí MARÍN: “Els estudis sobre el franquisme català i a Catalunya, 2001-2016. Una desaccel-eració”, Journal of Catalan Studies, 20 (2017), pp. 22-33.

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rurales en la Europa meridional durante la última centuria. Considerábamos que la lla-mada “historia general” podía verse beneficiada con las aportaciones de los y las comu-nicantes sobre estudios de caso que pudieran sugerir debates de índole comparativo, como modestamente creemos que así ha sido.

La mesa-taller que coordinamos se planteó, pues, como un punto de encuentro en el que compartir y debatir distintas dinámicas relativas tanto a la agricultura como a los campesinos en el marco de la Europa meridional desde la crisis de finales del siglo XIX hasta el desarrollo de la Política Agraria Común, en los años ochenta del siglo XX. El objetivo explícito era ahondar, desde una perspectiva de largo recorrido, en los conflictos protagonizados por unas clases consideradas pasivas y apáticas, cuando no conservadoras y contrarrevolucionarias con relación a su realidad cambiante, tanto a nivel político, como social, cultural, económico o ambiental.

Con la llegada de las propuestas de comunicación, que el lector encontrará a conti-nuación, se fue construyendo el taller entorno a dos polos de interés bien diferenciados. Por una parte, se presentaron textos con enfoques más ligados a la historia agraria, tra-tando temas esencialmente sociales y económicos, mientras que otras investigaciones es-tuvieron más próximas a los estudios de la historia rural, priorizando la atención en el análisis de la acción y la organización política en el mundo rural. Tampoco faltaron pro-puestas que intentaban combinar ambas preocupaciones o algunas que, si bien podían enmarcarse en uno de estos dos aspectos, no dejaban por ello de realizar valiosas suge-rencias útiles para ser pensadas desde perspectivas distintas.

Mas allá de estas dos grandes áreas definidas entre la historia agraria y la rural, las propuestas abordaron marcos, tanto geográficos como cronológicos, variados, lo que a nuestro parecer representó un valor en sí mismo. Territorialmente, predominaron los tex-tos centrados en la agricultura del arco mediterráneo de la península ibérica, mientras que a nivel cronológico habría que indicar una preocupación mayoritaria por los años de la crisis agraria de finales del siglo XIX, como manifestaron los estudios presentados por Eduard Arnal, Francesc Fortuño y Ramón Santonja. Sin embargo, el amplio abanico tem-poral dio cabida a estudios cuyos contextos político-institucionales abastaban desde regí-menes liberales no democráticos de finales del ochocientos, a sistemas políticos totalita-rios como las dictaduras de Salazar y de Franco.

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25 Los efectos colaterales de la crisis finisecular, fundamentalmente la caída de precios agrícolas en Europa y la globalización del mercado de alimentos, se revelaron como fun-damentales para abordar las últimas décadas del ochocientos, entendido como un punto de no retorno para la agricultura. Esto es, a partir de aquel momento los cambios tecno-lógicos experimentaron una aceleración formidable en todos los ámbitos de la agricultura con el fin de ampliar tanto la capacidad de producción como de consolidar distintas espe-cializaciones productivas. A nivel social, la crisis implicó cambios sin precedentes en las sociedades campesinas europeas. En este ámbito, uno de los casos tratados en la sesión vino de la mano de Eduard Arnal, cuyo texto abordaba los efectos sociales y económicos del cambio productivo en la transición entre la producción vitivinícola y la avellana en la comarca catalana de Reus. Un proceso similar al que experimentó la agricultura del sur alicantino expuesta por Ramón Santonja, caracterizado por la transformación del cul-tivo, de la vid al de los agrios, en un abanico temporal que abordaba de finales del siglo XIX a buena parte de la siguiente centuria. Fuera la transición productiva entre el vino y la avellana o los agrios en el Mediterráneo, o bien entre la carne y la leche en las agricul-turas de las regiones atlánticas, estos procesos de cambio productivo tuvieron interés pre-ferente en este bloque de la sesión. Se debatió profusamente sobre el trasfondo que im-plicó una producción agrícola mayoritariamente condicionada por el mercado internacio-nal, estando cada vez más integrada en el mismo y, por lo tanto, determinado éste último la evolución de los sistemas agrícolas en un contexto de formación del capitalismo en las comunidades rurales.

El debate enmarcado en las cuestiones próximas a la historia agraria continuó cen-trándose en las circunstancias socio-institucionales del primer tercio del siglo XX. Se incidió en la importancia de analizar el rol de los potentes entramados asociativos del campesinado refiriéndose a la construcción del movimiento “agrarista” en Galicia al am-paro de la dinámica política liberal de la Restauración. En otras partes de la península y de Europa, el agrarismo se entendió como un síntoma de la expansión del grado de poli-tización de las sociedades campesinas ejemplificados con los numerosos partidos agraris-tas surgidos bajo esas circunstancias en Europa. En este punto, hubo cierta preocupación conceptual por definir toda esta oleada de cambios productivos y sociales en la agricultura

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y el campesinado. Aparecieron términos como el de “peasant friendly”,2 del que se

reco-nocía su encaje para el periodo 1890-1936, definida por la capacidad del campesinado por adaptar las innovaciones tecnológicas a sus propias necesidades gracias a la labor de mediación de ese entramado asociativo –agrarismo– con el mercado y el Estado.

A lo largo de la sesión, la centralidad del debate orbitó alrededor de la articulación del mundo rural durante los regímenes dictatoriales del franquismo y el salazarismo. Des-truido el marco social previo, se implementó un sistema sindical vertical y de corte cor-porativo, tanto en la industria como en el campo. Para el caso español, los pactos de Ma-drid de 1953 con los Estados Unidos, y la creación de instituciones clave como el Servicio de Extensión Agraria en 1955, fueron consolidando un cambio de paradigma para la agri-cultura, en el que se abordó desde la perspectiva de la “Green Revolution”.3 Entre otras cuestiones tratadas, se propusieron debates acerca del grado de transformaciones entre la era del “peasant friendly” y la era de la revolución verde, además de realizar un ejercicio comparativo entre dicha evolución y la experimentada en la dictadura de Salazar.

La aportación de Francesc Fortuño sirvió para plantear un análisis sobre la cons-trucción de las estructuras sindicales en la formación del Nuevo Estado franquista. Para un sistema que fue definido en su día como “fascismo rural”,4 los errores de planificación en ese tipo de proyectos cooperativistas y la incapacidad de las autoridades franquistas para adaptarse a las condiciones particulares del medio rural a la hora de definir una po-lítica agraria acorde al espacio en el cual se pretendía implantar fueron factores que no permitieron el asentamiento del corporativismo franquista como una estructura efectiva de control del campo. La investigación de Natalia Magalhães5 sirvió para analizar otra

experiencia equivalente sobre el sindicalismo vertical y corporativo en el campo portu-gués durante el salazarismo, en el que se mostraron puntos de conexión entre las expe-riencias sociales campesinas entre el entramado sindical luso y otros organismos

2 Jonathan HARWOOD: Europe’s Green Revolution and Other Since. The Rise and Fall of Peasant-Friendly Plant Breeding, Routledge, London, 2012.

3 Wilson PICADO UMAÑA: “Breve historia semántica de la Revolución Verde”, en Daniel LANERO y

Dulce FREIRE: Agriculturas e innovación tecnológica en la península ibérica (1946-1975), Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Madrid, 2011.

4 José Antonio BIESCA y Manuel TUÑÓN DE LARA: España bajo la dictadura franquista (1939-1975),

Barcelona, Labor, 1980, p. 18.

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27 lentes para el caso español, como las Cámaras Oficiales Sindicales Agrarias y las Her-mandades de Labradores y Ganaderos. El debate en este extremo puso énfasis en el aná-lisis de estos entramados corporativos y su capacidad de influencia en las comunidades campesinas como mediadores en la transmisión de políticas de modernización agraria. Se trajo también a colación el caso de Galicia, que, con una gran trayectoria en este tipo de cuestiones, permitió valorar la capacidad de actuación e influencia del sindicalismo fran-quista, la cual se estimó como realmente limitada.6 Entre otros factores, se señaló la

es-casa afinidad de los campesinos con aquellos organismos, aunque realmente no por eso dejaría de aumentar la presencia acciones modernizadoras y la paulatina inserción del modelo de agricultura industrializado en el medio rural. Contrastaría esto con el estudio de Magalhães, según el cual los Gremios da Lavoura sí que habrían logrado una amplia difusión en el medio rural, así como el entendimiento con las comunidades campesinas. De modo que en Portugal el corporativismo agrario sí que habría cumplido un papel real de transmisor de iniciativas de modernización agraria, lo que constituyó una experiencia sumamente interesante para comparar franquismo y salazarismo.

En relación con la “modernización” agraria iniciada en la década de 1950, hubo algunas cuestiones planteadas que suscitaron debate. Se señalaron, por ejemplo, las hipó-tesis de la necesidad de los regímenes dictatoriales en España y Portugal de cara a man-tener una baja inflación y, por lo tanto, a practicar una política de contención de los pre-cios agrarios en post del desarrollo industrial. En ambos casos, se habría hecho uso de las estructuras de intervención en el campo –ya que entre sus funciones se encontraba la de controlar los precios agrarios–, así como por otra parte las cooperativas, teniendo en cuenta el caso presentado en la región del Priorat por Francesc Fortuño. Sin embargo, se pudo observar, respecto a la misma, el escaso éxito obtenido. De esta forma, en el taller se cuestionaron los factores que causaron aquellos déficits. Entre otras conclusiones, se señalaron errores de planificación en este tipo de proyectos cooperativistas y la incapaci-dad de las autoriincapaci-dades franquistas para adaptarse a las condiciones particulares del medio rural a la hora de definir una política agraria acorde al espacio en el cual se pretendía implantar.

6 Daniel LANERO: Historia dun ermo asociativo: labregos, sindicatos verticais e políticas agrarias en Galicia baixo o franquismo, Tescetres, Santa Comba, 2011.

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Otro de los elementos derivados de la “modernización” agraria fueron los enormes cambios tecnológicos experimentados por las agriculturas, ya no sólo de la península, sino especialmente en las europeas tras la Segunda Guerra Mundial. La agricultura se motorizó y, en ciertas regiones, expulsó mano de obra, modificando sustancialmente la organización del trabajo campesino. En aquel contexto se produjeron particulares itinera-rios de especialización productiva en cada área geográfica. En el caso de estudio de For-tuño se dio cuenta de las especializaciones vitivinícolas de protección mediante la apari-ción de las Denominaciones de Origen del producto. En otros casos, muy claramente en el sud alicantino del País Valenciano, la especialización transcurrió del vino en siglo XIX a la naranja, como señaló Arnal.

Por hacer un aparte con estas cuestiones, se constataron ciertas diferencias en los distintos caminos de adopción de nuevas tecnologías. Por ejemplo, en el sur alicantino, expuesto en el trabajo de Ramón Santonja, se indicó la escasa mecanización y lentitud a la hora de incorporar innovaciones al proceso productivo. Se señalaron incluso resisten-cias prolongadas en el tiempo a las nuevas técnicas de cultivo como en el caso del ave-llano de Reus. ¿Afectaron estos cambios o transiciones, como la del viñedo al aveave-llano, a la estructura social del campesinado? Esta última cuestión centró el debate final, ce-rrando este primer bloque de la sesión con cuestiones ligadas al grado de capitalización de estas agriculturas en cuanto a la inclusión de mejoras obtenidas en el mercado. Se plantearon también contrastes con otras zonas de la península, tal el caso por ejemplo de la agricultura en Galicia y norte de Portugal. En Galicia, concretamente, se señaló el éxito de las innovaciones tecnológicas en el primer tercio del siglo XX que diversas investiga-ciones han señalado.7

En otro tercio, las aportaciones realizadas en el ámbito más estrictamente vinculado a la historia política, social y cultural del mundo rural trajeron interesantes elementos para el debate, que permitieron contrastar lo acaecido en niveles estructurales o macroeconó-micos y abordar los cambios sociales que los procesos de transformación generaron entre las gentes del campo. Lo político emergió como un amplio y plural ámbito de

7 Lourenzo FERNÁNDEZ PRIETO: Labregos con ciencia. Estado, sociedade e innovación tecnolóxica na agricultura galega (1850-1939), Xerais, Vigo, 1992.

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29 ción sobre lo rural que permitía hacerse cargo de sus transformaciones sociales más pro-fundas. Más allá de las investigaciones concretas sobre sindicalismo agrario y movi-miento guerrillero de base rural, irrumpió la cuestión: ¿en qué medida y grado el campe-sinado fue un sujeto pasivo en las coyunturas políticas analizadas? ¿Cómo convivió con las dictaduras?

A este respecto el texto de Raül González aportó cuestiones interesantes y que fueron ampliamente debatidas. Su investigación se centraba en la cuestión de los soportes rurales de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, uno de los temas, el de los apoyos sociales durante el franquismo, que ha centrado la atención de los investigadores en las últimas décadas y que más ha permitido avanzar en el conocimiento sobre la dic-tadura “a ras de suelo”.8 Lejos de lo que ha venido sosteniendo parte de la historiografía, el texto de González mostraba que los maquis no fueron personas ajenas a los entornos sobre los que actuaban, sino que, muy al contrario, solía haber un gran número de contin-gentes oriundos del terreno. Además, su extracción social era de pequeños campesinos pobres, aparceros y campesinos sin tierra. A partir de ahí, González planteó una vincula-ción entre conflictividad campesina y lucha guerrillera o, dicho de otro modo, ¿no era la guerrilla un modo extremo de lucha de clases en el campo en el contexto de una dictadura que no contemplaba espacios reglados de disidencia? En el debate surgió al respeto, aun-que no se profundizó en ello, la noción scottiana de las weapon of the weaks,9 que han permitido a las investigadoras e investigadores del mundo rural poner la lupa en el amplio abanico de formas de resistencia ante la política agraria del nuevo régimen.10

Todo ello introdujo cuestiones de múltiples implicaciones, tales como las identida-des sociales, así como también las políticas del campesinado, ámbito en el que la contri-bución de Javier García11 sobre los jornaleros andaluces del Sindicato de Obreros del

8 Mercedes YUSTA: “El campesinado y la vertiente social de la guerrilla”, en Julio ARÓSTEGUI y Jorge

MARCO (eds.): El último frente. La resistencia armada antifranquista en España, 1939-1952, Madrid, Catarata, 2008. Una panorámica más amplia en Claudio HERNÁNDEZ BURGOS: Franquismo a ras de

suelo. Zonas grises, apoyos sociales y actitudes durante la dictadura (1936-1976), Granada, Ediciones de

la Universidad de Granada, 2013.

9 James C. SCOTT: Weapons of the weak: everyday forms of peasant resistance, Yale Univeristy Press,

New Haven, 1985; Ana CABANA: “James C. Scott y el estudio de los dominados: su aplicación a la historia contemporánea”, Historia Social, 77 (2013), pp. 73-93.

10 Ana CABANA: “Minar la paz social. Retrato de la conflictividad rural en Galicia durante el primer

franquismo”, Ayer, 6 (2006), pp. 267-288.

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Campo planteó aspectos que conviene destacar. Se planteó una discusión sobre los víncu-los estructurales de propiedad y producción con relación a la autopercepción de víncu-los cam-pesinos como clase social y, a su vez, la noción de conflicto o de movilización sociopo-lítica como los elementos de cristalización de la identidad. Para García el SOC, fundado en agosto de 1976, enlazaría con las tradiciones arraigadas en el sindicalismo jornalero andaluz de raíz anarquista, con elementos del catolicismo progresista y encuadrado en el comunismo de tendencia maoísta que representaba el Partido del Trabajo en la transición a la democracia parlamentaria. Para Javier García la identidad jornalera que el SOC re-presentaba estaba vinculada a la tierra, entendida tanto como factor económico y medio de producción como de elemento territorial, el de país. En el análisis de las propuestas del SOC el texto de García adolecía, sin embargo, de una mirada más amplia que le hu-biera permitido constatar que buena parte del programa agrario del SOC estaba también presente en otras organizaciones sindicales. Si la búsqueda de elementos específicos del SOC pasaba solamente por el análisis de su programa revolucionario, éste se mostraba a todas luces insuficiente para discernir dichas especificidades, pues en gran medida las Comisiones Campesinas vinculadas al Partido Comunista sostenían un proyecto aná-logo.12

La de Javier García era la única investigación que trataba, si bien tangencialmente, la cuestión de las mujeres en el campo. Éstas, las mujeres, fueron, sin lugar a duda, las grandes ausentes en los debates a pesar de constituir elementos axiales en la vida campe-sina y, en este sentido, una de las más grandes carencias del taller. No se trataba tanto de integrar en los relatos las tareas de reproducción, que son fundamentales, sino de resaltar la centralidad de la invisibilidad del trabajo femenino en el desarrollo de la vida en el campo. Aunque las cuestiones de género no fueron las únicas que no fueron abordadas todo lo satisfactoriamente que cabría esperar en el taller. Otra de las faltas correspondió a cuestiones sobre la estructura de clases en el campo. Si bien ninguno de los textos lo trataba monográficamente, en su totalidad ésta era una cuestión que aparecía como rele-vante. Sin embargo, la clase se la daba por hecho y era abordada como una cuestión me-ramente estructural, derivada de la posición que el campesinado ocupa con relación a los

12 Candela FUENTES y Francisco COBO ROMERO: La tierra para quien la trabaja. Los comunistas, la sociedad rural andaluza y la conquista de la democracia (1956-1983), Granada, Ediciones de la

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31 medios productivos, y no como un marco también cultural e identitario para la moviliza-ción.13

Por último, nos interesaba desarrollar un debate alrededor de las fuentes empleadas o aquellas que se podían emplear para el estudio de las sociedades campesinas contem-poráneas más allá de los textos presentados. Fuentes primarias, secundarias, su compleji-dad en su tratamiento o los límites de las fuentes “oficiales” para analizar identicompleji-dades campesinas o lógicas de reproducción. Por ejemplo, ¿hasta qué punto son de utilidad las fuentes del Estado, especialmente las relacionadas con el corporativismo sindical, ya sean las Hermandades de Labradores y Ganaderos, o los Gremios da Lavoura en Portugal, para comprender a través de ellas identidades campesinas, o percepciones ideológicas del cam-pesinado? ¿Qué hay del recurso a fuentes alternativas como la historia oral? En general estas cuestiones plantearon más interrogantes que respuestas, lo que en quienes atende-mos a la historia como un problema a ser resuelto no deja de sugerirnos nuevas vías, nuevas perspectivas, para atender a este medio, el rural y agrario, que en Zaragoza volvió a mostrar su vitalidad y potencialidad para la renovación historiográfica.

13 Geoff ELEY y Keith NIELD: El futuro de la clase en la historia. ¿Qué queda de lo social?, València,

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Crisis y transformación agraria en el Camp de Tarragona.

La implantación y comercialización de la avellana

Crisis and agrarian transformation in El Camp de Tarragona area.

The implantation and commercialization of the hazelnut

Eduard Arnal Boada

Resumen

Reus fue a partir del siglo XVIII un centro de comercialización y exportación de vino y aguardiente de importancia internacional. La crisis de la filoxera, sin embargo, golpeó fuertemente un territorio que siempre se había dedicado a la viña. Los agricultores y comerciantes de la zona decidieron cambiar de tipo de cultivo y optaron por el avellano, hasta el momento residual en el territorio. Esa reinvención fue posible gracias al esfuerzo de unos campesinos que se atrevieron a innovar y, a la vez, los exportadores supieron adaptar con éxito los antiguos canales de distribución de productos vitivinícolas.

Palabras clave

Viña, filoxera, avellano, Reus, Camp de Tarragona.

Abstract

From the seventeenth Century, Reus has been both a trading and exporting point concerning wine and brandy. Its importance is internationally as well as widely known. Nevertheless, the phylloxera crisis struck this very territory that had always been focused on the wine growth. The agricultors and the people in charge of selling it opted for the hazel, which had always been a residual issue in that area. This evolution was possible thanks, on the one hand, to the effort of those peasants who were brave enough to innovate themselves, and at the same time, on the other hand, to the exporters who were able to successfully adapt the old distribution channels referring to the wine-growing products.

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Key Words

Vineyard, phylloxera, hazel, Reus, Camp de Tarragona.

Introducción

Reus obtuvo la autorización real para realizar mercado en el siglo XIV por parte del rey Jaime II. Desde entonces la ciudad ha sido uno de los principales centros de comercio agrícola del sur de Cataluña. La facilidad de acceso al centro de la llanura del Camp de Tarragona,1 la seguridad (Reus no era un municipio costero abierta a la piratería) y la

proximidad al puerto de Salou favorecieron su crecimiento.2 La ciudad empezó a valerse

del puerto de Salou para canalizar los excedentes agrícolas de las comarcas circundantes y, a partir del siglo XVI, de este puerto salían casi la mitad de las exportaciones agrícolas de Cataluña.3

La viña era el cultivo mayoritario de Reus y su entorno, y pasó a ser un monocultivo en amplias zonas del Camp de Tarragona y el Penedès.4 Esta especialización fue

favorecida por el incremento de los precios del vino y el aguardiente. En las últimas décadas del siglo XVII, el crecimiento de la demanda en los mercados atlánticos convirtió la ciudad de Reus en uno de los principales centros exportadores hacia el norte de Europa.5

Además, el enfrentamiento entre Francia (principal productor mundial de vino y aguardiente) y Holanda en la guerra franco-neerlandesa (1672-1678) comportó el truncamiento comercial entre estos países. El boicot holandés a la producción francesa

1 La zona del Camp de Tarragona incluye las comarcas del Tarragonès (con capital en Tarragona), Baix

Camp (Reus) y Alt Camp (Valls), aunque desde un punto de vista más amplio, y basándose en la relaciones comerciales, también se puede incluir la comarca del Priorat (Falset) y la Conca de Barberá (Montblanc).

2 Pere ANGUERA (dir.): Història general de Reus, Vol. 2, Reus, Ajuntament de Reus, 2003. 3 Pierre VILAR: Catalunya dins l’Espanya moderna, Vol. 4, Barcelona, Edicions 62, 1986.

4 Carles MARTÍNEZ SHAW: “El comerç català, del Mediterrani a l’Atlàntic”, en Josep Maria DELGADO

(ed.): El comerç entre Catalunya i Amèrica, segles XVIII i XIX, Barcelona, Editorial l’Avenç, 1986.

5 Mercè LÓPEZ IZQUIERDO: Un exemple del comerç català del segle XVIII: Els March de Reus, Reus,

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obligó a sus comerciantes a buscar nuevos mercados al sur de Europa y representó para la economía catalana el crecimiento coyuntural de sus exportaciones.6

El siglo XVIII

En Reus y en la mayoría de los pueblos del Camp de Tarragona el cultivo de la viña ya ocupaba, en el siglo XVIII y según datos catastrales, más del 50% del territorio cultivado. Sin embargo, los viñedos no estaban extendidos de igual manera en el territorio y las zonas cercanas al litoral fueron las primeras que se especializaron en la viticultura.7

La viña avanzó gracias a las nuevas roturaciones de terreno y también porque sustituyó, en parte, al cereal y al olivo.8

La demanda de vino y aguardiente impulsó la economía local y consolidó la capitalidad económica de Reus sobre una región cada vez más extensa. Reus se convirtió en el siglo XVIII en la segunda ciudad en número de habitantes de Cataluña y en el principal mercado de aguardiente del sur de Europa: “su mercado fijaba semanalmente el precio de este producto en los mercados peninsulares y europeos”.9

A partir de la documentación de las distintas casas comerciales que trabajaban en el puerto de Salou se puede ver la destinación del aguardiente en el siglo XVIII. Los barcos se dirigían a los principales puertos franceses situados en el Canal de la Mancha (Dunkerque, Honfleur, Boulogne, Saint Valery, Rouen y Calais) además de Amsterdam y Ostende en los Países Bajos. También constan puertos alemanes del Mar del Norte, como Hamburgo, y del Mar Báltico, como Lúbeck i Copenhague. A la vez, algunos barcos catalanes también se dirigían a los puertos de Cádiz y Puerto de Santa María orientados al mercado colonial.10 Los comerciantes reusenses de aguardiente también importaban

productos provenientes de América, como tabaco, azúcar o cacao, y así como salazón de

6 Emili GIRALT: “Tradició i innovació en l’agricultura del segle XIX”, en Francesc CABANA (ed.): Història econòmica de la Catalunya contemporània Vol. II, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1990. 7 Agustí SEGARRA I BLASCO: L’economia de Reus al segle XVIII: El comerç de l’aiguardent, Reus,

Centre de Lectura de Reus, 1988.

8 Pierre VILAR: Catalunya dins l’Espanya moderna...

9 Emili GIRALT (dir.): Història agrària dels Països Catalans, Vol. 3, Barcelona, Publicacions i Edicions

de la Universistat de Barcelona, 2006, p. 285.

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35 pescado y manufacturas que llegaban del Atlántico Norte.11 Por lo tanto, Reus pasó a ser,

en el siglo XVIII, un importante centro exportador, importador y distribuidor de todo tipo de productos a nivel internacional.

La acumulación de capitales provenientes del comercio impulsó en Reus el crecimiento de las manufacturas y se crearon las condiciones necesarias para el nacimiento de las fábricas textiles e hiladoras de algodón que abrieron el proceso de industrialización. Por esta razón Reus tuvo un papel muy relevante en el proceso de transformación social y económica que llevó al nacimiento de la Cataluña contemporánea. A inicios del siglo XVIII Reus contaba con un censo que no llegaba a las 4000 personas mientras que en el censo de Floridablanca del año 1787 la población de Reus llegaba a los 14.440 habitantes.12 De este momento histórico viene también la

expresión “Reus, París y Londres”, debido a que los mercados de estas tres ciudades eran los encargados de marcar el precio del vino y el aguardiente a nivel internacional.

Sin embargo, varios conflictos bélicos en los que participó España llevaron el comercio del aguardiente a una profunda crisis. España entró en guerra con la Francia revolucionaria (1793) y con Gran Bretaña (1796). Por esta razón se paralizó la navegación atlántica y el puerto de Salou quedó desconectado de sus destinos comerciales.13

En el siglo XVIII también se propuso desde Reus la construcción de un canal navegable que uniera la ciudad con el puerto de Salou. Este proyecto hubiera permitido abaratar y facilitar el transporte de mercancías a la vez que reforzar la capitalidad comercial de Reus. El ayuntamiento de la ciudad puso la primera piedra de este proyecto en el año 1805 pero la oposición de Tarragona y el inicio de la guerra de la Independencia española (1808-14) imposibilitaron el proyecto.14

11 Ezequiel GORT JUANPERE: “Reus, París i Londres”, Carrutxa (2003),

http://www.carrutxa.cat/biblio-teca/index.php?cerca=GORT%20JUANPERE,%20EZEQUIEL&arxiu=fitxa&origen=autor&iid=41 [con-sulta 3 de febrero 2017].

12 Pere ANGUERA, Ezequiel GORT y Jordi MÈLICH: Aproximació a la historia de Reus, Vol. 1, Reus,

Ajuntament de Reus, 1984.

13 Agustí SEGARRA I BLASCO: L’economia de Reus al segle XVIII...

14 Meritxell GISBERT: “El Canal Navegable de Reus a Salou”, Revista del Centre de Lectura (2016),

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El siglo XIX

En el siglo XIX la crisis comercial se agravó, hecho que se puede explicar por múltiples causas. Una de ellas fue la pérdida del monopolio colonial y la independencia de las colonias. También cabe señalar la elevada competencia que presentaban las zonas productoras francesas, las cuales utilizaron técnicas más refinadas de destilación. Por último, cabe destacar la dependencia de los comerciantes reusenses hacia las estructuras comerciales extranjeras, principalmente los mercaderes provenientes del norte de Europa.15

A pesar de las guerras de finales del siglo XVIII y la primera década del XIX, a Reus había 35 casas dedicadas al comercio y se seguían exportando las cosechas, así como los productos de las industrias locales, a nivel europeo. El empuje de la exportación se podía evidenciar por la presencia en el año 1821 de consulados en Reus de los Estados Unidos, Dinamarca, Suecia y Noruega, Holanda, Prusia, Inglaterra, Austria, Bohemia, los Estados Pontificios y Cerdeña.16 Por lo tanto, y a pesar de la crisis, Reus continuaba

manteniendo el peso estratégico que había tenido hasta el momento. Destaca también, tal como indica Pere Anguera, la importancia del comercio reusense desde tres vertientes:

[…] como centro del comercio al por menor de productos de subsistencia y de primera necesidad en la plaza; como capital económica de la comarca canalizando los excedentes agrícolas y, a la vez, como centro exportador/importador a través del puerto de Salou hacia los mercados extranjeros.17

Aunque el puerto de Salou siguió siendo la puerta de salida del comercio reusense la situación cambió a partir del año 1833, cuando estalló la Primera Guerra Carlina (1833-40). La situación aconsejó la utilización del puerto de Tarragona y algunas casas comerciales reusenses empezaron a abrir delegaciones en este puerto.18

Distintos documentos del siglo XIX muestran constantemente una sensación de crisis en el comercio, especialmente negativa si se tiene en cuenta el papel destacado de la ciudad en el siglo XVIII. Es un ejemplo de esto el fragmento de un artículo aparecido

15 Agustí SEGARRA I BLASCO: L’economia de Reus al segle XVIII... 16 Ibid.

17 Pere ANGUERA: Economia i societat al Baix Camp a mitjans segle XIX, Tarragona, Col·legi

d’Apare-lladors i Arquitectes Tècnics de Tarragona, p. 149.

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37 en el Diario de Reus en 1860:

Todavía existen en nuestra sociedad hombres que fueron testigos oculares de la preponderancia que sobre todos los mercados de Europa ejercía la plaza de nuestra población... El puerto de Salou estaba continuamente lleno de buques extranjeros a la carga y por la diversidad de idiomas entre los tripulantes, parecía que en aquel puerto se habían reunido todas las naciones del universo, y la extendida playa se hallaba continuamente cubierta de pipas preparadas para la exportación. Figuremos cuantos beneficios debía reportar este movimiento a la agricultura y a la industria.19

A principios de la década de los 50 del siglo XIX, al confirmarse la consolidación de la plaza comercial de Tarragona –iniciada veinte años antes– y el abandono del puerto de Salou como punto de salida de las mercancías, se produjo la pérdida del control directo reusense de la comercialización final de los productos. A esta crisis comercial también se le debe añadir la aparición de Tortosa como capital comercial de la Ribera (su mercado pasó a ser receptor de parte de la producción que antes se llevaba a Reus) y la acción del oídio20 en la vid, la cual perjudicaba la producción de vino y aguardiente.21

A finales del siglo XIX, se volvió a vivir un período de euforia económica a causa de la destrucción de las viñas francesas por la filoxera.22 El corto período de tiempo en

que Francia se vio afectada por la filoxera pero España no, supuso un gran impulso para la economía del sur de Cataluña. Muchos terrenos boscosos se roturaron para cultivar la vid (en la provincia de Tarragona se plantaron 30.000 hectáreas de viñedos en 10 años) y la exportación de productos vitivinícolas hacia Francia se quintuplicó. La euforia, sin embargo, duró poco. Entre 1879 y 1910 la filoxera destruyó la totalidad de los viñedos catalanes.23

La llegada de la filoxera tuvo unas consecuencias de largo abasto en el sector agrario. Como indica Montserrat Soronellas:

19 Pere ANGUERA (dir.): Història general de Reus, Vol. 3, Reus, Ajuntament de Reus, 2003, p. 36. 20 El oídio es una enfermedad de la vid, causada por el hongo Uncinula necator, que ataca las hojas de la

planta. Llegó a Europa en el siglo XIX proveniente de América.

21 Pere ANGUERA: Economia i societat al Baix Camp a mitjans segle XIX...

22 La filoxera (Dactylosphaera vitifoliae o Phylloxera vastratix) es un insecto hemíptero, parásito de la vid,

originario de Estados Unidos, que llegó a Europa en 1863 y causó la destrucción de prácticamente todos los viñedos europeos.

23 Anna FIGUERAS: “De la vinya a l’avellaner”, en Albert ARNAVAT (dir.): Reus 1900. Segona ciutat de Catalunya, Reus, Ajuntament de Reus/Fundació “la Caixa”, 1998.

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La destrucción de las viñas también provocó cambios en el campo catalán: movilizaciones sociales, transformación de los cultivos, dinamización del asociacionismo, abandono de la actividad agraria, tecnificación y estrategias de aumento de la productividad para hacer frente a la amortización de los gastos generados por la conversión de las explotaciones. Todo sumado dibuja una situación de crisis que pide renovarse o abandonar. Muchos optaron por la segunda opción, hecho que cambió el panorama de la distribución demográfica y social de Catalunya. Pero los que decidieron quedarse y renovar tuvieron que adaptarse a las circunstancias e introducir nuevas estrategias en su reproducción social.24

Este hecho parecía haber tocado de muerte un territorio que dependía a nivel agrícola y comercial de un casi monocultivo. Las decisiones que se tomaron en este momento propiciaron una reestructuración agrícola que marcó de forma trascendental el desarrollo del sector primario en el Camp de Tarragona a lo largo del siglo XX.

Un cultivo secundario hasta el momento: el avellano

La solución más utilizada en Cataluña para hacer frente al problema de la filoxera fue injertar las cepas con pies americanos resistentes a dicha enfermedad. Este cambio se realizó en zonas como el Penedès o el Priorat que, de la misma forma que el Camp de Tarragona, tradicionalmente se habían dedicado a la viticultura.

Sin embargo, en Reus y sus alrededores se apostó también por un cultivo que hasta el momento era, aunque presente, secundario en la zona: el avellano. Las referencias históricas más antiguas que se encuentran en el Camp de Tarragona sobre el avellano son del siglo XIII, concretamente del año 1296 a la Selva del Camp. A partir del siglo XV este cultivo ya tomó cierto impulso y en el año 1472 consta que, en este pueblo, se pagó el diezmo al Arzobispo con avellanas.25

Su cultivo empezó a las zonas montañosas del noroeste del Camp de Tarragona y se fue expandiendo a otras tierras vecinas. Josepa Cardó, a partir del estudio del catastro, muestra la relativa importancia que tenía el cultivo del avellano en el siglo XVIII. Encontramos su presencia en los pueblos al pie de las montañas que cierran el Camp de

24 Montserrat SORONELLAS: Pagesos en un món de canvis. Família i associacions agràries, Tarragona,

Publicacions URV, 2006, p. 100.

25 Joan PIE i FAIDELLA: Annals inèdits de la vila de la Selva el Camp, Tarragona, Institut d’Estudis

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39 Tarragona: en la Selva del Camp representaba un 26% del suelo cultivado, en Vilaplana un 10%, en Aleixar un 8% o en Alforja un 6%. En el llano, sin embargo, la presencia del avellano era casi insignificante: en Reus, en el año 1790, el avellano solo ocupaba un 0,35% de las tierras cultivadas.26

El avellano resistió la presión de la viña y aprovechó las oportunidades que generó la expansión del comercio atlántico. Consta que a finales del siglo XVIII la avellana se convirtió también en uno de los productos que los bacaladeros ingleses cargaban en sus viajes de vuelta.27

Según Joan Pijoan, a mediados del siglo XIX las exportaciones de avellana ya eran relativamente importantes. Los principales mercados receptores de este fruto seco eran los ingleses: Londres y Liverpool. Por ejemplo, se sabe que entre 1843 y 1845 se exportaron un total de 34.423 sacos de avellana en cáscara, los cuales procedían principalmente de pueblos de las estribaciones del Camp de Tarragona, como la Selva del Camp, Aleixar o Vilaplana.28

A lo largo del siglo XIX la presencia del avellano aumentó notablemente, mucho antes de la llegada de la filoxera. Josepa Cardó, basándose en el análisis de amillaramientos realizados por los municipios a inicios de siglo XIX y en la segunda mitad del mismo siglo, puede acreditar esta tendencia expansiva –aunque aún muy lejos de aproximarse al predominio de los viñedos–. Este crecimiento es especialmente evidente en los pueblos de la comarca del Baix Camp. Por ejemplo, “el Aleixar sube de 343 hectáreas a 933 (del 29.5% al 54,5%); Vilaplana, de 47 hectáreas a 116 (del 20,5 al 25%), y Riudecanyes de 75 hectáreas a 147 (del 6 al 18,5%)”.29 El crecimiento fue

especialmente evidente en estos pueblos de las estribaciones, pero también se notó la incorporación de este cultivo en las zonas llanas y empezamos a encontrar una presencia significativa de avellanos en municipios como Reus o Riudoms (un 17% y un 15,5% respectivamente en la segunda mitad del siglo XIX). Cardó considera que:

26 Josepa CARDÓ i SOLER: L’evolució dels conreus al Camp de Tarragona a partir del segle XVIII, Valls,

Institut d’Estudis Vallencs, 1983.

27 Pere ANGUERA (dir.): Història general de Reus...

28 Joan PIJOAN i JAQUÉS: Història i present de l’exportació de fruita seca a Reus, Reus, Cambra de

Comerç, Indústria i Navegació, 2000.

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La importancia que hacia 1857-1872 el avellano ha conseguido en la comarca es un hecho palpable. Menos Alforja donde se comprueba un poco de descenso, en todos aquellos otros sitios donde se puede comparar, el avance ha sido extraordinario. Por otro lado, ha dejado su emplazamiento tradicional del pie de la montaña i se ha extendido por la llanura, a la vez que ha empezado a situarse en el regadío. Es indudable que su expansión tiene un papel muy importante en la economía del Baix Camp, y por supuesto que influye en el retroceso que la viña acusa en este periodo en la mayor parte de la comarca y en la anulación de los cereales en toda la periferia.30

Además, en tres pueblos –la Selva del Camp, Almoster y Aleixar– el avellano ya pasó a ser el primer cultivo en extensión y en el global de la comarca del Baix Camp pasó a ser el segundo cultivo por detrás de la viña.

Es significativo que en el año 1862 se celebrara en Reus la Exposición Agrícola Regional –organizada por el Institut Agrícola Català de Sant Isidre–31 y que en ella que

se debatiera si era mejor, en los viñedos dañados por el oídio, plantar de nuevo cepas (se había encontrado una solución al hongo tratando la vid con azufre) o plantar avellanos. Por un lado, unos creían que por motivos climatológicos era mejor seguir con el cultivo de la viña debido a que los avellanos no se adaptaban a la llanura (hasta el momento se creía que el avellano era un cultivo propio de las hondonadas y los pendientes umbríos de las montañas). Por el otro, los defensores del avellano consideraban que éste tenía mayor rentabilidad comercial y señalaban el hecho que este arbusto se podía plantar inmediatamente sin necesidad de dejar descansar la tierra después de arrancar las cepas enfermas.32 La presencia del oídio, por lo tanto, ya se trata de un elemento explicativo de

la expansión del avellano por el Camp de Tarragona incluso antes de la llegada de la filoxera. También es importante destacar la elevada cotización de este fruto a la hora de explicar su propagación en la zona, hecho que se puede constatar observando las cotizaciones del fruto que aparecen en el Diario de Reus.

Los datos aportados acreditan una presencia creciente y nada menospreciable del avellano en la zona. La previa existencia de estos cultivares son los que hicieron, a raíz de la crisis de la filoxera, empezar a apostar por este arbusto y la comercialización de su

30 Ibid., p. 313.

31 El Institut Agrícola Català de Sant Isidre es una asociación de propietarios agrarios creada en el 1851.

Realizó una importante tarea de difusión de novedades técnicas y de lucha contra las plagas.

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41 fruto. Albert Arnavat explica las consecuencias de la llegada de la plaga en estos términos:

Trastornó todo un mundo rutinario, obligó a los payeses a aprender nuevos métodos y nuevas prácticas e impuso el aprendizaje y la modernización de la agricultura para adaptarse a la nueva situación. La diversificación de cultivos provocada por la plaga hizo que el avellano se convirtiese en el cultivo preponderante, seguido a mucha distancia por el olivo.33

Un hecho significativo es que en el año 1886, cuando la filoxera estaba azotando la zona, ya se constituyó el Sindicato de Exportadores de Fruta Seca de la Provincia de Tarragona, con sede en la Cámara Oficial de Comercio de Reus.34 Una pequeña señal de

que la sociedad reusense ya sabía que debería adaptarse a nuevos tiempos.

La vid y el avellano después de la filoxera

A inicios del siglo XX Reus siguió comercializando productos agrarios – fundamentalmente vino, aceite y avellanas– y su mercado semanal siguió siendo muy activo. La población de la ciudad llegó, en el año 1900 a los 26.881 habitantes y, hasta el año 1910, siguió siendo la segunda ciudad de Cataluña en población. A nivel regional Reus seguía actuando como capital económica del Camp de Tarragona y era la encargada de comercializar los productos agrarios de esta zona, el Priorat y la Conca de Barberà.35

A nivel internacional, sin embargo, el peso comercial de la ciudad –hasta el momento caracterizado por la especialización en el sector vinícola– decreció debido a la pérdida de viñedos a raíz de la filoxera. Aunque justo después de la plaga se empezaron a replantar viñedos con pies americanos, muchas zonas de montaña ya no se replantaron y se convirtieron en bosque o garriga.36 Por lo tanto, y como es lógico, Reus perdió fuelle

como capital comercial agrícola a nivel supranacional.

Además, la apuesta por el avellano como cultivo de referencia en la zona iba ganando peso debido a su buena adaptación a las zonas llanas de la zona. Por lo tanto:

33 Albert ARNAVAT: “Reus 1900, segona ciutat de Catalunya. Un passeig pel tombant de segle”, en Albert

ARNAVAT (dir.): Reus 1900, p. 20.

34 Joan PIJOAN i JAQUÉS: Història i present de l’exportació de fruita seca a Reus... 35 Pere ANGUERA (dir.): Història general de Reus...

36 En los montes que delimitan el Camp de Tarragona hoy en día aún son visibles gran cantidad de márgenes

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[…] en la medida que se transformó el paisaje del Camp, Reus tuvo que cambiar su estrategia comercial para impulsar la comercialización, hasta el momento secundaria, de la avellana. Este producto aprovechó los canales de comercialización que hasta el momento habían servido para el vino.37

Los comerciantes reusenses tuvieron la pericia de saber aprovechar los canales de distribución que antaño se habían utilizado para los productos vitivinícolas. De esta forma, buena parte de la producción avellanera era exportada a países del centro y norte de Europa que en el pasado habían sido compradores de vinos y aguardientes.

Según Joan Pijoan, en el año 1910 en la provincia de Tarragona ya había plantados 2.508.520 de avellanos. Estos producían un total de 20.068 toneladas de avellanas, el 80% de la producción española.38 Las otras principales zonas de este fruto seco en España eran

Asturias, Girona y Córdoba.39

Es importante señalar que, a parte de la vid y el avellano, el olivo era otro cultivo propio de la zona. Históricamente el olivo había sido el segundo cultivo por detrás de la vid y en el año 1900 ocupaba el 14% de las tierras cultivadas en el término de Reus.40 El

aceite producido en la zona es de gran calidad pero presentaba el inconveniente de mucha irregularidad en las cosechas (algunos años con cosechas muy malas o incluso nulas), hecho que puede explicar que no se apostara nunca por los olivos como monocultivo.

A medida que el avellano se iba introduciendo en la llanura, y con el objetivo de mejorar la productividad, se encauzaron actuaciones para convertir estas zonas en regadío. Por ejemplo, se aprovecharon las antiguas minas de agua i se empezaron a construir pozos. La principal de estas actuaciones fue, sin duda alguna, la construcción del pantano de Riudecanyes, que permitió convertir en regadío 1.500 hectáreas de tierra en el Camp de Tarragona. Las obras de este pantano se iniciaron en el año 1907, a instancias de las gestiones hechas por el Ayuntamiento de Reus en el año 1900, y se finalizaron en el 1919. El Gobierno español subvencionó el 50% del coste y el resto se

37 Eduard ARNAL i BOADA: “Els exportadors d’avellana: el cas del Carnicer” en Guillem PUIG (coord.): Butlletí del Centre d’Estudis Selvatant, La Selva del Camp, Centre d’Estudis Selvatans, 8 (2014), p. 13. 38 Joan PIJOAN i JAQUÉS: Comerciants de fruita seca de la província de Tarragona a la segona meitat del segle XX, Reus, Cambra de Comerç, Indústria i Navegació, 2002.

39 A nivel internacional los otros principales productores de avellanas eran Italia y Turquía. Actualmente

Turquía, Italia y España, con el añadido de los Estados Unidos, continúan siendo los principales producto-res.

(42)

43 financió con aportaciones privadas, constituyéndose así la aún vigente Comunitat de Regants del Pantà de Riudecanyes.41

Las mejoras en la productividad también se consiguieron con el uso más amplio de abonos minerales y orgánicos que se empezaron a introducir en aquellos años. En el suministro de estos productos tuvieron un peso importante los sindicatos agrícolas que existían en muchos municipios. Estos a principios de siglo no se dedicaban a la comercialización de las cosechas de sus asociados42 sino que se centraban en abastecerlos

de abonos y otras materias (guanos, nitratos, sulfatos, azufres o patatas de siembra), y solían tener una sección de crédito.43

La introducción de estas medidas para mejorar la productividad de las explotaciones agrícolas no se generalizó de forma rápida debido, en muchas ocasiones, a que la propiedad de la tierra no era de los payeses. Anna Figueras lo explica de la siguiente forma:

Las innovaciones, sin embargo, no estaban al alcance de todos. Las inversiones que se requerían eran muy altas y se hacía difícil sustituir los sistemas tradicionales. En muchos casos los propietarios no explotaban la tierra directamente, sino como rentistas, y era usual que desviasen el capital de origen agrario hacia otras actividades económicas más rentables financieramente. En estos casos, el payés que explotaba la tierra contaba con escasos recursos económicos y con poca instrucción para acceder a los créditos. La inexistencia de bancos agrícolas acentuaba también la descapitalización de la agricultura. Todo esto imposibilitaba la adquisición de maquinaria más moderna y la adopción de sistemas de producción más rentables.44

La euforia de la Primera Guerra Mundial

El esplendor comercial y exportador de Reus volvió con la Primera Guerra Mundial (1914-18). La neutralidad española en el conflicto fue muy favorable para los intereses

41 Pere ANGUERA (ed.): El pantà de Riudecanyes: Documents per a la seva història, Reus, Centre de

Lectura, 2000.

42 Hasta la década de 1920 la comercialización de productos agrícolas siguió en manos de exportadores

privados, los cuales controlaban el circuito comercial entre el agricultor y el comprador extranjero. Para conocer en profundidad esta figura son especialmente interesantes las dos monografías de Joan Pijoan.

43 Montserrat SORONELLAS: Cooperació agrària a la Selva del Camp, 1900-2000, Tarragona, Edicions

el Mèdol, 2005.

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