ELAZABACHE
Valent lnMONTE CARREÑa
Diversostiposde higasde azabache,para preveni relmalde ojo.
Pocos son los ofic ios artesanos en el Princ ipa do que pued en pre- sumirde unatradición tan arralqa- daysecula r comolaquenosofrece laazabach ería.
Pese a ell o,la hist oriade la ex- trac ción y tallade este escaso mi- neral que esel azabach eno hasido justament evalorad a a lo largo del tiempo. Yes que,aunque los estu- dios sobre esta ind ustria no son reci ent es,ni muchomenos,el papel que Astur ias protagonizó ha sido sistemáticamenterelegadoa un se- gundo plano en relación con Gali- cia -y de modoespecialSantiago de Compostela-donde el trato del azabache tuvo, efectivamente, un movim ientoespectacular grac iasal intenso comercioque allíse dioduo rante varios sig los en éste yotros ramos,orientadoa abastecerla de- manda que los numerosos romeros llegados de toda Europa sollc ita - ban.
Los trab ajos de investigación o simple divulgac ión en este campo se remontanya a finalesdel pasado sig lo . Tanto t.ooez Ferreiro (1985),
como Vil la-Arn il y Castro (1899) y posteriormenteasma y Scull(1916), PérezCostanti (1925),FerrandisTo- rres(1928) yFi lgueira Valverdeceno tran elejedela azabacheríaen san- tiago,otorgándole la casiexclusivi- dad del nacim iento, desarrollo y ocaso de esta indus tria.Sibien al- canzó ésta allí en algunos rno- mentos cotas de auténtico arte y su comercio constituyó un severo monopolio refrendadopor todo tipo de leyes,autoridades y hasta bulas papales,de la lec tura de los auto- res anteriores no es difícil deducir que los artesanos -o artistas ,se- gún el tipo de obra producida-ga·
liegos habrían de asemejarse a lo que hoy IIamariamos indu s tri ales
propietarios de uno de esos
bazares que sit ia n cua lq uie r lugar sacrode masivaaflue ncia yquepor lo tanto, buena parte de la pro- ducció na que daban salida enton- ces no nacióde sus manos, sinode las de anónimos tallistas asturia- nos que,desparramados porlas al- deas de los concejos de Gijón y Vi·
IIaviciosa,satis facian los ingentes
pedidos que, desde la ciudad del Apósto l, de continuo les Ile- gaban.Bast antes problemastenían aquellos negociantes -controla r las ventas,cump li r(aveces) y hacer cumplir alos colegas las ordenan- zas en vigory aúnotros- como pa- ra dedicartoda unavida alatallade miles deimágenes,conchas,cotla- resyabalorios .
No debe interpretarse esto como que pretendemos arrogarnosel pa- trimonio exclusivo de la azabache- ría,nimuchos menos:extraordina- rios artesanos los hubo en Santia- go, mas no conviene olvidarse de los asturian os. Las cofradías de azabache ros de aquella ciudad se nutrieron de miembros oriundos de lazona.Pero cabepreguntarse ala vista de los censo s de aquéllas:
¿dóndehabría quebuscarelorigen decofrades all íasentados - yque algunos autores dan como natura- les delaciudad - cuyos apell idos son Costales, Quintes, Rivero , Cobián,Mirava lles,Medio,Miranda y Santurio ?¿Cómo es posible rele- gar uolvidarse de Asturias cuando
-recuérdese que en Galic iano hay depósitos de mineral- los maestros gallegos se acercaban a las bocaminas del Principado para pujaren subast asporel mat erialen bruto?
Habríaque analizar,en fin,el por qué desde aquel centro de peregri- nación se solicitaban decenas de miles de piezas labradas y hasta las cedas de cola de yeguaparaen- garce de collaresy rosarios;saber interpretar los asientosde aprendi- zaje de muchachosast urianosdes- plazados a santlaho o las estancias de tallistas g~i1legos en Villaviciosa. Sólo así podría com- prenderse el alcance real de nuestra industria a lo largo del tiempo,colocándola, a la vez,en el lugar que, por justicia y derec ho propio,le corresponde.
En España, y aún en el mundo, son escasos los yacimientos de azabache.En nuestropaís seloc ali - zan fundamentalmente en Asturias y Teruel.
La franja costera que va desde Gijón a Villaviciosa, yde modo es- pecialen este últimoconcejo,el mi- neral abunda de modo extraordina- rio. Aquí fue, por tradición,donde hubo una industriaextracteradein- terés que abasteció ala prácticato- talidad de los mercados nacionaly americano puesel azabache de Te- ruel, de calidad inferior, se so lía enviar a las jo yerías alemanas.
También ,en el Princ ipado,conocie- ron ciertaactividad explotativa los concejos deColunga,Oviedo,Peña- mellera, Cabranes, Caravia y Piloña.
También aparece algo en Portugal,pero no fue muy aprecia- do por su bajacalidad.
Elazabache escarbonoimpuri fi- cado por diverso s compo nentes.
Por su composic ión y textura sele considera dentro del grupo de los lignit os.
Se present a negro, compacto, suave al tacto , ligero y bastante duro.Se traba ja con navaja , lima y torno,adquiriendoun brillomuy in- tenso mediante una adecuada puli- mentación .No obstante su dureza, es muy frág il lo que hace que su talla sea di fi c ilcuandocon él sein- tentan escu lpir figuras en las que los detalles o caladosabundan.
Elmundo clásico lo llamó succi- num nígrum ,equiparándolo por sus propiedades al ámbar o sucino ; tambiénrecib ió la denominación de Lapis Gagates utilizada, entre otros,porelnaturalistaPlin io y por SanIsidoro.
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No fueron pocas las virtudes que a él se le atribuyer on como sus ta n- cia.Aristóteles señala sus propie- dades ópticas:"Cuando al hombre se le debilitalavist aporla edad,le es muy útil esta piedra, pues así que comienza la catarata,si se fija la miradaen el azabache seevitala enfermedad... Otros dicen que mi- randocon asiduidad el azabache se afina la vista y si se pulveriza yse usa su polvo como colirio,también seafina lavista...»
Dios córides,Pli nio,San Isidoroy otros autores documentan asim ismo su uso y algunas de las propiedades porell os recogidas las refunde Carmen Baroja: «Elazaba- che como sustancia es el magno preservativo;se enciende conagua y se apaga con aceite,ahuyen ta la miradadelbasiliscoy recrealas so- focaciones y ahonamientos de la madre; en sahumeriosdaa conocer lagot acoraly la virgini dad;cocido en vino ,cura los malesdedientesy los tamparones.Seusóparala axi- nomancia y no se quema si ha de sucederlo quese desea saber».
Asturiasno sólo ofreció los más importantes yacimientos del mine- ral,sino que además,suazabache fue el mejor detodalapenínsulay, probablemente, del viejo cont inente, a igual, como poco,al renombrado Whitby.
Sobre lacalidad de nuestro mine- ralexisten fuentes escritasque re- cogenelaprecio en que era tenido por los más exigentes comerci an- tes y artistas, los maestros aza- bacheros que en Sant iago trabajaron en los siglos XV,XVI Y XVII.
En lasdist intasOrdenanzasde la Cofradía de los Azabacheros de Santiago que en estos tiempos se fueron emitiendo es const ant e preocupación elvelar por el mono- polio del comercio y la pureza del mineral,señalandoquesólola que vienede Ast uria s esbuena,por no quebrantarse alaire ni al sol y no tomar la paja (teóri camente,al fro- tar el azabache se carga de electri- cidad), cualidades éstas que no ofrece el orig inario de Portugal ni de Montalbán .
No fueron pocas las presiones habidas por entonces para eliminar del comercio santiagués los ma- teriales quebradizos e lnconsl st en- tes.Elvolumen de ventas de azaba- ches labrados,unido al desconocí- miento que los peregrinos tenían sobre la calidad de los mismos favoreció un tráf ico clandestinode minera lde bajacalidad que,pese a
est ar severamente prohibido,sein- troducía en la ciudad dejando, por lógica, a sus tratant es un mayor benefic io .
No fueron escasas las denuncias ni contad os los juicios celebrados porinfringiresta Ley:loscasi siem- pre condenado s o bien eran cofta- des que se salta ban sus prop ias norma s obienextr anj erosyast uria- nos que tenían facilidad para adquirir azabach es abajopreci o.
Otro de los graves prob lemas al que tuvieron que enfrenta rse tanto los minero s com o los labr adores del míneral fueelcomerci odesleal deciertas susta ncias , más baratas y sust it utorias de aquél. Este frau- de de dar por azabach e lo que no es, también viene de anti guo... La utilizaci ón de huesoteñi doy vidri o llegóaser tan abusiva enSant iag o que se hizo necesariala emisión de ordenanzas espec íf icas paracortar el mal,mal que,por otra parte,ha llegado hast anuestr osdías en una amplia gamade susta ncias queen más deunaocasión hahecho tam- balearlaindustri aazabach era.
La azabachería ast uriana hay quecontemplar la bajo dosvertien- tes:laminera y laartesan al. La pri- mera,desconocidacasi ensu tot a- lidad.La segunda,yase ha dicho, relegad aa un segundo plano e ln- fravalorada con relación a Gali cia.
Loscomienzosdela ext racción y 'talla en nuestra región nos son to- talmente desconocidos. Al contrario que en ot ros lugares de Europa,no sabemos desupresen- cíaen las diversas culturasprehi s- tóri cas y en las posteriores,inclui- da laromanización.
Sabemos de su presencia en la época visigóticaatravésde San Isi- doro,mas hay que llegar a lalnva- sión árabe en la península para ad- mitir una utilización generalizada de los azabaches entrelosdistintos pueblos que en aquélla habitaban y,entreellos,los deAsturias.Aúnasí, y exist iendo documentos que cer- tif iq uen este uso,no hallamos da- tos sobre actividades azabach eras específicamente asturianas.
Arabe es el primer texto que se refierealavirt ud del mineral contra el malefic io del aojo.Benbuclaris, médico que vivióen Zaragoza entre 1085 y 1109 escribeque..en España se ponen los azabaches al cuellode los niños para librarles del mal de ojo ».
Este se producepor envidia,mal- dic iones,alabanzas abusivas o ex- ceso de cariño ,pudiendoignorar su
facultadlos aojadores.
En la prevenc ión del mal - aquí llamadoagüeyu- sehan ut ilizado infinidad de amuletos pero el más conocido en Astu rias fue la higa o cigua.
La higa es la figur ación de la mano cerradaenla que el dedo pul- gar pasa por entreelíndi ceyeldel medio; las más antiguas localiza- das en España corresponden a las descubiert as en lasnecróp olis pú- nicas deIbiza,y lamásviej a de aza- bache se halló en Granada y se la consideradel siglo XIII.
Los musulma nes renova ro n la cost umbrede su usoycon lallega- da delRenac imie ntoseimpuso en- trelos crist ianos la adopcióngene- rali zada de las higas de azabache, constituyendo parte del ornato de eleva dasclasessociales .
Los tall eres artesanos de Astu- rias produj eron ingentes cantlda- des de ellas, buena parte de las cualestenían su venta en Santiago;
además deotras piezasque no sde- talla n viej as escrituras y nos ofre- cen un panorama claro de lo que aquíse hacía.
Existen cont ratos de compra entrecofrades galleg os yartesa nos ast uri anos muy interesant es. Uno de ellos,datado en 1561,refl eja el encargo que variosdelos primeros hacen a los segun do s,consis te nte engargantillas,figu rasdelApós to l y otros obje tos.
El más conocidoquizáseael rea- lizado en 1581 a Bastiá n de Miran- da, vecin o de Vill avicios a, azaba- cheroy comerciantede estegénero Indique mosmuysucinta menteeste pedid o para darse cuent a de la magnitud del mismo.«Doce milia- resdeabalori os,mitad 'lisos' y mi- tad de 'rascados', hechos por las mozas de Deva (Gij ón)..., media gruesa de bello tas; media gruesa de arracadasdeloshijosdeAlonso García...,seisgruesasde corazones yseisde Sant iagos;seismillaresde 'gargant illa prima'..., medio millar de'verdugos',mediomillarde cora- zones de cuatro agujeros.Otros de veneras de siete agujeros,otro de veneras rascadas, otro de 'venericas lisaspic adasala redon- da', otro de garga ntillas de trébol de tresagujeros,otro de trébol liso, otro de veneras'abentanadas',otro de corazones 'abentanados', otro de 'ruedas atravesadas' y otro de 'ruedas col gadas', De 'faball ón de Deva',treinta millaresy más si pu- dieraser.Además,numerosas grue- sas de sortijas de varias clases y otras muchaspiezas.
Por diversas causas,la venta de
azabaches en Galicia fue declinan- do ent rado el sig lo XVII,lo que se tradujo en una disminuciónpaulati- na de los encarg os desde all í hechosa los ast uria nos .
La minería,en el Princip ado,se desarro lló paralelament e a esta cir- cunst anci a, manten iendo aún cier- ta animac ión hastamediada la cen- turiaen no pocos lugares de Villa- viciosa, uno de los cual es, Quin- tuel es, nos legó un testimonio do- cumental muy interesante: los li- bros de cuentas de la Cofradía de los exca vadores del azabache;allí fundada en1604.
El exam endelo smismo snosre- vel a elapogeo yel declive delami- neria del azabache en la zona y ot ros much os datos de interés, como lasubasta del mineral al me- jor postoryla presenciade compra- dores procede nt es de diversas pa- rroquias ast urianas, de Castilla y de Santiagode Compostela.
Con altibaj os, esta Cofradía se mantuvo duran te sig lo y cuarto:
hasta que, probabl ement e, los ya- cimientos quedaron agotados o la demanda de Santiag ofuemínim a.
Masest asdificultadesfuero n qe- neralizadasy noprivat ivasdeQuin- tueles.Comoconsecuen cia.elnivel cualitat ivo de los fabricado s des- cendió , arrinconándose casi por comp leto las elaboracio nes más o menos artís tic as y trabajando más los artesanos sobre piezas popula- res ysensiblemente más baratas.
Con mayoristas asentados en Gi- jón y Villavici o sa que imponí anlos precios asu caprichosehizo nece- saria la salida de los propios arte- sanos por diversasregionesy,enla nuestra, frecuentar feri as y mer- cados.
Mediado el XVIII, solamen te ha- bía registradas cuatro minas en el concejode Villaviciosa,todasenel lugar de Oles, que abastecí an de materia prim a a ciento cincuenta azabacheros astu rian os. Fue por entonces cuandolas exportaciones de azabaches labrados conoci eron los importantes mercados de An- daluc íay de las Américas,donde se enviaban rosarios,cruces,botones, crucijijos,algun asimágenes,colla- res,pendientes,medallones,sellos ycig uas.
Aunque algunosautores señala n la tosquedad y poca finura de las piezas - en abierta oposición a lo mani festado por otros- ,lo cierto es que el precioen que erantenidas tuvo su mejor refl ej o en la Exposi- ción de Minería celebrada en Ma- drid en 1883 donde los azabaches
asturianos obtuvieron medalla de plata y la admiración de los visi- tantes.El mismoReyde Esp aña,en visita hechaadich aExposición,re- cíbló como obsequiohermosos aza- bach es dedicadosa S.M. laReina.
y para conoce r un poco mejor nuest ra historia azabachera,deten- gámo nos algo más en los últimos cienaños .
Hacia 1850, fueron muy popula- res en Careñes (Vi ll avici osa) tres herm anaslabradoras del mineral y Francisco Pérez «el rnurcian u»,ven- dedor ambula nt e que recorrió bue- na parte dela geografiaespañola y portu gue sa con un gran cajón de madera a las espaldas, habiendo aún quie n asegu ra quesus despla- zamientos le llevaron incluso a re- correr algunos países centroeuro- peas y cont inuando en la tarea su hijo,Valentín.Destacaron también Facundo e Isidoro, especializados en fabricar boquilla s de azabache, de gran aceptación por entonces.
Tuvieron también cierto renombre FranciscoFernández,deVillaverde (Villavici osa)y,hacia 1890, Cristó- balOrd ieres,natural de Arg üero(Vi- lIaviciosa),artesano que habríade desplaza rsea Galic iapara reini ciar eloficio,allíperdido muchotiempo atrás.
Las minas explotadas en el XIX no fueron ab iertas por entonces,si- no que se venían trabajando desde tiemposanteriores.
En Careñes, hacia 1840 había una mina abierta, al igual que en Argüero y en Villaverde,pero la ac- tividad más intensa se llevóa cabo enOles,en numerosas galeríaspró- ximas al mar. En esta locali dad, hacia 1870,recib ió la mineríagran impulso cuyas causas se dieron, curiosamente,en Inglaterra,donde la indust ria minera y artesanal del azabache habia prog resado en Whitby con suma rapi dez desde los alboresdel sig lo.A raízde la muer- te del príncipe Alberto,su esposa, la reina Victoria,lucióen los tune- rales azaba ches labrados como símbolo de lut o, hecho que po- tenció la demanda de los fabrica- dos en aquelpaís.
La circunstancia de haber enAs- turias un azabache más blando y más barato queel propiode Whílby hizo quelosjoyerosyartesanosde la zona sedecid iesena soli citarirn- portantespartidasa nuestraregión a través delos almacenistasde pie- dra enbrutoestablecidosenGijón, entre los que desta caba uno apelli- dadoPelayo.Laproducción de aza- bache aume ntó en Oles notable-
Collar de azabache.
menteapart ir de 1872,yelminera l alc an zó cotiz aci ones no conocidas ha sta entonces, lo que prod ujo un estado de euforia quesetradujoen la llegada casi masiv a de mineros de muy variad a procedencia. Esta se desvanecería veinticinco años más tarde porreduci rse la demanda desde Whitby,provocando una nue- va caída en el precio delmineral y el abandono delofic io por partede muchoshombres.
Larei mp lantaci ón de lamoda en Ingl aterra en el uso de azabaches provo cóen 1906un nuevoauge en la minería y comenzó a ser elaza- bache de Oles objetode nueva de- manda. Aunque con altiba jos, la rentabilidad del mineral exportado era bastant e acep table y buen co- nocimien to de ellotenía el vicecón- sul inglés en Gijón, Art uro Lo- velace.entonces el principal alma- cenistay único vendedor alext ran- jero. El inc remento dela dema nda producidoen 1911le an imó aest u- diar sobre el terreno la po sibilidad de abrir por su cuenta algunas mi- nas.
Llegado a Oles se puso en con- tacto co n sus proveedoreshabitua- les. quienes venían extrayendo el azaba che de túneles y pozos en el
paraj e denominado ..Los
Cuetones ».Uno de aquellos mine- ros.Bartolomé Noval,habíacatado en sus horas líbres en unos terre- nos cuyos propietarios eran,entre otros.el propio Barto lomé y su la- mil ia , y que ofrecí an azabache de muybuena calid addelque se bene- fic iabanun hi jodel descubridor,To- más Noval. expe rto conocedor del laberi nto que discurríabajoel suelo de Oles .
..Los Parenteras»,un grupo de ex- cavadores que sabían de los traba- josyhallazgosde los Noval,se pu- sieronencon t acto reservadamente con el vicecónsul ofreciéndole, a cambio de alguna recom pensa, la posib il idad de que aquel rico sub- suelo fueseregistrado a su nom bre, ocultando la identi dad del ver- dadero descub ridor.
Ente rad o el visitant edelaart ima - ña. indicó a Tomás Noval sus de- seos,llegandoalacuerdode dar de alta a las fincas divid iéndolas en dos concesiones: Una, a nom bre del primero (mi na «Do sArniqos»]y la segunda (mi na «La Inde pende n- cia »)paraNovalhijo.
Durante los ocho años que si- guieron a la inscri pci ón figuraron las concesiones como improduc- tivas , pues era más rentabl e dar salida a losstocks acumul ados en elalmac éndel vicecón sulyadquirir aventaj o soprecioelazab ac heofre- cidoporlosminerosquetrabaj aban por libre. Sólo cuando estos ruero n agotando los ant ig uos pozos y la producción descendió se tomó la decisión de poner en march a las nuevasexplotaciones que,en reali- dad.eran minas muy viejas yaban- donadas posib leme nte desde el sig lo XVIII,en un momento en que resu ltó más fácil extraer azabache enotro slugares.
El ini c io de esta andadura supu- so el más serio intento,dentro de sus modestas limi taci ones, de in- dustrialización de la minería del azabache. ycon élse cerró defin iti- vamen telahistoriade la extr acción delminera len Asturias ,ya quedes- de entonces nosereqlstraronmás
minas y ni siquiera hubo intentos por buscarnuevos yacímíentos.
Corría el año de 1921. Las gale- rías existentes en la concesión
«Dos Amigos»eran seis,comunica- das entre sí. Destacó entre ellas la llamada «Cimera»que ofreció aza- bachede excelente calidad.
En la demarcaciónde Noval,tam- bié n con medi a docenade galerías, destacó la llamada ..Purnar»; pero curiosamenteno fueron las anterio- res las que produ jeron más azaba- che,sino las viejasescombreras si- tuadas en sus bocas, algunas de grandes dlmenslones.
La actividad,que llegó a ocupar a veinte personas en sus mejores mo- mentos, quedó interrumpida en 1925, cuando la falta de pedidos desdeIngl aterra se hizo total. Des- de entonces han transcurrido más de sesenta años, tiempo que ha sido cubierto en casi su totalidad por un sólo hombre,Tomás Noval Barredo. minero vocacional que continúa los pasos de sus antece- sores,ent randoen las galer ías casi adiarioyext raye ndo azabache con unos medios rudimentarios y en unas penosas condici ones. Au- tént icoarc hivodevida,anécdotasy avent urasdelosviejos minerosdel azabache de Oles,es Tomás hom- bre afable y conversador,laúlti ma reliqu iade una tradi ci ón que ame- nazaconperdersedefinit ivamente.
Hija del artesano Valen ti n Pérez fue Enca rna c ió nPérezMorís,naci- da en Careñes en 1897 y fallec ida en 1978.La variedad de sus labores y el delicado acabado de las mis- mas hicieron de ella la figura nacio- nal de la azabachería hasta 1945, mant eniendointenso comerc iocon joy ero s de La Habanay diversasca- pita lesespañolas.
En 1952,suhijo José M.aNúñezPé- rez,impri mió ungran impul so a la industria azabachera en Careñes, en colabor aci ón con Enrique AI- varez,otro destacado artesano.Ce- rrado el merc ado de Cuba,tras la revolución cast rista,abrieron elde Florida que aún hoy se mant iene con ciertaintensidadypotencia ron otros enMadrid yBarcelona .
Hacia 1960 sus talle res daban ocupación ados docenaslargas de artesanos, que años después ha- brían dedispersarse y trabaj ar por su cuenta al dedicarse JoséMariaa otrasactividadesempresarial es.
Hoy trabajan el mineral una do- cena de persona senelPrinc ipado, habiendo un comercio basta nte in- tenso que va aumenta ndo progres i- vamente.Algunos de ellos centran
sustraba josen laboresíntegram en- te trad ic ionales,mientrasque otros están intentando romper este enea- sillamiento con nuevos diseños, por lo general bastanteacertados.
Dentro del prímergrupopodemos incluir las ciguas (con una de- manda ext raord inaria, pues, aun- que parezca men tira, existen am- plios sec tores de población rural que aún creen en supoder contra el mal de ojo),colla resde bola redon- da y facetada , cruces, pendientes (de lágrima, de bola facetada, de trébol, princi palm ente), colmillos, anillos,col gantes en form asdetré- bol, corazón y otras.
En relaci ón a los nuevos azaba- ches, seña lemos que se centran princip alm ente en pendien tes, co- llaresyabaloriosde moderna con fi- guraci ón. Algunos realizan pe- queñas escu lt uras y figur asdetodo tipo como peces, tort ugas y otros animales que encuentran gran aceptaciónenel merc ado.
Por logeneral,en casi todas las joyerías del Principado suelen en- contrarse azabaches, aunqu e en pequeñacanti dad. Pueden ir enqar- zados en oro o plata y las piezas mas caras son los coll ares. La cigua,por el contrario,sehall aen cualqui era de estos comercios a parti r de preciosmuymodestos.
Elfuturodela azabacheria noes- tá nada claro debido a la escasez de materia prima y a que, por el
momento,parece que al único mi- neronolehabrá de sucede rnadie.
Urge por lo tanto buscar un solu- ción que pueda garantizar el abas- tecim iento de material a los arte- sanos .Elazabache aún abunda en lacomarc ade La Marinade Vill avi- ciosa:lo prior ítarioeslocali zarnue- vos yacimientos y olvidarsede las viejas minas, reaprov ech adas durante siglos yprác ti ca mente aqo- tada s.
Sólo así podría darse continuidad a un oficio que pudo ofrecernegrasybrill antes jo yaspo- pulares a lo largo de más de seis- cientos años y que,pese a su ca- rácter,lucieron también prínc ipes y nobles.
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