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1.Hecho+y+Proceso+Prescriptivo

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(1)

Eduardo H. Grecco

Eduardo H. Grecco

Hecho y proceso

Hecho y proceso

Prescriptivo

Prescriptivo

en la Terapia Floral 

en la Terapia Floral 

doctrina y estrategia

doctrina y estrategia

Indigo

Indigo

(2)
(3)

 A mis amigo

 A mis amigos Diego y An

s Diego y Angela

gela

que me han regalado

que me han regalado

las bendiciones del Diksha

las bendiciones del Diksha

y la presencia de su amistad.

y la presencia de su amistad.

(4)

No dejes que termine el día

No dejes que termine el día sin haber crecido un

sin haber crecido un

 poco,

 poco, sin

sin haber

haber sido

sido feliz,

feliz, sin

sin haber

haber aumentado

aumentado tus

tus sueños.

sueños.

No te

No te dejes venc

dejes vencer por

er por el desalien

el desaliento. No

to. No permi

permitas que nadie

tas que nadie

te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No

te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No

abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden

cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está

cambiar el mundo. Pase lo que pase nuestra esencia está

intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y 

intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y 

oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en

nos convierte en

 protagonistas

 protagonistas de

de nuestra

nuestra propia

propia historia.

historia. Aunque

Aunque el

el viento

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: Tú

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es

aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en

aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en

sueños es libre el hombre.

sueños es libre el hombre.

Walt Whitman Walt Whitman

(5)

Indice

Prólogo

Introducción

Capítulo primero

Un nuevo paradigma

Capítulo segundo

El campo de la Terapia Floral y la práctica

 prescriptiva

Capítulo tercero

Propósito y proceso prescriptivo

(6)

Introducción

Necesitamos

desesperadamente

comprender que toda la verdad se encuentra dentro de

nosotros. Volver a comprender que no necesitamos

consejo ni enseñanza alguna, excepto lo que emana de

nuestro propio interior.

no tengamos temor de zambullirnos en la

vida,

estamos aquí para adquirir experiencia…

Edward Bach

 Amo los viajes y las exploraciones pero también la quietud y el recogimiento. En esta época, casi navidad, el sol penetra por los ventanales de mi estudio y derrama su luz en cascada de manera que, al mismo tiempo que escribo, puedo disfrutar la sensación de imaginar estar al aire libre.

La

luz 

juega un papel importante en mi vida como terapeuta, no sólo por  aquello de la labor que Jung describía como la de

derramar luminosidad en la

oscuridad de la sombra de cada paciente

, sino por el hecho de que las esencias florales, la herramienta de la cual me valgo para este trabajo (enciendo el destello, proyecto claridad), son

 portadoras de luz.

En el interior del cuerpo humano existe un lazo complejo entre la luz y el oxígeno que se hace más palpable ante la presencia de una manifestación afectiva como la angustia. En la angustia se produce ahogo respiratorio y, la persona sometida a su dominio, quiere correr, precipitarse y escapar, gesto razonable y sabio del cuerpo, dado que, el movimiento, proporciona una mayor  cuota de oxígeno para que se cuele por el árbol respiratorio, aleje la opresión y fije más claridad en los hematíes.

 A diferencia de la ansiedad que ama el tiempo, la angustia es una emoción espacial, una penuria respiratoria, una carestía pulmonar producto del aplastamiento y constricción de esta víscera que los egipcios relacionaban, por  su color, con el amanecer y, por su forma de árbol invertido, con la morada del díos Osiris.

Una traducción simbólica posible de este síntoma es la que alude a una estrechez –reducción, encogimiento, mengua, disminución- de perspectivas con las cuales una persona contempla el mundo. Es que, en la angustia, el aire es limitado y, por lo tanto, la luz se hace escasa, lo que conduce a un ver la vida en tinieblas, como si acaeciera un oscurecimiento o una “…

fría nube

negra les eclipsara y les ocultara la luz y la alegría de vivir.” (Edward Bach)

Sucede que, en tanto el espacio sea opresivo, la libertad de la persona esta constreñida y el existir se vuelve una adversidad, cuando no un tormento (Hay que recordar aquí, tal como enseñan los maestro de Yoga, que cuanto mejor  respiramos mas libres somos). De modo que, como sitio de cautiverio, la

(7)

prisión respiratoria, suscita una necesidad imperiosa en el interior del Yo de huir sin esperar ver que sucede. Pero ¿Huir de que? ¿Hacia donde? Tal vez del vacío, la soledad, del vértigo de la libertad, de la falta de luz, de la falta de esperanza… del

eclipse

del soplo de la vida.

Es muy curioso que casi no existan comentarios, en la enseñanza floral, sobre el valor de la luz, en tanto símbolo y soporte material del mensaje sanador de las esencias florales, ni que tampoco se hable mucho del carácter  iluminativo de su acción terapéutica. (

La enfermedad es pura y exclusivamente

correctiva; no es ni vengativa ni cruel, sino el medio adoptado por nuestras

 propias Almas para señalarnos nuestras fallas, para evitar que cometamos

más errores, para encauzarnos de vuelta por el sendero, de la Verdad y la

Luz,

del que nunca deberíamos habernos apartado. Edward Bach)

Supongo que esto tendrá una razón de ser  que, en parte, se explica por el alejamiento de la Terapia Floral de sus raíces espirituales, que transformó la prescripción de una llama para hacer conciencia, en una fórmula para erradicar síntomas. Y la pérdida de la “luz” condujo, a la Terapia Floral, a una profunda

asfixia q

ue la ha encaminado a arrodillar sus convicciones con la finalidad de intentar  garantizar un reconocimiento protector que le provea el aire que requiere para vivir: a obtener oxígeno de otras fuentes que no son las propias.

Así, la mirada floral se ha

eclipsado

, se ha vuelto restringida, no ve las cosas con la generosa apertura con que su fundador las veía y se moviliza, apresurada, hacia cualquier lugar que le parezca acogedor: la Física Cuántica, la Psicología, la Homeopatía, la…. La Terapia Floral, pues, se halla en medio de una crisis de angustia.

Este es un diagnóstico – en este caso sobre la Terapia Floral- que como todo diagnóstico es una interpretación subjetiva de la realidad. Tal como lo señalamos en un libro anterior  (1) el concepto de interpretación diagnóstica no puede ser entendido como un detalle puramente técnico, como una lectura o exégesis de las manifestaciones y síntomas del paciente que espera descubrir  significaciones lineales cultas tras las expresiones objetivas. Por el contrario, la interpretación es una vía de búsqueda constante de sentido por el sentido mismo para provocar, por medio de este sendero, el encuentro de la personalidad con el Alma. De modo mas preciso, con la necesidad de develar  a la conciencia el sentido de la presencia del Alma en esta encarnadura (su misión, su lección y su camino).

De modo que, el concepto de interpretación diagnóstica, no pertenece a una dimensión puramente

metodológica

sino que se ubica en una línea

ontológica

, tal como Bach lo planteaba, cuando, por ejemplo, se refiere al contextuar la situación clínica del paciente en función de su grado de evolución (…

no podemos definir como buena o mala una cualidad en si misma, sin

considerar el nivel evolutivo del individuo)

.

Si este diagnóstico es correcto, entonces, ¿Qué prescribir? Al igual que el diagnóstico la prescripción es la comunicación de una interpretación. La diferencia reside en que el diagnóstico es palabra, mientras que la prescripción es nombre hecho obra. Así, el terapeuta, es tanto traductor (en el diagnóstico) como obrero (en la prescripción); trabajador que colabora en el Plan de la

(8)

(1)Hecho y proceso diagnóstico en la Terapia Floral, Indigo, Barcelona, 2006))

Evolución ayudando a cincelar, con las esencias florales, las imperfecciones que impiden, a los pacientes, estar en armonía con sus almas.

Todo lo dicho hasta aquí es un punto de partida y, al mismo tiempo, una propuesta ideológica sobre la Terapia Floral, fundado en una observación clínica sobre la luz y la angustia. ¿Qué implicaciones genera una insinuación tan particular en el tema específico de estas páginas?

 Aunque espero que la respuesta a esta pregunta se haga evidente al finalizar su lectura, puedo adelantar que esa reflexión nos lleva a visualizar la tarea del arte de prescribir como sujeta a una opción: prescribir luz o prescribir remedios. Y si bien no son términos excluyentes la prescripción como acto puede estar motivada, en el universo interior del terapeuta, por la incapacidad de sostener la propia angustia o por la esperanza de exorcizar  sombras. ¿Desde que lugar la practica?

He meditado largamente sobre la escritura de este libro y sobre los problemas en los cuales aproxima alguna revelación. Su eje vertebral es la teoría de la técnica de la Terapia Floral. Sería muy ilustrativo poder contar con una historia en esta materia pero, sin embargo, el Intentar seguir, paso a paso, los rastros de los procedimientos técnicos utilizados en el terreno de la terapéutica floral –entre los cuales se encuentran los prescriptivos- resulta algo difícil de concretar, ya que, si entendemos por técnica a los instrumentos de trabajo y acción usados por los terapeutas florales a lo largo de setenta años, puede advertirse que casi no existen escritos sobre la materia y solo podemos deducir, por relatos y comentarios puntuales, el modo en como ellos, desde Bach en adelante, practicaron su arte. En este punto es como si el método de la Terapia Floral, si nos dejamos llevar por las publicaciones existentes, fuera algo cercano al misterio.

Se puede aducir, al respecto de este hecho, que las

artes terapéuticas

interpretativas

, tales como la Terapia Floral o el Psicoanálisis, a diferencia de las

fenomenológicas,

como Homeopatía o Alopatía, articulan su enseñanza en un

acto de transmisión

que transcurre, esencialmente, en el marco de una tarea en común, en donde, el aspirante a terapeuta se hace tal en el mismo proceso de su propia sanación. (2) Sin embargo, es dable corroborar que esto no le ha impedido, por caso, a la disciplina creada por Sigmund Freud, el desarrollar un amplio entorno de comentarios sobre su técnica. De modo que subsiste la pregunta acerca de las razones reales por la cuales, en la Terapia Floral, esto no ha ocurrido, mas teniendo en cuenta que de la lectura de las obras de Bach se desprende la suficiente información para poder fundar un sólido capítulo sobre las formas y las reglas del trabajo con esencias florales.

 _____________________ 

(2) Para Bach sanación era equivalente a aprender a ser libres. “.. y por sobre todas

las cosas libres de nosotros mismos, ya que, hasta que no lo seamos, seremos incapaces de brindarnos abiertamente y de servir a nuestros semejantes.”  ¿Cómo ser entonces terapeuta sin haber transitado por un proceso previo de liberación de la ignorancia?

(9)

Es posible pensar que, por algún motivo, Bach no consideró oportuno sistematizar una teoría de la técnica y reflexionar, de manera mas abundante, sobre los procedimientos propios de su descubrimiento terapéutico. Cabe imaginar que su muerte, a seis años del nacimiento de la Terapia Floral, no es mucho margen de tiempo para tal labor mas si se considera que todo ese tiempo Bach centro su labor en la preparación de sus remedios y el desarrollo de su modelo de pensamiento sobre la enfermedad, la salud y la curación y lo hizo en condiciones materiales estrechas, de lozanía física muy menguante y casi en la total soledad. Por otra parte, si nos atenemos a la naturaleza de su carácter y a la visión que tenía de su misión en la vida, es bastante entendible que a la hora de privilegiar preferencias de exposición de su trabajo se ocupara más de dar cuenta de cuestiones filosóficas y clínicas que técnicas.

Entre otras causas factibles para justificar la ausencia de estudios mas amplios y sistemáticos sobre técnica en los escritos de Bach, es viable señalar  algunas, tales como, que a Bach no le interesó particularmente esta tarea, lo daba por conocido a causa de su formación homeopática y clínica, no le parecía un tema importante, no tuvo el tiempo de vida para hacerlo, no quiso aventurarse en un sendero que tenía una complejidad que escapaba a sus preocupaciones del momento… De cualquier modo, sea cual sea el factor que haya pesado en la decisión esto no elude la responsabilidad que toca, a quienes practicamos el arte de la terapia Floral, de tratar de llenar las lagunas que han quedado abiertas y que, con el paso de tiempo, se han transformado en importantes obstáculos para la labor clínica de la Terapia Floral. (3)

Los cambios a lo largo del tiempo

Lo cierto es que no existe, hasta del día de hoy, una narración que de cuenta de manera explícita los cambios que, en la historia de la Terapia Floral, se fueron generando en relación a la teoría de la técnica y, hacerla, tiene sus complejidades. Sin embargo, es posible establecer, a partir de las indicaciones que el Dr. Bach dejara de modo manifiesto en sus escritos y por comparación con los aportes actuales y posteriores a su muerte, las modificaciones, que sobre esta cuestión, se fueron estableciendo a lo largo del tiempo.

La técnica nunca es el resultado de un descubrimiento único sino el fruto de un continuo avance y una constante contribución colectiva, recorrido, al cual le restan, en nuestro campo, aún muchos pasos a dar. De manera que, resulta mas productivo, a los efectos del interés de este libro, dar aquí una valoración de conjunto de los puntos de sustento originales, las modificaciones que sobre ellos se operaron y el estado actual de progreso en el tema que entrar a pormenorizar una historia.

 ___________________________ 

(3) El porque la Terapia Floral después de Bach no llegó a desarrollar una teoría de la técnica puede deberse a la ausencia de una escuela que transmitiera ordenadamente los contenidos de su práctica y fuera espacio de reflexión e investigación. La ausencia casi total de institucionalidad formativa es uno de los factores no sólo de la falta de crecimiento doctrinario sino de pérdida de las observaciones clínicas que no logran ser acumuladas y resistir al paso del tiempo.

(10)

Parece bastante obvio, al leer los textos florales de Bach, su insistencia en el carácter 

iluminativo

(hacer conciencia) de la experiencia floral, ya que, el objetivo básico perseguido no era, para él, administrar remedios para revertir  síntomas, sino prescribir para ayudar a erradicar la ignorancia. En suma, para echar luz en la sombras y para provocar el encuentro de la personalidad con el  Alma. Tal labor, que se ejecuta por la vía de una

relación mayeutica

y que es

casi un trabajo poético, en la acepción que los griegos daban a esta palabra como de un acto creador, me parece relevante por que señala que la dirección del camino terapéutico floral es, a todas luces, un

 proceso iniciático de

expansión de la conciencia

y que el terapeuta ocupa el lugar de canal del plan de la evolución una herramienta que está en ese lugar por una razón de servicio que lo trasciende a él mismo. (…

que él y los remedios que usa son

meros instrumentos y agentes del Plan Divino…

) (4)

Este

 proceso iniciático

-una navegación en donde el

terapeuta-maestro

ayuda al

 paciente-aprendiz 

a tomar el control del timón de su barco, es decir, que lo convoca a que escuche la voz de su alma y respete la dirección que ella demanda para su vida- transita, desde de la técnica, por tres diferentes y complementarios carriles: diagnóstico, prescripción y terapéutica,

Ya hemos mencionado en un libro anterior  (5) la naturaleza interpretativa del diagnóstico floral y que si bien pueden tomarse en cuenta aspectos fenomenológicos y descriptivos, el carácter de preocupación de Bach por la lectura simbólica de los síntomas es indiscutible y surge no sólo de la letra de sus textos sino de la esencia de su propuesta clínica. Un buena prueba de esta perspectiva está desarrollada por Bach en

Ustedes provocan su propio

sufrimiento,

la trascripción de un conferencia que, en febrero de 1931, pronuncia en Southport ante un auditorio de médicos homeópatas.

Por su parte, la prescripción, entonces, puede ser comprendida como una interpretación en acto, en tanto la decodificación del sentido de las manifestaciones de paciente (diagnóstico) nos conduce a poner un nombre de esencias florales a las mismas (selección de una fórmula). Tales nombres no son para los terapeutas florales del mismo tenor que la denominación de un fármaco para la alopatía. Se trata, por el contrario, de que la nominación de una fórmula floral es la estructura significante de un mensaje que se espera llegue a la conciencia de quien la ingiera para provocar en ella un cambio que llamamos concientización o introvisión. Cambio que, luego, va a trasladarse en

 _________________________________________ 

(4) Bach plantea, inclusive, que si el arte de curar evoluciona por su sendero hacia lo espiritual  debería terminar en manos de órdenes religiosas o sanadores naturales. La idea de que el terapeuta es un canal (una herramienta de plan de Dios) y que allegarse a esa posición no es una elección cotidiana sino la aceptación de un llamado (v ocare) que Dios hace coloca el rol del Terapeuta Floral en una función sacerdotal y misional, como pontífice (puente) que guía a las personas a reconectarse con su alma y con el Plan de la Evolución. Dios llama ¿Respondemos afirmativamente a su cita? Dios llama en la condición que cada quien tiene y lo hace por alguna razón ¿Cómo siendo un pecador puedo oficiar tal sacerdocio? Es un misterio que no hay que discutir sino una propuesta que tenemos que ser capaces de aceptar. ¿Cómo sintonizarnos con la pureza necesaria para ser terapeuta? Bach no plantea la pureza como un valor para cumplir esta tarea sino que la pureza, para él, consiste en ser uno mismo y estar haciendo lo que el alma nos pide. Esto se puede plantear como que, para sintonizarnos con la función terapéutica tenemos que liberarnos de las ilusiones de la personalidad y cumplir con nuestra misión de servicio en la vida, con amor y misericordia hacia el prójimo que estamos ayudando.)

(5) Hecho y proceso diagnóstico en la Terapia Floral, Eduardo H. Grecco Indigo, Barcelona,

(11)

una operación de mudanza de los sistemas de creencias y atrapamientos emocionales sobre los cuales se sostienen los padeceres de la persona, pero que implica, sobre todo, el aprendizaje de una lección, la corrección de un defecto y el desarrollo de una virtud. (6)

Finalmente, la terapéutica, a partir de los revivires que las esencias inducen, centra su tarea en el poder encontrar significación a los mismos e integrarlos al devenir de la historia y la situación de la persona.

Como se aprecia toda la dinámica floral desde el diagnóstico hasta la toma de conciencia transita por el universo del

lenguaje

y es el lenguaje, en tanto posibilidad realizada del orden simbólico, el que posee un carácter  estructurante que hace de la combinatoria de una fórmula floral una oración, fraseo, discurso. Pero, también, plegaria o petición de ayuda que hace la conciencia al alma.

Este bosquejo de programa clínico, aquí dibujado como paradigma, se encuentra muy alejado de la realidad de cómo hoy, mayoritariamente, se ejerce la Terapia Floral. ¿Qué fue lo que ocurrió para que nos apartáramos de la enseñanza de Edward Bach? ¿Cómo sucedió tal alejamiento? ¿Por qué los terapeutas no perciben esta distancia y este cambio de dirección? ¿Por qué se divulga y sostiene una tradición del arte floral como auténtica cuando esta bastante distante de serlo?

¿Por que nos alejamos de la enseñanza de Bach?

Nos hemos apartado de algunos de los ejes esenciales de la enseñanza de Edward Bach y si bien pueden apuntarse muchas razones para explicar  este hecho quiero mencionar tres.

La

 primera,

es que la genuina enseñanza de Bach, especialmente su concepción filosofía y espiritual de la terapéutica, se fue diluyendo y perdiendo fuerza en el proceso de consolidación de la Terapia Floral y de su integración a la sociedad y a la ciencia. De ese modo, se le despojó del carácter innovador  que originalmente poseía en su fundación y sus aportes revolucionarios fueron progresivamente enmascarados o directamente silenciados. Que queda, por  ejemplo, en el ejercicio habitual de la práctica floral de la propuesta de “…

la

abolición de la enfermedad depende de que la humanidad comprenda la

Verdad de las inalterables leyes del Universo y se adapte, con humildad y 

obediencia, a ellas, trayendo así a cada individuo la paz entre su alma y él 

mismo y recobrando el verdadero gozo y la felicidad de la vida. Y el rol que

deberá desempeñar el médico será el de ayudar al paciente a conocer esa

verdad, señalarle los medios para alcanzar la armonía, inspirar en él la fe en la

Divinidad, que puede supera cualquier mal y administrarle los remedios que

armonicen su personalidad y curen su cuerpo físico.” 

 ____________________________________ 

(6) La Dra. Olga Sacristán plantea muy operativamente esta cuestión en tres preguntas importantes para la clínica: Aprendizaje: ¿cómo sería tu vida una vez que te hubieras librado de este problema? Defecto: ¿Qué defecto o debilidad sientes o te imaginas que está relacionado con este problema?Virtud . ¿Qué cualidad positiva (en ti mismo/ en tu relación con los demás….) necesitas para transformar este problema. O bien, ¿Qué quieres en vez de este problema?

(12)

Este vaciamiento de contenidos produjo dos efectos complementarios. Por una parte, hizo que se llenara el espacio vacante con una ideología cuyo interés primario estaba orientado en lograr una mejor adaptación del paciente a la situación y un mejor bienestar en términos de rendimientos y eliminación de padeceres para lo cual, la Terapia Floral, le basta con quedar reducida a un arte prescriptivo y los remedios a portadores de sustancia (energía). Por otra, se sustituyo una doctrina legítima por una

autorizada

a la cual se difundió y defendió como un dogma que, por mucho tiempo, frenó la comprensión del mensaje trasformador de Edward Bach.

De modo tal que hoy se acepta como válido un sistema de creencias en torno de la Terapia Floral que en lugar de promover el

 pensar floralmente

(7) comprime y simplifica su práctica al ejercicio, mas o menos idóneo, de la formulación de recetas. Formulación basada en un criterio mecánico para seleccionar esencias a lo que se acompaña con una ausencia de interés por  interrogarse sobre la naturaleza de la acción que lo formulado tiene sobre la persona, en otros fines que no sean los estrictamente vinculados con los beneficios terapéuticos sintomáticos. Esto implica que la evaluación de un tratamiento se mida, en general, de acuerdo a un protocolo de remisión de síntomas o modificación de conductas, una ampliación de la capacidad de gozo y trabajo de la persona que pueden representar un logro para la personalidad pero que no significan aprendizaje para el alma.

La

segunda

, es que, en pro de obtener reconocimiento social y científico los terapeutas florales asumieron fundamentar su práctica a partir de los recursos que brinda la ciencia física y la metodología experimental y estadística, que en nada tienen que ver con el espacio de configuración epistemológico de la Terapia Floral (8).

Esto llevó a concebir a la Terapia Floral como formando parte de la

Medicinas o Terapias Energéticas o Vibracionales

y a buscar en este campo modelos explicativos a los mecanismos de acción de lo remedios florales. Resulta paradójico que varios autores sostengan esta tesis y lo hagan con un argumento basado en el modelo de los

campos mórficos

y el efecto la

resonancia mórfica

propuesto por Rupert Sheldrake cuando el mismo creador  de estos conceptos insiste en que no se trata de campos de energía sino de información. (9)

 _______________________________________________________ 

(7) Por pensar floralmente aludimos a abordar un problema a partir de las mismas herramientas y conceptos que nos brinda la doctrina floral. Un buen ejemplo de esto es el capítulo de Cúrense a ustedes mismos, en el cual Bach desmenuza la función paterna. Del mismo modo los excelentes libros Humanidad y Flores de Bach de Luís Jiménez, Ed. Indigo, Barcelona, 2001 y Bach esencial, Luis Juan Bautista, Ed. Indigo, 2005 hacen gala de esto que llamo pensar floralmente

(8) Ver al respecto El legado del Dr. Edward Bach, Eduardo H. Grecco, Ediciones

Continente, Capítulo VI, La mirada epistemológica

(9) “…la resonancia mórfica no conlleva ninguna transferencia de energía de un

sistema a otro, sino que implica una transferencia no energética de información.”  La presencia del pasado, Editorial Kairos, Barcelona, 1990. Este libro constituye una sólida base para explicar la eficacia simbólica de las esencias florales.

(13)

La

tercera,

que el fomento de automedicación, por un entendimiento inadecuado del

Cúrense a ustedes mismos,

llevó a la pérdida de un instrumento de traspaso fundamental de la Terapia Floral: el proceso terapéutico en si mismo. La Terapia Floral olvidó que se llega a ser terapeuta floral ingiriendo flores en un transcurso terapéutico que resulta ser, por su estructura y función, un auténtico pasaje iniciático.

 A esto hay que unir el hecho de que la actitud de incentivar la automedicación – es decir quitar de escena la función terapéutica- fomenta una lectura lineal y descriptiva de los síntomas, como un condición para facilitar  esta operación prescriptiva. Esta lógica deja fuera toda consideración sobre el valor 

simbólico

de las manifestaciones de la persona y la finalidad trascendente de la terapéutica floral. (10)

 Ambos elementos se aprecian de una forma muy clara en la letra de Bach y juegan un papel axial en su construcción teórica y así como afirma que

“. . .no hay nada accidental con respecto a la enfermedad, ni en su tipo, ni en

la zona del cuerpo en que se manifiesta..”,

también

, “…toda interferencia forma

 parte del plan de la evolución...” 

y el terapeuta cumple en los aspectos el papel de ser quien ayuda a localizar la intencionalidad de los síntomas y la función que desempeñan como signos correctivos de los desvíos de la personalidad, descarríos valorados como oportunidades de aprendizaje y no como simples tropiezos inútiles y sin valor.

Volver a Bach

En las últimas décadas hubo progresos significativos, sobre todo desde los años 80 hacia delante, en la dirección de volver a Bach. Uno de estos progresos consistió en la toma de conciencia de que ningún recurso técnico puede estar ajeno o puede darse fuera del marco de referencia de un proceso terapéutico, cuyos objetivos eran, para Bach, que el paciente descubriera el origen y las causas de su enfermedad y, en segundo término, la administración de los remedios adecuados para ayudarlo en esta empresa. Ambos elementos contribuirían a provocar un cambio de actitud del enfermo con relación a su vida y el despertar de sus curadores internos para hacer realidad aquella máxima de la medicina natural: el médico cura, la naturaleza sana.

Correlativamente, junto a la idea de que solo puede pensarse la técnica en le contexto de un proceso terapéutico, surgió la comprensión de que ningún proceso terapéutico puede efectuarse, eficazmente, sin el conocimiento y auxilio de la técnica. Que la técnica no basta pero sin la técnica tampoco es suficiente y que dentro de la técnica e necesario desplegar consideraciones sobre el arte prescriptivo que no se agota en ser un recurso farmacológico sino una construcción interpretativa.

 _____________________________ 

(10) Vale la pena recordar aquí un poema deJorge Luís Borges, El sueño:

Si el sueño fuera (como dicen) una/tregua, un puro reposo de la mente/ ¿Por qué si te despiertan bruscamente/sientes que te han robado una fortuna?/ ¿Por qué es tan triste madrugar? La hora/nos despoja de un don inconcebible/tan intimo que solo es traducible/en un sopor que la vigilia dora/de sueños que bien pueden ser reflejos/truncos de los tesoros de la sombra/y que el día deforma en sus espejos./¿Quién serás esta noche en el oscuro/Sueño, del  otro lado de su muro?

(14)

 A esto se le sumó el progresivo reconocimiento de la insuficiencia de las modalidades intuitivas de trabajo terapéutico con flores, lo cual no significa dejar de lado el aporte que este tipo de deducción puede proporcionar, pero si reconocer que la capacidad sensitiva o intuitiva son factores personales que están en función de variables diferentes de las propias del entrenamiento clínico.

Esta circunstancia – la emergencia de la clínica como método- obligó a diseñar nuevos modelos para el abordaje de los fenómenos que ocurren dentro del campo de la Terapia Floral. Las derivaciones de estas indagaciones, empujó a poner en contacto al arte floral con el mundo de las concepciones energéticas, el no menos extenso de la Psicología -en especial el Psicoanálisis, la Psicología Junguiana y la Psicología Transpersonal- la Psicosomática, la Bionergética, la Homeopatía y la Antroposofía. Algunas de estas relaciones, en mayor o menor medida, ya estaban implícitas en el nacimiento de la obra de Bach, pero a lo largo del tiempo habían terminado por  ser interacciones olvidadas.

Es cierto que el acercamiento de la Terapia Floral a estos campos ensancho el panorama de comprensión de los fenómenos con los cuales se enfrentaba pero, también, le causó, hacia la interioridad de su espacio de reflexión, una nueva dificultad. Debido a la debilidad de su propio desarrollo teórico, la Terapia Floral sufrió una poderosa influencia (interferencia) que la llevó a psicologizar, homeopatizar, naturopatizar o antropofisar su modo de ver  y analizar los problemas de la salud, la cura y la enfermedad. Se dio lugar, así, al desarrollo de una manera de acercarse a las cuestiones de la clínica floral usando el lenguaje, la lógica y los conceptos de estas disciplinas. Esto ha dejado, como secuela, un importante número de “ismos”, en la Terapia Floral, que aún perduran, el detrimento de su autonomía científica y una tendencia a la pereza intelectual cuando se trata de desenvolver modelos definidamente florales.

Si bien puede considerarse esta circunstancia como un acontecimiento no apetecido, sin embargo, su advenimiento produjo la aceleración de un proceso interno en la Terapia Floral, que le permitió, por confrontación, un crecimiento en el camino hacia la recuperación de su especificidad y empujó, a este arte, a la búsqueda de la singularidad de su identidad científica. Como corolario, por primera vez, después de lo legado por Bach, se despertó el interés por intentar responder los interrogantes epistemológicos pendientes en torno del status de la Terapia Floral.

Esta reflexión llevó, por un hilo de múltiples conexiones, a indagar sobre la mirada alquímica de Bach y a preguntarse si su obra puede considerarse como parte de un trabajo spagyrico. Tal examen permitió reconocer la presencia de una serie de rastros, en el texto y el hacer de Bach, que revelan un camino de su enseñanza enlazado en doctrina, prácticas e intenciones, a un antigua tradición terapéutica que, entre otras características, “...

ha tenido fe

en que en las hierbas de las praderas, los valles y las laderas de las montañas

estaba latente el poder de curar sus enfermedades” (…) “…se convirtieron en

expertos en el uso de esos maravillosos presentes de la naturaleza,

continuando luego ininterrumpidamente, aunque en grado decreciente, hasta

(15)

nuestros días.” 

Pero, además, resitua la preparación y los efectos de los remedios florales dentro de una visión donde pueden comprender estos hechos desde una dimensión radicalmente revolucionaria que lleva a pensar el arte floral no como una medicina alternativa sino como una alternativa a la medicina, no como una disciplina descriptiva sino interpretativa, no como una terapéutica energética sino simbólica, no como una intervención fenoménica sino trascendente y como un arte mas perteneciente al orden del lenguaje y el espíritu que de la Física o la Medicina.

En el libro

Edward Bach: la luz que nunca se apaga

(11), he tratado de mostrar como, en muchos sentidos y en especial en la forma de preparación de los remedios florales, el arte spagyrico esta vigente en el trabajo de Bach. El gesto de sumergir en el agua el rocío portado por la flor para exponer luego todo al fuego solar y la descripción que de esta operación hace Bach no deja lugar a dudas sobre el linaje alquímico de su labor. Por otra parte, Bach señala, en varias oportunidades, su discipulado indirecto de Paracelso y su respeto por su trabajo y, de los comentarios que realiza, se desprende que leyó en detalle su obra.

Paracelso y Bach tienen ideas muy cercanas en muchos temas en cuestiones que se vinculan con el arte de curar y su origen como un don que la divinidad otorga con el fin de servir a otros, un arte que debe apegarse, en todo a lo que enseña el libro de la naturaleza, la semejanza es casi identidad. Del mismo modo, ambos comparten una mirada profundamente cristiana, que se refleja en sus textos, pero de un cristianismo que intenta volver a lo esencial de su magisterio, que anhela hallar, tras lo manifiesto, el misterio de la vida. Un cristianismo convencido del amor al prójimo como valor fundamental y del deber de ser uno mismo y vivir de acuerdo a los mandatos del alma, como precepto existencial.

En su doctrina Paracelso articula las enseñanzas de Cábala y Alquimia en un mismo discurso, funcionando la primera como la Filosofía Perenne que le da marco filosófico a las operaciones de la segunda. (

Por medio de la

cábala el hombre conoce la primera materia y por medio de la alquimia la

conduce a la perfección….Si se quiere conocer el ser interior del hombre a

través de su exterior es necesario penetrar como científico hasta el fondo de la

Cábala. A través de ella se tiene acceso a lo oculto, al secreto; entonces se

 puede leer cartas y libros cerrados, tal como se conoce el interior del hombre.

Paracelso)

Esta convergencia de saberes, cabalísticos y alquímicos, esta implícita en Bach. Con solo leer con atención sus textos y sus propuestas se puede percibir la presencia de un paradigma que recorre todas sus cavilaciones y en donde se acrisolan y mancomunan el cristianismo esencial, la cábala y la alquimia en un mismo tejido sapiencial.

Por otra parte la

Cábala

parece ser el lugar de donde Bach obtiene la estructura de sus conocimientos acerca de la lectura simbólica del cuerpo y la significación emocional de los síntomas. Si bien este tema merece una atención particularizada vale la pena mencionar aquí este hecho y convendría

(16)

(11) Edward Bach: la luz que nunca se apaga, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2005

dirigir la atención, en este territorio, no tanto a la bionergética, el psicoanálisis o la psicosomática sino a la anatomía y la fisiología que se derivan de Cábala. Esto sería mas concordante con la doctrina de Bach y podríamos encontrar  allí, además, aclaraciones sobre otros conceptos como el de

verdadera

curación,

tan caro a Bach.

Hay una cuestión adicional. Paracelso creo una medicina no destinada solamente a sanar las enfermedades que aquejan a los seres humanos a lo largo de sus vidas, sino que lo que en realidad buscaba era curar el pecado original (en Bach, léase defectos) por medio de un

medicamento celeste, que

es el don de Dios

. Esta expresión es casi la frase literal de Bach cuando habla de los remedios florales. (12) Todo esto conlleva a que tanto la medicina paracelsica como la bachiana sean medicinas (si acaso son medicinas) que persiguen como objetivo final la regeneración (salvación) del hombre y no, únicamente, erradicar sus síntomas.

El arte que Paracelso inaugura (o reinaugura) es el campo de la

alquimia médica,

en el cual retoma, seguramente, conocimientos de la antigua medicina kémica (egipcia). Paracelso, sostenía que la naturaleza deja su obra sin acabar para que el hombre la termine. “

Le corresponde al hombre cumplir 

este trabajo, y este trabajo tiene un nombre: Alquimia. El alquimista es el 

 panadero que cuece, el viñador que prensa y el tejedor ocupado en su oficio.

Toda cosa natural que crece para utilidad del hombre, puede alcanzar, por 

medio de la Alquimia, aquel punto de perfección que la naturaleza le había

asignado.” 

Y entre estas labores alquímicas se encuentra la del

terapeuta

que, en el caso de la Terapia Floral, se vale de las esencias florales para que actúen como la

sal mercurial 

que, en la fragua de un tratamiento, coadyuve en la realización de la

gran obra

de la evolución del alma.

Volviendo a hilo central de esta introducción, finalmente, y no porque no existan otras modificaciones, un cambio importante en el campo floral fue la aceptación por parte de los terapeutas (o por lo menos de un número significativo de ellos) de que las esencias florales solo en teoría son susceptibles de ser aplicadas a todas las personas y que, por otra parte no son inocuas, sino que, por el contrario, producen efectos tales como agravamientos, crisis y respuestas secundarias.

Un descentramiento

En todos estos cambios, sin duda, tuvo mucha influencia el doble pase del centro de preocupación, en el campo floral, de los preparadores a los terapeutas y de los remedios a los pacientes.

 ___________________________ 

(12) Por ejemplo cuando Bach dice. “… sino por el poder investido por el Gran Creador a sus hierbas curativa.”;. ” ..y la hierba del campo que ese mismo Creador ha colocado allí para alivio de aquellos que sufren.” ; ..”… que esas hierbas silvestres, colocadas allí para reconfortarnos, para consolarnos y para aliviar nuestras miserias, nos acercan más a

(17)

la Divinidad que llevamos dentro, y que es precisamente ese acercamiento el que cura nuestros padecimientos.”

Para dimensionar la importancia de este descentramiento hay que pensar que, luego de Bach, los movimientos de desarrollo de la Terapia Floral en el mundo fueron protagonizados, por largo tiempo, únicamente por  preparadores florales que, en casi todos los casos, no provenían del campo clínico. Su acción se desplegó, en general, hacia el terreno del descubrimiento y la preparación de nuevos remedios florales con una orientación decididamente espiritual y energética. Esto puede observarse, muy específicamente, en la generación de fines de los años 70 y 80 y en el nacimiento de los sistemas florales, mas o menos difundidos en el mundo.

Luego de esta ola de renacimiento floral hace entrada en escena, en los años 80, un nuevo y activo grupo de terapeutas, aquellos que provienen del campo de la Psicología, la Medicina y otras artes y ciencias de la salud, que tenían preocupaciones diferentes a las dominantes hasta ese momento y que incorporan, al campo floral, la perspectiva clínica en un verdadero paso adelante en el desenvolvimiento de la Terapia Floral.

De modo que, a medida que esta orientación fue tomando cuerpo y creciendo, el interés por los remedios, tan intenso en la década del 80, fue disminuyendo y se produjo un importante retorno a mirar hacia la persona que demandaba esos remedios y por lo tanto a la clínica.

La clínica constituye hoy un espacio reconocido y valorado que facilitó el cambio de paradigma en la práctica floral. Su cosmovisión emergente esta basada en un retorno a la enseñanza de Edward Bach y en una apuesta de construir 

una ciencia con conciencia, una clínica con amor, una terapia para el 

alma y un arte terapéutico que se transmite mas que se enseña

.

Sin duda esta visión de la Terapia Floral y de su cometido determina que el arte prescriptivo floral tenga un perfil muy disímil y hasta opuesto a lo que, de manera usual, es planteado en los textos de enseñanza y difusión de esta ciencia. Esto resulta algo totalmente natural, ya que, como lo hemos comentado anteriormente, no hay una sola manera de practicar la prescripción floral y cada una de ellas supone una teoría que le da razón o un modelo que explica su forma de trabajar. Sobre estas cuestiones y sobre los aspectos teóricos de la técnica de la prescripción de esencias florales es sobre lo que trata este libro. No se me escapa que su lectura se completa con la que pueda hacerse de otros anteriores, en especial

El legado del Dr. Edward Bach,

Edward Bach: la luz que nunca se apaga y Hecho y proceso diagnóstico en

Terapia Floral.

Por una cuestión práctica he dividido este trabajo en tres libros, complementarios pero autónomos entre si. El primero de ellos es la presente y ya he comentado sobre lo que trata. El segundo aborda temas técnicos y de procedimientos prescriptivos y es una obra en común con el maestro Raúl Pérez, mientras que el tercero esta totalmente centrado sobre la prescripción como arte y los pasos de este proceso. A la par de este libro se edita uno denominado

Bach prescriptivo

que si bien no forma parte de la trilogía constituye un texto que sigue la letra y el pensamiento de Bach en este

(18)

territorio a lo largo de su tiempo de investigación floral y, por lo tanto, esclarece y completa la temática que aquí se aborda.

Quiero agradecer la entrañable colaboración de los maestros florales Raúl Pérez, Franco Rossomando, Juan Carlos Badía, Daniel Villar, Guillermo  Amable, Selma Wijnovsky y Olga Sacristán, que han participado, con

abundante generosidad, en la lectura del manuscrito original y con quienes el diálogo continuo hace que me sienta nutrido, con abundancia, de la sabiduría y conocimientos que comparten conmigo. También, a los maestros Luís Juan Bautista, que tanto hace por rescatar la obra de Edward Bach, Yabir Abu Omar  por sus contribuciones a la relación entre Edward Bach y la alquimia, que me han sido de gran ayuda, y Luís Jiménez, con quien la controversia complementaria de nuestras miradas sobre Bach y la Terapia Floral siempre hacen revivir lo que ya creía concluido. Todos ellos son amigos y su amistad es tan valiosa, para mí, como sus talentos.

Creo que la historia de la Terapia Floral dedicará un especial capítulo al trabajo de

Julián Barnard.

Entre muchas otras cosas él es quien ha sabido mostrar como la signatura y la clínica se complementa, una a la otra, en la mirada de Edward Bach y como forma y función no son substancias diversas sino registros diferentes de una misma experiencia.

Finalmente debo agradecer a mis editores españoles que con su permanente compromiso con la Terapias Floral han permitido que lo que voy adquiriendo como experiencia pueda llegar, plasmado en libros, a todos los que anhelan crecer como personas y como terapeutas.

(19)

Capítulo primero

Un nuevo paradigma

Ustedes pertenecen a una sociedad 

médica, y yo vengo como médico; no

obstante la Medicina a la que quiero referirme

está tan alejada de los ortodoxos puntos de

vista de hoy….

Edward Bach

Hemos mencionado, en la introducción a este libro, el hecho de que la

visión clínica,

en el campo floral, fue un importante factor que contribuyó al cambio de paradigmas en la práctica de la Terapéutica Floral y al retorno a su fuente original. La cosmovisión emergente de este movimiento esta basada en el interés por rescatar la genuina enseñanza de Edward Bach y en la apuesta para construir 

una ciencia con conciencia, una clínica con amor, una terapia

 para el alma y un arte terapéutico que se transmite mucho mas de lo que se

enseña

. Estas coordenadas conforman los cuatro pilares y desafíos de la

Nueva Terapia Floral 

y son los lugares de referencia que hay que tener en cuenta para comprender el sentido de los enfoques que, sobre la técnica y los métodos de trabajo con esencias florales y la implementación concreta de los mismos con los pacientes, proponemos aquí.

Primer paso: Una ciencia con conciencia

En varios textos sagrados aparece la metáfora mediante la cual se hace una distinción entre los ojos de la carne y los ojos del alma. Cuando se contrastan la naturaleza de la mirada que se derrama de cada uno de ellos se advierte que, frente a la búsqueda de respuestas, sobre los problemas existenciales del hombre –amor, libertad, coexistencia, sabiduría, evolución, corporalidad, enfermedad, cura- irrumpen dos posturas esenciales, antagónicas y, a la vez, complementarias: la que brinda la ciencia y la que brinda la “filosofía perenne”.

La mirada de la ciencia esta basada en la lógica y la comprobación, en cambio, la gnosis en la intuición y la evidencia que ofrece la revelación. Ambas son caminos diferentes de acceso e interpretación de la realidad y las dos muestran perspectivas mutuamente necesarias. Y, aunque en general hoy se las visualice como senderos disociados, son, con propiedad, eslabones que se implican y no opuestos que se excluyen y que coparticipan, en la posibilidad de captación global del universo. Sin embargo, el fenómeno humano no puede verse de manera idéntica para los ojos de la carne que para los ojos del alma.

Edward Bach

parte de la idea, muy cristiana, de la

caída original 

del hombre en el mundo. Pero no considera a este evento como un castigo sino

(20)

como una oportunidad para continuar con el avance, vida tras vida, hacia el logro de la individuación.

El alma desea la experiencia de aprender como un imperativo de su misma esencia y, para concretar este mandato, desciende a la tierra, que es el plano donde la instrucción debe consumarse. De manera que, el conocimiento que se adquiere en cada encarnadura, es siempre conocimiento de evolución. Un conocimiento que opera, en cada alma, como un instrumento alquímico de transformación y crecimiento, es decir, que cambia nuestro ser, nos acerca a la plenitud de la realización o perfección. Dice Bach: “

Bajo la guía de nuestro Yo

Espiritual, nuestra Vida Inmortal, el hombre ha nacido para obtener 

conocimiento y experiencia y para alcanzar la perfección.” 

De modo tal que, el exilio del alma en la tierra es una condición de aprendizaje inherente a nuestra naturaleza. Si bien esta tarea es de cada alma en particular, no se trata de una opción individualista por que todos somos, también, responsables, no solo de liberarnos, sino de ayudar a liberar a otros, no solo de completarnos sino de ayudar a completar a otros. Dice Bach: “

Debemos recordar siempre que la enfermedad es nuestro enemigo común, y 

que cada uno de nosotros que logre vencer un fragmento de ella está, de esta

forma, ayudándose no sólo a sí mismo sino, también, a toda la humanidad.” 

La mirada de la ciencia no puede ver este horizonte, lo cual no significa que lo ignore. La ciencia pone el acento en nuestras facticidades y anhela explicar sus dinamismos y como superarlas. La mirada del alma es visionaria y no se trata de un saber abstracto, sino de una experiencia de encuentro con lo trascendente por la vía del buceo y abrazo de la propia sombra. Por eso Bach parece, por momentos, un profeta que nos guía en la marcha por un territorio con el empeño de liberarnos de la esclavitud de la enfermedad (entendida como ignorancia).

 Al abordar la aventura de avanzar por los laberintos del arte prescriptivo debemos, entonces, hacerlo con un espíritu dispuesto a navegar guiados con el mapa que nos brinda una ciencia con conciencia (es decir, éticamente responsable, una ciencia con alma, un ciencia que ha recuperado la gnosis). Esto significa que lo que intentamos es incorporar un espacio de indagación sobre la Terapia Floral tanto como ciencia y arte al mismo tiempo que como gnosis. ¿Cómo se traduce esta propuesta? Diciendo, por ejemplo, que nos importa la clínica, pero una clínica con alma; que nos motiva la terapéutica, pero una terapéutica con alma. En suma, que el envite al que convocamos es volver a la propuesta de Bach de una Terapia para el trabajo del alma. ¿Por  qué? Por que la mirada del alma es la que rompe la conciencia dual y la que abre la dimensión de la amorosa unidad. Y esto conlleva que la ciencia deje de ser una invitación a la neutralidad y la objetividad (como si esto fuera posible) y se convierta en una militancia comprometida con los valores de la evolución espiritual de la humanidad.

Sin embargo, y a contrapelo del reto de su fundador, en muchos ámbitos se plantea la necesidad de ratificación científica de la Terapia Floral por la vía experimental, desconociendo el hecho de que nuestra ciencia posee un carácter cualitativo que la aleja tanto de los resultados estadísticos como de las percepciones que involucran las ciencias físicas. Al igual que el

(21)

Psicoanálisis y otras disciplinas semejantes, la Terapia Floral se valida por lo particular y no por la gestión de lo universal. Es en esta dirección que quiero hacer unas precisiones sobre la validación de las terapéuticas (y en especial la Terapéutica Floral) como ciencias.

En primer lugar, debemos admitir que el contexto de lo que denominamos habitualmente ciencia, en los espacios de la investigación natural y exacta, difícilmente puede aplicarse como tal en el ámbito de las prácticas terapéuticas, lo que no implica concluir que este último territorio carece de posibilidades de acceso a un estándar científico. Por lo contrario, determina el pensar en la necesidad de cambiar los esquemas de definición que se tiene de ciencia.

En segundo lugar, en las ciencias terapéuticas es el hombre quien siente interés por sí mismo y emerge como centro de la atención de la reflexión e investigación. Esto configura una condición de necesaria subjetividad que impide, lógicamente, el dualismo observador y observado, tan caro a las ciencias positivas y que, sin embargo, la Física cuántica se ha encargado de cuestionar. Siguiendo este principio, la demanda hacia las ciencias terapéuticas consiste en que preserven este dualismo entre el profesional que observa y el hombre observado con objetividad. Pero si se acepta este camino, la conclusión consecuente sería la necesaria supresión de la conciencia so pena de que tal variable influyera de modo inopinado en los resultados de la experimentación. De modo que la subjetividad pasaría a enrolarse en el bando de las resistencias que impiden que las artes terapéuticas se convirtieran en ciencia. Y lo que ignoran quienes siguen sosteniendo esta posición, de un modo manifiesto o inconscientemente disfrazado, es que están postulando,  justamente, la construcción de una ciencia sin conciencia, lo opuesto a lo que

es la esencia ética de la Terapia Floral.

En tercer lugar, si las ciencias terapéuticas se deciden por la posición de querer alcanzar el mismo paradigma de rigor que las exactas y naturales, ellas mismas se colocan ante un dilema, ya que, “experimentalizarse” implica, aquí, deshumanizarse, borrar las diferencias de lo subjetivo con lo objetivo. De este modo perderían su originalidad y se sumergirían en un mar común con el resto de ciencias. Por lo contrario, si mantienen su especificidad, sustentada en la dialéctica conciencia-experiencia (o casi mejor dicho subjetividad-experiencia), pueden ir delimitando una zona de trabajo propia y sostenible, no por la exactitud de una estadística sino por la calidad de su práctica.

En cuarto lugar, en el caso de la Terapia Floral hay una particular  circunstancia que torna este problema adecuado para hacer un deslinde significativo en relación a lo que estamos planteando. Los remedios florales en sí pueden ser sometidos a una investigación experimental, pero los remedios, aun en su conjunto, no son la Terapia Floral. De la misma manera que el clavar  agujas no hace a un acto de acupuntura, ni poner a un paciente en un diván no amerita que se esté haciendo Psicoanálisis, del mismo modo el uso de esencias florales

 per se

no implica estar en presencia de un proceso terapéutico floral.

En quinto lugar, con este panorama conviene tener claro, desde un inicio, que la Terapia Floral no se distingue de otras ciencias terapéuticas por 

(22)

un tema de abordaje propio, ya que su campo de acción es compartido por  otras. Lo que la hace específica es

el modo original que tiene de plantear los

 problemas, y su concepción del mundo y del hombre

, ambos temas develados con motivo del estudio de los fenómenos del enfermar y el curar.

En sexto lugar, los principios que debieran guiar, entonces, el criterio metodológico deberían ser la

objetividad 

(en el sentido que le vamos a dar a continuación), la

totalidad 

y la

significación

, en el marco de una visión clínica que subroga toda otra cuestión a la

singularidad indisoluble de la dinámica

interpersonal 

en cada acto terapéutico.

Por 

objetividad 

no entendemos neutralidad, sino la inclusión de la subjetividad y la conciencia como factor de comprensión del proceso investigado. Un proceso al cual se le ajustan más las metodologías de disciplinas como el psicoanálisis o la lingüística que las de las ciencias exactas y naturales; en tanto el orden de compresión de lo observado no es un hecho o un evento, sino una “experiencia”, siempre conlleva a la vía interpretativa de indagación.

Totalidad,

en tanto el foco de atención del terapeuta floral no es capturar segmentos aislados, sino totalidades en donde cada unidad está interrelacionada con el todo y funcionando por leyes de conjunto que regulan su actividad. Finalmente,

significación

, ya que lo que se busca encontrar en el ámbito del trabajo floral es el

sentido

de una conducta o manifestación, cualquier sea ella, pero no sólo en el espacio de lo propiamente psíquico inconsciente (la sombra) –actitud que no la diferenciaría de cualquier otra psicoterapia–, sino particularmente

en el plano del alma

. Y, en esta operación, la Terapia Floral se ubica no en el centro de los conflictos intrapsíquicos o extrapsíquicos (si se pudiera hacer esta distinción), sino en el plano de los conflictos entre el alma y la personalidad. He aquí su especificidad, su grandeza y su miseria.

En esta cuestión que estamos abordando lo decisivo sigue siendo que la Terapia Floral no trabaja con hechos y eventos sino con

una experiencia

. Pero no con la experiencia de ingerir remedios florales, sino

la experiencia de

evolucionar 

. Y una consideración epistemología de la Terapia Floral debería tomar esto en cuenta y recordar que –tal como dice Freud– “

nuestra ciencia no

es una ilusión. En cambio, sí lo sería creer que podemos obtener en otra parte

cualquiera lo que ella no nos puede dar” 

. A lo que agregamos: y que hacer  ciencia con conciencia es tener en cuenta, en nuestra labor, al alma.

Segundo paso: una terapia con alma

Concebir la Terapia Floral como una terapia del alma es pensarla como proceso iniciático. A diferencia de las terapias psicológicas lo propio aquí es el hecho de que se trata de una búsqueda no de la cura sino de la

iluminación,

del intento de producir un cambio en la estructura ontológica del hombre que disminuya la distancia que lo separa de la sabiduría, el amor, la unidad y la libertad. Tal recorrido es operado por medio de las esencias florales y merced a la acción de servicio del terapeuta, que funciona como maestro que va guiando al aprendiz (paciente), para decirlo con una metáfora masónica, desde la puerta de entrada al templo hasta el oriente.

(23)

Bach insiste en que el terapeuta es una herramienta del Plan de la Evolución, un canal por donde la gracia divina actúa y un aliado del alma para vencer las rebeldías y resistencias de la personalidad. En este contexto el armado ceremonial del transito terapéutico debe ser considerado como un elemento esencial de todo el proceso. De modo que estos dos hechos, la Terapia Floral pensada como terapia iniciática y su desarrollo concreto sustentado en términos rituales, conformarían las notas propias de este espacio y lo que haría la distinción con el resto del universo psicoterapéutico.

Si bien tal perspectiva es abordada de manera extensa en otro texto (13) es importante no perder de vista esta puntualización, ya que, la misma establece un orden específico al cual debiera ajustarse el acontecer de la práctica floral.

La Terapia Floral busca que el hombre entre en contacto con su alma y la voz del alma se hace oír por medio de modos diversos a los de la personalidad y entre una y otra existe una oposición complementaria, una mutua forzosidad a la cual obliga las condiciones propias de la evolución: no es posible crecer mas que encarnados en una personalidad y habitando el mundo que es la geografía material donde venimos a instruirnos pero, aceptando, que es sólo el alma la que tiene el conocimiento del propósito, la misión y el aprendizaje de esta vida.

El hombre se sintoniza con su alma en la medida que ésta emerge como algo totalmente distinto a la personalidad y si la primera es una revelación de lo sagrado y la otra de lo profano, del espíritu y del mundo, podría decirse que, para usar un concepto de Mircea Elíade, cuando el alma aparece se produce una hierofanía: algo sagrado se muestra a nuestra conciencia. Y la Terapia Floral dibuja el espacio y el tiempo donde lo sagrado se hace posible de revelar.

Bach insiste en que la enfermedad

“.. es en si misma beneficiosa y tiene

como objeto devolver la personalidad a la voluntad divina del Alma (…) El 

Divino Poder nos otorga todas las oportunidades de enmendar nuestro

camino, antes que, como último resorte, sea necesario aplicar el dolor y el 

sufrimiento.(…) …nuestras almas conocen el propósito y nos están guiando

hacia lo que mas nos convine. El conocimiento y la aceptación del propósito

del alma representan el alivio de las miserias y sufrimientos terrenales...” 

Y agrega que “…

la tarea de los Terapeutas Espirituales es proporcionar, junto a

los remedios naturales, el conocimiento sobre los errores de las vidas de los

 pacientes y las formas en que pueden erradicarlos, para conducirlos de vuelta

a la salud y la felicidad.” 

Estas citas permiten establecer aún mas claramente, por una parte, la calificación de

Espirituales

que particulariza nuestro rol de terapeutas y, por  otra, que la labor que desarrollamos, en tal dirección, esta orientada a que el paciente se vuelva a conectar con su alma. Es decir, trabajamos para el alma de los que nos piden ayuda y no para sus personalidades y por ello nuestras acciones terapéuticas son cuidados para el alma. Después de todo como afirmaba Bach

“La salud, al igual que la vida, es de origen divino y sólo puede

(24)

 ______________________________________   ______________________________________ 

(13)

(13) Hecho y proceso terapéutico en Hecho y proceso terapéutico en la Terapia Floral, Ediciones Indigola Terapia Floral, Ediciones Indigo

que seamos capaces de administrar la curación espiritual, debemos prescribir 

que seamos capaces de administrar la curación espiritual, debemos prescribir 

el remedio que aumente esa virtud y disuelva los defectos de su naturaleza.” 

el remedio que aumente esa virtud y disuelva los defectos de su naturaleza.” 

Tercer paso: una clínica del amor  Tercer paso: una clínica del amor 

Bach resalta a la experiencia amorosa como la esencia del proceso de Bach resalta a la experiencia amorosa como la esencia del proceso de evolución y si la meta del trabajo con el paciente es ayudarlo en su evolución evolución y si la meta del trabajo con el paciente es ayudarlo en su evolución esto implica sustentar que todo el proceso terapéutico debe dirigir su acción esto implica sustentar que todo el proceso terapéutico debe dirigir su acción hacia el encuentro del amor (en tanto para Bach es la meta de la individuación) hacia el encuentro del amor (en tanto para Bach es la meta de la individuación) debe acontecer a la luz de su presencia. Pero ¿Qué es amor para Bach?

debe acontecer a la luz de su presencia. Pero ¿Qué es amor para Bach? El primer rasgo que Bach señala en torno del amor

El primer rasgo que Bach señala en torno del amor es que se encuentraes que se encuentra por 

por 

“encima

“encima

dede

comprensión cotidiana; debe ser algo tremendo: el total olvido

comprensión cotidiana; debe ser algo tremendo: el total olvido

del yo, la pérdida de la individualidad en función de la Unidad, la absorción de

del yo, la pérdida de la individualidad en función de la Unidad, la absorción de

la personalidad por el Todo.” 

la personalidad por el Todo.” 

Esto significa que de lo Esto significa que de lo que esta hablando Bachque esta hablando Bach es

es de de una vivencuna vivencia ia que trascique trasciende los ende los límilímites habituates habituales les de de la la conconciencienciacia (¿transpersonal?) y que supone la disolución e integración del yo al Alma. En (¿transpersonal?) y que supone la disolución e integración del yo al Alma. En ese sendero Bach agrega “

ese sendero Bach agrega “

…el amor es la negación total del yo.” 

…el amor es la negación total del yo.” 

Un segundo rasgo que agrega como inherente al amor es que es “ Un segundo rasgo que agrega como inherente al amor es que es “

servicio combinado con sabiduría.” 

servicio combinado con sabiduría.” 

En donde servicio se entiende con dar sinEn donde servicio se entiende con dar sin esperar recompensa de ninguna naturaleza (lo contrario, el egoísmo, es un esperar recompensa de ninguna naturaleza (lo contrario, el egoísmo, es un negación de la Unidad) y por sabiduría, no el conocimiento del Yo sino las negación de la Unidad) y por sabiduría, no el conocimiento del Yo sino las certezas del alma (su opuesto, la

certezas del alma (su opuesto, la ignorancia, ignorancia, la incapacidad de aprender y, la incapacidad de aprender y, por por  lo tanto, evolucionar). Esta propuesta puede leerse del siguiente modo: la ley lo tanto, evolucionar). Esta propuesta puede leerse del siguiente modo: la ley de

de la la evevololucucióión n es es la la leley y dedel l apaprerendndizizajaje, e, apaprerendnder er nonos s hahace ce sasabibiosos, , lala sabiduría es la sabiduría del amor (el amor nos hace sabios), la ley de la sabiduría es la sabiduría del amor (el amor nos hace sabios), la ley de la evolución es la ley del amor.

evolución es la ley del amor.

Un tercer elemento es que el amor promueve la liberación y que toda Un tercer elemento es que el amor promueve la liberación y que toda relación de depende

relación de dependencia no es amor. ncia no es amor. El amor nos hace libres y El amor nos hace libres y nos aleja de lanos aleja de la codicia espiritual que nos lleva al deseo de poder y “…

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del Creador.” 

del Creador.” 

Un cuarto tema a tener en cuenta es que el amor une y en esa dirección Un cuarto tema a tener en cuenta es que el amor une y en esa dirección es la meta del camino de evolución y el fuego alquímico que alimenta y es la meta del camino de evolución y el fuego alquímico que alimenta y promueve nuestra transformación hacia la completud y la unidad.

promueve nuestra transformación hacia la completud y la unidad. Fi

Finanalmelmentente, , vivivir vir la la vidvida a con amorcon amor, , es es papara ra BaBachch, , aquaquellello o que nosque nos conduce al deleite y la

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servir a través del amor, en

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la más perfecta libertad de seguir nuestro propio camino

la más perfecta libertad de seguir nuestro propio camino

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verdadera salud. De modo tal que el amor resulta ser el camino no solo de laDe modo tal que el amor resulta ser el camino no solo de la evolución y la iluminación sino, también, de la sanación.

evolución y la iluminación sino, también, de la sanación.

¿Cómo llevar esta ética del amor a la práctica clínica? Sigmund Freud ¿Cómo llevar esta ética del amor a la práctica clínica? Sigmund Freud había advertido que la curación acontece en el marco de una relación de amor  había advertido que la curación acontece en el marco de una relación de amor  que él llamó transferencia. En la tarea de disolver este vínculo transferencial que él llamó transferencia. En la tarea de disolver este vínculo transferencial

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