• No se han encontrado resultados

Si Fueras Mia

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Si Fueras Mia"

Copied!
164
0
0

Texto completo

(1)
(2)

2

Allá, donde estas, sabes que soy tuya… que tú eres mía. Este libro es para ti

(3)

3

Contenido

Sinopsis ... 4

Capítulo 1: Mi Nueva Profesora De Literatura ... 5

Capítulo 2: Inesperadamente… ... 14

Capítulo 3: El Primer Indicio ... 23

Capítulo 4: En La Biblioteca ... 31

Capítulo 5: En El Baño ... 39

Capítulo 6: No Somos Nada ... 48

Capítulo 7: Es El Amor Que Pasa ... 56

Capítulo 8: Es Sólo Una Amiga ... 63

Capítulo 9: Necesito De Ti ... 71

Capítulo 10: Y Entonces Lo Supe ... 79

Capítulo 11: Ganas De Ti ... 86

Capítulo 12: Ella Juega Contigo ... 96

Capítulo 13: No Me Imagino Sin Ti ... 106

Capítulo 14: Deseo ... 117

Capítulo 15: ¡Es tan hermosa! ... 129

Capítulo 16: El Último Beso ... 141

Capítulo 17: ¿Fin? ... 151

(4)

4

Sinopsis

Cuando Ana Orozco cruzó la puerta del salón de literatura no se imaginó que ese era el inicio de una importante historia. No se imaginó que estaba a punto de enamorarse, ni siquiera alcanzó a sospechar que pronto sería víctima de una de las más crueles bromas del destino.

Marcela Navarro era hermosa, inteligente y decidida. La clase de mujer que cualquiera podría desear… si no la conocen lo suficiente.

(5)

5

Capítulo 1: Mi Nueva Profesora De Literatura

“Prof. Marcela Navarro”

La caligrafía perfecta trazada con marcador negro brillaba llamativamente sobre la pulcra superficie de una pizarra blanca. Eso fue lo primero que atrajo mi atención al ingresar al salón de clases.

Vero caminaba justo detrás de mí por lo tanto se estrelló contra mi espalda cuando me detuve a contemplar la segunda cosa que llamó mi atención ese día. Todos los asientos estaban ocupados. Nuestras únicas opciones eran esas dos bancas que ningún estudiante quiere. Esas que se ubican justo frente al escritorio del profesor. Ahí no es un buen sitio si olvidaste hacer la tarea, no es un buen sitio cuando el profesor pregunta algo, no es un buen sitio a la hora de los exámenes. Y en el colegio persiste la tradición de que el lugar que ocupas el primer día pasa a ser de tu propiedad por el resto del año. Afortunadamente, y al parecer la única buena noticia del día, es que no había rastros de la profesora. Y sin ánimos de retar nuestro breve lapso de buena suerte mi amiga yo corrimos a ocupar nuestros lugares.

—Genial, realmente sublime, ahora tendremos que ponerle atención todo el ciclo escolar—me quejé sacando mi libreta y poniéndola sobre mi escritorio ocupando más fuerza de la necesaria — ¿Realmente tenías que ir al baño? Vero me dedicó una mirada de reojo asesina.

—Cállate que tendrás todo un hermoso año para quejarte y amargarme —dijo mientras hurgaba entre sus cosas.

La conocía tan bien que me era sumamente fácil adivinar que había olvidado llevar un lápiz el primer día de clases.

—Marcela Navarro —susurré mirando las letras perfectamente alineadas sobre el pizarrón.

—Es una pesadilla— aseguró sin dejar de buscar entre sus cosas— y yo no pude traer un puto lápiz el primer día.

(6)

6

Sonreí.

—Tiene bonita letra —ese fue un pensamiento que se me escapó en voz alta. —Y un carácter de mierda —completa Vero.

— ¿Qué sabes de ella? —pregunto extrañada, era raro que mi amiga hablara mal de un profesor.

—Es su primer año aquí. Le dio clases a mi hermano en la universidad y él dijo que era una pesadilla.

— ¿David dijo eso?

De pronto me importaba un comino la profesora, cualquier plática dejaba de interesarme cuando el nombre del hermano mayor de mi mejor amiga aparecía, ya sea en medio de la conversación (como en esta) o en mis pensamientos (allí entraba él a menudo).

—No. En realidad cuando supo que la profesora Navarro me daría clases lo que me dijo fue que saliera de aquí con dignidad y pasara el resto de mi vida cantando en el metro.

— ¿Y al él como le va? —pregunté fingiendo que no me interesaba. —No me importa. Es un pesado, engreído y…

Se calló de inmediato, instintivamente seguí sus ojos que estaban clavados en la puerta del aula. Allí estaba una mujer rubia, recorrió a todo el grupo con una severa mirada antes de ingresar al aula. Era alta, andaba lejos de los cuarenta pero sin menos de treinta. Su cabello caía elegantemente sobre sus hombros y brillaba como en los comerciales de shampoo. No pude pasar por alto su bien torneada figura, que también me recordó a los anuncios publicitarios, pero esta vez a los que muestran lencería.

Me regañé por ese último pensamiento y de inmediato dejé de mirarla. —Buenos días jóvenes —su voz era fuerte y autoritaria.

(7)

7

Observé de reojo como caminaba hacia el escritorio, y después se sentaba justo frente a mí.

Ella dijo de donde venía, como habitualmente hacían todos los profesores nuevos. Habló un poco de haber estado dando clases en una universidad y luego pasó lista para irnos conociendo. Pero nada de hacer bromas ni contar chistes como la mayoría de los maestros hacen para romper el hielo. Ella fue directo al punto, expuso su sádico plan de clases ante bufidos de desacuerdo por parte de unos cuantos, pero la profesora los ignoró por completo y entró de lleno al primer tema.

“Gilgamesh” Escribió en el pizarrón, justo debajo de su nombre, con su caligrafía perfecta.

De nuevo dirigió su atención a los alumnos. — Señor Aguirre ¿conoce la obra?

Mi compañero miró a ambos lados como si quisiera estar seguro de que la profesora se estaba dirigiendo a él.

— ¿Eso con qué se come? —pregunto tratando de hacerse el gracioso y hubo quienes le celebraron el chiste.

Pero la expresión severa de la profesora Navarro poco a poco fue apagando las risas.

—Lo va a averiguar muy pronto y no lo olvidará en mucho tiempo. Quiero que se documente y me traiga un ensayo de 3000 palabras donde me expliqué según su criterio si el hallazgo de esta obra fue relevante o no para la literatura moderna.

El pobre chico tiene la boca ligeramente abierta y una sonrisa nerviosa curva sus labios.

— ¿Está bromeando?

Todos guardan silencio. En la expresión de la profesora no hay un chiste. —Para la próxima semana —agrega.

(8)

8

— ¿¡Una semana!?

Al parecer mi compañero no se da cuenta que la profesora Navarro no conoce de bromas ni juegos.

—Señor Macía, ¿Qué información me puede proporcionar sobre Gilgamesh? Apunta hacia Jonathan, él se queda de piedra sin saber que decir.

— ¿Lo del ensayo no iba enserio verdad? —Insiste mi compañero— digo, no puede esperar a que nosotros respondamos a cosas que aún no nos ha enseñado.

Marcela Navarro lo fulmina con la mirada.

—Señor Aguirre, ¿Cómo llegó usted hasta este punto?

Él chico frunce el ceño sin poder entender de qué le está hablando la profesora.

—No le entiendo…

— ¿No fue a la secundaría? —Claro que si… pero….

—En todos los libros de literatura de la secundaria hay información sobre esta obra, si jamás revisó esos ejemplares me hace el favor de salir de mi salón de clases y no volver hasta que tenga el grado de conocimiento que se le exige a los alumnos de este nivel educativo.

No se movió.

—Haré el ensayo —dijo al fin. —El miércoles sobre mi escritorio. —Había dicho que la próxima semana.

(9)

9

—Señor Aguirre si le sigue robando tiempo a mi clase el ensayo será para mañana y sobre el escritorio del director.

De nuevo mira a Jonathan, esté simplemente niega con la cabeza.

—Quiero el ensayo en una semana, a menos que tenga algo que alegar. El chico de nuevo hace un gesto negativo sin decir nada.

La profesora Navarro se mueve entre los escritorios y va formulándole la misma pregunta a un par de alumnos más sin obtener respuestas.

Vero me golpea la rodilla con pánico al ver como la profesora camina despacio hasta nosotras.

—Señorita Hernández algo que decir —pregunta antes de estar lo suficientemente cerca.

Yo dirijo los ojos al pizarrón, donde se encuentra la palabra “Gilgamesh” me llevo la mano a la boca, como si me estuviera rascando el labio y escribo rápidamente sobre un cuaderno las palabras “Mitología Sumeria”

—Es una obra perteneciente a la mitología sumeria —responde mi amiga con voz temblorosa.

La profesora llega hasta nosotras y disimuladamente yo pongo mis manos sobre el cuaderno para que no pueda ver lo que hay escrito.

Me aventuro a mirarla. Grave error. Nos ha pillado, no sé cómo, no sé por qué lo sé, pero ella se ha dado cuenta, su forma de mirarme es bastante elocuente. — ¿Algo más que recuerde? —pregunta en un tonito irónico que me pone de nervios.

Mi amiga niega con la cabeza.

—Yo sé que recuerda algo más —insiste ella. —Es todo lo que sé —responde Vero.

(10)

10

—Gilgamesh es un personaje legendario de la mitología sumeria —comienza a explicar poniéndose al frente de su clase— En esta obra, el primer poema épico que se conserva, se cuentan sus aventuras junto a su amigo Enkidu y su búsqueda de la inmortalidad tras la muerte de este. Es la obra literaria más antigua de la especie humana encontrada hasta el momento…

Cuando empezó a impartir el primer tema de clases deje de prestarle atención a sus palabras y me dediqué a estudiarla a ella. Mi nueva profesora tenía algo peculiar, indudablemente era una mujer hermosa, pero tenía algo más, y fue casi al final de la clase cuando descubrí que era aquello que tanto me intrigaba. ¡Sus ojos! Por las gafas no lo había notado pero cuando nuestras miradas se encontraron por unos cuantos segundos descubrí que sus ojos eran grandes y negros, y brillaban de tal forma que parecía tener el cielo y el infierno juntos en una mirada. Era tal la oscuridad que al contemplarlos uno tenía la impresión de que caería por el borde del mundo.

Cuando terminó la clase supe que por fin tendría una profesora de literatura capacitada, pero al resto de mis compañeros no les cayó en gracia enterarse que tendría que trabajar en una materia para la que ya se habían acostumbrado a no hacer nada. Al final todos, excepto Vero, teníamos que hacer el jodido ensayo, aunque la mayoría contábamos con una semana para prepararlo.

Cuando la clase terminó todos se apresuraron a guardar sus cosas. La profesora se sentó detrás del escritorio, estoy de espaldas a ella metiendo las libretas a mi mochila pero siento su jodida mirada.

—Señorita Orozco —me llamó.

Mi pulso se detuvo momentáneamente, allí estaba, lo que tanto temía.

Me giro despacio. Vero que también guardaba sus cosas se queda muy quieta y otros más voltean a mirarme.

—Dígame, profesora —ocupo mi tonito de voz más inocente para dirigirme a ella.

(11)

11

Nadie comprende muy bien lo que pasa, incluso Vero parece un poco confundida.

Yo me limito a mirarla evitando el contacto directo con sus ojos. —Espere a que todos se vayan.

Mis compañeros entienden la indirecta y caminan rápido hacia la salida, temiendo resultar castigados también.

Vero duda un par de veces antes de marcharse. —Siéntate —susurra peligrosamente.

Obedezco demasiado rápido, como un maldito títere.

Ella me observa en silencio por unos segundos demasiado largos desde mi perspectiva. Como no sé qué diablos hacer me miro las uñas como si fueran la cosa más interesante sobre la tierra.

— ¿Por qué la estoy castigando señorita Orozco? —pregunta de pronto. No es buena idea mentir, podría empeorarlo todo, ignoro los motivos pero esa mujer me resulta sumamente intimidante.

—Por ayudar a mi compañera —susurro con un hilo de voz. Me atrevo a mirarla, luce sorprendida.

—Eso nos ahorra tiempo —dice y se pone a ojear unos papeles— Ya que está más preparada que el resto de sus compañeros no se me hace justo que tenga que hacer su misma tarea. Qué tal 5000 palabras para mañana.

No era una pregunta. Ni siquiera puedo hablar.

Ella me estudia con sus tenebrosos ojos. Puedo escuchar como la oscuridad de su mirada me habla. Está esperando que le ruegue por un poco más de tiempo.

(12)

12

— ¿Es todo? —pregunto tratando de sonar indiferente. Ella arquea las cejas sin poder ocultar su sorpresa. —Puede retirarse.

Camino hasta la salida sintiendo sus ojos clavados en mi nuca. En el pasillo me encuentro a todos mis compañeros discutiendo. — ¿Es que quién se cree que es? —reclamó Stephanie.

— ¿Por qué nos toma? ¿Acaso no sabe que tenemos otras 6 materias? —alegó alguien más.

—Esa piensa que sigue en la universidad. No puede exigirnos lo mismo que a unos universitarios.

—Es el primer día y ya pasaré toda la noche haciendo su tarea.

—Yo digo que deberíamos ir a quejarnos a la dirección —soltó de pronto Vero. Le di un puñetazo en el hombro.

—Shhh.

—Tienes razón —Stephanie la apoyó de inmediato. Los demás alumnos hicieron lo mismo.

—Un momento —alcé la voz para que todos se callaran y me escucharan— No digan tonterías. ¿Qué van a alegar en la dirección? ¿Qué la nueva maestra les cayó mal? Ese ni siquiera es un motivo, lo que conseguirán será un regaño y si la profesora cumple sus amenazas y nos hace la vida imposible entonces no nos creerán y tocara aguantarla.

Nadie tuvo un argumento contra eso.

—Bien, pero a la primera la acabamos —sentenció Vero. El grupo poco a poco se fue dispersando.

(13)

13

— ¿Qué quería contigo? —se apura a preguntar Vero. No le respondo enseguida.

—¿Para qué quiso que te quedaras? —Insiste—¿Por qué te castigó? —Supo que te ayudé a responder.

—¿Qué? ¿Cómo? —Yo que sé…

—Es una maldita bruja. ¿Cuál fue tu castigo? —Quiere el ensayo para mañana.

Vero se me queda mirando boquiabierta. —Está loca…

—Es lo justo.

—Claro que no, no puedo creer que la hayas defendido, deberíamos estar hablando con el director ya mismo.

—Fue mi culpa, no debimos tratar de verle la cara.

Vero no parece muy contenta pero el profesor de Física ya está en el salón así que no puede seguir discutiendo.

—Solo te diré una cosa, esa mujer está en la cuerda floja y cualquier día de estos…

Deja la oración a medias, para mantener el misterio. Le encanta saber cosas que yo no.

Pero no tengo intenciones de insistirle, no me siento de humor para escuchar chismes.

(14)

14

Capítulo 2: Inesperadamente…

Lanzo mi mochila a una esquina y regreso sobre mis pasos hasta la cocina. Mi estómago exige comida rápida. En la ciudad la comida rápida está en tu puerta tres horas después de haberla ordenado y completamente fría. No creo sobrevivir a tanta espera así que elijo preparar una sopa de dudosa reputación, pero que está lista para ser devorada tan solo tres minutos después de estar dentro del microondas.

Estoy mirando impaciente la cuenta regresiva en el horno cuando Europa se acerca a mí y comienza a frotarse en mis pies.

—Tú no puedes tener hambre —la regaño.

Como mis padres nunca están en casa y yo pasó la mitad del día en el colegio siempre le dejo la comida a su alcance. Es una gata horrible, malhumorada y con sobrepeso.

Maúlla con cierta exigencia. Como si estuviera muriendo de inanición. La miro por unos segundos e inevitablemente me dejo manipular por ella. Busco en la alacena algo para darle. No hay mucho de donde escoger, termino ofreciéndole unas bolitas de cereal que mi madre ama sobre todas las cosas. Cuando la sopa está lista decido comer en mi recamara. Debo empezar el jodido ensayo de una vez.

No hay mucho sobre que escribir. Gilgamesh es la obra literaria más antigua que se ha encontrado, indiscutiblemente es de gran relevancia, no sólo para la literatura, si no para todas las áreas de la humanidad. Pero eso se decía con 20 palabras, ¿de dónde iba a sacar las otras 4980 que me faltaban? Me gustaba leer, pero no era escritora, no se me daban bien las palabras. Miro a mi alrededor, hay una pintura a medio hacer sobre un caballete, la única cosa que se me daba en la vida era pintar, y poco a poco sentía como se me

estaba yendo de las manos. Esa pintura tenía cerca de dos meses habitando en mi cabeza pero hasta ahora me había resultado imposible plasmarla sobre ese lienzo para que alguien más la contemplara.

(15)

15

De nuevo miro el documento de Word en blanco. Paso varios desesperados minutos escribiendo y borrando oraciones. Pero nada, es hora del plan B. Internet.

Reviso varias decenas de páginas. Cuando más lo necesitas Google no te da los resultados esperados. Golpeo el teclado con frustración.

Es hora de dejar de perder el tiempo.

Empiezo a escribir todo lo que recuerdo de la obra. La mayoría son oraciones sueltas, cuando está todo capturado voy buscado la manera de unir las ideas y poco a poco dirigirlas hacia mi fin que es señalar la importancia del hallazgo de esta Epopeya.

Cuando pongo el punto final dejo caer la cabeza sobre el escritorio. Una fracción de segundo después suena la alarma.

Con el andar de un zombi me dirijo al cuarto del baño. El agua helada es como una inyección de adrenalina.

(…)

—Hay que ir a comprar la despensa —está diciendo mi madre mientras revisa la alacena —puedo jurar que había cereal…

Instintivamente bajo la vista a Europa que ronda cerca de los pies de mi papá. —Buenos días —digo entrando a la cocina.

—Buenos días princesa —me saluda mi padre.

—Deja te sirvo el desayuno… ¿Qué tal tu primer día?

Suelto un gruñido muy parecido a los que hace Europa cuando no la dejan entrar a la cocina.

—¿Tan malo?

Mi padre lo interpreta de prisa.

—No del todo… —susurro mordisqueando el tocino— Es que… hay una maestra nueva.

(16)

16

—¿Te está dando problemas? —pregunta mi padre muy serio.

Lo miro extrañada. Creí que esa etapa del papá policía ya la había superado cuando terminé la primaria.

—No, para nada —respondo enseguida— está muy capacitada… Voy a aprender mucho de ella.

Continúa haciendo un par de preguntas sobre la profesora que yo respondo con monosílabos, estoy más atenta en devorar de prisa el desayuno, no quiero llegar tarde y darle motivos para que me vuelva a castigar.

El colegio a esa hora es un ir y venir de alumnos adormitados que se acurrucan detrás se sus escritorios a dormir cinco minutos más, o lo que tarde el profesor en llegar.

Por desgracia, cuando yo entro al aula la profesora ya está sentada en su sitio leyendo. Hay un par de alumnos al fondo del salón platicando en voz muy baja.

—Buenos días —digo sentándome en mi lugar. —Buenos días —responde sin alzar la mirada.

Miro de reojo el libro que sostiene entre sus delgadas manos de largos dedos. Se titula “Mujeres” de Charles Bukowski. Ni el titulo ni el autor me resultaron familiares.

El salón no tardo en llenarse de alumno, cuando dieron las siete la profesora dejó su libro sobre el escritorio y comenzó a dar la clase.

Un nuevo tema, hubo que tomar muchos apuntes. Eso y la dosis de anoche acabaron con mi mano.

La clase se alargó monstruosamente hasta que al fin la propia profesora nos ordenó retirarnos, consulté el reloj, aún quedaban cinco minutos.

Busqué el folder donde había guardado mi ensayo para entregárselo. Pero ella me tuvo con la mano extendida hasta que el último alumno salió del salón.

(17)

17

—Espero que no se repita, o la próxima vez no seré tan clemente con usted —me amenazó cogiendo el folder.

—Entiendo.

—Si el trabajo no está bien hecho lo tendrá que hacer de nuevo. —Entiendo.

—Si lo sacó de internet, más le vale que lo confiese ahora. —No fue así —le garantizo cortante.

Sostengo su mirada, cinco segundos es todo lo que puedo soportar. —¿Puedo retirarme?

Ella me indica con un gesto que lo haga. Vero me esperaba recostada en la pared. —¿Qué te dijo la loca esa?

No le respondo.

—Vamos Ana, reacciona, andas toda perdida.

—Por si no lo recuerdas tuve que pasar toda la noche haciendo un ensayo. No esperas que me ría del primer mal chiste que sueltas —le digo

alejándome de ella.

—Oye, no te enojes conmigo por culpa de esa maldita gárgola. Me abraza por la espalda.

—Te invito a almorzar a mi casa. Le pedí a mi madre que te preparara lasaña no te puedes negar.

Tengo dos opciones, seguir enojada o comer lasaña. —Vale.

(18)

18

—Das toda tu alma por una lasaña.

—Toda mi alma por un almuerzo decente.

—Tú siempre puedes venir a mi casa. Mi mamá te adora. La clase es arriba, por cierto —dice viendo que nos estamos alejando de las escaleras.

—Ve tú, quiero descansar cinco minutos.

Mi siguiente clase era historia. Consulté el horario y supe que sería impartida por la misma profesora del año pasado. Era una anciana que siempre entraba tarde y los primeros días no decía nada de importancia así que tenía tiempo para ir al patio.

Afuera del edificio unos cuantos chicos correteaban una pelota, nunca le había encontrado el chiste al soccer, me parecía un deporte estúpido.

Reconocí a uno de los jugadores, era un año mayor e intentó ser novio de mi amiga. Él alzó el brazo para saludar y yo me limité a sonreírle y apartarme. Lo que menos quería era ser acribillada con sus preguntas sobre Verónica, sobre sus gustos con los hombres, sobre sus flores preferidas y esas tonterías para las que Diego siempre me buscaba.

Mi parte favorita de la escuela era un lugar apartado del bullicio habitual, donde estaban unos cuantos troncos actuando de bancas bajo la sombra de un árbol gigantesco. Ese lugar era usado por los estudiantes que fumaban a escondidas en el turno vespertino, pero durante la mañana no había nadie rondando cerca.

Me acosté en un tronco alargado, era el lugar perfecto para que nadie me viera. Busqué en mi móvil la lista de reproducción y deje que la música superara el volumen de seguridad a través de los auriculares.

Respiré profundo disfrutando mis cinco minutos de libertad y dejando que las canciones de Pignoise suprimieran el sonido de mis pensamientos.

(…)

Cuando abrí los ojos supe dos cosas. 1) Me había quedado dormida.

(19)

19

2) Me habían descubierto.

Una mujer rubia me miraba fijamente. Me levanté de un salto y guardé el móvil.

—Profesora lo lamento yo… ¿Qué le digo? ¿Qué le digo?

Ella arqueó las cejas y me estremecí ante su mirada que tenía una mezcla de desaprobación y burla.

—Me sentía mal —dije lo primero que se me vino a la mente.

— ¿Enserio? ¿Necesitas ayuda? —lo dijo en un tonito que más bien daba a entender, “que pretexto más estúpido”.

Sentí el calor subir por mis mejillas seguido de un ligero mareo.

—Tengo que ir a clases —murmuré tomando mi mochila que había caído a un lado.

— ¿Estudias también por la tarde? — ¿Qué?

Ella miró el elegante reloj que llevaba en la muñeca. —Son las dos, señorita Orozco.

—No puede ser —dije llevándome las manos a la cabeza— no pude haber dormido tanto.

Saqué el teléfono del bolsillo trasero de mis jeans y consulté la hora. —No puede ser.

Nuestras miradas se encontraron. En sus ojos estaba el borde el mundo, y yo me encontraba mirando hacia abajo. A tan solo un suspiro de caer dentro de su mirada. Inesperadamente todo comenzó a girar muy rápido. Quise

(20)

20

interrumpir el contacto visual, pero me sentí atrapada, en sus ojos había más infierno que cielo esta vez, la parte del brillo había desaparecido

convirtiéndolos en dos farolas de enfermiza oscuridad.

Finalmente ella parpadeo liberándome del suplicio, rápido baje la vista.

Me costaba formular un pensamiento coherente, tenía el corazón acelerado, al igual que la respiración, como si hubiese estado corriendo un maratón, y poco a poco todo mí alrededor comenzó a girar, primero despacio pero luego la velocidad aumento convirtiendo las cosas en una mancha borrosa.

— ¿Te encuentras bien? —escuché que preguntó una voz lejana.

Di un paso atrás y mis piernas temblaron amenazando con no poder sostener mi peso durante mucho tiempo más. Finalmente algo me sostuvo, y de

alguna manera mi cuerpo dejo de ser una carga para mí. (…)

Por segunda vez en un día desperté sin la puta idea de cómo me había quedado dormida. Pero una jaqueca terrible me hizo recordar la sensación de vértigo y el hecho de que cierta rubia me estuviera mirando con

preocupación me confirmó que lo que alcanzaba a recordar realmente había pasado.

Hice un ademán de levantarme pero ella me lo impidió poniendo su mano sobre mi pecho, su inocente gesto paralizó mi respiración.

—No tan rápido —murmuró. —Estoy bien…

—Espera aquí, iré a traer a la enfermera, no te quise dejar sola… —Estoy bien —repetí e intente ponerme de pie nuevamente.

Esta vez me ayudo en lugar de detenerme y atravesó su brazo detrás de mis hombros, temerosa de que volviera a desmayarme.

(21)

21

—Le juro que estoy bien.

—Uno no se desmaya así porque sí. Si te has estado sintiendo mal lo mejor es que alguien te revise.

—Es la primera vez que me pasa —susurré, mi voz sonaba muy débil. Ella suspira.

Esta tan cerca de mí que el suave aroma de su perfume se mezcla en el oxígeno que inhalo. Muero de ganas por recargar mi cabeza en su hombro, después de todo estoy enferma, eso se vale.

—No seas necia y ven conmigo.

Pero no me muevo y lo mejor es que ella no me suelta. —No puedo ir, le avisaran a mis padres y…

— ¿Y? —Me cuestiona y se pone muy seria de pronto— ¿Estas embarazada? Lejos de ofenderme o confundirme su conclusión me causa gracia.

—Claro que no —le digo sonriendo y entonces acomodo mi cabeza en su hombro— no quiero que se preocupen.

Me doy cuenta muy tarde de lo que hice y me quedo de piedra pensando en cómo dar marcha atrás, pero ella suspira e inclina ligeramente su cabeza hacia la mía. Cierro los ojos por un par de segundos. Aquello me gusta de una manera que de momento no quiero analizar.

— ¿Qué tan segura estas de ello?

—No estoy embarazada —le digo con firmeza— Estoy totalmente segura de ello.

La siento sonreír.

—Tal vez sólo necesitas comer algo —sentenció al mismo tiempo que me soltaba y entendí que era momento de bajar de mi nube.

(22)

22

Nos separamos.

—Iré a casa —digo desanimada. — ¿Almuerzas conmigo?

(23)

23

Capítulo 3: El Primer Indicio

—¿Qué te gusta?

Me quedó toda tonta mirando la larga hilera de autos frente a nosotras mientras que me exprimo el cerebro por encontrarle el sentido y la respuesta a su pregunta.

—Señorita Orozco… ¿está aquí? —Dígame.

Volteo a verla. Grave error. ¿Será que nunca me acostumbraré a sus condenados ojos?

Ella mueve la cabeza despacio y me mira con cierta preocupación.

— ¿Qué clase de comida te gusta? —Pregunta impaciente— No sé si estas enferma o sólo me estas ignorando.

—Estaba distraída —comento mientras finjo que veo mis manos— En realidad hay un establecimiento de comida rápido muy cerca de aquí. Sólo hay que doblar en la siguiente calle… y se evita el tráfico hacia el centro.

—Perfecto —murmura ella.

Llegamos al sitio 10 minutos después.

Al verme entrar Hugo, que está detrás de la caja, comienza a mover los brazos en el aire efusivamente para llamar mi atención. Mi mano temerosa le regresa el saludo.

Hay unas cuantas mesas ocupadas, al ver que es la profesora Navarro quien me sigue la conduzco hecha un manojo de nervios hasta el lugar que yo ocupo habitualmente cuando voy a comer ahí.

Enseguida una muchachilla con mechas azules se acerca a ofrecernos el menú, si mal no recuerdo se llama Gabriela. Yo estoy segura de lo quiero, en cambio mi profesora, ante mi mirada perpleja, es excesivamente amable con la chica e incluso hace un par de bromas mientras pide pollo frito. Y le sonríe, le sonríe

(24)

24

a esa niña extraña que ni siquiera conoce. Su primera sonrisa no fue para mí… repentinamente ya no tenía hambre.

Me sentía molesta y triste a la vez, no podía decir los motivos exactos. Era como si una fuerza oscura me estuviera oprimiendo el pecho. Respiré hondo y trate de invocar mentalmente un colorido paisaje, donde había flores, verdes valles, una pequeña granja… era la descripción del dibujo a medias que permanecía sobre el caballete en mi habitación. Pero los colores, las sombras, todo lo demás que las palabras no pueden capturar era lo que tanto me costaba plasmar con pintura. Necesitaba atrapar la paz de esa imagen sobre un lienzo.

—Vaya… de nuevo me estas ignorando —la escucho decir. —Perdón… me quedé pensando…

— ¿En él?

Descaradamente señala hacia Hugo, quien en esos momentos veía hacia nuestra mesa. Cuando mis ojos se encontraron con los suyos el bajó la vista muerto de vergüenza.

Niego rápidamente con la cabeza. —No.

—Es muy guapo —declara.

—Sí, lo es… —susurro sin saber exactamente qué decir. — ¿Te gusta? —pregunta levantando una ceja.

De nuevo niego rápidamente. —No.

Era una charla casual propia de un almuerzo en un restaurante de comida rápida, pero ella seguía siendo mi profesora, la que me castigó el primer día, la que me mantuvo despierta toda la noche trabajando en un bendito ensayo y ciertamente me intimidaba.

(25)

25

Me encojo de hombros. —No creo…

Ella de nuevo mira hacia donde está Hugo. — ¿Vienes aquí muy seguido?

—Si. En realidad vengo todos los fines de semana a almorzar. Queda un poco lejos de casa pero en el camino hay un parque muy bonito, y me distraigo por ahí un rato. Es muy aburrido estar sola.

— ¿Tus padres trabajan los fines de semana?

—Todos los días. Son detectives de policía. Como se imaginará no tiene mucho tiempo libre.

—Policías —repite sorprendida —pudiste ahorrarte el ensayo si lo hubieras dicho antes.

Ambas nos reímos.

—No creo que usted se dejara intimidar por mi padre. Ella suspira.

—No quiero problemas con la policía —es todo lo que dice. En ese momento la chica regresa con la comida.

—Fue bastante bueno tu trabajo —soltó de pronto cuando llevaba mi hamburguesa a la mitad.

Me apresuro a tragar. — ¿Ya lo leyó?

Asiente.

—Escribes como alguien que lee. Me encojo de hombros.

—Es lo que hago cuando muero de aburrimiento en casa. Mi mamá tiene una habitación llena de libros, imagino que era una ávida lectora… pero ya no más, trabaja mucho—le explico.

(26)

26

—Qué lástima. Leer es una bonita costumbre que no se debería perder y vuelve a las mujeres más interesantes.

De nuevo volvemos al silencio. Observo de reojo sus delicados movimientos al comer, es una mujer de clase y yo la he metido a un restaurante de hamburguesas y pollo frito.

Estoy mordisqueando las papas cuando alguien se para a mi lado. —¿Cómo te va Ana?

De inmediato me levanto a saludar a Hugo, supongo que había estado toda la comida debatiéndose entre ir hasta la mesa o quedarse en su puesto, y no quería hacerlo sentir incómodo. Era él quien se sentaba a comer conmigo los fines de semana con todo y el riesgo de que lo echaran.

Me planta un sonoro beso en la mejilla y me abraza cariñoso. —Hola.

— ¿Qué tal el colegio? —pregunta sin dejar de abrazarme. —Genial.

El lanza un bufido de incredulidad.

—No trates de engañarme… yo puedo ver atreves de ti… —lo dice en un tonito bastante insinuante.

Le doy un puñetazo en el hombro. —¿No tienes que trabajar?

El ríe.

—Ayer vino Vero con una chica bastante mona —alza las cejas varias veces seguidas.

Le encantaba inventarse cuentos morbosos alrededor de mi amiga.

—Lárgate a trabajar —le suelto en tono de broma dándole ligeros empujones. —Dijo que te las apañaste para que te castigaran el primer día…

(27)

27

—Hugo, te están llamando…

—Dicen que hay una vieja bruja dándote problemas. Siento el color rojo trepar por mi mejillas.

La profesora Navarro carraspea. —Largo de aquí Hugo.

Cuando parece que estoy convenciendo a mi amigo de que se marche mi profesora de literatura dice:

— ¿No me vas a presentar a tu amigo? La sangre en mis venas se congela. “Trágame tierra” pienso suplicante.

—Hummm Hugo… ella es… —cuando volteo a ver sus ojos oscuros me cortan el aliento, continuo casi sin voz— la profesora Marcela Navarro.

Ella extiende su mano y mi amigo la saluda desconcertado por la repentina tensión que impera entre nosotras.

—Un placer Hugo —murmura mi profesora con un tonito bastante agrio. —Igualmente. Voy a… voy a mi trabajo…

“¿Ya estarás contento? Me has metido en un lío, pedazo de bestia” le digo todo esto con una mirada.

En cuanto él se va vuelvo a ocupar mi lugar y finjo beber la soda que me queda mientras pienso como disculparme.

Navarro me mira fijamente.

—El segundo día y ya soy la vieja bruja que te da problemas —no puedo interpretar los sentimientos detrás de su susurro— creo que acabo de establecer un record.

—Yo nunca dije eso…

—También escuché la conversación… fue tu amiga quien lo dijo. Niego con la cabeza.

(28)

28

—Hugo es un borde, fijo lo inventó todo… Vero no suele expresarse de esa manera… —miento— Igual lamento mucho que haya escuchado todo eso, quiero que sepa que lo del ensayo fue justo y por ningún motivo usted me ha fastidiado.

—Tranquila que no te volveré a castigar por lo que ha pasado aquí… no estamos dentro de mis dominios.

Hay algo raro en ella.

Paga la cuenta siendo de nuevo bastante amable con la mesera.

Y en el camino me pide un par de indicaciones para llegar hasta mi casa. Cuando el auto se detiene no salgo de inmediato.

—Gracias por el almuerzo —murmuro. Ella no agrega nada.

—Y de nuevo disculpe por lo que dijeron de usted…

— ¿Siempre tienes esa costumbre? —pregunta en voz baja y pensativa. La miro extrañada.

— ¿qué costumbre?

—Disculparte por cosas que tú no hiciste.

No sé cómo responder a eso. Ella es demasiado directa y yo demasiado tímida para que entre nosotras puedan fluir con normalidad ese tipo de conversaciones.

— ¿Sabes que me molesta? —Pregunta derrumbando el incómodo silencio dentro del auto. Volteo a verla. Es un suplicio pero me dejo atrapar por sus ojos —No le dijiste a tu amigo que estaba equivocado.

Algo se hace añicos en mi interior. Estoy furiosa conmigo.

(…)

(29)

29

A veces olvidaba que ella tenía una copia de la llave y la mala costumbre de entrar cuando menos lo esperaba para darme sustos de muerte.

Trato de entender de qué rayos está hablando pero mi mente permanece en blanco.

—¿Qué te ocurre?

—¿¡Esa era Marcela Navarro!? —¿Qué haces aquí?

—¿Dónde te metiste toda la tarde?

Nos gritábamos en medio de la cocina como una matrimonio disfuncional, y Europa comía de una lata de atún en medio de las dos ignorando por completo la riña.

—Ana respóndeme.

—Mejor dime tú ¿qué haces aquí? Abre los ojos como platos.

—Lo olvidaste.

Su mirada de desilusión me recuerda la invitación a almorzar en su casa. —¡Joder! Vero lo lamento, fue un día muy… raro, loco… se me pasó… —Estuve retrasando el almuerzo y te mande una docena de mensaje. —Lo lamento.

—¿Era Marcela Navarro? —cambia la conversación bruscamente. —Si… me dio un aventón —miento.

—¿Cómo te metes al carro de esa loca? ¡Es tu profesora!

—Por Dios Vero, solo me trajo un par de calles y tú lo has dicho, es mi profesora… no una secuestradora ni traficante de órganos…

—Pues tiene la pinta. —No la conoces.

(30)

30

—Tu tampoco.

—Y por eso no ando por ahí hablando mal de ella. Ni siquiera te tocó hacer el ensayo porque respondiste bien… si quieres seguir así ponte a estudiar y a leer y verás cómo se llevan bomba.

— ¿Así como tú?

Pongo los ojos en blanco.

—Sabes que hablamos mañana.

Doy media vuelta y camino hacia mi habitación dejándola sola en medio de la cocina.

De nuevo el dolor de cabeza y el mareo habían regresado. Me dejo caer sobre la cama y cierro los ojos.

—Yo no esperaba que Hugo dijera eso —murmuré agachando la cabeza— no supe reaccionar.

Ella suspira.

—No me importa que hablen mal de mí. Estoy muy acostumbrada a ello. —Voy a aclarar las cosas con Hugo y con Verónica… usted solo está haciendo su trabajo, y bastante bien a mi parecer.

Sonríe, una sonrisa triste y hermosa. Traté de grabar ese gesto en mi memoria, necesitaba dibujar a esa mujer así, tal como estaba en ese momento, mostrando la vanidosa belleza de un dolor pequeño y silencioso.

—Me ha encantado almorzar contigo. Qué tengas un buen día Ana.

Mi nombre jamás fue tan bonito como cuando ella lo pronunció.

Pese a que dormí toda mañana el sueño me atrapo en ese momento y mi último pensamiento fue directo hasta ella. ¿Habrá alguien esperándola en casa?

(31)

31

Capítulo 4: En La Biblioteca

Cuando despierto no ha amanecido del todo.

Mis padres aún duermen. No sé a qué hora llegaron pero es evidente que alguien se tomó la molestia de arroparme.

Busco el móvil para revisar mis redes sociales antes de que llegue la hora de arreglarme, al encenderlo soy acribillada por 15 mensajes de Vero, todos peguntando a donde me había metido.

Admito que fui una grosera con ella, aparte de plantarla le había gritado… y no se lo merecía, Verónica no solo era mi mejor amiga, era la única, desde siempre. Ya me disculparía con ella, llegando al colegio.

Sus mensajes me trajeron el recuerdo del almuerzo, de Marcela Navarro, y sonreí tontamente al pensar en ella.

Pero me equivoqué al pensar que esa comida de alguna manera había establecido un lazo entre nosotras. Las dos semanas siguientes no dio la más mínima señal de recordar el almuerzo, incluso empezaba a dudar que hubiese estado con ella es ese restaurante, tal vez tenía una hermana gemela… o tal vez el cansancio me había hecho alucinar. No le tomó mucho hacerse muy mala fama en el colegio. Pronto se convirtió en la profesora más odiada, tanto por sus alumnos como por aquellos que habían escuchado las aterradoras narraciones de sus clases, de sus complicados interrogatorios, de los insufribles exámenes orales y por supuesto de nuestra más grande pesadilla, los ensayos. Y peor parte es que el resto de los maestros trataban de imitarla, no les hacía gracia que una profesora recién llegada se hubiese ganado el respeto absoluto de todos los estudiantes o el temor, como se le quiere ver a lo que Marcela Navarro inspiraba en sus pupilos, que se paseaban de un lado a otro con el rostro detrás de un libro o garabateando las líneas de algún ensayo que tenían pendiente. Honestamente a mí me intimidó desde el principio pero a medida que avanzaban los días la profesora Navarro iba despertando otras cosas en mí. Aparte de ser una mujer indudablemente hermosa, también era inteligente, ingeniosa y elegante. Mientras hablaba en las clases yo no podía hacer nada más que contemplarla con fascinación. Ella

(32)

32

tenía un poder especial para atrapar toda mi atención y mantenerme embobada, aun cuando no estaba frente a mí.

—Pero si ayer conté 100 más… —le gritó Vero a su libreta después de contar por quinta vez el total de palabras que llevaba hasta ese momento.

—Tal vez se te quedaron en el salón —me burlé. —ja-ja-ja ¿Cuántas llevas tú?

Me encojo de hombros.

—Pasaré toda la noche trabajando en eso. —Es una reverenda estupidez —se queja. La vieja bibliotecaria carraspea molesta.

— ¿qué? —pregunto en un susurro mientras ojeo unos libros que alguien ha dejado sobre ese escritorio.

—Este ensayo a mano ¿Cuál es el caso?

—Revisar la ortografía —respondo con obviedad. —Para joder diría yo.

La bibliotecaria vuelve a carraspear molesta, al mismo tiempo que mi amiga lanza un furioso bufido y vuelve a su labor de contar palabra por palabra. En lugar de estar contando debería ponerse a escribir, pero prefiero guardarme mis pensamientos. No anda de muy buen humor, últimamente nunca trae humor. Me he percatado que Marcela Navarro le jode hasta un punto que no puedo comprender. Jamás ha parecido que trae nada en su contra, la profesora le ha dado a mi amiga el mismo trato que a todos.

Inesperadamente comienza a guardar lapiceros, cuadernos y libros en su mochila.

(33)

33

Ella ha guardado todo pero continua sentada frente a mí. —No soporto esta idiotez ni un segundo más.

—El trabajo es para mañana —le recuerdo. —Y tú ni siquiera lo has empezado.

—Ya te dije que he decidido no dormir esta noche y terminarlo…

—No importa… si decides hacerlo o no… tendrás la calificación más alta, como siempre…

—Se me da bien la escritura —le digo encogiéndome de hombros. Hay una rara sombra en sus ojos pero no logro interpretarla.

— ¿Segura que es por eso?

Desde que discutimos en medio de mi cocina no habíamos vuelto a mencionar que la profesora Navarro me había llevado a casa, pero algo me decía que en esos momentos Verónica quería conducir la conversación hasta ese punto —¿Qué tratas de decirme? —pregunto a la defensiva.

Ahora es ella quien se encoje de hombros.

—No sé… solo he pensado mucho… tú la defiendes menudos, justificas todas sus locuras, me he dado cuenta no soy tonta… Y luego ella te favorece en la notas…

—¿Qué estas tratando de decirme? —vuelvo a preguntarle alzando la voz más de lo necesario.

Ella evita mirarme.

—Me da la impresión de que se traen un acuerdo… como un rollo raro… — ¿Un rollo? —Pregunto entre asqueada y molesta —Ella no me favorece en nada, estudio mucho y trabajo duro para entregarle tareas más o menos decentes, pongo el mismo empeño en todas mi materias… pero la literatura se

(34)

34

me da. Y si la defiendo es porque tú la juzgas por todo, de loca y bruja no la bajas y te cuesta reconocer que en estas semanas has aprendido con ella más de lo que pudiste aprender en la primaria y la secundaria. Estas siendo muy egoísta Vero.

Ella niega con la cabeza varias veces, parece que quiere decir algo pero no encuentra las palabras correctas.

—Justo lo que te digo, nunca te quedas sin argumentos si se trata de la profesora Navarro… pero un día no tendrás justificaciones que valgan, para defenderla...

—Señoritas —dice una ronca detrás de mí— me hacen el favor de ir a discutir en la cafetería.

Sin esperar a que respondamos la vieja bibliotecaria me toma del hombro para que me levante. De inmediato tomamos nuestras mochilas.

—Acaba de interrumpir una buena telenovela.

Alguien aparece entre los estantes hablándole a la anciana. Este es un sueño, tiene que ser una pesadilla.

—Buenas tardes profesora Navarro —saluda la vieja— creo que necesito un cartel de guardar silencio un poco más grande.

—Castigaré a un par de alumnos y se los enviaré para que encarguen de ello —sus ojos negros se mueven directo a Vero —Señorita Hernández venga conmigo.

No espera una respuesta y comienza a alejarse, mi amiga duda unos segundos antes de seguirla y me quedo como estúpida viéndolas marcharse. Ahora si Vero estaba en problemas. Salgo de la biblioteca convertida en un manojo de nervios. Camino despacio hasta el salón de literatura, cerca de allí está una pizarra con las actividades extraescolares, finjo verla mientras trato de percibir algún sonido que se escape de esa puerta.

(35)

35

Me giro. Evelyn una muchacha medio gótica está detrás de mi mirando las múltiples actividades.

—No, todavía no me pongo de acuerdo con Vero para matricularnos en una… siempre estamos juntas.

—¿La estas esperando?

—No debe tardar ¿tú ya te anotaste en algo? —Está en problemas —dice ignorado mi pregunta. —¿De qué hablas?

—No te hagas, la vi entrar a ese salón y la profesora tenía una cara… ¿andaba alzándole la falda a las de primero o qué?

Me alejo molesta escuchando su risa divertida.

Siempre han molestado a Vero. Mi amiga es un tanto ruda y muy poco femenina por lo que han corrido varios chismes en los pasillos del colegio. Incluso en primer año todo creían que ella y yo teníamos una especie de romance.

Estoy alejándome del pasillo cuando escucho que alguien azota una puerta, me giro de golpe.

Mi amiga camina furiosa hasta mí y la chica gótica la mira intrigada. — ¿Qué pasó? —le pregunto.

—Me soltó uno de sus tontos sermones. — ¿Y…?

— ¿Y qué?

—¿De qué será tu ensayo? Te puedo ayudar, enserio… —No me pidió ningún estupido ensayo.

(36)

36

—Entonces te fue bastante bien. Mi amiga se encoje de hombros.

—Es una imbécil. Ya verá quien ríe a lo último.

No importa cuánto le insista ella no dice nada más de Marcela Navarro por el resto de día. Me da la impresión de que sabe algo de nuestra profesora, pero no consigo que diga nada. Lo único que suelta es una inquietante frase “Aléjate de ella” y eso hace que mi curiosidad se multiplique.

No solo quería, si no que necesitaba saber de ella. Saber las cosas que conocía Vero y más, pero en esa escuela nadie había estado lo suficientemente cerca de la profesora Navarro como para tener información personal.

Voy hasta mi lugar favorito, bajo la sombra de un enorme árbol, y saco mi móvil.

Pasando los dedos sobre la pantalla abro el WhatsApp, en medio de mis contactos está el número de David, casi no le enviaba mensajes y cuando lo hacía era para preguntarle sobre Vero, porque su hermana no atendía el teléfono.

¿Qué se supone que tenía que escribirle?

“David necesito información sobre la profesora Navarro porque tu hermana no quiere decir nada”. Si ponía algo así él como mínimo iba a dejarme en visto y luego me agregaría como “La loca” en su lista de contactos. Si no es que ya lo tenía así.

Paso un buen rato pensando y otro más mirando embobada su foto de perfil. Finalmente me decido a teclear.

>>Hola

Envío el mensaje antes de pensarlo dos veces y arrepentirme. Paso un buen rato esperando que dé señales de vida

(37)

37

Leo su respuesta un millón de veces, ¿y ahora qué? >> Genial y a ti.

Esa clase de conversaciones jamás conducían a nada.

>>Descansando, acaba de terminar el entrenamiento. Jugaré el sábado en contra de tu escuela.

>>Enserio. Qué bien! Mucha suerte. >> ¿Irás al partido?

>> No lo sé, no sé mucho de soccer. >>Va a ser muy divertido.

Esa conversación cada vez estaba más lejos de Marcela Navarro.

Tenía que encontrar la manera de llegar hasta mi punto sin encender los focos de alerta en David para que luego le contara a su hermana que anduve indagando.

>>En realidad tengo mucha tarea. Mi nueva profesora de literatura es medio bruja.

Apareció una palomita al lado de mi mensaje, luego dos y al instante se volvieron azules.

>> Ya Vero me habló de ella.

>>Si, tengo que hacer su tarea, ya sabes cómo es, escuché que te dio clases ¿no?

>>Tuve que volver a cursar su materia. Pero no creo que tú tengas tantos problemas con ella…

>> ¿Por qué? Ella es igual de cruel con todos. Mis dedos tiemblan al enviar el mensaje.

(38)

38

>>No creas, siempre tiene sus prioridades... Espero que siga escribiendo, pero no añade más. >> ¿A qué te refieres?

Su respuesta es corta, contundente... >>A ella le van bien las jovencitas.

(39)

39

Capítulo 5: En El Baño

Cuando llegué a mi casa pasaban de la 8, entré sin hacer ruido, aun sabiendo que ahí dentro no había nadie salvo Europa. No había que ser muy listilla para saber que mis padres seguían en el trabajo. Pero aun así nunca había llegado tan tarde del colegio sin avisarles. La plática con David fue muy reveladora no tanto por lo que dijo si no por el efecto que tuvieron en mí sus palabras, leí millones de veces esa corta frases donde ponía que a la profesora Navarro le iban bien las jovencitas mientras que un enorme y devastador tornado se formaba en mi cabeza. Había tantas cosas que necesitaba preguntar y sin embargo me despedí de él diciendo que tenía que ir a clases por miedo a que sospechara algo.

Respiré hondo antes de revisar el teléfono de casa para comprobar que ninguna llamada había entrado. Pese a que tenía el celular mi papá conservaba la costumbre de llamar al fijo por las tardes para comprobar que estaba allí y que todo se encontraba en orden.

Había sido un día bastante raro. La conversación con Vero, Marcela espiando, y luego el dato que David me dio. Casi inconscientemente busqué el móvil para leer de nuevo ese mensaje y me sorprendí suspirando.

La profesora Navarro ni siquiera me volteo a ver cuando estuvimos en la biblioteca, no recordaba haber dicho nada malo de ella. Incluso la defendí de Verónica pero con eso no me gané ni una fugaz mirada. Realmente extrañaba verme en sus ojos, por muy tortuoso que esto fuera.

El estómago se me encogió.

Tenía mucho que pensar, pero el remolino en mi cabeza no me dejaba concentrar, succionaba mis ideas y me las devolvía transformadas en pensamientos absurdos.

Sin un ápice de hambre fui a mi recamara dispuesta a expresar en cinco cuartillas mi opinión sobre unas obras del siglo de oro.

Era muy de noche cuando dieron ligeros golpes en la puerta de mi recamara. —Creí que dormías —susurró mi madre entrando.

(40)

40

—Tengo mucha tarea —dije con un bostezo. Ella miró las hojas sobre el escritorio.

— ¿Literatura de nuevo?… creo que esa maestra se está excediendo. —Encargó esto hace días —le explico rápido— yo lo dejé para última hora. Mis palabras no parecen convencerla.

—Considero que tu maestra es muy exigente…

—Está muy preparada, solo pide que estemos a la altura. Ella se rasca los ojos, se le nota mucho más cansada que a mí. — ¿Todo está bien? —pregunta de pronto.

— ¿Por qué?

—Ana necesito saber si hay alguien dándote problemas, si te hacen sentir incomoda, si te han ofrecido alguna sustancia extraña o…

— ¿Tienes un caso de traficantes o algo así? —le pregunto al mismo tiempo que niego con la cabeza.

—No hay que ser traficante para tener acceso a drogas o para ofrecérselas a alguien más. Por eso te pido que confíes en mí —me toma de la mano— sé que nunca estoy en casa, pero siempre voy a velar por tu bien y cualquier problema que tengas … ahí voy a estar, poniendo todo lo que esté en mis manos para ayudarte.

—Lo sé mamá —susurro— no te preocupes por mí, sé decir que no. Y hasta ahora lo peor que he consumido son las sopas instantáneas.

Ella sonríe.

—Escribes como alguien que lee —susurra devolviéndome la hoja. — ¿Esa frase está en un libro o algo así?

(41)

41

— ¿Por qué?

—Mi profesora dijo exactamente lo mismo. Veo los músculos de su cara tensarse.

—Debe ser… pero francamente ya no recuerdo cual. —Mejor ve a descansar.

Ella sale de la habitación después de darme un beso.

Pasaban de las tres cuando puse el punto final, con el andar pesado me alejé del escritorio para tirarme sobre la cama muerta de cansancio y al instante entré en un profundo sueño. Cuando sonó el despertador y abrí los ojos me encontré con las sabanas hechas un nudo, los cojines habían ido a para al piso y Europa caminaba sospechosamente sobre mi escritorio. Al notar que yo había despertado corrió fuera de mi habitación dejando pequeñas huellas azules en la alfombra.

Me levanté de un salto. Mis ojos fueron hasta las latas de pintura que tenía en una esquina donde desde hacía varios días estaba intentando capturar un paisaje, luego vi las huellas azules que había dejado Europa, y luego finalmente las hojas sobre mi escritorio.

— ¡Maldito Gato! —Solté furioso.

Mi tarea se encontraba espantosamente decorada con las patas de mi mascota.

La profesora Navarro había sido muy atenta conmigo, y me había cuidado e invitado a comer y luego llevado a mi casa, pero los últimos días ella había dejado bien claro que seguía siendo mi profesora y cuando viera lo que Europa había hecho yo estaría en problemas, y justo eso era lo que menos quería. Me bañé lo más rápido que fue posible. Hice de mi largo cabello castaño una trenza para no perder el tiempo pasando el peine una y otra vez, y ni siquiera me moleste en maquillarme para cubrir mis pecas y mis terribles ojeras (ya se ocuparía Vero de mí más tarde.) Ni mucho menos tenía tiempo de desayunar, necesitaba llegar al colegio y pasar toda la tarea a limpio.

(42)

42

(…)

Me paré de puntillas en la esquina para mirar si no venía el autobús.

Era media hora de viaje, tiempo suficiente para trascribir la tarea y entregarle un trabajo impecable a la profesora Navarro.

“La profesora Navarro” dijo una vocecita en mi cabeza al mismo tiempo que un Ford fiesta blanco, extrañamente familiar, aparecía en la esquina.

Bajé la vista con el pulso acelerado y problemas de respiración. — ¿Un aventón?

Fingí sorpresa.

—Profesora, buenos días.

—Buenos días, Ana —dijo mi nombre despacio como acariciándolo con sus labios rojos— anda sube al auto, me gusta llegar temprano.

Le obedecí.

— ¿Vive cerca de aquí? —pregunté cuando ella puso el auto en marcha. Dudó unos segundos.

—Me queda de paso —eso no respondía a mi pregunta.

No le insistí porque estaba más interesada en algo más: su trabajo. No podía sacar las hojas y ponerme a hacer la tarea frente a la profesora. A como estaban las cosas tenía tres opciones.

1) Pasaba todo a limpio justo en sus ojos.

2) Le entregaba la desastrosa tarea y le explicaba mi descuido. 3) No le presentaba ningún trabajo.

(43)

43

El final de los tres caminos era un regaño y un terrible castigo, pero había algo mucho peor, se molestaría conmigo. Y yo no quería eso, no quería que se enojara, que me dejara de ver como su más destacada alumna.

— ¿Tengo algo en la cara?

Bajé la vista avergonzada. Me había quedado mirándola como una idiota. —Perdón yo… estaba pensando.

Me miró de reojo.

—Me da la impresión de que quieres decirme algo.

—No —contesto al momento— en realidad sí, pero…hum, creo que mejor no. —Ok, ya no entendí —susurró y se detuvo en un semáforo, entonces aprovecho para mirarme fijamente— ¿Qué ocurre Ana?

—Es sobre su trabajo —murmuré dudosa.

Y ocurrió lo que tanto temía, su mirada se endureció.

—Señorita Orozco quiero ese ensayo sobre mi escritorio a las 8 de la mañana sin excusas —puso su mirada en el camino a pesar de que aún no era momento de avanzar.

Mierda. Ahora de nuevo era la señorita Orozco. Alguien iba a cenar gato esa misma noche.

—Hice el trabajo pero… bueno, lo terminé en la madrugada y me quedé dormida… lo dejé en el escritorio a salvo, pero Europa entró a mi habitación… nunca lo hace porque odia estar allí, pero ahora sí lo hizo y se manchó las patas de pintura y arruino el trabajo… a propósito.

—No entendí nada —confesó poniendo el auto en marcha— para empezar ¿Quién es Europa?

(44)

44

—Qué alivio que no fue tu perro —dijo con sarcasmo como quien lleva años escuchando excusas estúpidas de estudiantes irresponsables.

—Digo la verdad —me defiendo sintiendo una punzada de enojo. —Claro —susurra cortante.

Abro la mochila y busco entre mis cosas la carpeta con sus hojas.

—Sé que es un asco —admito mostrándole— pero la pasaré a limpio y a las 8 le entregaré un trabajo impecable.

Ella no dijo nada, estaba siendo injusta. Bien.

Saqué mi libreta y empecé a copiar todo.

Cuando aparcó el auto frente al estacionamiento ya iba por la mitad. Guardé mis cosas y abandoné su carro.

—Gracias profesora —murmuré y me alejé lo más rápido que pude.

En el enorme edifico unos cuantos alumnos recorrían los pasillos bostezando mientras arrastraban las mochilas totalmente desanimados.

Me senté en las escaleras para poder seguir copiando la tarea.

—Eres un desastre —murmuró Vero al llegar, cinco minutos más tarde.

La ignoré mientras deslizaba el lápiz lo más rápido posible sobre las hojas. Ella se sentó a observarme, me dolía la mano pero no dejé de escribir hasta que puse el punto final.

—Y aún faltan tres minutos —me celebró mi amiga. —Vamos al salón.

—Hay que ir al baño antes.

(45)

45

—Necesitas maquillaje, solo serán dos minutos, anda. La seguí desanimada.

— Ayer de nuevo te desapareciste —susurró mientras me delineaba los ojos.

Estaba recostada a la pared de brazos cruzados dejando que ella hiciera su trabajo.

—Fui al parque a dar una vuelta, y ahí se me fue toda la tarde.

Me mira fijamente, siempre he envidiado sus ojos almendrados. Verónica me saca unos cinco centímetros de altura, es pelirroja y muy hermosa… no me extraña que tenga tantos pretendientes, lo raro es que no le interese ninguno. —Pudiste haberme llamado —me reprocha— a veces simplemente olvidas que existo.

—Yo no te olvido, tu ayer andabas de mal…

Me tengo que callar por que empieza a ponerme labial.

—Te queda muy bien este color —susurra con los ojos clavados en mi boca— ¿notas que pasamos muy poco tiempo juntas últimamente?

Estoy atrapada entre la pared y su cuerpo. La situación no me hace sentir muy cómoda.

—Tenemos mucho trabajo. Pero sigues siendo mi mejor amiga. —Soy tu única amiga —se burla.

Sonrío.

—Mi hermano tiene un partido el sábado… —comienza a decir— que tal si vamos, le echamos porras y cuando pierda tu entras a los vestidores y lo consuelas.

Estoy suficientemente cerca del lavabo para meter mi mano bajo el chorro de agua y mojar a mi amiga.

(46)

46

Ella me mira sorprendida y me devuelve el ataque, por unos treinta segundos estamos como dos chiquillas jugando con el agua hasta que caigo en la cuenta que no tenemos tiempo para eso.

—Literatura.

Es todo lo que digo, y funciona, Vero deja de atacarme. —Maldición.

Ambas nos miramos al espejo y salimos del baño, ocupamos el camino para acomodarnos el cabello e intentar secar la ropa con las manos.

Nos detenemos una fracción de segundo en la puerta hasta que Vero se decide a llamar.

Al abrir todos nos están mirando y la profesora tiene una cara de que más me valdría haberme reportado enferma.

Mira a Vero, después a mí, de nuevo a Vero… consulta su reloj. Como máximo tenemos cinco minutos de retraso, eso no amerita un reporte, ni siquiera puede sacarnos de la clase, pero nada nos salvará de un castigo.

—¿Podemos pasar profesora… ?

Ella le dirige a mi amiga una mirada fulminante. —Es tarde —solo eso dice.

Me siento como una tonta parada en la puerta. —Tuvimos que ir al baño —dice Vero en voz baja.

Pero clase entera está sumida en tan profundo silencio que hasta se puede escuchar el vuelo de una mosca y al enterarse que mi amiga y yo venimos en del baño en semejante estado algunos valientes dejan escapar risitas estúpidas.

(47)

47

Tiene la vista fija en Vero, como si yo no existiera.

— ¿Y alguna de las dos señoritas tuvo la gentileza de avisar que hay una fuga en las tuberías?

Hay más risas.

—No hay una fuga en las tuberías…—murmura Vero. —Entonces no entiendo la razón de…

—Estábamos jugando—digo sin pensarlo.

Grave error. La clase entera ya no puede seguir disimulando las risas burlonas. Es demasiado evidente lo que todos ellos se están imaginando en ese momento. Pero lo peor es que mi profesora me está mirando, y el frio de sus ojos me hace estremecer.

—Pues la próxima vez que vayan a “jugar” que no sea en los baños de la institución— cuando dice jugar con ese tonito enfático estallan más carcajadas— o que no sea a la hora de mi clase— con un gesto indica que vayamos a nuestro sitio— o traigan ropa para cambiarse —cuando voy pasando por su lado grita en mi oído— o como mínimo traigan un peine. Me sigue con la mirada, y no hace ni el más mínimo intento por callar las risas burlonas de sus alumnos.

Armándome de valor busco sus ojos.

Lo más probable es que esté pensando que mantengo una especie de relación con Vero y eso no me gusta. Lo que los demás crean me da igual… pero ella, bajo el escudriño de sus ojos caigo en la cuenta de que ella me importa. Y necesito decirle que Vero es mi amiga, y nunca será nada más que eso.

(48)

48

Capítulo 6: No Somos Nada

Durante la mitad de la clase revisó los ensayos con un humor de perros. La mayoría los regresaba no sin antes hacer comentarios ácidos sobre los errores de redacción en ellos. Sólo admitió dos trabajos y ambos se llevaron la calificación mínima, uno era el de un muchacho de rasgos asiáticos (no pude recordar su nombre) y el otro era el mío.

Nadie estaba muy contento. Pero ella hizo lo que mejor le salía en el mundo, ignorar la indignación de sus alumnos.

Finalmente el timbre que marcó el final de la clase se escuchó, dejando a la profesora a mitad de una frase. Todos se levantaron y guardaron sus cosas antes de que ella lo ordenara.

—Señorita Orozco tengo que hablar con usted.

Vero me miró preocupada y al final fue la última en salir del salón. La conocía perfectamente como para saber que no le hacía gracia dejarme sola con la maestra.

Me sentí pequeña en mi asiento y aún más cuando sus ojos me acorralaron. —Veo que es muy sobreprotectora —dice mirando la puerta por donde había salido Vero.

—Es mi mejor amiga —se lo digo despacio para que le quede claro. —Tu trabajo fue muy bueno.

Cambió el tema bruscamente.

—Gracias —solo eso se me ocurrió decir.

—Solo quiero pedirle, por favor, que se evite dar ciertos espectáculos dentro de esta institución.

(49)

49

—No pasó lo que usted está pensando. Arquea las cejas.

—¿Sabe lo que pienso?

—Es fácil adivinarlo. Es lo mismo que se imaginan todos…

—Deben tener motivos para que su imaginación se aventure tan lejos. Me apuro a negar con la cabeza.

—Pues no los tienen. Vero es solo mi mejor amiga… yo no tengo nada con ella y lo del baño, ya le dije que fue un jueg…

Levanta la mano indicándome que me calle.

—Francamente me da igual, a mí no tiene que explicarme como conduce su vida, al fin y al cabo no somos nada.

Y lo sentí, sentí la hoja fría y filosa atravesar mi carne y penetrar lentamente en mi órgano vital. No había un arma en sus manos. Ella me destrozó con sólo una frase.

“No somos nada”

El terrible eco de la verdad dicha a la cara me ensordecía.

Me levanté y puse la mochila en mis hombros. Cuando ya estaba girando el pomo de la puerta ella se acercó a mí y volvió a hablar.

—Ana, perdón si me moleste contigo por lo del trabajo. No me gusta la gente irresponsable ni quiero que pienses que vas a hacer lo que quieres en mi clase porque eres una alumna destacada.

Sus repentinos cambios de humor me revolvían el estómago.

—Fue un descuido terrible lo de mi gato, pero finalmente logré terminar el trabajo a tiempo y bueno yo me tengo que ir a clases…

(50)

50

Me tomó del brazo para impedir que me fuera.

Sentir el tacto suave y tibio de su mano fue como caer a un mar de nuevas sensaciones… y yo no sabía nadar.

—Espera un momento.

— ¿Qué ocurre profesora? —mi voz sonó todo indiferente que me fue posible. —No quiero que te molestes conmigo porque te llamo la atención. Lo hago porque me importas, como todos mis estudiantes. A pesar de que ahora mismo estén planeando como hacer que me echen.

—No la van a echar. Hemos tenido maestros peores, es cuestión de costumbre. — ¿Peores?

—No quise decir eso —murmuré de nuevo estaba metiendo la pata—perdón. —Me molesta que haya profesores peores que yo, en ese aspecto siempre me gusta ganar —dijo sonriendo.

¿A qué estaba jugando conmigo?

—Pues en lo que a mí respecta usted lleva la delantera —me atreví a decirle. Ella arqueó las cejas.

— ¿Quieres saber que opino de ti?

Mi corazón se aceleró, de nuevo la tenía cerca. —No estoy muy segura.

—Aun así te lo diré, promete antes que me guardaras el secreto. La miro desconfiada.

“Está loca” susurró una vocecita en mi cabeza. “Y te enloquece a ti” dijo otra voz.

(51)

51

—Hummm, lo prometo… —susurro confundida. —Eres mi alumna favorita.

Siento como mis mejillas se encienden. —Tiene una rara forma de demostrarlo. Sonríe.

Me derrito.

—Me preocupa que tus romances vayan a afectar tu desempeño. Es todo. Pero como dije, es tu vida, y no me voy a entrometer. Aunque eso no quita que me encanta como escribes.

— ¿Enserio? —mi voz tímida apenas es audible.

—Tú estilo al redactar, las palabras que empleas, el tamaño y la forma de tu letra, la tinta de tu lapicero… es una combinación peligrosa, adictiva y que revela mucho sobre ti, todos esos elementos no hacen más que mostrarme quién eres.

— ¿Y quién soy?

—Si almuerzas conmigo esta tarde te lo digo. No estaba segura de haber escuchado bien. — ¿Almorzar?

—Bueno si tienes otros planes…

—No, para nada. Me encantaría —hice lo posible porque mis palabras no delataran mi emoción.

—Bien — susurró — una cosa más — se acercó y de nuevo pude aspirar el suave aroma de su fragancia —si te vuelves a desmayar uno de estos días que sea cerca de mí.

(52)

52

— ¿Qué?

Pero ella no añadió nada más y me llevó fuera del salón, cerrando la puerta en mis narices.

— ¿Qué? — pregunté de nuevo.

— ¿Con quién hablas? —Vero apareció a mi lado y se quedó mirando la puerta cerrada.

—Con la puerta —digo sarcástica y me alejo.

Durante la clase de historia el profesor nos ordena sentarnos en lugares separados pero aun así soy bombardeada por decenas de pequeñas bolas de papel donde ella formula un montón de preguntas tontas sobre lo que quería conmigo Marcela Navarro.

—Estas siendo muy histérica —le digo cuando salimos del salón. —Solo quiero saber que es lo quería…

—No te interesa.

—Claro que me interesa eres mi amiga y estoy preocupada por ti. —Se cuidarme sola —respondo cortante.

—Yo sé que sí, sólo necesito que sepas una cosa... —dice susurrando y me toma de la mano para camine tas ella.

Prácticamente a base de jalones de lleva hasta el baño.

Una vez a dentro revisa cada uno de los cubículos para cerciorarse que estamos sola y al comprobar que no hay nadie dentro cierra la puerta. La situación difícilmente podría ser más extraña, no sé si reírme o salir corriendo. — ¿Ahora qué?

—Hay algo que debes saber sobre Marcela Navarro —susurra mirándome fijamente.

Referencias

Documento similar

Me encerré en mi cuarto sin decir nada más, nece- sitaba pensar, si Gabriel lo había visto entonces no era producto de mi imaginación, como pensé cuando los oficiales lo buscaron

• Soporte el seno con la mano en forma de "C", colocando el pulgar por encima y los otros cuatro dedos por debajo del pezón detrás de la areola, pues si chocan los labios

Este documento destaca nuestra visión colectiva sobre la Transición Energética Justa, tal como debatieron las/os participantes y se expresó en los seminarios virtuales de Amigos de

Por ello es que, realmente, no se puede hablar de una actitud radical y beligerante de parte del colectivo que se manifiesta a favor del reconocimiento legal del

1. LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES.—2. C) La reforma constitucional de 1994. D) Las tres etapas del amparo argentino. F) Las vías previas al amparo. H) La acción es judicial en

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR INSTITUTO DE MEJORAMIENTO PROFESIONAL

Una tarde en el colegio se sintió mojada, como si se hubiera orina las piernas y entonces corrió al baño y con horror se dio cuenta que la sangre escurría de a gotas como un

Se puede hacer un argumento para extender la recomendación de colocación de stents a pacientes con síntomas de grado 3; sin embargo, probablemente sea mejor reservarlo para