Gracias a la afluencia económica posterior a la Segunda Guerra Mundial, la escolarización masiva, la nueva cultura de consumo basada en el modelo de vida norteamericano, y durante la década de 1950 la introducción masiva de la televisión, es que se hizo posible el nacimiento de un mercado juvenil internacional, y con ello una cultura consumista e interclasista de estilos y modas juveniles (Feixa, 2014, p. 80).
La generación de la década de 1950 se caracterizó por la masificación del primer estilo juvenil internacional: el rock and roll. El rock es en definitiva el género musical con mayor repercusión cultural en los jóvenes de la segunda mitad del siglo XX (Palacios, 2004, p. 321). El rock and roll es creación e invento de músicos afroamericanos. Para los jóvenes de aquella época era una música novedosa y alegre. Los empresarios estadounidenses sabían que el rock afroamericano no sería aceptado por los blancos, la estrategia para solucionar tal problema fue introducir el rock en manos de Elvis Presley. Nace entonces un mundo simbólico juvenil basado en las estrellas de los medios masivos de comunicación, principalmente, radio, cine y televisión, que respondía a un emergente sector consumista. Marlon Brando, James Dean y Elvis Presley son algunas de las primeras estrellas rockeras, y junto con ellos se ofertaron una serie de productos asociados al rock: ropa de moda, productos para arreglarse el cabello, radios de transistores, motocicletas, tornamesas, discos, entre otros. Poco a poco el rock se extendió a Europa y América Latina, y los jóvenes fueron vistiendo y resignificando los símbolos que portaban sus ídolos en las canciones y películas. Se puso de moda el estilo rebelde de los black jackets (los chaquetas negras), y el estilo subcultural de los teddy boys. La imagen central de esta generación es la del joven rockero, rudo, vacío y antisocial, atraído por emociones fuertes y violentas, que James Dean personificó en Rebelde sin causa, y que mitificó al accidentarse y fallecer en su auto de carreras a la temprana edad de 24 años (Dean era piloto de máxima velocidad) (Feixa, 2014, p. 83). Las industrias culturales descubrieron una forma de comercializar los problemas cotidianos de los jóvenes: establecieron una enorme maquinaria que se enfocó en producir los deseos y fantasías que posibilitaban distracción de los problemas cotidianos. El cine, la televisión, la ropa, los posters, y la música, configuraron el arquetipo de “joven rebelde”. Los jóvenes imitaban el estilo de El salvaje de Marlon Brando o El rebelde sin causa de James Dean (Valenzuela, 2004 p. 135).
En Europa y Estados Unidos el rock and roll alimentó el estilo rebelde. Teddy boys, nozems, o rockers, son ejemplos de subculturas internacionales de motociclistas rockeros de la década de 1950, que generalmente se vieron involucrados en actividades ilícitas y delincuencia, lo que produjo pánico moral, preocupación y escándalo en los padres de familia. No obstante, para
“las buenas conciencias mexicanas” de la década de 1950, no había causa para rebelarse. En México no aparecerían rockeros delincuentes o violentos hasta décadas después (principalmente en la década de 1980 con los chavos banda de barrios marginales). En la década de 1950, en México el rock simbolizaba un nuevo estilo de vida, el american way of life: consumismo, piscinas, fuentes de sodas, hamburguesas, supercarreteras, automóviles, zonas residenciales, televisión, cine, autocinemas, electrodomésticos que facilitaban el trabajo a las amas de casa, goma de mascar, etcétera. No había motivos para cuestionar la abundancia del estilo de vida americano (Palacios, 2004, 321).
Rebel without a cause (Rebelde sin causa de 1955) con James Dean, The wild one (El salvaje de 1953) con Marlon Brando, Blackboard jungle (Semilla de maldad de 1955) con Vic Morrow, y Jailhouse rock (El rock de la cárcel de 1957) con Elvis Presley, son algunas de las primeras películas dirigidas sistemáticamente al mercado juvenil. Estas películas presentaban a jóvenes “acelerados”, “problemáticos”, “ansiosos”, “violadores”, “adictos”, “delincuentes”, siempre bailando rock and roll, como si fueran “desviados sociales por naturaleza”. Jóvenes que bajo el enfoque funcionalista no podían ser otra cosa más que “rebeldes sin causa” (Palacios, 2004, p. 322-323).
México quería ser moderno como Estados Unidos, en este sentido, la imagen del rock servía para simbolizar la modernidad. El llamado milagro mexicano, durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), posibilitó la afluencia económica necesaria para que emergiera un mercado juvenil consumista. La industrialización y la urbanización de México produjeron paulatinamente escenarios de modernidad, pasando de lo rural a lo urbano, dejando atrás, poco a poco, los símbolos culturales de un pasado tradicional y folklórico (Palacios, 2004, 330). En México, a mediados del siglo XX aumentó el número de cines y de tiendas departamentales, así como las estaciones y el uso de aparatos de radio. México produjo sus propias películas juveniles en la década de 1950: Juventud desenfrenada de 1956 con Luz María Aguilar, Gloria Ríos y Álvaro Ortiz; Los chiflados del rock and roll de 1957 con Luis Aguilar, Agustín Lara y Eulalio Gonzáles (el piporro); Al compás del rock and roll de 1957 con Martha Roth, Rosita Arenas y Joaquín cordero; La locura del rock and roll de 1956 con Evita muñoz, Gloria Ríos, Sergio Corona y Alfonso Arau. Asimismo, otras películas que presentaban a los jóvenes como rebeldes sin causa, pero no necesariamente acompañados de rock, fueron: La edad de la tentación de 1958, con Fernando Lujan y Alejandro Ciangherotti, o ¿Con quién andan nuestras hijas? de 1955 con Silvia Derbez, Lola Beltrán, y Cesar del Campo. Estas películas eran una extensión de la estrategia comercial que posibilitó el rock en Estados Unidos. En 1956 se estrenó en México The girl can´t help it con Jayne Mansfield (para muchos la mejor película de rock de todos los tiempos) con
música de Little Richard, Gene Vincent, y Fats Domino, así como Rock, rock, rock, con música de Chuck Berry y The Flamingoes. En 1957 se estrenó Jailhouse rock, tercera película de Elvis, y en 1959 se estrenó King creole también de Elvis Presley, estas películas permitieron a los jóvenes observar de fuente directa como se interpretaba el rock and roll por los mismos creadores del rock (Little Richard, Chuck Berry, Gene Vincent y Elvis). Cabe señalar, que los jóvenes mexicanos atraídos por el rock eran, en general, jóvenes alejados de la delincuencia y pasaban su tiempo libre en las fuentes de sodas junto a las rock-olas (o jukebox). Sin embargo el rock ya estaba asociado con la “desviación social”, y cuando King creole se proyectó en el Cine de las Américas de la Ciudad de México en 1959,43 los jóvenes asistentes comenzaron a bailar extasiados por el rock, removiendo algunos asientos del cine, la policía intervino y la situación se agudizó, este escándalo fue la oportunidad perfecta para que surgiera el pánico moral y se relacionara la consabida consigna de asociar juventud-rock and roll-y violencia (Palacios, 2004, p. 335). En la década de 1950 el rock era símbolo de la modernidad estadounidense, pero también se encontraba asociado a lo “violento”, lo “inmoral” y lo de “mal gusto”. Los rockeros europeos y estadounidenses de la década de 1950 eran de raíces obreras y de barrios marginales, este no era el caso de México donde el rock inició en las clases medias y altas urbanas.
En 1959 Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Booper fallecieron en un accidente de avión.
Little Richard se convirtió a la religión. Y otros pioneros como Chuck Berry y Jerry Lee Lewis fueron sacados del aire por “inmorales y escandalosos”. El rock perdió popularidad. El twist llegó a reemplazar el baile provocador cuerpo a cuerpo del rock. El twist además era mucho más sencillo de bailar, no se necesitaba pareja, los adultos terminaron aceptándolo y bailándolo, les permitió también sentirse jóvenes (Palacios, 2004, p. 342). Una ola de pánico moral en los padres Estadounidenses se desató a finales de los cincuenta, protestaron y culparon a las estaciones de radio y a sus locutores por introducir el “malicioso rock” en sus hijos. Cuando se infiltró información sobre el “escándalo payola” (soborno a los locutores de radio para transmitir ciertos contenidos musicales) con este pretexto se culpó a los locutores por imponer tendencias en el gusto del público, los locutores fueron señalados como responsables por la influencia del rock en los jóvenes, imponiéndoles preferencias y gustos por ciertos estilos. Varios locutores fueron brutalmente señalados y enjuiciados, Alan Freed44 (moondog) el locutor y disc jockey de radio al que se le atribuye el termino rock and roll, famoso por combinar los géneros blues, country y rhythm and blues en sus transmisiones internacionales de radio Estados Unidos-Europa, perdió
43 Por cierto, en español la película fue titulada “Melodía siniestra”.
44 Considerado el padre del rock and roll, a él se le atribuye la promoción por radio que hizo posible que el rock se popularizara de tal manera. El mismo Freed aparece en la película Rock, rock, rock, de 1956, definiendo al rock como una mezcla de los géneros, jazz, rhythm and blues, rag time, country, y folk.
los juicios en su contra; y cuando en 1958 dijo al aire que la policía no quería que el público pasara un rato divertido, fue el inicio de una pelea con las autoridades, esto causaría en 1959 que lo despidieran de radio y televisión, y en 1962 se le encontrara culpable de soborno comercial
“payola”, por lo que pasó un tiempo en cárcel. Finalmente moriría en 1965, tras años de sentirse devastado por el fin de su carrera (Palacios, 2004, 340).
En México, el rock se comenzó a aceptar poco a poco. En 1961, John F. Kennedy llegaba a la presidencia de Estados Unidos. Kennedy era un presidente joven que había utilizado los modernos medios de comunicación para construir una imagen al lado de su esposa Jacqueline.
Ahora, la imagen joven representaba lo civilizado y lo correcto. Elvis Presley, después de dos años de servicio militar (1958-1960) compartió escenario en televisión con Frank Sinatra, de esta manera se superó una barrera musical generacional, los adultos y mayores ya no tenían que temer más de un escandaloso rey del rock (Palacios, 2004, 328). En la década de 1960 el rock mexicano se aceptó masivamente con bandas como los Teen Tops, Los Locos del Ritmo y Los Rebeldes del Rock. El contenido del rock de estas bandas no contradecía los valores de sus padres, la expresión del rock era en general conservadora, estos jóvenes replicaban el estilo de vida de sus padres (Urteaga, 1998, p. 71). No se presentaba una diferenciación generacional como la presentada por los rockeros europeos y los estadounidenses, quienes habían conseguido en términos de desafío a la represión de la sexualidad, a la discriminación por uso de drogas, y en general frente al autoritarismo y la moralidad conservadora, criticar enérgicamente por medio de la música y sus letras. El rock mexicano de principios de los sesenta, además de haberse convertido en un negocio prospero, no era considerado subversivo, no era rudo, ni crudo, era sumiso, se había comercializado en exceso y cocinado demasiado “… predominando expresiones más conservadoras y juvenilmente ligeras, con interpretes cada vez más simplones, y canciones bobaliconas a nivel verbal y rítmico” (Palacios, 2004, p. 339). El rock había causado pánico moral, dolor de cabeza en los padres; pero a nivel comercial, el rock fue el producto capitalista por excelencia, éste nunca fue problema para los empresarios, significaba altas ventas.
A lo largo de la década de 1960 emerge una generación alternativa, llamada la generación contracultural. Dos imágenes centrales, que en ocasiones se fusionaron, son la del hippie proveniente del existencialismo beat (o también llamado hipster) de finales de los cuarenta y cincuenta, y la figura de los guerrilleros, una generación que conservaba el espíritu revolucionario de la generación de la década de 1930, influenciada por la revolución rusa, pero con un espíritu renovado por el triunfo de la revolución cubana en 1959; el rostro juvenil del Che Guevara inspiró a los jóvenes rebeldes de esta generación (Feixa, 2014, p. 86). Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, y el Che Guevara eran jóvenes que habían logrado derrocar una dictadura. La revolución cubana
simbolizaba una posible revolución contra el imperialismo occidental a nivel mundial. Cuba, una pequeña isla a tan sólo 90 millas de la metrópoli occidental capitalista más poderosa después de la Segunda Guerra, era el primer país latinoamericano en tornarse al socialismo. En esta época, la juventud ya no era considerada como una masa pasiva de consumidores interclasistas, la juventud significaba emancipación y revolución. En 1968, destacan las revueltas y huelgas del mayo francés, la primavera de Praga, y la matanza de Tlatelolco, acontecimientos que marcaron a una generación de movimientos estudiantiles. Esta generación contracultural se caracterizó por un rechazo a la tecnocracia, un sentimiento antimilitarista-pacifista, la exploración sexual libre, y el ecologismo. En el caso de México, los llamados onderos aparecieron entre 1966 y 1967, eran jóvenes en su mayoría de clase media, con posibilidades de estudio y moratoria social, que se rebelaron ante la predictibilidad del modelo de vida “clasemediero” de sus padres. Los onderos, fueron en general, enemigos del autoritarismo y la moralidad católica mexicana (Torres, 2004, p.
353). Asimismo, la música de los onderos ya no era aquella de las bandas de principios de los sesenta, de contenidos que frecuentaban los valores y concepciones conservadoras de generaciones anteriores. La música de los onderos desafiaba tajantemente la moralidad y los valores conservadores dominantes.
La generación de 1970 se caracterizó por el escandaloso estilo punk. David Bowie y Andy Warhol son dos artistas que representan el estilo que influenció la estética punk. De la década de 1970, destaca la publicación de una serie de trabajos sobre culturas y subculturas juveniles inglesas, trabajos que se convertirían en el origen del enfoque subculturalista influenciado por el marxismo gramsciano. En 1976 se publica “Resistence Trough Rituals” de Tony Jefferson y Stuart Hall, y en 1979 “Subculture” de Dick Hebdige, ambos trabajos plantean que los estilos juveniles han acompañado, mano a mano, la historia del rock y sus derivados, así como sus diversas modas, y se originan desde el contexto específico de la clase social. Estos estilos funcionan bajo una lógica de homología de grupo. En términos generales, los jóvenes situados en particulares clases sociales, expresan su experiencia social durante el tiempo de ocio por medio de estilos distintivos. Estos estilos son producto de la interacción entre tradiciones de la clase social, la comunidad de pertenencia, y la simbología del mundo del consumo juvenil. Los objetos que forman parte de los estilos de las primeras culturas y subculturas de finales de los sesenta y de los setenta (de los mods, los motociclistas, los skinheads, los punks, entre otros) además del peinado, de lenguaje, los gestos y la vestimenta, son señalados por Dick Hebdige (1979) como frutos de una configuración semántica, selectiva y coherente, que produce matrices simbólicas mediante las cuales el grupo de pares logra sentido de pertenencia. Cabe señalar que el enfoque subculturalista está ampliamente
influenciado por los primeros estudios etnográficos de la Escuela de Chicago, enfocados en hombres “desviados” y delincuentes de los barrios obreros.
En la década de 1970 en México, el panorama era de prohibición y restricción de la expresión juvenil. En 1971 productores y empresarios del entretenimiento45 organizaron el que hasta la fecha es reconocido como el festival de rock con mayor trascendencia en México, y símbolo central de la generación de hippies onderos mexicanos: el festival de Avándaro. Este festival se realizó en septiembre de 1971, asistieron alrededor de 350,000 asistentes. El clima de aquellos años correspondía a la tensión posterior a los eventos de los movimientos estudiantiles de finales de los sesenta y la masacre estudiantil en Tlatelolco de 1968 (Urteaga, 1998, pp. 99- 100). Avándaro fue rápidamente estigmatizado y vedado, emergió pánico moral frente a la expresión de los hippies onderos (llamados también jipitecas) con el uso de marihuana, los desnudos, y las letras de las canciones. Avándaro fue un escándalo suscitado por los medios de comunicación. Avándaro es ahora el mito fundador de la historia del rock mexicano, y marca el principio de una década de prohibición del rock en México por parte del estado, la familia y la iglesia, es la llamada “larga noche del rock mexicano” (Urteaga, 1998, pp. 102-103). El rock se censuró durante toda la década de 1970. Los conciertos de rock, la producción y los contenidos, así como la transmisión de rock por radio y televisión, se prohibieron sistemáticamente. Solamente algunas radios, como la de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) transmitían programación de rock (gracias a la condición de autonomía de los estudiantes y de la institución).
En general no había libertad política, cultural, ni económica para hacer y escuchar rock (Urteaga, 1998, pp. 105-106). Paradójicamente, la prohibición, represión del rock y de los rockeros, propició un clima de creatividad desde la resistencia y la búsqueda de autonomía, además de que los rockeros mexicanos desarrollaron un sentimiento de unidad contra el sistema (Urteaga, 1998, pp. 39-40).
El año de 1985 se declaró por las Naciones Unidas como el año de la juventud, este fue un signo de que los jóvenes pasaban por tremendas dificultades, eran reconocidos oficialmente como el grupo más vulnerable frente al estancamiento económico de la década de 1980 (en América Latina se le llamo La década perdida). En esta década, los jóvenes y las nuevas generaciones se enfrentaban al desempleo, la deserción escolar, la dependencia familiar, la falta de participación política, entre otras adversidades. La nueva generación no poseía potencialidad de esperanza frente al cambio generacional, renovación o mejora social. En esta década, se
45algunos de los cuales llegarían a ser parte del directivo de Televisa como Luis de Llano Macedo, quien actualmente está encargado de la producción y dirección de Nuestra Belleza México y de eventos de la
dispararon los índices de consumo de drogas y alcohol en los barrios marginales de las grandes urbes. El incremento de jóvenes urbano-populares, fue resultado de las políticas estatales desarrollistas de las décadas de 1960 y 1970. Frente al desajuste estructural entre el sistema educativo y el sistema laboral, para una nueva generación de jóvenes de familias de bajos ingresos fue imposible seguir la trayectoria de vida de sus padres, principalmente por las dificultades de incorporación al mundo laboral, obligándolos a permanecer y padecer durante más tiempo el estatus de jóvenes, pero el estatus de jóvenes no incorporados, de identidades proscritas. Cabe señalar que, antes de los ochenta se daba por sentado que la juventud correspondía en mayor medida a los jóvenes de clase media, cuya figura principal era el estudiante; los jóvenes populares o en la pobreza, no gozaban del arquetipo de estudiante clase mediero ni de su moratoria social, se daba por sentado que los jóvenes de familias de bajos ingresos entraban a la adultez inmediatamente, después de la infancia, debido a la imperante necesidad económica de sobrevivencia. Es en la década de 1980 que la etapa juvenil, en términos sociales no biológicos, comienza de nuevo a expender sus límites (Feixa, 2014, pp. 94-95).
De esta generación ochentera, época de crisis económicas y políticas neoliberales, destaca la emergencia de agrupaciones urbano-populares, pandilleros: cholos y chavos bandas. Los cholos principalmente en ciudades fronterizas, y los chavos banda en las grandes ciudades mexicanas.
Los chavos banda son jóvenes que escuchan rock pesado, metal y punk, de las colonias populares, se visten de mezclilla y chamarras de cuero, se agrupan en las tokadas cada fin de semana, una de las drogas que los ha caracterizado son los inhalantes como el thinner o el resistol (pegamento).
Los cholos son herederos de la cultura de los pachucos, tanto mujeres como hombres se agrupan en pandillas (clicas) cuya centralidad es la territorialidad, el barrio, cada esquina y callejón les permite un espacio de socialización, de institucionalidad propia, que incluye violencia y uso de drogas. Los cholos se visten con ropa de tallas grandes, lentes obscuros, gorras con la visera abajo, se hacen tatuajes, escuchan principalmente rap. La emergencia de jóvenes urbano-populares, en gran medida debido al incremento exponencial demográfico en relación a la precariedad del desarrollo económico de los sectores populares, permitió el contraste con jóvenes de la clase media y alta, principalmente con los llamados fresas. Los chavos fresas son jóvenes que siguen las tendencias de la moda, y principalmente escuchan música pop comercial, en su mayoría son estudiantes, y se agrupan los fines de semana en los clubs o discos (en los setenta y ochenta eran llamadas discotecas). Cabe señalar, que la oficialización de 1985 como el año de la juventud, produjo un cambio de actitud general hacia las expresiones culturales juveniles, el estado comenzó, aunque lentamente, a abrir espacios para las manifestaciones culturales urbano-