• No se han encontrado resultados

II. 2. 3 Nuevas Tecnologías e Internet

II. 3 Culturas y Subculturas Juveniles

El estudio de las subculturas y/o culturas juveniles comienza en manos de académicos ingleses y norteamericanos (principalmente), pertenecientes a la generación que vivió los movimientos políticos y las transformaciones culturales de la década de 1960. Al obtener puestos académicos en las décadas posteriores, estos investigadores trajeron consigo afiliaciones políticas y culturales específicas, algo parecido había pasado con la generación de Theodor Adorno y su interés en el jazz durante las décadas de 1930 y 1940 (lento pero seguro el jazz consumó su legitimización como objeto de estudio académico). En un sentido paralelo al surgimiento de los estudios de las culturas juveniles, en 1971 se fundó la revista estadounidense Popular Music and Society,48 y en 1979 The International Association for the Study of Popular Music que también manejaría una revista,49 siendo resultado de una creciente comunidad académica interesada en el estudio de la música popular (Shepherd, 2015, p. 5).

Algunos de los trabajos pioneros en relacionar estilos de vida urbanos, música popular, y la construcción de identidades grupales juveniles, son los clásicos estudios culturales ingleses:

“Resistance Trough Rituals” (1976) de Stuart Hall y Tonny Jefferson, “The Sociology of Rock” (1979) de Simon Frith, “Subculture: the Meaning of Style” (1979) de Dick Hebdige.

Éstos son entre otros, trabajos precursores que combinaron la perspectiva cultural derivada del marxismo gramsciano, con elementos del interaccionismo simbólico, argumentando que los estilos y la música que fundamentan la identidad de los jóvenes debían ser entendidos en términos de clase social y generación. La oferta musical que manejaban los medios de comunicación en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial se guiaba por los rankings de popularidad y ventas entre jóvenes, quienes eran el principal mercado. Estos géneros musicales pop impactaron enérgicamente la construcción de identidades grupales en las generaciones de los jóvenes de posguerra, asimismo en sentido contrario, los jóvenes y sus estilos impactaron en las estrategias de venta de los empresarios, quienes se interesaban y apropiaban de tales estilos para comercializarlos (ciclo de los estilos entre las industrias culturales y las culturas juveniles). Los autores de estos trabajos indican que la identidad de

48En internet: http://www.popms.org/

49En internet: http://www.iaspmjournal.net/index.php/IASPM_Journal

grupo de cada cultura corresponde a estilos de vida particulares. El estilo juvenil se compone principalmente por la música, el baile, los peinados, la vestimenta, las prendas, los gestos, las poses corporales, el lenguaje (argot, palabras que sólo significan en contextos determinados por el grupo), y objetos varios como las cadenas y candados en los punks, motocicletas en los motociclistas, o scooters en los mods (entre una gran variedad de objetos y elementos que conforman los estilos). La imagen expone la adscripción a determinada identidad colectiva.

La “autenticidad” frente al estilo adoptado expresa el grado de compromiso con el grupo (autenticidad en general es seguir las normas, valores, códigos de honor, realizar las acciones y prácticas específicas de cada estilo de vida juvenil). La música es el elemento central del estilo, orienta a los demás elementos, y se expresa en actividades durante al tiempo libre (Hebdige, 2004; Brake, 1990; Hall y Jefferson, 2005; Frith, 2011; Urteaga, 1998; Valenzuela 1988; Feixa, 1998, Ramírez, 2006). Los trabajos ingleses de culturas y subculturas de la década de 1970, fueron influenciados por las etnografías urbanas sobre grupos criminales, realizadas por el departamento de sociología de la Universidad de Chicago, que combinaba la psicología social de Herbert Mead con el interaccionismo simbólico de Herbert Blumer, así como novedosas técnicas de trabajo de campo urbano, como la observación participante. Dos de los trabajos de la Escuela de Chicago con mayor influencia en los estudios culturales juveniles ingleses son: “The Gang” de 1927 de Frederic Trasher,50 y “Street Corner Society”

de 1943 de William Foot Whyte,51 a partir de estos trabajos se comienza a concebir a los jóvenes y a sus agrupaciones no sólo como ejemplos de desviación social, sino como micro- culturas con sus propias redes de significados y reglas de conducta. La Escuela o Universidad de Chicago proporcionó las bases teóricas para estudiar grupos de jóvenes urbano-populares.

Para los investigadores ingleses, más allá de las conductas desviadas o antisociales de los jóvenes urbano-populares subculturales, los estilos espectaculares de mods, punks y skinheads, significaban un antagonismo al autoritarismo, también expresado en el rock y sus géneros musicales derivados (reggae, ska, rock, punk, entre otros) expresiones de valores políticos y culturales contra-hegemónicos (Bennett, 2015, p. 145).

Las culturas juveniles emergen históricamente a partir de micro-sociedades producto del contexto económico y político posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los estilos específicos de cada cultura juvenil son maneras de expresar sus percepciones y concepciones de la realidad social. Dichas concepciones se basan en experiencias cotidianas delimitadas por

50 Trasher, Frederic. 1927. The Gang: A Study of 1,313 Gangs in Chicago, University of Chicago Press, U.S.A.

51 Foote Whyte, William. 1943. Street Corner Society: The Social Structure of an Italian Slum. University

condiciones socio-culturales particulares, así como por la cultura de masas consumista que actúa centralmente a través de los medios de comunicación. Este último factor en las culturas juveniles, el consumo en relación con los medios, es clave para entender cómo los jóvenes alrededor del mundo han configurado sets basados en los mismos símbolos. Estos jóvenes se han conectado globalmente a través de consumir modas y tendencias, ya sean comerciales o contraculturales. Las expresiones de cada cultura juvenil reflejan su experiencia social mediante estilos de vida distintivos localizados fundamentalmente en el tiempo libre (o en los espacios intersticiales de instituciones como la escuela, el servicio militar, o el trabajo) (Feixa, 1998, p. 84). Las culturas juveniles son un conjunto heterogéneo de concepciones, prácticas, valores, y comportamientos, de colectivos juveniles pertenecientes a una misma generación, principalmente resultado de las condiciones de clase, etnicidad, sexualidad e identidad de género (Urteaga, 1998, p. 54). En este sentido cada cultura juvenil contiene sus propias interpretaciones de la realidad, normas, y modelos de género y de sexualidad.

Para los estudiosos de las subculturas, concebir la cultura como símbolo de unidad y cohesión social es tomar un enfoque ahistórico. Las subculturas corresponden a la configuración histórica compleja y conflictiva de las sociedades industriales. La idea de subcultura o culturas subalternas proviene del concepto de hegemonía de Gramsci, recordemos que la hegemonía actúa por medio de un constante equilibrio de poder, donde los dominantes logran que la clase subalterna apoye (o se subordine) al gobierno, y donde la clase dominante impone por medio de las instituciones su ideología. No obstante, en el modelo de Gramsci, basado en el pensamiento Marxista, las clases subalternas también buscan constantemente el poder y posicionar su legitimidad ideológica. De esta manera, nos estamos refiriendo a un proceso, que concierne a la búsqueda constante por el poder. Las subculturas corresponden a una situación histórica de luchas de poder entre clases y grupos sociales. Según Marx los seres humanos no escriben la historia a su manera, sino determinados por circunstancias históricas. El grupo dominante monopoliza la materia prima y los medios de producción, así como la dirección de un aparato ideológico por medio de la cultura y las instituciones del estado. Los grupos dominantes moldean el consentimiento y el voto de los subordinados, pero las subculturas no se suman totalmente a esta ideología hegemónica (inclusive pueden llegan a confrontar a la policía o el ejército), en este sentido las subculturas juveniles ofrecen alternativas culturales por medio del estilo, a partir de sus posiciones y contextos particulares de clase social (Brake, 1990 pp. 4-5). La cultura se modifica constantemente, es dinámica y cambiante, en gran medida debido a la emergencia de nuevos grupos generacionales que rompen con la generación anterior, así el set de valores y normas dominantes se modifica. Sin embargo, es importantísimo recordar que no existe solamente

un set o configuración de normas en la sociedad, siempre habrán otras configuraciones culturales, no existe sólo una cultura, sino diversas culturas.

El concepto subculturas expresa división social frente a la presencia de varias culturas que luchan por la legitimidad de sus propias concepciones (Brake, 1990 p. 3). Para los subculturalistas, las constelaciones de valores, comportamientos y acciones (habitus) de las subculturas difieren de las normas hegemónicas establecidas. Dichas constelaciones proveen una función de socialización al reflejar intereses y problemas comunes.

Las redes de significados, expresadas mediante el estilo, reflejan intentos por “resolver” a nivel imaginario (subjetivamente) problemas y contradicciones estructurales de clase social (Brake, 1990 p. 8). Cada subcultura presenta una “solución simbólica” particular a dichos problemas y contradicciones de clase (Hebdige, 2004, p. 113). Por ejemplo la subcultura mod de los años sesenta (provenientes de los modernists y los beatniks quienes escuchaban jazz moderno y leían existencialismo durante los cincuenta) a nivel imaginario simulaban ciertas condiciones existenciales de los empleados de oficina de nivel ejecutivo (white collar workers), a través de la vestimenta y la asistencia a club nocturnos satisfacían la imagen hedonística de ávidos consumidores. Los mods vestían elegantemente (a su manera), se obsesionaban con la cuestión de la moda, lo sexy, y una vida nocturna de baile y metanfetaminas. Asimismo, la subcultura skinhead (algo así como cabezas rapadas en español), de diferente manera, trataban de resolver los valores de clase media consumistas que “contaminaban” su clase obrera de pertenencia; la clase trabajadora inglesa se convertía, cada vez más, en una clase media consumista, panorama que incomodaba a los skinheads. Entre los rasgos skinheads, correspondientes a una clase trabajadora, encontramos el puritanismo y el chauvinismo (Muggleton, 2002, p. 13). Para los subculturalistas, Mods y skinheads, son entre otros ejemplos de subculturas, agrupaciones juveniles de medio tiempo, temporales y de corta duración, basadas en el barrio y la relación con los vecinos. Las subculturas son callejeras-urbanas, el territorio barrial es central. En general se relacionan directa o indirectamente con la delincuencia y la violencia callejera.

Para Hebdige (2004, p. 16) la palabra subcultura rebosa misterio, sugiere algo secreto y los estilos subculturales son gestos, movimientos, en general discursos, que ofenden a una mayoría al poner en jaque el principio de unidad y cohesión socio-cultural dominante. El estilo subcultural, es simbólicamente subterráneo, una violación simbólica del orden social (Hebdige, 2004, p. 34- 35). Para Michael Brake, las funciones generales de las subculturas son: 1. Una solución a nivel imaginario a ciertos problemas estructurales creados por contradicciones internas correspondientes a cada condición de clase social y generación. 2. Ofrecen una cultura: valores, concepciones, normas, ideologías y modos de vida en general, sintetizada en estilos con sus

respectivos códigos estéticos y simbólicos. Y 3. Las subculturas son centralmente masculinas y heterosexuales, por lo que han funcionado como refuerzo de identidad masculina para sus miembros y reforzador de un sistema patriarcal (Brake, 1990 p. 29).

La adscripción a las culturas juveniles de clase media es de mayor duración, a diferencia de las subculturas. Las culturas juveniles son más difusas e internacionales, no se centran en el barrio o el territorio, suelen agruparse en las universidades, o eventos artísticos, se diferencian de los valores de sus padres, lo que las subculturas de clase baja no hacen tajantemente. Algunas de estas culturas de clase media son los hippies y los ravers. Asimismo, las culturas de clase media pueden salir por un tiempo de su estilo y después retomarlo, sin ser tachados de “inauténticos”

(Brake, 1990 pp. 83-84).

Contracultura, es un término que se confunde comúnmente con subcultura, corresponde a jóvenes en su mayoría de clase media y estudiantes, que han participado activamente como portadores de manifestaciones culturales relacionadas con movimientos sociales (Encinas, 1994, p. 57). Los jóvenes de las contraculturas corresponden a determinados momentos históricos en los que algunos jóvenes se han expresado contra la hegemonía, y en algunos casos han institucionalizado sus ideologías alternativas (Feixa, 1998, p. 87). Para Brake (1990) Cultura y contracultura son en mayoría de clase media, se fundamentan en la diferencia o ruptura generacional, y las subculturas son en mayoría de clase trabajadora y tienden a repetir las trayectorias de sus padres, una mayoría de jóvenes pertenecientes a las subculturas “finalmente”

adoptan los valores y puntos de vista de clase trabajadora de sus padres y abuelos (Brake, 1990 p.

85).

Antes de describir algunos estilos, como el punk, el raver, el norteño, o el rapero, es necesario señalar las dimensiones del estilo, y las cuestiones de bricolaje, homología y autenticidad.

Según Brake (1990) el estilo se compone por cuatro dimensiones interrelacionadas: 1. la imagen: es el arreglo general, la apariencia, incluye el vestido, accesorios, peinados, joyería y objetos varios que se utilizan como prendas. 2. El argot: es el lenguaje específico de cada grupo, una jerga, un vocabulario especial, no sólo hablado, también incluye signos por medio de expresiones como señas. 3. El demanour: son las posturas y modos de andar, incluyen gestos y expresiones corporales varias. 4. Y la música: es el elemento central, que guía y posibilita la expresión de las otras dimensiones (Brake, 1990 p. 12). Los objetos culturales que componen los estilos son materiales e inmateriales. Materiales como un cinturón, una chamarra de piel, o un casco de motociclista. E inmateriales como el sonido musical, el lenguaje o los gestos.

El objeto y su significado constituyen un signo. Los jóvenes toman objetos de la vida cotidiana, y se apropian de ellos a través de resignificarlos. Esto es, el llamado acto de bricolaje, es la readaptación de objetos culturales para comunicar nuevos significados. Desde que un objeto se produce en la fábrica, y después es introducido al mercado, acarrea significados que los empresarios han seleccionado y destinado para determinados sectores consumistas (amas de casa, estudiantes, obreros, etcétera), de esta manera los objetos son también artículos comerciales. Para Hall y Jefferson (2005) a través del bricolaje subcultural, el estilo toma una lógica de resistencia, el estilo nuevo se produce “desafiando” (mediante “saqueo y recontextualización”) los significados impuestos a los objetos culturales por los grupos dominantes. El objeto es reordenado, se recontextualiza, lo que sucede no es una creación original, sino una transformación o adaptación (Clarke, 2005, pp. 177-178).

Los conceptos de bricolaje y de homología son utilizados en los estudios de las culturas y las subculturas para explicar la estructuración de los estilos. Para los subculturalistas, el estilo se compone de conjuntos de objetos materiales e inmateriales que adquieren sentido a través de redes de significados. Los objetos son signos, y el significado de tales signos corresponde a determinados discursos con los que las subculturas se identifican. Los objetos elegidos por una subcultura proporcionan homología entre las concepciones y prácticas del grupo. Por ejemplo, en la subcultura biker (motociclistas), las chamarras, las botas y los cinturones son también una extensión hacia las motocicletas, y amplifican las cualidades simbólicas de las maquinas, poderosos motores que van a casi 200 km por hora en las autopistas, levis, y swasticas, sin casco de seguridad, una alegoría de la relación del hombre con la muerte. Existe homología entre los objetos, sus significados, y el comportamiento de los integrantes de las subculturas. (Brake, 1990 pp. 13-14). Los objetos-signos producen (por lo menos es “la intención”) homología debido a su capacidad para que el grupo se reconozca a sí mismo, reflejando sus valores, intereses y problemáticas particulares (Clarke, 2005, p. 179). De esta manera, los objetos-signos corresponden a una imagen que el colectivo tiene de sí mismo.

Las agrupaciones juveniles hacen visibles sus estilos principalmente durante el tiempo libre. Es en los eventos musicales donde los jóvenes han expresado, y han llevado sus estilos al máximo. No obstante, no solamente en el tiempo libre se expone el estilo, en los recesos escolares, a la hora de salida, o durante los descansos en el trabajo, también se hace presente el estilo. El tiempo libre, no es “totalmente libre” es un área de relativa libertad. El tiempo libre, y hasta cierto punto las actividades de ocio, son determinadas por condiciones estructurales de clase social. La decisión sobre el tiempo libre y las actividades de ocio o recreación, se relacionan directamente con los límites del tiempo de trabajo, un tiempo que los trabajadores han batallado históricamente

a la par de las jornadas laborales justas. La diversión, que es el tema central del tiempo libre y del ocio, es un elemento altamente impredecible, y hace que el tiempo libre y sus actividades no puedan ser determinados del todo. Lo que divierte a los jóvenes es parte de la configuración del estilo y viceversa. El mercado se apropia de los estilos subculturales y de la diversión que los acompaña: las vestimentas, los bailes, la música, entre otros elementos del estilo, son convertidos en objetos de consumo en cierto punto del ciclo de creación y apropiación mercantil. Es así como emerge una cuestión central en el análisis de las culturas y subculturas juveniles, el ciclo de creación y origen de los estilos y la apropiación del mercado. Nos referimos a las modas, y en particular las modas que antes eran consideradas propias de una minoría de mal gusto pero que luego pasan a ser tendencia mainstream, como el caso de los estilos rap, hippie o punk.

Aunque, el inicio del ciclo aparentemente arranca en manos de los jóvenes urbano- populares a finales de la década de los cuarenta, como pueden ser los pachucos o los rockeros estadounidenses (ambos pertenecientes a la clase trabajadora); no se sabe con exactitud que tanto fueron influenciados estos primeros estilos subculturales por las corrientes culturales y estilos mainstream. Y de hecho, la aparición masiva de estilos juveniles sólo pudo ser posible a partir de la masificación del rock y sus derivados a mediados del siglo XX a través la industria discográfica y los medios de comunicación. Por un lado la creatividad y la necesidad de expresarse dieron como resultado un nuevo género musical. Pero por otro lado, los medios de comunicación y los empresarios crearon un mercado masivo de jóvenes a partir de la industria musical discográfica, el radio, el cine y la televisión. En esta dirección, Maritza Urteaga señala que el rock, satisface tres dimensiones: 1) intereses mercantilistas de las industrias discográficas. 2) las demandas emocionales, existenciales y utópicas del público. Y 3) los intereses creativos de los músicos rockeros como músicos. Estas dimensiones corresponden a las necesidades de tres agentes que son parte del campo rockero (empresarios, público y músicos), un campo que ha sido configurado a lo largo de la historia del rock. En la actualidad podemos observar una cultura consumista masiva fundamentada en la historia de las subculturas y del campo del rock.

¿Qué es los que significa para la generación actual de jóvenes la vestimenta y las motocicletas del estilo biker original de mediados del siglo XX?, ¿Qué significa la ropa y los peinados punk, (originarios de la década de 1970) que originalmente se relacionan con el aspecto callejero en contraposición a la vestimenta convencional? Muchas de las respuestas a las preguntas sobre lo que significan los estilos actuales, tienen que ver con la historia de los estilos subculturales y la apropiación de estos estilos por parte de los empresarios y los medios de comunicación. Sin lugar a dudas, los significados de la primera ola de innovadores conscientes de una identidad propia, se hizo completamente inaccesible para los que se hicieron miembros subculturales

posteriormente, ya que la subcultura se había comercializado y popularizado. Los punks que siguen la moda comercial son los llamados punks de plástico o de fin de semana (Hebdige, 2004, p. 168). Ésta es la cuestión de la autenticidad, ¿los estilos juveniles actuales contienen los valores, ideologías y prácticas alternativas de las subculturas hippies, punks, o raperas del siglo XX?, ¿es el estilo rockero o rapero actual una cuestión de imagen superficial individual, o realmente influye en la construcción de una profunda identidad de grupo?, ¿es la identidad actual pasajera y fluida, y no se compromete con los valores subculturales auténticos como solidaridad y colectividad de clase social?, éstas son algunas preguntas que continúan sin respuesta en el análisis subcultural actual, pero que de hecho son inquietudes que guían la problematización de la identidad juvenil.

Si los jóvenes actuales portaran los valores estándar de los punks, o en el caso regional de Sonora México de los vaqueros originales, fuera más fácil reconocer sus concepciones, valores y prácticas, pero este es precisamente el problema: actualmente las identidades no son lineales, y encontramos vaqueros-rockeros, y fresas-hippies.

La era de The Beatles es el ejemplo representativo de cómo un estilo es organizado y expropiado culturalmente para convertirse en un estilo puramente consumista. Los empresarios supieron como subrayar los rasgos con mayor potencial comercial. Ya mencionamos cómo en el caso del cine los empresarios encuentran en los problemas cotidianos de los jóvenes (la paternidad a temprana edad, la mala comunicación con los padres, la violencia, el uso de drogas, etcétera) preocupaciones comunes que son su herramienta principal para lograr ventas y consumo. A esto se le suman los aspectos del estilo que tienen que ver con la diversión como la música y el baile;

convirtiendo al rock y sus derivados en productos mercantiles. Así el rock se encuentra entre la contradicción de la expresión alternativa y la moda mercantil, entre lo contra-hegemónico y lo manufacturado. Entre la ambivalencia de, por un lado ser un vehículo de expresión de los crudos problemas cotidianos, crítico y de protesta, y por otro lado ser una mercancía que se vende por moda, con contenidos desinteresado por los problemas sociales, más bien como escape sintético e individual a la realidad de dichos problemas reales. En esta dirección, el potencial subversivo de los estilos subculturales es “saneado” y comercializado, los signos de resistencia se vuelven parte de la moda comercial.