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LAS ADOLESCENTES Y EL RIESGO SOCIAL EN LA FAMILIA

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4.1. LAS CARACTERÍSTICAS DEL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN DE LAS

4.1.2. LAS ADOLESCENTES Y EL RIESGO SOCIAL EN LA FAMILIA

46 Los padres al separarse viven sus propios conflictos, y se desentienden de los hijos. En este contexto los encargados de cuidar a los hijos son las madres, pero ellas se sienten vulnerables por ser dependientes emocional y económicamente de sus cónyuges y les cuesta asumir la protección y manutención de sus hijos. Pero sus necesidades las moviliza a buscar trabajo y obtener ingresos. Al no encontrar se vinculan a trabajos de alto riesgo: venta de golosinas en la calle, lavar ropas y en algunos casos viajar fuera de la zona. En este proceso se descuidan del cuidado de sus hijas, las abandonan de manera permanente, y dejan al cuidado de personas ajenas, o en otros casos se quedan en los hogares sin alimentos, sin protección y seguridad.

Las adolescentes al verse en la necesidad de alimentos, deciden huir a las calles en busca de alimentos y ayuda. En este ambiente ubican a otros que se encuentran en la misma condición, en abandono y sin protección. Se habitúan a los peligros que desbordan las calles. En su afán de sobrevivir se arriesgan a ofrecer servicios para consumar sus necesidades (de alimento y carencia de afecto).

47 vulnerabilidad debido a que sus familias no les permiten vivir de manera saludable.

“Salimos al campo y regresamos en la tarde, a veces no regresamos. No es un peligro, solo nos falta abrigo. Al otro día vuelvo a la casa, pero mi mamá no está se ha viajado, encuentro a mis hermanos con frío y hambre. Les digo vamos a comer que traje comida. Ellos corren y se alegran. Mi hermanito menor me dice que soy como un padre. Yo digo mientras Dios nos ayude habrá comida listo para comida de algún sitio. Ya me acostumbré a estar sola, o a veces en grupo, pero siempre pienso en mis hermanos. Una vez me he topado con mi papá en una chacra, me miró y siguió caminando, yo dije que él no era mi padre, cómo puede ser mi padre, me mira y se va. Ni siquiera me habla, tampoco me da algo de comida.

(Paola Chipana, 14 años)”.

Para Paola en la familia siempre debe haber alguien que se preocupe por el bienestar. Si bien ella trabaja, y busca formas de llevar comida para sus hermanos. Generalmente, su mundo gira en el trabajo, y otras veces ayuda en el mercado y se gana unas propinas que le alcanza para comprar comida para sus hermanos. La madre no siempre está atenta en lo que ella hace, solo le preocupa sus hermanos.

Las adolescentes que viven en condiciones de estos riesgos sociales, entonces, se debe a que en su entorno familiar la calidad del ambiente familiar y el tipo de interacciones paterno-filiales y de pareja generan efectos negativos por los constantes maltratos en que viven, no solo ellas, sino también su madre. Además, las adolescentes no se encuentran seguras de vivir con sus padres porque ellos se tratan de manera violenta y en contante separación, piensan más en sus propias diferencias más no en proyectos de vida de los hijos.

48 Los padres de familias de las adolescentes en situación de riesgo no se caracterizan por haber crecido en entornos familiares muy saludables, sino provienen de hogares donde la violencia ha sido parte de su vida cotidiana, de la relación entre padres e hijos. Esta situación es el factor que influye negativamente en la forma cómo viven las parejas de las adolescentes que entrevistamos, porque en sus hogares reproducen la violencia que han vivido cuando niños.

Se podría decir también que los sentimientos de afecto que reciben los hijos facilitan su bienestar y el ajuste social, además esta realidad es un factor protector de los comportamientos problemáticos. Pero en la presente investigación los padres muestran distancia y no expresan afecto a sus hijas, lo que hace que exista distanciamiento mutuo entre padre y la adolescente, lo que reduce la influencia del padre sobre ellas. En este sentido, el padre que ha institucionalizado la violencia en su relación conyugal genera en las adolescentes comportamientos de búsqueda mezclados con sentimientos de enfado hacia los padres; y la falta de amor y seguridad le provoca miedo y desorientación en las relaciones familiares.

“Mi papá no siempre fue cariñoso, cuando era bebé, eso me contaba mi mamá, el me abrazaba. Pero las constantes peleas que había entre ellos dejaba de mirarme, ahora que están separados, y quieren regresar, ni siquiera me dice hola, tampoco me da un abrazo. Por eso a mi amiga aquí en el albergue le digo que mede un fuerte abrazo para olvidarme del pasado. Hace mucha falta la familia, yo quiero tener una familia, ser adoptada, ya no quiero volver a mi casa, si me llevan con mi mamá, me voy a escapar. El Estado dice que me espere hasta los 18 años para vivir mi vida sola. Alguna vez cuando tenga un hogar les daré amor a mis hijos. No quiero

49 vivir de peleas, trabajar mucho para que mis hijos vivan mejor, y no padecer hambre (Pilar Salcedo, 14 años años)”.

El anhelo de tener una familia y que el hogar se motive de muchos afectos prima en la perspectiva de vida de Pilar Salcedo. Ella anhela tener una familia con hijos, donde haya afecto y mucha comprensión. Esta apuesta se debe a que su vida actual está envuelta en problemas. Ella en algún momento de su vida ha consumido terokal, también fumaba y bebía alcohol.

Pero desde que fue atentada con su vida, decidió dejar todo.

Las reacciones negativas de los padres en el proceso de socialización de los hijos adolescentes tienen diversas explicaciones. Para, Lutte(1991) “Los hijos sienten que sus padres siguen siendo útiles para su formación educativa, pero el alejamiento de ellos los desencanta. Los padres creen que sus hijos ya pueden defenderse. Pero los adolescentes temen vivir solos, abandonados, se sienten indefensos para afrontar la vida”.

En la investigación se constata que los años de convivencia del padre con sus hijos les impiden darse cuenta de que ellos han cambiado y que hay que tratarlo de otro modo, pero los problemas conyugales no les permite ver que los hijos requieren un trato especial, mayor atención, protección y seguridad para fortalecer su autoestima.

Sin embargo, los riesgos en que viven los hijos producto de abandono de los padres definen que no tienen opciones de vida saludable, más bien su vida

50 en las calles les abre a nuevos problemas, donde el vínculo con la delincuencia y la mendicidad les empuja a ser una “presa” fácil de la trata de personas y convivencia con problemas como el consumo de terokal o la cocaína.

Los factores de riesgo y protección no indican causalidad, sino que constituyen condiciones, en este caso del entorno familiar, que establecen una mayor o menor probabilidad de desarrollar un comportamiento discordante en la comunidad en que viven.

“Lo que somos actualmente somos porque así nos han tratado nuestros padres. Yo no pienso que haré para el futuro, solo vivo el día a día, busco qué comer, y qué deben comer mis hermanos. La vez pasada cuando me trajeron aquí al albergue pensé en mis hermanos, decía que estarán haciendo, qué estarán comiendo. Mi mamá está ahí, pero no siempre está, estaba preocupada y lloré, pedía que devuelva a mi casa, pero me encontraron consumiendo terokal, me dijeron que no tenía hogar ni padres que se preocupen por mí. Otras como yo salen y entran a este albergue, además han sido llevadas por hombres a otros lugares. Dice que ganan bien, pero por menores de edad han sido traídas aquí. (Olga Sedano, 13 años)”.

En las adolescentes se observa un futuro nada claro, porque están involucrados en actos delictivos, además algunas de ellas han sido presa fácil de la prostitución, porque solo de esa manera puedan comprar alimentos, tener un abrigo y llevar a sus hermanos. Los padres no han logrado establecer seguridad y protección en ellos.

Un mal control de los padres sobre qué están haciendo sus hijas adolescentes, dónde y con quién, está relacionado con diversos

51 comportamientos de riesgo de las adolescentes, como el mal comportamiento, el alcohol o el mal rendimiento escolar, como es el caso de las entrevistadas, quienes buscan salir del problema abandonando su casa, buscando un modo de vida alejado de los padres.

En el caso concreto de las entrevistadas, se observa que las categorías consideradas factores de riesgo son: los conflictos familiares, padres violentos, castigadores, con débil supervisión de las adolescentes y disciplina errática (baja comunicación). Además, el distanciamiento del hogar no le permite percibir la conducta desviada de la hija o simplemente se han desentendido de lo que pasa en su hogar, y no están dispuestos a disciplinarlas, menos protegerlas. También se consideran factores de riesgo, aunque con una menor consistencia: el tamaño grande de las familias y la pobreza.

Las adolescentes entrevistadas viven en hogares monoparentales, así como en hogares disfuncionales. Estos problemas los vinculan con el consumo del de alcohol, principalmente en las festividades tradicionales del lugar. Esta dependencia se debe a los vínculos que mantiene con grupos juveniles con problemas de conducta desviada algún caso delictivo. Este grupo busca fortalecerse para sobrevivir en un ambiente donde hay peligro e inseguridad.

El papel de la familia es fundamental para que las adolescentes se inserten a estos problemas, asimismo su relación con el consumo de bebidas. Hay influencia entre el consumo y las características familiares conflictivas

52 (padres separados, familia monoparental, etc.), la permisividad familiar, la falta de apoyo familiar y el maltrato.

“Yo aprendí consumir alcohol desde los 12 años, a raíz de que un hombre abusó de mí, me dijo que me pagaría, pero me lastimó mucho. Eso lo conté a la policía, pero él siempre me buscaba. Una vez me llevó a la selva, ahí estuve con otros hombres, y me pagan bien. Si quiero hablar de mi padre, solo diría que él no fue capaz de darnos calor de hogar (Vilma Rojas, 14 años)”.

La falta de protección de los padres, y el abandono, permitió que adolescentes como Vilma encuentren en la prostitución una forma de vida, además como ella dice es para llevar comida a sus hermanos. Cada etapa es para ella una experiencia. Ha estado habitado a la vida en calle desde los 12 años, vivió en medio del peligro y la inseguridad.

A estos problemas sustentamos que el impacto negativo que genera la separación de los padres en la conducta desviada de las adolescentes, señalar que los efectos dela separación de los padres sobre los hijos adolescentes se han encontrado efectos negativos como el aumento del riesgo de trastornos emocionales y de conductas problemáticas. En otros casos, y no es tanto en la presente investigación, la separación conyugal no es necesariamente una experiencia negativa, se le ayuda a la liberación de un conflicto constantes y aporta mayor autonomía y responsabilidad en la familia. No es el caso de esta investigación, aquí las adolescentes muestran problemas de autoestima, sienten que sus padres no les motiva a estudiar, más bien los tratan de forma violenta.

53 La influencia del contexto familiar en la adopción de conductas de riesgo está vinculada sobre todo con la estabilidad del clima familiar. En general, el consumo de alcohol, la juventud desviada socialmente con que se vincula la adolescente es más elevado en aquellos, cuyas familias están en constante separación, son inestables, son monoparentales o reconstruidas.

El mayor consumo de alcohol en adolescentes de familias en conflicto habitualmente está asociado con un escaso control de los hijos y conflictos entre las distintas figuras de autoridad. Según, McLanahan (2008) el conflicto entre las figuras paternas puede dar lugar a inconsistencias en las prácticas de crianza, lo que tal vez aumente el rechazo a las mismas y, por lo tanto, el acercamiento hacia estilos de vida no saludables. Pero en mi investigación la estabilidad familiar y el buen trato hacia los hijos no tiene una esperanza de ser visible. Más bien, el conflicto y la violencia entre padres los vincula a fomentar el consumo de alcohol como la forma de superar la carencia de afecto y atención de sus padres.

“En mi casa siempre hubo problemas. Yo decía cómo es posible que mi madre se haya juntado con mi padre para vivir un infierno, debieron haber pensado antes de tener hijos. Yo ya se defenderme, pero mis hermanos menores no, aun son pequeños. Ellos me dicen que también quieren salir a la calle a buscar comida, yo les digo que la calle es peligrosa, no deben salir, solo esperar a que sean más grandes. Primero pienso en mis hermanos, somos huérfanos, mi padre murió alcoholizado, tomaba mucho, ahora mi mamá trabaja, pero no le alcanza, por eso yo me aventé a la calle a trabajar, en lo que podía. (Paola Chipana, 13 años)”.

Como Paola, muchas adolescentes buscan dinero fácil para sobrevivir, las oportunidades de ser mujer son muchas, pero las explotan a cambio de poco

54 dinero, pero ellas ven como una posibilidad de tener para comer y ayudar a sus hermanos.

A pesar de la enorme influencia del contexto familiar, hay que recordar que una carencia emocional dentro de la familia puede hacer que se recurra al grupo de iguales (pares)para satisfacer dicha necesidad afectiva, aumentando así la probabilidad de adoptar conductas de riesgo. En efecto, las adolescentes que entrevistamos consideran que se sentían más seguros entre sus pares que en sus hogares. En este espacio sus padres permanecían fuera del hogar por mucho tiempo, otras veces sentían poco afecto, porque los maltrataban y les enviaban a vender caramelos a las calles. Entonces, asumen que permanecer con grupos de amigos les ayudaba a tener mayor libertad y decisión sobre lo que deben hacer en relación a su vida. Además, la adolescencia es una etapa de externalización en la vida del individuo, donde va a ir abandonando poco a poco el entorno social de protección que supone la familia, para buscar la aprobación e integración en otros contextos sociales, de esta forma se unen a grupos juveniles para emprender acciones de sobrevivencia.

La influencia del grupo de pares es muy relevante cuando las adolescentes viven en estructuras de familias conflictivas y violentas, con padres que tienen problemas de alcohol y conductas agresivas. Por un lado, la desconexión con el entorno familiar aumenta la influencia del grupo de pares, sobre todo en los primeros momentos donde la adolescente todavía no

55 ha madurado lo suficiente y se puede ver muy presionado por el comportamiento de los amigos, sobre cuando es este grupo que le ayuda a vivir en las calles. Por otro lado, la adolescente que vive en una familia monoparentales vive una gran inestabilidad familiar que puede verse frenada por una buena aceptación social. Sin embargo, esta influencia no siempre se relaciona con estilos de vida no saludables – modelo de riesgo exacerbado– lo que fomenta el consumo de alcohol.

“Para mí y otras mujeres consumir alcohol es solo una distracción, pero te hace olvidar las penas. A mi sobre todo las tantas cosas que he pasado en la calle, a veces así borracha quieren abusar de mí, pero ya aprendí a defenderme. El alcohol es un vicio, no es fácil dejarlo, pero te alivia las penas, es mejor que el trago. Yo empecé a consumirlo cuando abusaron de mí. Con esto olvidaba mis penas, mi dolor, ahora ya lo superé (Vilma Rojas, 14 años)”.

Para Vilma no es fácil olvidar las escenas trágicas de la vida, porque hay cicatrices que solo con el consumo de alcohol se puede borrar. Pero aprenden a vivir nuevas escenas para no dejarse dominar por la vida en la calle, ahí hay peligro, pero también hay trabajo y dinero fácil.

En ocasiones, el grupo de amigos o compañeros aumenta las actividades delictivas de los adolescentes y la desvinculación de la familia de origen.

Muchas veces estas adolescentes huyen hacia Lima o la selva en busca de trabajo. En este contexto son captados por personas que las hacen trabajar explotándolas en el pago y las horas de trabajo.

56 No obstante, no todos los individuos que rodean al adolescente poseen la misma influencia en sus comportamientos. Hussong (2002) plantea diferencias en función del grado de cercanía entre los sujetos, diferenciando entre la influencia de los mejores amigos o conocidos. De acuerdo con nuestra investigación, tienen una mayor importancia los individuos más cercanos a la adolescente, o aquellos que resaltan ser los protectores, a ellos las adolescentes terminan por fortalecer su vínculo.

En términos generales, la teoría del control social (Hischi, 2004) propone que “los actos delictivos (de los adolescentes) resultan cuando los lazos de un individuo con la sociedad se encuentran debilitados o rotos”. Esta realidad se asocia a los padres que quiebran hogares sin evaluar el impacto negativo en la conducta de los hijos. Desde esta perspectiva, todas las personas tendrían una tendencia hacia la desviación social, ya que ésta provee los medios más expeditos para satisfacer los deseos personales. En la investigación, la desviación sería inhibida por los lazos afectivos que las adolescentes no logran cuajar en el entorno familiar. Se evita el comportarse de modo desviado, ya que esto arriesgaría las relaciones sociales que son afirmadas por las personas. Aquellos adolescentes que no presentan este tipo de lazos, tienen mayor libertad para emprender conductas desviadas, ya que tienen menos que perder. Esa es la realidad de las entrevistadas.

“Yo me fui de casa, porque quería vivir nuevas experiencias además porque faltaba calor de amor y afecto. Mi papá era

57 muy brusco en el trato, no solo nos pegaba, sino maltrataba a mi mamá. Hoy tampoco me siento llena, pero al menos con mis amigas y mis amigos he recuperado la fe de ser algún día alguien en la vida. Yo no voy a ser una persona de vida fácil, tengo que salir adelante con trabajo. Pronto seré mayor de edad y me daré mi lugar (Olga Sedano, 14 años)”.

En la presente tesis encontramos que el desarrollo de conductas de riesgo tiene que ver con el nivel de conflictividad familiar, asimismo el uso de un estilo parental duro que deriva en el maltrato infantil. La vivencia de ser maltratado, generaría, en las adolescentes, sentimientos negativos que hacen más probable que responda con agresión. Sentimientos como la ira, se asocian con una tendencia a percibirse a sí mismo como víctima, lo que generaría la acción de la adolescente, disminuyendo sus inhibiciones.

4.2. LA SOCIALIZACIÓN Y LAS CONSECUENCIAS EN LA CONDUCTA

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