Racionalidad instrumental con arreglo a fines o acción que “está determinada por expectativas en el comportamiento y utilizando estas expectativas como condiciones o medios para el logro de fines propios racionalmente sopesados y perseguidos”. (Weber, 1987:20) ya que la transnacionalización de los mercados y de las innovaciones tecnológicas han transformado a la racionalidad instrumental en la racionalidad predominantes. La cual es principio orientador de la acción social
Sr. Nancy Benito Mendoza “…yo quiero que mis hijos estudien sean profesionales, gracias ahora tienen escuelas hay universidad en Satipo quiero que cambien porque la chacra no es todo…para que vivan mejor”
En esta entrevista se aprecia que el cambio no solo se da por las condiciones materiales económicas sino también de las ideas y valoraciones que tienen los individuos. Además de la forma de pensar, también va cambiando el contenido de las ideas. En general, los ideales de mejora personal, libertad, igualdad que son parte de los procesos de cambio político y social de largo alcance. Estos ideales indican una revisión constante de las formas de vida, en busca de mejoras para el ser humano.
Por eso se dice que obrando mas por instinto que por razón es que se practico una economía incipiente en las comunidades primitivas.
4.2 Análisis y Discusión con los hallazgos obtenidos de la
realizadas por diferentes empresas nacionales y extranjeras tuvieron lamentables efectos en los miembros de estas comunidades nativas para afrontar sus problemas con una singular participación política, muchas veces de manera violenta en protesta contra el Estado. En consecuencia a ello, el Estado Peruano ve necesario fortalecer sus propias instituciones que tengan alcance rural para una adecuada integración política y social, evitando desde luego el vacío legal, administrativo é institucional que conciben los habitantes de dichos pueblos. Las consecuencias y efectos que tendrían estas acciones, dirigidas a una posible integración por medio de la participación política electoral; demandaría diversas medidas objetivas y concretas, entre las cuales se encuentra la integración ciudadana y la difícil tarea de promover una educación cívica acorde a los principales móviles y necesidades de estos pueblos aborígenes, que podrían constituirse desde una verticalidad institucional propias de sus características culturales, para tener como resultado una propuesta alterna a la democracia figurativa que nos oprime en nuestras sociedades latinoamericanas, y al fin entender lo que tal posible integración colectiva puede suponer en el futuro – una democracia con respeto a los derechos y formas de vida de éstas minorías.
Carlota Solé Puig .- al analizar acerca de la modernización, la modernidad y el riesgo en las sociedades donde los peligros medioambientales han inducido a una profunda revisión de las prospectivas de futuro por parte de los actores sociales responsables (administración, instituciones, expertos, etc.), y de los afectados, en términos de cambio social. A partir de la mayor concienciación ecológica de los ciudadanos afectados y el desarrollo de movimientos tendentes a replantear las políticas de medio ambiente, se presenta la evolución del contenido de los conceptos de modernización ecológica, reflexiva, simple, asumiendo la prevención del riesgo global y exento de responsabilidad atribuible a ningún gobierno, partido político o clase social en concreto (Carlota Solé Puig, 1997: 111-113).
Tradición y Modernidad como categorías universales al estudiar el proceso concreto y real de transformación de una sociedad, no muestra con suficiente claridad cómo explicar el proceso específico en sí mismo, dada la gran vaguedad y abstracción de los términos Tradición y Modernidad. Por añadidura, los teóricos de la modernización hacen hincapié en definir el estado-final de la modernidad pasando por alto la definición del punto de partida de la tradición, y sin tener en cuenta las importantes diferencias que hay entre las diversas sociedades tradicionales, cada una de las cuales pudiendo ser un posible punto de partida de modernización.
Las principales concepciones funcionalistas de modernización estudian este proceso a través del método de estática comparativa, aproximándose al problema mediante índices o indicadores, con los que los teóricos funcionalistas pretenden medir el proceso de cambio que denominamos modernización. De esta forma, la aproximación gradual de un polo o tipo de sociedad (tradición) a otro (modernidad) representa el grado de modernización de una sociedad. Así, pues, esta visión extremadamente relativista considera a la modernización simplemente como la transformación gradual de un tipo de sociedad en otra.
La diferenciación se refiere asimismo a la progresiva diversidad, especialización e independencia de elementos estructurales, funciones y roles, en la organización interna de cada una de estas esferas. En palabras de Parsons, la diferenciación es el proceso a través del cual «una unidad, subsistema o categoría de unidades o subsistemas que tiene un único y relativamente bien definido lugar en la sociedad, se divide en varias unidades o subsistemas, que difieren tanto en significación estructural como funcional, en relación al sistema “global”» (T. Parsons, 1966: 22), que
«funcionarán de manera más efectiva en las nuevas circunstancias históricas» (N. J. Smelser, ed., 1968: 118).
El término de modernidad es traducción del concepto original de modernité, que Baudelaire introdujo en el siglo pasado, entendida como la forma de experimentar lo que es nuevo. Un siglo más tarde, la noción más comúnmente utilizada de modernidad se refiere a los modos de vida u organización social que surgieron en Europa a partir del siglo XVII aproximadamente y que se difundieron desde el Siglo de las Luces a nivel mundial. Es por ello que la noción más simple y ampliamente aceptada asocia modernidad con un período de tiempo y una localización geográfica concreta. La época histórica moderna de Europa se toma como meta a alcanzar en los procesos de modernización que en períodos posteriores (en las décadas de los años cincuenta y sesenta) y en otras latitudes (países africanos y asiáticos) se lleva a cabo. Modernidad aparece como concepto definido en términos abstractos y de escaso contenido empírico en los escritos de los autores funcionalistas y neomarxistas que en las dos décadas siguientes (1960 y 1970) se ocupan del proceso de modernización.
Habermas (1985) prefiere hablar de modernidad cultural como opuesta al proceso de modernización social, o como racionalización de la sociedad. La idea de modernidad va unida al desarrollo del arte europeo, pero sobrepasa.
La modernidad cultural envuelve a las esferas teórica, práctica y estética, diferenciadas al paso del proceso de modernización social desde el final del siglo XVIII. En la década siguiente empieza a hablarse de postvanguardia, de postmodernismo en la esfera estética, y de postmodernidad en la cultural.
En 1986, U. Beck publica su obra sobre la sociedad del riesgo en la que desarrolla el concepto de modernización reflexiva, paralelamente a la aportación de Giddens (1990) sobre las consecuencias de la modernidad. A.
Giddens señala la índole reflexiva del concepto de modernidad e interpreta en términos institucionales las discontinuidades del desarrollo social moderno. Para Giddens, la modernidad se vincula estrechamente al riesgo por cuanto el futuro se diseña en el presente a través de la organización reflexiva de los entornos de conocimientos. Se evalúan los riesgos con
voluntad de precisión y cuantificación, pero con infinitos imponderables. La modernidad puede controlar y reducir algunos riesgos a la vez que introduce nuevos riesgos desconocidos anteriormente. La modernidad crea oportunidades y riesgos.
Luhmann define el concepto de riesgo en relación al posible cálculo racional de los costes, orientado por expectativas subjetivas de beneficio o de alcanzar algunas ventajas si se pone algo en juego (N. Luhmann, 1990: 20- 23). Este cálculo está limitado por el «umbral de la catástrofe», es decir, el umbral más allá del cual el infortunio, por poco probable que sea, se vivencia como una catástrofe. Ello depende de la situación activa o pasiva del sujeto (rural, industrial) El término riesgo se vincula a decisiones que implican el tiempo, al referirse a un futuro «que no se puede conocer suficientemente; ni tan siquiera el futuro que se produce a través de las decisiones personales»
(N. Luhmann, 1991: 25). La racionalidad se apoya en el cálculo de probabilidades de ocurrencia de un mal o daño, los daños de cualquier decisión se deben evitar en lo posible. El concepto moderno (racionalista) de riego está en estrecha relación con las probabilidades de daño, la variabilidad de resultados y la seguridad frente a la contingencia. Se extiende la idea de que el riesgo permite precisar, mediante el cálculo, el nivel de seguridad a alcanzar. El binomio riesgo-seguridad posibilita calcular todas las decisiones bajo la perspectiva de su riesgo.
Luhmann distingue el concepto de riesgo del de peligro. La distinción presupone la existencia de incertidumbre respecto a un daño futuro, «el daño eventual se considera como consecuencia de la decisión, por ello se habla de riesgo de la decisión. Se habla de peligro cuando el hipotético daño, entendido como provocado desde el exterior, se atribuye al entorno»
(N. Luhmann, 1991: 31). La doble distinción entre riesgo-seguridad y riesgo- peligro es característica del complejo entramado de hechos y circunstancias propio de las sociedades modernas. En ellas, la reflexión sobre la
contingencia de los estados de cosas que implican riesgo se extiende al conjunto de sus miembros. En el binomio riesgo-seguridad, la contingencia deriva en decisión. Esta toma importancia sólo en caso de riesgo, al exponerse uno a determinados peligros, derivados de hallarse ante situaciones desventajosas o tener que elegir entre alternativas parecidas, pero no igualmente factibles. Como señala este autor, «la atribución a la decisión debe satisfacer las condiciones específicas bajo las que las alternativas se diferencian en referencia a la posibilidad del daño» (N.
Luhmann, 1991: 33).
La globalización en sí misma como se indicó anteriormente, se caracteriza por ser un proceso continuo, dinámico y progresivo, que desafía las leyes de los países, particularmente, los que están en desarrollo, debido a que desnuda la fragilidad de sus políticas, sus instituciones, y leyes que protegen a los trabajadores, medio ambiente y en general su economía. Por ello, podemos afirmar que tiene incidencia en todos los ámbitos de la vida humana; desde el económico, cultural, sociopolítico, ambiental, salud, seguridad y soberanía, entre otros.
Su existencia es real y es una variable incontrolable, por un solo ser humano o por un solo país, su dimensión es planetaria y trasciende la esfera local, es por naturaleza inhumana y voraz, es una realidad que existe independientemente de los gustos y preferencias del consumidor, de la oferta y la demanda, de los “principios éticos y de la responsabilidad social”
de que hablan algunos autores.
Sin embargo, por su forma de existir y operar, por su estructura y funcionamiento, es fácil determinar que no es más que la forma en que se manifiesta una fase superior del capitalismo. El impacto generalmente nocivo en los países de América Latina y El Caribe, se vuelve aún más drástico por la existencia de Estados nacionales abismalmente distintos a la naturaleza de las sociedades que los integran, que en realidad no son el reflejo de esas
sociedades, de su gente, de sus distintos pueblos y comunidades, sino al contrario, han sido diseñados y construidos para favorecer a pequeños grupos sociales que históricamente han sido los beneficiarios de las inmensas riquezas que poseen las tierras de las Américas.
La globalización no es un hecho aislado en la historia, es un fenómeno que se ha desarrollado con el devenir de los años, la globalización postula una economía estructurada en torno a un mercado mundial único, no es un proceso absoluto, ni incontestable, la globalización ha traído como consecuencias, singulares protestas de resistencia global de los movimientos indígenas, ecologistas y alternativos del mundo, desde Seattle hasta Génova, planteando el paradigma de la solidaridad y la justicia, antes que el mercado por encima de todo.
Desarrollo Sostenible: significa crecer y desarrollar aprovechando adecuadamente los recursos naturales, respetando el equilibrio ecológico, por su parte el Desarrollo Sustentable significa no depredar, no contaminar y reponer. Este concepto fue introducido por la comisión Bruntland a mediados de los ochenta como aparente solución a la contradicción entre crecimiento y medio ambiente, planteado por los críticos al desarrollo; según este concepto el desarrollo es sustentable cuando sirve a las necesidades presentes sin afectar los requerimientos ni las posibilidades de las generaciones futuras, así, si bien hay límites naturales al crecimiento, es posible que este sea amigable con la naturaleza, la devastación del medio ambiente. Desde esta perspectiva, no se produce la industrialización, sino la pobreza que ejerce una presión irracional sobre los recursos.
Sin embargo la destrucción del bosque en el territorio de los Asháninkas por las empresas maderas, por los colonos, la tala y la quema ha permitido la extinción de la fauna, con la contaminación de los ríos la extinción de peces tropicales y efecto el desarrollo sostenible está quebrado en desmedro de
los grupos étnicos de la Amazonía en general. Por estas razones para Giddens el modernismo es un mundo desbocado y la democracia es frágil en sociedades tardíamente modernas, pero apuesta por la expansión de la democracia, la que dependerá de cambios estructurales en la sociedad mundial, para reducir la pobreza y las inequidades en las que fermentan la crisis social y la inestabilidad.
Si bien el lado de la mundialización de la economía y de los mercados es el principal proceso, no menos importante son los nuevos espacios de la cultura y de la influencia en la misma, de lo que se conoce como la cultura popular norteamericana que ingresa en nuestras subjetividades a través de los más media, sin embargo, los cambios en las relaciones entre el norte y sur atrasado, la mundialización de los mercados y la economía no dejan de influir en los acontecimientos de nuestras sociedades y Pueblos Indígenas, como la campesinización, la urbanización, los enclaves mineros, forestales, turísticos sobre nuestras comunidades y sistemas productivos y de comercialización.
Los procesos de la vida social y los cambios en la condición humana, están configurando nuevas relaciones que los sujetos y culturas, que son sus hacedores, no dominan o controlan. Romeo Grompone, influido por Bauman reflexiona sobre las consecuencias que para el individuo y la sociedad peruana tiene el actual proceso de cambios que llegan con la globalización.
Bauman piensa que en las nuevas condiciones de la vida social, que él llama
“combinación misteriosa de la nueva tecnología y la nueva competitividad global”, el sujeto o individuo tiene pocas oportunidades para la alteridad, en cambio, Grompone, más optimista, compartiendo ideas de Guillermo Nugent nos dice que el sujeto vive un desplazamiento de su identidad o lo que llama una acentuación de lo diverso en el sujeto por la ampliación de su subjetividad en la aventura de una o varias nuevas dimensiones de
autenticidad. (Bauman, Zygmunt, La globalización, consecuencias humanas.
Fondo de Cultura Económica. Pág. 21. Brasil. 1999).
La globalización cultural no significa que el mundo se haga más homogéneo culturalmente, significa sobre todo globalización, es decir, un proceso lleno de muchas contradicciones, tanto por lo que respecta a sus contenidos como a la multiplicidad de sus consecuencias. Aquí conviene puntualizar dos de sus consecuencias más problemáticas que tiene para la estratificación de la sociedad mundial, la riqueza y la pobreza (Bauman, Zygmunt, 1999).
La globalización es la expansión de las fuerzas del mercado, a nivel mundial profundizando en el dominio de la mercancía y operando sin la intervención pública. Es la etapa actual del capitalismo. Este proceso viene determinado por un movimiento de carácter financiero, por los avances tecnológicos, por la apertura de mercados de capitales; y por una globalización que trata las transacciones de bienes y servicios realizados a nivel mundial (Itaca, 2009).
Imposición de un solo “modelo cultural”, minusvaloración de otras formas de culturas, pérdidas de culturas “autóctonas” a favor de la cultura “dominante
“y Ignorancia o desprecio de culturas de países no desarrollados.
La modernidad y la modernización son dos conceptos excepcionalmente vagos, imprecisos y polisémicos que se han incorporado, hasta extremos de trivialidad, en el lenguaje corriente. Una extensa literatura explora, describe y, a menudo, divaga sobre los diversos ángulos de estos términos. Sin negar la importancia de toda esta serie de análisis, estudios y debates, resulta evidente que están más allá de las pretensiones de este artículo (Solé, 1998).
Tomamos de A. Giddens y de J. Baudrillard dos definiciones de modernidad. Giddens señala en torno a la modernidad que " refiere a los modos de vida social o de organización que surgieron en Europa alrededor del S XVII en adelante y que posteriormente se hicieron más o menos universales en su influencia". Por su parte el sociólogo francés J. Baudrillard entiende por modernidad "una forma de civilización característica, que se opone a la tradición, es decir, a todas las otras culturas anteriores o tradicionales; frente a la diversidad geográfica y simbólica de estas, la modernidad se impone como una homogeneidad, irradiada mundialmente a partir de occidente... que connota globalmente toda una evolución histórica y un cambio de mentalidad (Baudrillard 1979).
Según Gonzáles de Olarte, el Perú es un país en el que coexisten, aún a fines del siglo XX, distintas etapas históricas de la evolución social. Hay todavía economías naturales en remotas zonas de la Amazonía; campesinos semimercantiles en los Andes; empresas capitalistas agrícolas, mineras e industriales de todo tamaño; grandes empresas trasnacionales y empresas estatales. Semejante heterogeneidad socioeconómica se refleja en la existencia de mercados con distintos grados de complejidad y articulación, cuyo funcionamiento permite acceder a los bienes y servicios necesarios para que la población pueda vivir, obviamente en función de sus ingresos y capacidades. Así, el mercado es la única institución que permite vincular directa o indirectamente a casi la totalidad de la población del país a través de la participación individual de cada uno en la división social del trabajo (Gonzáles de Olarte, 20003).
Existen tres posibles entradas al análisis socioeconómico de las sociedades:
la producción, la circulación y la distribución. El análisis de la producción permite aproximarse a las características técnicas y sociales; el de la circulación, a los mercados; y el distributivo, a la estratificación social y al
poder. El mercado tiene un origen urbano, o, más bien, el mercado y la ciudad nacieron juntos.
El paradigma neoclásico, hoy constituido en el soporte teórico, ideológico y profesional de las reformas liberales, supone que las reglas del mercado conducen a una óptima asignación de bienes, servicios y factores productivos. Es decir, nadie mejor que el mercado para que los productores sepan qué producir y los consumidores qué comprar. De hecho, estas reformas económicas son la respuesta a la crisis del paradigma del Estado interventor y regulador, de variable inspiración teórica keynesiana y estructuralista.
Obviamente, la teoría económica neoclásica dominante ha jugado un papel decisivo para la «revolución de la economía de mercado» de fines de siglo XX y sus repercusiones sociales correspondientes. Como se Como se puede ver, la liberalización de mercados es un proceso de múltiples facetas, que puede generar cambios rápidos en la organización económica, social y familiar.
Desde el punto de vista de la Sociología, el mercado es el espacio de representación social en la circulación (Bettelheim 1970), donde los compradores y vendedores validan socialmente sus relaciones de producción y trabajo, es decir, se reconocen y legitiman mutuamente mediante el intercambio de bienes y factores privados. Las producciones individuales y la organización social y tecnológica que hay tras de ellas se confirma y se reproduce en el mercado. En consecuencia, la liberalización de mercados, desde este punto de vista, significa la generalización de la producción individualizada sin la interferencia de normas pertenecientes a otras instituciones (llámese Estado) y la supresión de situaciones de privilegio en el mercado (monopolios o monopsonios), con lo cual las leyes de competencia son en teoría iguales para todos: pequeños, medianos o
grandes, productores o consumidores; productores capitalistas, no capitalistas y precapitalistas. Así, el mercado da la ilusión de que todos son iguales. Pero el mercado también significa la exclusión social para aquellos que no son competitivos, tanto porque el punto de partida es de desigualdad social como porque el mercado es una institución que fomenta la desigualdad. En el fondo, la ampliación de los mercados es sinónimo de desarrollo capitalista, es decir, expansión de las clases sociales inherentes al mismo: la burguesía y los trabajadores.
Mercado rural es un concepto que hace referencia al espacio en el cual funcionan mercados de bienes y factores particulares cuya base territorial y social es el campo. Sin embargo, la existencia del campo es imprecisa y sólo se entiende en su relación con la ciudad. (En realidad, es preferible referirse al binomio mercado rural- mercado urbano como una unidad espacial: el mercado regional.)
En nuestro concepto (Gonzáles 1982, 1984, 1987, 1994), el mercado regional es la unidad de análisis espacial apropiada para entender sus componentes. Será desde esta perspectiva que haremos el balance de la investigación sobre el tema. De acuerdo con ella, se incorporan en el análisis sectores productivos como la minería, la pesquería, la explotación forestal, la pequeña industria, el comercio, el transporte y los servicios rurales, aparte de los clásicos sectores agrícola y pecuario.
Al tomar en cuenta el espacio en el análisis del mercado, es necesaria la incorporación de la distancia y los costos de fricción (renta, transporte y costos de oportunidad) y su subordinación a los centros urbanos. Es decir, se incorporan nuevos ingredientes para entender su funcionamiento.
Por estas consideraciones, la primera tarea será explicitar el concepto de mercado rural en los distintos trabajos, en función de lo cual se podrá evaluar las tendencias y la articulación de los mercados rurales.