Las Islas Canarias, conocidas y visitadas por los F e n i - cios, Cartagineses, Griegos y Romanos, cuando á largos intervalos, so aventuraban á dejar a t r á s las columnas de Hércules, y sondear las soledades del O c é a n o , fueron en- teramente olvidadas, en los siglos que siguieron á la des- niembiación y caida del i m p e r i o d é l o s C é s a r e s .
Durante esas ominosas centurias, en que los Pueblos se entregaban silenciosamente á la lenta e l a b o r a c i ó n íde una religion nueva, de u n nuevo derecho, y de una orga- nización político-social, desconocida á las anteriores ge- neraciones; cuando, estinguida casi la l u z de las civiliza- ciones helénica y romana, solo se balbuceaba en los claus- tros, tímida y vergonzosamente, a l g ú n fragmento de poe- sía clásica, y la a l q u i m i a y la teología eran las dos ú n i c a s
ciencias que el hombre se aventuraba á profesar; cuando, por ú l t i m o , la guerra, en su espresion mas estúpida y sanguinaria, constituía la mas honrosa o c u p a c i ó n del Cle- ro y l a Nobleza, en tanto que, embrutecido el pueblo, se le vendia como accesorio del terreno; en esa época cala-
mitosa, repetimos,¿quién habia de ocuparse del comercio, de la navegación y de la industria, artes que requieren un grado mas elevado de cultura, del que entonces alcanzaban aquellas degradadas sociedades?
Pero, transcurrieron los siglos, y de aquel caos princi- pió á brotar la luz.
L a invasion de los á r a b e s en E s p a ñ a , y l a necesidad de crearse éstos una marina, para proteger sus nuevas conquistas en Europa, fué causa de que algunas do las na- ves, que entonces cruzaban el estrecho, y visitaban las costas lusitanas, arrastradas por los vientos, r e c a l á r a n so- bre el olyidado a r c h i p i é l a g o , y volvieran, por decirlo así, á descubrirlo, ( i )
L a s primeras noticias que tenemos de estas lejanas es- pçdiciones, se remontan al a ñ o 999 de nuestra era (334 de la hegira,) y fueron recojidas por Ben F a r r o u k h , capi- tán de una de esas naves estraviadasy aventureras,
A principios de Febrero de aquel a ñ o , dice la curiosa relación que se conserva de su viaje (2), d e s e m b a r c ó el ca- . pitan árabe con 130 hopibres bien armados, en el Puerto
il) kog árabes se orearon un¡i marina para proteger las Costas ibéri- cas de las horribles depredaciones de los Normandos. V é a s e Conde, ü a - mínaci'OTi ti? los Arabes pn España. 2." parte cap. 45.
(2) Ossuna. ü o m p . de la hist, de Canarias, p • 17 —Mr. Etienne, ma- nuscritos traducidos del árabe, y encontrados en la bibnoteca nacional de Pária. Ms. 13. Publicados en 1842.
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de Gando, que se abre sobre la costa S. E . de la Gran-Ca- naria, y allí fué recibido por los insulares, con grandes demostraciones de c a r i ñ o y amistad.
Veíase por do quiera el suelo cubierto de una vegeta- ción tropical, y los á r b o l e s , enlazando sus ramas por m o n - tes y por valles, presentaban el aspecto de una continua y frondosa selva, que solo tenia por límite las desnudas cres- tas de la sierra ó las arenosas playas del l i t o r a l .
Reinaba entonces en la I s l a un solo Rey ó G u a y á r - teme, llamado Guanariga, que residia habitualmente en el distrito de G á l d a r , donde tenia su palacio, y allí fué con- ducido el Gefe á r a b e , y festejado con toda la pompa os^- tentosa y patriarcal, propia de aquellos sencillos isle- ños. (1)
Los genoveses luego, y los mallorquines, catalanes y andaluces d e s p u é s , vinieron sucesivamente á saquear Jas . Islas, y con éxito m á s ó menos feliz, hicieron desembar- cos sobpe sus accesibles costas.
E n el ú l t i m o tercio del siglo X I V , época en que apare- ció en la Gran-Canaria la notable muger, cuyo recuerdo, bajo el nombre de A n d a m a n a , (2) nos ha conservado la • historia, se hallaba la Isla dividida en diez distritos ir.d-j- pendientes, llamados G á l d a r , Telde, A g ü i n i e s , Tejeda,
(1) Ben Farroukh,dcspues de recorrer lag siete Islas, y de verificar en.
ellas algunos .furtivos desembarcos, v o l v i ó á E s p a ñ a en Mayo del mismo año.
Cumple á nuestra veracidad histórica consignar aqui, que han sido infructuosos hasta ahora todos nuestros esfuerzos para obteiier un ejem- plar de la obra de Mr. Etienne. Nos referimos, pues, á la cita de Ossuna.
(2) Atidamana la denomina Abreu Galindo. Hist, de la Conq. de las Islas Canarias, p." IOS; y Marin y Cubas en su historia manuscrita; pero los demás historiadores y cronistas la llaman Andamana
Aquejata, Agaete, Tamaraceite, A r t e b i r g o , Astiacar y A r ú c a s , mandado cada uno por u n jefe, que no ren dia á n i n g ú n otro vasallaje. (L)
E n t r e las siete islas habitadas d e l a r c h i p i é l a g o , la Gran-Canaria era entonces la cultivada con mas esmero, y la que ofrecía señales de una civilización mas avanzada.
Conocíase en el país el cultivo de la cebada, cuyo grano, d e s p u é s d¿ tostado, m o l í a n entre unas piedras pre- paradas al efecto, para formar la harina que, con el nom- bre de
gofio,
constituía uno de sus-principales alimentos.Entre las frutas que e s p o n t á n e a m e n t e p r o d u c í a la Isla, se d i s t i n g u í a n los higos, que conservaban secos, en cestas tegidas con hojas ele palma. (?)
Sus casas eran edilicios construidos con piedras cua- dradas, cuyas paredes estaban revestidas interiormente con hermosas piezas de madera. T a m b i é n t e n í a n magníficas cuevas situadas en sitios escarpados y agrestes, que solían preferir á las casas, por considerarlas m á s c ó m o d a s y sa- ludables.
E r a n los canarios audaces, inteligentes, esencialmente hermosos, de elevada estatura, de desarrolladas proporcio- nes, tez morena, ojos generalmente azules y cabello r u -
(l) Abreu Galindo, p. IOS.—Viera t o m o ' t . ° p. 182.
(i) Bstas y otras curiosas noticias sobre el estado de las Canarias en aquel siglo, se encuentran estensamente relatadas en un manuscrito autó- grafo de Bocácio descubierto en l a Biblioteca de los Magliabechi de Flo- rencia y publicado en 1827 con notas y aclaraciones por Ui. Sebastian Ciampi. Dicho manuscrito refiere el viaje que en 1341 hizo Angiolino de Teggia de Corbizzi por orden de Alfonso I V . Rey de tortuga!, al archi- piélago Canario. L a espedicion salió de Lisboa el i . * de Julio, y aunque Angiolino reconoció las Islas de Tenerife, Palma, Gomera y Hierro, solo se detuvo en la de Canaria, de donde se l l e v ó cuatro indígenas, que pre- sentó luego al monarca portugués.
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bio. (1) V e s t í a n toneletes de hojas de palma ó de juncos, primorosamente tejidos, de una tercia de longitud, que l l a - maban tamarcos, pintados á veces de. amarillo y rojo. N o usaban calzado, y conservaban el cabello largo, como s i g - no de nobleza, c u b r i é n d o s e con él frecuentemente el ros- tro. Ei^a su lenguaje dulce y armonioso, y tan aficionados se mostraban al canto y a l baile, que muchos años después de la conquista, se consideraba célebre el
baile canario,
que a c o m p a ñ a b a n con una especie de melopea, en que la poesía ruda y espresiva del pueblo conquistado, tomaba también una parte m u y p r i n c i p a l .
Pastores y guerreros á la vez, los canarios de aquella época, dividían su tiempo entre el cuidado de sus n u m e - rosos ganados y el ejercicio de las armas.
Consistían é s t a s en una masa ó
magado
terminado en dos gruesas bolas, rodeadas de pedernales afilados, que llamaban tahonas; u n hacha de combate, cuyo fdo era for- mado con u n trozo de jaspe ó de obsidiana, y una lanza de tea, endurecida al fuego, que manejaban y d e s p e d í a n á largas distancias, con u n b r i o y destreza singulares.Como armas defensivas solo conocian el escudo de cor- teza de drago, y el tamarco revuelto §11 el brazo izquier-
do. (2)
(1) Magnitudinem nostram non excedunt, membrosí satis audaces et fortes magni i n t e l e c t ú s . . . . et crines habont longos et favos, —Relación ¡le Bocácio antes cilada.
Viana en s u poema dice hablando de la Princesa Dácil.
Tiene donaire, gracia, geuiuez*»
Frente espaciosa, grave, á quien circur.de L a r g o cabello mas que e*sol dorado
(Canto 3.")
(1) Véanse Viera, Castillo, Abreu Galindo,. Sops, Marin y Cubas y Nu-
Corria, como hemos dicho, el ú l t i m o tercio del siglo X I V , cuando en el canton de G á l d a r , que era entonces el mas rico y populoso de la Isla, vivia una j o v e n de rara hermosura, de singular talento y do grandes virtudes, que lentamente habia llegado á adquirir en la I s l a una re- p u t a c i ó n envidiable de sensatez, cordura y buen j u i c i o .
Todas las cuestiones arduas, las desavenencias é n t r e l a s tribus, las familias ó los particulares, las enfermedades, el estado de los ganados, la p é r d i d a de las cosechas, los fenó- menos meteorológicos, la a d i v i n a c i ó n del porvenir, las profecias mas ó menos esplícitas, y cuanto puede ser ob- geto de la curiosidad de u n pueblo, en la infancia de su civilización, se hallaba bajo el dominio de la hermosa y atrevida isleña.
Admirada de unos,envidiada de otros, pero respetada de todos, nadie dudaba que estuviese inspirada por la D i v i n i - dad. E l l a misma fomentaba esta creencia con su con- ducta reservada, su lenguage sibilítico y sus frecuentes éxtasis, durante los cuales pretendia estar en comunicación con los espíritus. (1)
ñez de l a Peña. Viana dice en su poema, canto t.*
Batallaban desnudos las mas veces Con una sola piel por la cintura, Rodeando el ta marco, que vestian, E n el siniestro y valeroso brazo.
(1) L o s canarios creían en la existencia de u n Sor Supremo á quien .invocabau por medio de sus sacerdotes ó Tayacanes. Tenían ademas unas vestales llamadas Harimaguadas.que hacían vida cenobítica e n unos orato- rios especiales. E n la curiosa relación que antes hemos citado, se dice, que en la Gran-Canaria—«encontraron una capilla ó templo, en el cual no ha- bia pintura alguna, ni n i n g ú n otro ornamento,sino una estatua esculpida en piedra, que representaba á un hombre con una bola, en l a mano; este ídolo se hallaba desnudo.y tenia una especie de delantal de bojas de pal*
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Tales hechos contribuyeron á formarle una a u r é o l a gloria, de respeto y v e n e r a c i ó n , que por muchos a ñ o s con-»
tuvo la malevolencia de aquellos que, dispuestos siempre á censurar las acciones agenas, y á envidiar l a influencia que el mérito y la v i r t u d ejercen en la sociedad, se com-, placian en ridiculizar sus consejos, contradecir sus deciT sienes, y entorpecer ó anular sus actos, b u r l á n d o s e de sus pretendidas visiones, y poniendo en duda su intachable probidad.
Esta conducta, tanto mas censurable, cuanto, mas dign<?
de aprecio era el objeto de su encono, llegó por fin á ofender á Andamana, y á sugerirle un plan político, que>
.sin aquella p e r s e c u c i ó n , tal vez no hubiera encontradq .ocasión de manifestarse.
Entre los muchos guerreros que la respetaban y aspi-*
raban á su mano, habia uno llamado Gumidafe, GefedeJ canton de Gáldar, que se distinguia entre todos por su re»-?
serva, su influencia y su i n d ó m i t o valor. (1) A éste, pues, resolvió unirse, con la oculta i n t e n c i ó n de extender luegQ su dominio sobre los nueve cantones restantes_, y vengar-
ma, cuya estatua sustrajeron y llevaron á Lisboa.»—Booacio.publicado por
.Ciampi,
Véase también l a . Historia manuscrita de Marin y Cuijas. Parte. 2,"
cap.18.
(1) «Y como tenia vivo cntcmlimicnto procuró casarse, y tratólo con un capitán de las cuadrillas, que so deeia Gumidafe, que vivia en unas cuevas, que al presente llaman la casa del caballero de Facaracas junio á Gáldar, por parecerle mas valiente y de m á s discreción que los demás.
—Ab, Galindo, p á g . 103.
«Dicen que este Rey (Arlemis) era hijo de Atidamana, nnig-er muy va- ronil, que siendo mo¿a por casar, quiso gobernar toda la Isla, y despre- ciando á los valientes, ella e s c o g i ó casarse con el Gay re (Reyezuelo) G u -
• midaíe, y sujetaron la tierra.» Marin y Cubas parle '2." cip. 18.
TOMO I . —13-•
se asi de sus detractores, constituyéndose en Gefe de una
¡sola m o n a r q u í a .
Aquellas bodas llevaron á G á l d a r á la j u v e n t u d mas be- lieosa del pais, y allí, entre juegos y luchas, «baiJesy fes- tejos, la hermosa y simpática isleña c o n s i g u i ó a t r a e r á su lado y recluta-r, u n numeroso y aguerrido cuerpo de va- lientes, ^dispuestos á dar por ella su -vida, y formar el nú- cleo de u n ejército, que luego d o m i n á r a la Isla. *
Sus planes, aunqne lentos, tuvieron por último cum- p l i d o efecto; de canton en canton los dos esposos pa-
•searon su falanje victoriosa por todo el suelo canario, sin que los'Gefes, hasta aquel momento independientes, se -atrevieran á •resástiples. «Unos con promesas, otros con al-
hagos, y los m á s , seducidos por el predominio que siem- pre ejercen< el genio y la belleza, se fueron sometiendo su- cesivamente al yugo de la discreta y afortunada Anda-
mana.
L a tradición calla los acontecimientos que tuvieron lugar durante su reinado..
De creer es, que, siguiendo la astuta política iniciada con tan buen éxito por eJla, fuera atrayendo á su Corte, situada en Gaidar, á todos los Gefes desposeídos, y con
«ellos formara su consejo de H u ú i r e s , concediéndoles tí- tulos y honores inofensivos,que sirvieran solo para alhagar su vanidad. E l l o es lo cierto, que al m o r i r ambos esposos, legaron intacta la ^dignidad i c a l y el dominio absoluto del pais á su l i i j o Artomi-Semidan, célebre por la insigne vic- toria que alcanzó sobre las huestes de «3uaaai de Bethen-
•court, en las playas de A r g u i n e g u i n , victoria q u e d i ó á l a IsJa el titulo ,de Grande, con -que desde entonces fué co-
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nocida, y que ha conservado hasta el presente,. como u n a de sus mas gloriosos timbres. (1)
Andamana es en la antigua historia de las Canarias, u n a figura interesante y d r a m á t i c a , digna de colocarse j u n t o á las mas célebres, qua en las tradiciones americanas nos conservan las; viejas c r ó n i c a s e s p a ñ o l a s .
De agudo ingenio, perseverante, audaz, reservada, y dotada de las virtudes propias de su sexo,, sin las cuales,, lamuger, cualquiera que sea su posición ó su talento, no llega j a m á s á inspirar respeto, ni á ejercer influencia a l - guna en la sociedad, supo desde luego dominar, con sola la acertada combinación y ejercicio de aquellas brillantes cualidades, á la p o b l a c i ó n grosera, i n d ó m i t a y altiva que la rodeaba.
La diminuta relación que de sus hechos nos ha legado la historia, p r o b a r á , sin embargo, u n a vez, másr. que nada hay imposible á una voluntad e n é r g i c a y decidida,, cuando Dios ha concedido al que la posee u n destello de eso que- los hombres llaman genio. (2)
Andamana llevó á cabo u n a importante revolución so- cial, que no por ser insignificante el país donde se verifi- case, dejó de ser extraordinaria.
No es de este l u g a r el examen de las ventajas ó per- juicios que los isleños recibieron con aquel cambio de g o - bierno, n i creemos que existan hoy datos suficientes para
il) Bontiery L e v e r r i e r c a p . L X I L — A b . O e l i n d ò l i b , l . ' c a p . 14.
(2) (Todo era extraordinario en ella. L a elocuencia, la buena persona, los modales y especialmente el talento para los negocios políticos, la ha- bían hecho el oráculo de los pueblos, de modo que ni guerras, ni paz, ni.
premios, ni castigos, se cesolvian sin el dictámen de Andamana.— Viera, t, !.• pág, 181
ilustrar esa cuestión, pero sí haremos observar, que en el estado de civilización que entonces alcanzaba la Gran-Ca- fiaria, la sustitución del r é g i m e n feudal y arbitrario, que ejercianlos diez Gefes independientes, en una sola monar- q u í a , ejerciendo el poder de acuerdo con cierto número de consejeros ó
g u á i r e s , n o
dejaba de ser ventajosa á aque- llos pueblos, q u é vieron así desaparecer las frecuentes con- tiendas á que aquella subdivision daba lugar.Dedúcese de esto que Andamana fue u n a muger de notable capacidad, de afortunada influencia, y de relevan*
te mérito.
Consagremos^ pues, u n respetuoso recuerdo á su me- moria, porque ella es la mas antigua figura histórica de las Islas Canarias.