"SueíiO, ha fijado las miradas de nuestros críticos modernos, ( i ) son otras tantas pruebas de que el movimiento de nues- tra modesta literatura, si bien era lento, p r o s e g u í a sin de- tenerse su marcha ascensional.
La Cr .'.nica, al mismo tiempo, se iba transformando en Historia, siendo muchos los ingenios que se dedicaban á esta clase de investigaciones, entre los cuales merecen es- pecial mención, I ) . Juan N u ñ e z de la P e ñ a , cl P. Fr. J o s é de Sosa, D . Pedro Agustin del Castillo, y D . T o m á s M a - r i n y Cubas, autores que, apesar do los defectos propios de la época en que escribían, revelan en sus diversos tra- bajos,patriotismo, laboriosidad y amor al saber. Y en -(tfee*
to, para atreverse á escribir en una provincia, donde a ú n no habia imprentas, afición á las letras, n i medio a l g u - no de estímulo, se necesitaba estar dotado de una'perse- verancia inagotable, y de u n cariño profundo hacia tan áridos estudios.
Entre aquellas ohms, es notable por muchas circuns- tancias la de Marin y Cubas, que ha permanecido hasta ahora inédita, y e n la cual se refieren hechos relativos á. la
Conquista de las Islas, que no liemos encentrado en el d i -
(I) Esta obra, desconocida â nuestro erudito Viera y Clavijo, se tttn- la:-—Prittiera y segunda pacte de las Vigilias del sueño, representada» en la» labias de la noche, y dispuestas con varia? flores del ingenio. Por él Haclnller D. Podro Alvarez de Lugo Usodemar, natural do la Isla do la Palma, una de las Canarias. Dedicadas á D. Andres l'oggío y Montever-
<le. Capitán tic intanteria y al Gapitan 1). .luán Fierro y Montevorde, regi- dor perpetuo de la Isla do la Palma. Madrid por Pablo do Valí. lüCi en 8:'
(Es vina novela, dicen los traductores de Tjcknor, en su Historia d e j a literatura española, con muchas poetas escritas con harta íaeüidad 6 j.n»
genio.»
Vivió Ias .Palmas, donde fué abosado de su Audtgncia.
INTRODUCCION. 13
ligontc, Abrou Galindo, n i on el perspicuo Viera y Clavijo.
L a descripción de los encuentros enfre Españoles é i n - d í g e n a s , la muerte de Doramos, y la rendición de la G r a n - Canaria, f?e narran en aquella obra con una novedad en los dt talles tan especial, que aumenta el interés de aquellos sucesos, poniéndolos en perfecto acuerdo con lo que ñ o s dicen las primitivas relaciones de nuestros Cronistas, y las informaciones do los Conquistadores, desdeñadas por a l - gunos, con grave perjuicio de la verdad histórica.
E l movimiento científico, y el espíritu de duda é i n - vcsligacíun que d i ó vida al siglo X V f í I . t a m b i é n tuvo su genuina represantaoion en las Canarias.
Aquel siglo que habia de legarnos la revolución fran- cesa, Era innu rtal tic la libertad moderna en la esfera so- cial y polí.'ica de todos los pueblos,fue precedida de una es- cuela filosófica, que proclamó el libre oxámen, y preparó al- siglo X I X la ancha via por donde hoy marchan desemba- razadamente las Ciencias esperimentalus, la crítica h i s t ó r i - ca, v los estudios económicos, sociales y políticos.
L'n el primer tercio de ese siglo, tan fecundo para el
"progreso,volvió á estas Islas, después de haberse detenido algunos años en las primeras capitales de Europa, el no- ble y acaudalado magnate D . Cristobal del H o y o , Vizcon- de de Buen Paso, hijo del Capitán general que habia sido de la Nueva Anda!ucia, Marques de San Andres.
Este joven, dotado de agudo ingenio, de clara razón, y de una instrucción poco c o m ú n , venia y á con la despreocu- pación propia del que ha vivido con entera libertad en pai-;
ses, donde no se ha conocido nunca el yugo del Sto. O f i - éio, n i la censura previa del libró. Pero, bien pronto pudo
convencerse de que en las Canarias, lo mismo que en E s - p a ñ a , una palabra imprudente en cuestiones teológicas, precipitaba al hombre mas morigerado, cualquiera que l'uese su posición social, en un abismo do persecuciones y de males sin cuento, que á n i n g ú n poder humano le era dado conjurar.
Y a desde sus primeros años, y antes de emprender su viaje por Europa, la Inquisición le habia seguido secreta causa, que se repitió á su llegada, con ocasión do unas i n - dulgencias de cuya eíicacia d u d ó . Una carta i m p r u d e n - te que escribió luego á su sobrina D o ñ a Leonor del Hoyo, á quien por mucho tiempo estuvo galanteando, y en cuya carta trataba con bastante rudeza al Obispo D . L u - cas Conejero, fué motivo para que este Prelado le declarase una guerra implacable, que sesignilicó con una prisión de ocho años en el Castillo de Paso alto.
N i antes, ni después de su prisión se d e s m i n t i ó una sola vez el carácter lectivo y cáustico del Marquez-Viscon- de: sus obras en prosa y verso fueron siempre la protesta mas enérgica contra las absurdas instituciones, origen de nuestro atraso político é intelectual, y no acertamos á com- prender como sus graciosas cartas, donde so refleja el i n - genio <le-'Quevedo llegaron á imprimirse, n i como encon- tró en sí mismo suficiente valor para arrostrar impávido las iras eclesiásticas é inquisistoriales.
Para que pueda apreciarse hasta donde alcanzaba la energía de su indómito carácter, y la noble independencia de sus ideas, vamos á transcribir algunos ligeros párrafos de sus cartas, teniendo en cuenta que éstas se hallan es- critas en España, y á mediados del siglo X V I . I I .
INTRODUCCION. 45
E n una de ellas se expresa do este modo, abordando una cuestión teológica, erizada de dificultades.
«Que haga Dios de u n infeliz u n dichoso, dice, es tan é o n i u n en su misericordia, que fuera necedad cortar la p l u m a para ponderarlo. Mas, que á un anacoreta de ochen- ta a ñ o s , con una vida siempre ejemplar, ó que á un r e l i * gioso austero con cincuenta, mas ó menos, de verdadera v i r t u d , llegue el Demonio á la hora de m o r i r , y con un m a l pensamiento se lo lleve, no lo creas t ú , aunque lo diga el autor que lo dijere: su pluma tiene para exagerar, y su bo- ca t a m b i é n para mentir. ¿No hay más que creer eso á carga cerrada? Fuera faltar Dios á su justicia, que no puede ser^
si semejante alzapiés le permitiera á el Demonio con u n Religioso justo, que ha vivido y vá á morir, observando su regla, y la divina Ley exactamente, mortificado t a m b i é n con
brei.es y Largos
en toda la Cuaresma,y con los dedos del Padre Eterno
en lo restante del año. L a g r a n - de idea infalible, que de Dios forma el entendimiento, que- ll á ra á tanta injusticia desvanecida. No hay tal: Blasfemiíi seria creerlo.»Y en otro lugar dice:
«Desde que l l e g u é de Francia, y aun desde que estaba en P a r í s , deseé meterme en Icod, administrar mis bienes, y después de quitar para m í trescientos pesos, repartir el resto con k s pubros,
sin el embuste de darles carne el Jueves Santo. ••)
Hablando de las monjas del famoso Convento de 01 i - vendas en Portugal, que visitó durante su destierro, dice:
«Profesan estas S e ñ o r a s la regla de San Bernardo: la que el Santo instituyó no.he visto, mas la que guardan
me g u s t a . » — Y refiriéndose á las de Lisboa a ñ a d e . — « E n los Conventos de monjas, •verás t a m b i é n la misma contra- (liccion: unos con una tan excelente v i r t u d , que dan miedo á el mas distraído pecador; y otros tan sin reparo pecado- res, que d a r á n tedio á el D e m o n i o . » ( t )
Cuando en sus otras famosas cartas sobre las
Cost um- bres de la CÓl'le,
principia á recojer a n é c d o t a s , que po- nen á descubierto las llagas asquerosas de aquella hipócri- crita sociedad, su crítica mordaz no reconoce freno, y ata- ca sin compasión los institutos religiosos, las p r á c t i c a s de- votas, las i m á g e n e s aparecidas, la creencia en los endemp- iviados, en las brujas, y en la eficacia de las indulgencias, v en f i n . todo aquello que d e s p u é s la filosofía Volteriana vino á combatir en sus prohibidos libros. Podemos, pues,••asegurar, que muchos años antes que dicha escuela apa- reciese y se c r g a n i z á r a en Francia, u n hijo de las C a n a r i a » , solo y sin apoyo, se atrevió en E s p a ñ a á romper lanzas con el Sto. Oficio, haciendo frente á la ignorancia popular, y lanzando un reto atrevido á los que esclavizaban la razón, y detenian el vuelo del pensamiento, anulando así la con- ciencia individual.
Este espíritu de resistencia, que sin manifestarse os- tensiblemente, v tal vez sin darse cuenta de su misma aere- sion, aparecia en todos les casos en que el pueblo podía hacer uso de sus olvidados derechos, lo vemos tomar con frecuencia una forma literaria, y desafiar los poderes públicos con letrillas, romances y festivas d é c i m a s , que k
(!) L a obra de donde tomamos estas citas tiene por titulo—Carta*
diferentes á diferenles asuntos j á un asunto mismo, recogidas, por un Religioso- apasionado etc, S i n fecha ni nombre de Irçiprcsor, -
INTRODUCCION. A 7
p l u m a roproducia tan r á p i d a m e n t e como la imprenta.
U n a de estas ocasiones fué la que so presentó en la Ciudad dela Laguna, cuando el Sr. Obispo D . Juan F r a n - cisco Guillen prohibió bajo las mas severas penas,la salida
«ft procesión para el dia del Corpus de la \ írgon de Cande- lai 'ia, que estaba en novenario en la Iglesia do los Reme- d o s , así como t a m b i é n descubrirla durante la Octava,
fundando su auto en la predilección que el pueblo mani- festaba por la imagen aparecida,y el desden é irreverencia con que asistía á la procesión Eucarística, demostración que calificaba de verdadera idolatría, en el Edicto que al efecto publicó. (1)
E l pueblo llegó á creer que la V i r g e n estaba encarce- lada, y en su defensa, y para vengarse del Prelado,fueron tantos los versos queso escribieron y circularon por toda la Isla, que el Obispo se vió obligado á amenazar á los Ca- narios con las mas severas censuras eclesiásticas, sino se calmaba aquel furor poético.
Como muestra do estas composiciones, entre las cuales hay algunas muy notables, copiaremos las siguientes q u i n - tillas, publicadas el dia en que se a s e g u r é que el Prelado iba á proceder criminalmente contra los supuestos iásíi- .gadores del tumulto.
Todo el mundo en general, Frailes, Clérigos y legos}
Teman la ira Episcopal, Que llama á juicio final
•Cojos, mancos, tuertos, ciegos.
(U Este EdieW de que tttiemos copia, lleva la focha <tr'M de Agasto, de 1740. v está dado en el Puerto deSta. Cruz.
N i n g u n o se lo resista.
A u n q u e su inocencia espere, Y aunque la razón le asista;
Sino quiere que le embista V á l g a s e del Miserere.
A u n q u e sepa alguna cosa, Cállelo por bien ó m a l ,
Tanto en verso como en prosa, Que no será acción dudosa E n el otro tribunal.
L a paciencia, t r i b u t á r i a Ha sido de B a r r a b á s ;
Pero ya á tanta plegaria R e s p o n d i ó la Candelaria,
Que no quiere sufrir mas, Y que sino se repara E l d a ñ o con brevedad, H a r á demostración clara
De que le niegan la cara,
Porque mueve á Casi ¿dad (1)
Esta amenaza, dirigida espresamcute contra el lltmo.
Guillen, fué comprendida por todos los I s l e ñ o s , q u e comen- taban y á en voz baja ciertos actos del Prelado, que á ello .se prestaban, durante su larga visita por Tenerile. Promovido poco después al Arzobispado de Burgos, donde m u r i ó en olor de Santidad,aquellos rumores se desvanecieron, obte- niendo su Pontificado los mas ampulosos elogios de nues- tro Historiador V i e A y Clavijo, en el tomo cuarto de sus
(I) Colección de Documentos inéditos para la Historia de Canarias.
Tomo 2.° p." 31. Biblioteca del autor,