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Asentamiento y empleo de mexicanos en Phoenix, Arizona

In document LA CREACIÓN DE PEQUEÑOS (página 56-59)

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El capítulo consta de cuatro secciones. En la primera se reseña brevemente la historia de los asentamientos de inmigrantes mexicanos en Phoenix. En la segunda se describe la transformación económica de la ciudad y las condiciones que propiciaron el establecimiento de pequeños negocios de inmigrantes. En la tercera se refiere el crecimiento de los negocios propiedad de hispanos y mexicanos en el estado de Arizona, el condado de Maricopa y Phoenix. Para la elaboración de estas tres secciones se utilizaron fuentes bibliográficas y estadísticas. En la última sección se describen las características de los negocios establecidos por un conjunto de inmigrantes mexicanos entrevistados en la Encuesta a Hogares Mexicanos en Phoenix, Arizona (EHMPA).

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En 1912 se sembraron aproximadamente 400 hectáreas de algodón en Phoenix, producción que aumentó a 33 mil hectáreas para 1917. En 1918, la plantación de algodón entró en pánico debido a la escasez de mano de obra como consecuencia de la contratación de mexicanos en el combate de la Primera Guerra Mundial. Los productores plantaron alrededor de 72 mil hectáreas de algodón y ante la carencia de trabajadores agrícolas calificados viajaron a las comunidades mexicanas fronterizas en busca de hombres jóvenes interesados en trabajar en dicho cultivo. Entre 1920 y 1921 habían contratado cerca de 35 mil mexicanos para la recolección de sus cosechas, desafortunadamente para 1921 el precio del algodón cayó (de

$1.25 a 17 centavos por libra) repercutiendo gravemente a miles de trabajadores mexicanos que se quedaron sin el pago de la temporada y sin empleo (Dean, D. & Reynolds, J. 2006).

Terminada la Primera Guerra Mundial y debido a la Gran Depresión muchos inmigrantes regresaron a México. Sin embargo, a finales de 1930, la economía agrícola se restableció y los mexicanos volvieron a constituirse como la principal mano de obra de Phoenix. La producción agrícola benefició a la actividad industrial en el valle proporcionando una nueva fuente de empleo para los mexicanos quienes se emplearon en grandes almacenes, congeladoras, molinos y plantas procesadoras de alimentos. La industria del turismo se mantuvo estable a pesar de la Gran Depresión, los hoteles y restaurantes de la ciudad continuaron atrayendo población lo que a su vez generó algunas oportunidades de trabajo en el sector de los servicios (Dean, D. & Reynolds, J. 2006).

Para 1940, la población mexicana en Phoenix siguió en aumento. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) trajo consigo además de la participación de un gran número de México americanos, la creación de nuevos empleos debido a la instalación de grandes industrias creadoras de armamentos y otras municiones de uso militar (Dean, D. & Reynolds, J. 2006).

Durante la década de los años 1950 y debido a la escasez de trabajadores locales a consecuencia de su participación en la II Guerra Mundial, miles de trabajadores fueron importados de México para trabajar en la agricultura bajo un programa de trabajadores temporales (programa Bracero 1942-1964). Para 1960, el sobre flujo de trabajadores agrícolas junto con la mecanización de dicho sector, hicieron del programa Bracero una política poco

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práctica y atractiva. Terminado el programa Bracero, se esperaba que los trabajadores temporales mexicanos regresaran a su país de origen. Sin embargo, hubo quienes decidieron asentarse en busca de nuevas oportunidades de empleo (Luckingham, 1994: 51).

La diversificación económica de Phoenix provocó un crecimiento dinámico en el sector de la manufactura y sobre todo en el sector de los servicios. En la década de 1970 y 1980 el sector servicios proveyó de un gran número de empleos a la comunidad inmigrante de origen mexicano (Luckingham, 1995).

Para los inmigrantes mexicanos, la ciudad de Phoenix les proporcionó oportunidades de empleo que en términos salariales fueron mejor retribuidas que en su país de origen. Sin embargo, pese a los salarios más altos, se trataba de trabajos no calificados o semicalificados ubicados en la parte más baja de la estructura ocupacional y en condiciones de inestabilidad laboral (Luckingham, 1994:192)

A pesar de vivir insertos en ese escenario, la presencia de mexicanos en Phoenix continuó siendo cada vez más visible. De acuerdo con Harner (1995) en 1990, entre los destinos de los inmigrantes mexicanos indocumentados, Phoenix ocupaba el noveno sitio. Los residentes en la ciudad provenían mayoritariamente de los estados mexicanos de Sonora, Sinaloa y Chihuahua (24.5 %, 18.5 % y 15.5 % respectivamente).

En 2008, la American Community Survey registró que el 30.1 por ciento de la población total del estado de Arizona era de origen hispano y que el 91.4 por ciento de ellos eran mexicanos. Particularmente en el área metropolitana de Phoenix, según datos de la misma encuesta, en 2008 había un total de 1´202,992 mexicanos cifra que representaba el 91 por ciento del total de población hispana en dicha área y el 67.2 por ciento del total de la población mexicana en el estado de Arizona.20

20En 2008, la población total de Arizona era de 6´500,180, de los cuales 1´959,197 eran de origen hispano sobresaliendo los mexicanos con una población total de 1´790,787.

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Cuadro 2.1. Población total y población de origen mexicano en Phoenix, Arizona, 1950-2000.

Año Población Total Población de

origen mexicano

Porcentaje de participación

1950 106, 818 16, 000 14.98

1960 439, 170 61, 466 13.99

1970 581, 562 81, 239 13.97

1980 789, 704 116, 875 14.80

1990 983, 403 176, 139 17.91

2000 1´ 321, 045 375, 096 28.39

Fuente: Elaboración propia con datos del Census Bureau (Arizona-Race and Hispanic origin for selected large cities and other places: Earliest census to 1950) y Luckingham, 1994.

De acuerdo con Kotlanger, los mexicanos no sólo han tenido el más grande y rápido crecimiento entre los grupos minoritarios en Phoenix, sino que también constituyeron la principal fuerza laboral de la región realizando los trabajos de más baja categoría que los blancos no querían llevar a cabo (Kotlanger, 1983: 425).

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