dudado en calificar como “terroristas” a los voluntarios españoles que, junto a otros internacionalistas del mundo, han ido a Siria a combatir contra el Estado Islámico (Público/Agencia EFE, 2015). En este contex- to me parece muy interesante, complementario y necesario, el punto de vista que aporta Pere Ortega, del Centro Delás de Estudios por la Paz, cuando explica que la situación internacional no es comparable a la que se vivía en 1936 y que, después de un terrible siglo XX con millones de muertos causados por las guerras, lo que demuestra que no hay “gue- rras justas” porque siempre es la población civil quien acaba pagando las consecuencias de los conflictos armados (García Mundi, 2015), lo que el mundo necesita son personas que, en lugar de ir a combatir con armas, pidan el desarme y la resolución pacífica de los conflictos; gente que se declare insumisa a las guerras y que, además de internacionalistas, sean brigadistas por la paz (voluntarios estos que, aclara el autor, hay en la mayoría de las guerras: las Brigadas Internacionales de Paz, en inglés PBI -Peace Brigades International-, fueron creadas en Ontario, Canadá, en 1981; en 2011 fueron nominadas al Premio Nobel de la Paz) (Ortega, 2015)2.
3. Breves apuntes sobre la imagen de las Brigadas Internacionales en
conflicto, lo habitual fue mostrar a las Brigadas en ilustraciones aisladas, no en historietas. Como mi investigación no incluía esa modalidad de representación gráfica tampoco la abordaré ahora; aunque el investigador francés Michel Matly me informó de la existencia, en esa etapa histórica, de alguna historieta donde ya aparecían las Brigadas. Después, en la Espa- ña franquista, sólo era posible mostrar el punto de vista de los vencedores;
sólo los dibujantes afines al régimen podían plasmar la guerra civil a su antojo y, desde luego, si había alguno que discrepaba tampoco iba a mos- trar como protagonistas, o como los “buenos” del relato, a ningún perso- naje o entidad con tendencias izquierdistas bajo pena de sufrir las conse- cuencias. Con la llegada de la democracia y el boom del cómic a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta, proliferaron las temáticas escapistas; ello afectó, también a que las Brigadas apareciesen muy pocas veces en los cómics; y aún menos protagonizando los argumentos.
En cuanto a otras grandes regiones del mundo donde se podrían haber realizado más historietas sobre la Guerra Civil española o sobre las Brigadas cabe pensar, por un lado, en el ámbito de la URSS; pero los dirigentes soviéticos consideraban las historietas como algo propio de la burguesía y, no intuyendo su capacidad propagandística, en esa región del planeta sólo comenzaron a realizarse cómics coincidiendo con la caí- da del Muro de Berlín (por supuesto, en la historia de la Unión Soviéti- ca hay manifestaciones gráficas expresadas mediante dibujos y carteles, pero están más próximas a las aleluyas que al sentido de tebeos que te- nemos en Occidente).
Por lo que se refiere al ámbito de los Estados Unidos de América, tras una breve etapa de “matrimonio de conveniencia” con el bloque so- viético durante la Segunda Guerra Mundial (en la guerra de España ya habían aparecido las aventuras de Little Lefty apoyando a los brigadistas de la Lincoln), el anticomunismo desatado después se alargó práctica- mente hasta la disolución de la URSS, por lo que para un historietista era arriesgado crear argumentos protagonizados por los voluntarios in- ternacionales (los primeros ejemplos que he localizado en EE UU son de mitad de los años ochenta, aunque eso no significa que pueda ha- ber otros anteriores que, a día de hoy, desconozco). Después tampoco he localizado muchos ejemplos en los que se muestre a los brigadistas:
cuando estalló la Segunda Guerra Mundial el conflicto de España ya era una guerra lejana (“nuestra” guerra es considerada la primera batalla de ese conflicto global) y los dibujantes, a través de las líneas argumentales
que les marcaban las editoriales, iban creando tramas y personajes según se desarrollaban los nuevos acontecimientos. Así, poco a poco, lo con- cerniente al pasado de España iba cayendo en el olvido. Esto mismo se puede aplicar a otras dos grandes áreas geográficas de gran importancia en la historia contemporánea de los cómics: Japón y el centro de Europa (sobre todo me refiero a Francia y Bélgica).
Japón estaba inmerso en una guerra con China al mismo tiempo que se desarrollaba la guerra de España; luego encadenó ese conflicto con su participación en la Segunda Guerra Mundial y, en agosto de 1945, sufrió los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, con el con- siguiente terror colectivo que supuso para la población. Las historietas que se desarrollaron allí desde entonces tuvieron, fundamentalmente, un carácter escapista que unas veces mostraba vertientes pacifistas y otras mostraba todo tipo de catástrofes que afectaban, inesperadamente, a los habitantes del archipiélago. Es posible que haya mangas donde se ha re- flejado la guerra de España pero, hasta ahora, sólo he encontrado un caso, el cual fue dibujado por el maestro Hayao Miyazaki (1997).
En cuanto al cómic franco-belga, no descarto que haya más ejemplos de los que señalo en mi trabajo pero, siguiendo lo que apuntaba el histo- riador Rémi Skoutelsky (2005), el auge de investigaciones sobre las Bri- gadas y la recuperación de su Memoria se inicia alrededor del año 1996, cuando se celebró el 60 aniversario de la creación de estas tropas. Puesto que me ha costado localizar cómics protagonizados por los brigadistas, tanto antes de esa fecha como después, considero que lo que Skoutelsky aplica a los libros aparecidos sobre las Brigadas hasta esa fecha se podría aplicar a los cómics cuya temática también refleja a esos voluntarios an- tifascistas. Como vengo apuntando, la guerra española (y en concreto las Brigadas Internacionales) es un motivo de inspiración que, en lo relativo a los cómics de las últimas décadas, no ha supuesto una espectacular cifra de títulos (aunque, cantidades aparte, sí que es cierto que los que existen suelen tener una gran calidad artística y literaria).
Mencionaré unos datos que vienen a colación. En mi investigación comento que hacia el año 2011 (conmemoración del 75 aniversario de la guerra) los especialistas daban cifras de la producción total de títulos realizados sobre el conflicto español; la cantidad ascendía a unas 50.000 obras. Si el investigador Michel Matly (2016) localizó para su tesis unos 350 títulos, eso representa el 0'7 por ciento del total mencionado. Por otra parte, David Becerra (2015) ha realizado un estudio sobre las no-
velas que, publicadas entre 1989 y 2011, habían mostrado el conflicto español en sus tramas; localizó 181 títulos, lo que representa un 0'362 por ciento de ese total que he comentado. Por lo que se refiere a la suma de mi trabajo (2014) junto a la de este artículo, que abarcan desde 1977 hasta 2016, ya he localizado 65 títulos en los que aparecen las Briga- das Internacionales, tanto con un papel protagonista como secundario o anecdótico; es decir que esa cifra representa el 0'13 por ciento del total de obras existentes sobre dicha guerra.
En cuanto a la evolución que han tenido las Brigadas en los cómics que he localizado, podríamos decir que casi es un reflejo de la evolución que ha tenido la sociedad en estos años ya que, por ejemplo, en un país convulso como era la España predemocrática, es decir, la que va desde la muerte de Franco hasta la aprobación, en 1978, de la actual Consti- tución, los brigadistas que aparecieron en “Si los buscáis...” (1977) eran muy reivindicativos, muy comprometidos con el pueblo y muy afines a la izquierda radical de aquellos momentos. En cambio, entre 2014 y 2016 se nos ha mostrado a estos voluntarios, por un lado, como figuras a las que recuperar y reivindicar a través de la Memoria, como en Paseo de los canadienses (2015) o 1936, un año internacional (inédita), y, por otro lado, siendo unos superhéroes, como ocurre con 1936, la batalla de Madrid (2014), una ucronía en la que coexisten hechos reales con perso- najes dotados de poderes extraterrenales.
Entre medias, siguiendo con las obras realizadas en España o por autores españoles, nos encontramos con los dos tomos de Eloy (1979), que muestran un tono conciliador cuando se presenta a ambos bandos contendientes, aunque el protagonismo y la afinidad es para los defen- sores de la República. El siguiente ejemplo que localicé se publicó en la revista Cimoc siete años después; se trata de “Los voluntarios” (1986), donde los brigadistas son evocados mediante un artículo periodístico de Hemingway. Ese largo silencio en el medio historietístico puede deberse a que España había sufrido una intentona golpista en 1981 y a que, quizá para no encrespar a una parte de la población, en 1986, siendo el 50 ani- versario de la creación de las Brigadas, no hubo conmemoraciones ofi- ciales por parte del Gobierno, mensaje que, más o menos soslayadamen- te, podría haberse trasladado a los medios de comunicación. Salvo por la obra Que podemos fazer? (2000), con guión del español Felipe Hernán- dez Cava pero publicada en Portugal, hasta 2012 no localicé más cómics realizados por autores patrios en donde se haya dado un papel protago-
nista a las Brigadas. Las obras en cuestión son el minicómic ROJO-Bri- gada Lincoln, que en un tono didáctico rememora algunos pasajes de la historia de ese batallón, y “Brigadistas internacionales”, historieta satírica aparecida en la revista El Jueves que trató con humor el alistamiento de voluntarios que vinieron a España para combatir al fascismo. Como ve- mos, la sequía de obras españolas protagonizadas por los internacionales se prolongó durante 26 años, algo sólo explicable por el desinterés de las empresas editoras hacia esta temática, lo cual ya mencioné al comienzo.
Pero si nos referimos a obras creadas en otros países y cuyo pro- tagonismo recae en las Brigadas sólo cabe decir que escasean aún más que las realizadas en España. Visto lo visto, el hecho de comprobar que alguna editorial haya permitido, puntualmente, que ciertos autores pu- bliquen obras con este tipo de argumentos se podría calificar casi como de iniciativas sorprendentes; casi como de un acto de cortesía hacia los lectores, al estar radicalmente alejadas de las modas. Estos cómics son el ya mencionado Que podemos fazer? (2000), editado sólo en Portu- gal y que nos narra cómo los voluntarios extranjeros llegaban a Francia y luego partían en tren hacia España; las historietas francesas Louis La Guigne. La Cinquième Colonne (1996), sobre los golpistas infiltrados en el bando republicano, publicada el año del sesenta aniversario, además de los dos tomos de Le recul du fusil (2010 y 2012), sobre la evolución psicológica de un chico francés de provincias que acaba inscrito en las Brigadas Internacionales; y la trilogía italiana ¡No pasarán! (1999, 2002 y 2008), que narra las peripecias de un exbrigadista para localizar a un compañero durante los últimos meses de vida de la Segunda República española.
Una vez señaladas las escasas obras que he localizado protagoniza- das por las Brigadas Internacionales comentaré, brevemente, algunos as- pectos de cómo los historietistas han abordado sus trabajos. Por un lado, suelen documentarse abundantemente con fotografías y otros documen- tos, e incluso recurren a casos cercanos o a localizar fuentes orales para hacer más exhaustiva su investigación. De esta manera pueden afrontar los argumentos de forma más realista y veraz (aunque hay algún caso, como el de “Brigadistas internacionales”, cuyo tono es humorístico y ca- ben recursos estilísticos como la ucronía, al mezclar hechos de 1936 con otros actuales, como la mención de los estudiantes erasmus). Por lo que he podido comprobar, los autores no ensalzan la guerra sino que ésta se muestra con toda su crudeza y, salvo por un par de casos en donde am-
bos bandos contendientes son mostrados como integrados por valientes luchadores (Eloy y 1936, la batalla de Madrid), todos los demás cómics se posicionan abiertamente a favor del bando republicano. En cuanto al tipo de protagonista, suele ser un hombre de entre 20 y 40 años (aunque hay alguna excepción que muestra a personas aún más jóvenes, como es el caso del personaje Eloy). Las mujeres aparecen con escasa presencia, o ésta es muy secundaria, en los cómics protagonizados por las Briga- das, pero cuando lo hacen son personajes que ejercen el rol de enferme- ras o de reporteras, aunque en 1936, la batalla de Madrid aparece algún personaje femenino con súperpoderes (Súcubo y Siberia defendiendo al Gobierno republicano; Guantelete defendiendo a los golpistas). Para tener una perspectiva más amplia del papel que desarrollaron las muje- res extranjeras en la Guerra Civil española es aconsejable ojear el libro de Renée Lugschitz (2012). Recordaré, además, que la primera víctima británica en suelo español (fallecida casi dos meses antes de la creación de las Brigadas) fue la artista británica Felicia Browne.
Por nacionalidades, las más representadas en estos cómics son, por un lado, la francesa (cuatro obras, si se considera como una unidad cada trilogía estudiada) y, por otro, la estadounidense (tres obras), aparecien- do otras nacionalidades en el resto de obras (como la canadiense, la bri- tánica, la alemana, la soviética o la española), lo cual nos da una pista de cuáles son las brigadas que más veces se han representado en los tebeos:
de las ocho que hubo (la XI, la XII, la XIII, la XIV, la XV, la 129, la 86 y la 150), las que más aparecen son la XV (en la que había estadounidenses y británicos) y la XIV (en la que había franceses; esta nacionalidad es de la que, aproximadamente, procedía la mitad de los voluntarios que se alistaron en las Brigadas).
Aunque me he centrado en investigar la representación gráfica de las Brigadas en los cómics, también estas tropas se han reflejado en otros formatos gráficos (cine, televisión, grafitis…). Como no he localizado una abrumadora cantidad de ejemplos, ni mi pretensión era comparar las diversas representaciones gráficas que han mostrado a estas tropas, sólo mencionaré algunos renombrados títulos, ya clásicos, para ilustrar el panorama.
En 1985 Televisión Española emitió La Misión (Misja), de Pawel Komorowski, una coproducción realizada entre Polonia, Bulgaria y la República Democrática Alemana. En ella veíamos a un polaco que, en 1938, es herido en el frente español y se le traslada a Suiza para que se
recupere en un hospital; allí se le encarga una misión: volver a España, localizar a un espía nazi en la Barcelona republicana y neutralizarlo, para lo cual dispone de 59 horas. Recuerdo que, en los años ochenta, TVE programó muchos títulos de animación procedentes de los países del Este. Quizá era un convenio más amplio que incluía títulos de todo tipo y La Misión estaba entre ellos. Sería interesante revisar la existencia de estos datos pensando que, en los ochenta, la democracia española aún no había cumplido diez años. Posiblemente haya más series históricas en las que aparezcan los brigadistas de una forma más o menos velada pero, de existir, no he llegado a tener constancia de ellas.
En cuanto al cine de ficción de las últimas décadas, aunque en Tie- rra y Libertad (Loach, 1995) y en Encontrarás dragones (Joffé, 2011) apa- recen extranjeros luchando por la República, no están integrados en las Brigadas Internacionales. Sí se les muestra brevemente o se les menciona de pasada en obras como ¡Ay, Carmela! (Saura, 1990) o El viaje de Carol (Uribe, 2002); y, por lo que respecta al cine documental sólo destacaré tres ejemplos producidos a lo largo de varias décadas, como son Los ca- nadienses. The Mackenzie-Papineau Batallion, 1937-1938 (Albert Kish, 1976), Extranjeros de sí mismos (López-Linares y Rioyo, 2001) y You Come From Far Away (Ramsis, 2016). En éstos y otros casos que conozco se trata positivamente a los brigadistas y se reivindica su Memoria.
Sobre el cartelismo dedicado en los últimos años a las Brigadas des- tacaría la reinterpretación que se ha hecho de dos obras muy conocidas:
una para el romántico cartel del musical Goodbye Barcelona (Johnson y Lewkowicz, 2011), a partir de la fotografía realizada en 1950 por Robert Doisneau “El beso del Ayuntamiento de París”; y otra para el expresio- nista cartel anunciador de los actos conmemorativos del ochenta aniver- sario de la creación de las Brigadas en Tarazona de la Mancha, realizado por Iñaki Tovar Picazo a partir de la fotografía “Muerte de un miliciano”
que, en 1936, hizo Robert Capa. Por lo que se refiere a grafitis, y aunque es un trabajo todavía inédito, he podido ojear el magnífico texto de Ma- ría José Cuesta García de Leonardo sobre las pintadas que los brigadistas realizaron en la iglesia y en las fachadas de algunas calles de Madrigueras (Albacete).
Por su valía, aun no reflejando a las Brigadas, acabaré citando una pedagógica obra para niños, Estampas de aldea, de Pablo de Andrés Co- bos (1935), con dibujos del gran Miguel Prieto, reeditada en 2015, y el catálogo A pesar de todo dibujan (Alted y González, 2006), que recopila
dibujos de niños que muestran el horror de aquella guerra; atrocidad que acaba repitiéndose en todas las épocas, como pudimos comprobar vien- do el dibujo de la niña pakistaní Nabila Rehman que, con 9 años, repre- sentó drones bombardeando su aldea, lo que plasmó la agencia Reuters, en 2013, en una fotografía que dio la vuelta al mundo.
Con este artículo no pretendo hacer un trabajo que cierre la in- vestigación que empecé hace unos años; al contrario, es posible (y de- seable) que aparezcan más investigadores que localicen y analicen más referencias, además de que incorporen nuevas perspectivas sobre el tema o que incidan en aspectos que he tratado de pasada. Pero no creo que fuesen a aparecer tantas obras como para que cambien significa- tivamente las observaciones, suposiciones y conclusiones que planteo en este texto.