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CAPÍTULO V: CARGA MENTAL Y SALUD

5.2 SUEÑO

5.2.2 Calidad del Sueño

Borquez (2011) definió la calidad del sueño como la situación en la que el individuo duerme bien durante la noche, y durante el día dispone de buen funcionamiento, gracias a las propiedades reparadoras del sueño. Por su parte, Krystal y Edinger (2008) definen la "Calidad de Sueño”, como la recopilación de los parámetros: latencia de sueño, duración del sueño, eficiencia del sueño, y el número de despertares, entre otros. Buysse et al., (1989), definen la “calidad del sueño” como un proceso complejo que es difícil de definir y de medir de forma objetiva. Además tal y como dijeron Rosa y Bonnet (2000), la calidad del sueño no está directamente relacionada con la cantidad de sueño, y además cuando se trata de “calidad del sueño” se deben de tener en cuenta, además de los factores cuantitativos, los subjetivos de bienestar y el funcionamiento diurno que tengan las personas investigadas. Podríamos concluir, en líneas generales que una buena calidad del sueño es la que permite al sujeto dormir bien durante la noche y conseguir una buena realización de las tareas durante el día.

La calidad del sueño cumple un rol fundamental en la calidad de la vigilia, incidiendo en la salud. Cuando el sueño presenta alteraciones (despertares nocturnos, alteraciones en la profundidad, la duración del adormecimiento, etc.) (Pauta, Romero y Sinchi, 2011), el individuo puede definir su sueño como no reparador, teniendo este hecho repercusión en su calidad de vida. La calidad del sueño y la propia salud del trabajador están íntimamente relacionadas, tanto a nivel físico como psíquico, abogando incluso algunos autores por relacionar calidad del sueño como un indicador en sí mismo de la salud de la persona (Miró, Cano y Buela, 2005). La calidad del sueño puede verse afectada por determinadas patologías, tanto específicas del sueño como neurológicas y psiquiátricas, pero también por una deficiente higiene del sueño, teniendo en la higiene del sueño mucho que ver los nuevos estilos de vida y los cambios tecnológicos, que está reduciendo el número de horas de sueño en la sociedad, con todo lo que ello conlleva.

Concretamente Serra (2013) relaciona la mala calidad del sueño en trabajadores con turnos con la pérdida de su salud en alteraciones tales como enfermedades coronarias, enfermedad cerebro vasculares, riesgo de cáncer, depresión, problemas reproductivos y aumento de la accidentabilidad. Este

último caso muy relacionado con la somnolencia diurna, la fatiga y las alteraciones cognitivas.

La mala calidad de sueño también ha sido relacionada por autores como Sierra, Delgado y Carretero (2009) en sí misma como un factor de riesgo de enfermedades psicopatológicas, como la ansiedad o los trastornos de ánimo.

La calidad del sueño es un constructo que puede ser evaluado mediante escalas autoadministradas, siempre y cuando estas hayan sido validadas para la población a la que se va a dirigir. Además estos métodos deben de tener en cuenta las características definitorias de cada grupo a investigar, como puede ser la edad de los individuos a estudio. Este tipo de escalas, test o cuestionarios autoadministrados incluyen tanto (Fontana, Raimondi y Rizzo, 2014):

-Variables cuantitativas: duración del sueño, tiempo de latencia del sueño, número de veces que despierta en la noche, etc.

-Variables cualitativas: como la percepción de descanso después de dormir, el estado de ánimo, el contenido onírico, la sensación de somnolencia, etc.

Conjuntamente con los aspectos relacionados propiamente con el sueño, este tipo de test debe de analizar el componente diurno, siendo este una rica fuente de información sobre los procesos de sueño en un individuo. La particularidad principal de este tipo de evaluaciones es su perspectiva subjetiva.

Se han descrito numerosas escalas para evaluar la calidad del sueño en las diferentes etapas de la vida, pero por el tipo de población que se ha elegido para desarrollar esta tesis, se va a centrar el análisis en las que miden la calidad del sueño autopercibido de forma subjetiva en adultos, que son las que se muestran en la tabla 12, y específicamente en el método seleccionado para la realización de este trabajo, “Índice de Calidad del Sueño de Pittsburg

(Buysse, Reynolds, Monk, Berman y Kupper, 1989), que será explicado con detalle en el apartado de la metodología.

Tabla 12

Principales escalas de evaluación de la calidad del sueño en adultos

Escala Características Principales

Cuestionario de Oviedo de Calidad del sueño

(Bobes et al., 1988; Bobes et al., 2000)

Evalúa la percepción del sueño y los tiempos de sueño mediante 15 ítems, atendiendo al último mes.

Sleep Timing Questionnaire (Monk et al., 2003)

Mide los tiempos ideales de sueño y los tiempos de sueño (acostarse y despertar) a diario durante las dos últimas semanas.

Sleep Disorders Questionnaire (Douglas et al., 1994)

Evalúa los rastornos del sueño a través de 165 ítems referidos a todos los días de las últimas dos semanas.

Sleep Disorders Questionnaire (Sweere et al., 1998)

Con sus 34 ítems, analiza el sueño fisiológico, depresión, narcolepsia, insomnio y la apnea, todos los días en las 2 semanas previas.

Wisconsin Sleep Questionaire (validación en Francia)

(Teculescu et al., 2003)

Hace una evaluación retrospectiva (1 semana) y un seguimiento posterior de 3 meses, atendiendo a los trastornos respiratorios, del sueño, personales, hábitos y el trabajo que realiza.

Sleep Disorders Inventary (Tractenberg Singer, Cummings y Thal, 2003)

Ofrece una visión retrospectiva (2 semanas) con tan sólo 8 ítems que miden alteraciones del sueño.

VSH Sleep Scale

(Snyder-Halpern, Verran, 1987)

Determina las características del sueño en función de su duración, fragmentación, profundidad y la latencia.

Basic Nordic Sleep Questionnaire (Partinen y Gislason, 1995)

En sus 26 ítems, analiza tanto factores cualitativos como cuantitativos del sueño.

Sleep Evaluatión Questionnaire (Parrot y Hindmarch, 1978)

Valora en una sola noche y mediante tan solo 10 ítems la calidad del sueño, la hora de

acostarse/despertarse y el comportamiento al levantarse.

Karolinska Sleep Diary (Akerstedt, Hume,Minors, y

Waterhouse, 1994)

Determina, en una sola noche y con 12 ítems, la calidad del sueño, la continuidad, la latencia y la facilidad de despertar.

Athens Insomnia Scale (Soldatos, Dikeos y Paparrigopoulos, 2000)

Utilizando los criterios del CIE-10 y con tan sólo 8 ítems, evalúan en el último mes la dificultad en el sueño (calidad, el inicio, la duración y el despertar).

Sleep Problems Scale

(Jenkins, Stanton,Niemcryk, y Rose, 1988)

Analiza los trastornos del sueño mediante una autoevaluación 3-4 ítems, con una duración de 1-6 meses.

Disfunctional Beliefs and Attitudes

about Sleep Scale- 10 (DBAS-10) (Espie, Inglis,Harvey y Tessier, 2000)

Evalúa diariamente durante 2 semanas sobre las creencias que presenta el individuo sobre el insomnio y el control sobre el mismo, mediante 10 ítems.

Epworth Sleepiness Scale

(Johns, 1991) Determina la somnolencia mediante 9 ítems.

Visual Analog Scale in Quality of sleep

(Zisapel,Nir, 2003)

Mide la percepción del sueño durante 7 semanas.

Calgari Sleep Apnea Quality of Life Index

(Flemons,Reimer, 1998)

Evalúa al paciente después de 1 mes de tratamiento de la apnea del sueño, mediante 35 ítems que miden: la función sintomática, la terapeútica, la diaria, la social y la emocional.

Sleep- EVAL system (Ohayon y Partinen, 2002)

Valora el insomnio desde una entrevista telefónica.

St. Mary´s Hospital Sleep Questionaire (Ellis et al., 1981)

Mediante 14 ítems, valora la en una noche los siguientes parámetros: calidad del sueño, satisfacción, continuidad y latencia.

Sleep Questionnaire

(Domino, Blair y Bridges, 1984)

Utiliza 55 ítems con los que determina:

calidad, latencia, duración, alteraciones, afecto negativo y recuerdo.

Stanford Sleepiness Scale (Hoddes, Zarcone, Smythe, Phillips y Dement, 1973)

Evalúa la somnolencia cada 15 minutos o en cualquier momento, mediante 7 niveles.

Escala de valoración subjetiva del sueño y las ensoñaciones (Gruen, Martínez, Cruz-Olloa, Aranday y Calvo, 1997)

Se centra en el análisis de las ensoñaciones y del aspecto emocional del sueño, de la noche anterior.

Como se puede deducir del gran número de métodos para determinar la calidad del sueño, éste es un factor considerado de gran importancia para el ser humano y de ahí la transcendencia de conocer la calidad del sueño en poblaciones de riesgo, como pueden ser las laborales. A continuación se va a hacer un breve repaso por los estudios encontrados sobre la calidad del sueño en población trabajadora en los últimos años.

Un estudio llevado a cabo en 2011 (Braeckman, Verpraet, Van Risseghem, Pevernagie y De Bacquer, 2011) en conductores reveló, aplicando el cuestionario de Pittsburg, que el 27,2% de ellos presentaba mala calidad de sueño, con una media de puntuación de 6,79 puntos. También determinaron que la mala calidad del sueño estaba determinada de forma estadísticamente significativa con el tabaco (OR 1,75) y con el bajo nivel educativo (1,86).

En Brasil, Hoefelmann et al. (2012) determinaron que la mala calidad del sueño en trabajadores era del 21%, afectando más al sexo femenino. También relacionaron esta mala calidad del sueño con patologías como el estrés, las comorbilidades como la diabetes o la hipertensión y al consumo de alcohol.

En 2013, Alferez y Matta eterminaron en su revisión sistemática de 17 artículos desde 1990-2013 que la mala calidad del sueño estaba muy relacionada con la realización de turnos de trabajo. Los trastornos del sueño que presentaba la población de trabajadores fue: insomnio (41,7%); somnolencia (32,29%) y problemas con el despertar (23,52%).

También en ese año, Ghalichi, Pournik, Ghaffari y Vingard (2013) realizaron un estudio en trabajadores sanitarios y encontraron que el 44,1% presentó mala calidad del sueño, asociándose la mala calidad al sexo femenino, a la edad, el estado civil de divorciado, y el cambio en la capacidad del trabajo. También se encontró relación con la autopercepción de salud, siendo esta una correlación positiva.

Montero, Ochoa y Segarra (2014) determinaron que el 42,5% de los trabajadores que habían participado en su estudio presentaba mala calidad del sueño, afectando principalmente a los del sexo masculino (39,4%); a los que tenían entre 25-45 años (35,8%); a los casados (28,5%); con el 19,7% a los que presentaban alguna enfermedad; al 32,6% de los que tenían turnos de trabajo. Del total de trabajadores con mala calidad del sueño, el 7,8% presentaban turnos nocturnos.

En ese mismo año, Siebray y Moraes (2014) también realizaron un estudio en trabajadores con turnicidad, concluyendo que la edad influye en estos trabajadores afectando de forma significativa a la calidad del sueño, concretamente en los grupos de edad de 20 a 30 años y de 41 a 53 años.

Nieves, Ordoñez y Campoverde (2015) analizaron que la mala calidad del sueño de una población trabajadora estuvo relacionada con los trastornos del sueño de insomnio intermedio o final (30,6%) y somnolencia diurna (37%).

La importancia que tienen los componentes de la calidad del sueño en el mundo laboral queda patente con hechos tan trascendentales como que en la propia Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (2015) se preguntó a los profesionales encuestados por aspectos relacionados con el sueño, obteniendo los

siguientes resultados: el 16% de los encuestados afirma que al menos varias veces por semana tiene problemas para quedarse dormido, el 20% despierta varias veces durante la noche y el 19% se despierta cansado o fatigado. Concretamente en el sector de la administración pública esas cifras descienden hasta alcanzar el 13% con problemas de conciliación de sueño; el 15% con despertares nocturnos y el 12% refieren despertar con cansancio o fatiga. Concluyen que afecta más a mujeres y a los trabajadores de mayor edad.

Otro estudio más reciente, en el 2016, Mogrovejo (2016)detectó en una población trabajadora una mala calidad del sueño en sus trabajadores, n=131, (50,4%), asociándose, como se ha visto en otros autores con el sexo femenino (53,8%), con la edad entre 41-50 años (62,5%), con estar soltero (80%); con el trabajo a turnos (47,4%) y con realizar más horas de trabajo a la semana (56,1%), con tener más de un año de antigüedad (53,8%); con enfermedades crónicas (50%); con fumar (60%) y con los consumos de alcohol considerados de riesgo (57,6%).

En 2016 (Mañas y López, 2016), determinó en una población trabajadora de la Administración Pública alteraciones de la calidad del sueño en un 40,4% de la población analizada, con una puntuación media en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburg de 5,57±3,55, añadiendo además que afectaba más de forma estadísticamente significativa al sexo femenino (con una media de 5,9 en Pittsburg en mujeres frente a la encontrada en hombres 5,1), a los trabajos de tipo manual (media de 7, 4) y a los trabajadores de mayor edad.

Como se puede observar, se ha analizado la relación de la calidad del sueño en trabajadores, especialmente en el caso de trabajadores a turnos o nocturnos, pero no se ha relacionado este parámetro con la carga mental subjetiva, por lo que se ha decidido realizar esta tesis para determinar qué tipo de relación se establece entre ambas en población trabajadora de la Administración Local.