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CAPÍTULO V: CARGA MENTAL Y SALUD

5.1.2 Revisión del estado de la cuestión

Una vez conocidas las principales características de los factores de riesgo de carga mental y su relación con la salud, hay que finalizar con una breve revisión de los estudios recientes que han abordado los temas de salud y carga mental subjetiva en entornos laborales. Hay que destacar que en el cómputo total de artículos hallados tras las búsquedas hay un gran número de artículos, monografías, etc. que abordan por separado los factores psicosociales, riesgo de carga mental, hábitos de vida relacionados con la salud, condiciones laborales, en contraste con los pocos estudios encontrados que relacionen directamente estos temas con la salud y lo desarrollen en ambientes laborales reales, ya que es común estudiar la carga mental en ambientes de laboratorio, realizando tareas de forma que nada tienen que ver con un entorno ambiental real, con toda la complejidad de factores que ello conlleva.

Con respecto a los trabajados encontrados en los que se estudia concretamente la carga mental de forma subjetiva en ambientes laborales reales encontramos un estudio efectuado en una muestra de 228 enfermeros de servicios especiales de atención a pacientes en Madrid analizó los datos laborales, demográficos y los comparó con el nivel de carga y fatiga mental. Este estudio

concluyó la existencia de asociación significativa entre el tipo de servicio, el nivel profesional, la duración de la jornada laboral y el nivel de carga mental. Por otro lado, relacionaron la fatiga percibida con la edad y con el tipo de servicio en el que se ejercía la labor (González et al. 2005).

Otro análisis realizado también en enfermeros estudió la carga mental y sus factores. La carga mental global obtuvo una media de 7,48, lo que se traduce en un riesgo nocivo de estrés. Los factores evaluados obtuvieron resultados altos en la mayoría de ellos. El 65% de ellos reconoció que necesitaban mantener niveles muy intensos de atención; la frecuencia de posibilidad de aparición de errores era del 93% y además la aparición de consecuencias de los errores graves era de un 64% de los casos (Pineda, González, Undebeytia, y De Eugenio, 2005).

La escala de valoración de la carga mental subjetiva ESCAM fue validada con éxito en profesionales de salud en Chile (Ceballos et al., 2016) obteniendo un consistencia interna alta, obteniendo valores de carga mental subjetiva global en los trabajadores analizados de 3,36±0,43, lo que implica una carga mental media alta, obteniendo resultados similares en todas las dimensiones menos en la dimensión de organización del trabajo, que obtienen una media de 2,73±0,76.

También se ha analizado al colectivo de enfermería con el método de carga mental subjetiva denominado ESCAM, en un estudio en enfermeras de cuidados intensivos de tres hospitales en Chile (Ceballos et al., 2015). Los resultados obtenidos reflejan un nivel de carga mental global media-alta, con una media de 3,47 sobre la escala de Likert. También se especificaba cuánto habían puntuado el resto de dimensiones de la escala, alcanzando para la dimensión de demandas cognitivas y complejidad de la tarea 3,99; para la dimensión sobre las características de la tarea 3,95; para la de organización temporal 2,75; para la del ritmo de trabajo 3,22, y por último, para la dimensión de consecuencias para la salud, un 3,42.

También se analizó con el método NASA-TLX a un equipo de cuidados paliativos en Chile, en 2013 (Flores, Vega, Del Río, y Zabala, 2014). Además analizaron los factores de riesgo psicosocial y el burnout, alcanzando los resultados de que todos estaban en situación de burnout o estaban en riesgo de

padecerlo, y como principal fuente de carga mental estuvieron las exigencias temporales y mentales. En esta misma línea se encuentra el estudio desarrollado por Aguirre (2010), en el que también se analiza carga mental con NASA-TLX y factores psicosociales en trabajadores de un centro de rehabilitación de salud mental. Los resultados alcanzados demuestran que el 78% de los trabajadores y en el 75% de los administrativos percibían carga mental global alta.

En el sector industrial se analizó la carga mental como factor de riesgo de estrés sobre 95 trabajadores en Méjico. El trabajo dejó ver que la duración de la jornada, la demanda mental, la demanda temporal y la frustración ante la tarea pueden considerarse importantes factores de riesgo de estrés. El estudio desveló que el 26,3% de los trabajadores presentaba un nivel alto de estrés, que éste era mayor en mujeres y en las edades comprendidas entre los 20 y 29 años. El 17,9%

presentaba niveles altos de carga mental. Otro riesgo importante encontrado fue la asociación de mayor riesgo a jornadas semanales de más de 40 horas (González, y Gutierrez, 2006).

En 2011 se desarrolló un estudio en el que se medía la carga mental subjetiva con NASA-TLX y su relación con los problemas osteomusculares en una muestra de trabajadores analistas de sistemas, obteniendo que existía relación entre estas dolencias y las fuertes exigencias mentales a las que estaban expuestos (Guimarães et al, 2011).

En el ámbito de la educación encontramos el estudio de Vilaret y Ortiz (2013) en el que analizaron la carga mental subjetiva (evaluada con ESCAM) en docentes a tiempo completo de una universidad privada de Quito, y además analizaron su relación con el burnout, concluyendo que los trabajadores presentaron un nivel de carga mental media-alta y el 23,8% presentó niveles preocupantes de burnout, existiendo relación entre algunos componentes de la carga mental subjetiva y el burnout.

Entre los artículos encontrados que relacionan factores psicosociales, carga mental y factores de riesgo cardiovascular encontramos que la presión arterial es el indicador cardiovascular más utilizado para los estudios de estrés laboral y

enfermedades cardiovasculares. Esto es debido a que se ha demostrado que la presión arterial es causante, entre otros factores, de los problemas cardiovasculares cuando supera los valores saludables (Serrano et al., 2009). La relación del aumento de la tensión arterial con el estrés laboral está documentada (Lucini et al., 2007), aunque no todos los autores llegan a la misma conclusión, argumentando que su relación puede ser debida a causas distintas a las laborales (Light, Turner, y Hinderliter, 1992). Un estudio realizado en enfermeras de Méjico corroboró que a más puntuación en factores psicosociales, mayor tensión arterial y más síntomas cardiovasculares (Juárez, 2007). En concreto en el caso de la carga mental hay varios estudios que estudian su relación con aumentos de las exigencias de trabajo. En el estudio sobre una muestra de 251 maestros escolares de Bogotá, que presentaba un 35% de condiciones psicosociales laborales negativas, los resultados no mostraron una relación entre ambos factores(Gómez, 2008). Otro estudio realizado en 416 trabajadoras de agricultura, empleadas de oficina, costureras, y representantes farmacéuticas que tenían de 30 a 40 años y no habían sido previamente diagnosticadas de hipertensión arterial, obtuvieron una relación estadísticamente significativa entre el aumento de la presión laboral y la presión arterial en el grupo de las mujeres que trabajaban en oficina y en el de las mujeres que trabajaban como representantes farmacéuticas (Bojar et al., 2011).

Por todo lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que la relación entre la carga mental, los factores psicosociales y la tensión arterial elevada es un aspecto que requiere de más estudios que clarifiquen el estado de la cuestión.

El estudio de validación del método NASA-TLX al castellano para una población de trabajadores españoles, y aunque en el artículo no se especifica mucho sobre los datos obtenidos a nivel descriptivo, si se aclara que se realizó en diversos puestos de trabajo, todos del sector servicios, en los que se calculó una carga mental del 60,17% en esos puestos de trabajo (Díaz et al., 2010). Por otra parte también se ha encontrado un estudio en el que se validó el método de evaluación de carga mental subjetiva denominado ESCAM, en el que sí especifican los datos obtenidos para una muestra de 56 trabajadores de una universidad en Chile, obteniendo una puntuación media en escala de Likert para el componente carga mental total 3,15; para la dimensión de demandas cognitivas y complejidad de la tarea 3,68; para la dimensión sobre las características de la

tarea 3,56; para la de organización temporal 2,9; para la del ritmo de trabajo 2,36 y por último, para la dimensión de consecuencias para la salud, un 3,26 (Ceballos et al, 2014).

Marrero (2016) realizó un estudio con 15 trabajadores en los que analizó la relación entre su carga mental subjetiva medida con ESCAM, y los hábitos de vida relacionados con la salud, no pudiendo demostrar su relación, achacando este hecho al tamaño reducido de la muestra.

Recientemente un estudio realizado en trabajadores de una empresa pre- farmacéutica (Arellano, López y Aurioles, 2016) estudiaron la relación entre la carga mental subjetiva y el efecto del turno de noche y obtuvieron que en comparación con el turno diurno, los que trabajaban por la noche tenían un 62%

más de riesgo de carga mental, con una puntuación media de la muestra de 71,25 puntos, medido con NASA-TLX. Además lo relacionaron con insomnio, con una sensación mayor de esfuerzo.

Además de lo anteriormente expuesto, aunque no son estudios que analizan la carga mental subjetiva de forma directa, como los anteriores, se han encontrado un número importante de estudios que analizan los factores psicosociales, encontrándose la carga mental entre uno de los parámetros de los mismos.

Siguiendo con el riesgo que supone la realización de turnos de trabajo, un estudio realizado en 462 policías locales de la Comunidad de Madrid analizó el riesgo de estrés psicosocial con el método DECORE y el estrés laboral percibido concluyendo que, todos se encontraban en nivel de alerta en todos los riesgos psicosociales, incluida la carga mental, siendo el turno rotativo mañas-noche el que más acusaba los efectos adversos (García, Pérez y Luceño, 2015).

Otra investigación se centró en el nivel de riesgo psicosocial de una institución de salud, obteniendo que los trabajadores estaban expuestos a riesgos psicosociales con un nivel medio muy ato, al igual que presentaron la dimensión carga mental con un nivel alto, tanto los trabajadores directivos como los auxiliares (Uribe, Martínez y Rodríguez, 2015).

En una empresa dedicada al entretenimiento y la recreación educativa infantil también fueron analizados los riesgos psicosociales, concluyendo que, el

56% de los trabajadores percibían un nivel de riesgo psicosocial alto o muy alto, y en el caso de las demandas de carga mental eran de riesgo alto o muy alto el 28%

de los trabajadores (Jiménez, Caicedo, Joven, y Pulido, 2015).

Uno de los trabajos encontrados en al ámbito de los riesgos psicosociales ha sido el realizado por Gil-Monte, López, Llorca y Sánchez (2016) en trabajadores de la Administración de Justicia de la Comunidad Valenciana, analizando los datos con la Batería UNIPSICO, cuyos resultados obtiene que de los 402 trabajadores analizados, la sobrecarga de trabajo afectaba en un riesgo alto al 46,02%, la falta de recursos alcanzó en riesgo alto al 76,37% y por último, la falta de autonomía en riesgo alto afectaba al 67,41%. A consecuencia de estos riesgos, el nivel de insatisfacción alcanzó al 61,44% de los trabajadores y el 27,11% tuvo que tomar medicación a consecuencia de los problemas de salud derivados de su trabajo.

Por último, un estudio desarrollado con 117 trabajadores de la Comunidad de Madrid, relacionó los riesgos psicosociales que presentaban, evaluados mediante el cuestionario DECORE y su relación con los hábitos de sueño (evaluados con el método CHAS). Concretamente se relacionaron los riesgos psicosociales con las dimensiones del sueño “calidad del sueño” y “somnolencia”

(Díaz, Rubio, Luceño, y Martín, 2010).

Como se ha explicado anteriormente, el sueño y el descanso son de vital importancia para disminuir los efectos perjudiciales que provoca la carga mental, especialmente en los casos en los que se produce la fatiga crónica. Por otra parte se ha descrito en la bibliografía a la carga mental como causante de alteraciones en el sueño por sí misma (Jiménez, Caicedo, Joven y Pulido, 2015; Vicente, Torres, Ramírez, Terradillos y López, 2013). La importancia que los autores otorgan en la bibliografía consultada a la relación entre el sueño y la carga mental ha sido lo que ha motivado a la realización de este estudio, por lo que, una vez descrito el marco teórico referente a la carga mental, se va a proceder a describirlos aspectos más destacados en relación con el sueño, los hábitos del sueño saludable y en concreto con el término de “Calidad del Sueño” en el apartado denominado

Sueño”.