INTRODUCCIÓN
I. C IUDADANÍA D IGITAL
1.2. CIUDADANÍA DIGITAL
A lo largo de la literatura científica, sobre todo en el campo de la sociología y la filosofía, se han desarrollado infinidad de trabajos que abordan el concepto de Ciudadanía.
Grandes pensadores tanto clásicos como modernos han definido este concepto evolucionando desde la concepción clásica de Platón, Aristóteles o Séneca, y cuyo debate se dirimía entre la virtud y el placer, a la concepción moderna en el que destacamos los tres modelos principales de ciudadanía; el modelo liberal de ciudadano, el republicano y el comunitarismo. Es en el año 1950 cuando Marshall comienza a conceptualizar de forma sistemática este término, superando así el equivalente romano que prevalecía en aquellos momentos (Horrach, 2009). Este concepto aún a día de hoy continúa evolucionando y sigue sin entenderse de una única manera, existiendo una pluralidad en las definiciones propuestas desde los diferentes campos de estudio.
Como bien argumenta Cobo (2016) el principio de ciudadanía sufrió un cambio muy evidente con la globalización y con el desarrollo tecnológico tan veloz sufrido en los últimos años. Es por ello que el concepto de ciudadanía digital “parece moverse entre dos esferas que en algunas ocasiones parecen no encontrarse en el mismo plano, la social y la tecnológica” (Serrano, Román, González y Prendes, 2017, p.15). Hermes (2006) expone que este nuevo conjunto de competencias relacionadas con las TIC debe desarrollar un concepto diferente de ciudadano dónde la concepción de lo global, la perspectiva crítica y las nuevas formas de participación social son entendidas como puntos fundamentales a un nuevo concepto que se abre paso, el de ciudadanía digital.
Esta visión más global hace que el concepto de ciudadanía traspase las fronteras nacionales y que algunos autores comiencen a proponer una visión más universal y social del concepto (Cortina, 2005). A esto también debemos sumarle la aparición de un nuevo espacio de participación social y política, el espacio virtual, dónde muchos ciudadanos ejercen su condición como tal. Para Robles (2009, p. 37) “los ciudadanos digitales son aquellos ciudadanos que ejercitan todos o algunos de sus deberes y derechos a través de comunidades virtuales”, si bien es importante aclarar, que la
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concepción de ciudadanía digital tiene también una parte individual de acciones llevadas a cabo en la red sin la necesidad de que exista una comunidad virtual.
Una de las primeras definiciones de ciudadanía digital y la que más comúnmente se ha empleado en el ámbito educativo es la aportada por Riblle, Bailey y Ross (2004), cuya definición está apoyada principalmente en los derechos y deberes que se derivan del uso de las tecnologías, "las normas de comportamiento apropiado y responsable con respecto al uso de la tecnología" (p. 7).
Si bien es cierto que la mayoría de aproximaciones a la conceptualización de la ciudadanía digital parecían tener un marcado carácter instrumental y excesivamente centrado en la cuestión de los derechos y deberes en la red, algunos autores comenzaban a tener en cuenta aspectos como la participación y el enfoque crítico en el uso de las mismas, como podemos observar en la siguiente tabla en la que se recogen algunas definiciones (Tabla 1).
Esta dicotomía entre lo social y lo tecnológico podemos encontrarla en la definición realizada por Hobbs y Jensen (2009) que definieron la ciudadanía digital como:
“Las habilidades y conocimientos necesarios para ser eficaces en un entorno cada vez más social, donde las distinciones entre productor y consumidor se han evaporado y la confusión entre el mundo público y el privado crean nuevos desafíos y oportunidades éticas para niños, jóvenes y adultos” (p. 5).
Otros autores también subrayan la necesidad de un componente más activo dentro del concepto de ciudadanía, vemos a la persona no solamente como consumidor de información sino que se hace hincapié en la necesidad de presentar un ciudadano más activo con respeto al uso de las tecnologías, siendo éste un valor fundamental dentro del concepto de ciudadanía digital, incluyendo la importancia de conocer los problemas éticos, sociales y culturales del uso de la tecnología, trascendiendo a aquellas definiciones que solo hacen referencia al conjunto de normas y de comportamiento con respecto al uso de la tecnología como las aportadas por Ribble, Bailey y Ross (2004) o Mossberger, Tolbert y McNeal (2008).
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Tabla 1. Definiciones de Ciudadanía Digital.
Definición Autores
Enfoque sensato y razonable de la interacción
en línea Miles (2011)
La capacidad de usar la tecnología de manera segura, responsable y crítica, productiva y cívica
Farmer (2011)
Uso apropiado de las tecnologías en
contextos sociales, incluidos los educativos Nosko y Wood (2011) Es la versión electrónica de la sociedad
tradicional, en la que las personas pueden comerciar, socializar, trabajar, comprar, entretenerse y recibir educación en línea.
Hollandsworth, Dowdy y Donovan (2011)
Es el nuevo código de derechos civiles para
los estudiantes digitales actuales Sutton, Sutton y Plants (2012) Normas de comportamiento (aceptables) con
respecto al uso de la tecnología. ISTE (2013)
Conjunto de prácticas y normas de comportamiento construidas socialmente que facilitan el desarrollo individual y protegen los valores sociales en la sociedad digital
Gleason y Von Guillerm (2018)
Es una reacción a las a las tecnologías que operan como dispositivos disciplinarios que obligan a individuos y grupos a adoptar habilidades y formas de ser particulares para poder existir con éxito en este mundo de trabajo y ocio.
Emejelu y McGregor (2016)
La definición aportada por la Unesco en 2015 también abarca estas dos dimensiones anteriormente mencionadas:
“Conjunto de competencias que faculta a los ciudadanos a acceder, recuperar, comprender, evaluar y utilizar, para crear, así como compartir información y contenidos de los medios en todos los formatos, utilizando diversas herramientas, de manera crítica, ética y eficaz con el fin de participar y comprometerse en actividades personales, profesionales y sociales” (p.17)
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Esta definición, además de abarcar esas dos dimensiones de las que hablábamos en párrafos anteriores, coloca al sujeto en tres posiciones diferentes frente al propio concepto de ciudadanía: “cómo receptor, como participante y como actor activo”
(Cobo, 2016, p. 70), lo que sin duda supone todo un reto para las Instituciones educativas encargadas de la formación de los ciudadanos pero desde esa perspectiva crítica necesaria para poder comprender tanto las oportunidades como los riesgos que las tecnologías digitales nos ofrecen cada día.